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Cuando J.L Borges conoci贸 a Roberto Bola帽o Rodrigo Ertti.


Borges: Así que tú eres el famoso Roberto Bolaño, del que tanto hablan. Bolaño: un placer conocerlo... maestro.


Borges: quién diría que un chileno sería en el siglo XXI el representante de la narrativa latinoamericana. Ustedes que primero se creían franceses, que luego se creían ingleses. ¿Es que acaso terminaron creyéndose mexicanos? Bolaño: Chile sigue siendo el mismo de siempre, con un poco más de dinero, pero igual al fin y al cabo. Sólo que la gente de ciudad ahora pretende darse la vida de norteamericanos pero con sueldos de tercer mundo y la gente del campo sigue tratando de mantener sus tradiciones. Y si me lo permite, no me considere usted un narrador, yo soy un poeta.


Borges: bah, Yo soy poeta, vos sos un simple novelista mexicano. Vení acercate un poco, no me caés mal pibe, tu cara huesuda, tu valentía y tu locura me recuerdan a Alonso Quijano. El único problema es que sos chileno. Bolaño: no soy chileno, soy latinoamericano, un poeta latinoamericano Borges: si vos sos un poeta latinoamericano entonces yo soy un bibliotecario sudaca. Bolaño: ha leído usted, alguna de mis obras?


Borges: Y vos te creés que porque tengo toda la eternidad por delante, me voy a sentar en un diván a leer novelas de más de mil páginas. No leía novelas de vivo, mucho menos de muerto. No leo novelas, ni contemporáneos, ni mucho menos leo a "chilenitos".


Bolaño: yo en cambio leí toda su obra, que es mucho decir. Muchos hablan de usted, pero pocos lo leen, o pocos lo leen de verdad. Yo en vida fui un discípulo leal y ferviente de su obra. Si incluso lo fui a visitar a Ginebra. Borges: dejémonos de zalamerías Bolaño, sos un pibe extremadamente visceral, a ustedes los escritores latinoamericanos tendrían que forjarle con fuego en la piel: que se debe escribir con el cerebro, no con las vísceras, para eso están los pintores y los músicos. Bolaño: tiene razón maestro, como siempre, tiene usted la razón.


Borges: decíme algún poema mío que te agrade. Bolaño: el único que escribió con el corazón: Poema conjetural. Borges: con el corazón sudamericano querrás decir. Bolaño: el único corazón que vale. Borges: Nombráme otro, me gusta recordar mi poesia. Bolaño: pues su credo, Fragmentos de un evangelio Apócrifo:"felices los valientes que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas/ La puerta es la que elige, no el hombre". Borges: me sorprendés, detrás de ese rostro arinoso y áspero de seguro se esconde un gran hombre. Por lo menos sos valiente Bolaño, eso lo notaría hasta un ciego. Algo de épico percibo en tu aura. Bolaño: gracias maestro, usted también lo fue, a su modo, pero lo fue. Borges: no nos gastemos en sandeces. Por qué no me leés algo mejor, tomá un libro y leéme cualquier cosa, antes que me gane la pereza. Bolaño: Pero si estamos acá, mejor busquemos a un clásico y que nos recite alguno de sus versos. Borges: no has aprendido nada pibe, acá no existen los clásicos, acá hay solo sombras. O acaso pretendés que tú o que yo llegaremos a ser clásicos algún día?

Bolaño: usted ya lo es. Borges: si si, soy un clásico, pero un clásico de la muerte y eso no tiene validez alguna en este vacío lugar, nada de


estético ni muchos menos honroso. Acá somos todos sombras. Bolaño: Podríamos buscar a Milton, Browning o Quevedo. Si tenemos suerte incluso podemos encotrarnos con Cervantes.

Borges: decíle a todos esos que se vayan al soberano carajo... pero que primero me dejen sus obras y firmadas si pueden. Nosotros somos sólo sombras Bolaño, sólo oscuridad. Pero una cosa me agrada de todo esto, ahora todo es una sola gran sombra, no soy el único que está en el lado oscuro. Aqui compartimos todos el mismo pedazo de infierno, de infierno latinoamericano.


Bolaño: así es maestro. Pero mejor ahora vámonos, mire que me dijeron que andaba Neruda dando vueltas por aquí. Borges: ah no, vámonos ipso facto, para pelotudos romanticones ya bastante tengo con Juán Ramón, García Lorca y compañía.

Seguíme contando, cómo va todo por allá abajo.


Cuando Borges conoció a Bolaño  

un encuentro imaginario entre dos grandes de la literatura latinoamericana.