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GLOBAL

Mitos y verdades sobre la despenalización del aborto en el mundo La tasa de abortos en el mundo no varía entre países que lo penalizan y aquellos que lo reconocen como una práctica legal, lo que cambia es seguridad para la mujer a la hora de decidir interupir de manera voluntaria un embarazo.

Por Iara Angert, Belén Fernandez y Matías Perez Cotten Nosotras no somos las primeras en esta luchas y tampoco vamos a ser las últimas. En el mundo existen diferentes formas en las cuales se legisla el aborto. Algunos Estados entendieron que no se trataba de aborto si o aborto no, que se trata de aborto clandestino o aborto legal y seguro. Esos Estados decidieron no seguir condenando a más mujeres a la clandestinidad o a la muerte, permitiendo así que las mujeres pueden llevar a cabo abortos de menera segura y en hospitales. En otros Estados, su legislación sobre el aborto es totalmente diferente, tienen legalizado el aborto en diferentes circunstancias, como por ejemplo en caso de violaciones o que corra peligro la madre. El estudio Singh S et al., Abortion Worldwide 2017: Uneven Progress and Unequal Access, New York (Guttmacher Institute, 2018) estimó que, en el período 2010-2014, se practicaron en promedio unos 56 millones de abortos inducidos al año a nivel mundial. De las 1.640 millones de mujeres en edad reproductiva en el mundo, el seis por ciento vive en lugares donde el aborto está completamente prohibido y el 37 por ciento vive en lugares donde es permitido sin restricciones en cuanto al motivo. La mayoría de las mujeres viven en países cuyas leyes se ubican entre estos dos extremos. La tasa anual de aborto más alta, el el período 20102014, ocurrió en el Caribe, se estima que 59 mujeres de cada 1000 llevaron a cabo un aborto inducido, luego le sigue América del Sur con 48 mujeres de

cada 1000. Los datos más recientes establecen que por lo menos el ocho por ciento de las muertes maternas a nivel mundial se deben a abortos inseguros. Al menos 22.800 mujeres mueren cada año debido a complicaciones de abortos inseguros. Casi todas las muertes relacionadas con el aborto ocurren en los países en vías de desarrollo. Las tasas más bajas ocurrieron en América del Norte: 17 mujeres de cada 1000 llevaron a cabo un aborto inducido, luego le siguen Europa del Oste con la cifra 16 mujeres cada 1000 y E’uropa del Norte con 18 mujeres cada 1000. De todas las subregiones del mundo Europa del Este experimentó la mayor disminución en la tasa de abortos. La cifra bajó de 88 a 42 mujeres cada 1000. En síntesis, podemos decir que las tasas de aborto son similares en los países donde el aborto está fuertemente restringido y donde está permitido en términos legales amplios. La tasa de aborto es de 37 mujeres cada 1000 en países que prohíben el aborto totalmente o que lo permiten solamente para salvar la vida de la mujer, y de 34 mujeres cada 1000 en países que permiten el aborto sin restricciones en cuanto a la razón, una diferencia que no es significativa. El aborto tiende a ser más seguro donde es permitido en términos legales amplios que en países legalmente más restrictivos. También tiende a ser más seguro en países con un ingreso nacional bruto más alto, es decir, en los países desarrollados. “Como muchos


otros procedimientos médicos comunes, el aborto es muy seguro cuando se realiza con arreglo a las directrices médicas recomendadas, y esto es importante tenerlo presente. En los países de altos ingresos de América del Norte y Europa occidental y septentrional, donde el aborto es ampliamente legal y los sistemas sanitarios son sólidos, la incidencia de los abortos peligros es la más baja del mundo”, dice la Dra. Gilda Sedgh, coautora del estudio y principal investigadora científica del Instituto Guttmacher. Los altos niveles de necesidad insatisfecha de anticonceptivos y de embarazo no planeado ayudan a explicar los altos niveles de aborto en países con leyes de aborto restrictivas, países que se encuentran todavía en vías de desarrollo. Se estima que 214 millones de mujeres tienen una necesidad insatisfecha

de anticonceptivos en las regiones en desarrollo; es decir, desean evitar un embarazo pero no acceden a anticonceptivos o están usando métodos tradicionales, los cuales son menos efectivos que los métodos modernos. En los países en desarrollo el 84 por ciento de los embarazos no planeados ocurren entre mujeres. En definitiva, en estos Estados con leyes restrictivas siguen condenando a las mujeres a tener que realizarse abortos de manera clandestina, ya que en la mayoría de ellos no dejan de hacerlo y cuando se práctican un aborto lo hacen en condiciones inseguras para su vida, a lo que se le suma el riesgo de ir presas. Sí, aún en esta época, las mujeres pueden quedar presas por decidir sobre su cuerpo.

LATINOAMÉRICA

América Latina, donde abortar todavía es un crimen América Latina continúa siendo una de las regiones más restrictivas en la legislación sobre el aborto en el mundo. De los cinco países que prohiben el aborto bajo cualquier circunstancia, tres de ellos son latinoamerianos. En esta región, la despenalización aparece como un reclamo pendiente. Por Belén Rossi Según la Organización Mundial de la Salud, 21.600 millones de mujeres se practican abortos no seguros cada año, de los cuales 18.500 millones de ellos ocurren en países en desarrollo. Se estima que 47.000 mujeres mueren por complicaciones en el embarazo y las muertes de mujeres gestantes al año por abortos inseguros llegan al 13 por ciento. A pesar de estas cifras alarmantes, en Latinoamérica el aborto continúa siendo un crimen por la legislación de la mayoría de sus países. Actualmente, son cinco los países en el mundo que prohíben el aborto bajo cualquier circunstancia: tres de ellos son latinoamericanos.

Fueron numerosos los intentos de movimientos feministas pertenecientes a dichos países para revertir la situación, pero hay varios factores que evitaron que esto suceda. Latinoamérica es la región con mayor porcentaje de católicos en el mundo, un 40% por ciento. Le siguen los evangélicos, quienes también están en contra de la legislación del aborto. La Iglesia genera gran influencia a la hora de revertir esta situación y es la principal protagonista en los movimientos autoproclamados “próvida”. En ese contexto, Nicaragua, El Salvador y Honduras prohíben que cualquier mujer pueda realizarse un aborto, cualquiera sea la circunstancia. En el caso de


Nicaragua, en 2006 el aborto terapéutico pasó a ser ilegal. Asimismo, en 1997 Honduras se aprobaron artículos que permitían que las mujeres gestantes se pudieran realizar un aborto por razones terapéuticas, eugenésicas y jurídicas, que posteriormente fueron derogadas por decreto. Además, en 2009 se prohibieron las píldoras anticonceptivas de emergencia porque, según la corte suprema de justicia, también son “abortivas”. Por otro lado, en El Salvador la oposición pidió que se incrementara la pena a 50 años de prisión a las mujeres que aborten y a las personas que colaboren en el proceso. Son tres los países que prohíben el aborto exceptuando los casos de riesgo de salud de la gestante: Venezuela, Paraguay y Perú. En estos países, la mujer que sufrió una violación no puede acceder al derecho de abortar, aún con las cifras alarmantes sobre abuso sexual en niñas y adolescentes que hay en la región. En Perú, la policía nacional confirmó que en 2016 hubo 1844 abusos en menores de 14 y 1924 en menores de entre 14 y 17 años. En el caso de Paraguay, hay 2000 denuncias al año de violación a niñas y se estima (a falta de cifras oficiales) que 3000 adolescentes de entre 15 a 19 años abortaron. Asimismo, Paraguay es el país latinoamericano con mayor mortalidad materna: en 2016 murieron 96 mujeres, de las cuales 24 intentaron realizarse un aborto de manera clandestina. En los países restantes, donde el aborto continúa siendo una práctica ilegal, se permite solo en tres causales: violación, malformación del feto o riesgo de salud de la gestante (como es el caso de Argentina). A pesar de que el aborto sea ilegal, en estos países se practican igual, de manera insegura o paga, a precios que las mujeres pobres o de clase media baja no pueden pagarlo. El último país en aprobar el aborto en estas tres causales fue Chile, que el año pasado avanzó nuevamente en la aprobación de este derecho, tras ser prohibido por Augusto Pinochet durante la dictadura en 1989. También República Dominicana pasó de prohibición a permitirla en las tres causales en 2014. Otro país que tiene aprobada la ley por estos tres motivos y que además, continuó avanzando en la expansión de esta ley, fue Bolivia. El año pasado, se aprobó el artículo 153, que aunque continúa considerando al aborto como delito, permite el exento de la pena en las mujeres estudiantes o que estén a cargo de niños, adultos mayores o discapacitados. Por otra parte, en este artículo se incluyó la objeción de conciencia explicitada con anterioridad (a excepción de casos de riesgo de vida de la madre) por los médicos. Esto fue utilizado por

varias asociaciones médicas, acompañados por obispos, para bloquear la ley. En Bolivia sucede que, como en muchos países latinoamericanos, a pesar de que se considera “estado laico”, en la práctica continúa siendo católica por la fuerte influencia de la Iglesia en la población y en los distintos sectores políticos. El peso de la misma genera inercia a la hora de legislar o retroceso como en el caso de Chile en 1989. El primer país latinoamericano en legalizar el aborto fue Cuba en 1965. Aunque, se despenalizó en 1936 cuando el aborto fue permitido en tres causales: salvar la vida de la madre, en caso de violación o posibilidad de transmitir al feto una enfermedad hereditaria grave. No obstante, clínicas privadas ofrecían desde antes de 1959 servicios de aborto voluntario a las cubanas que pudieran pagarlo. La práctica se realiza de manera gratuita y segura hasta las ocho semanas de gestación. En 2016 se realizaron 85.445 abortos a mujeres y niñas de entre 12 y 49 años (41,9 interrupciones por cada 100 embarazadas). Parecen cifras alarmantes, pero son la mitad de los que se hacían hace 12 años. Actualmente, los activistas y especialistas dudan que se revierta la legislación, pero sí temen que el avance de las posturas contrarias al derecho del aborto presionen a las mujeres al considerar la continuación del embarazo como una posibilidad. Asimismo, en Uruguay la interrupción voluntaria del embarazo se legalizó en 2012. Según un trabajo editado por el médico brasileño Aníbal Faúndes, del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad Estadual de Campinas en San Pablo, titulado “Reducción de la mortalidad materna mediante la prevención del aborto inseguro: la experiencia del Uruguay”, se comprobó que en dicho país el aborto pasó de provocar el 37,5 por ciento de las muertes maternas del período 2001-2005 a solo el 8 por ciento del 2011-2015. Además, el informe del internacional Journal of Gynecology and Obstetrics dice que, de acuerdo a estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para 2015, Uruguay redujo la mortalidad materna en un 59,5 por ciento en los últimos 25 años. En México, ocurren más de un millón de abortos por año, en su mayoría clandestinos en las zonas restringidas. El único estado que permite el aborto legal, seguro y gratuito hasta la semana 12 es DF, que aprobó el artículo 144 en 2007. Muy diferente es la realidad en otros estados, como en Michoacán, donde el gobernador Silvano Aureoles Conejo quiere reformar el código penal para que las mujeres que decidan interrumpir su embarazo de forma voluntaria


asuman una pena de entre seis meses y cinco años. No obstante, en la mayoría de los estados el aborto se permite en caso de violación; en Guanajuato, Guerrero y Querétaro se permite también en caso de riesgo de vida de la mujer; y en Yucatán se incluyen los factores económicos de la gestante en caso de que ya sea madre de tres o más niños. En las regiones donde el aborto no es legal, seguro y gratuito no hay cifras oficiales, ya que estos se realizan de manera clandestina. Sin embargo, los estimados son: 500 mil abortos por año en Argentina,

no menos de un millón en Brasil, 400 mil en Colombia y 46 mil en Chile. Casos como Uruguay, Cuba y DF demuestran que con la legalización del aborto, no aumenta la cantidad de los mismos y se reduce la mortalidad materna. En Argentina, el Congreso define si aprobará o no el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo. En caso de que el aborto se legalice, este país se convertirá en el cuarto país latinoamericano en despenalizarlo.

RUSIA

A casi un siglo de la legalización del aborto en Rusia A tres años de la Revolución de 1917, en noviembre de 1920, Rusia fue el primer país del mundo en autorizar y legalizar la interrupción voluntaria del embarazo. A pesar de ser un país con tradición feudal, la Unión Soviética resultó pionera en el reconocimiento de los derechos de las mujeres sobre su cuerpo.

Por Micaela Ramírez y Sofía Iramaz En la época de la revolución aún no existían derechos para los campesinos y obreros, mucho menos existían para las mujeres en el país. La Revolución de Octubre de 1917, significó la integración de las mujeres en el mundo del trabajo, mientras gran parte de la población masculina se encontraba en la guerra. Miles de ellas comenzaron a trabajar en fábricas textiles, se convirtieron en costureras, trabajadoras de la salud, en educadoras y zonas de producción de alimentos. Progresivamente, muchas mujeres comenzaron alcanzar mayor autonomía y organizarse en sus espacios de trabajo. Entre las transformaciones de la sociedad que estaba pasando en el país, y con los bolcheviques en el poder, comenzaron los cambios por los derechos de las mujeres. En 1920, surgieron leyes impulsadas por organizaciones de mujeres bolcheviques en el que, a pesar de la falta de organización, se quería lograr la igualdad de condiciones entre los hombres y las

mujeres. En la búsqueda de la rotura de la opresión de la mujer las leyes impulsadas iban desde la posibilidad de que las mujeres accedieran al derecho a votar y la posibilidad del divorcio. Otra de las luchas ganadas por las mujeres se dio en torno a la maternidad, donde incluso los hijos “no legítimos” obtenían derechos, siendo que antes de la revolución los hijos contraidos por fuera del matrimonio y las madres de estos sufrían un aislamiento de la sociedad. La licencia por maternidad comenzó a ser paga por el estado y comenzaba cuatro meses antes del nacimiento. Pero la más reconocida para la época, fue la legalización voluntaria del embarazo, donde por primera vez la mujer tenía la libertad de decidir sobre su cuerpo y en la conformación de su familia.


Su implementación en 1920 Los recursos para la realización del aborto eran escasos, para poder realizarlo se solicitaba una petición en oficinas que manejaban las tareas del Estado, para que al momento de realizarlos, los hospitales públicos tengan las condiciones necesarias. Según estadísticas soviéticas, la mortalidad materna bajó de un ocho a un 0,28 por ciento. Según estas cifras, un 50 por ciento de mujeres abortaba por el hecho de ser pobres y menos del 15 por ciento lo hacía por la decisión de no tener hijos o por problemas de salud. La pobreza del país luego de la guerra fue un factor importante en el crecimiento del porcentaje de abortos realizados, por ende en el decrecimiento de la población, y comenzar a practicarse en las zonas más importantes del país, que eran las áreas rurales. Con la pobreza extrema, la masificación de abortos realizados y con la disminución de la población, en 1936, se establecieron restricciones al aborto para las mujeres soviéticas. El Estado comenzó a permitir los abortos sólo si la salud de la madre se encontraba en peligro o si alguno de los padres tenía alguna enfermedad o malformación del feto. Ésta modificación a la ley de interrupción voluntaria del embarazo significo un retroceso para la mujer, donde el Estado soviético le quito la libertad de decidir para comenzar a manejar sus elecciones y poder controlar la población, un país con una modernización en los derechos de las mujeres volvió al principio de la cuestión. Sin embargo, debido a la Guerra de Invierno que sufrió el país en 1940, la pobreza en el país aumento nuevamente, de la misma que hubo un incremento en la práctica de abortos de los sectores más pobres. Para 1955, la ley de interrupción voluntaria del embarazo se retomó para darle nuevamente la libertad de decidir a las mujeres y de obtener un aborto seguro y gratuito en los hospitales públicos. El aborto en la Rusia actual En 2016, la Iglesia ortodoxa comenzó a imponer sus ideas de que el aborto debería prohibirse en todo el país. La Iglesia Rusa Ortodoxa, con el patriarca Kiril,

fue quien comenzó la discusión y promoción del tema en todo el país, mediante organizaciones y textos que hablaban de cuidar “las dos vidas”. Además, la posición de la Iglesia Ortodoxa fue acompañado de ciertos grupos de la población que acompañaron a la iglesia y juntaron más de 300.000 firmas. Las propuestas dadas, estaban acompañadas también por el Ministro de Salud, que permitía realizar un aborto antes de las 12 semanas y que solo podría ser otorgado a la mujer que pueda demostrar que sufrió una violaciones. Otra de ellas, era que se podría realizar si se demostraba que el padre habría muerto o tenía una enfermedad peligrosa. El plazo se podría ampliar hasta la semana 22 en caso de viudez o pérdida de trabajo. Es decir, la libertad de la mujer en decidir se volvería restringida por el estado, la iglesia y dependiendo de la decisión y vida del padre. Si bien las ideas de la Iglesia no tuvieron éxito, ni lograron tener en eco en la sociedad, continúan existiendo actualmente grupos ortodoxos que siguen buscando que se prohíba la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Actualmente, las muejres rusas pueden interrumpir de manera voluntaria su embarazo hasta la semana 12, por cualquier motivo, pero las condiciones sociales son cada vez más restrictivas y peligrosas para la mujer. Rusia cuenta con 14 mil femicidios por año, con más de 36 mil denuncias por violencia de género. Y cuenta con la existencia de una ley que despenaliza al hombre por golpear a una mujer una vez por año en la cual no le rompa los huesos. Las luchas y organizaciones feministas son ilegales, por consecuencia, queda poco lugar para que las mujeres alcen su voz por sus derechos. Teniendo como ejemplo a un país pionero en la igualdad de condiciones para el hombre y la mujer luego de tantas revoluciones y organizaciones, nosotras mujeres argentinas seguiremos luchando contra un Estado opresor y una Iglesia católica apostólica romana que quiere decidir sobre nuestro cuerpo.


FEMINISMO Y REVOLUCIÓN

La revolución será feminista La Unión Soviética fue el primer país en permitir la interrupción voluntaria del embarazo en el mundo. Pero ¿Cuál fue el rol de las mujeres en la revolución? ¿Puede existir una verdadera revolución feminista mientras siga en pie el capitalismo?

Por Josefina Blumenkranz Ante la inminente votación de la Ley de interrupción voluntaria del embarazo en Argentina y a casi 101 años de la Revolución Rusa, primer país en despenalizar el aborto, cabe repensar: ¿Cuál fue el rol de las mujeres en la revolución? ¿Es casual que en la cuna del comunismo se haya gestado también la primera legislación sobre el aborto? ¿Puede existir una revolución feminista mientras siga en pie el sistema capitalista?

El reclamo por la legalización del aborto es un acto revolucionario desde el aspecto en que se lo mire. Por un lado, es uno de los principales bastiones de la lucha feminista, dado que implica una decisión de la mujer sobre su propio cuerpo. Por otro, es exigirle al Estado una respuesta allí donde la desigualdad social se cristaliza, dejando morir a quienes no poseen los medios económicos para realizarse un aborto seguro y sin riesgos.


En el año 1920, en Rusia se sancionaba la ley que despenalizaba esta práctica, transformándose en el primer país en hacerlo. Quien algo conoce de la historia, se pregunta: ¿Cómo es posible que Rusia, país que hasta principios del siglo XX estaba sumido en un notable atraso, haya sido capaz de sancionado una legislación tan avanzada como la despenalización del aborto? Se vuelve inevitable remarcar que entre la Rusia del atraso, y la Rusia del aborto legal, pasó un hito fundamental que dio vuelta al país: la Revolución de octubre de 1917. Antes del estallido de la revolución, en Rusia seguía reinando el absolutismo. Gobernaban los zares monarcas con el control total de la economía y la política-, un emblema del atraso comparativo del país con respecto al resto de Europa, donde los regímenes feudales habían comenzado a desmoronarse en el siglo XVIII, con la Revolución Francesa como puntapié inicial. El “domingo sangriento”, en 1905, fue la primera señal de que el modelo absolutista estaba empezando a colapsar: un grupo de trabajadores se manifestó exigiendo reformas sociales y recibió como respuesta una brutal represión que dejó más de 200 muertos y 800 heridos. Sin embargo, no todo fue derrota: lograron constituir los Soviets, organismos de representación popular con obreros, campesinos y soldados. El año 1917 encuentra a Rusia participando de la Primera Guerra Mundial y por ende, víctima de los males de cualquier país en guerra: falta de comida, desabastecimiento, grandes hambrunas, millones de muertos y muertas. Con gran parte de los hombres en el frente de batalla, las mujeres se ven empujadas a abrir las puertas del mundo del trabajo, hasta entonces cerradas para ellas. Se transforman en costureras, obreras de la alimentación, textiles, trabajadoras de la salud, educadoras, mineras, metalúrgicas o telefonistas, entre otros puestos desde los que comienzan a organizarse en defensa de sus derechos. La organización de las mujeres fue tal, que logró encender la primera chispa de lo que terminaría siendo la Revolución de octubre: el 8 de marzo de 1917 –Día Internacional de la Mujer Trabajadora- las obreras textiles de Petrogrado declararon la huelga y comenzaron una manifestación a la que arrastraron a más de 9000 obreros al grito de “¡Queremos pan!”. Pasó a la historia como la Revolución de febrero (marzo, en el calendario occidental), que León Trotsky describiría como un “ensayo general” de la de octubre.

Dentro de la Revolución de febrero hubo distintas tendencias que pujaban por predominar: Socialrevolucionarios, Mencheviques, Bolcheviques y Cadetes coincidían en que el régimen feudal no podía continuar, pero proponían diferentes caminos para el cambio. Fueron los Bolcheviques los que lograron la mayor influencia y en octubre del mismo año, los Soviets tomaron el poder comandados por Trotsky y Lenin. En el poder, los y las Bolcheviques lograron concretar ciertas políticas feministas que se venían gestando desde la II Internacional Socialista. En 1910, Rosa Luxemburgo había declarado el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, no como una simple nomenclatura sino como una apuesta a la organización autónoma del movimiento de mujeres; los Soviets crean un Departamento de la Mujer para lo referente a sus derechos, los de niños y niñas y la familia; se otorga licencia a las mujeres embarazadas las ocho semanas anteriores a dar a luz, sin dejar de cobrar su sueldo habitual; se crean comedores públicos para liberar a las mujeres de la labor culinaria de la casa. Hoy, cien años a la distancia, ciertas críticas se nos vuelven evidentes: más allá de ciertas reivindicaciones, y de algunos pocos nombres femeninos que sí pasaron a la historia, no se encuentran dentro del comunismo líderes mujeres; de hecho ninguna estuvo cerca siquiera de los puestos de conducción. Por otro lado, algunas de las medidas mencionadas no hacen más que remarcar una construcción social según la cual el rol de la mujer está inevitablemente ligado a lo familiar y a la maternidad: la creación de un Departamento de la Mujer que legisle no solo sus derechos, sino también los de los niños, las niñas y las familias; una licencia por embarazo que entiende a la madre como única responsable de su hijo o hija y que, a la larga, se convertiría en una desventaja en el campo laboral. Sin embargo, a pesar de estos cuestionamientos – entre muchos otros-, no se puede dejar de remarcar el avance ruso en cuanto a las cuestiones de género. Desde lo discursivo, el mismo Trotsky había expresado: “si queremos transformar la vida, tenemos que aprender a mirarla a través de los ojos de las mujeres”. En los hechos concretos, en este marco de pequeñas victorias feministas, hubo una de mayor envergadura: la Rusia soviética fue el primer Estado en despenalizar el aborto, una batalla que casi cien años después, en numerosos países no se ha podido ganar.


El derecho a la interrupción voluntaria del embarazo estaba estrechamente relacionado con la necesidad de cuidar la vida de las mujeres. A pesar de que tanto la guerra mundial como la guerra civil habían disminuido drásticamente la población y llegaron a implicar la pérdida de más de siete millones de personas, este derecho se proclamó igual. Aunque pareciera ir en contra de la necesidad de repoblar un país con un inmenso territorio y cada vez menos habitantes, la Rusia revolucionaria entendía que no podía hacerse bajo imposición y castigo a las mujeres. Consideraban que la legalización del aborto era una política de salud pública de primer orden, cosa que aún hoy pareciera no ser clara para algunos y algunas.

estamos inmersos existe gracias a la desigualdad: es en ella que se sustenta y gracias a la que sobrevive y se reproduce, dado que para existir, necesita una clase opresora y una clase oprimida; necesita que quienes no poseen medios de producción sigan sin poseerlos, y deban venderse a quienes sí los tienen, acatando las condiciones de explotación impuestas. Esta clase dominante, para mantener el orden establecido, construye discursos hegemónicos que la legitiman en el poder y naturalizan las relaciones sociales existentes, perpetuándolas; ya que lo que es natural, rara vez es cuestionado. Durante siglos fue “natural” que la mujer no votase, que no se involucrase en política, que no trabajara y que estuviera al servicio de su marido y sus hijos e hijas.

El preámbulo del decreto argumentaba: "La legislación de todos los países combate este mal mediante el castigo a las mujeres que deciden abortar y a los médicos que llevan a cabo la operación. Sin haber obtenido resultados favorables, este método de combatir el aborto condujo estas operaciones a la clandestinidad y convirtió a la mujer en una víctima de mercenarios, a menudo ignorantes, que hacen de las operaciones secretas su profesión”.

No parece casual entonces, que una consigna que pregona por la igualdad de condiciones para todos los cuerpos gestantes ante el deseo de interrumpir un embarazo haya surgido en el primer país que fue capaz de plantear una alternativa al capitalismo.

Entendido como un reclamo central en la lucha de género, no se puede perder de vista que el feminismo, al ser un movimiento en pos de la igualdad, es por definición anti-capitalista. El sistema en que hoy

El feminismo hoy sigue avanzando, continúa luchando y logrando, a los empujones, algunas victorias. Pero ronda en el aire una pregunta a la que no podemos escapar: ¿Puede existir una verdadera revolución feminista mientras siga en pie el capitalismo? La respuesta la encontramos en las calles, en cada marcha, y parece ser clara: “la revolución será feminista, o no será”.


ISLANDIA

El camino de Islandia hacia el feminismo Islandia ocupa el primer lugar en el Indice de Igualdad Género según el Foro Económico Mundial. Pionera en varios cambios, fue construyendo un camino propio hacia una sociedad más igualitaria entre varones y mujeres. Sin embargo, la práctica del aborto está permitida sólo en algunos casos.

Por Andrea Castellanos, Tobías Druetta y Nicole Mónaco Era Islandia en 1975, pero muchas de las razones que llevaron a las islandesas a reivindicar igualdad entonces y allí son todavía válidas ahora y aquí. El 24 de octubre de 1975 las mujeres de esta isla en medio del Atlántico norte hicieron historia y paralizaron todo un país en una huelga que es el espejo en el que se mira hoy el 8 de marzo. Unidas bajo el lema “Igualdad, Desarrollo, Paz”, se estima que el 90 por ciento de la población femenina de Islandia secundó la movilización y demostró con su ausencia que el verdadero espacio que ocupaban en la sociedad no les era reconocido. Los teléfonos dejaron de sonar, los diarios del día siguiente tuvieron la mitad de las páginas, los locales y fábricas funcionaban a medio gas o tuvieron directamente que cerrar, al igual que muchos centros educativos. El Archivo Histórico de la Mujer de Islandia contiene una exhaustiva memoria de cómo se organizó esta histórica huelga que oficialmente se denominó Kvennafrí o Día Libre de la Mujer, para evitar represalias laborales. El grupo feminista Redstockings (Medias Rojas) la discutió ya entonces como única forma de hacer ver al mundo la gran brecha salarial entre hombres y mujeres. Con el Año Internacional de la Mujer proclamado por la ONU en 1975 como excusa, en la primavera de ese año las principales asociaciones de mujeres de Islandia se reunieron en un congreso que proporcionó el relato y dio forma a esa movilización.

Ocho mujeres de distintas clases, edades y alineaciones políticas e ideológicas fueron seleccionadas en ese cónclave para definir la huelga y redactar un manifiesto lo más inclusivo y transversal posible. En las semanas previas al 24 de octubre se realizaron hasta encuestas para sondear el calado de la propuesta en varios centros de trabajo: de media, el 80 por ciento estaba dispuesta a pasar a la acción. La igualdad de género no se produce por sí sola. Requiere la acción colectiva y la solidaridad de las defensoras de los derechos humanos, la voluntad política y herramientas como la legislación, el presupuesto de género y las cuotas. “Lo que ocurrió aquel día fue el primer paso para la emancipación de la mujer en Islandia”, afirmaba Vigdis Finnbogadottir hace unos años a la BBC. En 1975 era una madre soltera y estaba divorciada y recuerda que fue “genial” escuchar a niños jugando de fondo en la radio mientras los presentadores leían las noticias de aquel 24 de octubre: “Por primera vez ellos tenían que hacerse cargo de todo”. Cinco años después Finnbogadottir hizo historia convirtiéndose en la primera mujer presidenta de Islandia. Su elección fue uno de los hitos que logró la sociedad islandesa en su camino a la igualdad, irremediablemente empujado por aquel histórico Día Libre de la Mujer. Muchos niños islandeses seguramente crecieron dando por hecho que presidir un país es cosa de mujeres.


Vigdis ocupó el cargo durante 16 años -que sembraron el camino para que Islandia llegará a ser conocido como "el país más feminista del mundo". Las mujeres en Islandia obtuvieron el derecho a voto hace 103 años, en 1915. En los 60 años que siguieron, sólo nueve mujeres ocuparon asientos en el Parlamento. En 1975 había solamente tres mujeres diputadas, el 5 por ciento del Parlamento. En 1976 se creó el Gender Equality Council y el parlamento aprobó la Gender Equality Act, con lo que la discriminación de género en el trabajo y la escuela pasaba a ser ilegal. En la parlamentaria de 1983 aparecieron las primeras listas compuestas sólo por mujeres y un nuevo partido, el Women's Alliance (Alianza de Mujeres). En el 2010 una mujer, Johanna Sigurdardottir, asumió por primera vez el cargo de primera ministra de Islandia y fue la primera líder gubernamental en el mundo abiertamente homosexual. Margret Pala Ólafsdóttir es una educadora islandesa que en 1980 empezó a desarrollar un nuevo sistema educativo que pasaría a llamarse el método Hjalli, y que se asentaba en pilares como la separación de los alumnos por sexos (niños y niñas en diferentes partes de la escuela), la obligación de llevar uniforme y la prohibición del uso de libros de texto y juguetes convencionales. Pala pretendía acabar con los diferentes estereotipos de género, presentes también en la educación, solo que ella eligió eliminar el género con el género. Hay un material de enseñanza obligatorio en todas las escuelas sobre la igualdad de género. Tienen guías que mandan desde el Ministerio al sistema educativo, algunas sobre cómo seguir enfrentando el tema o sobre cómo construir un proyecto de enseñanza igualitaria. Esto tiene que ver con el desarrollo de ciertas actividades y la elección de una profesión, sobre las que siguen habiendo prejuicios muy grandes. Por eso, tratan de ofrecer Igualdad de posibilidades en el acceso a la educación y, también, en mejorar la forma de atraer a más mujeres a la fuerza laboral. El feminismo incluso comenzó a infiltrarse en la teología, ya que la primera mujer que se convirtió en sacerdotisa en Islandia en 1974, o 974 años después de que Islandia se convirtiera al cristianismo y 60 años después de que se legalizara que las mujeres sirvieran como sacerdotisas, se refirió a Dios como Ella. Treinta y ocho años después, en 2012, se invistió a la primera mujer obispo de Islandia.

¿Fin de la brecha salarial de género? Islandia tiene una de las tasas de fertilidad más altas de Europa: 2,1 niños por cuerpo gestante. Además, el 82,6 por ciento de las mujeres islandesas en edad laboral representan el 45 por ciento de la fuerza laboral de ese país.. ¿Cómo es posible eso? Por dos razones, en primer lugar, el acceso a servicios de guardería a bajo costo. En segundo lugar, las licencias de paternidad obligatorias, cada pareja tiene nueve meses de licencia luego del nacimiento del bebé. Tres meses son exclusivos para la madre, tres meses para el padre (tomamos como ejemplo el caso de una pareja heterosexual) y los otros tres meses pueden dividirse como la pareja prefiera. De esta manera las empresas dejan de ver sólo a las mujeres (y/o cuerpos gestantes) como factores de riesgo, ya que de esta manera los hombres también lo son. En enero de 2018 se dictaminó la ley de paridad salarial en donde el estado obliga a las empresas de más de 25 asalariados, ya sean públicas o privadas, a pagar un sueldo idéntico por las mismas tareas a hombres y mujeres y además deben probarlo, sin pena de multa. Desde 2013, hay una cuota de género que exige la presencia de mujeres en las juntas directivas de las empresas. La regla consiste en que esas altas instancias de las organizaciones deben estar conformadas con una representación de al menos con un 40 % de cada género. Según el Índice Global de Brecha de Género, el porcentaje de mujeres que trabaja 83 por ciento es casi igual al de los hombres 87 por ciento. El porcentaje de mujeres que asisten a la educación secundaria 89 por ciento, incluso superior a la de los hombres con e 86 por ciento. De esta manera, Islandia cerró en casi el 88 por ciento su brecha en la igualdad de género y ha sido el país más igualitario del mundo durante nueve años. Aborto sí, pero no por cualquier circunstancia En Islandia la interrupción voluntaria del embarazo está legalizada desde 1975. La ley del aborto está regulada en un contexto médico y social. No se permite realizarlo en cualquier circunstancia, este solo se podrá efectuar si hablando médicamente la madre corre algún peligro de salud, si el feto tiene malformaciones congénitas o si la madre es considerada incapaz de hacerse cargo de un hijo, ya sea por su edad o incapacidad mental. Por otra parte en un contexto social los motivos para realizar un aborto son si el feto en formación es


producto de una violación o incesto. También si la mujer tiene ya varios hijos con cortos periodos entre embarazos. A su vez si la mujer se encuentra en una situación económica o social complicada o por último si la madre o el padre están mal de la salud y esto impide que puedan hacerse cargo y poder criar al hijo. Todas las mujeres que vayan a someterse a un aborto son asesoradas antes y después del procedimiento, contando hasta con la explicación de la utilización de métodos anticonceptivos. El aborto es legal solamente si es realizado dentro de las primeras 16 semanas de embarazo, a no se que el embarazo ponga en riesgo la salud de la mujer o el feto tenga una deformidad grave. La ejecución de un aborto de manera ilegal

puede llevar al encarcelamiento de la mujer, con una sentencia de entre cinco y siete años de cárcel. En 2003 se publicó un estudio que mostraba que desde 1976 a 1999 el índice de abortos en el país había aumentado un 133 por ciento, pasando de 9,4 abortos cada 1000 mujeres a 21,9 siendo el índice más alto en la ciudad capital. Esto demostró que la tasa de abortos era mayor que en cualquier país nórdico, una tendencia que atribuyó a su limitada educación sexual, su temprano comienzo de actividad sexual y su uso menos eficaz de métodos anticonceptivos. A partir del 2010 el índice bajó a 14,5 abortos cada 1000 mujeres o cuerpos gestantes entre los 15 y 44 años.

IRLANDA

Vientos de cambio en Irlanda Último país del mundo en decidir despenalizar el aborto, una mayoría de irlandeses exigieron por amplia mayoría derogar la octava enmineda constitucional para evitar la penalización de las mujeres.

Por Jorge Camargo, Matías Castiglioni y Rut Guzzi

Los tiempos cambian y las sociedades también, incluso los países más conservadores, como es el caso de Irlanda. El 25 de mayo pasado se produjo un hecho inaudito en aquella nación: los irlandeses aprobaron con una mayoría absoluta la despenalización del aborto en el referéndum histórico, en un país con una fuerte impronta católica. El referéndum para aprobar la derogación de la Octava Enmienda sancionada en 1983 - la cual garantiza de igual manera el derecho a la vida del "no nacido" y de la madre-, contó con la participación del 64,1 por ciento de los habitantes del país, tuvo un resultado contundente: el 66,4 por ciento votó a favor y el 33,6 por ciento en contra. Algo remarcable y que vale la pena señalar, son las diferencias que se dieron entre los rangos etarios de los extremos: mientras que el 87,6 por ciento de los votantes de 18 a 24 años optaron por el “sí”, el 58,7 por ciento de las personas de más de 65 –es decir, la mayoría de ellas- lo hicieron por el “no”. Esto último se debe, según se han pronunciado los expertos, a que la Iglesia Católica todavía mantiene una gran influencia sobre ese sector

de la población. Entre las zonas urbanas y rurales la diferencia fue ínfima y el “sí” se impuso en ambas, con el 72 por ciento y 63 por ciento, respectivamente. Este nuevo escenario social puede encontrar explicación con lo sucedido a lo largo de las últimas cuatro décadas. En los ’80, Irlanda pasaba por una difícil situación económica y esto provocó la migración de gran parte de la población joven: quedaron los habitantes de mayor edad y de ideología conservadora. Asimismo, se aprobó la conocida Octava Enmienda; en los ’90, la Iglesia Católica comenzó a ver su imagen debilitada por los sucesivos casos que salieron a la luz de pedofilia y malos tratos en albergues religiosos. En 1993 se descriminalizó la homosexualidad y cuatro años más tarde se permitió el divorcio; a principios del siglo actual, la economía irlandesa comenzó a crecer y hubo más empleo, lo que permitió a más mujeres formar parte de la fuerza de trabajo. Sin embargo, el principal detonante se dio a principios de esta década, cuando ,en 2012, Savita Halappanavar, una irlandesa de 31 años y de origen


indio, muere de septicemia después de que se le negara la interrupción de un embarazo que- más tarde se comprobó- acabaría causándole la muerte. Abortar en Irlanda estaba prohibido bajo cualquier circunstancia. A raíz de este hecho, al año siguiente, una ley promulgada por el Ejecutivo del Fine Gael -partido político conservador y demócratacristiano- permitía la interrupción del embarazo sólo en el caso de riesgo de muerte para la madre y preveía, además, penas de cárcel de hasta 14 años para las mujeres y los profesionales de la salud que lo realizaran al margen de las normas. Por lo tanto, seguía estando prohibido el aborto en los casos de violación, incesto o malformación del feto; quienes quisieran obrar de forma legal, debían recurrir a algún otro país de Europa. En este sentido, Irlanda estaba retrasada con respecto a las otras naciones y eso tenía que cambiar. Después de conocerse los resultados del referéndum, se escucharon las dos voces en disputa. En declaraciones a CNN, Ailbhe Smyth, una activista promotora del aborto, dijo sobre el resultado del referéndum: “Ha sido un largo y duro camino, pero nunca lo perdimos de vista porque es esencial para nuestra existencia, para el ser de las mujeres que

tengamos el control de nuestros propios cuerpos”. Mientras que Marjorie Dannenfelser, presidenta del grupo provida Susan B. Anthony List, dijo: “el resultado del referéndum es una profunda tragedia para el pueblo irlandés y todo el mundo. El aborto estaba mal ayer y sigue estando mal hoy. La Constitución puede haber cambiado, pero los hechos no”. Esta amplia victoria obtenida por amplio margen, le da al Gobierno del partido democristiano Fine Gael vía libre para cambiar la ley y permitir el aborto en todas las circunstancias durante las primeras 12 semanas de embarazo y, en casos excepcionales, hasta las 24. El primer ministro irlandés, Leo Varadkar, luego del resultado, opinó que lo ocurrido fue producto de una “revolución silenciosa” y anunció que la nueva legislación podría entrar en vigor a finales de este mismo año. Esto último no debería ser difícil, ya que los líderes de los principales partidos de la oposición, Sinn Fein y Fianna Fail, apoyan la reforma. El “sí” de Irlanda al derecho al aborto supone un duro golpe para la Iglesia católica, pero además, puede servir de ejemplo para la vecina Irlanda del Norte, donde crece la presión para reformar la legislación al respecto.


URUGUAY

Uruguay, a cinco años de aborto legal Después de ocho intentos de tratar el tema en el Congreso, en 2012 las uruguayas consiguieron despenalizar el aborto. Hoy, es el segundo país con menor mortalidad de mujeres embarazas de América. Por Cajuez Melanie y Bertin Victoria Luego de la aplicación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, una lucha de conquista y desafíos, ginecólogos y obstetras presentaron un balance positivo: Uruguay es el segundo país con menor mortalidad materna de América, después de Canadá. Esta ley sancionada en el año 2012 permite a las mujeres uruguayas y extranjeras con un año de residencia en el país abortar en centros médicos públicos y privados antes de las 12 semanas de gestación. Este plazo se extiende a 14 semanas en caso de violación y en caso de riesgo para la salud de la mujer o si existe una malformación fetal incompatible con la vida extrauterina, no hay plazo. Desde que se sancionó la ley, tras una transición democrática en la cual se presentaron ocho proyectos y una de las principales tareas fue instalar una nueva ley de salud sexual y reproductiva, según un estudio del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de Uruguay, el embarazo no planeado disminuyó en un 8%, sobre todo en mujeres entre los 20 y 34 años. “Cada vez que tenemos una paciente que vuelve lo entendemos como un fracaso del equipo”, dijo el ginecólogo Víctor Recchi, pero aclaró que también influyen los factores de la vida de la mujer como la edad, el nivel educativo, el nivel socioeconómico en el que hay mayor vulnerabilidad. Al mismo tiempo juega que si la mujer está en pareja, si hay conflictos con la pareja o situaciones de violencia, la educación sexual y anticonceptiva recibida, etc.

Del total de mujeres que consultan en los servicios de salud para interrumpir legalmente un embarazo, el 94 por ciento persiste en su decisión, y solo un 6 por ciento, finalmente decide continuar con la gestación, de acuerdo con las estadísticas oficiales difundidas por el Ministerio de Salud Pública de Uruguay. Esta proporción se mantiene constante, año a año. Además, se estima que desde entonces cerca de 40.000 mujeres pudieron dejar la clandestinidad e interrumpir su embarazo en condiciones seguras. Tras un leve crecimiento en los primeros años, se registra una tendencia estable con un promedio de 815 casos por mes. Uno de los puntos que resalta la asociación feminista Mujer y Salud en Uruguay (MYSU) es que "las mujeres no abortan porque haya servicios legales, sino que están usándolos progresivamente, a medida que se informan de que éstos están disponibles y adquieren confianza en que serán atendidas de forma respetuosa". No obstante, desde MYSU señalan que estos requisitos obligan a las mujeres a someterse a una verdadera "peregrinación" en localidades del interior del país, ya que no cuentan con todos los profesionales en un mismo lugar y deben recorrer largas distancias. Esto les genera problemas en sus trabajos o para el cuidado de sus familias, entre otras dificultades. Asimismo, según otro relevamiento realizado sobre la aplicación de la ley de IVE, en 6 de los 10


departamentos (provincias) que monitorean, la objeción de conciencia supera el 60%, con picos de hasta 100% en algunas localidades. El problema es particularmente fuerte en el Litoral uruguayo y la zona noreste, lo que perjudica "en especial a las mujeres que residen en medio rural y a las más vulnerables". La diferencia entre las cifras oficiales de abortos legales y las estimaciones de abortos clandestinos puede ser un indicador de la continuación de la práctica ilegal por distintos motivos, desde el temor al estigma hasta la falta de profesionales en algunas zonas y la falta de información. Si bien esta ley disminuyó las muertes por abortos clandestinos y ayudó a que las mujeres lograran sortear las barreras y dificultades, para terminar abortando en el marco de la legalidad. Si bien tiene su lado positivo, es una ley compleja de implementar, según Soledad Gonzalez, politóloga feminista, del área de Derechos Sexuales y Reproductivos de Cotidiano Mujer, una ONG que formó parte de la coalición de organizaciones que militaron históricamente por convertir en derecho la interrupción voluntaria de embarazo en Uruguay. “Es complicado por el porcentaje de médicos que se declararon objetores de conciencia. Además, durante el debate en el Parlamento nunca se calculó la cantidad de personal de salud que iba a ser necesario para conformar los equipos interdisciplinarios que obligatoriamente las mujeres tienen que consultar, ya que la ley dice que a las 24 horas de la primera consulta la mujer tiene que tener esa entrevista con el equipo interdisciplinario. Mujeres que llegan cerca de las 12 semanas, muchas veces no pueden abortar en la legalidad. Y nadie se hace cargo de esa situación desde el Estado. Las mujeres quedan sin ningún amparo. En el hospital Pereira Rossell, el más grande del país, ubicado en Montevideo, si la mujer llega de 11 semanas, se le garantiza que ese día tenga la primera consulta y la entrevista con el equipo interdisciplinario, y a los cinco días puede acceder a una IVE. Pero esto no sucede en todos los centros de salud. En algunos el proceso demora no menos de 15 días y más, también. Estamos denunciando desde Cotidiano Mujer que en algunos lugares están dando turno para la segunda consulta, recién un mes después. De todas formas le ley ha sido muy importante. Fue la ley posible cuando se votó. Seguramente en un futuro cercano se puede reformar para mejorarla y sacar las exigencias innecesarias, entre otras barreras.” agregó González.

Según el análisis de los especialistas, la legalización del aborto "no sólo reduce las muertes evitables de las mujeres, sino que en lugar de provocar un aumento en el número de abortos provocados, tiende a reducirlos", en especial si la legalización llega acompañada por políticas de educación sexual y universalización del acceso a anticonceptivos. La ley de IVE estipula que para poder abortar, las mujeres deben pasar una serie de filtros. Primero deben consultar con un equipo interdisciplinario compuesto por un ginecólogo, un psicólogo y un asistente social que les informan sobre programas de apoyo a la maternidad, la adopción y los riesgos de la práctica insegura del aborto. Luego, deben respetar un plazo de cinco días de "reflexión". Según las cifras del Ministerio de Salud, en esta instancia entre el 6 y el 8 por ciento de las mujeres deciden continuar con su embarazo. Aun así, esta ley antes de ser aprobada pasó por varios obstáculos en su camino. Entre 2013 y 2017 el Ministerio realizó un seguimiento de la implementación de los servicios de Salud Sexual y Reproductivos en 10 de los 19 departamentos del país. Según los datos relevados, se identificaron cinco motivos principales por los que las uruguayas podrían seguir recurriendo a circuitos clandestinos para abortar. En primer lugar, porque las mujeres desconocen el servicio o están mal informadas respecto a cuáles son los requisitos a cumplir y cómo funciona. Según MYSU los prestadores de salud ni el Ministerio de Salud (MS) difunden información sobre los servicios de aborto, lo que provoca que "todavía haya mucha gente que crea que el aborto es legal sin importar dónde y cómo se haga". En segundo lugar, porque los médicos ginecólogos y el personal de salud abusan de la "objeción de conciencia". De acuerdo con el estudio, más del 60% de los médicos en seis de los diez departamentos estudiados son objetores. Abracinskas opinó que los médicos "están usando la objeción de conciencia como un recurso colectivo cuando es una excepción a la ley que tiene que ser individual". Por último, a causa de la escasez de profesionales, principalmente en el interior del país En ese sentido, desde el organismo público explican que restringe la cantidad de especialistas que pueden ofrecer el servicio porque sólo habilita a los profesionales de la ginecología a realizarla. Porque la interrupción no se ofrece en todas las localidades; hay departamentos en los que el servicio sólo funciona en las capitales y ni siquiera todos los días. También porque las mujeres tienen temor a que se las sancione o que se sepa el motivo de la consulta.


En este escenario, siguen planteados otros desafíos: dar respuesta a las situaciones de embarazo no planificado y no buscados, cambiar los programas de estudios en las universidades para enseñar a realizar la práctica y debatir sobre sus consecuencias bioéticas.

Mitos y verdades sobre la despenalización del aborto en el mundo eter 2018 edición ayelén oliva  

Dossier sobre la despenalización del aborto en diferentes países producido y editado por Ayelén Oliva, docente de la asignatura "Geopolítica...

Mitos y verdades sobre la despenalización del aborto en el mundo eter 2018 edición ayelén oliva  

Dossier sobre la despenalización del aborto en diferentes países producido y editado por Ayelén Oliva, docente de la asignatura "Geopolítica...

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