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decisiones que llegaban del poder ejecutivo, un instrumento de políticas que incluyeron el control policial y la represión ciudadana. De hecho, el régimen municipal es heredero de una tradición dictatorial, clientelística y sometida a poderes fácticos locales corruptores. En una condición de vida democrática, el municipio puede convertirse en una institución al servicio directo de la población, articulando sus intereses y desarrollando solidaridad y cooperación. Por su capacidad de intervención en todas las esferas de la vida de la comunidad, puede convertirse en el eje de una renovación social y democrática local. Una descentralización bien realizada puede facilitar esto. 2.4. Una digresión histórica: cambios en la autonomía municipal La dictadura militar que encabezó el general Jorge Ubico, sin respetar el ideario liberal que la aconsejaba, acabó con la autonomía municipal, centralizó autoritariamente el poder en un Ejecutivo personalizado y caudillesco, prohibió los partidos políticos y militarizó la vida social del país. Y lo logró porque la primera instancia militarizada fue el municipio, donde por lo general nombró a militares en retiro como intendentes, a la cabeza de la corporación. En 1945, la Revolución de Octubre devolvió la autonomía al municipio y propició la participación política al ampliar la condición ciudadana y autorizar la organización partidaria. Hasta entonces la dependencia municipal se convirtió en parte de la maquinaria de la dictadura. El llamado jefe político (gobernador departamental) y el intendente municipal dirigían todo lo relativo a funciones de policía, judiciales y ejecutivas, ejerciendo un cerrado control sobre los concejos municipales, donde todos los nombrados eran ladinos. Ello cambió radicalmente después de 1945 y se mantiene desde entonces. Un ejemplo interesante del cam-

Notas Sobre de Democracia y el Poder Local  
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