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HUEHUETENANGO: Informe departamental de desarrollo humano

HUEHUETENANGO: Informe departamental de desarrollo humano

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Guatemala 2007

PNUD Huehuetenango: Informe departamental de Desarrollo Humano. Guatemala: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2007. 62p. ISBN 99922-62-51-6 1. Desarrollo Humano –Huehuetenango. 2. Etnicidad. 3. Grupos étnicos –Huehuetenango. 4. Indicadores de desarrollo – Huehuetenango.

© Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo 5ª. Avenida 5-55 zona 14, edificio Europlaza, torre 4, nivel 10, Guatemala Teléfono (502) 2384-3100 www.pnudguatemala.org www.desarrollohumano.org.gt Primera edición: mayo 2007 Impreso en Arcgrafic

Índice Presentación ...........................................................................................................i Prólogo .............................................................................................................iii Reconocimientos .................................................................................................vii 1. Antecedentes históricos

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1.1. El impacto del conflicto armado interno en Huehuetenango .....1 2. Dinámica demográfica

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2.1. Distribución territorial de la población y migraciones 2.2. Emigraciones

...........................................................................8

3. Educación: más allá del alfabetismo 4. Salud

.........................................................10

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5. Diversidad cultural

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6. Pobreza y vulnerabilidad: un prisma de desigualdades 7. La cuestión agraria

.............................16

.....................................................................................20

7.1. Las válvulas de escape

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7.2. Producción, productividad y diversificación agrícola 7.3. Producción pecuaria

9. Lo que revela el Índice de Desarrollo Humano

Anexos

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8. Participación electoral: el sentido oculto de la participación ciudadana

Bibliografía

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Presentación El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD– publica desde 1990 los Informes Mundiales sobre Desarrollo Humano. Estos han cumplido un papel importante para difundir este paradigma que plantea, en esencia, que los fines del desarrollo son las personas y por ello, es fundamental lograr el despliegue de sus capacidades humanas para vivir una vida plena y satisfactoria, por medio de la cual contribuyan al bienestar y desarrollo de su comunidad y de su país. En el contexto guatemalteco, desde el año 1998, los Informes Nacionales de Desarrollo Humano han cumplido un cometido similar, alimentando el debate nacional sobre temas que son cruciales para comprender los problemas del país, tales como la persistencia de la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades y de acceso a servicios para importantes segmentos de la población. También han contribuido con propuestas que permiten definir un mejor curso para superar estos problemas. Estas se han basado, sobre todo, en las reflexiones y propuestas que los propios actores nacionales están haciendo en campos como la economía, la política, los servicios sociales y el papel del Estado. Estamos ahora explorando una nueva dimensión del trabajo en análisis del desarrollo humano: la preparación de Informes Departamentales –IDDH–. El espíritu que alienta esta iniciativa es que este tipo de informes puedan convertirse progresivamente en instrumentos de información y conocimiento para los actores sociales que convergen en los espacios de participación y toma de decisiones en el nivel local y que trabajan en favor del desarrollo humano en su departamento, su municipio y su comunidad. Este Informe constituye una primera aproximación al conocimiento de la situación del desarrollo humano de Huehuetenango, con un especial énfasis en la desagregación de la información a escala municipal, por localidad (urbana/rural) y según etnicidad. Constituye, sobre todo, un importante esfuerzo por compilar las estadísticas – provenientes de fuentes primarias de información oficial– más actualizadas y confiables que están disponibles al año 2006. A pesar de las limitaciones enfrentadas con el acceso y calidad de la información estadística, se exponen los profundos contrastes del desarrollo humano existentes entre las distintas comunidades lingüísticas que cohabitan el territorio huehueteco, así como entre los distintos municipios que conforman el departamento y entre sus áreas urbanas y rurales; diferencias y desigualdades que se ocultan normalmente tras los promedios departamentales y nacionales de los indicadores. Por consiguiente, el IDDH, al constituir una fuente organizada y sistemática de información sobre desarrollo humano puede contribuir a la toma de decisiones por parte de las autoridades y de la sociedad huehueteca, orientada a la implementación de programas y proyectos para la reducción de la extrema pobreza, del hambre y la desnutrición, la reducción de la mortalidad materna e infantil, y a avanzar con la escolaridad de niños y niñas y con la equidad de género. Todo estos elementos

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forman parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, a los que Guatemala se ha comprometido a avanzar para el año 2015 y su logro se orienta a crear una plataforma de capacidades básicas en las personas que permita desatar todo el potencial productivo y creativo del conjunto de la población chiquimulteca y con ello, impulsar el desarrollo humano en Huehuetenango. El IDDH de Huehuetenango constituye además, una experiencia piloto de la cual hemos aprendido importantes lecciones acerca de las oportunidades y desafíos que implica la elaboración de Informes Departamentales. Agradecemos por ello a la comunidad huehueteca y, en particular, a las personas e instituciones que integraron el Consejo Consultivo del Informe, por su compromiso y paciencia. Así también, la apertura que la Secretaría de Coordinación Ejecutiva de la Presidencia –SCEP–, la Secretaría General de Planificación y Programación de la Presidencia –SEGEPLAN– y el Instituto Nacional de Estadística –INE– han tenido para colaborar en este esfuerzo pionero. Indudablemente, el mismo no podría haberse llevado a cabo sin contar con la colaboración del proyecto Capacidad 2015: Desarrollo y Fortalecimiento de las Capacidades Locales para la Participación Social y el Desarrollo Sostenible de PNUD, que aportó los recursos financieros para la recolección de información estadística y la elaboración de una primera versión del documento. El PNUD Guatemala reitera con este aporte, su compromiso de trabajo conjunto con la sociedad huehueteca para que juntos se alcancen los objetivos de desarrollo humano que deriven en más y mejor vida para todas las personas.

Guatemala de la Asunción, abril de 2007.

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Prólogo La idea de incursionar en la preparación de Informes Departamentales de Desarrollo Humano –IDDH– surge de un esfuerzo conjunto de varios proyectos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD– en Guatemala para cumplir con su mandato de contribuir a la generación de capacidades para el análisis sobre desarrollo humano, que alimenten el debate sobre alternativas para impulsar el desarrollo local, con enfoque territorial. En el marco de ésta iniciativa, Huehuetenango es un departamento piloto. En su territorio convergieron una serie de circunstancias que favorecían su viabilidad. Primero, el hecho que desde hace varios años, PNUD cuenta con proyectos activos orientados al desarrollo local tales como el APPI y Capacidad 2015: Desarrollo y Fortalecimiento de las Capacidades Locales para la Participación Social y el Desarrollo Sostenible Regional, patrocinadores de este esfuerzo. Segundo, existen antecedentes en Huehuetenango de trabajo coordinado en campo con otras agencias, fondos y programas del Sistema de Naciones Unidas en Guatemala. Tercero, los vínculos de trabajo preexistentes entre el proyecto de los Informes Nacionales de Desarrollo Humano, a través del programa de “Multiplicadores de los INDH” y diversas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales de Huehuetenango, en lo que concierne a la difusión y uso de los informes nacionales de desarrollo humano en las actividades académicas y de desarrollo en el departamento, que permitieron identificar especialistas en desarrollo, residentes en la localidad, que mostraron interés y compromiso para involucrarse en esta actividad pionera. Cuarto, el decisivo e inmediato apoyo que las autoridades huehuetecas dieron a este esfuerzo permitió que se integrara un Consejo Consultivo del Informe, estrechamente vinculado con el Consejo de Desarrollo Departamental de Huehuetenango. Este Consejo acompañó, durante una primera etapa de trabajo, a los especialistas locales y al equipo técnico del proyecto de los Informes Nacionales de Desarrollo Humano. Quinto, la disposición del programa “Capacidad 2015”, proyecto de la oficina regional del PNUD para América Latina y el Caribe, de financiar esta iniciativa como parte de su programa de trabajo en seis departamentos del país, entre los cuales se encuentra Huehuetenango. Ello se articula con el interés manifestado desde hace varios años por el equipo del proyecto de los Informes Nacionales de Desarrollo Humano por explorar y aplicar los mecanismos más idóneos para la transferencia de capacidades para el análisis del desarrollo humano y la difusión de este conocimiento fuera del ámbito de la Ciudad de Guatemala. Sexto, la apertura que la Secretaría de Coordinación Ejecutiva de la Presidencia –SCEP–, la Secretaría General de Planificación y Programación de la Presidencia –SEGEPLAN– y el Instituto Nacional de Estadística –INE– han tenido para colaborar en este esfuerzo pionero. Este conjunto de circunstancias favorecieron que el departamento de Huehuetenango Huehuetenango - Informe Departamental de Desarrollo Humano

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fuera seleccionado como piloto para la elaboración de un Informe Departamental sobre Desarrollo Humano en el país. La experiencia adquirida merece dos tipos de consideraciones que contribuirán a que los lectores del presente IDDH ubiquen su contenido y alcances en la debida perspectiva. En primer orden están las consideraciones de proceso: De común acuerdo con las autoridades huehuetecas se definió el alcance del IDDH, llegándose a la conclusión de que un primer esfuerzo de este tipo consistiría, fundamentalmente, en una sistematización analítica de la información estadística oficial, preferentemente proveniente de fuentes primarias, acerca de la situación de desarrollo humano del departamento desagregada, en la medida de lo posible, a nivel de municipios. La utilidad de un instrumento de este tipo para instancias de toma de decisiones permitiría apuntalar las dinámicas de análisis, definición de prioridades y asignación de recursos. Un segundo acuerdo clave en el ejercicio, es que éste fuera realizado desde y por profesionales radicados en Huehuetenango, conocedores de la localidad, las autoridades y las fuentes de información descentralizadas y que pudiera recibir apoyo para la concreción del ejercicio de recolección de información. En este sentido, se reconoce el esfuerzo y la contribución substantiva que hiciera Sergio Barrios Escalante a la elaboración del presente IDDH. Finalmente el equipo técnico del proyecto del Informe Nacional de Desarrollo Humano acompañaría el ejercicio de principio a fin y contribuiría con la preparación de la versión final del Informe, el cual, en una versión preliminar, sería discutido con el Consejo Consultivo instalado para el efecto. En este sentido, la coordinación quiere expresar de manera especial su agradecimiento al investigador Francisco Rodas Maltez quien preparó la versión final de este informe. Un examen retrospectivo de la propuesta metodológica indica que ésta dio resultados. No obstante, se dieron varias dificultades. Destaca entre todas, la asequibilidad de la información estadística oficial a partir de las oficinas descentralizadas de las distintas instancias gubernamentales y no gubernamentales involucradas en el desarrollo humano de Huehuetenango. Ello generó ostensibles atrasos en las tareas de recolección y análisis de la información por parte del especialista local, que obligaron a que el equipo del proyecto INDH tuviera que recurrir a las instancias centralizadas de información en la Ciudad de Guatemala y al análisis de las bases de datos de las encuestas de hogares y de los censos (de población y agropecuario) para subsanar algunos de los déficits de información que se tenían. Una segunda fuente de limitaciones, vinculada a la primera, refiere a la calidad y cobertura de los registros locales de información desagregados a nivel municipal. No existen, de forma sistematizada, registros consistentes de la mayoría de sectores. Es decir, si bien se han hecho esfuerzos importantes en la generación de diversas estadísticas, no se ha logrado una consistencia mínima en los datos que permita construir algunas series a lo largo del tiempo y hacer comparaciones con el resto del país. Todo ello obliga al PNUD a realizar una revisión a fondo de la metodología y la

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estrategia para la elaboración de próximos IDDH. Las lecciones aprendidas del esfuerzo pionero realizado en Huehuetenango sin duda contribuirán a que próximos Informes se realicen más ágilmente y con mayor nivel de compromiso local. Agradecemos en este sentido la buena disposición de las autoridades y de la sociedad huehueteca de contribuir a nuestro aprendizaje institucional. En cuanto a los contenidos, a pesar de las limitaciones ya expuestas en cuanto al acceso y la calidad de información estadística desagregada por municipios, el Informe pone de manifiesto la existencia de importantes asimetrías en el desarrollo humano a lo interno del departamento. Entre 1994 y el 2002, el índice de desarrollo humano –IDH– para el departamento se ha incrementado en apenas 0.052. De sus 31 municipios, únicamente dos destacan del resto en desarrollo humano. En ellos vive apenas un 13.7% de la población total. Esto impone un reto enorme a las autoridades locales y nacionales para procurar alianzas e implementar estrategias que logren elevar los índices de bienestar del otro 86.3% de huehuetecos y huehuetecas. Las desigualdades en materia de desarrollo humano son evidentes y profundas. Se manifiestan, además, en prácticamente todas las esferas que competen al desarrollo humano y se plasman en oportunidades diferenciadas según localidad (urbana-rural); según municipio; entre comunidades lingüísticas y entre géneros tanto en términos económicos y de pobreza, en las condiciones educativas y de salud, en el acceso a servicios y a la justicia. Los indicadores ubican en situación de extrema desventaja a la población Mam, con respecto a otras comunidades lingüísticas y con el resto de huehuetecos; frente a esta situación, la población parece encontrar en el arriendo de tierras y en la emigración a otros territorios (dentro del país y fuera de éste) alguna alternativa para su subsistencia. Las evidentes asimetrías que afectan a la población huehueteca demandan la aplicación de políticas económicas, sociales y culturales con enfoque étnico y de género concentradas territorialmente. Estas deben acompañarse a su vez, de políticas que estén diseñadas para un alcance territorial mayor –departamental y nacional– y orientadas a actuar sobre los factores estructurales y de orden histórico que subyacen en la dinámica de inclusiónexclusión que se ha dado en Huehuetenango a lo largo de los siglos. Es decir, se requieren políticas departamentales y municipales que además de ofertar más y mejores servicios a la población, aborden factores determinantes para el desarrollo humano como la necesidad de replantear el modelo económico vigente, debilitar el peso del racismo y del patriarcado –tácito y explícito– en la asignación de recursos públicos para infraestructura productiva, crediticia y de servicios, que contribuyan a nivelar las oportunidades y capacidades del 86% de la población huehueteca con las del resto de ciudadanos y, de esta manera, desatar todo su potencial productivo y creativo a favor del desarrollo humano del conjunto. Un primer paso en esta dirección es el análisis de la problemática vigente y la formación permanente de capacidades locales para hacer de este esfuerzo analítico un continuo en el tiempo. Esperamos que la sociedad huehueteca encuentre en este primer IDDH un insumo provocador para la reflexión sobre el desarrollo humano y para la acción en materia de políticas públicas y fomento a la formación del recurso humano local. El PNUD, Huehuetenango - Informe Departamental de Desarrollo Humano

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como instituci贸n que promueve el intercambio de conocimientos, pr谩cticas entre comunidades e individuos, pone nuevamente a disposici贸n lo mejor de sus capacidades para acompa帽arles en este esfuerzo.

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Reconocimientos La primera fase de elaboración de este informe estuvo bajo la responsabilidad de Sergio Barrios Escalante, quien recopiló y sistematizó la información y coordinó los espacios de consulta con los actores locales, con el valioso apoyo de los colegas de los proyectos del PNUD Capacidad 2015: Desarrollo y Fortalecimiento de las Capacidades Locales para la Participación Social y el Desarrollo Sostenible y el GUA/03/005: Fortalecimiento de Capacidades en los Espacios de Participación. En particular, fue valioso el apoyo de Gustavo Hernández Polanco, del Programa APPI (PNUD-UNOPS) en Huehuetenango. A lo largo de las distintas fases del proceso de elaboración de este IDDH, se contó con la valiosa colaboración de un numeroso conjunto de instituciones públicas y privadas, tanto del nivel departamental como central. Entre ellas podemos citar las siguientes; Consejo Departamental de Desarrollo de Huehuetenango (CODEDE-H), Secretaría General de Planificación (SEGEPLAN), Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Gobernación Departamental de Huehuetenango, Dirección Departamental (y Central) del Ministerio del Trabajo (MINTRAB), Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPASdepartamental), Dirección Departamental del Ministerio de Educación (MINEDUC), oficina Regional de CONTIERRA, Ministerio de Medioambiente y Recursos Naturales (MARN), Instituto Nacional de Bosques (INAB), Instituto de Fomento Municipal (INFOM), Secretaría de Análisis Estratégico (SAE), Secretaría Presidencial de la Mujer (SEPREM), Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAGA), Fondo de Inversión Social (FIS), Fondo Nacional para la Paz (FONAPAZ), Desarrollo Comunitario para la Paz (DECOPAZ), Delegación Regional de la Oficina Nacional de la Mujer (ONAM), Defensoría de la Mujer Indígena (DEMI), Procuraduría de Derechos Humanos (PDH), Centro de Justicia (OJ), Ministerio Público (MP), Instituto de Defensa Pública Penal (IDPP), Policía Nacional Civil (Comisaria 43-PNC), Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), Tribunal Supremo Electoral (TSE), Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (IECCPG), Red de Conflictividad, Proyecto Cuchumatanes (PROCUCH), Cooperativa Agrícola CUILCO RL, Consejo Maya, ADIMH, Cámara de Comercio de Huehuetenango (CAMEC), FUNDESCO, ASDECOHUE, CEDFOG, Mesa de Concertación-GTZ, CUNOROC-USAC, Universidad Rafael Landivar (URL), Universidad Mariano Gálvez, Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), Pastoral Social, Ministerio de Energía y Minas (MEM), Programa de Descentralización fiscal para el Fortalecimiento Municipal (MINFIN), a las Mancomunidades HUISTA, AMUDESC y MAMSOHUE, COPREDEH, Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), Consejo Nacional de la Juventud (CONJUVE), Secretaría de Obras Sociales de la Presidencia (SOSEP), Consejo Nacional de Alfabetización (CONALFA), Asociación de Maestros Rurales de Guatemala (AMERG), CARE, CECI, V Brigada Militar, Programa de Voluntarios de Naciones Unidas (VNU), Programa APPI/UNOPS, y al Fondo Andaluz de Solidaridad Internacional (FANSI). Entre quienes brindaron su decidida colaboración y entusiasmo en este esfuerzo, podemos citar, no sin el riesgo de cometer alguna omisión involuntaria, a las siguientes personas; César Aceituno, Jesús Acevedo, Rafael Aguayo, Oscar Aguirre, Rony Alonso, María Eugenia Angulo, Aracely Arévalo, Baldomero Barrios, Mónica Bianchi, Víctor M.

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Calderón, Orlando Cano, Santiago Cano, Elsa Capriel, Miguel Ángel Cardona, Miguel Cartagena, Luis Castañeda, Enrique Castillo, Ottoniel Celada, Melvin Cifuentes, Mynor del Cid, Roberto Cordero, Aroldo Coyoy, Joel Delgado, Baudilio Díaz, Walter Félix, Ismar Figueroa, Mireya Florían, Fredy Fuentes, Adolfo Gómez, Nora Gómez, Carlos Gonzáles, Blanca González, César Gordillo, Jorge Granados, Osbeli Gressi, Adelina Gutiérrez, Carolina Gutiérrez, Mauro Guzmán Mérida, Surama de Guzmán, René Mérida, Elsa Hernández, Otto Hernández, Bayron Herrera, Ricardo Herrera, Matías Jiménez, Víctor Larios, Lourdes de León, Keyla de León, Zeyla de León, Leandro López, Lidia López, Ligia López, Mirna López, Aníbal Martínez, Hiram Martínez, Julio Martínez, Rocío Mendoza, Guillermo Menegazzo, Eduardo Mérida, Raúl Mérida, Abel Morales, Jaime Morales, Rolando Noriega, Adali Osorio, Armando Palacios, Concha Dora Palacios, Daniel Palacios, Ángel Pedro Ramírez, Julio Ramírez, Patricio Rivas, Mynor Robles, Rudy Rodas Herrera, Marco A. Rodríguez, Mateo Ros, William Ruiz, Concepción Sáenz, Mario Samayoa, Sergio Samayoa, Antonio Sánchez, Edson Sosa, Elsa Sosa, Mariano Suasnavar, Magda Tello, Roberto Vásquez, Julio Velásquez, Shirley Vielmann, Elmer Villatoro, Heberto Villatoro, Sergio Vives y Juan Leonel Xicay. Se reconoce también la valiosa participación de los señores alcaldes de varios municipios, tal es el caso de Bernardo López, de San Antonio Huista, Gilberto López, de Barillas, Rony Castillo, de La Libertad, Octavio Osorio, de Cuilco, y Leopoldo Samayoa, de Malacatancito. Finalmente, reconocimientos a los siguientes colegas por el especial apoyo técnico, asesoría y apoyo administrativo brindado para este informe, sin cuyo respaldo este esfuerzo no hubiese concluido como estaba planificado; Gustavo A. Hernández Polanco, Feliciana Mendoza, Teresa González, Miguel Castillo, Antonio Hernández, Juan Polo, Alessandro Preti, Ileana de Rodríguez y Sergio Barrios.

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1. Antecedentes históricos Huehuetenango es el quinto departamento más grande del país, con una extensión aproximada de 7,403 Km 2 , ocupando alrededor del 5.6% del territorio nacional.1 Después que Santa Ana Huista recuperara su autonomía como municipio en 1950, el departamento no había alterado su división político-administrativa hasta el 2005, año en que la antigua aldea Cantinil se segrega del municipio de Chiantla, convirtiéndose en el municipio denominado La Unión Cantinil. Así, Huehuetenango cuenta actualmente con 32 municipios, siendo el departamento con mayor número de unidades administrativas municipales. En él se registran 192 sitios arqueológicos de diferentes períodos, que evidencian la existencia de poblaciones en esta región desde tiempos muy remotos, desde el preclásico, aproximadamente 2,000 a. de c., hasta el post-clásico, entre 1,000 a 1,524 a. de c.. Se estima que en este último período el departamento fue ocupándose por distintos grupos étnicos: Q´anjobal, Mam, Chuj, Jacalteco y otros,2 que configuran en la actualidad una alta diversidad étnicolingüística en su población. Su acentuado aislamiento geográfico, una estructura fisiográfica accidentada y con limitada aptitud para la explotación agropecuaria, han contribuido al empobrecimiento de su población, a la par de una débil vinculación con el Estado nacional. Las reformas económicas y sociales impulsadas durante el llamado “período revolucionario” (1944-1954), no tuvieron 1 2 3 4

mayor impacto en el departamento, a diferencia de otros departamentos, como las Verapaces y algunas zonas de la Costa Sur.3 Tampoco repercutió de manera decisiva en el aminoramiento de graves lastres sociales característicos del departamento, como el analfabetismo, los altos índices de muertes causadas por enfermedades comunes, y el poco acceso a servicios básicos indispensables para el desarrollo de una vida digna.

1.1. El impacto del conflicto armado interno en Huehuetenango Como se sabe, históricamente la principal reivindicación política de las poblaciones mayas en el departamento, ha sido la demanda por la tierra, y a esa causa han obedecido tradicionalmente la mayoría de levantamientos y conflictos agrarios suscitados en el departamento, desde la colonia hasta el día de hoy.4 De igual manera, los antecedentes inmediatos al levantamiento armado de sectores diversos de la población indígena y campesinos de Huehuetenango, ocurridos principalmente entre mediados de los años setenta y los años ochenta estuvieron en gran medida alimentados por históricas e ignoradas demandas por acceso al derecho de propiedad y uso de la tierra. En las décadas previas al levantamiento armado, particularmente entre la década de los sesenta e inicios de los setenta, se desarrolló en amplias zonas un efectivo trabajo de organización y movilización comunitaria. Este trabajo organizativo

Diccionario Geográfico Nacional. Castañeda, C., p. 67 Baumeister, E., et al, pp. 126 -127 Castañeda, C., p. 82

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y movilizador que giraba en torno a la colonización de nuevas tierras (la mayoría de difícil acceso), estuvo liderado fuertemente por religiosos de la Orden Mariknoll. De hecho, fueron ellos los primeros en recibir los embates de la represión política y el asesinato selectivo, mucho antes de que se convirtieran en prácticas masivas de exterminio.5 El departamento de Huehuetenango fue de las zonas más golpeadas del país durante el conflicto armado interno. Diversas fuente estiman en alrededor de 10 mil personas oriundas de este departamento, las asesinadas por el ejército y los grupos paramilitares conocidos entonces como Patrullas de Auto-defensa Civil (PAC). En una cruenta y sistemática campaña de exterminio masivo, centenares de comunidades fueron hostigadas, atacadas y quemadas por tropas del ejército, y decenas de miles de hombres, mujeres, niños y ancianos se vieron obligados a emigrar al otro lado de la frontera o refugiarse en las altas montañas del norte del departamento y del Quiché.6 Decenas de miles más de campesinos que optaron por quedarse en sus comunidades,

se enlistaron, forzada o voluntariamente, en las PAC, con el fin de controlar y combatir a las agrupaciones guerrilleras y a sus redes de colaboradores. Millares de campesinos huyeron a México. Municipios como La Democracia, Nentón y Barrillas fueron los destinos principales de la mayor parte de estos grupos de refugiados o retornados que regresaron al departamento.7 La mayoría de ellos retornaron al país antes de la firma de los Acuerdos de Paz en diciembre de 1996. De manera paralela, otra parte importante de refugiados internos, organizados en las llamadas Comunidades de Población en Resistencia (CPR), fueron gradualmente reincor-porándose a la vida civil, luego de ser reconocida oficialmente su condición a inicios de los años noventa.8 Finalmente, miles de personas agrupadas en las llamadas Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), fueron disueltas a partir de la firma de los Acuerdos de Paz a fines de 1996. Con ello, quedaba así cerrado un largo y oprobioso capítulo de la historia del departamento, donde la peor parte cargó sobre las espaldas de la población indígena.

2. Dinámica demográfica En Huehuetenango, su ritmo de crecimiento total se mantuvo en descenso hasta 1981, que a su vez resulta ser el punto de inflexión para su recuperación hasta la última fecha censal (véase Gráfica 1). En cifras absolutas, vemos que en medio siglo (de1950 a 2002) la población de Huehuetenango pasó de 200,101 a 846,544, es decir, creció 4.2 veces 5 6 7 8

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Castañeda, C., pp. 92, 94 Kobrak, P., p. 10 Castañeda, C., p. 150 Castañeda, C., p. 162

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más, teniendo un crecimiento levemente superior al nacional que fue de 4 veces durante el mismo período. Las proyecciones de crecimiento demográfico para los próximos decenios se perfila, desde luego, con un aumento sostenido para Huehuetenango y con un ritmo bastante

similar al del país, estimándose que la población del departamento se duplicaría en alrededor de 30 años. En el nivel municipal, 12 de los 31 municipios son quienes han mantenido el crecimiento más consistente durante este medio siglo, con tasas de crecimiento igual o superior a la media departamental y concentrando la mitad de la población (véase mapa 1).

Observando la cuestión a escala municipal, son los municipios de San Gaspar Ixchil, Tectitán, Todos Santos Cuchumatán, Cuilco y San Rafael La Independencia quienes tienen mayores porcentajes de población joven, representando la mitad o más de la población en sus Municipios. Al contrario, Huehuetenango, Santiago Chimaltenango,

En razón al vigoroso ritmo de crecimiento demográfico, a pesar que en el último decenio la población de menor edad ha reducido su peso relativo, la composición por edades de la población del departamento de Huehuetenango siguen mostrando un perfil joven, incluso mayor que el país: durante el período intercensal 1994-2002 la población menor de 15 años en el departamento paso de 48.2 a 46.9 por ciento, es decir que se redujo en 1.3 puntos porcentuales, pero la del país se redujo en 8.7 puntos (véase cuadro 1). Dicha tendencia, en la cual el departamento ha tenido una pérdida relativa de su población joven pero a un ritmo lento, tiene sus diferencias, siendo el medio rural y en poblaciones indígenas donde la merma de crecimiento se torna aún más pausada, o bien los ámbitos que más contribuyen a mantener ese perfil joven. Huehuetenango - Informe Departamental de Desarrollo Humano

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San Antonio Huista, Jacaltenango, Santa Ana Huista, La Democracia y San Pedro Necta, más de la mitad de su población está en una edad más madura, mayor de 15 años (ver mapa 2). Pero en general puede decirse que estos municipios comparten una estructura demográfica joven, a excepción de la cabecera departamental que puede considerarse en cierta transición, fenómeno que coincide con el hecho de tener un alto predominio de población urbana (70% del total).

y con una población que no superaba el 8%. Pero en los últimos dos decenios el crecimiento de la población urbana cobró tal dinamismo que superó al que se desarrolló

2.1. Distribución territorial de la población y migraciones Respecto a la distribución territorial de la población vemos que durante medio siglo el departamento mantiene un predominio rural. Su tasa de crecimiento, aunque con un curso irregular, tendió a la baja en el último decenio (véase gráfica 2). Por hoy, se estima que el 79 por ciento de su población reside en esta área.9 El crecimiento urbano tuvo poca importancia hasta finales de la década del setenta, expresada en bajas tasas de crecimiento 9

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En nuestras estimaciones se consideró como población urbana aquellos centros poblados con 2,000 habitantes o más. De manera que las cabeceras municipales con una cantidad menor de habitantes declarados urbanos fueron contabilizados como población rural.

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en el país: la tasa de crecimiento urbano de Huehuetenango fue casi el doble que la del país durante el último período intercensal, permitiendo también que esta población casi se duplicara en tan sólo 8 años (véase gráfica 3). A escala municipal el proceso de urbanización no ha sido homogéneo ya que el mismo se concentra en 4 de los 31 municipios, donde reside el 59 por ciento de la población urbana del departamento, siendo ellos: Huehuetenango; Jacaltenango; La Democracia y Barillas. Incluso en los

primeros dos municipios, más de dos tercios de sus habitantes residen en localidades urbanas. Llamamos la atención sobre la caída drástica que tuvo la población rural y urbana del departamento a principios de la década del ochenta, dándose un fenómeno de vaciamiento del territorio ya que el descenso de uno no tuvo como contrapartida el crecimiento del otro, lo que podría asociarse con el despliegue del conflicto armado en esa región y particularmente en el campo.

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El crecimiento demográfico del departamento aunque por varios años más su principal escenario seguirá siendo rural, no debe perderse de vista que el ritmo de crecimiento urbano ha adquirido un dinamismo que incluso en el último período intercensal (1994-2002), fue 4 veces mayor que el rural. Si las tendencias territoriales de crecimiento demográfico siguen manteniéndose como hasta ahora,

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la posibilidad de que ambas poblaciones finalmente se equiparen puede llevar bastante tiempo, algo más de dos décadas. Por de pronto lo que está ocurriendo se asemeja a un crecimiento de doble presión, en el sentido que seguirá siendo preeminente la población rural —por mucho que ella vaya reduciéndose pausadamente —, sincrónica a un proceso de urbanización intenso.10

Puede considerarse una urbanización vertiginosa del departamento viendo que, la actual tasa de crecimiento medio anual urbana de 8.0, casi dobla la tasa de la Región Metropolitana de 4.3.

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Por otra parte, el Departamento no es una región importante de atracción migratoria. Desde mediados de la década del noventa los inmigrantes no superan el 2% de la población del departamento.11 Evaluando el flujo migratorio vemos que, el departamento actúa más como zona de expulsión, aunque con un ritmo estable: del total de habitantes nacidos en el departamento el 4.4 por ciento había emigrado para 1994, ya en el 2002 el porcentaje aumentó a sólo 4.7; mientras, la inmigración aunque levemente, se redujo, representado para los mismos años 2.3 a 2.0 por ciento. En cifras absolutas, durante el período, salieron 12,500 emigrantes contra 2,600 inmigrantes que se añadieron al departamento, es decir que, por cada persona no originaria del departamento que arribó al mismo, 4.7 originarios salieron de él.

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En 1994 los desplazamientos internos tuvieron como destino principal 5 municipios (Huehuetenango, Chiantla, Nentón, La Democracia y Barillas), hacia donde se movilizó el 71 por ciento de este segmento de población. En el 2002 encontramos que un porcentaje similar fue atraído hacia los mismos municipios añadiéndose además el de San Antonio Huista. En general, además de la leve diversificación de los lugares de destino de esta modalidad migratoria (véase Mapa 3), parecería que la misma estaría cobrando un dinamismo semejante al de las emigraciones: durante el período analizado, estas corrientes migratorias internas crecieron 1.7 veces más, mientras las inmigraciones crecieron 1.4 veces.

Aunque como región fronteriza existe una población inmigrante de nacionales y extranjeros que se dirigen a los Estados Unidos o México, ésta posiblemente no es registrada por los censos, además de que se trata de una población fluctuante.

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Si bien los desplazamientos internos pueden ser un cambio positivo de vida en quienes deciden hacerlo, los datos censales son insuficientes para dar un perfil más claro sobre esta situación. Así las tendencias visibles serían un primer lugar de destino hacia los municipios fronterizos en el oeste del departamento (Tectitán; Cuilco; La Libertad; La Democracia; Santa Ana y San Antonio Huista) y otro segundo destino localizado hacia el norte (Nentón; San Mateo Ixtatán; Barillas; San Sebastián Coatán y Santa Eulalia) que concentran respectivamente el 32.5 y 28.3 por ciento de los desplazamientos, y que además tienen en común que en su mayoría se han dirigido hacia áreas rurales (el 69.1 y 88.7 por ciento respectivamente). Un tercer grupo se dirigió a los municipios del suroeste (30.1 por ciento), con la diferencia que en Huehuetenango y San Sebastián Huehuetenango predominó como destino las áreas urbanas, el resto (Malacatancito; Aguacatán; Santa Bárbara y Chiantla) la tendencia fue dirigirse hacia sitios rurales.12 Luego de estos datos no es posible afirmar que dichos movimientos se relacionen axiomáticamente con factores de oportunidad presentes en los municipios de salida o de destino, como por ejemplo los proyectados por el IDH o por el índice Gini de desigualdad.

aunque de un año al otro éste disminuyó en 6.3 puntos, reorientándose la migración hacia otros departamentos. Luego del fuerte peso del departamento de Guatemala, llama la atención la región conformada por Quiché, Quetzaltenango y San Marcos como territorios contiguos y segundo escalón de arribo, que sin embargo ha perdido levemente su atracción. Estos descensos han tenido como contraparte otros rumbos, tal el caso de una región sur compuesta por Suchitepéquez, Escuintla y Retalhuleu, más concurrida como fuente de trabajo temporal (véase Cuadro 3). La proporción entre emigrantes recientes y antiguos ha variado a favor de los primeros: para 1994 la proporción era de 13 por ciento para los recientes y 87 por ciento para los antiguos; ya en el 2002 la relación fue de 20/80 por ciento. Estos datos sugieren, por una parte, un repunte de las migraciones recientes durante este último decenio; por otra parte, un fenómeno en que el departamento de Guatemala ha ido perdiendo gradualmente su tradicional función como región de atracción dando paso a la ampliación de destinos hacia otras fronteras internas.

2.2. Emigraciones En general, fueron sólo 7 de los 22 departamentos del país quienes atrajeron la mayor parte de los emigrados de Huehuetenango: en 1994 absorbieron 89 por ciento y en el 2002 captaron el 85 por ciento. El destino principal de los emigrantes ha sido el departamento de Guatemala,

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Debemos considerar que de mantenerse la tendencia de que las corrientes internas se dirigan hacia las áreas rurales, ellas atenuarían el crecimiento acelerado de los centros urbanos.

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En la emigración antigua predominan las mujeres y los no indígenas, mientras en la emigración reciente también persisten las mujeres, pero la variable étnica se invierte. Esta última tendencia que registra un aumento relativo de la emigración de población indígena en cifras relativas (véase Cuadro 4), se hace más evidente es términos absolutos: la emigración antigua se duplicó y la emigración reciente se cuadruplicó.

huetenango presentan patrones similares a los emigrados respecto a género, etnicidad y temporalidad del desplazamiento. La diferencia estaría en que el incremento de la migración reciente de indígenas fue bastante más pequeño (véase Cuadro 6).

El patrón de origen de los inmigrantes plantea una situación inversa a la presentada para los emigrantes. Aquí vemos como sobresale este territorio contiguo al departamento ya comentado antes, que en este caso estaría compuesto por los departamentos de San Marcos, Quetzaltenango, Quiché y Totonicapán, de donde han provenido cuatro quintos de los inmigrantes. En según lugar encontramos ahora el departamento de Guatemala, mientras los departamentos del sur tiene una baja presencia (véase Cuadro 5). Con todo, encontramos que aún con esta forma de territorializar los intercambios de población, los mismos son siempre desfavorables para el departamento, aún con aquellos departamentos que por su cercanía uno supondría que debería haber un flujo más equitativo.

Si bien es poco perceptible la disminución de población indígena dentro del departamento en la última década, menos de un punto, independiente de lo deficiente que pueden ser los censos para registrar esta dimensión o bien porque se han desarrollado algunos cambios en los patrones reproductivos, lo cierto es que la dinámica migratoria puede contribuir en alguna medida a que el mapa étnico se modifique.

Las oleadas de inmigrantes hacia Hue-

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Otro efecto de las migraciones puede darse al modificar la estructura de edades de un lugar. Los que emigraron es gente relativamente más

joven que los que inmigraron, afectando en alguna magnitud, el nivel de envejecimiento de la población.

3. Educación: más allá del alfabetismo La tasa general de alfabetismo y de jóvenes ha mejorado en Huehuetenango.13 En ocho años (1994-2002) la primera subió de 47.8 a 54.4 por ciento, la segunda de 64.1 paso a 72 por ciento, que implica que los esfuerzos de elevar el nivel de alfabetismo han tenido como principal depositario la juventud. Es una buena noticia, pero no suficiente para que el departamento mejore su posición; en ambos indicadores Huehuetenango ocupa el lugar 19 a nivel departamental, es decir, uno de los más bajos del país. Para los años censales 1994 y 2002 en Huehuetenango se confiesan patrones similares de exclusión, respecto al acceso a la educación. No obstante hay signos de cambio positivos: la población de 15 o más años de edad sin ninguna escolaridad se redujo durante los años censales de 55 a 45 por ciento, siendo indiscutiblemente un indicador de progreso. La mayor parte de esta población se concentra en el área rural y en los indígenas, aunque se ha reducido su peso relativo de 70 a 65 por ciento. Asimismo en el área rural, aunque sigue siendo el principal concentrador de analfabetos, también se registra un descenso de ellos, pasando de 91 a 85 por ciento (véase cuadro 7).

área, etnia y género, todas han mejorado de un año a otro, pero también debe resaltarse la persistencia del mismo esquema de inequidad en el acceso a educación, en la que en su base se encuentra la mujer indígena del área rural, con la peor escolaridad y en la cúspide, el hombre no indígena del área urbana, con la mejor formación, que nos da una clara imagen de una pirámide social estratificada de acceso a la educación. Por municipios, según el mapa 4, la población sin instrucción se distribuye en forma bastante heterogénea con variaciones fuertes entre municipios vecinos, sugiriéndose a lo sumo una tendencia más o menos similar entre los municipios que tercian el departamento en dirección norte-sur.

Con relación a la otra parte de la población de 15 o más años de edad que han logrado algún nivel de escolaridad, como puede deducirse comparando los años censales de la gráfica 4, en general las medias de escolaridad según el

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Tasa de Alfabetismo: población de 15 o más años que sabe leer y escribir, como proporción de la población en edad similar. Tasa de Alfabetismo en Jóvenes: población de 15 a 24 años que sabe leer y escribir, como proporción de la población en edad similar.

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Con la población que ha logrado algún nivel de instrucción, su posibilidad de progresar en este ámbito es, en cierta medida, incierta. Al respecto un fenómeno que queremos destacar es el rezago escolar, es decir, aquella población que por repitencia o incorporación tardía al proceso educativo, se encuentra en un grado menor al que le corresponde a su edad. Aplicando esta noción a los escolares que estaban cursando la primaria en el 2002 encontramos que, del total de estudiantes registrados, el 45 por ciento estaría en situación de rezago escolar. Este porcentaje sube gradualmente si lo estimamos para los escolares del área rural y para indígenas, encontrando cifras de 50 y 53 por ciento

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respectivamente.14 La diferenciación de la escolaridad a través de dicotomías de género (hombre-mujer), etnicidad (indígena-no indígena) y espaciales (urbano-rural), al combinarse con otros indicadores tradicionales como las tasas de alfabetización general, alfabetización joven y las tasas netas de escolaridad en primaria y básicos,15 nos permite tener una idea sobre cuánto se han ampliado o reducido estas brechas durante los últimos años censales. En general el panorama es positivo, aunque sin soslayar el arrastre que significa la gran masa de analfabetos. De 1994 a 2002 hubo progresos en materia educativa en la reducción de brechas de género, étnico y

Nuestra estimación del rezago escolar consideramos que es todavía conservadora, ya que aún cuando el ciclo escolar de primaria normalmente debe iniciarse a los 7 años, lo corrimos hasta los 8 años. Tasa neta de escolaridad primaria: porcentaje de alumnos de 7 a 12 años de edad que están en primaria, en relación a la población total de esa edad. Tasa neta de escolaridad del ciclo básico: porcentaje de alumnos de 13 a 15 años de edad que están en básico, en relación a la población total de esa edad.

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espacial, aunque todavía no se da el caso de que lleguen a equipararse. A continuación incluimos cuatro gráficas que ilustran lo anterior. Territorialmente, la expresión de estos cambios en las tasas analizadas por brecha

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se registra en los mapas 5, 6 y 7. Según estos resultados, la condición étnica es la que tendría la mayor incidencia negativa, debido al número de municipios que registraron aumento de la brecha (13), pero además porque estos cambios se dieron con mayor intensidad16. En segundo lugar de

Se asume como cambio positivo cuando la diferencia entre brechas se reduce, siendo negativo cuando la brecha se amplía. La intensidad o magnitud de este cambio es el diferencial entre la brecha de una año al otro.

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afectación estaría la brecha urbano-rural, que aunque tiene un municipio más que la anterior, registrando aumento en la brecha, la intensidad del cambio fue más baja. Finalmente la brecha de género presentaría

una situación menos desequilibrada, con sólo dos municipios afectados por el aumento de la brecha además de una baja intensidad de este cambio.

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4. Salud La esperanza de vida para la población del departamento es de 62 años. Según registros del Ministerio de Salud, la tasa de natalidad del departamento ha descendido levemente en los últimos 5 años (de 41 en 1999 a 34.9 en 2003). En ese último año, el municipio con la tasa de natalidad más alta fue San Mateo Ixtatán (con 51.0), seguido por Santa Cruz Barillas (48.6), mientras que el municipio de Huehuetenango registró la tasa más baja (23.9). Durante el mismo período la tasa de mortalidad infantil se ha mantenido oscilando alrededor de los 23 casos (X cada 1,000 NNV). En orden descendente, para el año 2003 los tres municipios con la tasa de mortalidad infantil más alta fueron: San Juan Atitán (76), Todos Santos Cuchu-matanes (65) y Huehuetenango (50), mientras que Santa Cruz Barrillas aparece en el mismo año con la tasa más baja a nivel departamental (5). La tasa de mortalidad materna ha descendido notoriamente en ese mismo lapso analizado, y en cifras directas pasó de 73 casos en 1999 a 53 en el año 2003. La tasa departamental de Mortalidad Neo-natal (medida X cada 1,000 NNV), en el 2003 fue de 7.59, siendo el registro más alto el del municipio de Huehuetenango (48). Las tres principales causas de morbilidad general en Huehuetenango en orden de incidencia, son las siguientes; infecciones respiratorias, parasitismo intestinal y síndrome diarreico agudo. En cuanto a cobertura en salud, entre los principales recursos en infraestructura se citan los siguientes: 2 hospitales (uno

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nacional ubicado en la cabecera departamental y otro distrital ubicado en San Pedro Necta); 72 puestos de salud y un total de 186 camas para todo el departamento (4,592 habitantes por cama). Para el año 2,002 habían registrados a nivel departamental un total de 44 médicos, 40 enfermeras, 234 enfermeras auxiliares, 29 técnicos en salud rural (TSR), 2,070 comadronas y 1,408 promotores. Relacionado con el acceso y cobertura de agua potable, a nivel departamental el 27.42 por ciento de la población total carecía de cobertura en el año 2002, representando alrededor de 241,093 habitantes. En tal sentido, Malacatancito, San Gaspar Ixchil y San Juan Ixcoy son los municipios cuya población tiene menos acceso al servicio de agua potable, promediando el 61.3 por ciento de su población. Por otra parte, según datos del Censo Nacional de Talla del año 2001, y de acuerdo con porcentajes relativos a la prevalencia de retardo en talla en niños y niñas de las escuelas censadas, totalizan 26 municipios de Huehuetenango en los cuales hay niños y niñas en edad escolar con categoría de retardo de “alta” y “muy alta” vulnerabilidad. De los 41 municipios priorizados a nivel nacional por el gobierno central para ser atendidos en el “Programa contra la pobreza y el hambre” a partir de octubre del 2004, ocho de ellos pertenecen a Huehuetenango, y son los siguientes; Cuilco, San Pedro Necta, San Idelfonso Ixtahuacán, La Libertad, La Democracia, Tectitán y Aguacatán, con un promedio de 78.34 por ciento de pobreza.

5. Diversidad cultural Además de la presencia de población ladina, que representa el 36 por ciento del total de la población, en Huehuetenango conviven otras 22 comunidades lingüísticas de origen maya, que difieren en su tamaño de población y distribución en el territorio. De estas 22 comunidades lingüísticas, cinco concentran el 94 por ciento de la población (véase cuadro 8). Como no existe un umbral oficial de preeminencia para medir la presencia de diversas etnias o culturas, se asume un primer criterio basado en aceptar como grupo predominante aquel que represente el 70 por ciento o más en cada municipio. Un segundo criterio considera al segundo y tercer grupo étnico en importancia, siempre que la suma de ambos logre llegar al mismo porcentaje anterior de 70 por ciento. Un último grupo se le denominó “disperso”, siendo municipios donde conviven un sinnúmero de etnias sin que ninguna tenga preponderancia. El resultado de estas estimaciones pueden apreciarse en el mapa 8.

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El cuadro 9 desglosa algunos indicadores de los grupos étnicos predominantes en el departamento. Como se ha visto en otros aspectos, los ladinos son quienes tienen los mejores indicadores: una población más urbanizada que les permite, relativamente, tener más oportunidad de acceder a servicios y mercados de consumo y de trabajo. Su escolaridad es mejor en general y a nivel de jefes de familia, que les favorece para enfrentar mejor los retos de la subsistencia.

A nivel de mercado laboral es mayor la incorporación de las mujeres al empleo, contar con una mano de obra más instruida, como incorporarse a ocupaciones mejor calificadas. Pero luego de este grupo, el que con los mismos criterios estaría en mejores condiciones sociales serían los Jakaltekos. Al contrario en las posiciones más desventajosas estaría el grupo Q´anjob´al y Mam. En una posición intermedia quedarían los Akatekos y Chuj.

6. Pobreza y vulnerabilidad: un prisma de desigualdades. La carencia de ingresos, es hasta ahora, el indicador más obvio para medir la pobreza. Pero también se sabe que los hogares ubicados bajo la línea de pobreza suelen tener otras desventajas relativas para dar respuestas a su situación, haciéndolos más vulnerables a las adversidades de la subsistencia diaria. El departamento de Huehuetenango obtuvo en el 2002 un preocupante tercer lugar, luego de Quiché y Alta Verapaz, en cuanto a mayor presencia de pobreza total y extrema. El

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cuadro 10 presenta las cifras sobre pobreza y pobreza extrema por municipio. Si se ve el mapa 8 de etnicidad, se obtiene una imagen de la pobreza por municipio que es menor donde predomina la población ladina, y son más altos en municipios ubicados al sur del departamento, particularmente el área donde predomina la etnia Mam. De los municipios del país existen varios

trabajos sobre vulnerabilidad, realizados con diferentes intereses y enfoques metodológicos diversos. En nuestro caso, decidimos hacerlo a partir del censo nacional del 2002, debido a que éste fue la base para estimar los niveles de pobreza en el país. Conociendo que la información censal es amplia en su cobertura pero limitada en cuanto las variables de análisis involucradas, logramos registrar algunos indicadores de vulnerabilidad referidos a los activos humanos, económicos y físicos. En los activos humanos asumimos los recursos de conocimiento o educación que tiene el municipio. Para ello se tomó en Huehuetenango - Informe Departamental de Desarrollo Humano

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cuenta el número de jefes de familia que tienen escolaridad primaria o más, 17 en función que este elemento puede permitir salvaguardar mejor a los grupos familiares; la proporción de niños de 7 a 12 años que estaban estudiando su primaria y lo mismo para los jóvenes de 13 a 15 años, que estaban estudiando el ciclo básico, considerando que este es un buen indicador de que las familias pueden, en un momento dado, privilegiar la inversión en educación. Como activo económico sólo se ha considerado el tipo de ocupación de los jefes de familia, que da cuenta de cuál es el grado de inserción laboral. Al respecto existen dos grandes divisiones que son: los trabajos que demandan muy poca calificación, y otras ocupaciones que, contrariamente, exigen un mayor nivel de conocimiento y experiencia. En los primeros normalmente, para el departamento, vamos a encontrar a peones o ayudantes en labores agrícolas, pecuarias, forestales y en menor medida en la cons-trucción; es decir, oficios que lógicamente tiene una remuneración baja. En los calificados, es más amplia la gama de ocupaciones, yendo desde agricultores especializados, personal de oficina, albañiles hasta profesionales, por ejemplo. En este caso nos interesa destacar la proporción de trabajadores calificados que existen dentro de los jefes de familia.

población sin ninguna instrucción y una escolaridad cuando la hay, estratificada dependiendo del área, etnia y sexo. Por lo mismo el índice utilizado en el mapa 10, debe interpretarse bajo las condiciones en que se encuentra la realidad educativa local. Aunque no se da una correlación perfecta, la intensidad de asociación entre el nivel de pobreza general y del capital humano de los municipios es fuerte y negativa (- 0.84), es decir que, conforme el capital humano aumenta, disminuye el nivel de pobreza. De manera que en la mayoría de municipios estaríamos en un doble problema de bajos ingresos y poca educación.

Finalmente como activo físico hemos asumido la calidad del sistema de saneamiento de la vivienda, que com-prendería una forma más segura y de mejor calidad para acceder al servicio de agua potable y sanitario. Como se comentó en páginas anteriores, la escolaridad en el departamento tiene dos grandes rasgos, un fuerte segmento de

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Para estas estimaciones hemos considerado importante hacer el análisis del jefe de familia y su pareja cuando la hay.

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En cuanto a correlacionar pobreza y niveles de saneamiento (véase mapa 11), la asociación de ambas fue moderada, con una relación inversa baja de -0.52; o sea que en alrededor de la mitad de municipios los niveles de saneamiento se reducen en la medida que la pobreza sube. Pero por muy moderada que sea esta asociación, debe tomarse en cuenta que este tiene un impacto importante y directo en la salud.

La relación entre pobreza e inserción laboral (véase mapa 12) nos dice que, no siempre el hecho que un municipio tenga un grado de pobreza bajo, ello suponge que haya más jefes de familia con empleo calificado. Por contradictorio que parezca, la lógica que podría estar detrás de esta tendencia es que, independientemente del volumen de empleo calificado, las remuneraciones son en general bajas.

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7. La Cuestión Agraria En correspondencia con su persistente ruralidad, huelga señalar que el pasado y presente del departamento de Huehuetenango estan íntimamente relacionados con la actividad agropecuaria, y el futuro es difícil divisarlo de manera diferente, cuando menos en el mediano plazo.18 Una fuente de datos importante para evaluar la evolución del agro guatemalteco son los censos agropecuarios, los que a pesar de imperfecciones y discontinuidades, registran hasta donde es posible el estado de la situación. Los resultados para el

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departamento de Huehuetenango se basan en una superficie de fincas censadas que representan el 23.6 por ciento de la superficie total del mismo, siendo una cobertura baja si se le compara con otros departamentos como Escuintla y Retalhuleu, donde fue posible censar más de dos tercios de sus territorios. Por municipios, la cobertura censal también es bastante irregular (véase cuadro 11).19 Dos constantes que se mantienen en el país, durante el transcurso de los cuatro censos agropecuarios, han sido la estructura polarizada en su desarrollo tecnológico y en

Incluso en las políticas públicas impulsadas recientemente y por impulsarse dentro del departamento, vamos a encontrar que enfatizan en un perfil agrario, tal el caso de los 19 municipios de Huehuetenango que son asistidos desde el 2002 dentro de un programa de reducción de la pobreza rural ejecutado por el MAGA, cuyas líneas de actuación comprenden la seguridad alimentaria con el cultivo de granos básicos, forestería y diversificación agrícola. Asimismo, un futuro programa de “Desarrollo económico desde lo rural” que con préstamos del BID y Banco Mundial coordina la SEGEPLAN, el cual busca eslabonar la producción agrícola de comunidades rurales del altiplano con las potenciales oportunidades que ofrece el TLC. De alguna forma políticas y programas consideramos que inducen más a procesos adaptativos, que de reconversión substancial de la matriz económica agropecuaria existente. Las superficies de los municipios fueron tomadas de la Estrategia de Reducción de la Pobreza Regional ERP-R, Región VII.

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la distribución de la tierra. Estamos hablando de un subsector moderno y tecnificado y otro más numeroso, asfixiado en minúsculas plantaciones de limitada eficiencia que dificultan sobreponerse a la subsistencia. Comparando el primer censo agropecuario de 1950 con el último del 2003 pareciera que, los cambios operados en la estructura agraria del país se habrían realizado sin que ello implicara una sensible ampliación de la frontera agrícola (véase cuadro 12). Considerando que durante este período hubo una ostensible ampliación de la frontera agrícola, sobretodo hacia el norte del país, cabe la posibilidad que en los datos actuales existan deficiencias de subregistros de fincas y superficies, además de la presencia de un cierto volumen de tierra ociosa o vacante, donde obviamente no se pudieron registrar

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datos. Partiendo del mismo cuadro y refiriéndonos al país, un cambio distinguible es la gradual reducción de la gran propiedad agraria, donde el número de fincas se redujo a más de la mitad y su superficie fue comprimida en un 70 por ciento. La interrogante que surge es: ¿Adónde fue a parar todo ese patrimonio?. Según los datos, podemos inferir que en su distribución se benefició primordialmente las fincas multifamiliares medianas que habrían captado, hipotéticamente, el 58 por ciento del reparto; mientras el sector minifundista parecería ser el menos socorrido aprovechando únicamente un 9 por ciento de esta superficie. Ciertamente el número de fincas tanto multifamiliares medianas como minifundios

Para este análisis hemos prescindido de los datos del censo agropecuario de 1950 que habíamos utilizado antes, debido a que de éste no

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se multiplicaron en una proporción bastante superior a la de la superficie que ocupan, lo que produjo una reducción de estas unidades agrícolas. Para comprender mejor las asimetrías de esta redistribución de tierra agrícola, la comparación adecuada es considerar que en las fincas multifamiliares medianas, por cada nueva finca que se formó se agregaron unas 48 hectáreas, al contrario por cada nuevo minifundio se adicionaron 0.3 hectáreas. Por hoy los minifundios representan el 45 por ciento de las fincas, ocupando el 3 por ciento de la superficie registrada en el censo agropecuario del 2003, con un tamaño promedio que disminuyó de 0.55 a 0.46 manzanas. Para el departamento de Huehuetenango la evolución que presenta resulta todavía más controversial ya que en lugar de ampliarse su frontera agrícola, ésta se habría constreñido en alrededor de una cuarta parte de la registrada en 1950. En paralelo, durante el período (1950-2003), presenciamos también una reducción de la gran propiedad en términos de unidades de producción como en superficie, que de todas formas cambió poco el legado histórico de concentración de la tierra. Pero por otra parte, lo que causa sorpresa es que esta disolución de las fincas mayores no tuvo como contrapartida una transferencia significativa hacia los otros segmentos. Del saldo de superficie liquidada en los segmentos de la gran propiedad, al parecer el 5% pudo haber parado en las fincas familiares, 23% en las subfamiliares y 14% en los minifundios, de manera que el destino del resto de tierra no encontramos otra explicación que no sea que no fueron registradas o que se encuentran en abandono u ociosas. Así, creemos que existe un mercado de tierras esclerotizado, con una barrera infranqueable para desarrollar transacciones entre grandes y pequeños propietarios, del que falta saber

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si todo sea un asunto de financiamiento para que este mercado desarrolle fluidez comercial. El balance general de la situación no es muy halagüeño. El perfil agrario que estaría dominando en el departamento no es, en gran medida, diferente del que se tenía medio siglo atrás, es más, podría considerarse agravado en el sentido de que sigue desdoblándose ilimitadamente la fragmentación de las medianas y pequeñas unidades agrícolas en contraste con la subutilización o abandono de la gran propiedad. Una forma que explicita mejor la situación podemos ilustrarla a través del índice de desigualdad o de concentración GINI, en donde cuanto más próximo a uno sea el índice, mayor será la desigualdad o concentración de la tierra. Al respecto el índice para el país en los años 1950 y 2003 fueron de 0.863

y 0.873, para Huehuetenango de 0.860 y 0.859, por lo que se infiere que no habría mejora de la situación ya que para el primero la desigualdad aumentó, mientras para el segundo las cosas seguirían prácticamente inalteradas.20 Lamentablemente sólo el censo agropecuario de 1964 consideró la variable étnica en los registros censales, perdiendo la oportunidad de poder apreciar la evolución actual de las desigualdades desde esa perspectiva. Observando al interior del departamento encontramos esparcida también distintas tonalidades de desigualdad. A partir del índice Gini, hay dos extremos dentro del cual van diseminándose todos los municipios: un extremo de mayor desigualdad estaría en el municipio de Santa Eulalia (0.845) y el otro extremo de menor desigualdad lo ocupa el municipio de Tectitán (0.673), pero en general todos los municipios estarían por encima de un nivel medio de desigualdad o concentración de la tierra que gravitaría en torno a 0.500 (véase cuadro 13).21 El proceso segregativo donde se van acentuando cada vez más las diferencias puede percibirse en otros segmentos de la estructura agraria, particularmente en la trayectoria de los predios de menor tamaño. Si bien la media de superficie que más se plegó en el último medio siglo fue en las grandes fincas — de más de 20 caballerías —, en términos absolutos éstas mantendrían unas dimensiones todavía suficientes para desarrollar cualquier actividad agro-pecuaria. No ocurre lo mismo con los minifundios y fincas subfamiliares,

cuyas superficies rebasaron hace tiempo el umbral mínimo indispensable para paliar necesidades básicas alimentarias o producir algún excedente, aunque proporcionalmente la media de tamaño de estas parcelas experimentó una menor reducción, de 15 por ciento en las primeras y 13 por ciento en las segundas (véase cuadro 13). Pero además de esta asimetría, el interés se dirige hacia la cuestión de que los predios subfamiliares están sufriendo también el mismo contagio de los minifundios en cuanto a reparcelar continuamente los terrenos. De hecho después del minifundio, las parcelas subfamiliares son las segundas en haber disminuido su superficie. Aunque el último censo agropecuario no ofrece información directa sobre este fenómeno, se comprende que en un medio donde la transferencia de nuevas tierras hacia estos dos segmentos es limitada, es muy probable que una buena parte de los minifundios surgidos durante estas décadas se hayan nutrido del corrimiento de las parcelas otrora subfamiliares.

7.1. Las válvulas de escape Teniendo como referente el contexto antes descrito, la incapacidad para cubrir las necesidades alimenticias propias, no digamos poder crear excedentes agrícolas, tornase difícil para un segmento importante de la población. Así, buscando suplir las necesidades alimenticias o de ingresos en el medio rural, esta población debe recurrir a un sinnúmero de alternativas para sobrevivir. Una de estas alternativas ha sido el arriendo de tierras. Al nivel del país, de 1950 al 2003,

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Señalamos que los índices Gini que hemos estimado para este documento son mayores que los consignados en el Informe Nacional de Desarrollo Humano 2005. La discrepancia puede deberse a factores como el universo considerado o bien el desglose de clases utilizado, los cuales pueden modificar sensiblemente el cálculo del índice Gini. 21 Para este análisis hemos prescindido de los datos del censo agropecuario de 1950 que habíamos utilizado antes, debido a que en él no se públicó la distribución de la tierra por tamaños de finca a nivel de municipios.

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el arriendo de tierras no ha tenido un peso relevante, aún así se incrementó, pasando de 4 a 5.6 por ciento de la superficie total ocupada. Pero en Huehuetenango la tendencia en los mismos años fue inversa, es decir que disminuyó, pasando de 4.3 a 0.8 por ciento. En general, el arriendo de tierras

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no sería una modalidad muy practicada dentro del departamento, sin embargo lo curioso es que, paradójicamente, esta práctica se ha ejercido con mayor presión en las unidades agrícolas más pequeñas (minifundios y subfamiliares) concentrando el 82% del total de tierra arrendada. Es

posible que algunos pequeños propietarios hayan considerado mejor arrendar. De ser así las cosas, habría que considerar que el traspaso podría estar vinculado en parte con aquellos que deciden emigrar. Respecto a emplearse en otra actividad encontramos que, del total de productores en el departamento de Huehuetenango solo el 14 por ciento declaró tener otro trabajo adicional, de los cuales dos tercios son empleados privados. Los datos publicados del censo del 2003 no registran estos resultados por tamaño de finca, aunque debemos suponer que los dedicados preferentemente al trabajo extraparcelario sean los pequeños propietarios, que coincidiría con el hecho de que en ellos predominaron los trabajadores no calificados (53%), u ocupándose como artesanos (14%) o en labores agropecuarias de cierta especialidad (13%). Queda la duda de si en este grupo de productores están incluidos los trabajadores temporales de las grandes plantaciones agroexportadoras.

7.2. Producción, productividad y diversificación agrícola El departamento de Huehuetenango, como el

resto del país, ha participado en los esfuerzos de diversificación agrícola, en productos denominados “no tradicionales”, aunque muchos de ellos tienen más de tres décadas de cultivarse. Suponemos que estos esfuerzos han tenido resultados limitados, siendo que en el perfil productivo del departamento, el peso de la producción “tradicional” sigue siendo preeminente. De los cultivos anuales o temporales, la producción se concentra en 10 productos que representan el 94 por ciento del total de la producción obtenida de todos los cultivos (véase cuadro 14). Más aún, si se consideran únicamente los primeros 5 productos, su peso relativo es de 88 por ciento del total, siendo que todos están en la categoría de tradicionales. Con los cultivos permanentes y semipermanentes ocurre algo similar al anterior: apenas 10 productos absorben el 98 por ciento de la producción total y si sólo consideramos los primeros 5, el porcentaje es del 89 por ciento (véase cuadro 15). Además en este grupo predominan los productos agrícolas de exportación tradicionales, como el café y la caña de azúcar, absorbiendo ambos el 87

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por ciento de los primeros 5 productos. Refiriéndonos a los cultivos anuales, observamos que los 5 productos más importantes están sobretodo dirigidos al consumo interno, además en su mayoría se cultivan en parcelas pequeñas (minifundios y subfamiliares) (véase cuadro 16). Dicha tendencia es más acentuada en Huehuetenango que en todo el país, lo que sirve para señalar el perfil agrícola del departamento, como abastecedora de alimentos al mercado interno y resaltar la capacidad productiva de los pequeños productores.

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Al igual que los censos agropecuarios anteriores al del 2003, encontramos pocas mutaciones que despiertan una sensación de confinamiento, donde pareciera que todo lugar y persona tienen un rumbo predestinado, ya que siguen siendo los pequeños productores quienes suplen gran parte del consumo interno. No estamos declarando que este sector abastece la totalidad del consumo interno, porque algunos de estos productos desde mediados de la década del ochenta están siendo importados cada vez en mayores cantidades, tal el caso del maíz, el frijol y la papa. La situación que en ese ámbito

se está dando y que puede acentuarse es, un movimiento de los pequeños productores a abandonar este tipo de cultivos por la caída de los precios, que a su vez se ve estimulada por unas importaciones que compiten a precios más bajos. Esto no se asocia a un asunto meramente de productividad, sabiendo que estos cultivos y otros más, han logrado elevar el rendimiento de las explotaciones en más del doble de la capacidad que se tenía cincuenta años atrás.22 Lo que se pronostica, considerando incluso la entrada del TLC, es la quiebra de los pequeños productores, el debilitamiento de la producción interna que tendría como corolario aumentar la dependencia externa y enervamiento de la soberanía alimentaria. Por lo mismo, ello explica porqué los temas de seguridad alimentaria y la problemática agraria se han convertido en uno de los retos más serios del país. Con relación a los cultivos permanentes y semipermanentes (véase cuadro 17), en su mayoría son bienes de exportación y dominan las explotaciones medianas a grandes. En el caso de Huehuetenango a

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excepción del banano, en el resto de cultivos predominan las explotaciones medianas y grandes, aunque con un diferencial menor que el presentado por el país, que da para pensar que los pequeños productores de Huehuetenango intentan incursionar en donde sea posible hacerlo. Las superficies cultivadas son casi similares al porcentaje de la producción. Los rendimientos, en el caso de los cultivos anuales (ver cuadro 18), muestran que a excepción del frijol, los pequeños productores huehuetecos tienen un incuestionable dominio y experiencia en estos productos. En cuanto a los cultivos permanentes (ver cuadro 19), la situación es opuesta, son los medianos y grandes productores quienes tienen mayor capacidad. Debe tomarse en cuenta que estos resultados de productividad se dan a pesar que los pequeños productores normalmente ocupan las peores tierras.

7.3. Producción pecuaria La comparación de la producción pecuaria del país con la del departamento de Huehuetenango durante el período de 1950

El departamento tiene una productividad media mayor que la nacional, en cultivos temporales como la papa, cebolla, brócoli, avena y coliflor. En los cultivos permanentes, ocurre algo similar con el cardamomo, durazno, melocotón, aguacate, manzana y mango. Donde el rendimiento es menor que el nacional, es en el café y la caña de azucar.

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al 2003 muestra que, la primera ha tenido una caída en muchas más especies que la segunda: al nivel del país, la crianza de ganado porcino, caballar, ovino y caprino decreció, mientras en el departamento el descenso ocurrió únicamente en el ganado ovino y caprino (véase cuadro 20). Desglosando la producción pecuaria según el rango-tamaño de las unidades de explotación, según se aprecia en el cuadro 21, la comparación entre el país y el departamento de Huehuetenango permite definir mejor el perfil de éste último. Para el país, la crianza de gallinas, gallos, pollas y pollos, como de ganado bovino remiten más a una producción de escala industrial, que implica producirlos en medianas y grandes fincas, a la vez el resto de especies se producen en pequeña escala por

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una multiplicidad de minifundios y parcelas subfamiliares. En el caso de Huehuetenango como un fenómeno casi prodigioso resulta que toda la producción pecuaria reposa fundamentalmente en una producción a pequeña escala generada en minifundios y parcelas subfamiliares.

8. La participación electoral: el sentido oculto de la participación ciudadana. Las elecciones han sido vistas como muestra de democracia y si esto fuera así, el departamento de Huehuetenango estaría en una posición intermedia ya que la participación en los últimos comicios fue de 56.7 por ciento, muy cercana a la media nacional de 57.9 por ciento. Comparada con la anterior votación, la participación en el departamento se incrementó en 4.8 por

ciento, aunque no logra superar la registrada en la primera elección ocurrida desde que se inició la transición democrática en 1986. Aunque las fuentes de datos no se corresponden, una estimación conservadora considerando únicamente la población de 18 a 75 años de edad en el 2002 y la población empadronada en el 2003 del departamento, Huehuetenango - Informe Departamental de Desarrollo Humano

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registraría que alrededor de 41,000 personas aptas para votar no estarían inscritas en el padrón.23 Esta ausencia de ciudadanos no registrados en el padrón se estaría nutriendo particularmente de dos fuentes. La primera es la exclusión de la mujer de las actividades públicas o políticas. Aunque de la población apta para votar dentro del departamento en el censo del 2002, la mujeres representaban alrededor de un 6 por ciento más que los hombres, en el padrón electoral la situación se invierte, o sea que hay más hombres inscritos, tan así que la brecha entre el porcentaje de hombres y mujeres inscritos es de 19.2 por ciento, la cual puede considerarse alta comparada con la nacional que es de 11.2 por ciento (véase cuadro 22). De cumplir con el procedimiento de inscribirse en el padrón a ir a votar, la cosa es más grave, ya que la brecha de participación entre hombres y mujeres aumenta a 23.8 por ciento, siempre mayor que la nacional de 14.3 por ciento; es decir que, el requisito de inscripción no es garantía de que las mujeres se involucren en estos eventos. La situación actual en el departamento no ha mejorado gran cosa respecto a la inscripción de las mujeres en el padrón electoral: para julio del 2006 sólo se ha incrementado en uno por ciento respecto a la proporción existente en el 2003. Debe indicarse que este fenómeno no es específico del departamento ya que para el país el incremento ha sido apenas de medio punto.

el censo del 2002 la población de 18 a 25 años de edad representó el 31.5 por ciento de los ciudadanos aptos para votar, mientras este grupo en participación electoral tuvo una representación de 22.5 por ciento (véase cuadro 23). En los siguientes grupos de edad vemos que el diferencial de representación va aumentando negativamente conforme las edades son mayores, tendencia que confirma el relego de los ciudadanos más jóvenes. Este grupo de jóvenes, en el padrón electoral actualizado del país hasta julio del 2006, representaban el 20 por ciento del total de empadronados, de manera que aún cuando llegaran a votar todos en las próximas elecciones, siempre se mantendría un alto déficit de participación de esta generación.

La otra fuente de ausentismo estaría en el retiro de las generaciones más jóvenes, aunque los diferenciales son menores a los registrados en la participación femenina. En

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Las comparaciones siguientes tiene la suerte de que se trata de datos muy afines cronológicamente. Señalamos que nuestras estimaciones son conservadoras, ya que reducimos a 75 años a quienes ejercieron el voto, además no hemos incluido a las personas que en el 2002 tenían 17 años y que por tanto en el 2003 ya estaban aptos para votar.

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9. Lo que revela el Índice de Desarrollo Humano El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es un indicador global multidimensional, basado en un enfoque de reducción de brechas; operacionalmente su estimación se basa en tres subíndices: • Disfrutar de una vida larga y saludable, medido a través de la esperanza de vida al nacer; • Disponer de educación, que se mide a través de la tasa de alfabetización de adultos (con una ponderación de dos tercios) y la tasa bruta combinada de matriculación en primaria, secundaria y terciaria (con una ponderación de un tercio); • Tener un nivel de vida digno, que se mide a través del Producto Interno Bruto (PIB) per cápita. El IDH tiene una escala donde el valor cero equivale al más bajo nivel de desarrollo y uno al mayor nivel desarrollo alcanzado. Para efectos de simplificación en su lectura éste se ha divido en 3 rangos: a) Bajo nivel de desarrollo equivalente a un índice menor que 0.50; b) Desarrollo medio entre 0.50 a 0.80, y; c) Desarrollo alto cuando el IDH es mayor a 0.80. Entre 177 países evaluados a nivel mundial,

Guatemala ocupa el lugar 121, estando dentro de los países considerados de desarrollo medio. El IDH nacional alcanzado, por su naturaleza multidimensional y amplia, puede tornarse insuficiente para proyectar un país como el nuestro, cuya rasgo esencial es su hetero-geneidad, expresada en la presencia de enormes desequilibrios económicos y sociales combinados con diferencias culturales. Por lo mismo, veamos en detalle lo que revela el IDH y sus componentes en el caso del departamento de Huehuetenango. Comparando los IDH de 1994 y 2002, tanto el País como el Departamento presentan incrementos positivos de desarrollo humano, pero su mudanza más que reflejar un crecimiento substancial en los años analizados, muestra más bien estabilidad o lenta movilidad: el incremento del IDH nacional fue de apenas 0.057 puntos y el del Departamento de 0.052 (véase cuadro 24). Por otra parte, esos signos de estabilidad en un caso y lento crecimiento en el otro caso, hacen que el Departamento no se haya alejado o esté más cerca de la tendencia media del país o del Departamento de Guatemala, como el polo más desarrollado. El departamento mejoró de posición, pero pareciera ser más fruto del retraimiento de los departamentos más dinámicos, que por esfuerzos de cambio propios, es decir,

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una suerte de homogeneización hacia la precariedad. De los 31 municipios, únicamente 3 de ellos (Barrillas, Santa Eulalia y San Rafael La Independencia) vieron reducido su IDH de un año al otro. Pero aún cuando la mayoría mejoraron su índice esto no produjo una homogeneización o equiparación de mejores valores entre municipios. El cuadro 25 hace una comparación de los niveles de desarrollo, en el cual vemos que los municipios calificados de desarrollo alto, o sea con un IDH superior al nacional en 1994 y 2002, se redujeron a la mitad; los de desarrollo medio, con un IDH inferior al nacional y superior al departamental, se mantuvieron en las mismas proporciones y los de desarrollo bajo, con un IDH inferior al departamental aumentaron en dos municipios más. Los municipios registrados en cada nivel de desarrollo pueden variar de un año a otro, como se observa en los mapas 13 y 14. Esta distribución confirma el retroceso

a nivel de municipios y estancamiento a nivel de población de la evolución del desarrollo humano en el departamento. Haciendo la salvedad de que el IDH todavía a escala municipal es un indicador grueso, las cifras sugieren que por lo menos el 43 por ciento de los habitantes del departamento tienen escasas oportunidades y precarias condiciones de vida. En el cuadro 26 encontramos los resultados de

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los componentes que configuran el IDH para los años 1994 y 2002 por cada municipio. De estas cifras lo primero que podemos verificar es que todos los municipios vieron mejorado sus índices de educación e ingresos de un año a otro, no así el índice de salud que se redujo en 12 municipios.

Nuestra comprobación la hacemos cotejando la amplitud de brecha, es decir, la diferencia entre el valor más alto y más bajo de cada índice, indicado en la parte inferior del cuadro 26. Notamos aquí que el índice de salud se manifiesta para ambos años con mayor amplitud, siguiéndole el índice de

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educación donde su menor diferencia, sigue siendo todavía significativa, ya que equivale a más de la mitad del valor máximo que estos índices pueden lograr. Sabiendo que estos dos componentes remiten a dimensiones sociales del desarrollo humano, su considerable amplitud demuestra que, aún en espacios tan próximos y administrativamente afines se dan significativas y profundas desigualdades. En el caso del índice de ingresos con una amplitud de brecha mas reducida, se estaría planteando una distribución geográfica menos contrastante o menos desigual. Pero hay que tomar en cuenta también que es donde el índice tiene los valores más bajos de los tres utilizados, o sea, un reparto menos desigual de ingresos deprimidos. Por

lo tanto desde el cálculo del IDH, pareciera que éste factor sería el que en realidad impide mejorarlo.24 De esta forma nuestra conclusión es que el desarrollo humano del departamento presenta dos situaciones: desde su dimensión social (índice de salud y educación) y sabiendo la relación directa que existe entre ésta y el aparato público, el fenómeno que se expresa es el de una desigual distribución de los recursos para atenderlos, independientemente de que ellos existan o sean todavía insuficientes; por otra parte, considerando que el ingreso es la dimensión económica contenida en el IDH, el asunto no tiene que ver tanto con una desigual distribución geográfica como los anteriores, más bien con políticas salariales y de distribución de riqueza.

Bibliografía Castañeda, C. (1988). “Lucha por la tierra, retornados y Medio Ambiente en Huehuetenango”, FLACSO, Guatemala. Baumeister, E. et al, (2004). “Cambios en la tenencia de la tierra” (tendencias históricas), Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Guatemala. INE. Censos Nacionales de Población y Vivienda 1950, 1964, 1973, 1981, 1994, 2002. INE. Censos Agropecuarios 1950, 1964 2003.

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J. P. Corlazzoli (2005). Mensaje del Coordinador Residente del Sistema de las Naciones Unidas en Guatemala, en ocasión de la presentación del Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Sr. Kofi Annan sobre las Metas del Milenio. Kobrak, P. (2002). “Huehuetenango: historia de una guerra”. Centro de Documentación para la frontera Occidental de Guatemala (CEDFOG). Memoria de Labores 2005. Ministerio de Educación. Guatemala.

Recordemos que el IDH se obtiene de la media aritmética de los tres componentes y que el punteo mayor de estos es 1, lo que significa que todos los índices tienen al final el mismo peso.

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