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Seminario permanente: Democracia y Desarrollo Una agenda de la sociedad civil orgaizada INDESOL

Mesa Feminismo y Género: una presencia histórica

INCLUSIÓN LABORAL

Janette Góngora Soberanes


Es muy importante promover espacios de participación, de encuentro, de disertación sobre ciertos problemas, porque hace mucha falta para enriquecernos como sociedad civil, como academia, poder contar con estos espacios. Muchas gracias por abrir las puertas del Indesol. Cuando me invitaron a participar con el tema Feminismo e inclusión laboral, lo primero que surgió en mi mente fue cómo vincular un tema de inclusión con feminismo, en cuanto a que el feminismo no ha participado el todo en lo que ha sido la agenda de las mujeres trabajadoras. Quienes han participado fundamentalmente en esa agenda han sido las organizaciones sindicales, entonces, pues ahí un asunto que empecé a pensar: ¿dónde estuvo ese lío? Me fui en términos de pensar como un gran antecedente que me parece importante traerlo a cuenta, que es a partir de cuándo celebramos el 8 de marzo. Cada 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer, rindiendo homenaje a las mujeres que murieron en Nueva York en 1911 en una fábrica de textil de Manhattan. Sin embargo, ¿quién hizo la propuesta de que se celebrara el 8 de marzo? Fue una mujer socialista, Clara Zetkin. Se propuso en la Segunda Internacional Socialista el reconocimiento de los derechos de las mujeres trabajadoras a la seguridad. ¿Por qué? Porque teníamos el asunto en frente, en ese incendio donde habían muerto 126 trabajadoras, la mayoría migrantes italianas, que habían llegado a trabajar a la ciudad de Nueva York. Entonces, en el principio a veces se nos olvida que en el movimiento feminista está su vínculo también con el movimiento socialista. Nos hemos ido mucho por la parte de la reivindicación, de la lucha de las mujeres sufragistas y ha quedado de algún lado vedado el tema de la relación de la lucha de las mujeres, todavía no podríamos hablar de un feminismo, pero sí de la lucha de las mujeres vinculada al movimiento sindical. La Segunda Internacional es la que marca una relación directa entre lo que es el planteamiento socialista, con todas las ideas marxistas, y su relación con el sindicalismo. Entonces ahí creo que encontramos una relación en esta parte cuando me dicen: “hay que pensar entre el feminismo e inclusión laboral.” Las sufragistas, por otro lado, se van vinculando más a la lucha por la ciudadanía y a la lucha por los derechos políticos de las mujeres, mientras que el planteamiento socialista es “hagamos la revolución y después cambiemos las condiciones de igualdad.” En el caso de las sufragistas, el planteamiento es: “al obtener el derecho al voto, entonces podremos lograr la ciudadanía de las mujeres.” Mesa titulada “Feminismo y Género: una presencia histórica” Seminario Permanente: Democracia y desarrollo: una agenda de la sociedad civil organizada INDESOL


Entonces, tenemos dos grandes paradigmas, dos grandes líneas de interpretación del desarrollo en términos de, para poder llegar desde ahí a reflexionar en torno a qué sucede en términos de la exclusión de las mujeres en el trabajo, de la desigualdad de las mujeres en el trabajo. Una es la línea que va a trabajar en términos de los derechos políticos, que es la línea de las sufragistas desde el feminismo, y por el otro lado el sindicalismo, que no alcanza a incorporar, en su planteamiento de la lucha por los derechos laborales y de los derechos sociales, la agenda de las mujeres. Entonces es velada, vetada de alguna manera, el asunto de ampliar los derechos de las mujeres la agenda socialista. Entonces, el planteamiento de los derechos sociales y de la justicia social, que viene más desde la izquierda socialista y del sindicalismo, no queda ahí incorporado el tema de la igualdad de las mujeres. Y el tema de la igualdad de las mujeres entonces se presenta como un planteamiento de igualdad de derechos a partir de ir cambiando los marcos legislativos. Entonces, por un lado tenemos el espacio de la producción, que es el espacio del trabajo y el de la generación de riqueza, donde no se ha incorporado el tema, finalmente, de la igualdad. Aunque está establecido en términos jurídicos, en términos de lo que es el mundo del trabajo, podemos decir que es uno de los mundos más desiguales y más excluyentes de las mujeres. Y creo que esto tiene que ver con un planteamiento filosófico, un planteamiento político y de desarrollo de la agenda de los derechos, que va por caminos distintos a lo largo de la historia de la humanidad. Creo que hoy nadie puede negar el asunto de la tendencia, de la creciente desigualdad en el mundo del trabajo. Los informes de Naciones Unidas, los informes nacionales, nos hablan cada vez más de una creciente exclusión de las mujeres en el mundo laboral, lo cual resulta paradójico, porque estamos hablando de que hoy hay mayor incorporación de las mujeres en el mercado de trabajo. ¿Entonces qué pasó? ¿Cómo puede haber mayor desigualdad cuando hay mayor participación de las mujeres? Esto tiene que ver también con un proceso histórico. En el momento en que las mujeres se incorporan al mercado de trabajo, el mercado de trabajo ya se precarizó. ¿Qué es esto? El mercado de trabajo ya perdió la estabilidad laboral que se generó en los años veinte en nuestra agenda nacional, donde había estabilidad en el empleo, donde hubo crecimiento en el sector público, donde hubo crecimiento de un trabajo estable, donde hubo un proceso de industrialización, donde las empresas empezaron a generar también condiciones de trabajo estables, seguridad social, periodo vacacional, sistema de seguridad social, seguro social, ISSSTE, sistema de retiro, sistema de pensiones. Todo eso, cuando las mujeres entramos al mercado de trabajo, es en el momento en que estaba en crisis. O sea, estamos hablando de cuando empezaron a entrar Mesa titulada “Feminismo y Género: una presencia histórica” Seminario Permanente: Democracia y desarrollo: una agenda de la sociedad civil organizada INDESOL


las mujeres al mercado de trabajo es fundamentalmente a partir de finales de la década de los ochenta. A finales de esta década estamos hablando ya de la crisis del estado social o de la crisis del estado de bienestar. Entonces, el asunto es que entramos las mujeres a un mercado de trabajo precarizado, de ahí la creciente desigualdad. Y además, en un mercado de trabajo desvalorizado. ¿Qué encontramos ahora? Ahora encontramos mujeres trabajadoras sin seguridad social; o sea, no hay derecho al ISSSTE, no hay derecho al Seguro Social, no hay derecho a la jubilación. Las mujeres trabajan más hoy porque hay la necesidad económica dentro de las familias del ingreso de las mujeres, y la manera en que trabajan las mujeres está valorada de manera diferencial. Porque además los puestos, el tipo de puestos a los que se incorpora es fundamentalmente puestos de servicio. O sea, las mujeres están como enfermeras, no como médicos; las mujeres están como secretarias, no como jefes. Y cuando hablamos de la estructura ocupacional, los cargos de dirección están en los varones, no en las mujeres. Sin embargo, tenemos nuevamente una gran paradoja: las mujeres tienen cada vez mayor nivel de escolaridad y no recibimos reconocimiento en el mercado laboral. Ante estos datos, a mí me surge la pregunta: ¿qué hacemos desde las organizaciones de la sociedad civil? Porque tenemos gente en sindicatos, en el caso de México que hoy tenemos sindicatos desvalorizados socialmente; sindicatos que pasaron de un sistema corporativo y clientelar a sistemas completamente de acompañamiento, quizás, a políticas que no fueron favorables para los trabajadores. ¿Cuál fue la razón de ser de los sindicatos? La representación de los intereses de los trabajadores. En la representación de los intereses de los trabajadores, el planteamiento de la agenda sindical era fundamentalmente un asunto de establecer salario justo, condiciones de trabajo justas, pensión justa, seguridad en el trabajo en términos también de todo lo que es el trabajo dentro de la industria, de las empresas. Y resulta que hoy los sindicatos tampoco pudieron responder a ese tipo de agenda, no solamente por un problema de representatividad política, sino también por un problema de cambio en el modelo de desarrollo económico, donde lo que se busca es mayor flexibilización. ¿Qué quiere decir esto? Disminuir los costos de trabajo. Y la seguridad social cuesta; y también el empleo fijo cuesta. Entonces tenemos hoy un proceso donde el asunto es que también los sindicatos no están respondiendo a estas necesidades.

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Entonces no tenemos tampoco una historia, como el resto de países, sobre todo nórdicos, donde hubo una mayor relación entre los sindicatos y la sociedad civil; entre los sindicatos y el movimiento ecologista; entre los sindicatos y el movimiento de mujeres. En el caso por ejemplo de Italia, la Confederación General de Trabajadores Italianos, tuvo un fuerte acercamiento con todo el movimiento de mujeres, y empezaron a incorporar en la propia agenda sindical los espacios incluso para la formación de las mujeres. En la industria en Torino, hay una de las experiencias más exitosas vinculadas por La Casa de la Mujer en Via de Governo Vecchio, en Roma, donde se incorpora de esta manera. En el caso de los sindicatos mexicanos y latinoamericanos, no tenemos esa relación entre el movimiento feminista y la agenda sindical. Hubo sí, sobre todo en la década, en el sismo de 1985, la reacción que hubo cuando se cayeron las fábricas en San Antonio Abad, donde empieza a crecer la relación entre el movimiento de mujeres, feministas, con un planteamiento feminista, para trabajar con las costureras, y entonces plantear la igualdad en el asunto del trabajo; sin embargo, no estaba vinculado al movimiento sindical. O sea, el asunto incluso de ir incorporando una agenda de igualdad de género en el mundo sindical fue muy cerrado por la propia estructura del sindicalismo mexicano. No podíamos las feministas llegar a establecer una agenda política y en términos de igualdad de género con los sindicatos, aunque hubo mujeres muy valiosas que creo que fueron abriendo también otro tipo de espacios, como la señora Hilda Anderson, que nos ayudó muchísimo a impulsar otra agenda, que fue la agenda de intervención y atención de la violencia a las mujeres en ese entonces, que se encargó incluso del cabildeo al interior de la CTM y de los representantes del Congreso del Trabajo, que en ese momento eran muy fuertes, para salir adelante con los planteamientos que tenía. Entonces, había ciertas aliadas dentro de esas estructuras sindicales. Sin embargo, la agenda, en términos de igualdad de género dentro del mundo laboral, creo que es una agenda fragmentada que no logró cuajar al interior de los sindicatos y que tampoco tenemos el espacio de interlocución en términos del tema laboral en las organizaciones de la sociedad civil. Muchas gracias.

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2013. Conferencia “Feminismo e inclusión laboral”  

Conferencia presentada en el Seminario permanente: Democracia y Desarrollo, una agenda de la sociedad civil organizada. Mesa Feminismo y Gén...

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