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P U N T O Y A PA RT E N º 2 5

AGOSTO 2018

ñada por un sapo tuberculoso? -y mil “lindezas” más que no voy a poner para no molestar al lector-. ¿Cómo osas presentarte ante mí, moco baboso, grano de pus sanguinolento? -y así como 823 improperios más. Hecho un ovillo en el suelo, atinó a decir con un hilo de voz que no hebra: -Me llamo Pepito Pérez -y levantó la mirada a cámara lenta para encontrarse con los ojos rojos de aquel tremendo ser, como rojos eran los cuernos que salían de su rojo pelo y rojas eran también sus manos, como rojos sus brazos, sus piernas, rojo todo su cuerpo que pudo comprobar porque nada cubría su desnudez y dejaba claro en un escaparate, que el susodicho ser era todo rojo. Las garras de aquel maléfico engendro estrujaban y retorcían un amasijo de papeles ilegibles, pero con un simple vistazo sobre el embarullamiento de letras gritó, berreó, vociferó, bramó, gruñó: ¡Fueraaa, fueraaa, tras esas rejas no está tu destino! -¿Y ahora qué hago? -se quejaba de su mísera suerte el ovillo humano que lloriqueaba en el suelo:

¡Ay, mísero de mí, y ay, infelice! Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así qué delito cometí contra vosotros naciendo -Tu destino está en el entresuelo –le dijo el engendro.

PURGATORIO Antes de bajar de su medio de trasporte, un ascensor de bajada, un ascensor de subida, un ascensor de subida y bajada, en fin, un ascensor, ya se veía que ese entresuelo no era segundo ni tampoco primer piso, ni cuarto ni tercero, ni abajo ni arriba, ni dentro ni fuera; cuando avanzaba no adelantaba y cuando retrocedía no reculaba; si era de noche parecía ser de día y si era de día todo lo cubría una noche helada, una noche triste, una noche oscura, una noche llena de amargura, una noche infausta, una noche aireada. Caminaba y a su alrededor, personas, seres, entes, sujetos, almas perdidas, deambulaban por un camino, por una senda, por una vereda que no tenía ni principio ni fin; unos andando, otros corriendo, y buenamente cada uno intentando llegar a ninguna parte. Al intentar sobrepasar a una mujer (el siempre por la izquierda y marcando su intención de adelantar), tropezó y cayó al suelo, dándose de bruces con un personaje ligerito de ropa, bueno, más que ligerito se podía decir que medio desnudo. Apenas tapaba sus partes más íntimas con un retalito de tela brillante, seguro que era de licra, lamé, terciopelo, martelé o alguna otra fantasía. Su cara era un arcoíris de colores distribuidos ordenadamente: azul pavo para la sombra de los ojos, naranja quemado para las mejillas, siena tostado para resaltar los pómulos, rojo cereza para los labios, blanco niebla en las lentillas, verde hierva en el pelo… Total, que visto de lejos y de refilón podría pasar por un anuncio de Titanlux. Sus pies estaban calzados por unas bo-

A PUÑO Y LETRA

tas amarillo paja, con una plataforma de más de ¡47 centímetros! -¿Quién eres tú y qué te ha traído a mi casa? ¿Cuál es tu nombre? -preguntó “colorines” (esto por darle un nombre ya que era imposible de saber si era hombre, mujer o perrito que le ladre). Como ya había respondido en similares ocasiones, nuestro pequeño personaje sacó su hilo de voz que no hebra y dijo: -Mi nombre es Pepito Pérez. “Colorines”, como familiarmente conocemos al arcoíris con lentillas y plataformas, sacó de una carpeta un manojo de folios de mil colores y repasó lo escrito en un sinfín de fuentes: Algerian, Calibri, Bell Mt, Winde Latin, Arial Marron…, cada una de un color como ya era de esperar de nuestro “colorines”. -Lo siento, guapo, pero tú no perteneces a este reino. El mundo se le cayó encima. Qué hacer, dónde ir, qué pensar, cómo solucionar el problema que le corroía… -Mira, chico, me has caído bien y te voy a dar un consejo… -le dijo el arcoíris parlante-. Hoy en día, con tanta religión y tanta leche, el mundo anda perdido. ¿Quién te dice a ti que no te ha tocado en las reencarnaciones? Vuelve al ascensor y bájate en la planta. Lloraba, gimoteaba, sollozaba, lagrimeaba y después de ciento una palabras más terminadas en aba, por fin

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Revista Punto y Aparte nº 25 - Agosto 2018  

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