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SE ACERCA UNA

GRAN LLUVIA

“Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.” 1 Reyes 18:41. Rev. José Arturo Soto Benavides

E

N LOS DÍAS del profeta Elías, el pueblo de Israel se encontraba en una situación espiritual crítica. Una parte decidió abandonar a Jehová para tornarse hacia los dioses paganos, y otra, desechó también a Dios como soberano, y pidió a Samuel que les constituyera un rey como las demás naciones (1 S. 8:5-22). El cambio político engendró en la nación un decrecimiento religioso y moral. A la muerte del rey Salomón se agudizó este problema, hasta MISIONERO MUNDIAL 44 MOVIMIENTO América • Europa • Oceanía • África • Asia

que se exacerbó por completo con la división del reino. Las guerras nacionales engendraron, a su vez, nuevas alianzas con los pueblos paganos e impíos. El rey Omri de Israel hizo alianza con el rey de los sidonios, la cual se concretó mediante el matrimonio de su hijo Acab con Jezabel (1 R. 16:32). Aquella mujer era muy celosa de su dios Baal e instauró el baalismo como religión nacional. Elías empezó su ministerio profético, y entró en la corte de Acab para entregar la palabra del juicio divino: “Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra” (1 R. 17:1). Según la profecía de Elías, no llovió en Israel durante tres años consecutivos (1 R. 18:1). La

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Revista Impacto Evangelistico Edición Enero 2017 Idioma Español

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