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devocional

La ausencia de prosperidad en el alma significará la ausencia de prosperidad en todo lo demás, aunque a veces parezca que estamos en prosperidad en todo lo demás, menos en el alma; dicho en otra forma, la presencia del pecado en nuestra alma nos afrentará como individuos y como nación, y causará trastornos indecibles en nuestra vida. Cuando nuestra alma no está bien delante de Dios por la presencia del pecado, no puede haber bendición, no puede haber amor hermanable.

ble, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se en-

cendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravió. Y como ellos no aprobaron tener cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen…” (Ro. 1:22-32). Muchos pecados hay que afrentan a la nación, como el pecado del uso de las bebidas embriagantes, la adicción a las drogas que arruina vidas, hogares, empresas, industrias, y los cuales son la causa directa de la inmensa mayoría de los crímenes y accidentes. También el pecado del juego de azar, que hace perder en el hombre la honra en el trabajo y lo convierte en un parásito y en un holgazán. Muchos otros pecados que en tiempos pasados, por ser tan vergonzosos, se practicaban en oculto, en nuestros días han salido al descubierto y se practican abiertamente y sin ningún recato, y para mayor afrenta, hasta se pretende justificar tales pecados, como el homosexualismo, el lesbianismo, la pornografía, etcétera. Sí, el pecado es afrenta de la nación y del individuo. Pero hay un remedio eficaz para todo esto, escucha la voz de Dios por medio del profeta Isaías, que dice: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta; si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana… y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré toda tu impureza” (Is. 1:18, 25). Y también Dios dice: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.” (Ez. 36:25) También nos dice: “Y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1 Jn. 1:7). Amigo mío, allí mismo donde estás, acepta a Jesucristo como tu gran Salvador. Si lo aceptas, será quitada de ti la afrenta del pecado que te denigra y te posterga. Amén l

Enero 2017 / Impacto evangelístico

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Revista Impacto Evangelistico Edición Enero 2017 Idioma Español

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