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ANALIA CERVINI

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V VISIÓN— EL GRAN DISRUPTOR Ettore Sottsass es quizás el intelectual más admirado por varias generaciones. Como testigo privilegiado del siglo XX y hacedor del italian style fue capaz de brillar tanto como referente del racionalismo como del pop. Su tesis —y recomendación— de la transgresión como acto creador marcó su obra.

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IF–Nº11

Milán, septiembre de 1981. Ettore Sottsass, junto con diseñadores como Andrea Branzi y Michele De Lucchi, abre una muestra en la Galería de Milán que revela al mundo el movimiento Memphis. Se trata de una colección de objetos y muebles —hoy de colección— que mutan del lenguaje estético pregnante y que ofrecen al público formas, escalas y superficies innovadoras como un manifiesto en reacción al diseño de masas. Pero que quede claro, no se trata de una expresión en contra del diseño de objetos de producción masiva, todo lo contrario: de hecho, Ettore fue siempre apasionado por el diseño de producción industrial y seriada, de esos productos que se fabrican de a millones, cuyos radios y curvas se multiplican al infinito. Desde Memphis, lo que él y sus compañeros se adelantan a exponer es una postura intelectual —hasta disciplinar— en contra de una práctica del diseño masificada, carente de simbología, que no reconoce la expresión cultural como una necesidad primaria en el objeto. Desde Memphis, Ettore lanza al mundo productos como obras abiertas que proponen en el usuario reflexiones más que soluciones, sensaciones más que funciones. Desde entonces, dentro de la disciplina del diseño, ya nada volvería a ser igual. Porque ningún diseñador osaría diseñar justificando máximas absolutas. Lo cierto es que a partir de esta colección de objetos, los cuestionamientos explorados años anteriores por el diseño radical italiano —del cual Ettore también ha sido parte— finalmente lograron decantar y diseminarse. Lo que Ettore logra comunicar a través de este movimiento —finalmente— es aquello de que la representación cultural emergente

del hecho estético es una necesidad primaria; que el mundo es diverso y alternativo; que las necesidades humanas son individuales, psicológicas y experienciales; que los productos distraen a las personas de su propia muerte; que diseñar es ahondar en la expresividad humana; que consumir es aferrarse a la experiencia vivencial mediante una lucha desde la artificialidad en contra de una naturaleza indomable capaz de hacernos desaparecer como especie de la faz de la tierra. A través estos diseños radicales, Ettore materializa sus propias fantasías existenciales, aquello de que no somos nada y que la artificialidad suele ser el más perfecto escape del propio fin. Pero lo interesante es que cuando Ettore deja entrever estos conceptos disruptivos, lo hace sentado sobre una reconocida trayectoria como diseñador y arquitecto, activo dentro de la industria, responsable de haber llevado adelante años de vinculación profesional con empresarios de avanzada y contando en su legado con un frondoso catálogo de productos de consumo masivo. En la década de los sesenta, de la mano de Adriano Olivetti, Ettore emprende el camino de la innovación diseñando las primeras computadoras e impresoras, como la Elea 9000 y la Elea 9003, inmensos y exquisitos gabinetes que albergan el cablerío de los nuevos inventos informáticos. Se trata de proyectos que plantean —a través de la ideación de nuevos paisajes materiales— desafíos tipológicos y culturales, que se adelantan a lo que en décadas posteriores sería la revolución de las tecnologías de la información. Se trata de nuevos escenarios interactivos, de producción y consumo que Olivetti decide explorar de


© Archivo María Sánchez

01 Carlton, Memphis, 1981. 02 Sottsass y su equipo de trabajo en su estudio, Milán, c. 1980. 03 Sottsass y King, Valentine para Olivetti, 1961.

manera innovadora. Entre estos proyectos, se encuentra el genial diseño de la Valentine, aquella primera máquina de escribir roja, doméstica, individual y portátil, reconocida hoy como precursora de un universo venidero de dispositivos personales que no tendrá freno. Productos que —a pesar de no haber sido rotundos éxitos comerciales para Olivetti— establecieron nuevos paradigmas culturales en el campo de la comunicación y del consumo, que construyeron de manera exponencial el intangible valor de la marca. Según describe Barbara Radice, última mujer y biógrafa de Sottsass, Ettore es un nihilista, un personaje que, al igual que tantos de su generación, vivió una infancia feliz seguida por una juventud interrumpida por la guerra, y que abraza finalmente una Italia de resurgimiento. Ettore elije sin titubeo no tener hijos, pero mantiene una creatividad interna, fresca e ingenua, como extensión de la propia infancia. La frondosa colección de objetos utilitarios cerámicos compuesta por vasijas, vasos y floreros o las escultóricas columnas cerámicas de más de metro y medio de altura nos invitan a experimentar, a partir del uso provocador

© Design Museum

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© Triennale di Milano

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del color y de las formas primarias, un festival lúdico cuya función debemos por momentos atrevernos a relegar. Los viajes a otros continentes son momentos pivotales en su obra. Son caminos de ricercha, de absorción, de incorporación de nuevas experiencias y visiones. Sus diseños de mobiliario, dotados de superficies tramadas y sintéticas, reflejan la experimentación de la América, con su artificialidad y tendencia a la exageración. La forzada permanencia en un hospital de Palo Alto, donde es tratado finalmente de una enfermedad progresiva, deja en él huellas estéticas que se manifestarán en mucho de su obra, como los sintéticos interiores de la cadena de locales de la marca de indumentaria Esprit. Ettore es uno de los personajes más ricos de la disciplina del diseño. Porque, además de ser un disruptor, un teórico-práctico de nuevos sistemas de pensamiento, es un excelente diseñador industrial de oficio, capaz de dominar la más severa de las estéticas llevando adelante con rigor proyectos inconmensurables, de esos que consumen días —hasta meses— de trabajo en los estudios de diseño. Es el estereotipo de

cualquier diseñador de hoy, capaz de abrazar la envergadura pero también el detalle, de ponderar lo importante sin minimizar lo frívolo, de comprender el código cultural o de romper con lo preestablecido. Se trata siempre del manejo de esa tensión amorosa que transita el diseño entre lo establecido y la novedad, lo posible y lo imposible, el significado y la resignificación. Diseñar es tomar decisiones profundas y sostenerlas a través del producto, exponerlas y replicarlas al infinito a través de la producción masiva. Y, en esta mecánica, la del diseño, Ettore no duda jamás, porque domina a la perfección el método de la creación. Esa capacidad proyectual que domina todo diseñador para construir aquello que hasta el momento no existe y que, como efecto rebote, lo hace tendencioso a no aceptar un mundo preestablecido. Ettore siempre supo —al igual que sus pares— que toda realidad se puede modificar componiendo y materializando un entorno mejor. Ettore Sottsass es —sin duda alguna— uno de los más interesantes design disruptors de la historia, un personaje construido en torno a su obra y una obra que se alimentó de su personaje. 39

Visión: El gran disruptor. Ettore Sottsass  

por Analía Cervini

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