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Subir la apuesta Desde Cuyo hasta la Antártida, Ansilta acompaña a sus usuarios en todas sus aventuras con indumentaria técnica “bajo cero” de alto rendimiento. Una empresa joven como los Andes que tanto la inspiran.

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IF–Nº9

Desde Barreal, un pueblo al pie de la cordillera en San Juan, se puede ver un escenario majestuoso, de esos que los Andes van ostentando de a tramos en la columna vertebral de América del Sur: son las siete cumbres que constituyen la cordillera de Ansilta. Hábitat de una etnia con temple de acero que hace unos dos mil años sobrevivió en esa región con condiciones extremas, también es el nombre que enarbola una marca de indumentaria deportiva. Porque a la gente de montaña, sea nativa o por opción, le gusta exaltar la dureza que implica habitar ese medio. No hay en ello ninguna jactancia, sino más bien una respuesta de respeto y sumisión a la naturaleza. Y es que para llegar lo más cerca posible a ella, se necesita de elementos artificiales cada vez más sofisticados. Así, el destino de esas mediaciones, tanto en prendas como en habitáculos y adminículos (de cobijo, transporte, sujeción u otros), ha sido el de superarse en peso, resistencia, impermeabilidad,

abrigo, ligereza… competir con las fuerzas de la naturaleza para poder disfrutarla del modo más cercano a la libertad, que en este caso suele ser también un equivalente a la osadía. En ese camino de superación y entrenamiento tan riguroso como el de los propios deportistas, el diseño juega un rol clave en la concepción de los materiales, la proyección de prendas y los elementos que acorten con tecnología la distancia entre el hombre y la naturaleza —es decir, la resolución de una ecuación en apariencia paradójica—, la materialización de productos con alta demanda en la prestación y un bajísimo impacto, entre otras exigencias. Ansilta arrancó en 1980, en San Juan, de la mano de andinistas locales que querían proveer a sus pares de elementos para la actividad: indumentaria técnica de montaña que no se fabricaba en el país. Hoy, que producen 1000 prendas por día con 230 operarios y máquinas sofisticadas (robots de cortado,

Subir la apuesta  

por Carolina Muzi

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