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INTERFAZ MODA PABLO BERNARD

t GENTILEZA AGUSTINA DUBIÉ, VANESA KRONGOLD, PAULA SELBY AVELLANEDA

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NO HABLEN POR NUESTROS CUERPOS Las empresas de la moda se abren a las novedades que traen las identidades de género. Este año, Zara encendió la polémica en las redes sociales con una colección que trascendió las convenciones heteronormativas. ¿Será un espejo de los cambios o solo una acción de marketing?

Meses atrás, Zara (España) presentó al mercado su línea Ungendered y desató una dura y negativa reacción en las redes sociales, específicamente en Twitter. Por sus aplicaciones gráficas, Instagram y Facebook son las plataformas preferidas por las firmas internacionales de moda y, naturalmente, las que concentran las reacciones inmediatas tanto de los usurarios como de los haters. En ambas esferas, las críticas tienden a no ser demasiado reflexivas y el microbloggin de los ciento cuarenta caracteres fue el espacio elegido para un debate no demasiado profundo, aunque sí coherente y consciente. Sin grandes pretensiones, Zara lanzó discretamente la línea a través de su sitio, con el agregado de un botón de ungendered en el menú secundario. La respuesta inmediata de los usuarios y de la prensa fue de rechazo y desconfianza. Sin embargo, el mayor o menor éxito comercial de la línea no es el punto en cuestión aquí; después de todo, Zara tiene la capacidad comercial y de marketing para vender cualquier artículo que tenga colgado en una percha o en un hipervínculo. 82

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¿Es el rosa un problema? No olvidemos que, además de ser el color utilizado para estigmatizar la homosexualidad, también estuvo relacionado con la diversidad, tanto como el violeta. Es decir, un cartel rosa en un sector de niños ¿es una invitación a una estigmatización temprana? Para quien sea activo en las redes sociales, no serán ajenos los videos de niños y niñas criados sobre la base de su reconocimiento interno de género distinto al de su genitalidad. Frente a estos grandes logros de identidad, uno no vería con buenos ojos que, a la hora de elegir sus juguetes, se los incitara a elegir los motivos neutros, o sea, los grises. Por otro lado, hay padres “políticamente activos” que compran los juguetes que eligen sus hijos sin seguir los preconceptos

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Infancia Eléctrica, de Vanesa Krongold, verano, 2017. Fotografía: Francesca Darget. 02 Línea Ungendered, de la firma española Zara.

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© ZARA

La cuestión es —tratándose de, quizá, la marca más importante del mundo, en volumen de prendas vendidas y en extensión territorial— el gesto. Gesto comercial que puede ser entendido como oportunista o falto de principios, pero que —definitivamente— es un signo de los tiempos. Las críticas a Zara delinean un panorama de lectura nebuloso en el que la firma es susceptible de ser el blanco de ciertos cuestionamientos. El discurso “políticamente correcto” de muchas de la reacciones en las redes salpican de liviandad un debate que ya lleva décadas, una discusión sobre la inclusión y la lucha en pos de la diversidad de género. Ni dos, ni tres, ni uno, ni unisex, ni nonbinary, ni anti-heteronormative: la consigna política detrás de esta lucha es profunda y muchas veces está fuera del alcance del público general, que se asoma al debate motivado por acciones comerciales que muestran solo una arista superficial en un esquema bastante más complejo. Afortunadamente, la industria de la moda es un campo de debate continuo, en el que las crisis sociales encuentran un espejo, un reflejo estético-discursivo. De manera colectiva o individual, todos podemos ejercer una de las grandes libertades que ofrece el mundo moderno: la crítica como ejercicio cotidiano. Ejercicio de entendimiento y aceptación frente a conceptos que pueden resultar abstractos o esquivos para el público medio. La moda es un espacio privilegiado para analizar la apertura hacia géneros y sexualidades diversas, pero sus resultados pueden ser —por acción o reacción— contradictorios en muchos casos. E inciertos cuando los sondeos de opinión, aceptación o rechazo no encuentran buenos argumentos. Si uno compara la reacción del público cuando las marcas masivas de distintas industrias abrazan los grises de la paleta de género, también encontrará críticas similares. Cuando Target Corporation (Estados Unidos) lanzó al mercado su línea ungendered de decoración, las críticas no se hicieron esperar y tomaron estado público, incluso en varios segmentos de la cadena Fox. El mayor cuestionamiento fue la decisión de reducir los carteles de género en varios de los productos hasta llegar a la máxima provocación con los artículos para niños. Lo que llama la atención aquí no es la reacción de los sectores históricamente más duros, opuestos a este tipo de avance en la inclusión social, sino la esperanzada y naïf voluntad de festejar el hecho de que no haya carteles de “niño” y “niña” en una colección en la que, por tres almohadones neutros, tenemos docenas de decorados con motivos en rosa.

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03 Colección Nacional, de Paula Selby Avellaneda, para House of Matching Colours, verano 2017.

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de género que utilizan las tiendas tradicionales para exhibir sus productos, y sin sentirse obligados a abrazar la neutralidad de género. Entonces, uno podría pensar ¿es gris el futuro de la diversidad? ¿Es el futuro ungendered? Afortunadamente, no todo es tan simple, y mucho menos en el mundo de la moda. Si pensamos que en el futuro las compras serán enteramente on-line y que un porcentaje altísimo será mobile, la experiencia de la compra física comenzará a desdibujarse como eje del debate. Pero como el futuro aún no llegó, la moda nos plantea una riqueza de escenarios donde el horizonte inmediato es de conquistas y de ampliación de derechos. Una realidad bastante diferente a la de comprar cubrecamas y jugueteros, en la que la experiencia de compra suele ser individual, contemplativa y ajena al cuerpo —en la mayoría de los casos—, y que solo demanda superar el control normativo de los colores, los carteles o los problemas

de stock. Uno podría olvidar su cuerpo en la entrada de Easy, pero no en la de Falabella. Ambas tienen colección de homewhere; pero solo la segunda, de indumentaria. EL CUERPO Y EL PROBADOR

La retórica utilizada para desacreditar la jugada que hizo Zara fue que las prendas de la colección (un total de diez productos sportwear) eran poco imaginativas, asociadas más a un universo masculino que tanto hombres como mujeres ya comparten desde hace décadas: buzos de algodón, remeras básicas, pantalones de jogging, bermudas de calce amplio y jeans de calce “relajado”. Sin embargo, en la experiencia de compra, la clave sobre la cuestión de género poco tiene que ver con el producto en sí mismo o con su diseño, sino con las políticas empresariales de visual merchandising, recursos humanos y regulaciones respecto de los estándares de talle. Parafraseemos algunas de las críticas


04 Colección invierno 2016, de Agustina Dubié. Fotografía: Bob Lightowler.

contra Zara publicadas en las redes sociales: “Para tener una línea ungendered, agreguen más talles y saquen los signos de hombre y mujer de los locales. El diseño de la ropa ya es para todo el mundo”. Una colección ungenered de ítems básicos es —verdaderamente— una propuesta tibia; una mucho más afilada implicaría aumentar la curva de talles tanto en cintura como en espalda para que hombres y mujeres de talles grandes y chicos puedan medirse sin problemas un simple vestido floral. Seguramente, esta no sería la estrategia más comercial, pero sí la más política. Y aun así —sorteado en primera instancia el “problema” de los talles—, quedaría otra pregunta por contestar: ¿dónde podrían probarse el mismo vestido aquellos hombres, mujeres y personas que se resisten a la identificación de género clásica? La experiencia del probador —como metáfora del baño público— sigue representando uno de los últimos bastiones del conservadurismo de las tiendas masivas: las antesalas a las líneas de probadores de géneros diferenciados o los locales atendidos por hombres para clientes masculinos y por mujeres para femeninos. Excepto en las marcas que consideran que una “mujer llamativa” puede ser atractiva para clientes masculinos, así como “homosexuales carismáticos” pueden serlo para clientas exigentes. Ambos parámetros, apoyados en arcaicos preconceptos sociales, son manifestaciones claras de las barrearas difíciles de sortear en una línea de inclusión de la diversidad. En realidad, lo importante es aún una asignatura pendiente: que hombres y mujeres compartan el mismo probador en vez de usar el mismo sweater. INDEPENDIENTE, SINÓNIMO DE UNGENDERED

En el Río de la Plata, la batalla por la diversidad de género —o la igualdad de las minorías sexuales— tuvo momentos álgidos en el debate público: sus puntos

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culminantes fueron las leyes de Identidad de Género (26743) y la de Matrimonio Igualitario (26618). Ambos acontecimientos tienen su reflejo en la industria de la moda local, tanto en sus espectros más comerciales y mainstream como en sus planos más radicales e independientes. Aunque aún en ambos sectores las imágenes y símbolos relacionados con la sexualidad se caracterizan por ser contradictorios. Vanesa Krongold, directora creativa de su marca homónima, en una entrevista a Clarín (agosto, 2016), confesó que gran parte de su colección es unisex. Por su parte, Ricky Sarkany acompañó el lanzamiento de su colección de calzado femenino con una campaña en la vía pública donde el modelo Lucho Jacob lucía zapatos de taco rojo. Uno podría exigirse lecturas profundas para decodificar lo que queda dicho entre líneas. Por un lado, habría empresas de diseño aún “emergente” —con un negocio basado en la venta directa para un público de nicho—,

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donde es natural concebir productos unisex con un gran riesgo económico para su estructura (Krongold). Mientras que, por otro lado, habría empresas consolidadas con estrategias de marketing simplemente oportunistas y, cuando no, burdas (Sarkany). Incluso, en la última década, marcas altamente comerciales reforzaron su estrategia en la división de género: Kosiuko, con su línea Herencia Argentina (dedicada al público masculino), demostró que los estereotipos estéticos que exaltan la masculinidad en sus puntos más obvios son un éxito de marketing en nuestra actualidad sociopolítica aparentemente “más diversa”. En la última edición del BAFWeek (primavera-verano, 2017), la marca House of Matching Colours cerró su desfile con vestidos de novia, con chicas descalzas cubiertas por velos de tul blanco. ¿Puede existir una imagen más heteronormativa que la de una mujer vestida de novia? Pero, el hecho de que se tratara de un grupo de mujeres ¿la vuelve políticamente provocadora al evocar guiños al matrimonio igualitario? ¿Es acaso el horizonte inminentemente ungendered una reflexión sobre la identidad sexual pendiendo sobre la heterosexualidad como la espada de Damocles? ¿Tiene uno que forzar el raciocinio para evitar caer en los embates de la culpa políticamente correcta? Como cronista de moda, sí vale hacer el esfuerzo; como usuario y comprador, claramente no. Para el ciudadano de a pie, las propuestas y tendencias que ofrece la moda siguen siendo crípticas —cuando no, aspiracionales— e inquietantes —cuando no, imprecisas—. Como ciudadano de a pie, cualquier chico trans que logró cambiar su nombre en

el DNI y que, luego de contiendas genéticosociales, alineó su cuerpo a su ser interno ¿tiene que cuestionarse por consumir una marca con estrategias de marketing en contra de la diversidad de género? ¿O simplemente permitirse disfrutar el calce de los jeans que ofrecen las líneas masculinas, más en sintonía con su cuerpo actual que con la propuesta de algún diseñador con conciencia de género? Muchas preguntas aún están en proceso de ser contestadas y sus respuestas probablemente no sean esclarecedoras. Afortunadamente, la moda argentina —a pesar de los problemas que acarrea, como cualquier industria nacional— tiene propuestas: Vanesa Krongold, House of Matching Colours, Yarde-Buller, Dubié, Them, SchangViton y Juan Hernádez Daels —solo por nombrar algunas— trabajan para inyectar complejidad, problematizaciones e ideas —por dentro y por fuera de las normas establecidas— que ayudan a entender mejor nuestro futuro inmediato. cv Pablo Bernard Estudió arquitectura y se especializó en moda, en el campo de la ilustración, la crítica y el periodismo. Desde 2011, se ocupa de la dirección creativa de la marca que lleva su nombre.

© TARGET

05 Línea Ungendered en el rubro decoración, de la firma Target.

No hablen por nuestros cuerpos  

por Pablo Bernard

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