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El Metrocable transformó el barrio de Santo Domingo. 02 Cada frase fue pensada junto a los dueños de las viviendas. 03 Como medio de transporte público, el Metrocable de Medellín fue pionero en el mundo.

interfase gráfica Jorge mele

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para leer desde el cielo Las ciudades latinoamericanas son, cada vez más, laboratorios para ensayar maneras colectivas de resignificar el entorno. El Grupo BijaRi reconcilia los opuestos y conecta el centro con la periferia, lo público con lo privado 01

Santo Domingo Sávio es un suburbio de Medellín. Desde los años 70, cuando llegaron los primeros vecinos, las viviendas se ubicaron espontáneamente y con el tiempo se volvió un tejido desordenado y laberíntico. Santo Domingo estuvo asociado a la violencia del narcotráfico pero logró sobreponerse, en gran parte, gracias a la construcción del Metrocable en 2004. Esta forma de recualificación urbana luego fue adoptada por otras ciudades de topografía similar como Caracas y Río de Janeiro que reorganizó sus favelas en beneficio de una mayor accesibilidad para los barrios periféricos. Otro acierto de Medellín es su encuentro internacional de arte (MDE) que posiciona a la ciudad como referente internacional, organizado por el Museo de Antioquia. El MDE promueve las acciones colaborativas y comunitarias. Su última edición (de septiembre a diciembre de 2011) contó con la participación del Grupo BijaRi, un colectivo de diseño que funciona en San Pablo desde 1997, cuando sus integrantes (Maurício Brandão, Eduardo 12

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Las ciudades latinoamericanas tienen problemas similares, explica Brandão, “el desnivel socioeconómico es un factor decisivo para la violencia generada por la segregación. Sin embargo, hay una fuerza creativa que hace que los contextos menos favorecidos sean modelos para nuevas formas de vida y alternativas de tolerancia colectiva”. La propuesta de BijaRi operó sobre la vida cotidiana de Santo Domingo, creó disrupciones o tan sólo cambió la “perspectiva” para tener una nueva mirada desde arriba (la del teleférico) hacia abajo (la del barrio), donde siempre habrá historias para contar. Contra-praxis artística

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Loureiro, Geandre Tomazoni, Gustavo Godoy, Olavo Ekman y Rodrigo Araújo) se conocieron mientras estudiaban arquitectura y urbanismo en la Universidad de San Pablo. En el marco del MDE, BijaRi presentó Contando con nosotros, una intervención urbana que cruzó diseño y activismo para rescatar el imaginario colectivo de Santo Domingo. Primero, se acercó a la comunidad para recoger las distintas voces de sus vecinos. Inspirados en el educador brasileño Paulo Freire –que BijaRi reconoce como guía para su trabajo–, la experiencia fue dialéctica, basada en la técnica de la conversación. Los testimonios se pintaron sobre telas plásticas y se colocaron en las terrazas de las casitas de Santo Domingo. Desde el Metrocable, el recorrido dejaba ver los fragmentos como un texto continuo. Para BijaRi, como cuenta Brandão, también hubo un interés literario: “aprovechamos el momento de suspensión, desde lo alto. Nos gustaba pensar en los techos como páginas de un libro roto donde contar la historia del barrio”.

El campo diversificado, inclusivo y estabilizante de la industria cultural guarda la sorpresa de la reducción a prácticas insignificantes devueltas según los formatos del supermercado del arte. Estas prácticas culturales, mediadas por funcionalidades económicas en el contexto de los remanentes de las políticas neo-liberales, instalan el culto para sujetos productores y eventos propagandísticos, exaltando la búsqueda de una singularidad cada vez más exultante y una condición efímera del éxito. En este contexto, alternativas genuinamente innovadoras marcan la presencia de activas modalidades de producción reactivas a la predictibilidad de las autofagias recurrentes de los mercados del arte. Tácticamente y de manera contingente, otras prácticas se han abierto. Contando con nosotros del Grupo BijaRi trata de pensar el lugar que ocupan hoy otras modalidades sociales de la expresión que, desde condiciones de borde respecto de las hegemonías institucionales, señalan itinerarios posibles para una actualización crítica que disuelve su cosificación lejos de los imperativos de la mercancía. BijaRi ensaya y construye espacios de producción fuera de los estereotipos esperables así como de los preacondicionamientos de las modas o tendencias irremediablemente fetichizantes. Estas prácticas recogen, aun sin proponérselo, tradiciones artísticas de las vanguardias históricas relanzando su potencial desestructurante desde la perspectiva de la inserción social activa de autores y gestores. Se trata de prácticas colectivas, cuyas diversas manifestaciones recuerdan, pero trascienden, desde las “cerate” futuristas hasta las derivas situacionistas. La pregunta por la praxis artística como acto crítico de resistencia asume aquella memoria de la vanguardia con un nuevo sujeto productor que reclama su autonomía para la escritura de su propia narrativa. Tal es el caso de BijaRi, donde sujeto productor y objeto de diseño devienen 13


04 Caixa relacional: grabador y objeto lúdico diseñado para hacer amigable la interacción con los vecinos. 05 Las personas podían conservar las telas en los techos de sus casas. Una vez instalada, la tela se volvía propiedad de cada vecino.

de singulares a plurales, mediante la gestión de un tipo de prácticas localizadas en espacios ajenos a los contemporáneos espacios del arte. Un nuevo proceso de subjetivación se instala de una manera en la que se visibilizan y comunican historias sumergidas en los anonimatos de barriadas carenciadas, sujetas a la inmediatez de su pobreza y contingencia. En este trabajo de Medellín, sensible a nuevas propuestas de urbanismo y arquitectura con alto nivel de significación social, la participación comunitaria es un eje temático que se derrama sobre el habitar incluyendo a sus actores. Se trata de potenciar los efectivos cambios de gestión tecnológica y social para ofrecer puntos de vista y miradas cuyo contexto refiere a sus protagonistas. Esta intervención de actualización tecno-política de la demanda social, no sólo potencia nuevos actores sino que activa dinámicas tan inesperadas como innovativas. El teleférico, conectando sitios diferenciados, ha posibilitado ensayar el ejercicio de miradas localizadas sobre barrios otrora bastiones de la exclusión. Desde una nueva perspectiva, estos 14

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lugares olvidados cobran singularidad a la mirada de quien recorre los itinerarios aéreos, recreados por un notable cambio del punto de vista y por la irrupción de un arte urbano de factura colectiva que sustrae de la indiferencia y del anonimato a sus protagonistas. Es posible observar cómo desde los registros y la colección de narrativas acopiadas en las metafóricas “cajas de los secretos”, pasando por el diseño de las telas con sus relatos específicos, el paisaje cultural revela una intensidad expresiva que conjuga las cubiertas de las casas como inusuales soportes comunicativos de un imaginario hasta el momento subsumido en el silencio. Se pueden leer desde la altura, en los trayectos de subida o bajada, textos como: “Bajo la lluvia la vida no se cura” un intenso color celeste sirve a la estilización de una acumulación de gotas de agua. Así también, se ha escrito: “Las heridas expuestas al sol”, con un fuerte contraste entre un fondo rojo y el contorno de un astro en blanco para un mensaje directo, sin concesiones a su posible trivialización. Otras leyendas,

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06 El Metrocable conecta comunas de difícil acceso y provee transporte a los sectores menos favorecidos. 07 BijaRi realiza intervenciones urbanas de alta crítica social, sus primeras acciones tomaron edificios abandonados del sur de Brasil.

Grupo BijaRi www.bijari.com.br

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a veces plantean emociones y pesares: “Ya no queda nada de aquel amor tan lindo” donde la botella de Ron y el vaso caído refuerzan el sentido de la pérdida en el olvido, en un turbio color naranja de fondo. En la línea de lo conceptual, la propuesta de BijaRi constituye una renovada esfera semiótica en el marco inestable de su condición efímera pero profundamente testimonial, transformando el palimpsesto urbano local en matriz de sentimientos que reflejan angustia, anhelos, historias, deseos que reclaman diálogo y empatía. Un profundo sentido ético se genera en esta contra-praxis artística no convencional, ya que del encuentro de un urbanismo de lo informe y las disposiciones para-formales de las localizaciones materiales agregativas sin lógica aparente, surgen constructos estéticos que disputan la hegemonía de las narrativas oficiales. La dimensión dialéctica de la estética se vuelve ética de la solidaridad social y la ética, superación de las estéticas de la alienación en el consumo indiscriminado. Pasar sobre las barriadas en teleférico, implica niveles de lectura donde las vistas panorámicas al desocultarse revelan potencialidades impensables. En esta mutación del paisaje se ha consumado su re-significación y los lenguajes gráficos son producto de nuevas voces que reclaman y proclaman su condición existencial detonando las barricadas culturales del aislamiento. 15

Para leer desde el cielo  

por Jorge Mele

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