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interfase editorial Francisco González Táboas

t Guadalupe Bracuto Verona

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El libro ante la oportunidad de su vida

Un parte de la revolución en curso confirma que el digital no es tanto un embate cuanto un gran desafío; el libro seguirá transportando ideas de la cabeza del autor a la del lector


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El libro y la lectura están pasando por una etapa de revolución y como toda revolución, son más las dudas que las certezas que acarrea. Y, por qué no, algunas resistencias. Sin embargo, como bien señala el periodista del diario The Atlantic, Tim Carmody, en su artículo “10 revoluciones en la lectura anteriores al ebook”, no es la primera vez que el sector ve cambiar su paradigma. La llegada del libro electrónico no es ni más ni menos traumática y desconcertante que lo que habrá sido la llegada de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg allá por el 1450. ¿No future?

Antes de continuar deberíamos dejar algo en claro: el libro, tal como lo conocemos (con hojas de papel, cosidos, encuadernados y con márgenes en los que podamos hacer

Las diferencias entre el ayer y hoy, no solamente son la desmaterialización y los cambios de uso que genera el soporte digital. El libro seguirá siendo un vehículo de ideas, aunque haya perdido su cuerpo a cambio de un carrier tecnológico.

anotaciones), no va a morir. Esta afirmación, o mejor dicho, negación, puede resultar obvia para muchos y absurda para otros (por suerte menos que los primeros). Los discos de vinilo recientemente editados –pero sobre todo vendidos– por artistas como U2, Radiohead, Gustavo Cerati o Julieta Venegas, entre muchos otros, nos dan la tranquilidad de saber que hasta los peores y más consensuados augurios pueden equivocarse. Sin embargo, no estamos acá para hacer futurología. Trataremos sí, en cambio, de analizar el estado de situación en que se encuentra en la actualidad el sector editorial. El “No future” que cantaban los Sex Pistols en los setenta, por el momento no se aplica a este ámbito. Los libros están vivos, o mejor dicho, los contenidos están vivos. Los autores y editores tienen frente a ellos la nada 87


despreciable oportunidad de hacer que sus libros lleguen a más públicos, a más consumidores, en fin, a más lectores. Pero cuando nos referimos a los cambios en el sector editorial no hablamos sólo de libros digitales. Por ejemplo: tecnologías como la impresión por demanda permiten hoy que, con costos más que razonables, se impriman tiradas de hasta un solo ejemplar, a pedido de quien lo quiera comprar. La posibilidad de imprimir un libro cuando y donde se quiera borra aquel problema de los incunables, evita que un libro quede fuera de stock. Y esto es, además de un avance tecnológico importantísimo, un suceso cultural de relevancia. Todo ello sin contar el impacto ecológico y logístico que significa el no tener que recurrir a las grandes tiradas en offset para lograr un costo coherente del libro. No obstante editores, libreros y autores tienen ante sí un desafío aún mayor. La lectura nunca tuvo un espacio fijo en nuestras vidas. Compite, por así decirlo, desde hace muchos años por un espacio en nuestro tiempo libre contra la música, la televisión o la radio. Y ahora además, como apunta el investigador y consultor Roberto Igarza en su informe Ebooks. Hacia una estrategia digital del sector editorial, el libro –en su formato digital– disputa con esos lenguajes también un lugar en las pantallas de los dispositivos. Es allí cuando la visibilidad y la accesibilidad a los contenidos se vuelve imprescindible: el

desarrollo de buenos portales para editoriales y librerías, el uso de blogs y redes sociales o la participación del autor en la difusión de su obra son cosas en las que habrá que hacer énfasis, y esto cuenta tanto para libros de papel como para los de bits. Lo sabemos, siempre se supo, vender libros no es cosa fácil. Formatos y contenidos.

Comparar la industria editorial con la discográfica no es una práctica que agrade mucho, pero ya es tarde, lo hicimos tres veces. Es que ambas son industrias culturales cuyos modelos de negocios se vieron o se ven sacudidos por el advenimiento de las nuevas tecnologías. Por cuestiones que aquí no vamos a enumerar, a la música le llegó el momento antes que a los libros. La manera en que los contenidos musicales se diverisificaron en varios formatos (cd, vinilos, descargas para celulares, shows en vivo, etc.) debería servir como ejemplo a los editores. La mutiplicidad de soportes y dispositivos que hay hoy en día requiere de la posibilidad de disponer de un mismo libro en los diferentes formatos: tapa dura, de bolsillo, ebook, aplicación para el iPad o para teléfonos celulares, etcétera, siempre teniendo en cuenta que ciertos contenidos se adaptan mejor a determinados formatos. Un libro de fotografía difícilmente tenga sentido en un teléfono celular. No obstante, para un estudiante universitario poder llevar muchos apuntes y libros dentro un reader de tinta electrónica (como el Kindle de Amazon o el Nook de Barnes&Noble, por citar dos de los tantos “cacharros” que ya hay en el mercado), es una gran solución a un problema de espacio. Abanico de posibilidades

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Las bondades del libro de papel son muchas y circula por la web un video muy entretenido que habla de eso: no necesita baterías, podemos prestarlo fácilmente, hacer anotaciones y subrayarlo cuanto queramos. Sin embargo, no debemos olvidar que tal como lo conocemos, el libro no tiene más de 500 años de antigüedad y que, como ya dijimos, reemplazó a soportes que en su momento se creían incuestionables. Debemos entonces destacar algunas carácterísticas con la que los nuevos dispositivos llevan las de ganar. La cuestión del espacio es primordial. Llevar todos los libros de nuestras vacaciones en un solo aparato es lo que muchos de nosotros siempre deseamos. Poder combinar la lectura con videos o, eventualmente, dejar de leer algo para continuar escuchándolo como audiolibro es también, al igual que

la posibilidad de ajustar tamaños de letras y tipografías, una buena noticia para nuestra vista. Lo mejor de todo es que hay un público que valora esos aspectos. No son pocas –es más, son muchísimas– las personas mayores que, por ejemplo, en Estados Unidos compran cientos de novelas de amor al año. Lo mismo sucede con los millones de usuarios de iPod, iPhone e iPad que compran libros y aplicaciones a través de la tienda iTunes. Y si hay una demanda debería haber también una oferta. Hay sobrados ejemplos sobre cómo los contenidos de un libro se pueden beneficiar con los nuevos soportes. Casos como el del proyecto “Inanimate Alicia” o el libro “Leyendo hipertextos” del colombiano Pablo Arrieta (cuya versión digital se ve sumamente enriquecida gracias a la inclusión de animaciones, videos e hipervínculos que potencian a ese título que, además, no deja de estar a la venta en las librerías) abundan en internet. Se recomienda revisarlos. Incluso a este mismo artículo que ustedes están leyendo aquí lo pueden consultar –en la dirección que se encuentra al final de la nota– complementado con videos, enlaces y más imágenes. Esa posibilidad de practicar una lectura hipertextual y horizontal que nos dan los nuevos soportes y su conectividad es el espacio para crear contenidos más ricos. Hay que sumar a eso el horizonte de acción que se abre con la distribución de netbooks en los alumnos de escuelas primarias y secundarias que se realiza a través de programas como Conectar Igualdad a nivel nacional o el proyecto Quinquela en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. Esos millones de equipos pueden alojar contenidos específicos pero, y más interesante aún, pueden ser la continuación o el complemento de los libros de papel. Desarrollar textos que incluyan la búsqueda a través de internet, el uso de aplicaciones de realidad aumentada o problemas cuyas respuestas se hallen en la página web del libro o de la editorial, son sólo algunos ejemplos de cómo el libro físico y las computadoras pueden constituir una excelente alianza, sobre todo en el ámbito de la educación. El desarrollo del sector y el rol del editor

Históricamente en el sector editorial ha primado la cuestión del oficio. Los saberes se aprendían en la práctica y por ello era difícil encontrar libros, valga la redundancia, que


01 Parte de este debate global sobre el futuro de las publicaciones impresas ocupó las jornadas de la Conferencia Editorial 2010. Siendo éste uno de los temas más candentes que atraviesan a la cultura global, lo que vendrá para el libro nos llega en forma de reflexiones, noticias, negocios y también de humor.

Más información: http://laoportunidaddeloslibros. posterous.com

hablasen de cómo se hacen los libros, sobre todo en castellano. Eso, desde hace algunas décadas, es algo que se está modificicando. En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires existe desde principios de la década del 90 la carrera de Edición, única en Latinoamérica, surgida a través de un convenio entre esa casa de estudios y la Cámara Argentina del Libro para satisfacer las necesidades de personal idóneo del sector. De a poco comienza a surgir bibliografía específica de los diferentes ámbitos del quehacer editorial. Hoy en día es posible encontrar, por citar un solo ejemplo, colecciones como Libros sobre Libros, editada por el Fondo de Cultura Económica. Además, los espacios de reflexión se han multiplicado y la agenda de charlas, congresos, conferencias y capacitaciones para editores y libreros

a lo largo del año es más que nutrida. Otro ejemplo es el comienzo, desde mediados de 2010, de la Escuela de Libreros, una iniciativa, también pionera en la región, de la Cámara de Papeleros y Libreros en conjunto con el Ministerio de Trabajo y Seguridad y la Universidad de Tres de Febrero. Todas estas acciones ayudan al objetivo de la tan necesaria y valiosa profesionalización del sector. Eventos como la última Conferencia Editorial, organizada por el programa Opción Libros de la Dirección de Industrias Creativas del Ministerio de Desarrollo Económico porteño, que tuvo como eje la transición al paradigma digital y cuya convocatoria de público superó todas las expectativas, acompañan el desarrollo de un sector que necesita de estos espacios, sobre todo cuando el panorama se torna un tanto incierto. También la vinculación y el cruce

con empresas provenientes de las TICs, los videojuegos y la industria audiovisual ayudará al desarrollo del sector editorial. Herramientas como los booktrailers utilizados a la hora de difundir un nuevo título, pasando por los lenguajes de programación necesarios para el desarrollo de los librosaplicaciones para los novedosos tablets, hasta el manejo de los famosos y olvidados metadatos con lenguaje XML (imprescindibles a la hora de posicionar libros físicos o digitales en los buscadores) requerirán del editor competencias cada vez más diversas, transformándolo así en un gestor de contenidos cada vez menos ligado al formato y a los soportes. Que en definitiva es lo que siempre fue: un facilitador y prescriptor de los contenidos. Alguien que busca la mejor forma de llevar ideas desde la cabeza del autor hacia la cabeza del lector. 89

El libro ante la oportunidad de su vida  

por Francisco González Táboas

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