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pensamiento Silvia Fábregas

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Sergio salerno

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Pasaporte a la ciudadanía tecnológica Desde libros hasta un grupo de acción y docencia, Hernán Thomas apela a sus múltiples áreas de formación para evidenciar lo cerca que estamos de la técnica y cuánto importa que la pensemos

Producir una historia de vida como la de Hernán Thomas no es simple. Sería una ilusión retórica reconstruir su trayectoria sobre una narración secuencial; su orientación hacia los estudios sobre tecnología y sociedad son resultado de un conjunto de acontecimientos que aleatoriamente fueron construyendo y tendiendo los puentes necesarios para entender la relación entre la producción y la vida de las sociedades. Formado como Historiador, es doctor en Política Científica y Tecnológica (Universidad de Campinas, Brasil), sin embargo previamente tuvo un brevísimo pasaje por Bellas Artes y Psicología; se recibió de Profesor en Literatura y Castellano, y trabajó como diseñador gráfico, diagramando diarios y también revistas. Tal vez fueron estos saltos los que lo llevaron a pensar en la tecnología. O tal vez cierta curiosidad lúdica; quizá fueron las visitas a las locomotoras de los talleres de Liniers que los domingos realizaba junto a

su abuelo, jubilado ferroviario… O haber tomado un curso que lo acercó a “un mundo interesantísimo”, convirtiendo al autor de Actos, actores y artefactos. Sociología de la Tecnología, en uno de los referentes del tema en la Argentina. ¿Por qué crees que reflexionamos tan poco sobre la tecnología? Es cierto, existe muy poca reflexión. Si uno se pone a revisar los estudios universitarios, no sólo de la Argentina sino también de Brasil, México o Estados Unidos, se encuentra que en los programas para formar ingenieros y tecnólogos no hay contenidos sociales. No se trata de que sepan algo de economía o de ciencia política, sino de que entiendan qué tiene de político y económico lo que están diseñando. A un ingeniero le dan algo de contabilidad, no economía. Eso es todo, lo básico que le tiene que pedir al contador. No planteo que sepan cómo funcionan los mercados, pero sí en qué sentido se va a

insertar el producto que están diseñando, sea en un proceso productivo o en un mercado consumidor. Del lado de las ciencias sociales ocurre lo mismo en reflejo. No hay ninguna disciplina de ciencias duras ni de diseño, en una carrera de Ciencias Sociales. Salvo, tal vez, en algunas ramas de Comunicación. Este divorcio es patético: quién lo arma, cuándo se hizo así, a quién se le ocurrió que eso era bueno. Y en todo caso, por qué lo seguimos manteniendo así, ni siquiera podemos explicar por qué lo estamos asumiendo de esta manera. Es una paradoja fantástica. ¿Cómo sacarle las formas cristalizadas de sentido común a la tecnología? Hay varios niveles para responder. A mí me gusta empezar por el aspecto teórico, es un vicio de la profesión. Hay diferentes maneras de entender la relación entre tecnología, sociedad, cultura, naturaleza. Definiciones pesimistas, como la de la Escuela de Frankfurt, que siempre planteó que la rela75


Thomas reflexiona sobre las características de los indicadores locales de Ciencia y Tecnología y de los programas universitarios de la región

ción tecnología-sociedad se había pervertido en algún momento de la historia y que era demasiado tarde y que entonces, esa relación negativa era irreversible. Otros que son más bien tecno-optimistas. Para ellos cualquier relación usuarios - tecnología - artefactos grupos sociales funciona bien. Lo que nosotros, junto al equipo de investigación, usamos como abordaje teórico general es caracterizado como constructivismo relativista. Desde este punto de vista, la tecnología nunca es neutral, sino que siempre esta socialmente construida. Pero en otro plano. Tiene que ver con articulaciones tecnológicas

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En la página anterior. Sucesos e invención de la bicicleta a fines del S.XIX, ejemplos a partir de los cuales entender los procesos tecno– industriales que conforman la caja negra del fenómeno tecnológico bajo la mirada del constructivismo social de la tecnología.

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y sociales particulares. Hay ciertos grupos de interés, que usan tecnologías en algún sentido. Por ejemplo, para apropiarse de espacios, de determinadas conductas de las personas, poner diferentes tipos de incentivos. O articulaciones negativas, para inhibir el desarrollo del grupo social. Pero la tecnología también puede democratizar, abrir espacios, facilitar tomar decisiones colectivas, integrar personas. En este nivel, es positiva. Depende de que sea testeada por todos. Los analistas de las relaciones entre tecnología y sociedad, no somos las personas autorizadas para decir que tal tecnología es buena o mala. Lo que tenemos que intentar ver es para qué grupo social es buena y para cuál mala. Tal vez desde la visión de un grupo de ingenieros, una determinada tecnología social que desarrollaron, es fantástica. Pero si uno va a entrevistar a los supuestos beneficiarios, se da cuenta que perdieron mucho por el camino, al haber utilizado dicha tecnología social. Sin embargo, muchas veces este carácter político de los artefactos parece desvanecerse en el diseño de productos... Ahí hay otra construcción fantástica que nos lleva a pensar que hay como dos esferas autónomas. Una tecnológica y la otra social-cultural-política y que entonces si las sociedades son políticas, las tecnologías no. Es todo un error. Las sociedades son tecnológicas y las tecnologías son sociales. Por ende las tecnologías son políticas, son económicas, son

culturales. No entiendo por qué se armó esta cuestión particular en el diseño. Un diseñador debería ser plenamente consciente que una tecnología es social en todo momento. Que en ella, no hay nada excluyente ni estrictamente técnico. Es casi tan obvio como cuando uno mira algunas de las tecnologías cotidianas. Por ejemplo la culinaria. Cocinar diferentes tipos de animales o vegetales, es completamente idiosincrásico y propio de las diferentes culturas. Un acto plenamente cultural. Tal vez, hay que entender la influencia en la formación disciplinaria que condicionó la auto percepción de algunos diseñadores. La enseñanza del diseño estuvo muy vinculada a otras disciplinas como la arquitectura y la ingeniería. De ahí, proviene cierta forma de entender la actividad como si fuera una mera técnica de construcción. Digamos, este efecto que tuvo el prestigio positivista en torno a las ingenierías, que se derramó sobre algunas formas funcionalistas de la arquitectura: como por ejemplo, pensar que un edificio está bien hecho, se ponga donde se ponga, sin importar que tipo de usuario tenga. Todas estas cuestiones, también se derramaron sobre el diseño. Otro aspecto tiene que ver con la industria. Una parte sustantiva del diseño, fue el industrial. En ese plano, la subordinación del diseño al interés industrial, también es tecnífico. Lleva a pensar que el diseñador no decide sobre el producto, decide la empresa y


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Los escenarios actuales y futuros que transmite el cine como vectores de inspiración y de referencias. Conceptos y generación de teoría como desafío para la reflexión crítica en el país.

que en función de los negocios de la empresa la función de diseño es técnica, algo así como “yo no tengo la culpa de lo que ocurrió con esto”. Lo interesante es plantearse ¿qué pasa con los medios de producción, qué pasa con los transportes, qué pasa con las viviendas, con las comunicaciones, qué le pasa a la gente cotidianamente?. Vivimos en un mundo lleno de artefactos. En tu libro, justamente, partís de varios ejemplos de la historia de algunos artefactos... Vimos que en la región había muy poca difusión teórica sobre el tema. Y que además, la mayor parte de la gente no conocía algunas de las principales teorías que hay en el campo de la sociología de la tecnología. Y que por cuestiones diversas, se lee poco en inglés. Nos pareció que había una jugada necesaria, que mataba varios pájaros de un solo tiro. Tradujimos los textos, los publicamos en un libro y así hubo material sobre el tema en castellano.

Y de esta forma, los estudiantes pudieron acceder a esta lectura y nosotros pudimos hacer público un contenido que nos interesaba particularmente. Entonces, en línea con lo que pensamos, les pedimos a los principales autores del campo, si nos cedían gratuitamente los derechos de sus principales artículos. Lo increíble fue que todos accedieron. Rompieron con los derechos de autor... Lo menciono por eso, lejos del lucro por la autoría, nos lo cedieron gratuitamente para que pudiésemos plantear otro tipo de discusiones en América Latina, este libro, nos puso muy contentos. Después le pudimos meter mano al diseño de tapa que es como un homenaje a un libro previo que acusaba al ícono utilizado: la publicidad de una bicicleta. Pero para eso sí pagamos los derechos y conseguimos la misma fotografía. El libro es sobre lo que llamamos constructivismo de la tecnología. Desde esta concepción, por ejemplo, es posible pensar 77


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El acto perfecto: trabajo en equipo y homenajes para el diseño de tapa de Actos, actores y estrategias. 02 Deleites, flexibilidad interpretativa y el gran debate acerca de la libertad adulta de fumar. 03 Literatura, producciones culturales, bienes y servicios que hacen a la condición estructural de nuestro buen piso cultural.

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Otro tema que aborda son los intercambios sobre emulaciones y realidad local: parques tecnológicos, polos, incubadoras; elaboraciones de otros países, establecen una vinculación con las dinámicas sociales qué sucede cuando una empresa decide implementar una nueva tecnología: ¿es consecuencia de su eficiencia en relación a algún procedimiento alternativo, o resultado de la capacidad política o económica de los actores de imponerla al resto de la sociedad? ¿Entienden del mismo modo los distintos actores sociales el significado de un artefacto o un proceso técnico-industrial? En mi libro hay ejemplos que recorren estas indagaciones. Es inevitable pensar en la innovación... Esos conceptos modernos realmente tienen un destino desgraciado: el de la innovación

sufrió problemas. Si uno le pregunta a un empresario, en la actualidad, te va a decir que lo que hace es innovador -haga lo que haga-, que es bueno. Y además te va a decir que es un emprendedor. O si conoce el término shumpeteriano, te dirá que es un entreprenneur. Y que toda su firma esta armada, en una gestión de conocimiento, vinculada a la innovación. En realidad, en términos genuinos, hay muy poca innovación en la región. El problema es que innovar, en términos estrictos, es estar creando un nuevo producto para un mercado, diría Shumpeter. Y esos nuevos productos en la región, en general no se generan. Además tenemos muy pocas empresas cuya forma de acumular sea la renta por monopolio relativo de mercado, que genera innovación. No es que sean malos, ni que sean negligentes, sino que las empresas en América Latina suelen tener un alto nivel de riesgo. Innovar también conlleva un riesgo. Habría que ser un empresario muy apostador, para apuntar a ser innovador en el mercado latinoamericano. Y una variable que no podés agilizar es la tecnológica. Se compran hechos, se imita lo que se hace en otro lado. El diseño comprobado es este: leo la revista de mi sector y me dice que la orientación y la tendencia va a ser en ese sentido. Ahí no me juego, porque si me diferencio demasiado, me salgo del grupo y quedo perdido en ninguna parte. Para eso yo tengo mis herramientas financieras, mi forma

de tratar con mis clientes, los cheques que no cierran a fin de mes, o las tasas cambiarias que no puedo garantizar para dentro de un cuatrimestre. Cómo haría para comprar maquinaria en el exterior sino sé a cuanto va a estar el dólar. Esa es la incertidumbre dominante para un productor local. Jugarse a innovar –lo que hace enojar a muchos-, forma parte de un territorio casi utópico. Por otro lado, también tenemos nuestros promotores de innovación, para quienes innovar, es: comprar una maquinaria, cambiar “el look” de una empresa, o cambiar los lenguajes internos de la firma. Eso no es innovar. Y, finalmente, la última confusión es la de emparentar el concepto de innovación con el de cambio tecnológico. Esta se armó con tal grado de pobreza descriptiva, que se confunde cualquier cambio tecnológico con innovación. La innovación es solo una de las maneras de este cambio tecnológico. Apenas una parte de las reflexiones de Thomas están plasmadas en su libro, mientras que su actividad está llena de proyectos en línea con lo que el grupo que dirige define como tecnología social. Mediante éste y otros conceptos transfieren resultados para que los hallazgos no engorden exclusivamente a la producción académica. Lo importante es que, de este modo, contribuyen al desarrollo local generando soluciones también locales. Y promueven, así, una auténtica ciudadanía tecnológica.

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La existencia de un vacío político en los niveles de conocimiento y la baja consideración y desprecio por el conocimiento de los usuarios en la región y su impacto en la toma de decisiones significativas. Conversaciones interdisciplinarias, reflexiones sobre el Diseño y un llamado a la ciudadanía tecnológica.

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Pasaporte a la ciudadanía tecnológica  

por Silvia Fábregas

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