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Interfase industrial Clara Tapia

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Virginia Brezniw gentieza Essen

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Cacerolas populares En tres décadas, Essen logró erigir una industria alrededor del más esencial de los hábitos: la comida. Un esquema que entronizó la venta directa y sigue apostando al mercado masivo, ahora también desde el diseño

Aunque parece que existiera desde hace mucho más tiempo, Essen es una empresa con 30 años de historia que, partiendo de una tecnología como la fundición de aluminio, supo ampliar su horizonte productivo hacia todas las necesidades de la cocina, abasteciendo al mercado local y exportando a Chile Uruguay, Paraguay y Brasil. La fórmula del éxito es estratégica: productos funcionales de excelentísima calidad y un férreo sistema de venta directa que permite resaltar las cualidades de sus productos. El mercado de Essen en la actualidad consta de la producción y comercialización de tres tipos de productos: el primero y más conocido gira en torno al aluminio con todas las líneas de productos para cocción, junto con todos los complementos para diferentes funciones. Por otra parte, están los productos Esenciales que cuentan con una serie de utensilios y accesorios para realizar toda clase de actividad culinaria. Y, finalmente, la última 26

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incorporación de la empresa es la producción y comercialización de aceite de oliva extra virgen “Olivos de Salar”, extraída de una plantación propia en La Rioja. Esta firma no se queda quieta un segundo: continuamente está investigando y observando el mercado, invirtiendo en nuevas tecnologías, capacitándose con constancia tanto a nivel local como en el exterior, nutriéndose de las diferentes áreas del conocimiento, incluido el diseño de producto. Y, sobre todo, fomentando el desarrollo industrial propio y de sus proveedores. El embrión de Essen comenzó en un taller de quemadores de aluminio para cocinas en 1954, de la mano de don Armando Yasci, padre de Wilder, quien a finales de los 70 y con la intención de ampliar el mercado, desarrollaría la primera cacerola inspirada en un modelo visto en Estados Unidos. Pasados dos años de desarrollo, con la cacerola finalizada, el desafío fue insertarla en el mercado,

cosa que no resultó fácil, ya que las cualidades del producto no eran perceptibles en los bazares de aquel momento. Finalmente, en 1980 la empresa tomó vuelo al implementar el sistema de venta directa para la comercialización, que resultó imbatible a bordo de estas cacerolas-nave. Porque la demostración Essen es el beneficio que marca la diferencia: permite presentar los productos en un ambiente amigable, donde la revendedora transmite todo lo que se necesita saber, introduciendo a los clientes en la forma de utilización, las diferentes ventajas y también los cuidados de cada producto. Este tipo de venta mediada por el diálogo persona a persona, imposible de encontrar en una góndola de supermercado o en una publicidad, causa seguridad en el consumidor. Si bien la venta directa se nutre de la demostración de los atributos, la diferencia con los productos Essen es que logran trascender el momento de la compra


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gracias a sus prestaciones, calidad y funcionalidad. Manteniendo un compromiso entre empresa-revendedora-consumidor. El vínculo entre la empresa y su fuerza de venta es incondicional: las revendedoras, explican en Essen, son uno de los principales eslabones dentro de la cadena de valor de estos productos y su opinión es muy valiosa, puesto que realizan un testeo constante de mercado. Asimismo evita los excesos de stock, ya que se produce lo que es encargado, y de esta manera se logra una armonía entre producción y consumo. Con la idea de incentivar a sus vendedoras, la empresa realiza diferentes eventos de promoción como visitas mensuales a la fábrica, reuniones de capacitación, premios, y hasta una galería de la fama donde se encuentran impresas en placas de cemento las manos de las mejores revendedoras Essen, al estilo Hollywood. En los últimos años cambió su sistema de ventas mononivel a multinivel. Esto quiere

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decir que se recompensa a las vendedoras por las ventas y por los miembros que suma, lo que le permite ampliar rápidamente sus redes de ventas y asegurarse un número mayor de consumidores. Essen entiende que debe mantenerse actualizada en todos sus niveles, comprende que la sociedad ha cambiado bastante desde sus orígenes en la década del 80 donde el hogar era comúnmente el lugar femenino, y es por eso que desde octubre incorporó a los hombres como fuerza de venta. Así, estas cacerolas, que se han vuelto un paradigma de la cocina argentina, trascienden su función y se vuelven objetos biográficos. Cuenta Daniel Iannicelli, jefe del área de investigación y desarrollo, que con la inclusión del plan canje, les han llegado cartas adentro de las cacerolas en las que le agradecían a la empresa por haber alimentado a tres generaciones de una familia, relatando lo difícil que les resultaba desprenderse de semejante objeto.

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Interior de la fábrica de Essen, sector de mecanizado. Entrada a la fábrica en Venado Tuerto. Sector de revestimiento, donde el robot esmalta las diferentes piezas. Línea Clásica. Juego de cacerola con asas, cacerola con y sartén con mango. Nuevo logotipo, de Mariana Pariani (estudio Rocamora)

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Una de las ventajas más destacadas de las cacerolas Essen es que permiten ahorrar gas, al remplazar al horno. Es por eso que estos productos se encuentran en todo el país y en todas las clases sociales. Incluso se les puede reconocer la democratización de la torta, gracias al sistema de cocción a fuego corona descubierto por una revendedora. Desde la empresa se promueve la alimentación sana y en familia, “familias de todo tipo”, aclara Wilder (hijo), tercera generación de los Yasci en el emprendimiento del aluminio. “La Essen es sinónimo de energía, porque alimenta. A partir de este concepto surge una propuesta de ampliar la línea a toda la cocina, respondiendo a una nueva concepción de la cocina integrada a la vida, que también tiene correlato en la arquitectura contemporánea, donde el artefacto cocina no mira más hacia la pared o la ventana y se ubica en el centro, mirando hacia el hogar”, señala.

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Si bien en los 90 Essen realizó una línea design con una empresa italiana, recién ahora se lanzó de lleno al diseño, vinculándolo para siempre a sus cualidades junto con función y calidad. La decisión de incorporar al diseño como factor fundamental en la empresa es motorizada por Wilder hijo, quien ve en este la oportunidad de mantener a la empresa en la vanguardia. Wilder tiene ideas bien claras respecto del diseño y mucho criterio estético a la hora de decidir, le gusta la arquitectura y entiende al fruto de las actividades proyectuales como bienes culturales. Para este proyecto convocaron al estudio Rocamora, formado por los hermanos Javier y Alejo Estebecorena (diseñadores de indumentaria e industrial respectivamente) junto con la DG Mariana Parrani, a quienes se les encomendó realizar un cambio completo en la imagen de la empresa. El proyecto comenzó con el rediseño del logo y la imagen corporativa, desde los sobres hasta los manteles y

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La Nueva Línea Clásica diseñada por el estudio Rocamora, con morfologías más sintéticas y mango liso. Sector de fundición, una maquinaria nacional vuelca el aluminio fundido en la matriz. Un trabajador espera que finalice el proceso de fundición para extraer la pieza de manera manual. Cacerolas recién esmaltadas listas para ser mecanizadas. Un trabajador espera el pulido del interior de una pieza.


delantales de los negocios. Pero, a partir de esto se desencadenó una explosión de diseño que llevaría al estudio a desarrollar diferentes proyectos, dentro de los cuales rediseñaron la línea clásica de cacerolas, realizaron nuevos modelos para los productos Esenciales, como cuchillos, cucharones, tablas de picar que contemplan cuestiones bromatológicas, y hasta inventaron un producto totalmente nuevo. Para el nuevo logo se trabajó bajo la idea de ampliar el mundo de Essen hacia toda la cocina, con la proa puesta en la calidad, la familia y la alimentación saludable. “¡El logo viejo estaba encerrado en una cacerola!”, observa Alejo Estebecorena con el mismo entusiasmo con el que describe cada producto del proyecto. Para este desarrollo el propósito fue generar un diseño clásico y atemporal, utilizando morfologías curvilíneas que den una sensación romántica y con atributos femeninos, permitiendo incorporar variaciones que lo actualicen sin perder su esencia.

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Una calle separa el sector de almacenamiento (izquierda) del la fabrica (derecha). Una cacerola recién fundida es trasladada al sector de revestimiento. Control de calidad en el sector de fundición. Cacerola todavía caliente recién salida de la matriz.

La fábrica

La fábrica se encuentra dentro de un polo industrial en Venado Tuerto, en el límite de Córdoba y Santa Fe y es el motor del

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El mismo criterio con que fue tratado el logo se ve reflejado en el rediseño de la nueva línea clásica, se acentuó la atemporalidad característica. Para la línea Esenciales el estudio viene desarrollando una serie de productos que introducen mejoras en la función, manejando una estética curvilínea fiel a la nueva imagen de la empresa. Pero la incorporación de diseño en estos productos no responde sólo a innovaciones funcionales dentro de una estética actual, sino que les permite optimizar recursos y materiales. Por caso, la línea anterior de cucharones estaba conformada por tres piezas volumétricas y los nuevos diseños son de una sola pieza reduciendo la cantidad de material de manera considerable.

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pueblo, un pueblo que vive de las industrias que alberga. Es en este lugar donde se realiza todo el proceso de fundición, conformación, esmaltado, ensamblado y empaquetado de los productos Essen, que luego son enviados al centro de distribución en Buenos Aires. La producción de los elementos plásticos, tanto los mangos para las cacerolas como todos los productos de Esenciales es tercerizada a una fábrica vecina. Nos recibe una pila de lingotes de aluminio, que marca el kilómetro cero de la cadena productiva; detrás de ellos un pasillo que algunos centenares de metros después termina con un sampi cargado de cacerolas embaladas listas para distribuirse por todo el país. En cada etapa del proceso conviven todas las tecnologías, ninguna es desechada ni remplazada: en las dos líneas de producción se pueden ver robots que automatizan el trabajo, maquinarias con mecanismos accionados por personas y trabajadores que realizan

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funciones similares en forma manual. De un lado del pasillo esta la tecnología de los 80, maquinaria italiana con matricería nacional que produce cacerolas con un 70% de desperdicio. Del otro lado están las nuevas maquinarias, de origen nacional realizadas en zonas aledañas a la fábrica, que permiten un mejor aprovechamiento del material. Avanzando por el pasillo las cacerolas van tomando forma, diferentes máquinas les quitan los sobrantes de material, luego se les aplican diferentes tratamientos superficiales según los requerimientos de cada producto, algunas con aluminio pulido, otras con diferentes tipos de antiadherentes. Las cacerolas son esmaltadas por máquinas robóticas o por pistolas ubicadas en diferentes posiciones, la diferencia entre una y otra es que el robot tarda más tiempo pero ahorra pintura y permite el cambio de color de manera más dinámica.

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Wilder Yacsi con su fuente de inspiración en las manos. Un torno mecaniza los anillos concéntricos para el apoyo de la cacerola registrados por Essen. Crisol con aluminio fundido y un anotador para comunicar cualquier eventualidad de la aleación. Sector de almacenamiento. Las cacerolas son embaladas en cartón reciclado.


Una vez hechos todos los tratamientos superficiales necesarios, comienza el trabajo fino, se le pulen los bordes y se le tornea la base, todo por control numérico CNC. Luego de pasar por un complejo proceso de lavado, las cacerolas llegan a la zona de control de calidad y una vez aprobadas son ensambladas y empaquetadas de forma manual. En el centro de la fábrica está la perla, preciada por el estacionamiento y la madurez. Aquí se encuentra el sector artesanal de Essen donde las personas prontas a jubilarse, con años de experiencia en la industria, trabajan en la producción de piezas artesanales: regalos empresariales y objetos de baja escala productiva son manufacturados en este sector que pone en valor el trabajo humano. La calidez de la fábrica se siente en cada lugar, y no solo porque está rodeada de aluminio fundido a 700 ºC, sino porque aquí la gente trabaja con un sentido de propiedad y de compromiso perceptible en el ambiente.

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Al costado de la fábrica, en una construcción bastante más pequeña, se encuentra el sector de investigación y desarrollo, donde conviven cocineros, chefs, diseñadores e ingenieros trabajando para asegurar la calidad que Essen garantiza. Cada nuevo proyecto es sometido a un riguroso protocolo de evaluación, en el que se prueban mecánicamente la resistencia al uso, al lavado, al calor y a diferentes alimentos. Por otra parte, el testeo de diferentes tipos de comidas es realizado por chefs internacionales. Finalmente, entre la fábrica y el laboratorio de investigación se encuentra el sector de tratamiento de efluentes líquidos, adonde llega el agua utilizada en los procesos de producción para ser tratada en diferentes piletones que le filtran y eliminan todos los compuestos químicos contaminantes. Finalizado el proceso, el agua sale completamente transparente a la red de desagües, cerrando el ciclo productivo con responsabilidad ambiental. Último y primer paso del compromiso Essen con la vida saludable.

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Matriz templándose luego de haberle aplicado un recubrimiento cerámico. Las cacerolas realizadas con la maquinaria nacional reducen el desperdicio a un 20 %o 30 %. Galería de la fama Essen donde se encuentran grabadas las manos de las mejores vendedoras. Lateral de la fábrica.

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Cacerolas populares  

por Clara Tapia

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