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Interfase filosófica Mónica Giardina

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Gentileza Adidas

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La hybris de la técnica o la pelota maldita Una mirada filosófica (y filosa) sobre las dudas que despertó el balón mundialista, invita a pensar sobre técnica + diseño de producto con pasión científico-deportiva

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IF–Nº6

El mundo del deporte se ha visto profundamente transformado por la impronta de la tecnología y, como no podría ser de otro modo –si se tiene en cuenta la dinámica del desarrollo técnico–, se trata de un proceso que parece ir en aumento y sin otra meta que la superación infinita de la eficiencia. En aspectos estructurales en algunos casos, como el de aquellos deportes donde ella es una parte constitutiva, como lo es el automovilismo de competición, y en aspectos más formales, si se quiere, como son las modificaciones puramente estéticas, la tecnología atraviesa y penetra en lo más íntimo de la vida deportiva de un modo inédito, aportando muchas veces transformaciones fantásticas que propician la excelencia del proceso deportivo. Esto está fuera de dudas. Pensemos en el alpinista, liberado gracias a ella de arrastrar cuesta arriba el pesado cargamento que debía soportar, no digo ya en el siglo pasado, sino tan sólo unas pocas décadas atrás, y que suponía varias torturas a la hora de transitar grandes alturas; o en la incomodidad de los abrigos de alta montaña, hechos de fibras naturales, hoy reemplazadas por materiales sintéticos, sensiblemente más livianos, impermeables, flexibles, anatómicos. Resultaría de una excentricidad o fanatismo curiosos que alguien que dispusiera de estos recursos de la más avanzada tecnología deportiva optara por subir a una montaña con la aparatosidad e insuficiencia de los viejos equipos. Pero ocurre que a veces el afán eficientista, elemento central en la desmesura (hybris) de la técnica, no se corresponde con la naturaleza de las cosas, y termina más bien por distorsionarla. Algo de esto es lo que ocurrió con la pelota del Mundial de fútbol 2010, también conocida como “la pelota maldita”. Cuando el cuatro de diciembre de 2009 se presentó en Ciudad del Cabo el balón oficial de la Copa del Mundo 2010 muchos pensaron que en ese acto la tecnología dotaba al fútbol de su herramienta más preciosa, una pelota perfecta. Bautizada Jabulani, que en lengua zulú quiere decir tanto “celebración” como “fiesta”, la nueva pelota fue el producto de estrictos cálculos de la ingeniería aerodinámica de la empresa Adidas y era considerada ni más ni menos que como un decisivo paso tecnológico hacia la perfección en el fútbol, por su redondez de precisión prácticamente exacta. Compuesta por ocho paneles tridimensionales premoldeados y unidos térmicamente (en lugar de los 14 que tenía la pelota de 2006), la Jabulani conforma una esfera cuasi ideal. Entre sus más destacadas características se mencionaron: la extraordinaria estabilidad de vuelo, la preci-

sión y un perfecto control aun en exigentes condiciones atmosféricas y climáticas; todas estas cualidades a su vez potenciadas por su textura no lisa al tacto, lograda a partir de numerosas circunferencias repartidas en toda la superficie de la bola, textura que fue denominada “Grip’n’Groove”. El diseño, además de los detalles estrictamente físicos, contempló varios simbolismos, como que poseyera once colores, para representar a los once jugadores que forman un equipo, a los once idiomas oficiales de Sudáfrica y a las once tribus o etnias del país. En aquel momento y frente al mentado prodigio, la Federación Internacional de Fútbol afirmó sin titubeos que se trataba de la pelota de fútbol más precisa de la historia y voces como las del alemán Franz Beckenbauer y el inglés David Beckham sirvieron de criterios de autoridad para confirmar los auspiciosos vaticinios. Aunque –curiosidades del lenguaje– algo de lo que acontecería después comenzaba a manifestarse en aquellas declaraciones, ya que la caracterización de “bola increíble” que utilizó el jugador británico en dicha oportunidad para describir el balón, cobraría a posteriori un inusitado relieve. Lo cierto es que lo de “increíble” estaba tan instalado que antes de su presentación oficial no faltaron quienes, más allá de todas las declaraciones oficiales de los fabricantes e impulsados por una frondosa imaginación tecnológica, llegaron a sostener que entre los atributos novedosos e innovadores del nuevo balón estaría el de disponer de un chip que serviría para marcar cuando se fuera del campo o ingresara totalmente dentro del arco marcando un gol. Sin embargo, y para sorpresa de la compañía alemana que desde el Mundial de México 1970 está a cargo de la fabricación del balón oficial, con el inicio del campeonato se hicieron oír otras voces, esta vez las de los protagonistas del espectáculo, que contrariamente a lo proclamado por la empresa deportiva no vacilaron en calificarla como “imprevisible” (Víctor Valdés, guardameta del Barcelona), “la peor” (Fernando Muslera, goleador de Uruguay, y Marcus Hahnemann, de Estados Unidos), “desastrosa” (Giampaolo Pazzini, delantero italiano) “horrorosa, sobrenatural” (Luis Fabiano, delantero de Brasil), “de playa” (Iker Casillas, aquero de España), “de supermercado” (Gianluigi Buffon). Hasta el ex seleccionador brasileño Dunga retó al secretario general de la FIFA, Jerome Valck, a unos toques de balón en el campo para comprobar las dificultades de sus jugadores, pero nada de esto bastaba porque el balón sólo podría ser examinado después del Mundial.


La Jabulani conforma una esfera perfecta.

Compuesta por ocho paneles tridimensionales premoldeados y unidos térmicamente.

Textura “Grip’n’Groove” no lisa al tacto, lograda a partir de numerosas circunferencias repartidas en toda la superficie de la bola.

Estabilidad de vuelo, precisión y perfecto control aun en exigentes condiciones atmosféricas y climáticas

El diseño,contempló varios simbolismos, como que poseyera once colores, para representar a los once jugadores que forman un equipo, a los once idiomas oficiales de Sudáfrica y a las once tribus o etnias del país.

Jabulani Adidas Bautizada Jabulani, que en lengua zulú quiere decir tanto celebración como fiesta.

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La Jabulani original y la versión con los colores argentinos, que se agotó antes del Mundial, es posible de conseguir en el mercado local a $230 aproximadamente.

El tema de la pelota maldita se hizo cada vez más presente e incómodo, tanto que –y esto no deja de ser una paradoja de lo más estimulante– para testear la cruel verdad de la maldición (concepto cargado de connotaciones religiosas como pocos) se buscó un veredicto científico a través de los expertos del Laboratorio de Mecánicas de Fluidos de la NASA, la agencia espacial estadounidense. La conclusión de los investigadores del espacio fue lapidaria: la Jabulani era “impredecible”. Digamos que para la cancha, el ser impredecible equivale a estar maldita. Es que, entre otras cosas, cuando esta pelota vuela a más de 72 kilómetros por hora, debido a su particular hechura, se produce un efecto aerodinámico llamado “nudillo” (knuckle) que, según el ingeniero aeroespacial Rabindra Mehta, sería el responsable de las desagradables sorpresas en su trayectoria. De modo que, según explica el especialista de la NASA, cuando la Jabulani es golpeada y supera la velocidad mencionada, lo que ocurre en casi todos los tiros libres, se proyecta en una curva irregular, volando hacia arriba y hacia abajo sin un camino preciso. Además

de la confección, actúa en contra su escaso peso (unos 440 gramos), y la altitud (superior a los 1000 metros sobre el nivel del mar a la que se encuentran los estadios sudafricanos –1700 metros el de Johannesburgo–) y la baja densidad del aire, todo lo cual provoca que la dirección varíe de forma totalmente aleatoria durante su vuelo. Es comprensible que sorprenda la mezcla entre pelotas de fútbol, tecnologías, maldiciones y científicos, aunque es muy propia de nuestra época1, pues hasta no hace mucho hubiera resultado por lo menos insólito pensar que un científico del espacio sería el árbitro de la pelota del Mundial.

Notas 1 Sobre los efectos homogeneizadores de la globalización en diferentes campos y prácticas de la cultura del siglo XXI se ocupa el work in progress “¿El Mundo Pasta Única?” presentado por el Lic. Pablo Zunino, en octubre de 2009 en el 104, Centro Cultural de París. La expresión es uno de los ejes articuladores del seminario “El malestar en la cultura de la técnica” que la autora, Mónica Giardina, desarrollará junto a él en noviembre próximo en el marco de la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino. 25

La hybris de la técnica o la pelota maldita  

por Mónica Giardina

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