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Interfase social maría molteno

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sergio salerno

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La puntada con hilo colectivo Cosiendo Redes es un emprendimiento social que capacita a hombres y mujeres desocupados para insertarse con distintos oficios en la industria textil, uno de los sectores más activos de la economía porteña

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Luego de un virtual desmantelamiento de la industria nacional durante los años ‘90, y tras la crisis de 2001, el sector de la indumentaria en Argentina experimentó un resurgimiento importante durante los últimos ocho años. La contrapartida de este crecimiento se reflejó, por un lado, en una falta de personal calificado para trabajar en la industria de la confección. Por el otro, en las condiciones informales que tienen muchos de los talleres que funcionan. El proyecto Cosiendo Redes trabaja desde los dos frentes: ofrece capacitación y posibilidades de inserción laboral a una población que muchas veces quedó desconectada de la cultura del trabajo. Y, por otra parte, dialoga con empresarios e instituciones para entender las necesidades del mercado, capacitar a sus alumnos en ese sentido y lograr que consigan empleos de buena calidad. Liliana Crigna es trabajadora social, presidenta de la Fundación Paz por la No Violencia Familiar, e impulsora de este proyecto, alojado desde 2007 en el Centro Metropolitano de Diseño y por el que ya pasaron unas 500 personas. ¿Cómo nació Cosiendo Redes? “Nos dimos cuenta de que muchas de las mujeres que eran víctimas de violencia no podían resolver su situación porque no tenían herramientas concretas para hacerlo. Entonces surge la idea de darles un oficio, en este caso, un oficio dentro del rubro textil, con posibilidad de una salida laboral. Comenzamos en 2006 en un emprendimiento inmobiliario aquí cerca, en Barracas, donde nos prestaron un galpón en el que pudimos poner las máquinas y empezar a trabajar. Al tiempo

tuvimos que dejar de ocupar este espacio. En 2007 aparece Vicky Salías (coordinadora de la Oficina de Moda del CMD) y nos cuenta de la posibilidad de que en el CMD hubiera un lugar para poder desarrollar nuestra actividad. No te puedo decir la alegría que tuvimos, cuando vine y vi el lugar, y luego cuando finalmente pudimos tener este espacio en el CMD, donde estamos funcionando desde entonces”. Todo esto es posible gracias a un convenio con la Dirección de Economía Social del Gobierno de la Ciudad, al apoyo de instituciones públicas y privadas y a los docentes de distintas especialidades, que brindan su esfuerzo en la transmisión de saberes que tienen un gran componente artesanal. Cosiendo Redes empezó con veinte alumnos y hoy se calcula que fueron unas 500 las personas que pasaron por sus diferentes talleres de oficios textiles y de capacitación para el oficio. En consonancia con los números de la industria (que señalan al textil como el rubro que mayor cantidad de mano de obra femenina ocupa), las mujeres conforman un 90% de los alumnos del taller. Más del 60% está en una edad que va de 18 a 40 años y la mayoría de ellas son jefas de familia. En la actualidad, unas 390 personas se forman en diferentes especialidades: costura, moldería industrial, moldería para niños, moldería para emprendedores, aprendiz de sastre, asistente de producto y texturado de telas. Todos los días, el CMD recibe a habitantes de los barrios de La Boca, Barracas y Constitución, y se calcula que un 50% provienen de la Villa 21 y de las Villas 31 y 1-11-14. “Este lugar dignifica a la gente. Yo veo cómo llegan al principio, su vestimenta,

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María Cutuli, docente de moldería, en el CMD. CR ofrece capacitación en moldería, sastrería y costura. El 90% de los asistentes son mujeres, pero la cifra de varones se incrementó en los últimos años. Instalaciones en el CMD.

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Hay 462 personas capacitadas en los últimos 3 años — El 65% de las personas que lograron una salida laboral con la capacitación, había ingresado a los cursos en condición de desocupación — Constitución de una cooperativa de trabajo durante el año 2009 — 39 egresados lograron insertarse en el mercado laboral bajo diferentes modalidades durante 2009 fuente: fundación paz para la no violencia familiar

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su actitud corporal, sus gestos, y cómo todo eso se va modificando al entrar en un lugar hermoso, al ser dignamente tratados, respetados, esto hace mucho más fácil el aprendizaje del oficio”, cuenta Liliana. Consultada acerca del principal objetivo del programa, señala “que apunta a la inclusión social, que implica el aprendizaje de un oficio y la inserción laboral, pero que viene antes en la secuencia.” Uno de los principales desafíos en este sentido, es volver a instalar la cultura del trabajo: “mucha gente que viene ya tiene experiencia, pero hay muchos otros que no tienen modelos parentales o familiares de inclusión en el trabajo, no sienten porque no vivieron la obligación de levantarse a las ocho de la mañana llueva, truene o haga frío, dejar los chicos en el colegio e ir a trabajar. Es algo que hay que ir internalizando. Como trabajamos en gran medida con jefas de familia, al modificar su vida, cambia su entorno, y al modificarlo, también cambia su grupo. Primero apuntamos a esto y luego vamos especializándonos en el tema de la capacitación y la formación”. La charla se interrumpe varias veces. Liliana es requerida para consultas urgentes; en un momento por un grupo de egresados del taller que al terminar el curso formaron una cooperativa de trabajo. Conversan sobre si conviene tomar o no trabajo a precios más bajos de lo que habitualmente lo harían, en los momentos en los que el taller está “parado”. Se despiden y Crigna atiende otro llamado; esta vez es una señora de 63 años que el año pasado, al terminar el curso, puso un pequeño taller junto con dos socias y que ahora “les está yendo muy bien fabricando ropa” cuenta con orgullo.

A medida que avanzaban con sus talleres y el número de alumnos aumentaba, Crigna y sus colaboradores comprendieron que era necesario acompañar el proceso de formación en oficios con talleres de inserción laboral: hoy los alumnos cuentan con un sistema de tutorías y talleres en los que se enseñan cuestiones legales (desde cómo sacar el monotributo hasta cómo asociarse en cooperativas). Junto a los estudiantes, los docentes exploran las habilidades y competencias personales de cada uno y planifican estrategias concretas de ingreso al mundo del trabajo. ¿Cómo se acompaña a los alumnos luego de terminado el curso? “Es que la problemática de la inserción laboral no es fácil, la vamos viendo, tratamos de que se ubiquen, algunos deciden armar su propio taller en sus casas, con dos o tres máquinas, y entonces los ayudamos con eso; otros van a trabajar a una empresa, tratamos de que siempre lo hagan en blanco -eso es condición sine qua non-, el precio lo pactan entre el empleador y el empleado. Otros armaron a fines del año pasado su propia cooperativa. Nosotros le dimos asistencia técnica y, entre otras cosas, les ayudamos a conseguir las máquinas”. Uno de los desafíos más grandes para Cosiendo Redes fue rastrear y reconstruir saberes que fueron desapareciendo luego de los ’90, cuando la industria textil fue virtualmente desmantelada. “Por ejemplo, nuestro sastre es un hombre mayor y su oficio está desapareciendo, lamentablemente, porque ahora vuelve la sastrería, no solamente de hombre sino de mujer. Entonces decidimos recuperar el tema y con su ayuda abrimos


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Con el correr de los años, Cosiendo Redes fue incorporando cursos para favorecer la inserción laboral de los participantes: se trabaja la autoestima de cada uno y se enseñan los derechos y las obligaciones laborales. Entre los egresados de 2009, y con la ayuda de los docentes, se formó una cooperativa de trabajo que hoy lucha por hacerse un lugar en el mercado laboral.

los talleres de oficial aprendiz de sastre”. A pesar de los cambios tecnológicos, sostiene que la costura es “un oficio de transmisión de uno a uno, no hay otra manera. Hay mucho trabajo a mano, por ejemplo el sastre puede ir modificando su técnica para acelerar los tiempos y que la demora en hacer un traje le sea redituable, pero la técnica es básicamente la misma.” A pesar de los logros evidentes, Liliana y sus colaboradores tienen planes de crecimiento: en estos días se inaugurará el edificio completo del CMD, en el que ya se les asignó un nuevo espacio, donde el año próximo abrirá nuevos cursos: moldería por computación, camisería y corsetería, generados luego de conversaciones con las cámaras de camiseros y corseteros. “Los alumnos de los nuevos cursos serán gente que ya terminó los cursos o de otros lugares, incluso tenemos profesionales docentes de la UBA que se quieren especializar. Aunque no es el principal público al que apuntamos, nos abrimos a la diversidad”, afirma. Cuando se les pregunta cuáles son las aspiraciones inmediatas de Cosiendo Redes, Crigna asegura: “que nos conozcan y que las empresas tomen a la gente que se está capacitando, que les tengan paciencia. Nos dicen ‘queremos a una persona con experiencia’ pero si se acaba de capacitar no la va a tener, tampoco velocidad, aunque irá adquiriendo ambas. Junto con los empresarios y diseñadores debemos encontrarnos, cambiar experiencias sobre qué necesidades hay en el mercado, entonces nosotros podemos armar cursos en función de la demanda, algo que ya estamos haciendo, pero que necesitamos profundizar y mejorar”.

La industria textil en Buenos Aires* La industria de la moda generó en 2009 un 2,5% del empleo total de la Ciudad, superando a industrias como la de los alimentos (2,29%). En cuanto a la evolución de la cantidad de empleos generados por actividades relacionadas con la moda, entre 2002 y 2009, registraron una variación positiva del 128% (un aumento de 21.133 empleos), una tasa bastante superior a la observada por el conjunto del empleo en la Ciudad en el mismo período. Las actividades relacionadas con la moda generaron en 2007, a precios constantes, un VBP (valor bruto de produccion) de $4.017.512.499. Esta cifra representa el 2,7% del total del VBP generado en la Ciudad. Las exportaciones porteñas de artículos relacionados con moda sumaron en los 10 primeros meses de 2009 un total de USD 14.157.170. Esta suma representa el 4,44% del total de las exportaciones de la Ciudad en ese período. Se estima que un 50% de los establecimientos de textil-indumentaria del país se encuentra en la Ciudad. *observatorio de industrias creativas de la ciudad de buenos aires. mde

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La puntada con hilo colectivo  

por María Molteno

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