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Tendencia/Desarrollo local por Gabriel Yoguel Es investigador-docente del Instituto de Industria, de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

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Competir con diseño El autor reflexiona acerca de la importancia del diseño como factor clave para desarrollar ventajas competitivas y aumentar la capacidad innovativa de las empresas dentro del mercado, así como el rol que juega en ese sentido el territorio y el ambiente social, económico e institucional.


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a través de redes productivas internas. En este contexto, definido por nuevas condiciones de producción y de mercado, el proceso innovativo constituye un fenómeno colectivo en el que el diseño cumple un rol central. En ese contexto, la influencia de las actividades innovativas en el desarrollo de ventajas competitivas sustentables de los agentes se manifiesta al menos en cuatro planos. Por un lado a partir de un pasaje de la competitividad de las firmas individuales a las redes, donde los encadenamientos productivos, las complementariedades entre agentes y la construcción institucional adquieren un rol central. En segundo lugar a partir de la revalorización del territorio como un generador de procesos de aprendizaje y de ventajas competitivas dinámicas. Esto se manifiesta en importantes efectos derrame y circulación de conocimiento e información a partir de intercambios formales e informales entre los agentes –que van más allá de las relaciones de compra venta– y de la movilidad interna de los trabajadores en el espacio local, en especial en el caso de los conglomerados productivos locales. En ese sentido, se resignifica el territorio como un actor clave en la integración del conocimiento codificado y tácito y en su valorización en términos de la generación de ventajas competitivas de los agentes. En tercer lugar, un sistema territorial desarrollado aumenta el nivel de información y contribuye a disminuir las incertidumbres de los agentes más innovadores en el mercado. Finalmente, cuando las ventajas competitivas se sustentan en el rol clave del conocimiento, de los procesos innovativos y del desarrollo de complementariedades entre los agentes, la calidad y sustentabilidad temporal del empleo generado aumenta significativamente. Sin embargo, como se verá a continuación, no todos los espacios territoriales son iguales y logran mantener e incrementar sus competencias a lo largo del tiempo. Dado que el grado de desarrollo del sistema local –entendido como las instituciones públicas y privadas, las firmas y el conjunto de interacciones– tiene una influencia decisiva en la competitividad de las firmas, su grado de desarrollo se puede convertir ya sea en una restricción del entorno de negocios de las firmas muy importante o en un elemento que potencia el desarrollo de las empresas y de la sociedad local.

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En las últimas dos décadas se fueron produciendo importantes transformaciones en el escenario internacional. La emergencia de un nuevo paradigma tecno-organizacional intensivo en información y conocimiento, la posibilidad de combinar escala y scope, la globalización de los mercados, la volatilidad de la demanda y las incertidumbres estratégicas asociadas con el nuevo escenario mundial han aumentado la presión competitiva que enfrentan los agentes económicos. Como consecuencia, fue entrando en crisis la concepción de la competitividad como un fenómeno de naturaleza exclusivamente macroeconómica y sectorial y determinada por ventajas comparadas estáticas o por la dotación factorial prevaleciente. Se comienza a afirmar la idea de que estas ventajas pueden ser creadas. En ese tránsito de las ventajas comparadas estáticas a las ventajas competitivas dinámicas, la tecnología, el desarrollo de procesos de aprendizaje y el incremento de la capacidad innovativa de los agentes han desempeñado un rol clave. En el nuevo escenario competitivo para la creación de ventajas competitivas se tornan más importantes las respuestas de las firmas que apuntan a idear, planear y efectuar desarrollos y mejoras de productos y procesos, efectuar cambios organizacionales y desarrollar nuevas formas de vinculación con el mercado. Estas dimensiones, en las que el diseño ocupa un rol clave, contribuyen a la generación de ventajas competitivas genuinas y sustentables temporalmente. Es decir, en la búsqueda de diferenciación implícita en el proceso de competencia, los agentes apuntan a aumentar su «capacidad innovativa», entendida como la potencialidad para transformar conocimientos genéricos en específicos a partir de sus stocks de competencias previas1 y de los procesos de aprendizaje –formales e informales– de tipo codificado y tácito que realizan. El ambiente social económico e institucional en el que actúan las firmas –el espacio público y el sistema territorial– se vuelven crecientemente importantes en el desarrollo de procesos de aprendizaje y en el fortalecimiento de la capacidad innovativa de los agentes económicos y actores sociales. Esto se manifiesta en la generación de conocimiento tecnológico, organizacional y de mercado y en el desarrollo de mecanismos formales e informales que facilitan su difusión


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Cuando el sistema local funciona adecuadamente el desarrollo de la capacidad innovadora de las firmas, y por lo tanto de su competitividad, no depende del tamaño de las empresas. Es decir el sistema local actúa como un cuasi-mercado que tiene un efecto palanca, contribuyendo a aumentar las competencias técnicas y organizacionales de los agentes, disminuye las incertidumbres estratégicas de los mismos y genera externalidades positivas que contrarrestan las ventajas competitivas asociadas con el tamaño. Esto constituye un elemento que también favorece la creación de empresas en el territorio por la menor discriminación contra agentes de menor tamaño relativo. Es decir, en los sistemas locales positivos las externalidades positivas que se generan contrarrestan las ventajas competitivas asociadas con el tamaño. Sin embargo, no todas las empresas pueden aprovechar la «atmósfera» existente en un sistema local bien conformado. Se requieren competencias mínimas sin las cuales es imposible complementar los conocimientos faltantes, disminuir las incertidumbres dinámicas, potenciar los procesos de aprendizaje y contrarrestar las debilidades de la cultura organizacional. Es interesante señalar que este umbral «mínimo» va aumentando en el pasaje hacia los sistemas locales más negativos. En estos ambientes los factores microeconómicos tienden a prevalecer sobre el desarrollo de economías externas en el proceso de diferenciación de los agentes. Esos ambientes tienen fuertes dificultades para transformar conocimiento codificado en tácito (territorializarlo) y volver a codificar el conocimiento para hacerlo global. Esto significa que en los sistemas negativos los factores microeconómicos tienden a prevalecer sobre los del entorno en el desarrollo de las competencias de los agentes. Esto constituye una discriminación para las empresas de menor tamaño relativo y una restricción significativa para el desarrollo territorial por las limitadas complementariedades que se generan. En estos casos, prevalecientes en los países de menor desarrollo relativo, existe una proporción muy reducida de firmas de elevada capacidad innovativa cuyos rasgos distintivos son el mayor tamaño y dinamismo en el mercado y el aprovechamiento de acuerdos de cooperación empresarial y de las instituciones cercanas que ofrecen distintos programas de apoyo tecnológico. Este menor desarrollo institucional aumenta los umbrales mínimos necesarios para acceder a la oferta de servicios tecnológicos y constituye una discriminación para los agentes de menor tamaño relativo. Por el contrario, el menor umbral de competencias necesarias para desarrollarse en los ambientes positivos constituye un elemento favorable para la creación y el mantenimiento de empresas en el mercado. En estos sistemas locales el

desarrollo institucional es un determinante importante del nivel de capacidad innovativa alcanzado por los agentes. Como consecuencia, el sendero evolutivo de las instituciones constituye un elemento básico para la generación de un espacio público que permite impulsar el desarrollo endógeno de la región. En esos territorios, la circulación del conocimiento (codificado y tácito) a partir de prácticas informales de cooperación entre agentes e instituciones contribuye a la generación de competencias. En estos sistemas hay muchos lenguajes pero también muchos mecanismos de traducción y de intermediación. Este conjunto de lenguajes que son continuamente traducidos y los intermediarios que los facilitan constituyen una institución clave del sistema local, tan importante como los bancos, las empresas, las universidades. Por el contrario, en los sistemas más negativos los lenguajes son débiles, las traducciones no funcionan bien o no existen y hay una manifiesta insuficiencia de agentes intermediarios. Por lo tanto, el grado de desarrollo del sistema local (la fortaleza de sus instituciones, las vinculaciones entre los agentes, la existencia de múltiples traductores y traducciones) constituye un elemento clave para el desarrollo de procesos de aprendizaje y, por tanto, para la competitividad de las empresas. Esto es especialmente clave en el marco de la globalización, porque ésta pone al descubierto las identidades, las diferencias y genera nuevos lenguajes que tienen que definir intersecciones de comunicación. En esa dirección, el conocimiento generado en el territorio, en el sistema local, se convierte en un factor clave para poder interpretar las crecientes incertidumbres, la complejidad económica y poder encarar los procesos de diferenciación y homogeneización necesarios en el nuevo contexto competitivo. Otro elemento clave en los sistemas locales es la posibilidad de movilizar lo que en la literatura se denomina el componente invisible del desarrollo económico, que depende fundamentalmente de la capacidad para estimular y organizar recursos y capacidades escondidas y olvidadas. Por lo tanto, los sistemas territoriales se diferencian en función de las capacidades diferenciales que tienen para que los recursos latentes sean ubicados y circulen, lo que requiere fuertes vinculaciones entre los agentes y las instituciones y una fuerte capacidad de aprendizaje. En los casos en los que estos recursos no están escondidos sino ausentes los desafíos de desarrollo territorial son aún mayores. En los sistemas territoriales que funcionan bien el componente invisible se hace visible y se convierte en un factor clave en la nueva competencia global. La forma como se extrae, se explicita y se pone de manifiesto lo que


Notas 1. Definimos competencias como el conjunto de conocimientos, rutinas y habilidades tecnológicas y organizativas formales e informales que las firmas generan para desarrollar ventajas competitivas.

Este artículo está basado en la ponencia del autor realizada en la mesa redonda «Innovación para el desarrollo local» en el marco del «Encuentro Internacional Diseño Estratégico PyME» organizada por el CMD en agosto de 2005.

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innovación y en la necesidad de desbloquear los procesos de aprendizaje de los agentes. En ese sentido, el desarrollo de ventajas competitivas dinámicas requiere incluir en la agenda de debate la necesidad de fortalecer el desarrollo territorial, las complementariedades entre los agentes y la generación y circulación de conocimiento como elementos clave. Asimismo, es central el desarrollo de programas que formen intermediarios, conectores y traductores que vinculen los diversos lenguajes de los actores y agentes del mundo empresarial y científico-técnico y ayuden a desbloquear el desarrollo de procesos de aprendizaje de los agentes. Finalmente, el objetivo de internacionalización de los sistemas territoriales no debería hacer olvidar la necesidad de profundizar e integrar el mercado interno, que constituye una fuente muy importante de procesos de aprendizaje y de ventajas competitivas que se pueden aprovechar luego en la competencia global. Dado el carácter del nuevo paradigma tecno-organizacional, los lineamientos de ese tipo de política deberían ser de tipo experimental y sujetos a evaluaciones continuas. En esa dirección, la política debería ser específica, enfocada a leer necesidades, centrada en el espacio público, en el desarrollo de relaciones entre los agentes más focalizada en acciones individuales, en el desarrollo del sistema institucional y en una revalorización del rol de los recursos humanos y de la organización del trabajo en la generación de procesos de aprendizaje. En suma, se trata de generar un sistema más complejo que dé lugar a un cambio significativo del perfil de especialización del país y a un desarrollo del espacio público que evite lo que Maquiavelo llamaba corruzione, entendida como la exclusiva presencia de intereses privados en la sociedad.

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está latente, escondido o invisible, adquiere un rol mucho más importante que la producción física de bienes. Desde esta perspectiva, el empresario de sistemas locales no constituye un factor de cambio (no encuentra ni crea las nuevas posibilidades) sino un portador de cambio: solo percibe, imagina el cambio antes que los demás. Es decir, son portadores de los animals spirits que expresan la dimensión invisible de la economia y por lo tanto son la consecuencia del conjunto de dimensiones planteadas. En el caso particular de la Argentina, a pesar de los avances realizados en los últimos años, los sistemas territoriales operan aún más cercanos al extremo negativo. Esto se manifiesta en forma estilizada en una escasa presencia de actores públicos y privados, una aún limitada presencia y existencia de agentes e instituciones que puedan traducir y compatibilizar distintos lenguajes, en un escaso desarrollo del espacio público y en una visión excesivamente individual de la competitividad. Otras limitaciones aluden al reducido o medio nivel de competencias endógenas de los agentes, con escasa asociación de los elementos que las determinan y la existencia de bloqueos para la circulación de conocimiento entre agentes y actores. A esto se le agregan, frecuentemente, limitaciones de meta política centradas en la falta de sensibilización previa, de una instancia de inteligencia y descentralización coordinada y de un financiamiento adecuado. En este contexto, en el que los territorios y países se diferencian en función del grado desigual de desarrollo de capacidades innovativas, el diseño constituye un factor clave para el desarrollo de esos procesos de diferenciación en múltiples sectores que van desde alimentos hasta bienes de capital pasando por actividades como confecciones, marroquinería, juguetes, entre otros. En tal sentido, un mayor peso del diseño en la estructura productiva y en las demandas sociales contribuiría sin duda a generar procesos de diferenciación de producto que den lugar a una complejización del perfil de especialización productivo predominante, a un significativo aumento del valor agregado de los bienes que se generan, a una complejización de la canasta de productos exportables argentinos, al aumento del peso del empleo calificado en la ocupación y a la creación de cuasi-rentas sustentables en el tiempo por la mayor participación de los agentes que no son tomadores de precios en los mercados internacionales. Este nuevo rol del territorio, acompañado del desarrollo de actividades innovativas entre las que el diseño tiene un rol clave, no se puede generar en forma espontánea. Por el contrario, se requieren políticas específicas centradas en la


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