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Carolina Short y Tomás García Ferrari

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—TECNOLOGÍA— TWITTER Y LA SUBJETIVIDAD EN LA ENCRUCIJADA DE LA VIDA MODERNA

Twitter es la información más breve de la historia de la comunicación moderna. Emitimos tres mil tuiteos por segundo, que llegan a millones de personas. Ahora todos somos agentes activos de la comunicación global en un proceso que le disputa centralidad a los monopolios informativos. Algunos analistas creen que este intercambio abierto tuvo un impacto positivo. Otros advierten sobre la pérdida de subjetividad que transformó en relaciones virtuales las relaciones directas con otras personas. Una reflexión acerca de los medios y la sociedad cruza a Marc Augé y a Twitter para descubrir los nuevos espacios del anonimato. Carolina Short y Tomás García Ferrari Diseñadores gráficos (FADU, UBA), especialistas en Diseño Comunicacional. Han dado clases en la misma Universidad y en instituciones de Alemania y Nueva Zelanda, donde son docentes e investigadores en la Universidad de Waikato. Fueron precursores en el desarrollo de proyectos digitales en el país y se han desempeñado como consultores, directores de arte y programadores. Dictaron conferencias en el ámbito nacional e internacional y desde 1996 dirigen (bi)gital», un estudio dedicado al diseño de información e interacción.

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En 2006, vio la luz en Internet un sistema que interrogaba a sus usuarios con una pregunta simple: ¿qué estás haciendo? La posibilidad para responderla tenía una limitación clara: tan solo ciento cuarenta caracteres. Este servicio daría forma a una nueva manera de comunicarnos. Cuando comenzó Twitter, quizá nadie esperaba que en pocos años tuviese más de quinientos millones de suscriptores distribuidos en el mundo y que fuese usado para todo tipo de comunicación, desde el diálogo más banal entre amigos hasta la política. Los desafíos y las posibilidades de la comunicación van cambiando aparejados con las posibilidades tecnológicas de la época. Posiblemente, Twitter no hubiera tenido el mismo despegue sin la coexistencia de los smartphones. Tal vez, el primer punto de su éxito consistió en esta combinación de factores: la limitación del formato (unos pocos caracteres) y la ubicuidad de los sistemas de publicación (los teléfonos inteligentes). Desde un punto de vista estrictamente tecnológico, el espacio mediático cambió notablemente desde la aparición de la computadora personal y, de una manera radical, desde la masificación de la World Wide Web, creada por Tim Berners-Lee en 1991. En el artículo “Database as a Symbolic Form”, Lev Manovich planteó la fuerte relación entre los nuevos medios y las bases de datos, que derivó en un tipo de comunicación más infinita, muchas veces laberíntica. No se cuentan historias de manera secuencial ni se tiene necesariamente un principio, un desarrollo y un final. Habiendo la novela y el cine privilegiado la narrativa como la forma principal de expresión cultural de la edad moderna, la era de la computadora introdujo como correlato las bases de datos, lo que dio paso a la era de lo que denominamos “narrativas relacionales”. La etapa actual de la web, que comenzó en 2010 y que se conoce como la era del JavaScript, se caracteriza por el flujo de eventos. Las páginas webs que todos visitamos a diario ya no son creadas de manera estática y archivadas en un servidor ni son generadas de forma dinámica mediante el cruzamiento de datos proveniente de motores de bases de datos con plantillas. En realidad, es todo esto más un flujo de datos proveniente de diversas fuentes distribuidas a


08 lo largo y a lo ancho del planeta. Tecnológicamente, hemos pasado de un estado inicial de documentos a otro de bases de datos, para llegar a al actual de flujo de eventos. La lógica de Twitter es totalmente acorde a estos cambios. Marc Augé definió el concepto de no lugar. Según él, se trata de una característica propia de la supermodernidad. En sus escritos, lo describió como un espacio con situaciones inestables y de tránsito continuo, en el cual se dan encuentros casuales, infinitos, inesperados; un conglomerado de itinerarios individuales. Algunos ejemplos podrían ser aeropuertos, estaciones (de tren y ómnibus), autopistas, áreas de descanso o salas de espera, hipermercados en los cuales la interacción con otras personas puede ser nula, ya que hasta es posible pagar de manera anónima a través de una caja automatizada. El encanto de los no lugares es poder experimentar la posibilidad sostenida de la aventura; son una suma de itinerarios individuales donde la identidad pasa a segundo plano. Por el contrario, los lugares conforman espacios cargados de historia, en los cuales la identidad es primordial. Como las ciudades antiguas, plazas, iglesias, bares, que contienen una fuerte memoria y que, por lo general, se han ido conformando a través del lento paso del tiempo. En ellos hay un cruzamiento de itinerarios individuales donde se produce el intercambio de palabras y experiencias. Cada vez más, será un desafío para el diseño entender el espacio fluctuante de los medios contemporáneos en relación con esta idea de los no lugares. ¿Es Twitter un no lugar? La respuesta es afirmativa, ya que se configura como un espacio de flujos donde se vive solo en el presente. Augé afirma que la sobremodernidad contemporánea es productora de no lugares, de zonas que no pueden definirse como lugares antropológicos. Para él, se trata de aquel espacio que carece de identidad e historia. Pero lo interesante que señala Augé es que ni los lugares ni los no lugares existen en su forma pura, son más bien “polaridades falsas”, partes de un mismo todo, como líneas paralelas que de repente se cruzan. Como “palimpsestos donde se reinscribe sin cesar el juego intrincado de la identidad y de la relación” y como espacios que tienen la característica de

ser una “madeja compleja”, o “redes de cables o sin hilos que movilizan el espacio extraterrestre a los fines de una comunicación tan extraña que a menudo no pone en contacto al individuo más que con otra imagen de sí mismo”. En ese sentido, una estación de tren es un no lugar para los pasajeros que van a subirse a un transporte, pero es, a la vez, un lugar para aquellos que trabajan a diario realizando la venta de pasajes o la limpieza. En la actualidad, todo está interrelacionado, ya que el contacto intercultural es cada vez más frecuente y las distancias se acortan; por lo tanto, lugares y no lugares pertenecen al mismo mundo. Estas interrelaciones plantean ciertos paralelismos con el uso de Twitter: para el tuitero profesional —el periodista que utiliza este medio para estar en contacto con su audiencia— su cuenta de Twitter es un lugar, pero para los seguidores —que eventualmente consumen casi anónimamente los tuiteos tanto de aquel comunicador como los de un artista, o de un amigo a quien conocen personalmente—, el medio digital es un espacio de paso, un itinerario temporario. Siguiendo a Augé, el fenómeno de Twitter se podría caracterizar por su extremada sobremodernidad, que contiene tres figuras del exceso: la superabundancia de acontecimientos, la superabundancia espacial y la individualización de las referencias. Twitter no ha hecho sino emular esta caracterización y convertirse así en un fiel producto comunicacional de la sobremodernidad contemporánea. La comunicación digital nos envuelve cada vez más en una madeja de complejidad. Y la superabundancia crea la falsa ilusión de una aventura ilimitada, de itinerarios temporarios e infinitos, aunque, por lo visto, siempre estaremos de paso como viajeros en tránsito. Referencias

Marc Augé, Los “no lugares”: espacios del anonimato, Barcelona, Gedisa, 2001. Mike Driscoll, “Node.js and the JavaScript Age”, Metamarkets, abril 8, 2011. Lev Manovich, “Database as a Symbolic Form”, The Language of New Media, Cambridge, MIT, 2002. 31

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por Carolina Short y Tomás García Ferrari

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