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INTERFAZ URBANA ELIANA KIM

t IGNACIO COLÓ

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DE LA INNOVACIÓN AL DESARROLLO Y VICEVERSA El par innovación y desarrollo es una idea remanida que aprece con frecuencia en la reciente literatura del diseño. Pero ¿qué es exactamente? Fabio Quetglas nos invita a revisar estas nociones, no solo para actualizarlas, sino también para asumirlas como plataforma desde donde aportar a las sociedades periféricas.

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¿Qué es el desarrollo? ¿Es similar en el centro que en la periferia? ¿Por qué la Argentina no alcanza los índices esperables? Fabio Quetglas, especialista en temas de desarrollo e innovación, ofrece algunas respuestas y explica que es una “opción ética” que supone una decisión ciudadana en la que todos “acuerden” un desarrollo consensuado para sus ciudades. Según él, la idea de desarrollo partió del positivismo, de la promesa de un progreso ininterrumpido de cuño keynesiano que llega luego al ideario ambientalista del “desarrollo sustentable”. En esta historia, desarrollo como sinónimo de industrialización es insuficiente. Y para Quetglas, se trata de algo más complejo: asegurar el bienestar social, el cuidado de los recursos, también la calidad democrática y ciudadana; asimismo —en especial— reparar en un capital humano que apueste en las capacidades innovadoras de una sociedad más que en sus capacidades productoras. Por su parte, el mercado también demanda cada vez más innovación —agrega—, por lo que se constituye como una idea que genera un nuevo fetichismo, algo que ya ocurrió en el pasado con la industrialización. Una sociedad desarrollada no siempre surge de su macroeconomía, sino más bien de las personas. El desarrollo ya no se mide por la industrialización intensiva, y en la actualidad sus teorías —afirma— no son las mismas que hace cincuenta años. Antes, una ciudad era “desarrollada” de acuerdo con su consumo de energía y su producción de basura: dos cuestiones que hoy serían impensables. No sabemos bien qué es el desarrollo, y nos enfrentamos a una situación de insuficiencia teórica. Concluye Quetglas: “Hoy es un concepto en pleno debate”. ¿Por qué de la abogacía se dedicó al urbanismo, al desarrollo y a la innovación social? En realidad, es extraño que haya hecho la carrera de Abogacía. Cursé mis estudios secundarios en la época de la dictadura, entre 1978 y 1982, y mi inclinación natural era estudiar Ciencias Políticas. En aquel momento, las únicas universidades que la dictaban eran privadas —las públicas todavía no la tenían— y mis padres no podían pagarlas. Y así me pregunté: ¿cuál sería la carrera más cercana a las ciencias sociales que pudiese cursar en la universidad pública? La respuesta fue Derecho y por eso la elegí, no porque tuviese una vocación particular. Mientras estudiaba, me daba cuenta de que, una vez terminada la carrera, no iba a ejercer la profesión; pero que sí me iba a servir para buscar, en el ejercicio profesional, un desarrollo curricular más a gusto con mis expectativas. 74

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En este camino, empecé a descubrir que había un universo en construcción, un espacio convergente entre la sociedad, la economía, el territorio y la política. Todas estas cuestiones no estaban expresadas en una carrera concreta, la única manera de aprenderlas era con el “hacer”: con la reflexión, con el asesoramiento a gobiernos locales, con el trabajo junto con organizaciones sociales y con productores. ¿Qué es exactamente la innovación social? Uno entiende por innovación a todo cambio que agrega valor, un plus que alguien va a demandar tarde o temprano. La innovación social también es un cambio que agrega valor, pero su valor no tiene un impacto directo en el mercado. Es decir, se trata de un aporte que no implica ganancias materiales necesariamente. Podría definir a la innovación social como el conjunto de procesos adaptativos que hace que los modos de relación y de incidencia pública vayan cambiando para aprovechar nuevos instrumentos y modelar nuevas formas de procesos sociales. ¿Cómo puede el diseño convertirse en una “herramienta innovadora”? En la sociedad de masas —como resultado de la estructura económica e industrial—, los bienes y servicios eran producidos por un mercado que estaba constituido por un “promedio” de necesidades. Por ejemplo, los distintos productos a lo largo de la historia estuvieron diseñados según la estatura promedio. No obstante, siempre supimos que es muy difícil encontrar un “promedio” y que lo que nos queda, finalmente, es conformarnos con lo que tenemos. Nosotros nos encontramos en una transición tecnológica: estamos evolucionando de una sociedad de masas a una sociedad de tribus. En esta última, el diseño empieza a abandonar la idea mitológica del promedio y empieza a atender especificidades como una forma de rehumanizar a la disciplina. Por su participación en la sociedad —que ha incorporado la agenda de la época—, las personas pueden disfrutar de las mismas cosas, de los mismos lugares, de los mismos accesos, de los mismos espectáculos, sin pertenecer necesariamente a esa “media”. ¿Y cuál serían los riesgos de ser demasiado innovador? ¿Existen contingencias? Lo importante no es ser innovador, sino saber para qué se es innovador. En las sociedades modernas hay una demanda creciente que exige innovación. El riesgo es que el diseño caiga en la búsqueda de una innovación sin sentido. Es cierto que la innovación es parte del es-

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Quetglas es especialista en teoría del desarrollo urbano. En 2008, publicó Qué es el desarrollo local. Territorio, políticas y economía, editado por Capital Intelectual. Coordina el sitio sociedadyterritorio.com.ar En el patio de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA), donde dirige la Maestría en Gestión y Planificación de Ciudades.

píritu de los diseñadores, pero lo importante es que no se pierda el propósito por el cual se va a innovar, un fin que no es solamente estético. De este modo, el diseño está obligado a resolverle un problema a alguien; pero debe hacerlo en serio. A diferencia de las sociedades monoculturales, usted explica que las comunidades multiculturales —es decir, los grupos prismáticos en los que se da una yuxtaposición cultural— tienen un nivel más alto de innovación. ¿Cómo considera a la Argentina? Todas estas maneras de ser se expresan en diversas miradas. Y todas son enriquecedoras. Si un día esa riqueza puede expresarse en una conversación pública y colectiva, también podrá trasladarse a la economía. En mi opinión, la sociedad argentina es absolutamente prismática y tiene esa valiosa receptividad que espero que no pierda nunca. A diferencia de las culturas teocráticas y monocordes que tienen una sola manera de ver el mundo, la conversación argentina es rica, pero a la vez ruidosa. Si bien, las comunidades monoculturales tienen menos niveles de conflicto, también poseen un menor nivel de creatividad. Al contrario, las sociedades prismáticas muestran mayores niveles de creatividad, aunque también son más conflictivas. Para usted, el desarrollo no está dado necesariamente solo por la industrialización. Entonces, ¿cuáles son esas nuevas categorías que lo explican? Exacto, no está marcado exclusivamente por la industrialización. En la actualidad, más que el volumen de producción de un país, tendría que medirse la taza de innovación que tiene su sistema productivo. Porque al medir la


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innovación, indirectamente estoy midiendo indicadores como el de gente educada, capital social, calidades relacionales y un sistema institucional estable que le permita a la gente patentar que tiene una expectativa de mediano plazo. Por lo tanto, si tuviera que medir hoy el nivel de desarrollo, no lo haría en términos de productividad, sino de innovación. No obstante, si uno mide en dónde se produce más innovación, inmediatamente pensará que es en aquel lugar donde se encuentra la sofisticación del mundo desarrollado. Pero quizás estemos en un momento de la historia de la humanidad en el que se esté corriendo la idea de la dominancia socioeconómica desde la producción material hacia la producción de conocimiento o de soluciones. ¿Qué un gobierno sea “desarrollista” es sinónimo de “industrialista”? No. Un gobierno desarrollista es un gobierno que aprovecha los recursos de su sociedad para generar una esfera de mayor calidad de vida. ¿Con qué asociamos el desarrollo? Con una cierta capacidad de producción y generación de

bienes públicos que nos permita a todos vivir con una mejor calidad de vida con un entorno institucional en el que nos sintamos seguros. Entonces, un gobierno desarrollista es un gobierno que tiende a todas estas cuestiones aprovechando los recursos que tiene y sabiendo leer la actualidad. Quizás en el pasado de nuestro país, para alcanzar estos objetivos, sí se intensificó la producción industrial. Ahora, se trata de un fenómeno más complejo que no se restringe solo a esa variable.

bienes diferenciados. En este sentido es muy importante que cada uno de estos territorios desarrolle bienes de calidad, particulares e identificables. Para llegar a cierto estándar de calidad es necesario combinar saberes ancestrales con técnicas modernas. Nosotros tenemos que lograr que nuestras capacidades puedan transformarse en servicios, experiencias y productos. Y para ello precisamos diseño: para que un público pueda acercarse a experiencias nuevas, consumirlas y disfrutarlas.

Desde hace una década, la Argentina y los países latinoamericanos fueron incorporando al lenguaje de la vida pública el concepto de “desarrollo local”. ¿Cómo puede el diseño aportar a esta idea? El desarrollo local es aquella búsqueda que se da para que cada territorio pueda aprovechar sus potencialidades (culturales o naturales) al máximo. Por supuesto que el diseño puede ayudar mucho, ya que los territorios no son commodities. En este mundo global, una de las tendencias más importantes para el crecimiento es el consumo de experiencia y el de

¿En la actualidad, la tecnología determina la nueva brecha entre los países desarrollados y los emergentes? La globalización aglutinó al mundo con el intercambio de bienes y productos, información, conocimientos, cultura. Y también, fue la consecuencia de tres transformaciones tecnológicas: la emergencia de Internet, la fibra óptica y la domótica. En mi opinión, la Argentina es una sociedad muy proclive a la incorporación tecnológica. Hay una promesa tecnológica que no es falsa y que se hará posible si incrementamos nuestro nivel de eficiencia. Ahora bien, 77


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las sociedades deberían preguntarse si esta es el vector que lo organiza todo. Considero que un alto porcentaje de las actividades socioeconómicas tienen que ver con ella. Aunque las sociedades puedan tener ciertas reservas culturales o sociales, resistir a la tecnología en nombre de querer preservar formas de vida “más humanas” es un error. La tecnología debería incorporarse de manera mesurada para que sus utilidades generen un entorno más eficiente y, asimismo, permitan invertir en relaciones humanas más calificadas. Barcelona, Medellín y Curitiba lograron un mayor nivel de integración. ¿Cómo podría Buenos Aires tener menos asimetrías? Buenos Aires tiene tres problemas. Primero, una gran exclusión social: más allá de la desigualdad de ingresos, hay sectores que —manifiestamente— no comparten el código de convivencia. Segundo, un asunto de gobernabilidad: Buenos Aires tiene más de tres millones de habitantes en un área de trece millones, con muy bajos niveles de coordinación. Finalmente, un problema metropolitano, 78

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derivado de problemas de gobernabilidad que exceden la coyuntura política, con burocracias e intereses que los resisten. En síntesis, la agenda para que Buenos Aires sea una ciudad con un mayor nivel de cohesión implica la necesidad de reflexionar sobre la exclusión, la desigualdad y el problema de la gobernabilidad; todo esto para reubicar al Estado en el centro del territorio, para que tenga dominio, racionalidad y recursos. ¿Qué debe hacer el diseño para integrar más a los ciudadanos? Como los bienes industriales, el diseño urbano está pensado para el promedio. Como el tiempo de los semáforos, la forma de las aceras, el tipo de iluminación, la distancia entre los espacios habitables y los de trabajo, la sonoridad… Para disfrutar de la ciudad, pareciera que uno tendría que estar óptimamente sano. Por eso, pienso que el diseño tiene mucho para hacer en materia de integración yendo más allá de la media. Hay muchos problemas que el diseño puede solucionar y que tienen que ver con saltar las barreras urbanas.

03.04 Para Quetglas, estamos frente a nuevas preguntas: ¿cuál es la fuerza emancipatoria del futuro?, ¿cómo se mide una ciudad que se denomina desarrollada?, ¿hay indicadores distintos si se compara el centro y la periferia? 05 En la actualidad, la diversidad es un estímulo social. De este modo, la creatividad que surge de la diversidad es, sin duda, un insumo más del desarrollo.

cv Eliana Kim Diseñadora gráfica (FADU, UBA). Doctoranda e investigadora del Departamento de Historia y Cultura del Diseño (Seoul National University). Profesora adjunta de Yonsei University. Trabaja sobre temas de la historia del diseño en Corea y Latinoamérica.

De la innovación al desarrollo y viceversa  

por Eliana Kim

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