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máximo cabrera

t gabriela escobar

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A afinidades— Flechado por la avispa Una cocina como telón de fondo para una historia de amor. Allí se encuentran dos amantes. Luego, suben a una moto, recorren la ciudad y nunca más dejan de viajar. Supongo que los objetos también me representan. De algún modo hablan sobre mí. Algunos funcionan como prolongaciones corporales que me permiten extender mis facultades a otros planos, a nuevos universos del hacer. En ese instante, esos objetos se transforman en herramientas. A dos de ellos los definiría como “catapultas creativas”. Con ellos he generado una relación hombremáquina indescriptible: mi vieja amiga la Vespa, una motoneta que se impone como un baluarte del diseño italiano, y la Vitamix, una licuadora de tres caballos de fuerza. Las dos tienen características comunes, como caballos de fuerza y alguna relación con el avión, ambas están inspiradas en la naturaleza: el insecto y la piedra. La Vespa me permitió trasladarme y descubrir las ciudades, incluso, me dio la posibilidad de estar en dos sitios a la vez… bilocación, que le dicen. La relación que tenemos es absolutamente espiritual. Amor puro. Siento que ella me es fiel y paciente y, por sobre todas las cosas, me conecta con una sensación de libertad que es muy similar a volar. No fue una sorpresa enterarme de que su diseño fue inspirado en el tren delantero de un avión, también su nombre “Avispa” resulta más que sugerente. 98

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La motoneta tiene personalidad y despierta simpatía a su paso, inspira el respeto y el deseo de los abuelos y de los postmods, quizás porque no tiene pretensiones o, quizás, porque sus formas curvilíneas nos recuerdan a una mujer. Mi otra herramienta es la Vitamix, el atanor del alquimista. Es mi mano derecha en la cocina viva y tiene la virtud mágica de transformar semillas en untuosos quesos de fermento vivo o en helados exquisitos. Básicamente, saca agua de las rocas o transforma el carbón en diamantes, genera texturas nuevas y plásticas. Ella es fundamental en este nuevo mundo que tiene como eje central el placer y el cuidado de la salud, de las personas y del planeta. Como cocinero, me siento responsable del efecto que provoco en mis comensales, del alimento que preparo. Asumo el compromiso de nutrir y no de enfermar. La licuadora es el máximo exponente en la evolución de los predigestores, de la piedra al mortero y del mortero a la licuadora como uno de los indispensables del diseño industrial. Tiene la potencia de tres caballos de fuerza y sus hélices son capaces de triturar cualquier cosa. Puedo prescindir de muchos objetos en mi cocina, pero jamás de ella, de modo que surge otra cierta relación de interdependencia y amor. Algo que no cuenta como virtud es su peso, requiere de un transformador extremadamente pesado que la vuelve una incomodidad al momento de viajar. Mi vida no sería la misma sin estos dos objetos, el desarrollo de mi carrera, tampoco. Así que no puedo dejar pasar esta oportunidad y la agradezco públicamente. Como dicen los maestros budistas: “Uno no es uno sino muchos, uno con todos los seres sensibles, uno con todas las cosas”.

En 1937, William Grover Barnard inventó Vitamix para modernizar la cocina de las estadounidenses. A poco menos de un década, en 1946, Enrico Piaggio registró la patente original de su primera Vespa. Máximo Cabrera Cocinero autodidacta, músico, investigador. Estudió biología y se especializó en cocina saludable y sustentable. Creador de Kensho, restaurante que lidera las iniciativas en gastronomía alternativa. Dicta clases de cocina slow food, lecciones magistrales que educan el gusto y divulgan productos esenciales en equilibrio con la naturaleza.

Afinidades: Flechado por la avispa  

por Máximo Cabrera

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