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esa maldad; el primer día que tomé una foto fue en un bar e hice lo mismo que hago hoy, porque es la única cosa que necesito hacer; todo joven fotógrafo debe buscar eso: su propia necesidad de hacer. Debe ser difícil encontrar esa necesidad en un mundo donde se sabe muy bien todo lo que se hace, donde todo el mundo copia, donde existen tantos estereotipos fotográficos en los temas. Por ejemplo esa marginalidad que es tanto un lugar común. Cada uno debe hacer el proceso de conocerse así mismo. La primera vez que fui a un bar no tenía idea el tipo de fotos que podía hacer ahí. Me emborraché por meses haciendo fotos movidas, malas, donde no se veía nada, caminando con cuatro pies en la calle. Y poco a poco empecé a realizar un camino, a encontrar una posibilidad, un lenguaje. Y no sabía qué era. Sabía que no era periodismo. Era una exploración, era muy difícil. Uno sufre mucho tratando de inventar su propia voz. Es un proceso largo, uno se pierde. Después de dos años fotografiando dejé la fotografía. Me demoré casi 5 años en volver. En darme cuenta que había posibilidades de ir más allá. Me di cuenta que no era un juego sino un modo de vivir. Mi padre es fotógrafo; recuerdo cuando yo era niño, él no tenía trabajo. Vivíamos en una dictadura, las cosas eran raras y silenciosas en Chile. Él salía todos los días a caminar en el Santiago de aquel entonces. No tenía nada, sólo una vieja cámara completamente parchada, con el lente roto. Aprendí de él que aquella falencia que tenía la cámara no era una desventaja. Le permitió expresar de una manera violenta la fuerza de algo que corría por su interior; uno se da cuenta que la técnica fotográfica

es absolutamente secundaria ante la vida. Cuando pienso en tu padre, pienso en alguien que tenía la necesidad profunda de vivir en nuestro oficio; cómo vivir nuestras vidas, cómo ser un hombre, cómo conectarse, cómo vivir en ese mundo, con la gente, con la violencia, con los espacios físicos y emocionales, esa es finalmente nuestra profesión, nuestra búsqueda. Uno como chileno nacido en los 80 siente ese desarraigo que viene del silencio de nuestros padres y de nuestro país; uno busca a partir de ahí. Revuelve mugre del tarro. Recuerdo una clase de fotos en la que tuve que llevar referentes, y busque entre lo que conocía o me gustaba al principio. Estaba David Allan Harvey, por ejemplo, que ordenaba sus personajes en distintos planos, como haciendo un ejercicio teatral con lo real. Eso al final no tenía que ver conmigo, no me interesaba. Pero en un momento encontré tus fotos, y eso fue muy refrescante para mí. No mirabas con el ojo, mirabas con el cuerpo, con el accidente, pero no el accidente tonto de no mirar por el lente, sino algo más profundo, un accidente interior. Eso me fascinó. Lo que hablas no es particular a Chile, es el mundo moderno en el que vivimos. La gente ya no tiene espacio mental para inventar su propia vida; hasta los fotógrafos piensan que hay que mostrar las cosas en ciertos lugares y hacerlo de determinadas formas. Además el accidente y el error son fundamentales en la fotografía. Ayer con un amigo caminábamos por Valparaíso y hablábamos. Yo le planteaba que ahora es difícil pertenecer o sentir pertenecías; uno no es de ningún lugar político sino más bien de una anarquía donde

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Revista imagenario 002  
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