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Ficha Técnica P AUTOR/A: P TÍTULO ORIGINAL: P TÍTULO EN ESPAÑOL:

Cindy Sutherland All the Things I Didn't See Todo lo que no vi

Argumento Josh Kelly es un actor hetero que da vida a uno de los componentes de una pareja gay en la ficción de una novela muy famosa de la tele. Sam Peterson es su otra mitad genuinamente gay, aunque solo es su pareja en la televisión, claro. En la vida real Josh y Sam son los mejores amigos, aunque no hayan sido muy conscientes de cómo sus respec vas relaciones se están acabando. Un fan luná co persigue a Sam y eso pone las cosas en perspec va para Josh, que empieza a darse cuenta de que quizás no solo es amistad lo que siente por su compañero televisivo. Pero, ¿podrá encontrar la fuerza para decirle a Sam lo que siente cuando piensa que eso podría poner en peligro esa amistad?


Agradecimientos Este libro se lo dedico a mi madre y a mi padre que me enseñaron a disfrutar de la lectura, y al resto de mi familia que me apoya incluso cuando no me en ende. No os preocupéis, la mayoría de las veces no me entiendo ni yo misma. A Sue, mi paciente y fiel novia, a la vez que editora, que me ayudó a mejorar esta historia. Al resto del equipo Anna, Mike y Tom, cuyo ánimo y empa a significan tanto para mí a diario. A Louise, que me encontró y me trajo al lugar donde me encuentro a mí mismo y que me animó a crear mi primera historia, Cowboy Way. A Dani, Sally, Birgit y Paul, cuyo apoyo incondicional no permi ó que dudase de mí misma, incluso cuando estaba segura de que todo iba a irme mal. A Ryan, la persona que consigue hacerme reír cuando quiero apuñalar a alguien. Todos vosotros tuvisteis fe en mí cuando yo no la encontraba. Gracias. No sé de dónde habéis venido, pero yo no podría estar aquí sin vosotros.


1. Mathew miró al otro lado de la calle, tan enfadado que no podía ni respirar. Todo este empo buscando a Philip James y por fin le encontraba… ¡con él! No pudo evitar hacer una mueca. «Ese cabrón infiel, Connor Kane. ¡Un idiota borracho, putero, niñato rico, que trató a Philip como si fuese basura! ¿Qué le pasa a Philip? Él es mucho más inteligente que todo eso y se merece algo más que ser el juguete de un niño rico». Mathew estaba que echaba humo, enfrascado en su enfado y sin percatarse del resto de gente a su alrededor. El enfado y la locura hicieron que el joven tuviese una imagen distorsionada de la realidad, una imagen mucho más fea. Él sabía que no era culpa de Philip; el idiota de su padre le había hecho pedazos psicológicamente. Su padre, coronel de Marina, había sido malo y cruel, justo como el padre de Mathew. Philip no había aprendido cómo hacer justicia, eso era todo. Ahora se le convencía fácilmente con dinero y el glamur ar ficial que el maldito Connor Kane le ofrecía. Mathew suspiró para intentar calmarse y me ó la mano en su bolsillo. El peso del arma que llevaba escondida le hizo sonreír. Philip sería suyo. Él terminaría el trabajo que el padre loco de Philip no terminó al disparar a Kane. Para ser militar, disparaba muy mal. Mathew lo haría mejor. Sí; Philip estaría enfadado con él un empo pero, cuando se diese cuenta de que le había salvado, se daría cuenta también de que estaban destinados a estar juntos. Respiró profundamente y empezó a cruzar la calle fingiendo una sonrisa que él denomina como «con a en mí». Mientras su mano envolvía la empuñadura de la pistola, su dedo pulgar quitaba el seguro conforme andaba. Muy pronto todo cambiaría, sería mejor, y Philip sería suyo.

Sam siguió a Josh y salieron de la

enda de libros Brooklyn. Había un espléndido sol a

mediodía. Les habían dado el día libre por sorpresa en el estudio, y estaban haciendo buen uso de él haciendo la compra. Las cosas estaban siendo muy estresantes con el estreno de la nueva temporada de A la caída de la tarde, y ambos estaban aliviados al poder disfrutar de un pequeño descanso. —Vamos, Peterson, me estoy muriendo. Necesito un café y unos Donuts —lloriqueó Josh. Sam sonrió a su amigo porque sabía que había una enda de Donuts a la vuelta de la esquina, y que la adicción a la cafeína de Josh se vería saciada pronto.


—Tranquilo, Kelly. Lo tengo controlado. ¡Estaremos en la tienda de Donuts en un segundo! La sonrisa de Josh apareció al momento de oreja a oreja. No era sorprendente que Sam estuviera un poco más que un poco enamorado de él. Aunque nunca se lo diría a Josh. Nunca se atrevería a decírselo, ya que cabía la posibilidad de que perdiese a su mejor amigo. Josh posó su brazo sobre el hombro de Sam y lo apretujó. —Siempre cuidas tan bien de mí. —Sam se sonrojó y se encogió de hombros. Josh miró de reojo y vio a un hombre rubio cruzar la calle, dirigiéndose hacia ellos. Estaba sonriendo pero había algo extraño su sonrisa, que no le llegaba a los ojos. Sam no se dio cuenta de que alguien se dirigía hacia ellos hasta que les llamó. —Hola, chicos, me alegro de haberme encontrado con vosotros, mi nombre es Mathew… Mathew Reynolds. —Alargó su mano hacia Josh y este se colocó delante de Sam para estrecharla. —Hola Mathew. Encantado de conocerte. —La sonrisa que el hombre le mostró a Josh cambió en un segundo y empezó a dudar de si su impresión había sido correcta. Quizás el po no era tan mala persona después de todo. Mathew miró rápidamente a Sam y la transformación fue sorprendente. El hombre tenía unos ojos verdes penetrantes que se tornaron fríos, e incluso sin vida, cuando se centraron en Sam. El único sen miento que Josh pudo leer en ellos era el de un odio puro y simple, todo dirigido a su amigo. Pero Sam estaba tan ocupado mirando a Josh que se perdió todos esos avisos. Josh estaba loco por recuperar la atención de su coprotagonista y amigo, así que se dirigió al hombrecillo y le preguntó: —Entonces, Mathew, ¿qué puedo hacer por ti? Hubo algo en el tono de su amigo, y en la tensión de su cuerpo, que captó la atención de Sam. —¿Josh? —Intentó moverse para poder verle la cara, pero Josh se cruzó delante de él. —Ahora no, ¡Sam! Mira…, vuélvete a la enda, ¿vale? Creo que olvidé allí mi tarjeta de débito. ¿Puedes volver y comprobarlo por mí? No había comprado nada en la enda, pero Sam sí. Esperaba que Sam no pensase en eso y que hiciera lo que pedía, pero su esperanza se desvaneció conforme Sam empezó a hablar. —Josh, ¿estás loco? —¡Os as! —le interrumpió Mathew de mala forma—. Realmente eres una estúpida fulana, ¿eh? ¿Ni siquiera recuerdas su maldito nombre? Piérdete como te ha dicho. ¿No ves que quiere deshacerse de ti? Josh vio como Sam pasó de estar confuso a realmente enfadado. Sabía que la cosa iba a empeorar de un momento a otro. El o de ojos verdes estaba nervioso y daba cada vez más miedo, pero Sam estaba demasiado indignado para verlo. —¿Qué coño ha sido eso o? No enes derecho a venir aquí, dar órdenes y tratarnos a Josh y


a mí así. La violencia de Sam iba subiendo, pero desapareció cuando Mathew empezó a gritar y sacó la pistola de su bolsillo. —Se llama Philip James, ¡pedazo de idiota! Los ojos de Sam se llenaron de miedo y su primera reacción fue mirar a Josh, pero no podía moverse. Josh empezó a hablar despacio. —Mathew, mírame. El hombre con los ojos fuera de sus órbitas dejó de mirar a Sam y le miró. —¿Qué? —Su voz era aparentemente calmada, ya no gritaba. Josh no sabía qué daba más miedo, si que gritase o que estuviese calmado. —No sé qué es lo que crees que está pasando, pero creo que estás un poco confundido. — Josh se mantuvo entre Sam y Mathew incluso en contra de la voluntad de Sam, que intentó apartarlo a un lado haciendo uso de sus mayores músculos. —No estoy equivocado, Philip. Por fin estoy haciendo las cosas bien. —Mathew miró a Josh, sus ojos suplicando que le entendiese—. Él no te trae nada bueno, Philip, nada. Cuando te haya apartado de él me entenderás, lo prometo. Josh podía escuchar la respiración de Sam tras él. Tomó su mano y la apretó en silencio, pidiéndole con ese gesto que le dejara encargarse del asunto. Sam le devolvió el apretón agradeciéndole que la comunicación fuese silenciosa. A Josh se le daba muy bien aquello. —Mathew, creo que estás confundido. No me llamo Philip, sino Josh. Y este es Sam, no Connor. —No quería que la atención estuviese en Sam, pero esperaba que aquel luná co le entendiera antes de que algo malo sucediese—. Philip y Connor son los personajes que caracterizamos en televisión, ya sabes, la novela… ¿A la caída de la tarde? La cara de Mathew mostraba confusión. Estaba intentando procesar lo que Josh le acababa de decir. Por un segundo Josh tuvo confianza en que estuviera entendiéndole, pero Mathew negó con la cabeza y miró de nuevo a Josh. En sus ojos podía ver pena, compasión, y bajo todo aquello, también veía locura. Josh sabía que era imposible intentar llegar a él. —Te ha lavado el cerebro, Philip. —La pistola colgaba de la mano de Mathew y Josh se esforzó por no mirarla—. Se emborrachó, te engañó y te apartó de su vida. Ahora quiere que vuelvas y no le importa lo que hayas sufrido, o todo lo que has sacrificado por él. Mathew estaba siendo sincero. Él creía que si lo seguía intentando, Josh lo entendería. —No se merece un novio como tú, Philip. Estoy aquí para protegerte de él. Sacó la pistola y la sostuvo con la mano temblorosa. Josh sin ó cómo su corazón se detenía. No tenía miedo por él mismo, pero la idea de que Sam pudiese morir en la acera justo a su lado, le paralizaba el corazón. —Apártate, Philip. Déjame que termine con esto para que podamos estar juntos, ¿vale? Yo cuidaré de ti y te querré más de lo que él podría quererte nunca, te lo prometo.


Sam empujó a Josh para protegerlo detrás de él, pero era como si Josh tuviese un radar que sabía dónde estaba en todo momento. Consiguió quedarse entre el luná co y Sam. No lo pensó, simplemente lo hizo. —Mathew, Sam no es mi novio, solo es mi amigo. No es Connor y nunca me ha hecho nada, te lo juro. Por favor Mathew, tienes que escucharme. Sam quería decir algo para calmar la situación pero sabía que cualquier cosa que dijese la empeoraría. Miró alrededor y vio a un policía acercándose a él. Por un segundo pensó que estaban salvados pero después se dio cuenta de que el policía no podía ver la pistola. A Mathew le caían las lágrimas por la cara, pero sujetaba la pistola con mayor firmeza que antes. —Por favor, Philip, apártate, no quiero hacerte daño, quiero salvarte. ¡Por favor, por favor apártate! —La voz desesperada de Mathew cortaba a través del cerebro de Josh. El policía estaba casi detrás de los tres cuando se percató de la cara de miedo de la gente que había en la acera y que intentaban alejarse lentamente. Entonces fue cuando se percató de la pistola. Después de eso, todo pareció suceder a cámara lenta. El policía le gritó a Mathew para que soltase la pistola. Mathew le miró asustado. De repente, Sam se lanzó hacia Josh a la vez que Mathew apretaba el ga llo. La mano que disparaba se movió al mirar al policía por lo que terminó disparando al pecho de Sam que cayó sobre Josh por el impulso. El policía sacó la pistola y disparó, matando a Mathew al momento con una bala directa al corazón. Con expresión de sorpresa cayó desplomado al suelo, a la vez que la pistola se le caía de la mano. Sam estaba casi girado por la fuerza del disparo. Sus ojos congelados miraban a Josh mientras caía, y este le agarró para caer los dos juntos en la acera. Josh se encontró de culo en el suelo, con Sam medio encima. La sangre le salía a borbotones por la herida del pecho. Sam abrió la boca para hablar pero desis ó cuando vio que le faltaba el aire. Miró a Josh de arriba abajo asegurándose de que él no estaba herido y sonrió. Jadeando, Josh miró horrorizado la sangre que salía del pecho de su amigo. Después vio su sonrisa angelical. Le horrorizó porque parecía que su amigo estaba diciendo adiós. —Sam, escúchame. No puedes irte. —Josh intentó acercarle—. Por favor, no puedes rendirte, ¡no te perdonaré si lo haces! —Apretó con su mano el pecho de su amigo, intentando parar la sangre. Sam levantó la mano y cogió a Josh por el cuello de su camiseta sujetándola como si fuese lo único que le mantuviese consciente. Quizás era así. —Eso es Sam, aguanta. Ya vienen a ayudarte, lo prometo. Estoy escuchando sirenas.


Josh no se dio cuenta de que estaba llorando hasta que vio sus lágrimas cayendo por el rostro de Sam. Cuando el herido las vio, frunció el ceño, soltó la camiseta de Josh y empezó a secárselas. Al notar las caricias de los dedos llenos de sangre de Sam, Josh le acarició la mejilla. —Por favor, Sam, no puedo perderte. Tienes que quedarte aquí. —Josh intentó sonreír mientras jadeaba—. Sí, lo sé, estoy siendo egoísta al privar al cielo de otro ángel pero, joder, el cielo puede esperar otros cuantos años por ti. Sam pasó su pulgar por el labio inferior de Josh y volvió a sonreír. Estaba cansado. Todo lo que importaba es que Josh estuviese bien. Se relajó y medio cerró sus ojos. —¡Sam! ¡No! No cierres los ojos, ¡mierda! Josh no era consciente de lo que estaba pasando a su alrededor. No vio al policía sosteniendo una camisa rota y poniéndola en la herida de Sam en el pecho. No escuchó a la gente preguntándole que podían hacer, ni los pasos de los paramédicos acercándose a donde se encontraban. Todo lo que le importaba era que Sam abriese los ojos, aquellos ojos color de avellana que se habían vuelto gris pálido por el disparo. Lo único que lograba escuchar fue a Sam susurrando su nombre justo antes de perder la consciencia.


2. La ambulancia les llevó al Hospital Central del condado de Kings, a solo diez manzanas de donde se encontraban. A Josh le permi eron ir delante con el conductor mientras los paramédicos atendían a Sam detrás. Se retorció en el asiento para poder mirar a través del cristal divisorio. Su mirada se quedó fija en el movimiento del pecho de Sam, subiendo y bajando. El sonido del monitor que controlaba las pulsaciones y la presión sanguínea de Sam, le estaba volviendo loco. De repente el bip—bip se convir ó en un sonido agudo que indicaba que el corazón de Sam se había parado, y Josh rezó más fuerte que nunca para volver a oír el terrible sonido que antes le estaba volviendo loco. —¡Taquicardia ventricular! —gritó uno de los paramédicos a la vez que alcanzaba el desfibrilador de detrás de Sam—. Cárgalo a doscientos. ¡Aparta! —Presionó el pecho de Sam con el aparato y le recorrió una descarga eléctrica por todo el cuerpo. Sus brazos y piernas se movieron violentamente y se quedaron quietas al momento. El monitor volvió a emi r un bip —bip que resonó en toda la ambulancia—. Ritmo normal. Josh se desplomó en su asiento con los ojos llorosos intentando entender qué había pasado y porqué. En menos de noventa segundos, la ambulancia entraba por la entrada del hospital hacia el nivel uno de la sección de trauma donde se respiraba un tremendo caos controlado. Las puertas de atrás se abrieron rápidamente y varios médicos y enfermeros trasladaron a Sam a través del hospital dejando a Josh atrás. Tuvo que correr tras la camilla donde llevaban a su amigo. Cuando Josh casi había conseguido tomar la mano de Sam alguien ró de él desde atrás. La camilla desapareció tras unas puertas a través de las que no podía ver y Josh intentó encararse a la persona que le había detenido. La persona que le había detenido era una enfermera. Era comprensiva pero no iba a ceder dejando a Josh pasar. Tenía un guarda de seguridad allí para ayudarla aunque deseaba no tener que recurrir a su ayuda. Josh intentó que le soltara y su enfado creció cuando vio que no podía. —Necesito verlo, usted no lo entiende. —Josh no tenía ni idea del tono de desesperación con el que estaba hablando—. Es mi mejor amigo. —No puedo dejarle entrar. Esto es todo lo que puede acercarse mientras el equipo de trauma ayuda a su amigo. —Siguió hablándole en un tono lento y con nuo, intentando que se calmase. Lo más duro de su trabajo como intermediaria entre los pacientes y las familias era mantener lejos a los familiares cuando se desesperaban para que los médicos y enfermeros se ocupasen de los pacientes críticos. —Está recibiendo los mejores cuidados posibles del equipo de trauma. En cuanto podamos


le dejaremos entrar. Pero por ahora deje que hagan su trabajo, ¿de acuerdo? Josh empezaba a temblar como signo de todo lo que había sucedido en menos de quince minutos en la calle. —Por favor, me necesita. Lo que más odia Sam es estar solo. —Las lágrimas volvieron a caer por sus mejillas. La enfermera dirigió a Josh a una sala de espera reservada para familiares pasando la zona de trauma. Varios médicos corrían para atravesar las puertas que le tenían prohibidas. Le llevó a un sillón mientras le empujaba suavemente para que se sentase en el medio. Ella se sentó a su lado. —Señor Kelly, escúcheme, ¿de acuerdo? Los médicos y enfermeras que se están ocupando del señor Peterson son los mejores que hay en medicina de urgencias. Si hay alguien que puede ayudar a su amigo, son ellos. Los ojos de Josh, aún temerosos, seguían mirando el ajetreo de la entrada del hospital. La enfermera sacó una manta de detrás del sillón y se la echó por los hombros. —Señor Kelly, necesito que me escuche. —Josh entró en pánico de nuevo—. ¡Josh! —gritó a la vez que le movió los hombros hacia ella. Su cabeza se balanceó y por fin miró a la enfermera. —Usted sabe mi nombre, y su nombre. ¿Cómo sabe su nombre? —Se horrorizó por un momento y empezó a retroceder. Ella suspiró, estaba intentando encontrar las palabras adecuadas antes de hablar. —Veo A la caída de la tarde desde que tenía doce años. —Ella le miró esperando a que decidiese entre asustarse o calmarse—. Mi hermano es gay, señor Kelly. Tiene dieciocho años y salió del armario el año pasado. Para mí, ver por lo que tenían que pasar Connor y Philip me ayudó a entender a mi hermano y a apoyarlo. Yo le facilité mucho las cosas y la serie me las facilitó a mí. Josh la miró un segundo antes de asentir con la cabeza y relajarse. —Ahora necesito que me diga a quién tengo que llamar. Josh la miró fijamente. —A sus viejos... Necesitan saberlo. Y su novio Evan. —Suspiró—. Yo llamaré a sus padres, pero me haría un favor si llamase a Evan… Josh y Evan no se llevaban muy bien. La principal razón era que Evan estaba celoso de la amistad que tenía con Sam. También estaba el hecho de que Josh pensaba que Evan se comportaba como un gilipollas. En cualquier caso, Evan era una reina del drama y él no estaba dispuesto a soportarlo. La enfermera rió entre dientes y Josh le sonrió. —¿Alguien más a quien debamos llamar? —Sí, yo me encargaré de hacer otras cuantas llamadas. —Se levantó pero la enfermera volvió a pararle. —Quizás debería hacer esas llamadas desde aquí, ¿de acuerdo?


—¿Por qué? Ella suspiró con fuerza y le indicó que mirase hacia la entrada. —Hay un grupo de periodistas ahí fuera, en información. Saben que Sam está aquí. —Movió la cabeza con frustración—. No se les ene permi do entrar, pero eso no les ha detenido. Creo que en estos momentos no le vendrá bien que le acosen con la cámara y que le hagan preguntas estúpidas. Josh asin ó con la cabeza. Volvió a su asiento y empezó a tambalearse. La enfermera corrió a ayudarle. —Vale, me llamo Nicole Samuels y voy a proponerte un trato. Te prometo no comportarme como una fan histérica y tú enes que prometerme que me dejarás ayudarte, ¿vale? —Nicole le dio una tarjeta con su número y se fue hacia la puerta no sin antes girarse de nuevo para decirle—: ¿Recuerdas al guarda de seguridad que parece un jugador de fútbol americano de Nueva York? Josh asintió. —Está ahí afuera y se asegurará de que nadie entre sin mi permiso. —Nicole abrió el pomo de la puerta—. Voy a traerte algo de comer y un zumo para que dejes de temblar. Si me das el número de Evan lo llamo de paso. Josh abrió su agenda en el móvil y le dio el número a Nicole. Ella lo apuntó en un papelito y lo metió en el bolsillo del uniforme. —No creo que pueda comer nada, pero sí me gustaría un café. Ella le sonrió y le negó con la cabeza. —Te comerás lo que te traiga y te beberás primero el zumo, luego hablaremos de cafeína. —Si pasa algo… ¿me lo dirás? —Miró al final del pasillo, a la puerta por la que Sam había desaparecido. No le salían las palabras. Nicole sonrió. —Si pasa algo nuevo se te dirá, te lo prometo. Mientras tanto, si me necesitas, llama al número que viene en la tarjeta. Él asintió y ella salió por la puerta. Josh se giró y marcó en su teléfono el prefijo 413 del área de Springfield, Massachuse s. Los padres de Sam quedarían devastados.

Diez minutos después colgó, tras prometerles a los padres de Sam que les llamaría si había noticias. Iban a tomar el siguiente avión a La Guardia y un taxi hasta el hospital. No dejó de mirar la puerta de Trauma, preguntándose cuán lejos llegaría antes de que lo detuvieran, cuando una voz familiar sonó a su espalda. —Ni lo pienses, Josh. El grandote de ahí fuera te sentará de un plumazo.


Josh miró hacia arriba y se sorprendió al ver a Jared Hart entrar por la puerta. Jared y su esposa se habían hecho muy amigos de Josh desde que empezó la telenovela y sabía que para Sam eran como unos segundos padres. —¡Jared! ¿Cómo te has enterado? —Josh se puso en pie y le dio un abrazo fraternal antes de que se diese cuenta. —Sale en todos si os, Josh. —El joven se re ró y se dirigió de nuevo al sillón—. ¿Qué ha pasado? El sentimiento de culpabilidad se apoderó de nuevo de Josh conforme revivía el momento. —Ese o estaba loco, Jared, me llamaba Philip, estaba convencido de que Connor no era bueno para mí. Pensaba que me estaba salvando o algo así. Se frotó la cara y miró hacia arriba mientras llamaban a la puerta. Era Nicole. —Hola, Josh, te he traído unos crackers con mantequilla de cacahuete, un zumo como te prometí y una muda por si quieres cambiarte. Josh miró su ropa y por primera vez se dio cuenta de que estaba esa y llena de sangre. Era la sangre de Sam. Se puso pálido y empezó a toser. Jared asió rápidamente la papelera que había delante de él y la acercó justo antes de que empezase a vomitar. Se arrodilló y lloró mientras vaciaba su estómago. Paró cuando su cuerpo ya no podía soportar las arcadas secas. Jared se colocó detrás de Josh frotándole la espalda intentando calmarle. Cuando Josh empezó a respirar mejor la enfermera le ayudó a levantarse. —Venga, Josh, vamos a limpiarte, ¿vale? Giró su cara llena de lágrimas hacia ella y consiguió decir el nombre de Sam. A Jared se le hizo un nudo en la garganta solo de escucharlo. —Me llamarán si pasa algo nuevo, Josh. Además, solo vamos al baño de abajo, ¿vale? Él asintió como un niño testarudo de cinco años. —Vamos, Josh. —Añadió Jared—. Verás a Sam en cuanto se pueda. ¿Quieres que te vea así? —Señaló la ropa llena de sangre. Josh le miró y negó con la cabeza. —No, seguramente lo asustaría. —Pues venga, tú te vas con Nicole, te limpias y yo hago unas cuantas llamadas, ¿vale? —¿A quién vas a llamar? —Primero voy a llamar a Jessy o nunca me perdonará, y después a Barker. —Josh puso una mueca al oír el nombre del productor ejecu vo de la serie—. Después llamaré a May y le diré que me quedaré un rato. Me dijo que ella también empezaría a hacer llamadas. —Los actores eran una pequeña familia y seguro que la no cia iba a dejarlos devastados—. Le diré a Jessy que llame a Jack y Elizabeth, ella sabe cómo llevarlos. Además Elizabeth da miedo aunque solo sea mi suegra en la tele. Eso hizo que Josh sonriese un poco. Elizabeth Carey se parecía mucho a su personaje en la


serie, fuerte, con determinación y opinión propias. También quería a Sam con todo su corazón. —Josh, ¿has llamado a Steph? Josh le miró, estaba demasiado cansado para ni siquiera pensar. Dijo que no con la cabeza. —Lo haré cuando me haya limpiado, ¿vale? Jared miró al hombre de ojos azules con preocupación sabiendo que Josh y su novia con la que llevaba dos años habían tenido algunos problemas últimamente. —¿Quieres que lo haga yo? Josh suspiró y Jared supo que quería decir que sí pero no podía. —No, ya lo hago yo. Solo deja que me limpie antes. —Salió por la puerta siguiendo a Nicole. Jared se sentó en el sillón y cogió su teléfono. Rezó unos segundo por Sam y marcó el dos, el que tenía asignado como marcación rápida para Jessy, para darle las malas noticias. —Hola, Jessy, ¿cómo estás amigo?

El baño era parte de la sala de doctores y estaba increíblemente vacío. Josh cerró la puerta que daba al pasillo mientras la enfermera se quedaba fuera, intentando evitar que se acercasen periodistas curiosos, y también cuidar de que no le pasara nada. Josh se quitó la ropa intentando aguantarse las ganas de vomitar otra vez. La echó en un contenedor no sin antes sacar su cartera, llaves y teléfono de los bolsillos. Había una pequeña ducha en una esquina y Nicole le había dado una pas lla pequeña de jabón y champú. Había cogido también una toalla de una estantería y la había colgado en la barra que había al lado de la ducha. Abrió el grifo del agua caliente y se puso bajo el agua. Había evitado mirarse porque sabía que había sangre en su pecho y en sus piernas. Estaba seguro de que también tenía en la cara ya que Sam le había tocado. Cogió el jabón y empezó a frotar. Cuando vio el agua roja deslizarse por su cuerpo se volvió a derrumbar. Lloró de enfado. Sus lágrimas quemaban más que el agua. Pronto se transformaron en lágrimas de dolor y miedo..., miedo por él pero más que nada por Sam. Josh se apoyó en los azulejos y se dio cuenta de que sus piernas no eran lo suficientemente fuertes para aguantarle. Se resbaló por la pared llorando a la vez que sentía su corazón roto. No entendía cómo había pasado todo aquello. Él era un actor de una telenovela. Nadie debería darle tanta importancia a un simple personaje ficticio. ¿Y Sam? Era la persona más buena que conocía. Le gustaba a todo el mundo. Era el hermano y el mejor amigo de todos. Era tranquilo, reservado, pero si podía ayudar a alguien lo hacía en un abrir y cerrar de ojos. Josh no entendía cómo alguien tan increíble como Sam había acabado con un cre no como


Evan. Pero claro, los corazones más buenos eran los más fáciles de engañar. Cuando Josh consiguió apoderarse de su cuerpo de nuevo, se lavó el pelo y salió de la ducha. Se secó y vio que junto a la ropa también había unos bóxers nuevos. Decidió en ese mismo momento que cuando todo hubiese acabado le compraría a Nicole la mayor cesta de regalos que encontrase. Una vez que se hubo ves do salió y se encontró con la enfermera que aún estaba allí organizando a la gente. Ella se giró y le sonrió. Se dirigieron a la habitación privada donde Jared les esperaba. Él ya estaba terminando de hacer sus llamadas. Cuando llegaron, Nicole sentó a Josh antes de empezar a hablarle. —Bueno, me acaban de decir que Sam está estable y que lo van a meter en quirófano. La bala chocó con una arteria y está en su pecho. Tienen que cortar la hemorragia interna y sacar la bala antes de que haya más daños. Josh se alegró de estar sentado porque las palabras de Nicole estaban haciendo que se marease. Respiró hondo e intentó calmarse antes de mirarla. —Quiero verlo. —Puedes hacerlo, pero enes que relajarte. Está inconsciente y solo puedes verle unos minutos. Cuanto antes se le opere mejor, ¿vale? Josh solo consiguió asentir. Sin embargo, ella no había terminado de hablar —Josh, necesito que firmes una ficha de consen miento. Tú eres su contacto por si hay alguna urgencia, el estudio nos ha enviado los papeles por fax. También enes poder notarial según su voluntad. Necesitamos que firmes el consen miento para operarle ya que sus padres no están aquí. Josh le sonrió. —Sí, lo hicimos el año pasado cuando sufrí un accidente de coche y no querían informar a Sam. —Sonrió al acordarse de la reacción de Sam cuando no dejaban que se acercase a él—. Estaba muy enfadado. Pensé que iba a matar a alguien. Josh también se acordó de lo enfadado que estaba Sam cuando finalmente le dejaron entrar a ver a Josh. Sam era su persona de contacto también. La enfermera le dio la ficha y él la firmó rápidamente. Después le ayudó a levantarse y le llevó a través del pasillo justo cuando dos técnicos de quirófano sacaban a Sam de la sala de trauma en una camilla. Josh miró a su mejor amigo y sonrió. Tenía el pelo hecho un desastre y cuando se despertara se enfadaría. Josh acercó la mano e intentó peinarlo un poco. Era raro pero se estaba acordando de los planes que tenía el estudio de cortarle el pelo. Él no quería que lo hicieran. Se agachó y le susurró algo a Sam en el oído mientras le acariciaba el hombro. Cuando Nicole dio la señal, los técnicos empezaron a empujar la camilla hacia el ascensor que iba directamente a cirugía, en el sexto piso. Josh siguió mirando hasta que se cerraron las puertas. Después se dio la vuelta y se dejó caer


en el sillón de la sala de espera. —¿Qué le has dicho? —Jared casi se sentía culpable por preguntar pero no pudo evitarlo. Josh le sonrió. —Le he dicho que es mi mejor amigo, la persona que más necesito en este mundo. Le he dicho que sabía que no me decepcionaría. Jared le sonrió. —Ah, chantaje emocional, ¿no? Josh respiró agitado y asintió. —Sí, ya conoces a Sam. No podría herir mis sentimientos. Jared rezó por que esta vez también fuera así.


3. Habían pasado dos horas desde que Sam entró a quirófano pero a Josh y a Jared les parecían años. Estaban ahí encerrados esperando no cias nuevas y era insoportable. La sala era tranquila pero de vez en cuando escuchaban los ruidos de una pelea. —Bueno ya está bien ¡Fuera de aquí! —Josh escuchó cómo el guardia de seguridad lidiaba con un periodista que había intentado entrar—. No me enfoques con la cámara. Esto es un área restringida, ¡fuera! —Hubo un pequeño silencio en el que escucharon unos susurros con voz agitada—. Sí, lo mismo digo por ti, tío. Josh sonrió con superioridad, estaba seguro de que el guarda sabría retenerles pero a la vez estaba preocupado. Los padres de Sam llegarían pronto. Esperaba que la foto que le había enseñado a Frank fuese suficiente para pasar la barrera de acosadores que se habían asentado delante del hospital. Nicole le había traído el teléfono de Sam. Josh encontró una foto de sus padres en él, lo que hizo sonreír. Él estuvo allí cuando la hicieron hacía un año, en el aniversario del señor y la señora Peterson. Pensó que era irónico y a la vez triste que Sam fuese a hacerse más famoso en un día por aquel episodio que casi le mata, que en sus diez años como actor. No le deseaba ese po de fama ni a su peor enemigo. Sam lo había intentado con todas sus fuerzas y durante tanto tiempo que Josh se preguntaba por qué seguía trabajando en ese pequeño papel en la serie con todo el talento que tenía. Debería haber saltado a Broadway o a la gran pantalla hacía mucho tiempo. Si Josh hubiese sabido que Sam pensaba lo mismo de él, se hubiese reído. Josh empezó a andar de un lado a otro por la habitación, los ojos de Jared siguiendo cada movimiento. Estaba pensando en la llamada que había hecho antes de que entrase en quirófano y movía la cabeza ante la insensibilidad que su novia había mostrado. Tal y como esperaba, Stephanie estaba enfadada cuando la llamó. Tenía dos llamadas perdidas de ella y sabía que debía estar preocupada, pero cuando la llamó estaba más enfadada que preocupada. —Hola, ¿Josh? ¿Dónde leches te has me do? ¿Tienes idea de lo que está pasando aquí? Hay un montón de jodidos periodistas llamando al timbre, ¡no tengo ni idea de qué está pasando! Josh suspiró esperando a que ella terminase y entonces empezó a hablar. —Siento no haberte llamado antes pero hoy ha pasado algo. —¡No jodas! Hizo una mueca de dolor al escuchar el sarcasmo de su voz. No sabía por dónde empezar. —Hoy fuimos a comprar, Sam y yo. —¿A comprar? Pensaba que estabais en el estudio grabando.


—Sí, eso es lo que íbamos a hacer pero había problemas técnicos así que nos dieron el día libre. Ella le interrumpió de nuevo. —Entonces te dan el día libre y en lugar de pasarlo conmigo te vas de compras con Sam, ¡estupendo! —Joder, ¿me puedes dejar terminar, por el amor de Dios? —A Josh no le gustaba perder los nervios pero ella no le dejaba ni terminar una frase. Ella jadeó y él cogió ventaja y se adelantó a hablar. —Por favor, Steph, tengo que decirte algo. Han disparado a Sam… —¿Qué? ¿Cómo? No lo entiendo. ¿Qué ha pasado? Le contó toda la historia y no pudo evitar llorar al terminar. —No sé qué decirte cariño. Suena horrible. —Pareció compadecerse por un segundo pero siguió hablando—. ¿Ves? Yo llevaba razón. Te dije que tenías que salir de esa serie. Necesitas algo más grande, algo mejor y dejar toda esa basura atrás. Josh se quedó allí, respirando profundamente. ¿Eso es lo que pensaba de Sam? —Sam no es ninguna basura, Stephanie. Es mi amigo… ¡mi mejor amigo! —Sé que es tu amigo, cariño, pero hay cosas que son más importantes que eso. —Parecía que le estaba hablando a un niño, como si le estuviese costando la vida ser amable—. Lo que quiero decir es que no enes ningún contrato, solo enen que matar a Philip en la serie o algo así. Josh estaba sorprendido. Sabía que Stephanie era un poco egoísta pero nunca pensó que pudiese ser tan fría. Le entristeció e incluso le asustó haber juzgado tan mal a alguien con quien llevaba saliendo dos años. Le impactó tanto que hizo que tuviera la sensación de no conocerla en absoluto. —Tienes que volver a casa, Josh. —Su voz era fría y exigente—. No puedo con toda esta mierda yo sola. Deberías estar aquí y hacerte cargo. Al final perdió los nervios. —¿Estás loca? —Sabía que estaba gritando pero no le importaba una mierda—. Sam está en quirófano y puede que no sobreviva… ¿Y tú quieres que yo vaya a casa para atender el teléfono? ¿En serio Steph? ¿Eso es lo más importante para ti? Josh siguió andando de un lado al otro de la habitación pasándose los dedos por el pelo, un hábito que había adquirido de Sam. —Quiero decir, da igual que me salvase la vida, olvidemos que no ene familia aquí. —Su enfado seguía creciendo—. Y olvidemos el hecho de que está ahí tumbado con una bala en el pecho por mi culpa. Pero ¿cómo se atreve a molestarte a ti? —Josh, yo… —Stephanie empezaba a darse cuenta de que quizás había forzado un poco la situación e intentó disculparse pero Josh le cortó. —Ahórratelo. Voy a colgar antes de decir algo de lo que pueda arrepen rme después. Pero


deberías saber una cosa. —Su voz fue más suave—. No me voy a ir del hospital hasta que sepa que Sam está a salvo. No me importa cuánto empo sea. La primera persona que vea cuando se despierte seré yo, diciéndole lo feliz que estoy porque está bien y lo idiota que ha sido por hacerse el héroe. Stephanie nunca había escuchado a Josh hablarle así, como si su opinión no contase. Estaba segura de que había roto algo entre ellos y no sabía cómo arreglarlo. —Dios, Josh, yo… Lo siento. —Te llamo luego. Josh colgó y ella se quedó un rato mirando el teléfono preguntándose cómo podía haber ido todo tan mal y tan rápido.

Jared intentó varias veces calmar a Josh pero era imposible. Se había bebido el zumo que le había traído Nicole y también se comió unos cuantos crackers pero se sen a tan mal que tenía miedo de vomitarlo. Josh pidió otro café y Nicole le miró. Seguía nervioso y pálido y le trajo un té de hierbas en lugar de café. Se lo bebió intentando calmar el frío que sentía en el pecho pero no le ayudó. Llamaron a la puerta y cuando Josh miró hacia arriba vio a Frank acompañando a los padres de Sam. Mary y Kenneth Peterson parecían asustados y cansados pero en cuanto vieron a Josh fueron a abrazarle. Él se levantó y corrió hacia ellos en seguida. Ella le apretó contra su pecho y él notó cómo intentaba sen rle cerca. Se separó y posó sus manos sobre su cara, comprobando que Josh no estaba herido. Él agradeció a Dios en silencio el haberse duchado y cambiado ya que verle lleno de sangre de Sam habría sido insoportable para su madre. —Josh, cariño, ¿estás seguro de que estás bien? —Le miró con los mismos ojos que Sam y él sintió cómo el dolor en el pecho crecía. —Estoy bien señora Peterson… Solo estoy preocupado. —Josh Kelly, ¿cuántas veces tengo que decirte que me llames Mary? La señora Peterson es mi suegra. —Sí, señora, disculpe. Josh se giró para mirar a Kenneth, el padre de Sam. Le miró angus ado y sin éndose culpable pero Kenneth le cogió ambas manos y las apretó entre las suyas. —Ahora Josh, escúchame. Veo esa culpa que llevas en la mirada y quiero que dejes de sentirte así. No has hecho nada malo, esto no es culpa tuya. Ese tío es el que le ha hecho esto a Sam, no tú. ¿Entiendes? Su respiración se aceleró. Su corazón se estremeció ante estas dos personas. Habían sido


siempre tan amables con él. —Tiene razón Josh. No enes la culpa de nada. —Ella le abrazó de nuevo—. ¿Has llamado a tus padres cariño? Josh negó con la cabeza. —Están de crucero ahora mismo, en Alaska, increíble. —Mary se rió—. Mi madre me llama cada dos días así que esperaré a la siguiente llamada. No fue totalmente sincero. En aquel momento no podía soportar la ansiedad y preocupación de sus padres y lo que más le preocupaba es que pensaran de la misma forma que Stephanie. —Pero Josh, ¿y si para entonces ya se han enterado? —dijo Mary cogiéndole del brazo—. Nosotros lo escuchamos en las noticias de camino al aeropuerto y en el taxi. —Mi madre nunca le deja a mi padre ver las no cias cuando están de vacaciones. Se preocuparía mucho y yo… Yo estoy bien. —Está claro que no estás bien, jovencito. Estás asustado y probablemente sufres de estrés postraumático. Estás muy lejos de estar bien. —Estaré bien… Cuando Sam salga del quirófano. Kenneth habló de repente. —La enfermera, mmm… Nicole. Nos ha informado de las heridas de Sam. Me alegro de que estuvieras aquí para firmar el consentimiento. Josh miró al suelo y de nuevo al padre de Sam. —Espero que no les moleste, fue idea de Sam, ya sabe, que fuésemos la persona de contacto en caso de… —No pudo terminar. Kenneth sonrió y abrazó al amigo de su hijo. —Por supuesto que no nos molesta. Él nos lo contó después de tu accidente el año pasado. Estaba muy enfadado ese día. —Movió su cabeza sin dar crédito a lo que decía—. Cuando Sam nos llamó ese día, su madre lo pasó mal intentando convencerlo de que no perdiese la compostura por ir a verte. Josh le sonrió. Sabía exactamente lo enfadado que Sam estaba ese día. Había despotricado una semana entera antes de concertar la cita con el abogado y emitir el poder notarial. Josh sin ó el móvil vibrar en su bolsillo y sacó el teléfono de Sam. Era un número que no conocía así que lo ignoró pero se acordó de que el hermano de Sam iba a llamar. —¿Consiguió Derek hablar con vosotros? Llamó hace un rato y le conté lo que sucedía. Me dijo que llamaría después para ver si había algo nuevo. Josh nunca supo si le agradaba al hermano de Sam. Cada vez que estaban juntos Derek parecía mirarlo mucho, como si intentase averiguar qué pieza del puzle constituía. —Sí, hablamos con él brevemente antes de salir de Bradley. —Mary suspiró moviendo su cabeza—. Está muy enfadado y desesperado por tomar el siguiente avión pero Miko dará a luz pronto y necesita estar con ella. Los úl mos cuatro años el hermano de Sam había trabajado como planificador


medioambiental para la oficina del Banco Mundial en Viena. Dos años atrás, se había casado con Miko, una analista financiera del Banco Mundial. Ahora esperaban a su primer hijo. Josh recordó de repente que Sam le había dicho que sus padres planeaban volar a Viena para el nacimiento de su primer nieto. —Oh, mierda, ¿cuándo iban a salir para allá? —Se puso rojo cuando se dio cuenta de que había hablado mal delante de la madre de Sam—. Lo siento. —Ya veo que te juntas con mi hijo… No cuida su lenguaje desde que tenía ocho años. — Sonrió un poco antes de empezar a llorar—. Íbamos a salir pasado mañana pero esperaremos a que Sam se recupere. A Josh le encantaba que su madre fuese tan posi va respecto a la recuperación de Sam. En realidad ella no le había visto como le había visto él, sangrando y en el suelo. Recordó cómo la sangre le caía por la cara y empezó a tambalearse. Mary le cogió de la mano rápidamente y le sentó en el sillón. Ella se sentó a su lado. —Josh, ¿nos podrías contar lo que sucedió? Mary no quería presionarle. Estaba claro de que él estaba reprimiendo sus emociones pero ella necesitaba saber qué había pasado, y lo que era más importante, saber por qué habían disparado a su hijo. La enfermera dijo que había venido un detec ve pero que se había tenido que ir en cuanto llegó. Dijo que volvería para recoger el testimonio de Josh. Josh se echó hacia adelante apoyando sus codos sobre sus rodillas y posando su cabeza entre las manos. Intentó juntar todos los hechos antes de empezar a hablar. —Hubo problemas técnicos en el estudio así que nos dieron el día libre. Decidimos visitar un par de endas, ya sabe, al lado del apartamento de Sam. —Empezó a temblar conforme se acercaba la parte dolorosa—. Íbamos a tomar café después de ir a Bookmark, la librería de Avenida L que tanto le gusta a Sam. La expresión de dolor de su cara hizo que Mary se estremeciera. —Vi a un o acercarse a nosotros, al principio parecía normal. Se presentó y le sonreí, parecía buena persona. Después miró a Sam y su expresión cambió por completo. Al principio no lo entendí pero parecía muy enfadado y me asusté. Recordó toda la escena con detalle. Se le hizo un nudo en la garganta, señalándole que ese hombre era peligroso, especialmente para Sam. Aún podía sentirlo. —Intenté que Sam volviera a la enda pero ya conocen a Sam… —Todos asin eron, incluso Jared que ya había escuchado la historia—. Cada vez que Sam intentaba hablar el po enfurecía más y a mí solo se me ocurrió desviar la atención hacia mí. Entonces el po sacó la pistola y sentí a Sam detrás de mí. Trató de moverse para hacer de escudo… Josh no podía respirar, su pecho se hinchaba intentando coger el aire que no encontraba. Mary quería decirle que parase. Quería abrazarle y cuidarle pero sabía que tenía que dejarle terminar. Josh la miró a los ojos pidiéndole que le creyera.


Continuó hablando: —Intenté que Sam se quedase a mi espalda pero siguió empujando… —Josh empezó a llorar y su voz se puso ronca—. Todo ocurrió de repente. —Tragó saliva con fuerza—. Ese maldito policía gritó. ¿En qué coño pensaba? El po disparó y Sam apareció delante de mí. —Se echó hacia adelante y escondió la cara entre sus rodillas—. ¡Agarré a Sam mientras caía, no dejé que diera contra el suelo! —Miró hacia arriba de nuevo y le pidió a Kenneth con los ojos que le perdonase. A Kenneth se le rompió el corazón al ver al muchacho hecho pedazos. —Y ese loco cayó, el policía le disparó creo… —Intentó recapitular antes de seguir—. Sam estaba sangrando, movía los labios pero no se escuchaba nada. Yo intenté salvarte… Ay, Dios, ¡lo intenté! Josh se deslizó hasta el suelo, estaba destrozado y se deshizo en lágrimas al acordarse de aquel momento. Kenneth se puso detrás de él en seguida y le tomó por los hombros. Mary se apretó contra él para intentar reconfortarle, algo que no podía hacer con su hijo en ese momento. Acarició su pelo para tratar de calmarlo. Jared se sentó al otro lado de Josh y le susurró al oído. —Josh, enes que calmarte. Si sigues así, Nicole te pedirá que te vayas. —Tomó el brazo de Josh asegurándose de que tenía toda su atención—. Si quieres estar aquí cuando salga de quirófano tienes que recomponerte, ¡ya! Sabía que Josh le escuchó al dar un gran suspiro y se secó los ojos con una servilleta que Kenneth le ofreció. La pareja se sentó intentando calmar al joven que significaba más para su hijo de lo que se imaginaban. Ahora empezaban a darse cuenta de que Sam también significaba más para Josh de lo que pensaban. Josh dio unos cuantos suspiros más y por fin se calmó. Después miró a los padres de Sam. —Lo siento mucho. Una voz enfadada que venía de la puerta le cortó—: Más te vale. Josh miró hacia arriba y vio la cara enfadada de Evan Woods.


4. Todos dirigieron la mirada hacia la puerta y la tensión se respiró en el ambiente. —Evan, yo… —Josh tartamudeó, no sabía qué decirle al novio de Sam. En realidad daba igual. Evan le cortó antes de que pudiera decir nada. —Un puto fan loco viene a por ¿y tú dejas que la pague con Sam? —Evan se dirigió violentamente hacia Josh que seguía sentado—. Debería haberte disparado a , ¡no a Sam! — Evan estaba tan ofuscado que no se dio cuenta del siseo sorprendido que escapó de la madre de Sam. —Tienes razón. —Josh tenía la voz rota. La madre de Sam se hartó y se puso delante de Evan muy enfadada. La gente se dio cuenta de dónde había sacado Sam su mal genio. —Evan Michael Woods, ¡para ahora mismo! —Se le salían los ojos de las órbitas y cada cen metro de su cuerpo rebosaba de furia—. Josh hizo todo lo que pudo para proteger a Sam, pero cuando a ese chico se le mete algo en la cabeza nadie puede pararlo, ¡y todos lo sabemos! Evan estaba enfadado, pero recapacitó y se dio cuenta de que atacar a Josh no era la mejor forma de ganarse a los padres de Sam. Tomó aire un par de veces intentando mantener el control. Josh había conseguido ganarse el cariño de los engreídos padres de Sam, algo que Evan no había podido en los dos años que llevaba saliendo con él. —Lo siento, Josh. Es solo que estoy muy preocupado por Sam y no sé qué hacer. Josh se preguntó si quizá era el único en la habitación que no lo creía. Había sonado forzado. Jared se había levantado cuando Evan entró en la habitación y ahora se agachó para ayudar a Josh a levantarse. El muchacho agarró su mano agradecido, y la apretó antes de soltarla. Cuando Josh se puso de pie, Jared miró a Evan. El hombre era atrac vo, eso tenía que reconocerlo. Pero Jared se preguntaba cómo alguien tan cariñoso y apasionado como Sam había terminado con un hombre tan calculador y egoísta como Evan parecía ser. —Evan, llevamos aquí casi —miró su reloj—, tres horas. ¿Dónde coño te has metido? Evan quedó sorprendido ante la pregunta y bajó la mirada antes de contestar. —Estaba en…, una audición, y tenía el teléfono apagado. No me enteré hasta después… Había algo que no encajaba, Josh estaba seguro. Intentó recordar lo que Sam le había dicho antes sobre lo que Evan haría ese día pero no se acordaba porque no prestó mucha atención. Kenneth se levantó y le dio unas palmadas a Evan en el hombro. Josh sonrió al ver cómo Evan se doblaba un poco de dolor. —No te preocupes, Evan. Estoy seguro de que has venido en cuanto has podido. Josh miró a Kenneth, estaba totalmente seguro de que el padre de Sam no se había creído


nada. Miró a todos los presentes, confuso, sin endo que faltaba alguien, pero nadie le llamó la atención. Pensó en seguir indagando, pero estaba demasiado cansado. —¿Sabes, Josh?, agradezco que estés aquí y todo eso pero quizás deberías irte a casa y descansar un poco. —La expresión preocupada de Evan no engañaba a nadie—. Me aseguraré de que alguien te informe de la condición de mi novio. Josh abrió la boca para oponerse pero una vez más la madre de Sam intervino y le cortó. —Josh no va a irse a ningún si o, Evan. Es el mejor amigo de Sam y él más que nadie se merece estar aquí cuando Sam salga de cirugía. Además, tiene que quedarse. Josh tenía un mal presen miento sobre el rumbo que tomaba la conversación. Sabía que Mary no estaba de humor para dejarlo. —No lo entiendo. —Evan la miró, confuso—. ¿Por qué tiene que quedarse? Josh intervino; no quería que eso se discu ese en ese momento. Tenía el presen miento de que Evan no sabía que él tenía autorización para tomar las decisiones médicas que se precisasen por Sam. —Porque cuando se despierte estará preocupado y necesitará saber que estoy bien. Evan gruñó pero, inteligentemente, prefirió no hacer ningún comentario. Josh miró a la madre de Sam y le pidió en silencio que no siguiese con el tema. Sabía que no era gran fan de Evan y la verdad es que no podía culparla. Él tampoco lo era, pero no era el momento de empeorar la situación. Ella le miró y suspiró pero se calló porque era lo que él quería. Alguien llamó a la puerta y todos se giraron. Al ver a Nicole todos se llenaron de esperanza. Josh la invitó a entrar y se quedó de pie delante de todo el grupo. —Solo quería decirles que la operación ha terminado y Sam está en el postoperatorio. Están preparándolo todo para llevarlo a una habitación privada en la octava planta. Cuando le hayan subido podrán verle. Solo una o dos personas a la vez y durante diez minutos. Josh sin ó como le cogían la mano. Miró hacia abajo y vio a Mary sonreírle. Su otra mano estaba entre las manos de Kenneth que le ofrecía fuerza y a la vez la buscaba. —¿Cómo está? —La voz de Kenneth temblaba. —Dejaré que el cirujano les dé más información, pero según tengo entendido han hecho todo lo posible, teniendo en cuenta que debieron sacar la bala y reparar el daño. Nicole miró a su alrededor y analizó las caras de miedo y esperanza. —Tiene respiración asis da, pero es temporal. Su recuperación dependerá de él, es joven y fuerte. Josh asin ó, aunque estaba aliviado por la exitosa cirugía de Sam, la presión que sen a en el pecho no disminuyó. Aún quedaba un largo camino por recorrer. De repente Josh sintió que tenía que salir de allí. Necesitaba aire fresco. —¿Cuánto queda para que podamos verle?


Nicole le miró, evaluándolo. —Una media hora, quizás un poco más. ¿Por qué? Josh miró a los padres de Sam, después a Jared que estaba sorprendentemente callado y después a Evan que le lanzaba una mirada asesina. Por último volvió a encarar a Nicole. —Necesito un poco de aire fresco. ¿Hay algún si o al que pueda ir? ¿Una puerta trasera o algo así? —Estaba desesperado. La enfermera asintió. —Tengo justo lo que necesitas. Vamos. —Salió de la sala y Josh la siguió. La voz de Evan los alcanzó justo después. —Oye, cariño, ¿nos puede traer café o algo? —Se hizo el silencio y luego se oyeron unas voces regañándolo—. ¿Qué pasa? No tiene nada mejor que hacer, ¿no? Nicole resopló y puso los ojos en blanco. —Tengo que preguntarte, Josh. ¿Qué hace Sam con un idiota como ése? Josh resopló antes de recordar que quizás no debería reírse. —No tengo ni idea. Sam tiene un gusto pésimo para los hombres. Nicole sonrió antes de hablar. —No estoy muy segura de que eso sea así. Eso le desconcertó, pero Nicole se limitó a suspirar y hacer que siguiera hacia adelante. —Vamos, tengo algo que enseñarte. Le dirigió a un ascensor y lo empujó dentro suavemente antes de pulsar el botón del úl mo piso. Ambos se quedaron quietos mientras subía. Josh estaba confuso porque no sabía a dónde se dirigían, y se le notó en la cara. —Confía en mí. Aún no te he decepcionado, ¿verdad? —No. —Su voz sonó más seria de lo que pretendía. Le estaba muy agradecido por todo lo que había hecho por él. Nicole le miró de nuevo, con esos ojos azules tan expresivos parecía percibir todo lo que él no decía. Ella le dio unas palmaditas en el hombro y asin ó. El ascensor pitó, habían llegado a su destino. —Vamos, es subiendo esas escaleras. —Le tomó la mano y ró de él hacia una puerta. Había un lector de tarjetas en la pared y Nicole sacó una tarjeta de su bolsillo y la pasó por la máquina. Cuando la puerta hizo clic y ella la abrió, Josh se quedó sin habla al ver aquello. Estaban en el á co del hospital y el personal obviamente había aprovechado el espacio. Había mesas de patio y algunas sillas y, más allá, a la tenue luz, podía distinguir un cenador. La enfermera movió el brazo y le dio a un interruptor. Todo el cenador se llenó de pequeñas luces blancas creando un efecto mágico. Dentro del cenador había estos llenos de flores fragantes. Había dis ntos pos de hiedra


que trepaban por las columnas, queriendo alcanzar el cielo. Josh suspiró. La fragancia era casi abrumadora. «A Sam le encantaría este lugar». —Es increíble, ¿verdad? —Le preguntó Nicole suavemente. Josh solo consiguió asentir. —Empezó siendo una mesa de plás co y un cenicero. —Nicole sonrió conforme pasaba sus dedos por algunas de las flores que envolvían el mirador metálico—. Trabajar aquí es duro y estresante. A veces parece que vas a perder el alma por toda la tragedia que respiras. Siguió caminando hacia la verja que envolvía aquel pedazo de paraíso y miró hacia la ciudad. —A veces necesitamos un si o para descansar, aunque sean cinco minutos. Como no podemos ir a ningún lado, empezamos a venir aquí. —Sonrió ante el recuerdo de encontrar nuevos tesoros—. La gente empezó a traer cosas para hacerlo más agradable. Las mesas, los maceteros, y uno de los cirujanos donó el cenador. La doctora que operó hoy a Sam, Meredith Harris, viene muy a menudo. De algún modo, todo aquello le hizo sentir un poco mejor. Nicole se giró y se dirigió a la puerta. Puso la mano sobre el pomo y miró a Josh. —A pesar de todo, Josh, trabajar aquí es bueno. He visto entrar mucho valor, mucho amor y bondad a través de estas puertas. Ha habido gente que pensábamos que no iba a sobrevivir, y que han terminado yéndose a casa con sus familias días después. Miró hacia el cielo y después otra vez a Josh. —Sam ene mucho en este mundo. Familia que le quiere y le ayuda, fans que le adoran y su mejor amigo a su lado. Eso le proporciona la mejor oportunidad de recuperación porque ene razones para mejorar. Ten un poco de fe, ¿vale? Abrió la puerta. —Tómate tu empo. Me aseguraré de que no te molesten y te prometo que vendré a por si mueven a Sam. —Gracias. —Eso fue todo lo que alcanzó a decir pero a Nicole le pareció suficiente. —De nada. —Se fue y la puerta se cerró tras ella. Josh se dirigió al lugar en el que Nicole se había parado a observar la ciudad. El sol se estaba poniendo y las luces empezaban a encenderse. Todo era precioso. No parecía un si o donde sucedían tales tragedias. Se dirigió al cenador y miró las flores. Las olió y se le dibujó una sonrisa. Recordó la escena que había vivido con Sam en la azotea de Mar nsville Memorial, en la novela. La azotea del estudio sirvió de azotea del hospital y Sam se puso un poco nervioso. Las alturas no eran lo suyo. Había sido una escena fría e intensa. Nunca le agradó grabar las disputas de Connor y Philip. Pero Sam siempre encontraba la forma de hacérselo más fácil. Bromeaba entre las tomas haciendo que Josh se desternillase y que el dolor y la furia de los personajes nunca se filtrara a su relación de amistad.


Josh sin ó las lágrimas caer de nuevo por su cara en silencio. Sam era su mejor amigo y no podía imaginar la vida sin él. Pero hoy casi había ocurrido. Sam estuvo rado en el suelo, entre sus brazos, y casi perdió a la persona más importante de su vida. Solo pensarlo hacía que se derrumbase. Se dirigió hacia una de las sillas y se sentó, sabiendo que desmayarse en la azotea no ayudaría en nada a Sam. No estaba seguro de en qué momento había empezado a sen rse así por él... la única persona que, sin ser familia, se había conver do en alguien indispensable. Tampoco estaba seguro de lo que eso decía de sus anteriores relaciones, incluyendo la que tenía con Stephanie. Pero la verdad es que en aquel momento no le importaba mucho. Solo podía centrarse en una cosa: Sam y su recuperación. Porque Sam iba a recuperarse, no aceptaría otra cosa. Una vez que se hubiese recuperado, tendría que analizar su vida y pensar en sus sentimientos. Su relación con Stephanie iba mal desde hacía algún empo, pero ¿cómo no se había dado cuenta de lo egoísta que se había vuelto? Sabía que ella siempre había sido un poco di cil, pero por otro lado él también era un poco neurótico. Suspiró a la vez que se frotaba la cara y se pasaba las manos por el pelo. Necesitaba volver abajo. En breve llevarían a Sama la habitación y necesitaba estar allí cuando se despertase. Hasta que eso ocurriera, su vida podía esperar. Josh volvió a mirar la iluminada ciudad y se dirigió a la puerta. Volvía a tener control de sí mismo; el respiro había valido la pena. Le dio al interruptor para apagar las luces y abrió la puerta. Esperaba que, cuando Sam estuviera mejor, Nicole le permitiera mostrarle ese lugar.


5. Josh salió a la escalera y empezó a bajar. Decidió no usar el ascensor de vuelta. Empezó a escuchar una voz familiar conforme llegó a la segunda planta y abrió la puerta que llevaba a la zona de trauma. ¡Mierda! Era Evan escondido tras la escalera y hablando por teléfono. Supuso que alguna vez tendría que enfrentarse a él pero no tenía que gustarle. No logró escuchar mucho, solo la voz de Evan murmurando y con tono enfadado. Josh estaba seguro de que esa ac tud era normal en él. Se aseguró de hacer ruido para Evan supiera que estaba allí. —Mierda, tengo que irme, viene alguien. Te llamo en cuento pueda. Adiós. Colgó en cuanto Josh llegó a su altura y le miró. Tenía un gesto de culpabilidad pero en seguida cambió su mirada a la normal. —Por el amor de dios, Kelly ¿Por qué estás siempre merodeando? —Perdón por interrumpirte, Woods. —Lo dijo con un poco de sorna pero se imaginó que podría perdonarle su falta de paciencia por una vez—. No estaba merodeando, solo me dirigía a la sala de espera. —¿Por qué? No te necesitamos aquí. Podemos cuidar de Sam sin ti. Josh suspiró intentando ignorar la inseguridad que las palabras de Evan le hacían sentir. —Quizás pero hasta que no esté seguro de que se va a recuperar no me voy a marchar. A sus padres no les importa que esté aquí y, si te soy sincero, me importa una mierda tu opinión. Se quedaron quietos mirándose el uno al otro. Ninguno de los dos se movía y la tensión entre ellos crecía por momentos. Josh apretó los puños. Estaba furioso y no sabía muy bien porqué. Era como si tuviera un picor bajo su piel y necesitara rascarse pero no sabía cómo. Empezó a moverse, en dirección a Evan pero justo en ese momento algo le interrumpió. La puerta que llevaba a la escalera se abrió y una fila de personas pasó por delante. Conforme se cerró la puerta Josh vio cómo Nicole se dirigía al ascensor. Sin duda iba a buscarlo. Lanzó una última mirada de odio al novio de Sam y cruzó la puerta para buscar a Nicole. —Josh, aquí estás. —Le sonrió—. ¿Te encuentras mejor? La puerta se volvió a abrir, y Evan empezó a caminar por el pasillo. Josh se encogió un poco por el chirrido de la puerta, antes de volver su atención a la enfermera. —Sí, un poco. —Se metió las manos en los bolsillos para que no viese que estaba temblando. —¿Qué tal? —La voz vino de detrás. Nicole miró a Evan conforme se acercaba pero decidió ignorarle por completo. Miró a Josh y se dirigió a él directamente.


—Sam ya está en la habitación y listo para que le visiten. —Vale, entonces… ¿dónde vamos? —Josh empezó a andar rápidamente hacia los padres de Sam. —Recoged vuestras cosas y os llevaré a la habitación. —Nicole siguió andando—. Solo podéis entrar de dos en dos así que tendréis que turnaros. Josh, Nicole y Evan llegaron a la sala de espera y fueron recibidos por Mary y a Kenneth, seguidos de Jared. Mary se dirigió a ellos y tomó la mano de Josh. —Ya está instalado, vayamos a verle, ¿vale? Josh asintió y miró a Jared que empezaba a despedirse. —Yo me voy, chicos. Necesito estar con May y los niños. El teléfono no para de sonar y quiero echarle una mano. Jared le dio a Josh un abrazo. —Si necesitas algo llámame, ¿vale, muchacho? Josh se agachó para recibir el abrazo un segundo antes de levantarse y sonreírle. —Sí, buena idea. Si hay algo nuevo te llamo. —Bien, cuento con ello.—Le hizo una señal con el dedo—. Y cuando veas a mi hijo ficticio dile que se mejore o que mandaré a su madre fic cia. Puede que no sea su madre de verdad pero ¡es una fiera! Josh sonrió y asintió. —Lo haré. Gracias por todo, Jared. El hombre le dio unos golpecitos en el hombro y fue a abrazar a los padres de Sam. Empezó a andar y miró a Evan desde la puerta. Murmuró un leve adiós y se fue. Josh se distrajo unos segundos pensando en cómo había tratado Jared al novio de Sam. Todo el mundo parecía perder la paciencia con él. Alguien le tocó el brazo y salió de sus pensamientos. —Vamos Josh. Es hora de ir a ver a Sam. —La voz de Mary era suave, pero se le notaba el miedo. Asió su brazo para empezar a andar. Los cuatro siguieron a Nicole hacia el ascensor. El silencio era abrumador. Josh se sin ó aliviado cuando la enfermera empezó a hablar. —Bueno, estoy segura de que lo sabéis pero vais a ver muchos chismes en la habitación de Sam. —Miró a cada uno de ellos por turnos—. Ya os dije que ene respiración asis da pero habrá también otras máquinas. El ascensor llegó y todos se subieron. Nicole le dio al botón del octavo piso. —Hay monitores que controlan sus constantes vitales y tres bolsas de suero diferentes. Con enen líquido, an bió co para controlar las infecciones, analgésicos y sedantes. Ahora mismo sigue recibiendo sangre para compensar la que ha perdido. Kenneth habló, no supo contenerse. —Entonces, para que nos entendamos, le estáis llenando el tanque.


Josh le miró sorprendido y se rió entre dientes. Comparar a Sam con un coche era irónico, ya que no le gustaban nada los coches y sabía que haría reír a su amigo. Nicole asin ó y sonrió al ver que eran capaces de encontrar una nota de humor en aquella situación. Eso era bueno. —Sí, algo así. El ascensor se paró y la siguieron a través del pasillo. —Quiero que estéis preparados —dijo—. Va a ser bastante impactante y no quiero que os entre el pánico cuando lo veáis. Llegaron a la puerta de seguridad y Nicole pasó su tarjeta por el lector y se abrió. Había otro pasillo y paró delante de una puerta cerrada. —¿Señor y señora Peterson? Ustedes van delante. Luego podrán entrar Josh y Evan. Evan, que había estado sorprendentemente callado durante todo el trayecto gruñó de incredulidad. —¿Y si quiero pasar un poco de tiempo a solas con mi novio? —Entonces que pase antes Josh y tú puedes pasar a solas después. —La voz de Kenneth era calmada pero tajante. Algo estaba pasando. —No, está bien. Evan puede entrar primero, ene derecho. —Josh no quería discu r con nadie. Solo quería ver a Sam. Evan miró de forma engreída ante la concesión de Josh y se giró, ignorando a todos. Nicole miró a Evan antes de abrir la puerta y de meter a los padres de Sam dentro. Josh se quedó allí. Fue duro no moverse sabiendo que Sam estaba al otro lado de la puerta. Nicole salió después de unos minutos y se quedó con él. —Cuando entres, Josh, háblale. La mayoría de los expertos están de acuerdo en que la gente que está inconsciente puede oírte si les hablas. Escuchar la voz de los que le quieren ayudará a que se recupere antes, así que es importante, ¿vale? Josh asin ó e hizo una pausa. Nicole le miró con preocupación. Sabía que no había nada que pudiera hacer para reconfortarle antes de ver a Sam.

Miró a aquel joven hombre atrac vo que veía en la tele con frecuencia. Parecía que le conocía de siempre y era difícil para ella hacerse a la idea de que le acababa de conocer. Era muy parecido al personaje que interpretaba en la telenovela. Tranquilo, intenso, protector de la gente que quería. Se preguntó cuánta mezcla de persona y personaje había. Había prestado atención a su comportamiento hoy, y estaba segura de que él ni siquiera era consciente de lo que de verdad sentía por Sam. Estaba claro que aquello era más que amistad. Nicole sabía que los fans conocían a estos chicos. Los aficionados eran devotos, y ella había


entrado en foros de vez en cuando. Hasta había escrito historias sobre los personajes y lo había comentado con sus amigos en Facebook. Sabía que mucha gente estaba convencida de que la química que compar an en la pantalla era demasiado real como para fingirla. De todas formas eso no era asunto suyo y realmente no le gustaba ser una chismosa. Ahora pensaba que quizás los fans tenían razón. Lo irónico era que ninguno parecía haberse dado cuenta de lo que sentía. Josh siguió esperando. De vez en cuando miraba al otro hombre que le acompañaba. Pero había otro misterio. Lo mirases como lo mirases, Sam Peterson era una persona increíble. Era bueno, considerado y siempre estaba dispuesto a ayudar en cualquier obra carita va y a par cipar en eventos con fans. Así que, ¿qué hacía con un cretino como Evan Woods? Sabía que no debía juzgarle, pero había sido insufrible desde que había llegado. Sabía que estaba preocupado pero eso no excusaba su comportamiento. Absorto en sus pensamientos se sorprendió cuando los padres de Sam salieron. Josh se dirigió a ellos inmediatamente. Nicole sabía que intentaba leer el estado de Sam en la expresión de Mary. Mary le cogió las manos a Josh y le sonrió. —Tiene una pinta horrible y se enfadará mucho cuando vea la cicatriz que le va a quedar. Pero se recuperará. A Josh se le cortó la respiración cuando intento sonreír. —Creo que llevas razón. Evan estaba detrás con aire enfadado. Nicole le miró y le observó dirigirse a la puerta. Le alcanzó y le dijo también que era importante que le hablase para su recuperación. Ella dio un paso atrás para intentar no escuchar la conversación entre Josh y los padres de Sam. Los ojos de Josh estaban perdidos. Solo quería que Evan terminase para poder entrar. Después de unos veinte minutos Nicole decidió que era suficiente. Cogió a Josh por el brazo y lo llevó hacia la puerta. —No, Nicole, está bien. Evan aún no ha terminado. Mary intervino. —No, lleva razón. Es tu turno. Entra. Creo que a Sam le vendrá bien escuchar tu voz. Josh se dejó persuadir porque lo que más quería era entrar. Nicole abrió la puerta y le empujó delante de ella. Los ojos de Sam se fueron a la cama que tenía delante. Sam estaba tumbado, totalmente quieto. Y él nunca estaba quieto. Tenía tanta energía que parecía estar moviéndose constantemente. Y que no se moviera ahora estaba terriblemente mal. Josh se estaba acercando a un lado de la cama cuando una voz le llamó la atención.


Era Evan. Estaba andando alrededor del otro lado de la cama hablando por teléfono. —Por Dios, no sé cuánto empo voy a tener que estar aquí. ¿Qué jodida parte de inconsciente no en endes? —Evan seguía sin darse cuenta de que estaban allí y siguió hablando—. No, no sé qué es lo que se supone que hago aquí. Está tumbado como un puto vegetal. Esa enfermera arrogante me ha dicho que le hable. ¿Qué coño quiere que le diga? Ese úl mo comentario hizo que Josh perdiese el control. Sin ó cómo Nicole intentaba agarrarle y detenerle mientras avanzaba hacia Evan pero no lo consiguió. —¿Estás aquí hablando por teléfono? Yo estoy esperando para verlo. Sus padres están esperando para volver a entrar a verle ¿y tú estás aquí hablando de él como si ni exis era? ¿Qué coño pasa contigo? Los ojos de Sam crecieron conforme Josh se acercó. Empezaba a darse cuenta de que quizás había cometido un gran error. Josh no era un po grande, solo alto y delgado, pero dentro de su furia parecía intimidantemente grande. —Josh, yo… —Evan tartamudeó sin saber qué decir. Sabía que ante los ojos de Josh no había excusa para su comportamiento y en realidad sabía que Josh llevaba razón. —¿Cómo crees que te sen rías, Evan, si estuvieras ahí tumbado, asustado, mientras la persona que se supone que te ama está al teléfono hablando de como si ni siquiera estuvieras? ¿Y qué es lo que haces? Hablar como una zorra, quejándote de tener que estar aquí, ¡como si ni te importase! El pecho de Josh estaba creciendo y dificultándole la respiración. Asió a Evan por el brazo y le dirigió hacia la puerta. —Fuera, ¡no te mereces estar aquí! —Sacó a Evan ante la mirada atónita de Nicole pasando por delante de Mary y Kenneth. Ellos habían escuchado los gritos y se dirigían a la habitación para ver qué estaba pasando. Evan pronto volvió a sus orígenes y empezó a enfadarse. —¿Quién coño te crees que eres Kelly? ¡Él es mi novio! ¿Qué derecho enes a sacarme de ahí? El enfado de Evan seguía creciendo cuando las palabras de la madre de Sam le hicieron callar. —Él es la persona que Sam escogió para tomar esa clase de decisiones, Evan. —¿Qué? ¿Por qué? —sonó como un niño irritante de cinco años. Mary le miró calmada. —Ya sabes por qué Evan, y yo también. A Evan le cambió la cara por completo. —¿Te lo ha contado? —Pues claro que me lo ha contado, Evan. Necesitaba hablar con alguien, y él es mi niño. Evan suspiró fuerte. —Supongo que eso explica unas cuantas cosas.


—¿Qué está pasando que yo no sé? —La voz de Josh era más calmada pero el enfado seguía casi en la superficie. Kenneth decidió intervenir desde atrás. —Decírtelo o no depende de Sam, Josh. —Puso una mano en el hombro de Josh—. Ahora mismo mi hijo está esperando que le visites. Eso es más importante, ¿no crees? Josh miró a su alrededor intentando decidir si merecía la pena discu r cuando de repente el sonido del monitor de Sam le distrajo. Miró alrededor, de nuevo deteniéndose en Evan, y entró en la habitación. Conforme se acercó a la cama lo primero que sin ó fueron los sonidos del monitor. El sonido tenía ritmo pero era algo muy ar ficial, al igual que el silbido que emi a el ven lador de la máquina de respiración asistida. Su mirada se centró en el rostro de Sam y se le cortó la respiración. Sam estaba pálido, le faltaba ese color dorado con el que Josh estaba acostumbrado a verle. El tubo del respirador aparecía insultante en sus labios y Josh casi se derrumba de nuevo al verle. —Sam. No se dio cuenta de que tenía la voz quebrada. Le costaba respirar y pensó que quizás estaba a punto de tener el primer ataque de pánico real de su vida. Una mano le apretó del hombro y una voz le dio palabras de aliento. —Recuerda, Josh, hemos hablado de esto. —Nicole estaba allí ayudándole de nuevo—. Todo esto le está ayudando a recuperarse y pasará pronto. Josh se giró para mirarla. Se detuvo para observar la forma en la que ella le miraba y asin ó. Cogió aire de nuevo y volvió a mirar a Sam. —Lo sé. Se recuperará. ¿Verdad, Sam? —Se agachó y se aferró a la mano de su amigo—. Perdona por ponerme así, o. Lo he dicho antes y lo diré de nuevo. Es un idiota y te mereces algo mejor. Josh se sonrojó y acarició el pelo de Sam. —Espero que cuando te levantes no estés muy enfadado conmigo por haberlo sacado de la habitación. Me gustaría que abrieses los ojos y me dijeras qué leches está pasando. Tus viejos están muy enfadados con Evan y ten por seguro que quiero saber el porqué. Josh sin ó cómo los ojos empezaban a llorarle pero intentó aguantarse. No era momento para llorar. —Pero sobre todo, Sam, desearía que te despertases para que me invites a un maldito café, como me prome ste, porque nadie en este hospital me quiere dar uno. Parece que piensan que no lo necesito. Me imagino que no me conocen como tú. Sabía que su risa era nerviosa pero no podía hacer otra cosa, aunque lo estaba intentando. Sin ó cómo Nicole le acercó una silla y se sentó. Nunca había estado más cansado en toda su vida. Seguía sin soltarle la mano a Sam, necesitaba sentir su calor.


—Tienes que despertarte pronto, Sam. Da miedo lo silencioso que está todo sin hablando todo el rato. Es verdad que te regaño, pero no sabía que te echaría tanto de menos. Posó su cabeza sobre la mano de Sam. Necesitaba descansar un minuto. —Sí, lo sé, puedes chantajearme hasta el fin del mundo. Yo, Josh Kelly, juro solemnemente que echo de menos el sonido de la voz de Sam Peterson, y su verborrea. Los párpados de Josh se hacían más y más pesados. —Pero en serio, no te permito que vuelvas a asustarme así otra vez, ¿vale? Creo que mi corazón no lo soportaría. Josh sabía que se estaba quedando dormido. Sabía que no debía pero no podía más. Estaba muy cansado. Sabía que Sam le perdonaría. —Voy a descansar un poco, Sam. —Por impulso pasó sus labios por los nudillos de Sam—. Despiértame cuando quieras y regáñame por haberme dormido. Era como si Sam le escuchase y le dijese. «No soy una jodida nena, Josh». Solo pensarlo le hacía sonreír. Lo úl mo en lo que pensó antes de caer dormido fue en que se daría cuenta de cuando Sam se despertase porque no iba a soltarle la mano hasta que lo hiciera. Nicole y los padres de Sam miraban desde la puerta la forma en la que Josh usaba la mano de Sam como almohada. Sin mediar palabra acordaron dejar a los dos solos. Ambos lo necesitaban y aún quedaban dos horas para que los médicos vinieran a ver a Sam. La puerta se cerró tras ellos y se quedaron fuera haciendo de guardas de Sam y Josh, protegiéndoles del mundo lo mejor que podían.


6. El

empo pasó volando. Los doctores y enfermeras entraron y salieron, comprobaron los

monitores, pusieron nuevas botellas de suero y curaron las heridas del pecho de Sam. Después del primer día decidieron llevar a Sam a una habitación privada en la zona de quirófano, de forma que pudiera tener visita todo el tiempo. En una conversación entre Josh, los Petersons y los doctores hablaron del miedo de Sam a estar solo y de cómo había estudios que demostraban que tener a gente querida cerca ayudaba a recuperarse antes. Si Sam seguía mejorando y no había signos de infección ellos podían quedarse. Cada vez que Josh preguntaba por Sam obtenía la misma respuesta. Querían ser cautelosos y que no tuviese falsas esperanzas ni expectativas muy altas. —Está bien. Sus vitales son buenas y no ene fiebre así que eso significa que no hay infección. Necesita tiempo, Josh. Nicole siempre era la úl ma en responderle. Pasaba mucho empo en la habitación de Sam ya que le habían asignado sus cuidados. La familia de Sam, y Josh, estaban muy contentos de tenerla. Ella se aseguraba de que salieran de la habitación y comieran de vez en cuando. Unos días después, el médico asignado decidió que era el momento de reducir la dosis de algunos de los medicamentos que hacían que Sam no sufriese pero que también le mantenían inconsciente. Estaban ansiosos por verlo despierto. El acuerdo era no dejarlo solo en ningún momento. Sus padres o Josh estarían allí siempre y Nicole les ayudaría. Las otras enfermeras también sucumbieron a los encantos de Sam y ayudaron en todo lo que pudieron. Les dieron privilegios como sillones más cómodos y libre acceso a los dispensadores de bebidas en la sala de médicos. Cada uno de ellos tenía una forma de mantenerse ocupado mientras acompañaban a Sam. Mary le leía. Había encontrado El guardián entre el centeno entre los libros de la biblioteca del hospital. A Sam siempre le había gustado que su madre le leyese, y eso le ayudaba a sentirse conectada a su hijo. Kenneth se sentaba y la escuchaba. Intentaba disfrutar todo lo que podía dadas las circunstancias. Se había llevado su iPod y escuchaba música con Sam y le hablaba de sus canciones favoritas. Había escogido compositores clásicos y esperaba que a Sam le gustasen. Y si no le gustaban no había mejor excusa para levantarse que tener que decirle a su padre que le quitara ya esa mierda de música. Y en cuanto a Josh, él solo hablaba. Le hablaba de su infancia y compar a con Sam cada uno de sus secretos más íntimos. Le hablaba del show y de cómo sus fans estaban traumatizadas con la noticia.


El buzón de correo de los fans de Josh estaba desbordado pero no era comparable a la avalancha de tarjetas, cartas y regalos que llegaban para Sam al estudio. Se había contratado a más gente para ayudar a gestionar todo aquello. Las páginas de Facebook de los dos actores y las páginas de todos los afiliados al show estaban también saturadas de buenos deseos y rezos para que Sam se recuperase pronto. Jared mantenía a Josh informado de las no cias del estudio y estaban en contacto todo el tiempo. Algunos de los otros actores de la serie fueron al hospital pero no les permi eron entrar a ver a Sam. Josh habló con ellos a regañadientes sin darse cuenta de que también estaban allí para verle a él. Josh agradeció que Paul se ofreciese para ir a su apartamento a recoger un poco de ropa y cosas de aseo. Le mandó un mensaje a Stephanie para decirle que me ese sus cosas en una mochila y se sorprendió cuando ella accedió sin problema. Josh se duchó en la ducha de la habitación de Sam y cenó en la cafetería con Paul. Nicole le había amenazado con echarle si no empezaba a comer. A parte de eso no abandonaba el lugar para nada. Se mantenía en vigilia sentado al lado de Sam, cogiendo su mano y hablándole despacio. Josh nunca había sido el hablador de los dos, siempre había dejado que Sam se ocupase de hablar pero en esta ocasión el silencio era insoportable y Josh mantenía la esperanza de que su amigo le escuchase y encontrase la forma de salir de la oscuridad. Evan no había vuelto a intentar volver desde Josh le había echado. Aquello le enfadaba pero le aliviaba a la vez. Estaba enfadado porque Evan había abandonado sin ni siquiera luchar lo más mínimo, y aliviado porque sabía que de esa forma podría pasar más empo con Sam sin que le interrumpiesen. Cuando todo terminase sabía que tendría que pensar en todo lo que había pasado y en lo que significaba. Sen a que tenía que proteger a Sam, pero también que no se trataba solo del disparo. Cada vez que intentaba pensar en aquello terminaba hecho un lío y solo podía centrarse en que Sam se recuperase. Mary y Kenneth estaban contentos con que Josh pasase todo el empo que quisiera con Sam. Supuso que algunos lo verían extraño pero los más cercanos lo entendían y no parecía nada malo.

Bip, bip, bip…. «¿Qué se oye? ¿El teléfono de alguien? ¿De Evan? No, Evan no está aquí, ha dormido en otra habitación». Si el sonido hubiese parado se habría dormido, estaba terriblemente cansado pero no dejaba


de sonar Más tarde el sonido cambió y le despertó por completo. ¡Alguien estaba hablando! Podía escuchar unas voces que venían de lejos. Alguien le hablaba pero estaba confundido. ¿Quién era? Ah, ¡era más de uno! Josh se desvaneció de nuevo. «¿Mamá? ¡Está enfadada! ¿Qué está pasando? ¿Papá? ¿Eres tú? ¿Por qué no puedo moverme? ¡Mierda! ¿Quién más hay aquí? Dios, me duele todo…» Volvió a recuperar la consciencia y la voz era más fuerte. Conocía esa voz. «Josh, ¿eres tú?». ¡Necesitaba ver a Josh! Había algo que no entendía… Dios, ¡tenía tanto miedo! ¡Una pistola! Alguien tenía una pistola. Iba a disparar a Josh. «¡No! Tengo que pararle, no puede, ¡Josh! ».

Josh estaba sentado al lado de la cama de Sam contándole cómo su hermana y él jugaban a los disfraces, cuando de repente el sonido del monitor del corazón de Sam se aceleró. Después de tanto empo de ritmo constante, aquel cambio lo asustó. Josh iba a pulsar el botón para llamar a la enfermera cuando la mano de Sam que tenía agarrada se movió, y apretó su mano tan fuerte que pensaba que le iba a romper los dedos. Un leve quejido llevó la mirada de Josh a la de Sam y vio aquellos ojos oscuros abrirse y buscar a alguien en la habitación antes de ver los ojos llorosos de Josh. Estaban quietos, mirándose el uno al otro durante un segundo y Josh pudo ver el momento en el que el miedo se adueñaba de él. Apretó la mano de Sam con fuerza, y usó la otra mano para acariciarle el pelo y tranquilizarle. —Sam, no pasa nada. Sé que estás asustado pero todo saldrá bien. —Se acercó al botón para llamar a la enfermera y lo presionó. —¿Puedo ayudarle? —Una pequeña voz salió del altavoz asustando a Sam. Josh le sonrió antes de responder. —Necesitamos ayuda, Sam se ha despertado. Sam movió levemente la cabeza y Josh se dio cuenta de que Sam estaba preocupado por él. Josh le sonrió para darle confianza. —Yo estoy bien, te lo prometo, no tengo ni un rasguño. Vio cómo Sam intentaba sonreír por encima del tubo que le ayudaba a respirar. Hizo todo lo que pudo por mantener su propia sonrisa.


Josh escuchó pasos y miró a la puerta. Nicole entraba con cara de preocupación y en seguida sonrió cuando vio a Sam despierto y mirándola. —Bueno, mira quién se ha despertado. Ya era hora señor Peterson. Ha formado un buen revuelo por aquí. Sam empezó a ponerse nervioso de nuevo y a luchar contra el tubo del respirador. Josh le puso la mano en el hombro para calmarle y empezó a hablar con Nicole. —¿Qué pasa? ¿Por qué le molesta tanto el tubo? Nicole sacó su teléfono y marcó para pedir ayuda. Empezó a hablar en cuanto contestaron. —¿Podría informar a la doctora Harris de que el señor Peterson está despierto? —Hizo una pausa para escuchar la respuesta—. Gracias. —Colgó y se dirigió hacia los dos amigos. —Señor Peterson, sé que está muy asustado. —Le agarró la mano para asegurarse de que tenía su atención—. El doctor vendrá en seguida para quitarte el tubo del respirador, pero por ahora es muy importante que no intente quitárselo, ¿de acuerdo? Asintió levemente y luego miró a Josh de nuevo. —Les diré a sus padres que se ha despertado. —Sam volvió a mirar a Nicole agradeciéndole el gesto con los ojos. —Gracias, Nicole. —Josh le sonrió sin soltar la mano de Sam. —No hay problema, Josh. —Se dirigió a la puerta y se giró—. Vuelvo en un minuto. Josh se giró para mirar a Sam cuando ya se había ido Nicole. La mano que tenía en el hombro de Sam se posó de nuevo en su pelo acariciándole la cabeza y sonriéndose el uno al otro. —Sam, yo…—Aquellos bonitos ojos de color avellana le miraban. Josh se asustó por un momento. «Espera, ¿bonitos?». En ese momento la doctora Harris entró en la habitación seguida por Nicole y otra enfermera. La doctora miró a Sam conforme hablaba. —Señor Peterson, soy la doctora Harris, la persona que le operó hace unos días. Vamos a ver cómo está, ¿de acuerdo? Cogió el estetoscopio de su cuello antes de mirarle. —Josh, ¿podría salir un momento de la habitación para que examinemos al señor Peterson? Se levantó para irse pero la mano de Sam le agarró con fuerza. El monitor empezó a sonar conforme el corazón de Sam se aceleró y cuando Josh le miró solo pudo ver miedo en sus ojos. Se miraron el uno al otro en silencio y Josh miró de nuevo a la doctora. —Um, parece que realmente quiere que me quede. La doctora miró a Josh y luego a Sam antes de sonreír con fuerza. —He oído que es bueno consiguiendo lo que quiere señor Peterson. No me gustaría destruir esa reputación ahora. Deje que Josh se retire un poco cuando yo lo necesite, ¿de acuerdo? Sam asintió y Josh se quedó esperando.


—Señor Peterson. Voy a desconectar esto, ¿de acuerdo? —Esperó a que Sam asin ese y desconectó el tubo de la máquina. Ajustó la cama para que estuviese más incorporado y la enfermera retiró el esparadrapo de su cara. —Ahora, relájese. Voy a sacar esto de su garganta lentamente. Cuanto más relajado esté mejor. Sam le apretó la mano a Josh y se quedó quieto dejando que la doctora trabajase. Se atragantó cuando la úl ma parte del tubo salió de su garganta. Por supuesto lo primero que intentó hacer fue hablar pero lo que consiguió fue un quejido seco. —Creo que le vendrá bien un poco de agua fría, eso le ayudará. —Se adelantó y le dio unas palmaditas en el antebrazo—. Estará ronco al principio, deje que su cuerpo descanse señor Peterson. Ha pasado por mucho. Se giró hacia el monitor del ordenador e imprimió unas cosas. Las examinó y se dirigió a Sam de nuevo. —¿Sabe por qué está aquí señor Peterson? Sam asin ó, parecía enfadado. Miró a Josh y le hizo gestos para que le trajese un bolígrafo y papel. Josh miró alrededor y vio el cuaderno en el que el padre de Sam había estado escribiendo música. Buscó una hoja limpia y se lo dio a Sam junto con un bolígrafo, para que pudiese escribir en él sin moverse demasiado. Sam le sonrió y empezó a escribir. Estaba sudando por el esfuerzo y cuando terminó Josh cogió el cuaderno y vio que la letra era casi ilegible. Josh leyó lo que Sam había escrito y sorprendentemente se rio antes de mirar a la doctora. —Dice «un luná co vino a por mí con una pistola. El cabezota de Josh casi consigue que le disparen pero yo me puse en medio como suele pasar. ¡Y me llamo Sam!». —Le sonrió a su amigo y luego a la doctora—. Si pudiera hablar le diría «señor Peterson suena ofensivo, ¡pero no se lo diga a mi padre!». La doctora miró a Sam que sonrió y asintió. La doctora se rio también. —De acuerdo, Sam, solo unas cuantas preguntas más. ¿Puedes mover los dedos de los pies? —Levantó la manta y él empezó a moverlos—. Bien. Sacó un ar lugio de su bolsillo y lo dirigió a los ojos de Sam. Después sacó otro chisme para mirarle los oídos. —¿Ves y oyes con normalidad? Sam se detuvo y lo pensó unos segundos antes de asentir. —Le preguntaría si se siente mareado o desorientado pero después de lo que ha pasado me sorprendería que no lo estuviese. —Me ó unos cuantos datos en el ordenador y escribió unas cosas en la tablilla de historial del paciente de los pies de la cama de Sam—. Ahora según tengo entendido llegarán sus padres. Nicole me ha dicho que estaban haciendo unos recados, y ya les han dicho que está despierto. ¿Quiere que les esperemos antes de que terminemos? —La doctora miró a Sam expectante.


Sam miró a Josh y subió una ceja. Josh se encogió de hombros. —Lo que tú quieras, Sam. Sam dudó por un segundo pero luego dijo que no con la cabeza. Señaló a Josh con la mano que tenía libre y la doctora asintió en señal de entendimiento. —Vale, dejaremos que Josh rellene los papeles. —Se dirigió detrás de la cama antes de seguir. —Voy a comprobar cómo está la herida. —Miró a Josh—. ¿Estará bien? Josh miró a Sam y leyó sus ojos. Asintió. —Sí, gracias. Después de ponerse unos guantes de látex la doctora Harris levantó el camisón de Sam. Estaba abierto por delante para facilitar el acceso a la herida del pecho. La doctora quitó el vendaje y pasó su mano sobre los puntos. Ver la herida negra, azul y roja en el pecho de Sam hizo que los ojos de Josh se llenasen de lágrimas. Verla no era tan horrible, pero sí lo era el recordar que casi había perdido a su mejor amigo. Sam miró hacia arriba al sen r cómo Josh le apretaba la mano. También él tenía lágrimas bajándole por el rostro en silencio. Levantó la mano que tenía junto a la de Josh y le acarició la mejilla haciendo que este le mirase. Ambos se miraron y Josh intentó sonreír pero le salió algo más parecido a una mueca de dolor. Sam posó su mano en la mejilla de Josh. Ese era el gesto más parecido a un abrazo que podía hacer en su situación. Josh sonrió con los ojos llorosos y se los secó con la mano que tenía libre. —Gracias. La doctora Harris y Nicole vieron cómo interactuaban los dos amigos. Se quedaron maravilladas al ver cómo se entendían sin hablar. Nicole, que había estado callada desde que llegó, también se dio cuenta de que Sam no tenía el más mínimo interés en saber dónde estaba su novio. No podía culparle. ¿Evan o Josh? No le cabía ninguna duda sobre quién de los dos debía quedarse con la mano de Sam. La doctora terminó de examinar la herida y cambió el vendaje por uno nuevo. Después de hacer unas cuantas anotaciones más, miró a Sam. —Ahora mismo tiene un catéter puesto. Era casi cómico ver cómo los ojos de Sam se abrían al escuchar aquello. Después frunció el ceño. —Entonces imagino que quiere que se lo quiten, ¿verdad? Sam asintió con un poco más de fuerza. —Bueno, primero quiero ver cómo responde en posición sentada. Cuanto antes empiece a moverse mejor estará. Recuerde que las drogas hacen que no le duela pero en cuanto deje de


tomarlas irá a peor. Cualquier movimiento lo agravará y el agotamiento lo hará insoportable. Sam seguía con el ceño fruncido cuando Josh habló. —¿Cuándo cree que estará listo para irse a casa? La doctora le miró y puso cuidado en sus palabras antes de responder. —Bueno, creo que al menos tardará una semana. Quiero asegurarme de que no hay signos de infección. También tenemos que asegurarnos de que puede andar por sí mismo durante periodos de tiempo cortos. La doctora Harris sabía que a Sam no le gustaría lo que iba a decir pero necesitaba asegurarse de que entendía todo para que se recuperase por completo. —Va a necesitar una serie de cuidados en casa durante unas cuantas semanas, Sam, quizás más. Alguien debería llamar al servicio de cuidados a domicilio y dejarlo arreglado. No puede quedarse solo bajo ninguna circunstancia, ¿entiende? O no dejaré que se vaya. Sam suspiró en forma de protesta pero Josh le tiró de la mano antes de mirarle. —Nos las arreglaremos, Sam. Sé que no quieres ninguna enfermera pero entre tus viejos, yo y…, Evan, nos aseguraremos de que recibes los cuidados que necesitas, ¿vale? Josh vio la mirada de Sam cuando mencionó a Evan pero no sabía exactamente qué significaba. Estaba a punto de preguntar cuando sonó el busca de la doctora. Todos la miraron mientras lo comprobaba. —El centro de trauma está esperando a varias víc mas de la colisión de un tráiler en el puente de Brooklyn. —La doctora suspiró y guardó su busca—. Tengo que irme, Sam. Por ahora estoy contenta con tu progreso y volveré más tarde para ver cómo sigues, ¿de acuerdo? Sam le sonrió como agradecimiento, ella le acarició la pierna y dejó la habitación. Nicole siguió a la doctora Harris y a las otras enfermeras pero Josh la paró poniéndole una mano en el hombro. —¿Tienes un minuto? —Claro. Josh la dirigió hacia Sam. —Sam, quiero que conozcas a Nicole Samuels. Ha estado cuidando de nosotros desde que llegamos aquí y cuando todo esto haya terminado le debemos una gran cesta de fruta, una colaboración en el programa o nuestro primer bebé. Nicole se sonrojó y le dio un golpe a Josh en el brazo. —Corta el rollo, solo hago mi trabajo. —Miró a Sam y le acercó su mano—. Encantada de conocerle por fin, Sam. Sam le sonrió midamente y movió la cabeza mirando a Nicole y a Josh de forma inquisi va. Fue algo de lo que se dio cuenta Nicole pero Josh se perdió. Ella le sonrió a Sam antes de hablar de nuevo. —Bueno, se acerca la hora de mi descanso. Voy a ver si sus padres están aquí y después tengo que llamar a casa. Mi marido está intentando ayudar a mi hija con un proyecto de inglés


y me parece que no está saliendo demasiado bien. Josh se levantó y le dio un abrazo con un solo brazo ya que Sam no le soltaba la otra mano. Nicole vio cómo Sam miraba con alivio al oír que su familia estaba allí. Casi hace que Nicole riese. —Volveré en un segundo pero ya sabe cómo llamarme si me necesita. Me alegra verlo despierto, Sam. —Se despidió con la mano y se marchó. Josh la observó irse y se volvió hacia Sam cuando sin ó cómo éste le apretaba la mano de nuevo. Sam señaló el cuaderno y Josh se lo acercó para que escribiese de nuevo. Cuando terminó Josh lo leyó y se sonrojó. —Sam, yo… —No sabía qué decir—. Evan no está aquí, yo le eché el primer día y no ha vuelto. Sam subió una ceja, quería que Josh siguiese hablando. Josh suspiró, soltó el cuaderno en la cama y se pasó la mano por la cara. —Mira, fue un idiota con todo el mundo e intentaba mandar a todos…, y cuando vino a verte le pillé hablando por teléfono. Recordar aquel día era muy estresante y no podía evitar que le temblasen las manos. Sam acarició el interior de las muñecas de Josh intentando calmarle un poco. —Sé que es tu novio, Sam, y siento si te has enfadado conmigo, pero… Estábamos esperando para verte…, quiero decir que yo estaba esperando para verte y él estaba aquí hablando por el puto móvil como si tú no existieses y me sacó de quicio. Josh empezó a levantarse, necesitaba caminar de un lado a otro pero Sam le apretó la mano para llamarle. Josh empezó a jugar con los dedos de Sam. Era incapaz de mirarle a los ojos. —No ha vuelto. Creo que tus padres han estado mandándole mensajes o algo. —Se obligó a mirar la cara de Sam—. Sam, ¿qué ha hecho? —La forma en la que Sam miró le hizo seguir hablando rápidamente—. Tu madre… Me dijo que hizo algo y que dependía de contármelo o no. —La cara de Josh tenía signos de dolor que no podía esconder. Sam tosió y le dolió mucho. —Sam… ¡Mierda! —Josh saltó con cuidado para no hacerle daño a Sam—. Voy a por la doctora. Sam dijo que no con la cabeza y señaló el vaso de agua que había en la mesita. —Ay Dios, se me olvidó, lo siento, Sam. Um, vas a tener que soltarme un segundo. —Josh ró de su mano y Sam le dejó ir a regañadientes. Josh llenó el vaso con el agua de la jarra e intentó decidir cuál era la mejor forma de darle de beber a Sam. —¿Quieres sentarte un rato? —La idea hacía que Josh se pusiera nervioso, pero sería lo mejor. Sam asin ó y Josh miró a los mandos de la cama. Pulsó el botón para levantar la cabecera de


la cama mirando a Sam para que le dijera cuándo era suficiente. —Vale, bebe despacio. —El vaso tenía una pajita así que Josh lo sujetó por debajo. Sam sorbió un poco y tosió de nuevo. El pecho le dolía pero bebió un poco más. Sam re ró el vaso y Josh lo puso en la mesa. Se sentó en la silla al lado de la cama. Su mano volvió a juntarse con la de Sam. No le importaba si Sam se reía de él después por aquello. Solo necesitaba un poco de contacto físico durante algo más tiempo. Sam se echó hacia atrás y cerró los ojos esperando que el dolor disminuyese. Estaba muy cansado pero quería estar despierto cuando sus padres llegasen. Josh le apretó la mano y Sam sonrió. Josh no era quien esperaba encontrar cuando se levantase. Para ser sincero tampoco esperaba encontrarse a Evan. Le hizo preguntarse si Evan sabía que Josh tenía la potestad de firmar en su nombre y se imaginó que sería un shock. Las cosas no les iban muy bien últimamente. Sam sabía que tendría que responder la pregunta de Josh algún día pero ¿cómo decirle a tu mejor amigo que tu novio te ha puesto los cuernos y que sigues con él? Era más fácil seguir con Evan que decirle a tu mejor amigo más hetero que nadie en el mundo, que estás loco por él. Abrió los ojos, y se encontró la cara de Josh que lo miraba con una pequeña sonrisa. Sam nunca había conocido a nadie como Josh. Era bueno de corazón y más listo de lo que nadie con ese cuerpo se merecía. Era abierto y seguro de sí mismo pero tenía una baja autoestima en cuanto a su talento. Parecía entender a Sam mejor que nadie, incluyendo sus padres y aceptaba todo lo que Sam había hecho en el pasado. Era perfecto y le rompía el corazón a Sam con frecuencia sin ni siquiera saberlo ni quererlo. Con cada caricia, con cada abrazo, con cada capacidad de entenderle él perdía el control o se asustaba. Josh le estaba haciendo pedazos el corazón y no podía odiarle porque era el mejor amigo que jamás había tenido. Aquello era muy irónico. Apretó la mano de Josh para llamar su atención y señaló al cuaderno. Josh se lo dio y se preparó para escribir una gran confesión que solo sería interrumpida por la llegada de sus padres. Mary y Kenneth lloraban, algo que distrajo a Josh por un segundo pero cuando volvió a mirar a Sam sabía que no había olvidado que tenían algo pendiente. Le agradeció a Dios aquel pequeño favor.


7. Josh se apoyó en el marco de la puerta y dejó que Sam y sus padres compar eran aquel momento con más in midad. Era la primera vez que Sam soltaba la mano de Josh voluntariamente desde que se había despertado e hizo que Josh se pusiera algo triste. Se quedó de pie, aclarando su garganta. —Voy a bajar al recibidor a por un poco de agua sucia de esa que las enfermeras juran que es café. ¿Le traigo uno a alguien más? Mary le miró, su cara parecía haber rejuvenecido diez años desde que Sam se había despertado. —Creo que estamos bien, Josh. Gracias de todos modos. Josh miró a Sam y empezó a reírse. Su amigo asen a tan fuerte como podía aunque el dolor le impedía gesticular mejor. —Creo que no, Peterson. Bébete tu agua. Sam suspiró y le miró de mala manera pero Josh sabía que su corazón no le acompañaba. —Vuelvo en seguida. Sam le sonrió cansado, y Josh se obligó a dejar la habitación y a salir por el pasillo. Cuando llegó en el recibidor, estaba vacío, cosa que agradeció. Entró y se sirvió un café largo y se sentó en el incómodo asiento del sofá. Se dio cuenta de que tenían puesta la CNN. Cielo santo, ¡Sam estaba despierto! Casi no se lo creía. Sacó su móvil y les mandó un mensaje a Jared y a Paul. «¡Está despierto! La doctora es positiva. Os cuento más tarde». Estaba muy cansado para hablar con nadie más así que se imaginó que podrían correr la voz. Sin embargo, sí hizo una llamada… A su madre. Sus padres habían escuchado la no cia después de unos días de crucero y le había llamado. Le dijeron que tomarían un vuelo a Nueva York en el siguiente puerto en el que parasen. Le había resultado casi imposible convencerles de que terminasen el crucero. Al final accedieron con la condición de que Josh les llamase en cuanto tuviera noticias. Su madre cogió el teléfono después de tan solo dos tonos. —Hola, mamá. —Hola… ¿Josh? ¿Qué pasa? ¿Es por Sam? —Ellen Kelly sonaba un poco confundida. Josh miró su reloj, probablemente estaba durmiendo. —Perdona por despertarte mama, pero te prome que te llamaría si había alguna no cia. — Josh se pasó la mano por la cara—. Sam se ha despertado, ¡por fin! —Ay, cariño, me alegro tanto. ¿Está bien?


Josh sonrió ante las palabras de su madre. —Sí, todo está bien por ahora. —Y tú cariño, ¿tú estás bien? —Estoy bien… —Se arrepin ó inmediatamente de sus palabras. No quería men r a su madre una y otra vez, pero de todos modos, ella le pilló. —Joshua Lawrence Kelly, no juegues a “estoy bien” conmigo. Se le cortó la respiración y suspiró. —Estoy todo lo bien que puedo estar por ahora. Estaré mejor cuando Sam se haya recuperado. Se podía imaginar la sonrisa de su madre a través del teléfono. —Claro que sí cariño. Miró a la pantalla, algo pasó rápidamente y cuando se centró casi se le cae el teléfono. En la pantalla salía en primer plano, Sam y el luná co que le disparó. «A con nuación: ¡el disparo a la estrella de televisión! ¡Vídeo exclusivo!» . —¿Mamá? Estoy muy cansado. Voy a volver con Sam y a intentar dormir un poco, ¿vale? ¡Te quiero! —¿Estás seguro de que estás bien Josh? Josh no consiguió retirar la mirada de la pantalla. La grabación mal hecha empezó. —Sí, estoy bien. Adiós, mamá. Colgó sin escuchar cómo su madre decía adiós. Quien quiera que fuese el que había grabado el video estaba por allí en el peor momento de la vida de Josh. Buscó el mando a distancia y subió el sonido. —El rador loco se enfrentó a Peterson y Kelly el lunes por la tarde en la puerta de la librería Bookmark, de Avenida L.. Peterson, que actúa como Connor Kane en la novela A la caída de la tarde, era el objetivo aparente del lunático. El periodista seguía hablando, y el cámara se acercó a Josh y a Sam mientras hablaban con Mathew, que se veía que estaba cada vez más nervioso. —Los tes gos han dicho a la policía que Kelly y Peterson intentaron calmarle al ver que llevaba una pistola. En las imágenes se ve cómo un policía entra por la parte derecha de la pantalla y le ordena a Mathew Reynolds de 23 años, y residente en Bridgeport, Connec cut, que re el arma. En ese momento Peterson se pone delante de Kelly y hace de escudo. El hombre armado disparó impactando contra su pecho. Reynolds muere en el momento al dispararle el policía. Josh se quedó viendo el video hasta que vio cómo Sam caía en sus brazos. Se vio a sí mismo hablándole a Sam y a este acariciándole la cara. De repente se puso furioso. Ese video era personal. Era como si alguien hubiese grabado la forma en la que Josh perdía una parte de su alma.


Escuchó cómo el periodista hablaba tendidamente sobre el papel que tenían en la novela y sobre la controversia de que Connor y Philip tuviesen su primera escena de sexo gay en televisión en horario diurno, pero realmente le daba igual. Las piernas le temblaban, salió de la habitación y se dirigió a la habitación de Sam. Necesitaba verle en ese mismo momento. Cuando llegó a la habitación de Sam, Josh se quedó sin aliento. Le vio allí tendido, aparentemente dormido aferrado a la mano de su madre. Josh debió de hacer algún po de ruido porque los ojos de Sam se abrieron y miraron directamente a Josh. La angus a que Josh tenía en los ojos era obvia y Sam movió su mano para agarrar la de Josh. No se dio cuenta de que Mary se re raba cuando él cogía la mano de Sam. Mary tropezó con la silla que estaba usando. Josh apoyó su frente sobre la cadera de Sam. Sin ó cómo la mano de Sam recorría su pelo y le reconfortaba de la misma forma que él lo había hecho antes. —Lo siento S… S… Sam. —Casi no podía hablar, le temblaba todo el cuerpo. Los dedos de Sam apretaron su pelo con fuerza, intentando levantarle pero Josh aún no podía mirarle. —Josh, ¿qué pasa hijo? —La voz de Kenneth rompió el silencio desde atrás—. ¿Qué ha pasado? Josh cogió aire intentando calmarse antes de hablar. El padre de Sam era muy paciente y unos minutos después Josh consiguió hablar. —Acaban de poner un video… en la CNN. Algún puto enfermo lo grabó todo, y lo vendió a los medios de comunicación. Sam hizo un gruñido que hizo que Josh por fin le mirase a los ojos. —No intentaron ayudar, solo se quedaron mirando. Y ahora tengo que verlo una y otra vez. Ver cómo te pusiste delante de mí, ver cómo te disparó y ver toda su puta sangre alrededor nuestro cuando el policía le disparó a él. —La voz de Josh estaba rota—. Y tengo que ver cómo caes otra vez y cómo te cojo, pero era demasiado tarde, había demasiada sangre. Estaba llorando otra vez y estaba tan cansado de llorar. Había llorado más en esa semana de lo que había llorado en toda su vida. De repente sintió varias manos intentando reconfortarle sobre su espalda. —Josh…, cariño. Siento mucho que hayas tenido que ver eso, debería haberte avisado. Hay diferentes versiones en televisión y en internet. Josh miró a Mary. —¿Bromeas? ¿Qué pasa con esa gente? ¿Por qué no intentaron ayudar? Sam siguió mirando a Josh. Odiaba tener que ver tanto dolor en esa mirada tan atrac va. Sabía que Josh ayudaría a cualquier extraño, de hecho lo hacía a menudo. Era una de las cosas que le encantaba de él.


—Tenían miedo, Josh. Ese hombre tenía una pistola y era obvio que estaba loco. —Ella siguió acariciando su espalda intentando tranquilizarle—. No todo el mundo es tan valiente como tú. Josh negó con la cabeza. —Yo no soy valiente, Mary. —Bajó la mirada para ver su mano junto a la de Sam. Sam no soportaba el dolor y la agonía en el rostro de Josh. Miró a sus padres y les pidió con los ojos que le entendieran. Su madre le entendió aparentemente, le sonrió y miró después a su padre. —Vamos, marido mío. Me debes una cena en algún si o con algo más de ambiente que la cafetería del hospital. Kennet asintió y se agachó para besar a su hijo en la frente antes de hacer lo mismo con Josh. Mary lo imitó y se dio la vuelta. —Volvemos en un par de horas, cariño —dijo Mary mirando por encima de su hombro. Sam movió la cabeza y señaló el cuaderno. Josh lo sujetó para que escribiera unas frases y Sam esperó a que las leyera. —Dice que volváis a vuestro hotel y durmáis bien. —Josh miró a Sam con cansancio y tuvieron otra de sus conversaciones silenciosas—. Tiene razón, ambos necesitáis dormir. Yo me quedo esta noche mientras vosotros roncáis un poco. Kenneth empezó a discutir. —Josh, estás tan cansado como nosotros. Tienes que dormir un poco también. Sam chascó los dedos para llamar a su padre. Este sonrió y se puso al lado de su cama. —Ah, ya veo. Josh va a dormir aquí contigo, ¿no? Josh escuchó el tono gracioso de la voz de Mary pero en ese momento solo podía pensar en trepar por la cama y tumbarse al lado de Sam. —Vosotros os podéis ir, estaré bien. Me han traído una silla para dormir y, sorprendentemente, es bastante cómoda. Sam miró hacia la silla al otro lado de la habitación y frunció el ceño, estaba demasiado lejos. —Sam, ¿estás seguro, cariño? Sam miró a Josh y sintió cómo le apretaba la mano. Entonces asintió a su madre. —Vale, nos vemos por la mañana. —Sabía que era inú l discu r con su hijo, incluso si este no podía hablar. Se agachó y les besó a ambos —Os quiero.

—Yo no duermo contigo. Sam recorrió el pelo de Josh con sus dedos y sonreía al escuchar los gemidos de Josh. —¿Por qué no? —La voz de Sam era muy leve—. ¿Eres demasiado bueno para mí, zorrón? —


La ternura de su voz desacreditó sus palabras. —No. —Josh sonó como un niño de cuatro años al que estaban chantajeando—. Es porque no es seguro, podría hacerte daño. En realidad no sería la primera vez que dormirían juntos. Nunca habían tenido mucho problema con perder el espacio personal uno al lado del otro. La cabeza de Josh estaba de nuevo sobre la cadera de Sam. Tenía los ojos ernos y llenos de sueño. —No vas a hacerme daño, te lo prometo. —«Al menos no físicamente». —Aún así dormiré en el sillón… Un rato. Por ahora estoy bien. Sam siguió acariciando el pelo de Josh con sus dedos dándole el mismo cariño que recibía. Sam suspiró, algo que fue muy mala idea porque terminó tosiendo y el pecho aún le dolía mucho. Josh levantó la cabeza al momento. —¿Estás bien? —La preocupación de su voz le llegó a Sam al corazón. —Sediento —consiguió decir. Josh se es ró y alcanzó el vaso de agua y se lo acercó para que bebiera. Cuando Sam terminó, miró a Josh. —Acerca la silla —suplicó Sam con suavidad—, para que podamos tocarnos, ¿vale? Josh le miró con cara de incógnita. —¿Tienes miedo, Sam? ¡Reynolds está muerto! Estás a salvo. Sam negó con la cabeza. —Tengo pesadillas, veo cómo te disparan a . Necesito sen rte…, tocarte. —Miró hacia otro lado al sentir vergüenza por estar tan necesitado. Josh se levantó y besó a Sam en la mejilla antes de acercar la silla a una distancia en la que Sam pudiera tocarle. Si alguien tenía algún problema con eso, mala suerte. —Gracias. —La voz de Sam era tranquila, pero Josh sentía que se lo agradecía. —¿Hay algo más que necesites? ¿Quieres que… llame a Evan? Sam negó de nuevo con la cabeza. —No, cansado. Dormir. Josh le sonrió y le pasó la mano por el pelo antes de acomodarse en el sillón. Ambos se cogieron la mano de nuevo. —Buena idea…porque estoy muy cansado. —Josh se rió—. Durmamos un poco antes de que alguien venga a comprobar cómo estás. Se metió bajo la manta y se puso cómodo antes de hablar otra vez. —Ya sabes que hay una razón por la que la gente bromea sobre despertarse en un hospital, Sam. —Dejó que la voz de Josh le reconfortase. —Porque podrías no despertarte.


Josh se quedó callado por un segundo pensando en que podría haber sido mucho peor. —Exacto…y, ¿Sam? —La voz de Josh se hacía más débil. —¿Sí? —Sam no podía evitar que su voz fuese somnolienta. —Me alegro de que hayas vuelto. —Yo también, Josh.

Cuando Nicole volvió para ver cómo estaba Sam, veinte minutos más tarde, se encontró a ambos dormidos con las manos entrelazadas y sus rostros girados de modo que pudieran verse, con una sonrisa. Comprobó las constantes vitales de Sam y salió de la habitación cerrando la puerta tras ella. Cuando se giró para dirigirse a la estación de enfermería vio jaleo al final del pasillo. Sacó su teléfono del bolsillo y contactó con Seguridad. Pidió ayuda para la zona de quirófano antes de plantarle cara a un Evan Woods bastante enfadado. —¿Puedo preguntarle dónde cree que va, señor Woods? —le preguntó interfiriendo en su camino. Puede que fuese pequeña pero se había criado con cuatro hermanos y sabía cómo defenderse. —Voy a ver a mi novio si es que debe saberlo. Nicole le ofreció a Evan la misma sonrisa que usaba con su hijo de ocho años cuando estaba siendo difícil. —Lo dudo mucho, señor Woods. —¿Cree que puede detenerme? —Y se irguió para mostrar toda su altura pero eso no intimidó a Nicole. —Sí, sí puedo. —Miró por encima de su hombro y vio a Frank, el guarda de seguridad, saliendo del ascensor—. Y ese caballero de allí, —dijo según señalaba a Frank—, me ayudará si es necesario. Evan estaba furioso. ¿Cómo se atrevían? —¡Él es mi novio y me necesita! La sonrisa de Nicole desparecía por momentos. —Señor Woods, si quisiera verle le hubiera llamado. —Le miró—. Ahora mismo está durmiendo y usted no va a despertarle. —¡No tiene derecho! —Su voz subía y Nicole empezaba a enfurecer de verdad. —Por favor baje la voz, caballero. El señor Peterson es mi paciente y solo me preocupa que tenga lo mejor. ¿Puede usted decir lo mismo? Tuvo el detalle de avergonzarse ante la honestidad de sus palabras. —Solo necesito hablar con él.


Nicole casi sin ó pena por Evan. Él era consciente de que la batalla estaba perdida en lo que se refería a Sam. —Cuando se despierte, le diré que ha estado aquí. Después será decisión suya si quiere verle, ¿de acuerdo? Todo parecía ponerse en contra de Evan y se dio cuenta de que no iba a conseguir lo que quería. —El puto Kelly le está reteniendo. —Se notaba que ni él se creía lo que decía. —Señor Woods, sé que está enfadado. Sin embargo ambos sabemos que nadie está reteniendo a Sam. Solo intentamos cuidarlo de la mejor forma. —Dios, no debería ser así. —Tenía lágrimas en los ojos. Parecía autocompadecerse, pero no tenía remordimiento alguno. —Le pido que se vaya, señor Woods. Le prometo que le diré al señor Peterson que estuvo aquí. Estoy segura de que sabrá algo de él pronto. Evan negó con la cabeza. —No, no me llamará. Ahora que todo el mundo lo sabe, seguro que hemos terminado. Evan se giró y fue hacia el ascensor. El guarda le seguía por detrás. Cuando Evan llegó a la puerta metálica le dio al botón. Las puertas se abrieron y Evan entró cabizbajo seguido de Frank. Nicole suspiró aliviada. No podía entender porqué Sam y Josh actuaban en una telenovela. Sus vidas reales ya tenían suficiente drama.


8. Sam se despertó con la tenue luz de la habitación por los chirridos del sillón que estaba a su lado. —Nooo… ¡no lo hagas! —Josh estaba aterrado—. ¡Sam! Para, por favor… No puedo. Sam le apretó la mano. —Josh, despierta… —Su garganta estaba aún muy seca y su voz era muy débil para que le oyese. No sabía qué hacer. Josh seguía quejándose y retorciéndose y Sam podía sentir lo atormentado que estaba. —Josh… Joder…. Sam hizo lo único que podía hacer. Tiró con fuerza de la mano de Josh y eso hizo que los puntos de su pecho dolieran como nunca. —¡Joder! Entonces Josh se despertó de repente. —¿Sam? ¿Qué pasa? —Miró a su amigo. Estaba pálido y respiraba con dificultad—. ¿Qué coño pasa Sam? —Tú. Pesadilla… —Sam dijo las palabras entre dientes. —¿Qué? ¡Ay mierda! Lo siento. —Josh intento re rarse pero una vez más la mano de Sam le sujetó. —No pasa nada, quédate. —Sam lo estaba pasando mal al intentar respirar con ese dolor—. ¿Josh? Duele Josh se puso de pie de momento y alcanzó el botón de llamada. Una vez más salió una vocecita del altavoz. —¿Puedo ayudarle? —¿Beth? Creo que Sam necesita algo. —Su voz temblaba de sueño y preocupación—. Tiene mucho dolor. —Voy para allá, Josh. Josh acarició el brazo de Sam de arriba a abajo. —Todo saldrá bien, Sam. La enfermera ya viene. —Josh odiaba ese sen miento de impotencia que tenía en el hospital. Quería ayudar desesperadamente pero no había nada que pudiese hacer. Sam solo alcanzaba a asen r y a intentar respirar a la vez que miraba a Josh. Podía sen r todas sus emociones. No se daba cuenta de que Sam podía ver todo lo que sen a. Todo el que mirase lo podía ver, pero normalmente la gente solo veía una cara bonita y se perdía todo lo demás.


Esos ojos expresivos tenían a Sam preso y era incapaz de decir no a su amigo. Lo más gracioso era que estaba seguro de que el único que no se daba cuenta era Josh. Porque, por supuesto, Josh no pensaba que fuese nadie especial. Sam estaba allí tendido reconfortado con las caricias de Josh. Sabía que tarde o temprano tendría que dejar que Josh volviese a su vida y perdería todo aquello. Pero en aquel momento pensaba que tenía derecho a ser egoísta y a disfrutar de ser el centro de atención de Josh, aunque fuese solo un momento. Josh levantó la mirada al escuchar pasos cerca de la puerta. Miró aliviado, cosa que a Sam casi le hizo reír. Su chico se preocupada por todo. «Su chico». Sam no estaba seguro de cuándo había empezado a pensar en Josh de esa forma pero desde que había empezado le era imposible parar. Le hacía querer mandar lejos a Evan y que nunca volviese. Le apetecía que se fuese lejos y que, ya de paso, se llevase a la puta de Stephanie con él. Dios, estaba jodido, pero en ese instante no le preocupaba. —¿Sam? ¿Sam? —Josh le sacó con cuidado de su ensimismamiento—. Esta es Beth. —Él asintió hacia aquella mujer pequeña y pelirroja que se le acercaba con una jeringa—. Tiene algo que te ayudará con el dolor. Todo lo que Sam logró hacer fue esbozar una pequeña sonrisa. —Me han dicho que no se encuentra muy bien, Sam. El doctor Harries dio el visto bueno a esto en caso de que lo necesitase. —Inyectó la morfina en su suero y comprobó los monitores antes de darle las buenas noches e irse cerrando la puerta. Los dedos de Josh recorrieron el pelo de Sam de nuevo. Era una de esas cosas que Josh hacía mucho úl mamente, incluso antes del disparo. Le encantaba ver cómo lo relajaba sin importar qué fuera lo que le atormentaba. Josh a veces decía que Sam era más un gato para él que una persona. —¿Lo vas notando? —Josh sentía cómo Sam se relajaba entre sus manos. —Hmm, sí. Tengo sueño. —Giró un poco su cabeza para dormir sobre la mano de Josh—. ¿Tu pesadilla? —Sí. Perdona por despertarte. —Sabía que debía intentar dormirse otra vez pero quería asegurarse de que Sam se dormía primero. —¿Qué has soñado? —La voz de Sam era más suave que un susurro. —Después, te lo cuento lo prometo. Ahora duerme. Sam asintió, sus ojos ya estaban cerrados. —De acuerdo. Josh sen a una presión en el pecho y miró a su amigo. Sam parecía tan vulnerable e inocente y Josh solo quería tomarle entre sus brazos para protegerle de todo. Pero Josh no tenía derecho a hacer eso. Sabía que tarde o temprano Sam volvería a estar con Evan y él tendría que plantar cara a su problema con Stephanie y dejarla.


Josh no tenía ninguna posibilidad de volver a dormirse aquella noche. No tenía ganas de vivir lo que le esperaba. Terminar una relación no era fácil para nadie, y suponía que esa era la razón por la que seguía con Stephanie todavía. Cuando empezaron a salir él pensó que era dulce y cariñosa… Y lo fue…, durante un empo lo fue. Pero cuando se mudaron para vivir juntos las cosas cambiaron. Siempre había sido un poco posesiva pero pronto pasó a ser la que planeaba por los dos y él tenía que renunciar a sus propios planes. Sen a que no había visto a su amigo en un millón de años. Más tarde se dio cuenta de que había estado evitando ver a su familia porque Stephanie no se llevaba bien con ellos. Pero había sido re cente a terminar la relación… Hasta aquel momento. El ver cómo casi pierde a Sam le había hecho darse cuenta de que había estado usando a Stephanie como una pantalla entre él y aquella bonita persona que permanecía en el hospital. Lo que había entre ellos, fuera lo que fuese, había empezado desde el momento en que se conocieron y era más fuerte cada día. Le daba miedo. Nunca antes se había visto atraído por hombres, aunque siempre había apreciado la belleza del cuerpo humano en general. Así que no pensaba que esto fuera un sen miento hacia «los hombres» sino más hacia «Sam», una atracción por él. Pero no estaba disponible, tenía un novio al que amaba y Josh estaba usando a su novia para no hacer algo que estropease lo que tenían. Tenía que parar aquello. No era justo para Stephanie, y Josh nunca se había escondido de sus problemas. En cuanto llegasen los padres de Sam por la mañana iba a ir al apartamento e iba a dejarlo con Stephanie. Su única preocupación por ahora era Sam y su recuperación. Stephanie se merecía saber aquello. Josh miró a su amigo con cara de sueño. —Tengo que ocuparme de un par de cosas, Sam. —Sonrió—. Si me sueltas la mano, claro. Se sentó de nuevo en el sillón e intentó ponerse cómodo. Miró su reloj, eran las cuatro de la mañana. Debería relajarse un poco hasta que Mary y Kenneth llegasen. No se dio cuenta de que se durmió otra vez hasta que la enfermera entró tres horas después para vaciar el catéter de Sam y comprobar su suero. Abrió sus ojos y vio esos ojos color avellana mirándole. —Hola. —La voz de Sam aún era ronca pero ya empezaba a ser más él. —Hey. ¿No deberías seguir durmiendo? —Le impresionó ver cómo seguían con las manos aferradas la una a la otra. —No sé. —Se encogió de hombros. Josh retiró su mano con cuidado y le hizo gracia cómo Sam hacía una mueca de enfado. —Solo uno de nosotros ene un catéter. —Vio cómo la expresión de Sam cambió de


sonrojarse, a estar molesto con el recordatorio. Josh le acarició el brazo. —Voy a ducharme de paso ¿de acuerdo? Sam asintió. —Buena idea… Hueles. —Quería mantenerse serio pero no pudo y al final se rio. —Que te den, Peterson. —Josh dio vueltas por la habitación buscando su kit de afeitado y su bolsa de aseo y se metió en el baño. Sam vio cómo se cerraba la puerta y suspiró. —Ojalá… Consiguió alcanzar el mando a distancia que seguía sobre la cama y encendió la televisión. Estaba cambiando de canal buscando el Discovery Channel cuando escuchó cómo abría el grifo de la ducha. El pensar que Josh estaba solo a unos metros mojado, desnudo y con su piel dorada llena de jabón, hizo que el corazón de Sam se alterase. En otras circunstancias se habría puesto erecto, pero el catéter y las medicinas se aseguraron de que se comportara bien. Mejor así en realidad. Una erección en aquel momento hubiese sido di cil de esconder cuando Josh saliese de la ducha. Sam cerró sus ojos y empezaba a quedarse dormido cuando escuchó la puerta del pasillo abrirse. Abrió los ojos y vio a Evan allí de pie. Suspiró. Sam tenía la esperanza de romper con Evan cuando Josh no estuviese cerca. —Hola, Evan. —La garganta de Sam seguía molestándole por lo seca que estaba. —Hola, Sam. Me alegra verte despierto. Sam asintió. —Siento no haber estado aquí. —Parecía realmente arrepen do por un segundo—. El idiota de tu amigo no me ha dejado entrar. Sam le miró intentando ver a esa persona a la que una vez amó pero no encontró ningún resto de ese sentimiento. —¿Por qué, Sam? ¿Por qué era él el que tomaba las decisiones? Sé que estás enfadado conmigo, pero ¡yo te quiero! Sam tuvo que resoplar y negar con la cabeza. —Si me quisieras nunca me habrías engañado. —Pero cariño, fue un accidente. Yo estaba borracho y la chica se aprovechó de mí. —Evan puso su mejor cara de culpabilidad. —Ella no se encontró con tu polla por accidente, Evan. —Su garganta estaba realmente seca. No debería haber hablado tanto. Evan estaba empezando a enfadarse de verdad. Pensaba que habían superado lo de los cuernos hacía meses. Miró hacia arriba y se dio cuenta de que venía un ruido de la ducha.


—Sigue aquí… ¿todavía? ¿Nunca se va a su puta casa? —Evan andaba por la habitación agitado—. Todo esto es culpa de Josh. Te está me endo toda esta mierda en la cabeza. ¿Crees que te quiere de verdad? Evan empezaba a subir la voz, más y más agresivo y Sam se estaba preocupando. Sabía que no le heriría sicamente, pero su comportamiento le traía a la memoria algunos malos recuerdos. —Cuando deje de sen rse culpable, volverá con su novia y a su vida de hetero y te dejará solo. ¿Eso es lo que quieres? ¡Porque eso es lo que va a pasar! Evan se acercó a la cama de Sam, tenía la intención de hacerle comprender que Josh nunca abandonaría toda su vida por él. Sam no podía hablar, su garganta estaba demasiado seca. Quería defender a Josh y decirle a Evan que se largase pero no podía. Siguió mirando el vaso de agua pero no podía alcanzarlo. —Contéstame, ¡Sam! ¿Es eso lo que quieres? ¿Quieres renunciar a todo lo que teníamos por algo que nunca va a pasar? ¿Todo por un polvo que eché y que no significó nada para mí? Agarró a Sam por los brazos, como si quisiera que entendiese al agitarlo. Ese fue su úl mo error. Recién duchado Josh se estaba preparando para afeitarse cuando escuchó cómo Evan le gritaba a Sam. Con tan solo una toalla, salió corriendo del baño justo a empo para ver cómo Evan confesaba lo que había hecho y movía a Sam. Josh perdió el control. Corrió tras Evan con la cara desencajada. Aterrado, Evan soltó a Sam y empezó a re rarse con las manos en alto pero a Josh le dio igual. Sam veía desde la cama cómo Josh avanzaba hacia Evan y se asustó. Sabía que Josh estaba en el límite de cansancio y preocupación y parecía que iba a matar a Evan. Sam intentó hablar pero era inútil así que decidió pulsar el botón de ayuda y le dio una y otra vez. Josh agarró a Evan por el cuello de su camisa y lo empotró contra la pared. Sam se preguntaba qué significaba que le excitase tanto que Josh fuese tan violento al protegerle. —No vas a volver a tocarle así, ¡nunca! —La voz de Josh era tranquila y sonaba bajo control pero Sam le conocía bien y sabía que eso era más peligroso que cualquier grito. —Yo nunca… —Evan tartamudeó, sin saber qué decir para salir de aquella situación. Josh le retiró un poco de la pared para volver a golpearle. —¡Lo has hecho! Está ahí tendido con una herida de bala que casi le mata y tú estabas ahí gritándole y ¿agitándole? La cara de Josh estaba llena de furia, su pecho crecía por momentos y Evan supo que estaba metido en un lío. —Por favor, Josh… —Le pusiste los cuernos y —empezó a agitar a Evan—, ¿estás enfadado porque él está molesto? —Le agitaba con más fuerza y Evan intentó cogerle de las muñecas para intentar escaparse.


Pero incluso cuando hundió sus uñas en la piel de Josh este no le soltaba. Sam solo podía mirar aterrado cómo la sangre caía por los brazos de Josh. ¿Dónde coño estaba la enfermera? Miró alrededor para encontrar algo que distrajese a Josh de Evan antes de que alguno saliese seriamente herido. Vio una cuña metálica en la mesita y se es ró para alcanzarla ignorando el dolor que le causaba. Consiguió empujarle con el dedo y tirarla al suelo. ¡Clang! El efecto fue inmediato. Josh se giró para ver a Sam pálido y sudando. Soltó a Evan y en dos pasos estaba junto a él. Se quedó ahí plantado y avergonzado. Todo su cuerpo temblaba. —Lo siento, ya me voy…—Se giró para irse pero Sam agarró su mano y dijo que no con la cabeza. Sam señaló la jarra de agua con su mano libre. Josh le llenó un vaso y se lo dio para beber rápidamente. —¿Qué coño está pasando aquí? —preguntó Beth a la vez que entraba y miraba a Evan que casi no se tenía en pie—. ¿Qué hace aquí, señor Woods? Evan miró a los otros dos hombres. Ni siquiera se habían parado a mirar a la enfermera cuando entró. Josh estaba demasiado ocupado cuidando de Sam y este a su vez estaba ocupado intentando que Josh no se acercase a Evan. Ya no había sitio para él. —Yo ya me iba. —Se estiró, se colocó el pelo y la camisa y se dirigió a la puerta. Se giró para mirar a Josh y a Sam. Ambos le miraban. —Me alegro de que vayas a recuperarte. Creo que no te lo he dicho y debería haber sido lo primero que dijese. —Miró a Josh—. Llevabas razón, y yo no, en todos los sen dos. Es bueno que te tenga a su lado. Ambos asintieron y Evan se fue con el poco de dignidad que le quedaba.

—Lo siento, Sam. —La voz de Josh era suave y llena de arrepentimiento—. No debí haber perdido el control. Sam negó con la cabeza. —No pasa nada, no fue culpa tuya. —Se movió en la cama hacia un lado lo mejor que pudo y le dijo a Josh que se sentase. Josh hizo lo que le pedía. Sam agarró su mano y examinó las señales de las uñas que Josh tenía en el brazo. —No es nada, no te preocupes. —Josh intentó no darle importancia a las heridas. Sam le ignoró y llamó a la enfermera para que se acercase. Cuando vio las señales de las uñas


de Evan, se estremeció. —Madre mía, parecen bastante dolorosas. Ahora vengo, tenemos que limpiarlas. —Y salió corriendo de la habitación. Sam miró a Josh. La toalla que envolvía sus caderas se había ensanchado y se le caía un poco. Los ojos de Sam se le fueron a los abdominales brillantes y al vello que sobresalía por encima de la toalla y desaparecía por debajo. Era tan hermoso que no podía ser verdad. —¿Sam? —¿Sí? —Sam miró aquellos ojos azul radiante. —¿Hmm? —Sabía lo que Josh le iba a preguntar pero no sabía cómo responder—. ¿Por qué no me contaste lo que hizo? —Parecía dolido e hizo que Sam se sintiese fatal. Sam se encogió de hombros. —Por vergüenza. —¿Qué? ¿Por qué? Es un idiota, Sam. No has hecho nada para merecerte eso. —Quizás sí. —Sam miró sus manos entrelazadas. —¿Qué quieres decir? —Josh estaba confundido. —Josh… Creo que yo… —Su conversación se cortó al llegar Beth seguida de Nicole. —Buenos días chicos. Me han contado que habéis tenido movida esta mañana. —Se movió por la habitación, comprobó los monitores y cambió la bolsa del catéter de Sam—. ¿Estáis bien los dos? —Sí, estamos bien. —No le gustó el tono derrotista de la voz de Josh. —Josh, quizás quieras ves rte antes de que entre más gente. — Sonrió conforme lo decía esperando animarles un poco—. Alguien como por ejemplo ¿los padres de Sam? Cuando Josh se sonrojaba era adorable. —Eh, sí, claro. —Empezó a levantarse pero Sam le paró. —¿Los brazos? —Su voz empezaba a aclararse un poco. Beth se acercó con una toalla y un poco de gasa. Josh siseó al sen r el an sép co en las heridas. —Wow, ¿Evan te ha hecho eso? —Nicole no estaba demasiado contenta. Su primera tarea era averiguar cómo Woods había conseguido pasar por delante del guarda de seguridad. Josh se encogió de hombros. —No es nada. Yo tampoco me comporté demasiado bien. Sam miró incrédulo. —Josh es un niño grande. Nicole no sabía qué era más gracioso si la frase de Sam o los pucheros de Josh. —Bueno, sea lo que sea creo que necesitamos menos movimiento por aquí. Voy a hablar con seguridad. —No volverá. —Sam no parecía muy enfadado al respecto.


La enfermera terminó de atender a Josh y se marchó. —Ahora sí, voy a vestirme. Sam le miró con lujuria. —A mí me gusta ese atuendo. Josh le dio en el brazo. —Corta el rollo. —No estaba seguro de si algún día dejaría de sonrojarse. Se dirigió al baño y entró cerrando la puerta. Nicole miró a Sam. Estaba claro que algo preocupaba al enfermo. Nicole estaba segura de que no tenía nada que ver con romper con su novio. Se acercó a la cama. —¿Estás bien, Sam? —Puso su mano sobre su brazo. La miró y asintió mirando a la puerta del baño. —Me siento mal, pero más por él. —Lo sé. Pero Sam, sabes que realmente le importas, ¿verdad? Estaba destrozado cuando te dispararon. Sam sonrió. —A mí él me importa mucho también. —Volvía a tener tan solo un susurro de voz. —Deberías decírselo. Creo que te sorprendería su reacción. —Salió de la habitación—. En serio, Sam. La miró sin dejar de pensar. —Quizás. —Descansa. Volveré cuando la doctora Harris haga su ronda. —Desapareció a la vuelta de la esquina y la puerta se cerró tras ella.


9. Cuando Josh se hubo ves do, salió del baño y encontró a Sam solo, casi dormido. Se dirigió a la cama, era incapaz de resis r la tentación de quitarle a Sam el pelo que le caía sobre los ojos. Sabía que la mayoría de las fans le preferían con el pelo corto, pero a Josh le gustaba así de largo y sedoso. Hacía que Sam tuviese un look más cariñoso y parecía más joven. Los ojos de Sam se abrieron cuando Josh le tocó. Su cara de sueño se encontró con la de Josh. —Hola. —Hola. ¿Estás bien? —La voz de Sam era espesa debido al sueño. —¿No debería ser yo el que preguntase eso? —Josh le sonrió mientras le peinaba con la mano. —Estoy bien… Solo cansado. —Esas respuestas tan cortas empezaban a molestar a Josh. Echaba de menos cuando Sam hablaba y hablaba sobre el mismo asunto. —Debes estarlo después de la mañana que hemos tenido. —Dio con sus nudillos suavemente en la mejilla de Sam—. Duérmete un poco. Cuando tu familia venga, yo voy a irme un rato, ¿de acuerdo? Sam hizo una mueca inmediatamente. —¿Por qué? —En cualquier otra situación hubiese sido demasiado orgulloso para preguntar. —Tengo que ocuparme de una cosa. Volveré en cuanto pueda. Lo prometo. —Pasó sus dedos sobre el pelo rubio y grasiento de Sam. Necesitaba un lavado urgentemente pero a Josh no le importaba. —Vale. —Sam suspiró—. Te echaré de menos. —Se estaba dejando llevar rápidamente. Josh sonrió. —Yo también a ti, Sam. La respiración del otro hombre ya se había apaciguado. Al sentarse en el sillón para esperar a los padres de Sam se dio cuenta de que Sam había enrollado su mano en la camisa de Josh. Intentó soltarla y se sentó. Sam no era el único que estaba cansado. Josh no pudo resis rse y se echó una pequeña siesta mientras esperaba. Se despertó al oír la puerta abrirse y abrió los ojos todo lo que pudo para ver a Mary y Kenneth entrando en la habitación. Josh se levantó despacio y se dirigió a la puerta. —Buenos días, Josh. ¿Cómo está Sam? —La voz de Kenneth era suave, intentaba no despertar a su hijo.


—Está cansado. Ha habido bastante movimiento esta mañana y creo que ha podido con él. —Josh susurró. Aún se sentía culpable por su pelea con Evan. —Sí, nos hemos enterado. Nicole está intentando buscar al culpable que dejó que Evan entrase. —Kenneth miró hacia el suelo—. Supongo que ya te has enterado, ¿no? —¿Sobre la infidelidad de Evan? Sí. Aunque no lo entiendo. ¿Cómo pudo hacerle eso a Sam? Mary sonrió al ver la cara de confusión y decepción de Josh. Aquel hombre era realmente especial. Se fue hacia la cama, colocó la manta que cubría a su hijo y le quitó el pelo de la frente. Josh y Kenneth siguieron hablando suavemente. —Nos decepcionó a todos, Josh. Pero creo que Sam no está destrozado en absoluto. Josh pensó en las palabras de Kenneth y se dio cuenta de que llevaba razón. En la visita de Evan, Sam estaba más preocupado por Josh que por lo que Evan había hecho. Josh habló de nuevo. —Sigo sin entender una cosa. ¿Por qué siguió con él? Nunca pensé que una persona como Sam soportase esa basura de nadie. A Kenneth le encantó la forma en la que Josh defendía a su hijo. —Supongo que esa es una de las cosas de las que tendréis que hablar. Pero por ahora déjalo estar, Josh. Tengo la sensación de que aún no tiene fuerzas para ese tipo de conversación. Josh estaba confundido pero asintió mostrando que estaba de acuerdo. —Vale. —Miró cómo Sam dormía y con núo—: Em, yo tengo que marcharme un rato. Hay algo que tengo que hacer en casa. —Josh estaba un poco dudoso y no sabía cómo abordar el siguiente asunto pero se decidió a pesar de que podía no ser interpretado correctamente—. Cuando vuelva, me gustaría hablar con go y con Mary de la recuperación de Sam… Y ya vemos desde ahí. Kenneth solo asintió, no parecía pensar que eso le involucrase a él. —Claro, ya es hora de que nos ocupemos de eso. —Miró a su hijo y volvió a mirar a Josh—. ¿Vas a hablar con Stephanie? Josh suspiró. —Sí. Ya es hora. La cosa lleva empo sin ir bien y este horrible incidente me ha hecho darme cuenta de que no somos lo que deberíamos ser el uno para el otro. —Bueno. Buena suerte entonces. ¿Sam sabe que te vas? —Se lo dije antes de que se durmiese pero estaba bastante cansado así que quizás tengáis que recordárselo. Kenneth se rió. —Tiende a ser bastante atolondrado cuando duerme incluso cuando está sano. —¡Qué me vas a contar! Intenta trabajar con él a las 6 de la mañana en el estudio. Prác camente tengo que meterle el café en la boca para que empiece a funcionar. A veces tengo que darle eso y una magdalena doble de chocolate. —Josh se rió pensando en Sam con


un subidón de azúcar. No había nada más irritante…o adorable. —Bueno, tómate tu empo, hijo. Estaremos aquí cuando vuelvas. —Kenneth no era tan tonto como para decirle a Josh que se tomase un poco más de empo. Sabía que sería inú l de todas formas. Josh se pasó la mano por el pelo y le ofreció a Kenneth una amarga sonrisa. —Gracias. No creo que me lleve mucho. Kenneth sonrió con compasión, y le dio unos golpes en el hombro antes de girarse y unirse a su esposa junto a la cama de Sam. Josh miró por úl ma vez a Sam y salió de la habitación. Todo apuntaba a que sería un día largo.

Cuando Josh salió del taxi delante de su edificio le pareció que habían pasado años desde la úl ma vez que estuvo allí. Entró y subió las escaleras deseando que hubiese un ascensor que le llevase al cuarto piso. No era la primera vez que lo deseaba. Conforme cruzó el ves bulo para dirigirse a su puerta pensaba en qué le diría a Stephanie pero no encontró las palabras adecuadas. No había ningún ruido al abrir la puerta pero no le pareció raro porque a Stephanie le gustaba aprovechar para dormir en los fines de semana y era domingo. Dejó sus llaves en el mueble de la entrada y se dirigió a la cocina. Abrió el frigo y cogió un cartón de zumo de naranja y se sirvió un vaso. Después de bebérselo puso la cafetera y se hizo una tostada. Una vez listo, se dirigió al salón, encendió la televisión y cambió de canal sin ningún obje vo. Se quedó allí viendo la tele y comiendo en silencio esperando a que Stephanie se levantara. No le sorprendió que ella se despertase media hora después al oler el café recién hecho. Se fue a la cocina y se sirvió una taza de café. Después se sentó con Josh pero en el lado opuesto del sofá. —Pues… —Josh no sabía cómo empezar. Ella resopló. —Ya lo sé. —Ella bebió de nuevo—. Todo se ha ido a la mierda, ¿verdad? Josh miró hacia abajo, girando sus dedos por encima de sus piernas. Esas mismas manos habían estado tocando a Sam constantemente en los últimos tres días. —Sí, la verdad es que sí, Steph. —¿Sam está bien? —No aún no, pero lo estará. —Me alegro… Y Josh… Siento que resultase herido. —Se veía que estaba siendo sincera. —Yo también.


Josh empezó a temblar y Stephanie en seguida soltó su café y le abrazó. Él empezó a soltar todo su enfado y ella le susurraba palabras reconfortantes para calmarle. Pronto logró calmarle y empezó a hablar con ella. —No es tu culpa, Josh, —dijo con firmeza—. Fue de ese chalado. Él es el único que ene la culpa. Y seguramente Sam piense lo mismo. Josh asintió. —Sí, piensa lo mismo. Yo tenía mucho miedo, ¿sabes? Sabía que iba a pasar algo incluso antes de que se acercase a nosotros…, pero ya era demasiado tarde. Ella se sentó y le dejó seguir. Asentía a todo lo que decía y tomó de nuevo su café. —Ya, me imagino. Él la miró y suspiró. —Esta no era la forma en la yo quería terminar lo nuestro. Stephanie sabía que no se refería solo a la conversación. —Ya, yo tampoco. —Se levantó y se dirigió a la cocina para echarse otro café—. Haré las maletas y me iré a casa de mi hermana más tarde, —dijo al volver de la cocina—. Creo que unas semanas en Boston me sentarán bien. —No tienes que irte Steph, este es tu apartamento también. Ella le sonrió. —No, este es tu apartamento Josh. Tú ya vivías aquí. Volveré más tarde y recogeré el resto de mis cosas. —No sé qué decir aparte de que lo siento. —No lo sientas, cariño. Queremos cosas diferentes de la vida. Yo soy una persona impaciente y quiero las cosas inmediatamente mientras tú pareces tener toda la paciencia del mundo cuando quieres conseguir algo. Ella se giró y él se quedó de pie para plantarse cara a cara con ella. —Algún día, Josh Kelly, serás un actor o director famoso y yo podré decir «yo le conocí cuando…», y estaré orgullosa de decirlo. —Le sonrió—. Pero ahora mismo, creo que necesito alguien para quien yo sea lo primero. Soy un poco egoísta en ese sentido. —Nunca quise…—Le costaba pronunciar aquellas palabras. —Lo sé, Josh. Si pensara que me has u lizado estaría muy enfadada. O qué coño, quizás me sentiría mejor, pero sé que nunca hiciste algo así. Respiró profundamente. —Entonces, ¿vas a traerle aquí para que se recupere? ¿O va a volver a casa con Evan? —No, con Evan no, eso ha terminado. Hoy me he enterado de que le puso los cuernos. Aún intento entender porqué lo hizo. —Josh movió su cabeza muy confundido. Stephanie tenía su propia teoría. —Bueno, me alegro de que lo haya dejado. ¡Ese tío es un completo idiota!


Josh la miró con sorpresa. —Pensaba que te gustaba Evan. Ella hizo una mueca. —¿Bromeas? Siempre me miraba como si yo fuera parte del menú de postres. Es un estúpido engreído. Una risa casi histérica salió de Josh. Habían pasado tantas cosas que no lograba centrarse en nada. —Sigues sin responder a mi pregunta. ¿Se viene aquí entonces? Josh movió su cabeza. —No, no creo. Hay demasiadas escaleras. Necesito encontrar un si o mejor. Pero no sé dónde. Eso es si sus padres acceden a que yo cuide de él. —Josh, sus padres ya besan la erra que pisas. —Se detuvo a pensar un momento—. ¿Qué tal en Kismet? —¿La casa de mis padres de Fire Island? —Lo pensó un segundo—. ¿Sabes?… Puede que esté bien. —Se inclinó y la besó en la mejilla—. Eres brillante. Stephanie se sonrojó y movió su cabeza. —Si fuese tan lista te habría dejado ir hace empo. —Le miró especulando—. ¿Le has dicho ya lo que sientes? Josh suspiró. —¿Cómo voy a decirle nada, si ni yo sé lo que siento? —Creo que sí lo sabes pero te da miedo admi rlo. ¿Puedo preguntarte porqué? ¿Te da miedo que afecte a tu carrera? —Puso la mano sobre su rodilla intentando mostrarle que no le juzgaba. —No, la verdad es que no —respondió—. Me preocupa perder mi amistad con él y no creo que pudiera vivir sin ella. —Oh, Josh, cariño, no vas a perderle. La forma en la que te mira…, hace que siempre esté celosa. Ese hombre te quiere Josh. Estoy segura. —Bueno, querer a alguien y estar enamorado son dos cosas diferentes, Steph. Ella se rió. —Sí, creo que de eso ya nos hemos dado cuenta, ¿no crees? Entonces él se sonrojó. —Escucha, Josh, te conozco desde hace dos años, y una de las cosas que más me gusta de es tu determinación y tu valentía. Nunca te ha dado miedo correr ningún riesgo. Ella se levantó y empezó a caminar de un lado a otro. —Dios, todo esto ha sido un riesgo desde el principio. Ser parte de una de las parejas masculinas de estos días, es decir, podría haber acabado con tu carrera, y yo he sido egoísta todo el empo y te lo he estado recordando. —Ella se giró y le sonrió—. Pero ahora es


diferente y puedes triunfar. Ahora enes fans alrededor del mundo y una película que se va a rodar. Apostar suele funcionarte, ¡no abandones! Josh le sonrió. Le recordó a la Stephanie que conoció hacía tiempo. —Puede que tengas razón. Pero que Sam se recupere es lo primero. Y gracias a ahora tengo un plan. —Bien. Voy a llamar a mi hermana y a empaquetar unas cosas. Quizás deberías llamar a tus padres, ¿no crees? Él asintió. —Esa es una buena idea. Gracias. —Se dirigió a ella y la abrazó—. Espero que podamos ser amigos. —Ah, el viejo cuento de «seamos amigos». Me ofendería si pensase que no lo sientes, pero sé que lo dices de verdad. —Ella le abrazó con fuerza durante un segundo y después le echó hacia atrás—. Dame un poco de empo para que me olvide de lo que siento. No será fácil. — Ella le sonrió—. Pero no te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo. Josh se rió con fuerza. —¿Steph? ¿De verdad piensas que alguien podría mantener a Sam en secreto si realmente le quiere? Ella se rió con él. —No, la verdad es que no. El muchacho no es precisamente un niño retraído. —Su expresión cambió un poco—. Pero es un hombre bueno y la persona que creo que mereces. Espero que todo te vaya bien. —Gracias. Se quedaron ahí quietos un segundo, mirándose, y después Stephanie le guiñó un ojo y se dirigió al dormitorio, dejándole solo con sus pensamientos. Josh sacó su teléfono para llamar a sus padres. No esperaba que nadie se mostrase descontento con sus planes. Aún así tenía que hablar con los padres de Sam. Esperaba que le quisieran tanto como todo el mundo pensaba porque eso haría las cosas más fáciles.

Después de conseguir el permiso de sus padres para usar la casa de Fire Island para que Sam se recuperase, se dirigió al hospital. Condujo él mismo y paró para comprar un café decente y un sándwich en su enda favorita. Su ape to parecía estar volviendo y por fin podía comer algo que no fuese comida de hospital. Aparcó justo frente al hospital y comió pensando en todo lo que había cambiado en esa semana. Era demasiado poco empo para cambiar tanto pero sabía que muchas de las cosas que habían cambiado eran cosas que tenía en mente hacía tiempo.


Stephanie llevaba razón. Sam merecía que se arriesgase. Y Josh sabía que probablemente debería tener miedo pero estar enamorado de su mejor amigo era disfrutar de lo mejor de este mundo. Josh sabía que pasara lo que pasase Sam seguiría siendo su amigo. Sonreía conforme salía del coche, perdido en su propia felicidad. Seguramente esa fue la razón por la que no vio al periodista y al cámara acercársele hasta que era demasiado tarde. —¿Señor Kelly? ¿Josh? Ka e Miles, Canal Uno No cias de Nueva York. ¿Me puede prestar un minuto de su tiempo? Se giró frunciendo el ceño. —No, no lo creo. —Intentó seguir andando. —Por favor, Josh… Por tus fans. Josh respiró profundamente, deseaba que hubiese algún publicista de A la caída de la tarde para que llamase la atención de la periodista. Él se paró, y le permitió alcanzarle. —Disculpe, no he entendido su nombre. —Ka e, Ka e Miles y este es Colin Markerson. —Agarró un micrófono que le ofrecía el cámara—. Solo tengo un par de preguntas, no llevará más de… —Señorita Miles, estoy seguro de que está al corriente de lo que pasó la úl ma vez que me paré a hablar con un extraño en la calle así que tendrá que disculparme si no estoy recep vo para responder a muchas preguntas ahora mismo. La joven parecía algo molesta y no dijo nada más. Josh miró a la cámara que estaba enfocándole. —Para que quede constancia, estoy bien. Sam se recuperará también y ambos agradecemos mucho la ayuda de nuestras familias y amigos en este momento tan traumá co. Y sé que nuestros increíbles fans en enden que ahora mismo necesitamos algo de empo para nosotros. Espero que los medios respeten nuestra privacidad. Muchas gracias. Dicho eso se giró, se fue ignorando a la periodista y entró en el hospital.

Se dirigió a la habitación de Sam. Estaba deseando verle de nuevo. Se quedó en la puerta al escuchar a los padres de Sam hablándole. No quería interrumpir. —Sam, solo pensamos que deberías volver a casa con nosotros para recuperarte —dijo Kenneth—, al menos durante un tiempo. —Pero ahora mismo no quiero ir a casa. Además vosotros os ibais a casa de Derek y si vais pronto quizás incluso lleguéis antes de que el bebé nazca. —Sam, sé que quieres recuperar tu independencia pero seamos honestos. Evan y tú ya no estáis juntos —Mary intentaba hacerle entrar en razón lo mejor que podía—, y tú vas a


necesitar mucha ayuda en las próximas semanas. ¿Quién va a cuidar de ? Podemos esperar unos meses hasta que conozcamos al bebé. —Pero no quiero que esperéis… No por mi culpa. Puedo contratar a una enfermera a través del programa de cuidados del hospital. Estoy seguro de que Evan dejará que me quede en el apartamento. Sonó más inseguro de lo que quería y veía cómo su madre iba a intervenir de nuevo. Josh entró en la habitación. —Yo cuidaré de él. —No había ni un atisbo de duda en su voz y todos lo sabían. —Josh, no, no enes que hacerlo… —El tono de esperanza en las palabras de Sam contrastaba mucho con las palabras emitidas. —Cállate Sam. Yo me encargo —dijo Josh, dirigiéndose a la cama y poniéndose delante de sus padres. —Mary, Kenneth, tengo un plan. Quiero llevarme a Sam a la casa de mis padres en Kismet, en Fire Island. Está a menos de una hora de aquí. He hablado con mis padres y la idea les parece bien. —Josh explicó y añadió—: Ahora es temporada baja así que todo está tranquilo y no hay escaleras… Podemos contratar a una enfermera para hacer lo que yo no pueda como curar heridas por ejemplo. Sintió cómo Sam ponía su mano sobre su cadera. —Si me lo permi s os prometo que Sam recibirá los cuidados que necesita, si eso es lo que quiere. —Miró hacia Sam para comprobar que sus ojos mostraban que estaba de acuerdo. —No sé, Josh. —Mary movió su cabeza de un lado a otro—. Sería pedirte demasiado. No estaba segura de que fuese la mejor idea pero no por lo que ellos dos pensaban. Ella sabía que Josh quería a Sam pero no estaba segura de que le quisiese de la misma forma que su hijo quería a Josh. Josh la miró a los ojos. —Nada que tenga que ver con Sam es pedirme demasiado. Me salvó la vida y, más que eso, es mi mejor amigo. Haría cualquier cosa por él, y esto no es algo que tenga que hacer, es algo que quiero y que necesito hacer. Sonrió a Kenneth, que estaba al lado de Mary con su mano sobre su hombro. —Os prometo que estará bien y que buscaremos ayuda si la necesitamos. Jared y May están cerca y podemos llamar a Paul también. Todos los del estudio se han ofrecido a ayudar y vosotros necesitáis estar ahí para ver a ese primer nieto. Josh bajó la mirada antes de encontrarse con los ojos de Mary otra vez. —Sé que le decepcioné una vez, pero no volverá a pasar. —Josh, tú no…—La voz de Sam se quebraba y perdía fuerza después de la discusión con sus padres. Josh se movió para llenar su vaso de agua y pasárselo a Sam. —Bebe un poco, Sam. Y no discutas conmigo. —Se volvió para hablar con los padres de Sam. Lo que quiera que fuese que vieron debió sa sfacerles. Miraron a uno y a otro en silencio


antes de asentir a Josh. —De acuerdo, si eso es lo que quieres, Sam, no hay problema por nuestra parte. —La madre de Sam se apoyó en el brazo de su marido y se levantó. —¿Josh? Vamos a buscar a Nicole para averiguar qué necesitamos para cuando den el alta a este chico. Josh miró a Sam. —¿Necesitas algo antes de que me vaya? Sam negó con la cabeza. —No, estoy bien. Además, papá está aquí si necesito algo. La mano libre de Josh pasó por el pelo de Sam una vez más antes de irse hacia la puerta seguido por Mary. Cuando se marcharon Kenneth preguntó:—¿Estás seguro de esto hijo? Sam le miró y asintió sonriendo con serenidad. —Sí papá, estoy seguro.


10. Los siguientes días pasaron rápido, ya que había mucho que hacer. La madre de Sam llamó a un servicio de limpieza de Fire Island para tener la casa Kismet limpia y ordenada. Josh pasaba su empo aprendiendo cómo cuidar de Sam y de sus necesidades especiales. También diseñó un plan con los promotores y escritores de A la caída de la tarde para explicar la ausencia de los dos actores. Connor y Philip se irían a Kansas para hacer un proyecto para las víctimas de un tornado. A través del servicio de referencias del hospital, Sam y Josh encontraron una enfermera que también tenía tulación de fisioterapia. Acordaron que dos visitas a la semana serían suficientes para las curas y terapia física. Unos días después de la visita de Evan, la doctora decidió que ya era hora de que se levantase y anduviese así que lo primero que haría sería retirar el catéter. Josh entendió que debía darles un poco de privacidad cuando la doctora sacó los guantes de látex pero Sam no le soltó la mano y no le dejó irse. Josh se quedó al lado de la mesita de noche sin apartar sus ojos de la cara de Sam y sonreía cuando este cerraba los ojos y no podía verle. Cuando terminaron, Nicole le enseñó a Josh cómo ayudar a Sam a sentarse y a incorporarse. Era un proceso doloroso y dejaba a ambos pálidos y sudorosos. Nicole también le enseñó cómo poner un ungüento resistente al agua sobre la herida para cuando se duchase. Josh sin ó alivio cuando se acordó que solo se ducharía cuando la asistente estuviese allí para ayudar las dos primeras veces. Los doctores insis eron en que Sam se quedase en el hospital cuatro días más a par r de esa semana. Los padres de Sam se fueron el día antes de que le dieran el alta. Estaban preocupados, pero sabían que Josh le cuidaría mejor que nadie. Esa noche Josh se acordó de la promesa que se hizo a sí mismo la primera noche en el hospital. Convenció a Nicole de que le dejase llevar a Sam al jardín del ático. Josh empujaba la silla de ruedas y los tres subieron en el ascensor. Josh ayudó a Sam a subir despacio los tres peldaños que llevaban a la puerta etiquetada como “tejado”. Nicole la abrió y Josh llevó a Sam a sentarse a uno de los sillones, con cuidado de que no chocase con nada al estar oscuro. Cuando se hubo sentado, Nicole les dejó solos recordándole a Josh que la llamase cuando estuviesen listos para bajar. —Josh, esto es increíble, el estar aquí fuera. Aunque está un poco oscuro. —Sam estaba confundido, no sabía porqué estaban allí. —Espera, ¡don impaciente! —Josh se levantó y le dio al interruptor que encendió todo el jardín. Era incluso más bonito de lo que recordaba.


—¡Wow! ¿Pero qué si o es este? —Los ojos de Sam no podían estar más abiertos. No quería perderse aquellas flores y árboles, todo levemente encendido por las pequeñas luces. El aire estaba cargado del aroma de las flores y después de una semana de olor a hospital, aquello le parecía el paraíso. Josh se acercó al borde donde había estado hacía una semana. —Es para doctores y enfermeras, para cuando no pueden más, ¿entiendes? Se giró para mirar el horizonte de Brooklin que ahora se podía ver por la oscuridad. Nueva York era su lugar favorito y no se imaginaba viviendo en ningún otro lugar. Aunque en ese momento le parecía que estaba un poco contaminado. —Aquella noche todo me pareció demasiado. —Seguía dándole la espalda a Sam—. Después de tu operación, mientras te tenían en el postoperatorio, tuve que escapar. Necesitaba un poco de aire y dejar de oler a sangre y desinfectante —le explicó—. La prensa estaba por todas partes cubriendo las salidas y me prome que cuando estuvieras mejor te traería aquí para enseñártelo. —Todavía no podía mirar a Sam—. Así que aquí estamos. Sam miró a su alrededor y vio todas las luces y flores. Alguien había traído un pequeño pulverizador de agua y el sonido era relajante. Entendía que eso ayudase a la gente a sobrellevar mejor los malos momentos del día a día. —Es precioso, Josh. Gracias. —Le sentó bien estar fuera de nuevo. —Necesito hablar contigo de algo.—Josh escogió esas palabras con cuidado—. Y antes de que lo haga quiero que sepas que creo que es una buena idea para los dos. —Se giró para mirar a Sam. —Me estás asustando, Josh. —Te diría que no enes que asustarte, pero te men ría. —Se acercó a Sam y se arrodilló delante de él—. Los doctores, tus padres y yo pensamos que necesitas ayuda. —Josh hizo un gesto hacia ambos—. Que ambos necesitamos ayuda. —¿Ayuda? —Que alguien nos ayude a superar lo que pasó, el disparo y todo lo que ha pasado después. Sam hizo una mueca con su nariz pensando en lo que Josh decía. —¿Quieres decir un loquero? Josh asintió intentando ver qué reacción tenía Sam. —¿Y crees que es buena idea? —La verdad es que sí. Sam, hemos tenido pesadillas, mirando a la gente intranquilos y asustándonos cada vez que alguien entraba en la habitación. Creo que algo de terapia nos vendría bien. —¿Podemos ir juntos? Josh sonrió. Él le había hecho la misma pregunta a Nicole la primera vez que le habló de aquello. —La mayor parte sí, pero probablemente tengamos que hacer sesiones individuales también.


Sam asintió pensando. —¿Has elegido a alguien ya? Josh negó con la cabeza. —No, pensé que podíamos hacer eso juntos. Pero tengo algunos nombres de terapeutas especializados en estrés postraumá co, y Nicole ene un amigo que puede que sea bueno para nosotros. —Confías mucho en ella, ¿verdad? —¿En Nicole? ¡Sí, mucho! Ha sido muy buena conmigo. Y con go. No creo que hubiese podido con todo esto si no es por ella. Ha dejado su familia de lado por nosotros y es honesta. Sam miró hacia las luces de Nueva York y Josh sabía que estaba pensando en lo que acababa de decir. Le dio el tiempo que necesitaba para pensar. —Vale. Lo intentaré —dijo Sam rompiendo el silencio—. Aunque solo sea para encontrar el modo de luchar contra las pesadillas. —Yo también. —La voz de Josh era baja y firme. —¿Estás listo para contármelas? Josh negó con la cabeza y se giró para sentarse entre las piernas de Sam, con la espalda apoyada contra la silla. —No aún no, pero lo hare en cuanto pueda. Sam jugó con los rizos del cuello de Josh. Se rió cuando Josh empezó a temblar de cosquillas. —¿Y qué pasa con Stephanie? —Aún no habían hablado de la ruptura. —Pensamos que era momento de dejarlo. Llevábamos mal un tiempo. —¿Y tú estás bien? Josh asintió. —Ella nunca va a ser feliz aquí. Tengo el presentimiento de que se irá a Los Ángeles. Creo que está destinada a algo distinto. —Lo siento —dijo Sam. Y lo sen a de verdad. No le gustaba mucho Stephanie, pero odiaba que Josh sufriese. —No estábamos hechos el uno para el otro. Me alegro de que seamos amigos. —Bueno…. ¿vas a ponerte profundo y a soltarme toda esa mierda ahora, Kelly? —Sam ró un poco del pelo de Josh y aquello disparó un sentimiento que no era precisamente de dolor. —No, supongo que estoy listo para superarlo. Sam sonrió con superioridad. —Vaya par de dos, ¿no? Josh sonrió. —¿Par de dos qué? —Aún no estoy seguro, pero te diré algo en cuanto lo sepa.


Josh se rió, dejando caer su cabeza para posarla sobre el muslo de Sam. —No me puedo creer que te den el alta mañana. ¿Estás seguro de que te quieres venir a Kismet conmigo? No es demasiado tarde para encontrar otro si o o a otra persona que te ayude si quieres. —Para, Josh. No hay ningún otro si o al que quiera ir, ni otra persona con la que prefiera estar. Confío en ti. —Josh podía sentir que Sam estaba siendo sincero así que lo dejó estar. Sintió cómo Sam se reclinaba suavemente detrás de él. —Qué ganas tengo de salir de aquí. Odio los putos hospitales. A Josh le sorprendía que Sam no se hubiese quejado hasta entonces. —Sí, estoy deseando sentarme y relajarme en algún si o que no tenga las paredes blancas y en el que no haya millones de personas alrededor. Sam asintió. —Sí, odio estar rodeado de gente constantemente. Necesito tiempo a solas. —Lo sé. —Josh levantó la mano y arrancó un hilo suelto de la bata de Sam—. Yo podría irme un tiempo si quieres. Cuando lleguemos a la casa. Siempre y cuando haya alguien contigo. Mierda. Aquello había sonado muy necesitado, ¿verdad? —Por el amor de… —Sam cogió a Josh del pelo y le giró para que pudiese ver su cara—. No necesito que te vayas, necesito que te quedes. Si alguna vez cambio de opinión, te lo diré, te lo prometo. Sam vio algo…, un destello de necesidad en los ojos de Josh, pero se fue al segundo. —¿Estás listo para volver? —¿Podemos quedarnos un poco más? Josh sonrió. —Sí, como quieras.

Al día siguiente llegó la doctora, lista para hacer un chequeo antes de darle el alta. —Vamos, fuera de aquí —dijo la doctora Harris estrechando las manos de ambos—. Necesitamos las camas para gente enferma. Josh no había podido dormir la noche anterior. Cuando Sam se tomó las medicinas y se me ó en la cama él empezó a empaquetar, dejando fuera solo lo que iban a necesitar. Creía en la teoría del pensamiento positivo. Le llevó un empo ves r a Sam con unos pantalones de chándal, zapa llas y una camisa vieja con botones de Josh. Se había probado una camiseta de las suyas pero le dolía mucho subir los brazos. Cuando terminaron, Sam estaba muy cansado. Mientras descansaba Josh llevó todas sus


pertenencias al coche y volvió para ayudar a Sam con la silla de ruedas ya que tenía que atravesar el vestíbulo. Nicole anduvo con ellos. Se pararon en la zona de enfermería para agradecerles su ayuda y firmar unos cuantos autógrafos. Las enfermeras estaba como locas, inves gando la cesta de fruta que le habían regalado a Nicole como agradecimiento. Ella había decidido compartirla con sus compañeros. Aunque parecía que la prensa había perdido el interés en su historia, Nicole les llevó por una salida lateral por si acaso y esperó junto a Sam mientras Josh traía el coche. —Entonces, Sam, ¿has pensado en lo que te dije sobre decirle lo que sientes a Josh? Sam asintió. —Lo hare, pero me da miedo… Ya sabes. —Lo sé, pero también creo que merece la pena que corras el riesgo, ¿no crees? —Él vale la pena. Sam ya se había dado cuenta de que Nicole era todo lo positiva que se podía ser. —Gracias, Nicole, por cuidar de nosotros. —Sam miró a la enfermera—. Josh dice que has renunciado a mucho de tu tiempo personal y lo aprecio mucho. —No te preocupes, Sam. Vosotros valéis la pena. —Levantó la vista y vio el coche salir y a Josh bajándose de él. Sacó la silla a través de las puertas correderas y esperó a que Josh se acercara—. Bueno, cuando os hayáis recuperado os espero en casa para cenar. Mi hija se muere por conoceros. Os prometo no dejarla daros mucho la lata cuando estéis allí. Le puso el seguro a la silla de ruedas y miró cómo Josh ayudaba a Sam a dar unos pasos para sentarse en el asiento de pasajeros. Era tan cuidadoso. Le trataba como si estuviera hecho de cristal. Se preguntaba cuánto empo soportaría Sam que fuese tan protector con él. Se rió al pensar aquello. Josh podría sobrellevarlo, estaba seguro. Una vez en el coche ambos la miraron. Josh habló primero y se dirigió a ella para abrazarla. —Muchas gracias por todo. Tenemos muchas ganas de ir a cenar contigo y tu familia. Ella se inclinó para hablar con Sam. —¿Estás bien vaquero? Sam asintió. —Estaré bien —dijo cogiendo su mano—. Gracias de nuevo Nicole. Si hay algo que podamos hacer por ti dínoslo. Ella se quedó pensativa antes de decir —Quiero una foto de Paul… sin camisa. —¿Para tu hija? —Sam se rió. —Em, sí, claro, para mi hija. —¡Nicole, me sorprendes!


—Sam, estoy casada, no muerta. Y ese hombre es de los que no se ven. Sam fingió enfadarse. —Yo pensaba que éramos tus favoritos. —Ah, claro que lo sois, creedme. —Se agachó y le besó en la mejilla—. Cuidaos chicos. Se volvió hacia la puerta del hospital y vio cómo Josh se metía en el coche. —¡Adiós! —Josh se despidió con el brazo y arrancó lentamente. Nicole rezó en silencio a su ángel de la guarda y se dirigió hacia el área de trauma.

El viaje a Kismet fue tranquilo. Sam estuvo dormido en el coche casi todo el

empo, debido

a todos los medicamentos que había tomado. Se durmió diez minutos después de salir. Normalmente tardaba casi cuarenta y cinco minutos en salir de la ciudad y llegar a Fire Island pero con el tráfico y la precaución de Josh por no hacer daño a Sam, tardaron hora y media. La mayoría de la gente llegaba a Fire Island, y se quedaban cerca del muelle o en las playas públicas mientras que los residentes y los que tenían una propiedad —como la familia de Josh —, tenían permisos especiales para conducir por el único acceso por carretera a la isla. Cuando llegaron a la casa gris con ventanas blancas no pudo evitar sonreír. Tenía muchos recuerdos de su infancia allí. —Sam… Hemos llegado. —Movió a Sam levemente y vio cómo abría los ojos lentamente. Era adorable cuando se despertaba. Parecía que tenía cinco años. —Mmm, ¿ya? —Sam se sentó haciendo un gesto de dolor. Miró alrededor—. Hey, ¡no me dijiste que estaba justo en la playa! —Sus ojos se encendieron como si fuera el Cuatro de Julio. —Sí. Mis padres compraron la casa cuando yo era pequeño. Me encantaba pasar aquí los veranos. —Puedo entender por qué. —Sam abrió la puerta del coche pero esperó a que Josh le ayudase a salir. Le había prome do a Josh que le dejaría ayudarle y quería mantener esa promesa. Josh le ayudó a salir del coche y fueron lentamente hacia la puerta de la casa. Apoyó a Sam contra la puerta un momento para coger la llave que había debajo de la canasta llena de astillas y abrió la puerta. El servicio de limpieza que su madre contrató había estado allí quitando el polvo y pasando la aspiradora. También habían hecho la compra y habían llenado la nevera y la despensa. Josh se agachó y ayudó a Sam a quitarse los zapatos. Después le llevó lentamente al salón. Había mucho sol y transmitía alegría. A Sam le encantó el lugar de inmediato. —Josh, esto es increíble. Su amigo asintió. —Lo sé. Cuando veníamos aquí en verano era lo mejor de todo el año.


Josh ayudo a Sam a ponerse cómodo en el sofá antes de sacar todas sus cosas del coche. Paul vendría al día siguiente con más ropa y cosas de aseo pero por el momento tenían suficiente. Cuando Josh trajo las bolsas acomodó a Sam en la habitación de sus padres. Escogió aquella habitación porque tenía camas ar culadas que permi an subir y bajar la cabeza y los pies. Sería más cómodo para Sam que otra cama en la que tuviese que tumbarse. —Tío, esto es un poco raro. No puedo dormir en la cama de tus padres. Josh se rió con ganas. —Que te jodan princesita. Era lo más fácil. —Señaló a la cama—— Era esto o traernos una cama de hospital aquí. —Vale, pero espero que haya sábanas limpias. —Sam se sentó en la cama, miró a su alrededor y sonrió al ver una cristalera que daba a un porche cubierto. —Oye, Josh, ¿podrías abrir la cristalera? Creo que me voy a tumbar aquí y a relajarme un poco. Josh se dirigió a la cristalera y abrió uno de los lados. Volvió hacia Sam y le ayudó a quitarse los calce nes y a tumbarse en la cama. Josh le levantó la cabeza para que el pecho no le presionase. Cogió una manta azul de encima de una silla y cubrió a su amigo antes de sentarse al filo de la cama. —¿Necesitas algo? ¿Algo de beber o alguna pastilla? Sam sonrió tímidamente. —No, estoy bien. Josh resopló. —Eso no es lo que me han dicho. —Idiota. —Sam le dio un golpe a Josh en la pierna—. Odio estar tan cansado todo el tiempo. Josh puso su mano de nuevo sobre el pelo de Sam. —Lo sé, pero no es para siempre. Eres demasiado cabezón para que te dure. —Hmm, eso es verdad —Sam estaba casi dormido de nuevo—. Gracias Josh. —De nada. —Susurró las palabras mientras Sam se entregaba a Morfeo.

Una vez Sam se hubo dormido Josh salió de la habitación y se dirigió a su an guo dormitorio. Era gracioso que no hubiese cambiado en todos estos años. Posters de Los Beatles, Dave Ma hews, Aerosmith, y The New York Knicks se alineaban en las paredes, y había un par de trofeos del instituto en una estantería encima de la cama. Carteles deteriorados del club de teatro y algunas fotos de viejos amigos estaban pinchados en la tabla de corcho encima del armario. Cuando hubo guardado y recogido sus cosas, Josh fue a la cocina y se hizo un sándwich.


Encontró todo lo que necesitaba para hacer una sopa de pollo en la nevera y puso una olla a hervir. Después de tantos días de comida de hospital necesitaba algo sano y sabroso. Josh encendió la radio pero la mantuvo baja. Lo que tenía que hacer era fácil, cortar y hervir a fuego lento. Así podría dejar su mente en blanco. Hasta que oyó la voz de Sam llamándole no se dio cuenta del empo que había pasado. Le dio a la sopa un último hervor y se dirigió al dormitorio. Sam estaba allí tumbado mirando por la ventana. Josh se quedó perplejo al darse cuenta de lo que Sam significaba en su vida. Se alegraba de no haberle perdido. —Hola. Sam se giró para mirar a Josh y le sonrió. —Hola. ¿Qué es eso que huele tan bien? —Sopa de pollo. —¡Me encanta tu sopa de pollo! —Lo sé. Me imaginé que te gustaría tomar algo con un poco de sabor. —¿En serio? ¡Eso sería increíble! —Sam intentó sentarse pero el dolor le pudo—. ¡Joder! Josh estaba tras él en un segundo. —Oye, para. Si te haces daño estando conmigo tu madre me mata. Ayudó a Sam a sentarse y a salir de la cama. Sam fue despacio al baño de la habitación. A Josh le costó no ir tras él para ayudarle. Sabía que demasiados cuidados enfadarían a Sam. Además la doctora había insistido en que Sam debía empezar a hacer cosas por sí mismo. Cuando salió se dirigieron al vestíbulo. —¿Cocina o sofá? Sam lo pensó por un momento. —Cocina. Comer sopa en un sofá es sentencia de desastre. Josh asin ó y empezó a andar. La cocina estaba limpia incluso después de que Josh cocinase. Había una puerta trasera que daba a un patio. —En realidad… ¿podemos comer allí? —Claro, lo que tú quieras. —Recordaré esas palabras para cuando me haya curado. Josh le miró. ¿Estaba Sam tonteando con él de verdad esta vez? Salieron al pa o. Una vez que Sam se hubo sentado, Josh volvió dentro para servir dos platos de sopa con pan y mantequilla en una bandeja. Había un bol de ensalada de fruta en la nevera y una botella de té frío. Cogió ambas cosas y dos vasos. Llevó la sopa primero y luego volvió a por el resto de cosas. El sol de media tarde era caliente, pero la brisa fría del mar hacía que la temperatura fuera perfecta. —Dios, Josh, ¡esto es increíble! —Sam cerró los ojos antes de tomar la primera cucharada.


—Me alegra que te guste. —Quiero decir todo. La casa, la comida, el aire fresco. Es fantástico. Era agradable ver a Sam tan animado. Cuando estaba contento, toda su cara se llenaba de luz; era precioso. —Sé a lo que te refieres. La mayoría de sándwiches que comí en la cafetería sabían como el plástico en el que venían envueltos. Sam se rió. —Al menos tú comiste sándwiches. La alimentación intravenosa no es muy sabrosa. Y la dieta blanda de después era horrible. Sam no comió mucho pero era de esperar. Les advir eron de que su ape to tardaría en volver. Cuando terminaron, Josh limpió mientras Sam es raba sus piernas andando por la terraza hasta que llegó a una mecedera en el porche cerca del ventanal que daba a la habitación de los padres de Josh. Iba a sentarse justo cuando Josh volvía de limpiar los platos. —Espera, déjame ayudarte. La mecedera se mueve rápido y creo que caerte de culo sería bastante doloroso. Sam abrió los ojos al pensar en la posibilidad. ¡Ouch! Josh corrió y le ayudó a sentarse antes de sentarse a su lado. Se mecieron en silencio un rato. Josh les movía con un pie mientras con una mano cogía la mano de Sam. Ese gesto se estaba haciendo muy familiar entre ellos. Josh observó su cara mientras acariciaba con sus dedos los dedos de Sam. Era increíble lo reconfortante que le parecía acariciar a Sam. Parecía llevarse toda la tensión que tenían. —¿Qué pasa, Josh? Sé que tienes algo en mente. Lo noto. Josh suspiró y le miró. Sus ojos se encontraron con los de Sam y se dio cuenta de que era el momento de hablar. —Creo que estoy listo para contarte lo de mis pesadillas.


11. —Empiezan todas igual. Salimos de la

enda de libros y Reynolds aparece. —La voz de

Josh era suave y temblorosa. Sam quería decirle que lo dejase, pero sabía que tenía que permi rle que lo soltase—. Supe que a ese o le pasaba algo. Podía verlo en la forma en la que te miraba. Pero cuando me miraba a mí parecía un amigo, quizás un poco impaciente por algo…, pero no difería mucho de algunos de nuestros fans. Los recuerdos estaban haciendo que el estómago de Josh se retorciese. —Cuando empezó a hablar todo tuvo sen do. Estaba loco. Pero incluso entonces yo no quería creer que fuese a herir a nadie. Quiero decir, ¿quién iba a querer herirte? No era a ti, era a Connor, y eso era incluso más raro para mí. Josh miró a Sam con confusión y culpabilidad. —¿Sabes cuántas cartas recibo de gente que piensa que Philip no es suficientemente bueno para Connor o que piensan que Philip abusa de él sen mentalmente? —Una sonrisa mida salió de Josh—. Casi a diario. No hago que Philip sea suficientemente “gay”. Philip no se merece que Connor le quiera. Los fans de este show empezaron siendo fans de “Connor Kane” y a la mayoría le encantaba, pero no a todos. —Lo siento, Josh. No deberías de estar comiéndote esa mierda. — Sam se quedó ahí sentado dejando que Josh le cogiese la mano para encontrar la paz que necesitaba. Josh negó con la cabeza. —No te preocupes. Esa parte no me molesta. Solo significa que realmente llegamos a la gente, y eso es bueno. Supongo que me sorprendió mucho encontrar un fan que pensaba justo lo contrario que todo el mundo. Miró sus dedos entrelazados antes de seguir hablando. —Pero lo que ha pasado no es bueno. Y aunque sé todo lo que pasó, en mis sueños todo es diferente. Josh se rió de nerviosismo antes de seguir. —Veo cómo caes y yo te abrazo…, pero después todo es diferente. El policía falla y Reynolds sigue disparándote una y otra vez mientras sigues en mis brazos y yo no puedo salir de debajo para pararle. La respiración de Josh se entrecortó y aquella pesadilla hirió a Sam más que cualquier herida. —Y después me miras. —Josh se frotó los ojos con su mano—. Y me dices que todo es culpa mía. Veo cómo la luz de tus ojos desaparece y después te vas sin que yo tenga la oportunidad de decirte… —Su voz desapareció conforme se acercaba al presente. —¿No me pudiste decir qué, Josh? —Sam le suplicó de forma tierna. Aquellos ojos azul hielo se encontraron con los ojos de avellana de Sam. —No puedo. —Y fue solo un suspiro.


Las manos de Sam rodearon los dedos de Josh. —Por favor… —Que…te quiero. Siento mucho no haberme dado cuenta antes de que todo esto pasase. — Su voz era cruda, como si estuviese afilada. Retiró la mirada de Sam ya que no estaba seguro de poder ver la reacción de Sam a su confesión. «¿Qué acababa de decir? ¿Que me quiere? No, no es posible… ¿O sí?». Sam sabía que debía decir algo pero, de todo lo que le había pasado en los úl mos seis días, eso era lo que más le chocaba. —Lo siento. No debería haber dicho nada. No es justo que tengas que enfrentarte a esto tan pronto después de…—Josh se echó para atrás intentando darle a Sam un poco de espacio—. No te preocupes, no espero que digas nada. Voy a seguir cuidando de ti como prometí. —¡Para! —El hecho de que Josh se estuviese re rando sacó de sus casillas a Sam—. ¿Eso es todo? Me dices que me quieres y, ¿te vas sin dejarme decir nada? —¿Qué? No, no me voy, solo me re raba… —Josh se quedó helado—. ¿Qué, qué quieres decir? —Josh parecía tan nervioso que hizo que Sam sonriese. —Bueno, antes de nada necesito aclarar algo. —Sam pensaba que ya lo tenía claro pero necesitaba asegurarse. —Cuando me dices «te quiero» ¿quieres decir «te quiero como a mi mejor amigo» o «te quiero y quiero despertarme a tu lado cada día»? —Sam miró a Josh—. Porque la última vez que te pregunté, no eras gay. —Sí, he pensado mucho sobre eso —dijo Josh lleno de emoción—. Pero estoy seguro de que el hecho de que quiera aprender cómo chuparte la polla significa que no soy tan hetero. Sam asintió pensativo. —Entonces, quieres despertarte a mi lado cada mañana. —Miró a Josh, su gesto avergonzado era adorable—. ¿Estás seguro de que esto no es un sen miento de «Sam me salvó la vida y yo le debo algo»? Josh asintió. —Estoy seguro. Creo que llevo pensando esto mucho empo. El disparo solo ha hecho que todo esté más claro. —Siguió meciéndoles con cuidado para que no fuese muy fuerte—. Tu padre llevaba razón, debería haber esperado a que te hubieses recuperado un poco más para decírtelo. —Estoy lo suficientemente recuperado para esto, créeme. —Sam se paró de repente al darse cuenta de que lo que había dicho—. Espera, ¿mi padre lo sabe? —Em… ¿Sí? Bueno, más o menos. ¿Lo siento? —«Mierda, mierda, mierda». Esto no estaba saliendo como él quería. Sam se rió; no podía evitarlo. —No lo sientas, pedazo de idiota… ¿A no ser que no lo sientas? Josh le miró un poco ofendido. —Claro que lo siento. Ya sabes que no digo cosas que no siento.


Sam le cogió la mano de Josh de nuevo. —Lo sé, solo necesito asegurarme. —¿Por qué? —Josh contuvo la respiración, estaba nervioso por la respuesta de Sam. —Porque yo también estoy enamorado de ti, Einstein. —¿Sí? —Más tarde Josh se avergonzaría por el chillido que se apoderó de su voz. —Aha. —Sam sabía que se estaba sonrojando—. Llevo mucho tiempo estándolo. La mano de Josh jugueteó con la mandíbula de Sam. Podía sen r el pulso de Sam la endo con fuerza bajo sus dedos al acariciarle. Haciéndole sen r que su corazón iba a explotar con todo lo que llevaba dentro. —No es que estos sen mientos hayan aparecido de la nada. —La voz de Josh estaba llena de dudas—. Solo sabía que donde quiera que fuese, hiciera lo que hiciese, siempre era mejor con go. —Su dedo pulgar acarició la mejilla de Sam—. En el trabajo, cuando salíamos, era como si tuviera un radar. Sabía cuando estabas cerca, y eso hacía que todo fuera más fácil. Las manos de Sam abrazaron a Josh. —Lo sé. Yo sen a lo mismo. A veces me sen a tan culpable. — Cerró sus ojos y se dejó llevar por las caricias de Josh. Josh sonrió ante la confesión antes de preguntar. —¿Por qué? Tú no hiciste nada. —Bueno, tú estabas con Stephanie y yo tenía a Evan. He de admi r que mi corazón dudaba un poco, pero desde que me enteré de que me engañó ya no tuve dudas. —¿Es por eso por lo que dejaste quedarse? —Josh se aproximó un poco teniendo cuidado con el pecho de Sam. Sam asintió y miró hacia abajo para evitar los ojos de Josh. —Necesitaba mantener una barrera entre nosotros. No quería que hicieras nada por pena o por obligación. Josh subió la barbilla de Sam. —Te quiero, Sam. No ene nada que ver con pena o porque tenga que hacerlo. —Sonrió con vergüenza—. Bueno, quizás sí tenga que hacerlo. Sam intentó retirarse pero Josh le cogió con fuerza. —Tengo que quererte porque eres listo, y diver do…, y enes un corazón enorme. —Se agachó para besar a Sam en la frente—. Y porque eres tan guapo que haces que me sea di cil respirar. Cuando estás alrededor eres todo lo que veo. —Vaya, reconozco que enes a Philip en tus manos cuando se trata de expresar tus sentimientos. —Sam no podía evitar dejar de mirar la cara de Josh. Él también parecía cansado. —Vamos, Sam. Creo que necesitas descansar. Podemos hablar de esto más tarde. —Espera. Si me voy a dormir y me despierto descubriré que todo esto fue un sueño. ¿Puedes hacer algo por mí? Ya que tengo esta falta de movilidad y eso.


Sam tenía los ojos abiertos de par en par y lucían entusiasmados. Josh se rió. —Eso no va a pasar, pero dime qué necesitas, lo que quieras. —Bésame…, por favor. —La voz de Sam sonó tan insegura que hizo que el corazón de Josh palpitase a destiempo. —Puedo hacer eso. —Josh se levantó y se apoyó sobre el techo del porche para no echar ningún peso sobre Sam. El primer roce con los labios húmedos de Josh hizo que Sam jadease. Josh lo tomó como una invitación a un beso más profundo. La boca de Sam sabía a las fresas y el café que habían tomado de postre. La mano que tenía sobre la mejilla de Sam bajó lentamente para acariciar su nuca deteniéndose en cada curva para que Josh pudiese meter su lengua en la boca de Sam y saborear cada recoveco. La mano de Sam se apoyó en la cintura de Josh y le agarró de la única forma que podía en aquel momento. Se habían besado muchas veces como Connor y Philip pero esta vez era muy diferente. Esta vez era suave y firme, como debería ser un primer beso. Era absolutamente perfecto. Josh emitió un pequeño quejido que detuvo el beso, y Sam sonrió. Le costó recuperar el aliento al ver la expresión aturdida de Josh. Aquello hizo que sin ese mariposas en el estómago. —Por Dios, Kelly. Tenías que declararme tu amor justo cuando estoy incapacitado y no puedo tirarte al suelo y besarte de arriba abajo. La sonrisa de Josh le cegaba. —Bueno, ya sabes, dicen que el empo es oro. —Josh se levantó ayudó a Sam a ponerse en pie—. Vamos, te llevo a la cama. —¿Piensas que soy así de fácil, Josh? —Se dirigieron al dormitorio sonriendo con complicidad todo el camino. Josh resopló. —¿Desde cuándo es fácil algo que tenga que ver con go, Peterson? —Anduvo detrás de Sam intentando no empujarle—. Um, ¿necesitas ir al baño antes de tumbarte? —Sí, gracias. —Sam asintió—. Y soy muy fácil de tratar, para que lo sepas. Sonriendo como un tonto, Josh le llevó al baño. —Estaré justo aquí si me necesitas. —Se agachó y le besó en la comisura de los labios suavemente. Cuando Sam terminó en el baño, Josh le ayudó a meterse en la cama, le quitó las zapa llas y pantalones de chándal y se arrodilló delante de él. —¿Necesitas algo más? Sam bostezó. —Sí, una ducha. —Los baños ya no eran tan apetecibles.


—El terapeuta viene mañana y eso es lo primero de su lista, ¿de acuerdo? — Josh pasó sus dedos por el pelo de Sam—. ¿Algo más? —Hmm. ¿Te tumbas conmigo hasta que me duerma? Josh se rió. —Ahora eres tú el que piensa que soy facilón, ¿no? Se levantó y se puso cómodo en el otro lado de la cama. Se aproximó a Sam asiendo sus manos entre las suyas y posando su cabeza sobre el hombro de Sam. —¿Así está bien? —La voz de Josh era tranquila y llena de contento. Sam asintió. —Es perfecto. —Se movió un poco intentando ponerse cómodo—. Odio dormir boca arriba. Josh le dio un golpecito a Sam en el brazo. —Lo sé. ¿Cuántas veces te has quedado dormido en el sofá prác camente encima de mí? — Acarició el pelo de Sam de nuevo—. No es para siempre. Pronto podrás dormir en la postura que quieras. Se quedaron tumbados en silencio. La respiración de Sam se hizo más tranquila conforme se durmió. Josh le observó un rato y después salió de la cama y se dirigió al salón. Una vez allí cogió su teléfono e hizo una llamada. —Hola, Paul, ¿cómo estás? —Bien, ¿y tú? —Bien, también. Oye, ¿vas a venir mañana? —Sí. Voy en el ferri de las dos desde Brooklyn. —Bien. ¿Has recogido la ropa de Sam y los libros que quería? —Sí. Y el resto de los chicos y yo vamos a llevarnos sus muebles y cosas al almacén la semana que viene. —Gracias, tío. Te debemos una. —Que sea una cerveza fría y estamos en paz. ¿Cuándo vas a volver a trabajar aquí con el Chico Fantástico? Josh carraspeó. —No estamos seguros. Aún tenemos tres semanas libres. Barker no está muy contento pero mala suerte. Después seguramente tenga que volver y rodar algunas escenas. Sam no va a ningún sitio hasta que la doctora le dé el alta. —Bueno, espero que sea pronto. Esto es muy aburrido sin vosotros. —Estaba intentando ser gracioso, pero en realidad pensaba lo que decía. —Es bueno saber que nos echáis de menos. —Josh miró hacia la cocina y vio que aún no había recogido las cosas del almuerzo—. Tengo que dejarte, amigo. Hasta mañana. —Sí, hasta mañana. Ah, dile a Sam que tengo una sorpresa para él cuando llegue, ¿de acuerdo?


—Es algo bueno, ¿no? No creo que esté listo para malas noticias. —Sí, estoy seguro de que le encantará. Y puede incluso que le haga bien. —Vale, y gracias de nuevo, Paul… Por todo. —No hay problema, Josh. Hasta mañana, adiós. —Hasta mañana, Paul. Josh cerró su teléfono y lo puso en la mesa. Tenía que hacer muchas llamadas pero en ese momento no le apetecía llamar a nadie. En lugar de eso, se fue hacia la cocina para limpiar perdiéndose de nuevo en las tareas mundanas de cada día. Cuando terminó se hizo otro café y se dirigió al dormitorio a ver a Sam. Vio que dormía profundamente con una sonrisa en su cara. Josh se deslizó en silencio por la pared de la habitación contento de ver a Sam durmiendo. No era la primera vez que lo hacía pero sí la primera vez que pensaba que tenía permiso. Sus ojos examinaron las líneas de la cara de Sam antes de examinar el resto de su cuerpo. Siempre había tenido un pecho musculado con un poquito de pelo tan suave como un bebé. La primera escena que hicieron sin camiseta como Connor y Philip, era rozándose el uno contra el otro y Josh se reía por las cosquillas que le hacía el vello de Sam contra su suave piel. Intentó no pensar demasiado en la imagen de una bala atravesando esos músculos que luego los cirujanos cortaron incluso más para reparar el daño antes de coserlo. Dios, le dolía todo al pensar por lo que Sam había pasado por un loco. Ahora mismo Sam estaba muy débil pero Josh sabía lo fuerte que verdaderamente era. En una realidad inesperada, salida casi de la novela, un loco había disparado a Sam y este había sobrevivido. Josh recordó cómo se sin ó el día que habían filmado la escena en la que uno de los malos disparaba a Connor. Ver a Sam ahí tumbado en el suelo había hecho que Josh se sin ese casi enfermo. Le alegró que la escena terminase y que Sam se levantase y empezase a bromear. Pareció darse cuenta de que Josh estaba un poco disgustado, y se había acercado a darle un abrazo, bromeando sobre el novio tan dulce que era Connor, preocupándose tanto. —¿Por qué estás sentado en el suelo mirándome? —La voz de Sam le sacó de sus pensamientos. Josh puso en el suelo su café que ya estaba frío y gateó hasta la cama. Posó su cabeza sobre la almohada de Sam y le sonrió. —Porque puedo. ¿Te he despertado al mirarte? —Acarició con sus dedos las facciones de su rostro. Sam sonrió y negó con la cabeza. —No, pero me gusta despertarme y verte ahí. Cuando los dedos de Josh pasaron por los labios de Sam este los besó sabiendo que le haría


sonrojar. —Recuérdame que te pida que gatees otra vez cuando pueda disfrutar de ello. Ha sido muy sexy. Josh se rió a carcajadas. Sam sabía qué decir. —¿Te apetece levantarte? ¿Quizás ir al salón y ver una película? La sonrisa de Sam se hizo más grande y llenó de luz su cara. —Sería increíble. Quiero acurrucarme en el sofá contigo. Josh veía que Sam quería algo más. —Supongo que no tenemos helado en el congelador. —El tono de esperanza en la voz de Sam hizo a Josh sonreír. —No lo sé. Llevemos tu culo vago al sofá. ¿Quieres ponerte los pantalones de chándal? —No, si no te importa, claro. Estoy bien. —Claro, porque verte pasearte en bóxers y con mi camisa va a ser muy difícil. Sam resopló. —No olvides los calcetines. Completan el atuendo. Josh se levantó y se preparó para levantar a Sam. —Estás adorable. Y… salió la cara de cabreo de Sam. —¡No soy una niña, Josh! Josh se rió y se acordó de cuando en el hospital deseaba escuchar esas palabras. Abrazó a Sam y le besó en la cabeza. —¿Qué es tan gracioso, Kelly? —Nada. Es solo que me gusta tu voz. La he echado mucho de menos. La mirada que Sam le lanzó hizo que Josh supiese que lo había entendido. —Las fans tienen razón, Josh. Eres un borrico adorable. —Hay que ser uno para reconocer a otro. —¿Cuántos años tienes, cinco? Se dirigieron al salón donde Sam se sentó en el sofá y posó su espalda sobre unas cuantas almohadas. Luego Josh se dirigió a la cocina y buscó un poco de helado. —¡Aha! —Se puso muy contento al encontrar un cartón de su helado favorito de plátano y chocolate de Ben & Jerry’s. Sacó dos tazones y se dirigió al salón. —Entonces, ¿qué vemos? ¿Algo ñoño? ¿Cuál es tu elección? —No me importa, tonto. Estoy contento de ver la tele desde otro si o que no sea la cama del hospital. Josh se dirigió hacia una torre de Dvd que había empaquetado del apartamento. —Tengo Héroe de diez pulgadas desde hace dos semanas pero no he tenido la oportunidad


de verla. Jensen Ackles con falda escocesa debe ser gracioso. —Suena bien. —Sam observó cómo Josh ponía la película y empezó a mirarle el culo algo más de lo necesario... Bueno, al fin y al cabo ahora estaba en su derecho, ¿no? Cuando la película estuvo lista, Josh se sentó en el suelo delante del sofá y cogió su helado. —Josh, hay sitio suficiente para los dos en el sofá. Josh se inclinó hacia atrás para mirar a Sam, su cabeza apoyada en la pierna del otro. Sus ojos azules brillaban al sonreírle a su amigo. —Creo que estoy bien aquí por ahora. Sam le sonrió también y volvió a su helado. Vieron la película y se rieron, era buena. Sam sabía que al día siguiente, cuando llegase el terapeuta, sería di cil. Sabía que ambos se frustrarían y se enfadarían pero en ese momento, con la cabeza de Josh en su pierna y sus dedos acariciando su pelo, Sam era feliz.


12. Sam se despertó al día siguiente viendo esos ojos azules mirándole de nuevo. —Sigues haciéndolo. —La voz de Sam estaba ronca debido al sueño. Josh refunfuñó. —No puedo evitarlo. —Levantó la mano para acariciar el pelo de Sam—. Me gusta mirarte. Sam se sonrojó. Dios, las cosas que ese hombre le hacía con tan solo una o dos palabras. Se quedaron ahí tumbados unos cuantos minutos más, en silencio. Sam pensó que podría acostumbrarse a despertarse así cada uno de los días de su vida. —Tenemos que levantarnos. El terapeuta va a llegar en una hora o así. Sam suspiró. No tenía muchas ganas aunque sabía que era necesario. Esperó que el po no fuese un idiota. Tomó la mano de Josh. —Esta noche has dormido mejor. Josh le sonrió. —Ayer saqué muchas cosas que llevaba dentro. Creo que me ayudó. —Bien, me alegro. —Levantó la mano de Josh y le besó en la palma sonriendo al ver cómo hacía que los ojos le brillasen con amor—. Bueno, vamos, cariño, tengo muchas cosas que hacer hoy. Por mucho que quiera no puedo hacer el vago con go toda la mañana en la cama. —Sam tenía un brillo travieso en los ojos—. Pero no te preocupes. Una mañana, dentro de poco, eso cambiará. Ahora le tocaba sonrojarse a Josh. Aún no había pensado mucho en la parte sexual de la relación con Sam. Había estado ocupado preocupándose por su recuperación. Pero el que hubiese conseguido que se pusiese erecto con solo unas palabras, hacía que pensara que le esperaban muchas cosas buenas. —Bueno, hagamos esto. ¿Quieres vestirte o esperar a después de tu ducha? —¿Sabes qué? Creo que me espero. Me sentará genial estar limpio y ponerme ropa limpia. Levantó a Sam y lo llevó a la cocina. Ninguno de los dos tenía demasiado ape to así que tomaron café, tostadas y un poco de fruta que había sobrado de la noche anterior. Cuando terminaron Josh puso a Sam en el sofá y fue a ducharse rápidamente. Estaban sentados en el sofá. Sam estaba viendo las no cias ma nales y Josh contestando a algunos correos electrónicos cuando escucharon el claxon del ferri que les hizo saber que estaba atracando. Sam le miró preocupado y Josh se agachó y le besó suavemente. —No pasa nada.


Sam asin ó y Josh se levantó y se puso los zapatos. Le había dicho al terapeuta que le esperaría en el muelle y le enseñaría cómo llegar a la casa. Solo eran cinco minutos andando así que no pasaba nada por dejar a Sam a solas un rato. El hombre que le esperaba era más bien una sorpresa. Era dos pulgadas más alto que Josh y bastante fuerte. Josh no sabía muy bien cómo era el terapeuta que se había imaginado, pero definitivamente no era así. Cuando el hombre le miró se encontró con los ojos más bondadosos que jamás había visto. —¿Josh? Josh asintió y le extendió su mano. —Sí, soy yo. Chris, ¿verdad? —Chris Collins. Encantado de conocerte. —Se estrecharon las manos antes de que Chris recogiese la gran maleta que tenía bajo sus pies. —Bueno, la casa es por aquí. Sam está en el sofá esperando y probablemente bastante asustado, así que debemos volver. Chris se rió. —Bueno, eso es normal. Seguramente se pregunte cómo funciona la terapia. —En realidad ahora mismo lo que quiere es una ducha. Después de eso creo que vas a tener que comerte mucha mierda de Peterson. Puede ser muy cabezón cuando quiere. —No te preocupes. Estoy acostumbrado a lidiar con pacientes cabezones. Y en realidad no es la peor ac tud para recuperarte de algo como esto. Puede que haga que se recupere más rápido. Josh se rió. —Entonces Sam será el paciente que más rápido se recupere de todos los que hayas tenido. Unos minutos más tarde llegaron a la casa y Josh le mostró la entrada. —Sam, ¡hemos vuelto! Chris puso su maleta en el suelo y siguió a Josh hasta el salón. Sam le miró con sospecha y después miró a Josh. Chris se le acercó y extendió su mano por segunda vez aquel día. —Hola, soy Chris. Chris Collins. Y tú eres el famoso Sam, ¿no? —Em, sí, supongo. —Sam parecía algo incómodo—. ¿Has visto la telenovela? Chris se rió. —No, no tengo empo para la tele. Entre los turnos que tengo en Kings County y las citas como terapeuta personal, casi no tengo empo para invitar a mi chica a cenar y que se le pase el enfado. —La hones dad de su voz hizo que Sam se sin era mejor—. Solo quería decir que tu amigo me ha contado cosas de ti durante el camino hasta aquí. Sam frunció el ceño antes de hablar. —Lo que sea que te haya dicho, es todo mentira


Josh fue a sentarse al lado de Sam y me ó su mano entre su ropa sin pensarlo, lo que hizo sonreír a Sam. Chris sonrió también. Era bueno saber que Sam tenía el apoyo que necesitaba. —Entonces… Sam… Me ha contado que te mueres por una ducha. ¿Quieres empezar por ahí o quieres hacer los ejercicios antes? —Vio cómo los ojos de Sam se asustaban—. Debo advertirte: vas a sudar con los ejercicios. Sam se miró a sí mismo. Llevaba un albornoz encima de los calzoncillos y de la camisa. —¿Necesito ponerme más ropa? Chris le sonrió. —No. Vas a estar sentado casi todo el tiempo. —Bien, empecemos. ¿Dónde te parece que nos quedemos? Chris miró alrededor. Había un sofá y una mesa para comer con sillas duras y eso era todo lo que necesitaba. —Aquí estamos bien. Dudó por un momento. Esta parte siempre tenía truco. —Josh, ahora te voy a pedir que nos dejes solos. No te vayas de casa pero déjanos solos en la habitación a no ser que te llamemos. —¿Qué? ¿Por qué? —Josh estaba herido y confuso. Miró a Sam a quien no parecía importarle que se fuera—. ¿No quieres que me quede? Chris interrumpió antes de que Sam pudiese contestar. —Porque mi experiencia me dice que alguien que te quiere intentará protegerte, incluso de mí. —Aha. —Josh seguía sin estar conforme pero lo entendía. —Esto te va a doler. No voy a men rte. Pero es la única forma en la que puedo ayudar. — Tomó a Josh por el hombro—. No te preocupes. Hoy solo serán unos treinta minutos. Solo voy a evaluar su grado de movilidad y a decidir cuándo empezar con la terapia sica. Después podrás venir y aprender cómo duchar a Sam. Le guiñó un ojo y ambos se sonrojaron. Josh se agachó y besó a Sam en la mejilla antes de levantarse. —Creo que iré a la cocina a ver qué puedo preparar para la cena. Paul viene en el ferri de la tarde ¡y ya sabes cuánto come! Sam asintió y vio cómo Josh se iba. Iban a ser treinta minutos muy largos.

Tener que esperar en la cocina casi mata a Josh. Cada gruñido, cada grito de dolor que oía le hacían querer correr al salón y rogarle a Chris que parase.


Pero era por el bien de Sam y Josh lo sabía. Josh se levantó e hizo café. Se dirigió a la nevera buscando algo para cenar. Se decidió por pollo al horno con verduras. Mandó un mensaje a Paul para confirmar su hora de llegada y otro a su madre para agradecerle que la casa estuviera lista para cuando ellos llegasen. Todo eso le llevó diez minutos. Podría haber encendido la música para no oír los ruidos que Sam hacía pero le parecía que era como engañarle. Si Sam tenía que pasar por aquello Josh también. Por fin, antes de que a Josh se le cayera el alma el suelo, Chris apareció. —Hemos terminado por hoy. Dice que le gustaría tomarse un analgésico, por favor. Y quiero que beba un poco de agua antes de la ducha. Josh respiró profundamente. Cogió unas pas llas de la despensa y una botella de agua del frigo. Estiró los hombros y siguió a Chris al salón. Sam estaba sentado en una de las sillas. Estaba pálido temblaba y sudaba como loco. Josh se apresuró, y le dio la pastilla y el agua. —¿Estás bien? —Josh estaba preocupado pero Chris no parecía estarlo. —No. Me siento muy débil y empiezo a enfadarme. Josh se acercó a él y le acarició las piernas para calmarle. —Estás débil ahora pero eso va a cambiar antes de que te des cuenta. Eres la persona más fuerte que conozco. —Josh se le acercó un poco más y le besó antes de re rarse—. Vas a mejorar, te lo prometo. Chris miró a Josh con cara de aprobación. Eso era lo que Sam necesitaba y no ser tratado como un niño como harían otros. Necesitaba que le dijeran lo que era capaz de hacer y no lo que no podía hacer. Josh pasó sus manos por los brazos de Sam para intentar calmarle. Ese era el hábito que habían adquirido estos días. Sam sorbió un poco más de agua y cerró los ojos para relajarse y que el dolor del pecho disminuyese un poco. Cuando estuvo listo abrió los ojos y sonrió agradeciéndole a Josh la paciencia que estaba teniendo. No estaba seguro de que él hubiese sido capaz de quedarse en la cocina todo ese tiempo. —Vale, creo que ya estoy listo para la ducha. Más que listo en realidad. Chris dio palmas y cogió su maleta. —Vale... ¿dónde está el baño? Josh se quedó quieto y miró a Chris un Segundo. —En el ves bulo, el segundo dormitorio a la derecha. Hay una habitación como una suite y tiene una ducha sin bañera. Será más fácil meterle y sacarle. —Bien. Hagámoslo. Quiero explorar un poco la isla antes de marcharme en el ferri de esta


tarde. —Las buenas formas de Chris consiguieron que ambos se sintieran más cómodos. Josh ayudó a Sam a sostenerse de pie y los tres se dirigieron al baño. Cuando llegaron, Josh dejó que Sam se quitase el albornoz y la camisa mientras él buscaba calzoncillos y una de sus propias camisas limpias. Era cursi pero le gustaba verle con su ropa. Chris sacó unos artilugios médicos de su maleta para reemplazar las vendas. Josh se giró para ver cómo Sam estaba ahí con nada más a parte de sus calzoncillos. Parecía pequeño y nervioso y al quitar el vendaje de su pecho se sintió aliviado. No era la primera vez que Josh le veía pero algo tan violento se le antojaba fuera de lugar en la casa familiar. Chris se aclaró la garganta. —Entonces…voy a quitar las vendas y a cubrir la herida con un adhesivo resistente al agua para la ducha. Cuando hayamos terminado limpiaré la herida y lo vendaré de nuevo, ¿de acuerdo? Ambos asin eron y Chris se giró hacia Josh levantando las cejas a modo de pregunta. Josh simplemente alzó la barbilla. Esta vez iba a quedarse. Se puso detrás de Sam presionando su espalda contra su pecho. Las manos de Josh en las caderas de Sam ofreciéndole toda la comodidad que podía. Sam se dejó llevar y asintió a Chris para que empezase. Le gustaba que Sam no pudiera ver su cara mientras Chris trabajaba. La herida del pecho hizo que llorase. No era porque fuese horrible sino porque siempre le recordaría que casi pierde a ese hombre increíble. El pensar en que podría haber desaparecido de su vida le hacía sen r frío. Un sonido de dolor le devolvió a la realidad y sin pensarlo miró a Chris culpándole. Chris se rió. —Quieto, asesino. Está bien. Solo ha sido el esparadrapo que ha arrancado algunos pelos. Una pequeña sonrisa se dibujó en la cara de Sam. Se giró y besó con midez la barbilla de Josh. Josh miró hacia abajo y se tranquilizó. —Lo siento, estoy un poco histérico. —Está bien, lo en endo. —Sam levantó una mano para acariciar la cara de Josh. Este se giró y besó su mano. Chris casi lamentó entrometerse en su momento mientras terminaba de cubrir la herida con una venda de plástico. —Sam, ¿crees que vas a poder mantenerte en pie tú solo ahí dentro? Sam asintió pero se tambaleó un poco cuando Josh empezó a soltarle. —Sí, todo irá bien. —Afirmó Josh—. ¿Quieres que Chris te ayude? Sam miró a Chris y negó con la cabeza. Sus ojos mostraban negación pero sonrió a Josh.


—Creo que quiere que tú le ayudes. ¿Crees que podrás? Sam no le miraba así que Josh se puso delante de él y con una mano le cogió de la barbilla. —¿Quieres, Sam? Sam se mordió el labio de abajo mostrándose avergonzado y al final asintió. —¿Te parece bien? Josh se agachó y le besó en la nariz. —Hmm, vamos a ver. ¿Que si me parece bien meterme en la ducha desnudo con mi novio y lavarle? —Abrazó a Sam suavemente—. No sé. Me estás haciendo una faena. Sam le golpeó en el pecho y le besó en el cuello. Josh miró a Chris. —Yo entro con él. ¿Te quedas aquí por si… acaso? Chris se dirigió a sentarse en una silla en la esquina y sacó su teléfono de camino. —Claro, solo voy a llamar a mi novia. Veros como tortolitos ha hecho que la eche de menos. Josh sonrió, agradeciéndole el gesto, y fue a buscar unos calzoncillos limpios de Sam y unos para él. Llevó a Sam al baño y cerró la puerta. Se miraron por un momento. Ninguno de ellos estaba seguro de cómo proceder. Finalmente Josh respiró hondo y colgó la camisa limpia detrás de la puerta. Fue a la ducha y corrió la mampara. Abrió el grifo y esperó a que saliera agua caliente. Se dirigió a Sam, se quitó los pantalones que llevaba esa mañana, colgándolos detrás de la puerta también. Se agachó y besó a Sam dulcemente. —Te quiero mucho, así que… deja que cuide de ti, ¿de acuerdo? Sam asin ó midamente y se quitó los calzoncillos. Josh hizo lo mismo. Josh tomó a Sam por la cintura y le dirigió a la ducha. Ajustó la temperatura del agua y puso a Sam debajo de la alcachofa, junto a él. Sam musitó de placer al sen r el agua caliente en su cuerpo frío. Nunca le había sentado tan bien una ducha. Se quedaron ahí unos minutos dejando que el agua les cayese encima. El calor era muy bueno para el pecho de Sam y sentía cómo sus músculos se relajaban. Josh tomó una esponja y gel, e hizo espuma antes de lavarle a Sam los hombros y la espalda. Se llevó consigo el olor a sangre y a hospital. Ese era un paso más hacia la recuperación. Josh lavó el pecho de Sam con más suavidad. Subió los brazos de Sam suavemente para frotar sus axilas. Cuando terminó de lavar todo aquello que podía lavar de pie le besó suavemente y le apoyó contra la pared. Inclinó la alcachofa hacia Sam para que siempre estuviera bajo el agua. Puso más gel en la esponja y le frotó las piernas y los pies.


Ignoró la semi erección que tenía a un palmo de su cara. No se trataba de sexo, se trataba de hacer que Sam se sin era persona de nuevo. Necesitaba sen rse limpio y borrar parte de lo que ese Mathew Reynolds le había hecho. Se retiró y miró a Sam pidiéndole permiso para lavar las partes más íntimas de su cuerpo. Cuando terminó, Josh le aclaró y cogió el champú. Enjabonó su pelo y sonrió al ver el encanto que tenía su novio con los ojos cerrados. Le frotó el cuero cabelludo y el pecho casi le explota de alegría. Cuando decidió que el pelo de Sam estaba limpio inclinó la cabeza de Sam hacia atrás y se la enjuagó. Se enjuagó a sí mismo rápidamente y se sonrojó al ver cómo Sam le miraba. Después cerró el grifo. Salió de la ducha y cogió una toalla de la estantería. Tomó la mano de Sam y le sacó de la ducha no sin antes acercarle una alfombra para evitar que estuviese sobre el suelo frío. Secó a Sam usando aquella toalla caliente y gruesa, y le ayudó a ponerse los calzoncillos. Conforme los subía le dio un beso en la cadera. Tomó su albornoz de detrás de la puerta y envolvió a Sam en él. Luego rápidamente se secó y se puso su ropa interior. Sam hizo un puchero al verle vestirse, y Josh sonrió. Josh se dirigió a abrirle la puerta pero Sam le paró y le sonrió. —Gracias. Josh podría haber preguntado por qué, pero ya lo sabía. Le tomó la cara con las manos y le besó llenándole de amor y afecto. —De nada. Cuando abrió la puerta Chris se levantó de la silla para sonreírles. —¿Estás listo para ponerte las vendas limpias? Sam asin ó y dejó que Josh les dirigiese a la cama. Josh recogió el albornoz y lo dobló. Después sacó la manta de debajo de la cama y la puso sobre las piernas de Sam. Tomó unos pantalones de chándal que había dejado en la cama, y se los puso. Cuando Sam estuvo listo, Chris le quitó la venda de plás co le puso la crema que había traído. Hizo todo con cuidado y suavemente, y enseguida la herida estaba de nuevo cubierta de con una venda limpia. —Ya está todo. —Chris era amable y eficiente. Josh no podría haber encontrado mejor ayuda para Sam. —¿Cómo te sientes, Sam? Sam bostezó antes de contestar. —Bien, estoy un poco cansado ahora. Chris se rió. —No tengo ninguna duda. Entre el ejercicio, la ducha y las medicinas, no hay duda de que debes estar cansado. —Recogió sus cosas y se preparó para irse. Sam asin ó con sueño y miró a Josh. Inclinó su barbilla hacia arriba como forma de pedir un


beso, que recibió amablemente. —Voy a acompañar a Chris a la puerta y vuelvo, ¿vale? Sam hizo un sonido en forma de consen miento y se quedó dormido. Parecía más joven de lo que normalmente solía parecer. Josh se dirigió hacia la puerta con Chris detrás. Atravesaron el ves bulo y fueron a la puerta principal. —¿Te gustaría quedarte a comer algo? —Josh se sentía mal por echarle de esa forma. —No, de verdad. Quiero explorar la isla un rato y creo que os vendría bien una siesta. —Chris asin ó—. Este proceso es tan duro para el paciente como para los que lo quieren. Descansa un poco y cuídate. Necesitarás toda la fuerza que tengas para lidiar con esto, te lo aseguro. Cuando vaya recuperando su fuerza ¡seguro que te viene bien! —De verdad que no tienes ni idea. —Josh sonrió—. No puedo esperar. Chris se rió con fuerza. —¡Tío, estás muy ido! Josh asintió con pereza. —Sí, estoy cansado, pero me encanta. Chris se rió de nuevo y le dio unas palmaditas en el brazo conforme salía. —Buena suerte, Josh. ¡Nos vemos en tres días! Josh cerró la puerta con llave y se dirigió al ves bulo. Al entrar en el dormitorio vio a Sam durmiendo. Estaba tan guapo en la cama, roncando suavemente. Josh pensó que quizás una siesta no era tan mala idea. Se dirigió a la cama y se me ó bajo la manta junto a Sam y sonrió al ver que Sam le tomaba de la mano, inconscientemente. Josh se quedó dormido con el olor a champú y jabón que Sam desprendía.


13. Josh se despertó un par de horas después y se incorporó un poco para mirar el reloj. Al ver la hora soltó la mano de Sam y la puso en la cama. Salió de la manta, buscó una camiseta y salió de la habitación. Se puso la camiseta y se dirigió a la cocina. Paul llegaría pronto y Josh quería tener todo listo para la cena. Sacó las pechugas de pollo del frigorífico, y todas las verduras que iba a cocinar. Intentaba que las comidas fueran sanas pero sabrosas pero que no fuese muy pesado para Sam. Sabía que las medicinas podrían tener efectos secundarios como nauseas, pero por ahora parecía que Sam estaba bien. Hizo una marinada y la echó en una bolsa de plás co antes de meter el pollo también y ponerlo en el frigorífico. Una vez más le agradeció a su madre el haberle enseñado algo de cocina, aunque aún tenía que aprender, al igual que su hermana. Mientras preparaba los vegetales se le fue la mente de nuevo a la ducha que se había dado con Sam. No fue como pensaba que sería la primera vez que le viera desnudo, pero había sido incluso más íntimo. Le gustó cómo Sam se entregó y se dejó cuidar. Le hizo sentir en confianza y amado. No podía negar que deseaba que llegase el momento en que hacer el amor fuese parte de su relación de cada día. Josh tenía la sensación de que su novio era un crack en lo que se refería al sexo y solo pensar en ello hacía que se pusiera duro. «Vaya… ¡Espabila, Kelly!», pensó Josh. No quería ni imaginarse el momentazo que tendría si Paul apareciese y él estuviese con la tienda de campaña montada. Después de envolver las verduras y de preparar todo lo demás se dirigió al salón. Se sentó en el sofá y sacó su portátil. Lo encendió y se metió en Facebook. Gruñó al ver las docenas de mensajes que tenía sin responder pero le gustaba ver que los fans les apoyaban. Echó un vistazo en su muro y sonrió al ver los nombres conocidos. La gente había publicado canciones, extractos de poesía y fotos ridículas que le hacían sonreír. Josh nunca se arrepen ría de formar parte de A la caída de la tarde, y una de las razones eran los fans. Eran leales y de buen corazón, y le encantaba escuchar que habían encontrado grandes amigos viendo el show. Había muchos actores que soñaban con tener ese impacto en la audiencia. Lo que pasó con Mathew Reynolds fue un accidente trágico que Josh empezaba a superar y estaba seguro de que la terapia le ayudaría. Acababa de responder a un par de mensajes cuando su teléfono sonó la recepción de un mensaje, seguido del claxon del ferri.


«Tío, vente para acá y ayúdame. Solo tengo dos manos y necesito cuatro». Josh le contestó mientras se levantaba y se dirigía a la habitación de Sam para decirle que se marchaba. «¿Qué coño has traído?». «Ven y ayúdame, mamón, y ¡lo descubrirás!». «¡Voy de camino!». Josh se dirigió a la cama y se sentó en el borde. Se agachó para besar a Sam en la mejilla. —Sam. Voy a recoger a Paul. Josh vio cómo las largas pestañas de Sam se movían sobre aquel rostro pálido. —¿Hmmm? Josh se rió. —El ferri ha llegado y Paul necesita ayuda para traer tus cosas. Sam gruñó un poco. —¿Ya está aquí? ¿Cuánto he dormido? —Unas tres horas. —Josh le besó de nuevo—. ¿Te importa que se entere de lo nuestro? Quiero decir, si quieres mantenerlo en secreto por ahora, decírselo a Paul no sería lo mejor. Sabes que no sabe guardar un secreto. Sam alargó su mano para acariciar la mejilla de Josh. —¿Por qué iba a querer mantener en secreto que mi sueño se ha hecho realidad? A menos que tú quieras… —Sam frunció el ceño como gesto de duda. Josh cogió a Sam de la mejilla también. —Como le dije a Stephanie, nunca podría mantenerte en secreto. No querría por nada del mundo. La sonrisa que recibió a cambio podría haber alumbrado Nueva York y le robó la respiración a Josh. Su teléfono volvió a sonar y él suspiró. —Será mejor que vaya a recoger al gran niño. ¿Estarás bien hasta que llegue? ¿Necesitas algo? —Estoy bien. —Miró a su alrededor buscando el teléfono en la mesita de noche—. ¿Me pasas el teléfono? Josh lo cogió y se lo pasó a Sam. —¿Entonces no tienes problema en que le diga a Paul que eres mi novio? —bromeó. —¿Soy tu novio? —preguntó Sam fingiendo conmoción—. Ay Dios mío, me quedo anonadado. ¡Josh Kelly es mi novio! —Le pegó en el brazo—. ¡Pues claro que puedes decírselo idiota! —Bien. —Josh le dio un pequeño beso en los labios y se dirigió a la puerta. Abrió su teléfono y volvió a escribir a Paul que ya llegaba—. En seguida vuelvo.


Josh corrió por el vestíbulo parándose solo para ponerse las sandalias antes de salir. Sam se rió por el entusiasmo de Josh y decidió leer los cientos de mensajes que había recibido en las últimas semanas.

Cuando Josh llegó al muelle Paul le sorprendió firmando un autógrafo a una chica de unos diecis��is años. Le rodeaban cuatro maletas, una bolsa de deporte, un porta trajes y… un ¿transporta gatos? Paul le vio y le saludó con la mano. —Tío, mira, Mandy es una fan del show. Josh se rió. —¿No me digas? —Se dirigió a ella y le estrechó la mano—. Hola Mandy, soy Josh, encantado de conocerte. La chica se giró y se quedo boquiabierta mirando a Josh y a Paul una y otra vez. Lentamente extendió su mano y la estrechó. El simple contacto le hizo ver las estrellas. —E…. Encantada de conocerte. —La chica sacudió la cabeza, y ambos actores se dieron cuenta del momento exacto en que se dio cuenta de quiénes eran quienes tenía delante—. Ay Dios mío, Josh, ¿cómo estás? ¿Cómo está Sam? Dios, fue horrible lo que pasó. —Los ojos se le llenaron de lágrimas. —Oye, no pasa nada. —Le acarició el brazo de forma forzada—. Ambos nos recuperaremos. Le dio una sonrisa entre lágrimas. —Lo siento, perdón, sé que no quieres ni pensar en ello. —Respiró profundo y se tranquilizó —. Mi madre no me creerá nunca. Hemos visto el show juntas desde que yo era pequeña. Josh se rió. —¿Tienes una cámara? Ella asintió y sacó su teléfono. —Bien. —Josh la cogió y se dirigió a un hombre mayor que estaba cerca de la oficina del ferri. —¿Nos podría hacer una foto, por favor? El hombre asin ó y Josh le enseñó a u lizar la cámara. Posicionó a la chica entre ellos, y el hombre hizo la foto. Josh le agradeció al hombre la foto antes de girarse. —Mandy, tengo que pedirte un favor. —Su tono era serio y le devolvió el teléfono—. Te pido que no le digas a nadie que estoy en la isla. Estamos aquí hasta que Sam se recupere y la prensa sigue buscándonos. Lo úl mo que necesitamos aquí son periodistas. ¿Qué me dices? ¿Podrías hacer eso por mí? Mandy asintió.


—Claro que puedo, Josh. Lo en endo. No necesitamos una manada de idiotas en la isla de todas formas. —Le sonrió—. Tu secreto está a salvo conmigo. Josh la abrazó y le dijo adiós, mientras que Paul se quedó ahí mirando. —Tío, vamos para casa. Podrás ligar con las fans más tarde. Josh se rió en alto. Paul no tenía ni idea de lo equivocado que estaba. Josh se dirigió hacia el transporta gatos y se sorprendió al ver a Muffin y a Gizmo. No pudo evitar sonreír. Sam iba a ponerse muy contento. Se giró y cogió a Paul para abrazarle. —¡Eres genial tío! —Lo sé. —Paul se sonrojó—. ¿Qué iba a hacer, dejar a los niños de Sam allí? No me habría perdonado nunca. —Vamos. Llevémosle a los ga tos —. Justo entonces su teléfono sonó—. Hablando del rey de Roma. —Miró y tenía un mensaje de Sam. «¿Por qué tardáis tanto? ¡Tengo NECESIDADES!». Josh se rió y le contesto con una cara sonriente. «Lo siento cariño. Nos hemos entretenido. Volvemos en dos minutos». «Rápido por favor. Creo que mi vejiga va a explotar». —Vamos Paul, démonos prisa. —Recogieron todas las cosas y se dirigieron a la casa. Paul se aclaró la garganta. —Entonces, ¿cómo está en realidad? —Todo lo bien que puede estar. Pero se recuperará… al final. Tenemos nuestra primera terapia emocional pasado mañana, y creo que le ayudará. —Buena idea. ¿Hay algo que pueda hacer? —A Paul no le gustaba mucho hablar de sus sentimientos pero lo estaba intentando. —Ya has hecho lo mejor que podías hacer. Paul se sonrojó y se encogió de hombros. Entraron en la casa y dejaron todo en la entrada. Josh corrió al dormitorio sin darse cuenta de que Paul le seguía. Atravesó la habitación se agachó para besar a Sam. Dios, le encantaba besarle. Hubo un carraspeo detrás de él y después se escuchó una risa. —Bueno, vosotros dos, ¿no estáis llevando la actuación un poco lejos? —Paul parecía sorprendido pero sonreía—. Hola, tío, ¿cómo estás? Sam solo sonrió. —Estoy bastante bien. —Sí, ya veo. —Se acercó para coger la mano de Sam y apretarla—. Joder pero me alegro mucho de verte. —Yo también me alegro. Pero si no te apartas para que pueda levantarme voy a darte una


patada en el culo. Paul se retiró y levantó las manos en señal de rendición. —¡Ya me voy! —Desapareció por el vestíbulo riéndose. Josh levantó a Sam y le llevó al baño. Mientras Sam se ocupada de su asunto, Josh sacó un par de pantalones de chándal limpios para él. Miró hacia abajo y vio que el transporta gatos ya no estaba allí. Sam salió del baño y Josh le ayudó a ves rse antes de dirigirse al salón. Sam se sentó en el sofá y buscó a Paul con la mirada. —¿Dónde ha ido? Escuchó un suave miau a la vuelta del sofá y de repente tenía un felino en sus piernas. —¡Muffy! Ay, Dios mío te he echado de menos. —Sus ojos eran más grandes que nunca y se le habían llenado de lágrimas. Cuando Gizmo se le sentó al lado Josh deseó tener una cámara para capturar el momento para siempre. Aquellos grandes ojos color avellana miraban a Paul que apareció detrás de los gatos. —Muchas gracias. No esperaba… —No pudo seguir, su voz se entrecortaba por la emoción. —No te preocupes Sam. ¿Qué iba a hacer? ¿Dejarlos con ese idiota? Sam le sonrió. —Tienes suerte de que les guste. No estaba seguro de conseguir que entraran en ese maldito trasto. —Se sentó en el sofá al lado de Sam. —¿Por qué no ibas a gustarles? ¡Además para ellos siempre hueles a comida! Josh sonrió. Aquel momento era lo mejor de la vida. —Vosotros dos seguid hablando. Voy a poner el horno en marcha. —Josh empezó a irse pero Sam le pidió otro beso que en seguida recibió. Paul sonrió y fingió hacerle ojitos a Josh. —¿Me das a mí uno también? Josh se agachó y frunció los labios en un beso riéndose al ver cómo Paul se apartaba para evitarlo. —Eeeh, tío ¡qué asco! Josh le dio un golpecito en la cabeza y se fue a la cocina. La noche pasó rápido, ya que estuvieron hablando y riendo fuera en el porche. Eso era todo lo que necesitaban. Acomodaron a Paul en la an gua habitación de Josh y le prome eron despertarle para que cogiera el primer ferri de por la mañana. Después se fueron a dormir Josh se despertó a mitad de la noche y encontró a los dos gatos acurrucados cada uno en una rodilla de Sam. Nunca había estado tan contento.

El siguiente mes pasó rápido. Chris venía dos veces por semana al principio y Sam empezó a


mejorar pronto como Josh había predicho. Consiguió otra semana libre pero al final de la tercera semana tendría que volver al estudio para grabar algunas escenas con otros personajes de A la caída de la tarde. Le dijeron a Sam que el accidente había hecho que le dieran más peso al papel de Josh y disminuyesen el de Sam para cuando volviese a trabajar. Siempre había dicho que se infravaloraba a Josh y este era el momento de demostrar lo que valía. Los padres de Sam llamaban mucho y mandaban fotos de su nuevo sobrino, James Robert. Mary y Kenneth aterrizaron en Viena unas horas antes de que Miko diera a luz y les encantó ver todo el proceso. Conforme Sam mejoró, su paciencia disminuyó y resultó ser demasiado exigente con Josh. Sam se quejaba demasiado pero Josh lo llevaba bien, sabía cómo hacer que no le importase. Muchos amigos y familiares les visitaron como prome eron. Al tercer sábado Josh y Sam hicieron una barbacoa e invitaron a Jared, a Mary y sus niños, a Paul, Kathy, Elizabeth, Jessy y Cassie y sus familias. Fue un día increíble, y todos colaboraron en lo que pudieron. Sam y Josh no hicieron ninguna publicación formal de su relación pero no lo necesitaban. La forma en la que se trataban y cómo sus caras se iluminaban al verse el uno al otro era más que una señal para que sus amigos lo sospecharan. La noche antes de que Sam volviese a rodar, dieron un paseo por la playa y Josh le puso su suéter sobre los hombros para protegerle del viento nocturno. Se sentaron uno junto al otro en la arena viendo cómo atardecía. La cabeza de Sam sobre el hombro de Josh y el brazo de este alrededor de su cintura. —¿Estás seguro de que quieres volver mañana? Podrías hablar con Barker… Sam le besó en la mejilla. —Estoy seguro. Sé que intentas mantenerme ocupado pero me empiezo a aburrir y necesito volver al trabajo. Josh acarició su pelo. —Lo sé. Es solo que estoy preocupado. —Josh, sabes que todos en el estudio me van a cuidar como a un bebé. Además, tú estarás allí todo el tiempo. Estaré bien. Josh le miró y le sonrió. —Quizás es solo que no estoy listo para compartirte. Sam subió las manos para acariciar la cara de Josh. —No vas a compar r nada. —Ambos se besaron larga y profundamente y gimieron de placer cuando rozaron sus lenguas. Hasta entonces no habían ido más allá de los besos y de una espectacular masturbación mutua que dejó a ambos saciados y adormilados, abrazándose.


Pensar en que habían prac cado sexo en la cama de los padres de Josh les hacía sonrojarse y reírse. Josh no quería ir más allá y Sam empezaba a preocuparse por si todo esto era demasiado para Josh. Quizás no estaba listo para el siguiente paso. Pero cuando estaban así, bailando con sus lenguas y con la mano de Josh dentro de su camisa, acariciando la espalda de Sam para sen r su piel caliente, Sam dudaba de cuál era el problema. —Josh, llévame a la cama. Josh se retiró y Sam gruñó y le agarró de la camiseta para que no se fuese demasiado lejos. —¿Qué pasa, Josh? ¿Aún no estás listo? —Sam intentaba ser paciente, pero la paciencia se le estaba agotando… para todo. Josh se sonrojó y negó con la cabeza. Miró hacia abajo y suspiró profundamente. —Tengo miedo de hacerte daño. Sam sonrió, le tumbó en la arena y gateó por encima de él. Sus cuerpos se alineaban perfectamente. Sus erecciones frotándose la una contra la otra. —Josh, no me harás daño. La doctora dijo que podíamos prac car sexo si teníamos cuidado. Y sé que tú tendrás cuidado así que, cariño, por favor, hazme el amor. Se agachó y besó a Josh por su mandíbula y chupando una pequeña marca roja debajo de su oreja. Pasó sus manos por debajo de su camiseta y sintió sus abdominales duros y la piel suave. Cuando sus dedos rozaron los pezones duros de Josh, este gimió y se estremeció de placer. Sam movió sus caderas para que sus erecciones se frotasen a través de dos capas de ropa, haciéndoles estremecerse. —Sam. Dios, quiero… —La voz de Josh se cortó al sentir a Sam chupándole el lóbulo. —Te necesito, Josh. Vamos, deja que disfrutemos. —Se levantó y tomó la mano de Josh y se la llevó al bulto en sus pantalones, gimiendo y poniéndose más duro al presionarle. Josh ya no podía más. Se levantó cogiendo a Sam por la cintura y besándole con locura. Una mano le acariciaba el pelo mientras la otra se introducía por la cintura de sus depor vos hacia la raja de su trasero, acariciando suavemente el tenso músculo guardián. Sam empujó contra él y Josh supo que era el momento de entrar en la casa. Besó a Sam desesperadamente una vez más, y le ayudó a levantarse pero sin dejar de besarle. Solo dejaban de besarse cuando necesitaban aire. Sam dirigió a ambos al porche y solo pararon para quitarse la arena de los zapatos. Una vez dentro, cerraron la puerta y se dirigieron a la cama. Sam se quedó quieto mientras Josh le desves a. Le desabrochó la camisa, otra prestada por Josh, y se la quitó. Se agachó para besarle el pecho hasta que llegó a la cicatriz que ya no necesitaba estar cubierta. —Dime si duele. Sam tenía las manos puestas sobre sus hombros, sus ojos y lo miraba mirándole con lujuria.


—No dolerá. Josh le besó con la misma fuerza con la que presiona una mariposa por toda la cicatriz y hasta su garganta, y se detuvo para dejar una marca propia de su cosecha. Los de maquillaje del show le matarían mañana pero no le importaba. La idea de dejarle una marca a Sam era demasiado tentadora. Volvió a esos labios perfectamente arqueados y los mordió y los succionó hasta que estuvieron rojos y brillantes de saliva. Era la boca de Josh la que no podía parar de besar a Sam esta vez hasta que se quedaron sin aliento. —Te quiero, Sam. —Susurró las palabras en la boca de Sam y Josh pudo sen r la sonrisa en sus labios. —Yo también te quiero. Josh se quitó su camisa por la cabeza y la ró al suelo, aumentando el calor en la mirada de su novio. —Eres jodidamente atrac vo, cariño. —La voz de Sam era bajita y llena de lujuria lo que hizo que el pene de Josh reaccionase al momento. Josh se acercó a los pantalones de Sam, bajándoselos por las caderas y por su culo perfecto hasta que cayeron al suelo. Sam salió de ellos y les dio una patada quedándose de forma algo tímida delante de Josh, dejando que se llenase la vista de su amante desnudo. —Dios, Sam, tú sí que eres atractivo. Llevó a Sam lentamente a la cama y lo acomodó en las almohadas. Se quedó ahí un segundo observándole. La piel de Sam era brillante y suave con un pequeño toque de sudor. Tenía un brazo por encima de su pecho, su mano jugando con un pezón y la otra bajando por su estómago y entreteniéndose con el vello que rodeaba su erección. Bajó la mano para agarrarle los tes culos causando que sus caderas se quedaran quietas y que la boca de Josh se hiciera agua. Sam se agarró el pene con el puño. Josh se quitó rápidamente los pantalones y calzoncillos y les dio una patada. Después se dirigió a Sam. Se mantuvo apoyado en sus rodillas y codos para no echarle ningún peso en el torso. No podía parar de besar a Sam. Era su nueva adicción y su intención era alimentarla todo lo que pudiera. Sam rodeó su cuello con sus brazos para acercarle, como si quisiera trepar. Josh gruñó profundamente en su pecho y le besó más fuerte. Después bajó por su elegante garganta y sonrió al verle las marcas que ya se apreciaban en su piel de porcelana. Cuando llegó a un pezón, lo chupó con su lengua suavemente, para darle después un pequeño mordisco. Sabía lo sensibles que eran por las veces anteriores. Sam gimió, pidiéndole a Josh que siguiese. Después de darle al otro pezón la misma atención se dirigió al estómago de Sam y se detuvo para meterle la lengua en el ombligo provocando un nuevo quejido.


Cuanto más se acercaba al pene de Sam más rápido quería llegar. Me ó su nariz entre los rizos de vello púbico y el olor le llenó por completo. Sam olía dulce y salado a la vez, un poco como a vainilla, y le creaba adicción. Josh nunca había hecho una felación. A pesar de las creencias populares no todos los hombres lo hacían en la universidad y ni siquiera había fantaseado con la idea. Pero ahora que tenía el pene de Sam delante lo que más deseaba era chuparlo. Miró hacia arriba para ver sus ojos de color avellana mirándole con pura necesidad. Josh sacó su lengua y le chupó la polla a Sam de abajo a arriba haciendo más fuerza en la punta para saborearla. Era diferente, pero no estaba nada mal. Josh estaba seguro de que podía acostumbrarse. De hecho, estaba seguro de que le gustaría. Empezó despacio, capturando la parte de arriba con su boca y succionado. Sus ojos no abandonaban los de Sam hasta que este echó la cabeza hacia atrás de placer. Sus caderas empezaron a moverse y Josh las paró con sus manos para seguir chupando y observando el cuerpo glorioso que tenía delante. Perdió la noción del empo en su tarea y solo salió cuando Sam le empujó de la cabeza y hombros. —Cariño, tienes que parar. No quiero correrme tan pronto. Josh paró a regañadientes y subió por el cuerpo de Sam. Bajó sus caderas para que sus miembros se rozasen lo que hizo que ambos gimiesen de placer. —¿Cómo vamos a hacerlo, Sam? No sé cómo sin hacerte daño. Sam pensó un segundo y empujó a Josh para que se re rase. Amontonó un par de almohadas contra el cabecero. —Siéntate en las almohadas. Josh hizo lo que le pedía y vio cómo Sam se dirigió a la mesita y sacó unos condones y lubricante. Este arqueó una ceja y Sam se rió conforme los ponía en la mesita de noche y volvía a la cama. —Lo sé. —Sonrió astutamente—. Yo debería haber sido Boy Scout, me gusta ir preparado. Sam se sentó a horcajadas, como había hecho antes, y besó a Josh antes de coger el lubricante. Tomó la mano de Josh y le echó un poco sobre los dedos. Sus ojos no abandonaban los de Josh. Tomó un solo dedo y se lo metió dentro. —Necesitas abrirme —susurró Sam—. Empieza con un dedo. —Era lo más sexy que Josh había oído nunca. Pasó su dedo alrededor del orificio sin endo el calor de la piel de Sam y lo me ó, solo hasta el primer nudillo. Sam gruñó y le hizo sacarlo con cuidado antes de que lo me ese con más fuerza. Josh estaba impresionado por la forma en la que el cuerpo de Sam se abría. Dejó que su dedo entrase suavemente y me ó otro para es rar el músculo, acordándose de las pocas veces que había visto porno gay. Cuando ya había metido tres dedos Sam estaba suplicándole que siguiese.


—Estoy listo, Josh, por favor ¡hazlo ya! Josh liberó sus dedos y Sam gimió. Josh abrió el condón y se lo puso. Probablemente usó demasiado lubricante para su polla pero no le importaba. A Sam le dolía el pecho por la presión que había ejercido contra Josh, así que se incorporó. —¿Podrías arrodillarte… y sentarte en tus talones? Josh entendió inmediatamente e hizo lo que le pedía viendo cómo Sam se giraba frente a él, de forma que su espalda quedaba contra el pecho de Josh. Sam se echó hacia atrás y cogió el pene de Josh para metérselo. Fue bajando suavemente hasta que estuvo totalmente sentado. Aquella postura tenía la ventaja de una penetración más profunda y a Sam le encantaba. —¡Dios mío! —Josh nunca había sen do nada así. La presión que sen a en el pene era casi dolorosa, pero también lo mejor que había sentido nunca. Rodeó a Sam con sus brazos y se acercó a él mientras Sam se ajustaba a la penetración. Cuando Sam estuvo listo tomó las manos de Josh y se las puso en las caderas. Josh lo entendió. Ayudó a Sam a subir y bajar hasta que encontraron un ritmo. —La próxima vez…mmm... —Sam gimió—. Quiero ver tu cara cuando hagamos esto. —Lo que tú quieras. —Josh soltó una cadera y rodeó a Sam por la cintura, penetrándole con fuerza. Sus piernas empezaban a doler en esa posición pero no creía que tardase mucho en culminar. Estaba casi a punto desde que habían empezado, y la única razón por la que no había terminado era por sus ganas de que Sam se corriese antes. La mano que tenía sobre su estómago bajó para agarrar la polla de Sam rápidamente y con fuerza. —Vamos, Sam. Déjame verlo. Quiero ver cómo te corres. Josh tenía su barbilla sobre los hombros de Sam y veía cómo la punta de su polla desaparecía entre sus dedos. —Joder qué excitante. Su otra mano soltó la cadera de Sam y le cogió un pezón entre su pulgar y su dedo índice, a la vez que le mordía el cuello. Sam le empujó hacia atrás y se corrió por encima de los dedos de Josh y de sus nalgas. La presión que ejerció hizo que Josh se corriese también fuertemente, dentro del condón y dentro de Sam. Sam era un peso muerto en el pecho de Josh y ambos necesitaban aire. Josh tenía su boca sobre el cuello de Sam y saboreaba su piel. —Ha sido increíble. —La sonrisa que tenía en la cara y la voz de cansancio eran evidentes. —Sí, mucho… —Josh alivió un poco a Sam y se salió suavemente, con compasión al escuchar a Sam gemir de dolor—. ¿Estás bien? —Nunca he estado mejor en toda mi vida. Sam estaba sin fuerzas así que Josh salió de detrás de él y le tumbó en la cama. Se levantó y


fue al baño para lavarse y después volvió con una toalla para limpiar a Sam. El rubio sonrió, agradeciéndole el gesto. Josh lanzó la toalla hacia el baño antes de volver con su amante. Sam se giró para abrazarle y se acurrucó para ponerse cómodo. Ya podía dormir de cualquier lado y eso le parecía increíble. Se quedaron tumbados en silencio unos minutos. Josh acariciaba la espalda de Sam mientras este se colocaba en su posición favorita: apoyado sobre el pecho de su amante. —¿Josh? —¿Sí? —¿Te he dicho úl mamente lo contento que estoy por haberme enamorado de mi mejor amigo? Josh sonrió, se estaba emocionando. —Yo también estoy muy contento. Significa que yo también me he enamorado de mi mejor amigo. Sam es ró su cuello para mirarle y sonreír antes de besarle en el pecho. Josh besó su cabeza y se acercó a Sam un poco más. —Te quiero, cariño. Josh suspiró de felicidad. —Yo también te quiero, cariño. Muchísimo. Ambos se durmieron sabiendo lo afortunados que eran por no haber perdido la oportunidad de estar juntos. El futuro no tenía porqué ser fácil pero sería lo más cercano a la perfección.

Fin


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