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En-sur-abismo Iliana Pichardo Urrutia

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Ilustración de portada: Katela Sroor.

Agradecimientos: A Katela, Rodrigo Méndez Salinas, y Facundo S. Torrieri por creer en la poesía.

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Al poeta y amigo Homero Argumedo. Sus palabras siguen volando, expandiendo el infinito.

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Me exiliĂŠ por voluntad propia, ahora y antes, buscando respuestas en el deshielo. Desde esta punta en el sur lejos de mi origen, intento creer que existo en esta tierra donde nadie me nombra. (Argentina | Chile | PerĂş | Brasil, mayo a octubre de 2005)

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Mujer desierta Vino del desierto la arroparon las espinas y la tierra. Engendrada en Ăştero infinito sus aguas respiraron sequedad. De allĂĄ vino, vuelta tierra vuelta aire. Volando vino desierta.

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Abuela Entrégate a dormir niña mil veces amarilla y serena. Déjate lamer por los gatos que limpian los recovecos del sueño. Escucha tejer a la abuela. Entrégate niña, ve y besa las arrugas de su frente y de su tiempo.

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Todo nada de mĂ­ Esta nada vaga llenando el aire respira hay el viento gritando llenando viniendo hay nada y todo de mĂ­. Tomo nada tomo todo el todo se llena de nada y la nada se llena de mĂ­.

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Necesidad expuesta Necesidad de escribir miedo a traicionar mis palabras. Hablar sintiendo que miento mentira que despierta al d铆a y se duerme en su letargo. Deseo de volar mis pies anclados al suelo. Necesidad de escribir y no saber lo que mi coraz贸n espera.

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Reconstrucción En algún día de la infancia dejaba las muñecas y un brazo extraviaba un pie caminaba coja. También caía el pelo –alopecia le llamaron– y con él cayeron la angustia y el miedo. En un cuarto oscuro buscaba mis ojos, uno estaba en la luna otro estaba en el cajón. También perdí mi corazón entre unas sábanas azules y las manos de un fumador. Soy un cuerpo inválido cojo manco sin pulmones y un estómago que quema. Intento volver a la infancia sacar el brazo y las muñecas, reencontrar mi pie reconstruir mi pelo llenar los pulmones y el vacío. Busco mi cuerpo mutilado en la angostura de la calle aneblinada, cuando encuentre las partes que me faltan talvez vuelva a mi unidad talvez llene mi nombre. 11


Líneas ausentes Sobre mi espalda cae como cuerpo pesado un recuerdo. Un verbo que intenta hacerse presente. Palabras empezadas buscan una nueva boca que las nombre. Una voz dulce se cuela por una línea endeble pero desaparece antes de que pueda arroparla. Vuelves a mí y no sé cómo hablarte, porque los hilos de la niebla me han cegado a las palabras tiernas. Cae el recuerdo sobre mi espalda sola, me quedo sin voz ya no puedo nombrarte.

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Fui yo Qué les digo cuando por ti preguntan si la arena se coló entre mis manos y la mariposa no revivió. Te llevó la ausencia y te mate de no verte. Fui yo la culpable, tal vez por ahogarte en la arena. La mariposa muerta se quedó velándote. Yo no prendí una veladora te dejé morir y gusanos de silencio comieron tu recuerdo.

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El pésame No quiero que me den el pésame vivo como intuyo. Que el estambre se enreda en su madeja que el cigarro va en el cenicero. Sé de sobra que las hojas caen que la tierra va muriendo. Que las cosas van en el ropero y los recuerdos en cajas inasibles. Que la memoria me traiciona y que se cuela entre los sueños. No quiero ver palomas muertas en la banqueta. Ni hombres durmiendo en un colchón calcinado. Ya el pésame me lo dio mi madre al momento de nacer.

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Habitando Deseo vago por habitar el mundo callando entre las curvas de una letra. Torcido el esqueleto en su refugio de palabras.

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La obra “Un abrazo infinito, me dijiste” Acto I. Inmediato

– No hay intervalo de tiempo entre nosotros.

Acto II. Fugaz

–Entonces huye y desaparece.

Acto III. Eterno

– Serás tiempo sin principio ni final.

Fin* (* Nuestras segundas partes nunca fueron buenas.)

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El restaurante El asiento de la mesa la esperaba y ella mojaba su pelo dentro de la copa. Su boca cantaba agua como hilos de cera que paraban en las mesas aledaĂąas. TambiĂŠn estaba ĂŠl con su nueva ella observando a la otra que mojaba el pelo en la copa. Su piel recordaba motivada pero el abrazo ni siquiera estaba cerca.

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Aviso oportuno Suplico que alguien me distraiga temo morir asfixiada en un frasco lleno de palabras.

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A mis psicoanalistas ¿Dónde mi infancia? Psicología de los diez años la menstruación y la incapacidad de ser mujer. Dónde la otra señora de carnes obesas su proyectada angustia cayendo sobre la niña mujer once años. Dónde la señora maternal que contesta la puerta con sangre entre las piernas. Y dónde ese hombre guía que se vuelve Freud en sueños. Dónde tanto psicoanálisis de histeria que la niña comienza a vestir. Mujer sangrando niña envuelta en trapos malolientes. Alopecia gastritis asma muerte Prozac lexotan frágil alegría. Contener a la mujer que no se salga del corral. Mujer objeto mujer caso de estudio diseccionar su cuerpo y sus sueños.

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La sombra Un hombre peina su sombra sombra que habita en aquella barda deslavada por la luz del mediodía. Un hombre cree caminar sin sombra Pero ahí están, –Frente a frente– Entonces sombra y hombre se miran entonces hombre y sombra dialogan. La sombra extiende la mano y peina al hombre solo. El hombre alarga la mano y acaricia la barda con ternura. La noche sin luna se lleva el claroscuro, y el hombre regresa a su casa sin espejos y sin sombra.

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Buenos Aires Ciudad viste melancolía viste al puerto viste a la gente. Emigrados exiliados expulsados. Lágrimas partiendo lejanía río de la Plata. Tristeza húmeda que esponja el pelo del alma. Ganas de llorar al despertar el día y el puerto.

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A Alejandra Pizarnik Nos enlazas con palabras estrelladas Yo Te creía sólo mía pero ahí está Él Recorriendo también las páginas de ti Se hace un puente entre mi mesa y la suya Tú Caminas sobre él con tus vocales muertas.

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Pez desierto Extraño esas palabras en las que el agua cabe y baña las miradas. Un soplo se resigna porque no puede huir de soledad. El agua sigue cayendo sin detenerse en mí. No hay palabras, no hay miradas sólo yo, pez en el agua desierta.

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Niebla Ella y también yo amo la niebla ese vaivén de respiros de amantes nostálgicos.

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Puentes A mi abuelo Lloro por todo lo que se me ha ido de las manos con el tiempo. De las cosas que ya no puedo ver como tu cara. Me gustaría tejer un puente de agua hasta tus manos, verte hablar, voz de guitarra. Guardar en una esponja los olores de aquellos días de terciopelo y año nuevo. Me gustaría tejer un puente a la distancia a los días que se fueron con tu cara. Volver atrás a un día en que te viera en esa silla y encontrarte dormido junto al agua. Abuelo, ¿A dónde te llevó ese pájaro? Te me fuiste de las manos por el cielo. Pero aún rondas mis días como si fueras viento.

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Honda BKS 499 Mañana se irá tu cuerpo con la carretera y sin promesas. Las cuerdas de mis brazos se zafarán de mí queriendo tomar lo que creerán que es suyo. La boca que murmurará un nombre que ama y no conoce. Y es el viento que te lleva y es el sueño que se queda. Del hombre que recorre el suelo suspendido solo y buscando.

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Intermitente A Yu De día luciérnaga invisible rondas las paredes de la risa. Presencia intermitente de lo que era por que no te sé más. De noche apareces pequeña luz haciendo vivos el balcón y el piso de cuadros rojos. Intermitente vuelves a volar y te escapas de mis sueños de espera en el tren de catarátas.

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Esperando Espera quieta el presente insiste con quedarse y tĂş sigues sin aparecer. Espera de cerebro hinchado espera fronteriza, comible y sola. Otra vez sola la espera sola y asĂ­ ha sido siempre.

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En invierno El árbol se quedó desnudo y sufre frío carcomido lento.

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Ex cuadro En mis ojos sin lĂ­mites se desvanece el margen que encuadraba mi sonrisa. Dentro estoy de lo que no se llenarĂĄ nunca.

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Ítaca El fin no es el regreso es la despedida lenta de los días. Delante el agua eterna te divide entre el irte y regresar. Tu pelo crecerá y la tierra no será la misma cuando vuelvas vuelto otro. Las noches del viaje te peinarán con nuevo brío. Y no importa que el fin esté lejos serán otras miradas las que encuentres y otras pestañas las que ya no vuelvan. Sabrás que son tus pies los que se alejan aunque al fin regresen siempre.

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El gato Queriendo caminar queriendo el cuerpo que la habita. A veces su sexo corre con temor lejos de ella. Y entonces la niĂąa perdida se refugia tras los lamentos de un gato que aĂşlla en la terraza.

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Frente al lago Quiero llenar estas hojas con los silencios en blanco que me habitan. Mis ojos suspendidos en el intervalo de tiempo se abren blancos grandes y s贸lo aguardan el silencio de voces que no me dicen nada.

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Silencio Y por qué nadie me habló de la soledad que habitaría mi corazón de habichuela que espera volverse enredadera y tejer una escalera fina en el viento escalonado. Nadie me habló de los pasos forzados errantes y deseantes de pisar estepas nuevas, de este andar fugitivo que se esconde en las sombras. Y la niña que se sienta en su sillita mecedora a hilar los llantos de angustia, mientras recoge del suelo con ternura el pelo caído por tanto pensar y darle vueltas a la vida. Y nadie me dijo qué hacer cuando la luz fosforescente del gusano se apagara y me quedara a oscuras tentando con mis pequeñas grandes manos los objetos ajenos que me poseían. Nadie me habló de la tristeza desolación y desamor que sufrirían mis cansados ojos de entregar y cómo así sin más aquel niño casi niño se quedaría algo de mí que he perdido para siempre. Y que lo secuestraría él un regalo un pedazo de mí guardado en una cajita que contiene la melancolía del habitante de un puerto que le aúlla en la noche al barco que no volverá. Y la cajita está enterrada debajo de un árbol del desierto y ni él ni yo podremos recordar cuál de todos los árboles me guarda. Nadie me habló de las muertas mías que he dejado atrás, las que fui han dejado de esperar que vuelva y es que no regresaré. Mejor olviden que existí. Olviden que sonreía mirando por la ventana; no se extrañen si mi voz no regresa a sus sonidos habituales. He optado por enmudecer mientras controlo el viento que se azota en mi garganta. Prefiero callar. No hablar sobre lo que nadie me habló. Silencio.

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Quién llama Escucho mi nombre, pero al preguntar nadie me llama. Es el viento que se azota reclamando un poco de atención. Dime una letra que se vaya por aquel estrecho y que quede impresa en las montañas de nieve ruidosa y estática. Dime un nombre que añores aunque jamás vuelvas a él. Pronuncia lo que salga de esta mano y también grita si puedes. Es sólo mi nombre el que escucho aunque sea el silencio quien conteste.

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Origen De tormenta de nieve fui Y abrí los ojos detrás de una ventana fría pasos desnudos de niña derretida en la nieve tan ligera en ese andar de copos cayendo entre mis manos anhelantes de crecer ensancharse caer darse vueltas y quedar suspendida en un espasmo de cielo helado respirando la pausa silenciosa del tiempo: viajero incansable.

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Faro del fin del mundo Los faros siempre fueron solitarios estatuas mudas haciĂŠndose presentes con la luz que anuncia el puerto al navegante. Faro solo lejos allĂĄ en el fin del mundo donde nadie pisa nadie observa. SĂłlo el faro testigo olvidado varado en la isla del mar.

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Afirmación No te engañes no he vuelto a llorar recordándote.

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Asesinato Al verte almas tormentosas gritan desde el fondo de mis ojos. Rabia agazapada u単as enterradas en la arena alaridos finos de granos asesinados.

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Hombre En la arena no hay pisadas s贸lo un cuerpo di谩fano traspasado por la lluvia. Nunca sentiste nunca estuviste escondida entre las piedras, te llamo.

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Conjugando El tiempo es sólo un verbo el espacio es yo habitando un verbo. Me deshabito la que escribe ya se fue de aquí. ¿Qué diferencia hacen la arena y las frutas del ahora? Si esta viajera solitaria ha vuelto al frío glaciar donde te conoció. Inútil conjugar una ausencia tus ojos han muerto. Lo inconcluso: angustia del hubiera. Sólo queda esta certeza de que te he perdido en la estupidez de las palabras vagas que escondían el titubeo tímido del alma. Entonces conjugo pasado y te veo descendiendo entre montañas nevadas. Tu mano extendida sonrisa abierta de sandía Y de nuevo la angustia el verbo caduco. Regresar al presente en que ésta que escribe le llora a tu tumba inscripción del hubiera.

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Marina Talvez un día triste recuerdes el barco a Salvador de Bahía zig za gueando en olas VIOLENTAS. Talvez recuerdes que ocupabas el mejor asiento de cubierta y que veías al agua salpicar los asientos y las bocas de los tripulantes que vomitaban débilmente ojos en blanco nauseabundos. Pero tú no, tu vista se posaba altiva en el mar como si caminara en equilibrio sobre un tapete azul. En tu burbuja estabas tú y estaba Jorge Drexler y también el brasilero salvador de ojos limpios recogiendo bolsas de enfermos. Talvez un día de nata opaca recuerdes, este día en que fuiste invencible.

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Todas las ma単anas del mundo El llanto se expande entre las cuerdas de la viola sus ojos recorren un recuerdo sus manos acarician las venas de nylon. Con sonido lento casi desesperado en su agon鱈a se suelta el dolor y se decanta arriba abajo recorriendo el cuerpo y el pasado. Todas las ma単anas del mundo en sus manos. La tristeza en el pecho de la so単adora.

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Instantes Ansiedad te vas colando con formas extrañas. Un violín muerto colgado en la pared. Un niño orejón sonriendo desde la ventana de un coche. Las marcas del café en la taza el cigarro tiñendo con enfermedad los dedos que lo sostienen. Ansiedad he de decir adiós y no sé quién se despide de mí con un pañuelo triste.

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Las flores Son mis muertas llenas de flores las que bailan en ronda en la playa de un cementerio. Una tiene flores en la cabeza la otra en la boca y a la tercera se las puse en el pecho segĂşn el caso que el dolor pidiera. Y fue en la cabeza por perder el pelo y fue en la boca por la asfixia del silencio y fue en el pecho por haber amado lo justo. Mis muertas bailan con flores y cantan de lĂşgubre y de negro por aquella que les hace justicia mientras espera otra muerte.

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Crisis táctil Postrada boca abajo mi espalda expuesta a sus manos de eucalipto. Omóplatos que se abren alas temerosas al contacto. Vulnerable posición sus palmas si quisieran podrían rajarme la columna. Pero sólo se deslizan como olas suaves por el lomo. Y yo me quedo dormida en su arrullo táctil.

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Macchu Picchu Monta帽as vuelan sobre voces de piedra. Secretos de maleza verde y arado. Sepultados sacrificios para el c贸ndor que lleva en sus alturas la ciudad perdida.

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Haiku Tarde en silencio lluvia muere en las flores mi boca es muda.

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El Cusco En el ombligo del mundo me encontré esqueleto luminoso danzando en un útero de tierra. Volaron las piedras que iluminadas por el canto del adobe y las farolas fueron a dar al centro de mi misma. Y allá en las montañas también quise ser serpiente cruzando altiplanos desolados. Para dejar mi corazón bien embarrado a esta tierra que presiento mágica.

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Mi chupamirto Tenías piel indígena y un nombre que significa colibrí. De tu boca de viento sólo blancas palabras galopaban. Ojos negros de tierra de piedra. Sentada al lado yo era la serpiente tentadora de tus muertos. Portadora de una verdad no mía de un pasado que era imperio nuestro asesinado. No era yo serpiente la que habría de quitarte la inocencia de tu sangre. Entonces me quité la piel y la cubrí de adobe. Te encontré volando y te besé de sierra de norte y de sur. Entendí que la tierra te hizo arador de quien eres y mas vale verte así, sonrisa de mazorca, querido colibrí.

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Soy De nuevo aquĂ­ soy las paredes soy la muerte blanca la mirada de embarque. Agua lechosa nube gris pariendo lluvia mojando muertos en la playa. Soy la toalla secando un cuerpo la mirada gris la mirada clara. Mano que escribe asesina de palabras.

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Réquiem Fui testigo de un asesinato en un día de octubre. La última de mis muertas vi morir conscientemente. Su cuerpo inerte transmutó de una primavera a un otoño. La luna del puerto le cantó una despedida y el ataúd negro se la llevó volando.

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