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Universidad Autónoma de Querétaro Facultad de Ingeniería Instituto de Investigaciones Multidisciplinarias

año 4 No. 4

arte, literatura y sociedad primer semestre 2015

Hugo Gutiérrez Vega


CONSEJO EDITORIAL Y ARBITRAJE INTERNO

ARTE, LITERATURA Y SOCIEDAD Publicación Semestral Instituto de Investigaciones Multidisciplinarias Cuerpo Académico de Sociología del Arte Comunicación y Conocimiento, con arbitraje interno de la U.A.Q. Se distribuye en Universidades del país y América Latina

DIRECTORIO Dr. Gilberto Herrera Ruiz Rector Dr. Irineo Torres Pacheco Secretario Académico Dra. Blanca Gutiérrez Grajeda Secretaria Particular de Rectoría Q. B. Magali Elizabeth Aguilar Ortiz Secretario de Extensión Universitaria Dra. Ma. G. Flavia Loarca Piña Directora de Investigación y Posgrado Mtro. Luis Alberto Fernández García Director Facultad de Ciencias Políticas y Sociales Dr. Aurelio Domínguez González Director Facultad de Ingeniería Dr. Luis Enrique Puente Garnica Director Facultad de Psicología LLM-E Verónica Núñez Perusquía Directora Facultad de Lenguas y Letras Dr. Julio César Schara Director del Instituto de Investigaciones Multidisciplinarias

Dr. Julio César Schara Director de Entrever

Bernabé Galicia Beltrán Asistente editorial

Jorge L. Oseguera Asistente editorial

Arturo García Riestra

Dr. Julio César Schara Editor responsable Mtro. Rodolfo Anaya Larios Facultad de Filosofía Lic. Bernabé Galicia Beltrán Facultad de Ciencias Políticas y Sociales Mtro. Antonio Flores González Facultad de Ciencias Políticas y Sociales Dr. Juan José Lara Ovando Facultad de Ciencias Políticas y Sociales Jorge Luis Oseguera Castro Instituto de Investigaciones Multidisciplinarias

Comité Editorial Consejo de Investigación Cuerpo Académico: Sociología del Arte, Comunicación y Conocimiento Dr. Pablo Alonso Herraiz Dr. Gerardo Argüelles Fernández Dra. Margarita Rosa Camarena Luhrs M. Pedro A. Cabral Salazar Dr. Emiliano Duering Cufré Lic. Bernabé Galicia Beltrán Dr. Sebastián García Garrido Dr. Augusto Isla Estrada Lic. Juan Antonio Isla Estrada Dr. Jesús González Aguilar M. en F. Jorge H. Martínez Marín Mtra. Lucía Molatore Dr. Daniel Orizaga Doguim A.V. Jorge L. Oseguera Mtra. Lourdes Puente González

Diseño, Formación y Portada

Carolina Delgado Medina Corrección de Estilo

Universidad Autónoma de Querétaro Facultad de Ingeniería Instituto de Investigaciones Multidisciplinarias

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ISSN: En Trámite. Registro de derechos de autor en trámite Dirección de Reservas de Derechos, SEP, en trámite Impreso en los talleres de la Universidad Autónoma de Querétaro RECEPCIÓN DE COLABORACIONES Y CORRESPONDENCIA: Email: jc.schara@gmail.com TEL.: (01442) 192 12 00 ext. 7014 y 4802


CONTENIDO Presentación Bernabé Galicia Beltrán

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Ciudad y poesía: los hombres y mujeres del alba David Álvarez Vázquez

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Historia, vida, patriotismo, amor, poesía Patricia Elizabeth Calderón Hernández

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El arco y la lira, de Octavio Paz Elisa Itzel Carrillo Teniente

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Nuestros los días Gustavo Daniel González Barrientos

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El perfil del hombre y la cultura en México, de Samuel Ramos Dulce Melissa Hipólito Dorado

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Una reflexión sobre el estudio científico del arte y la literatura desde Pierre Bourdieu Edmundo Jiménez Méndez

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Efecto Rayuela Andrea López Regalado

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La muerte para el mexicano Manuel Alejandro Maya Noguez

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La inteligencia mexicana Diana Laura Quintanar Valencia

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Julieta, del Marqués de Sade Carlos Missael Roque Nieto

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Crónica de mi encuentro con Elena Garro Arantxa Salazar Cortés

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Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia Tania María Serrano Ávila

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El cacique de Comala Análisis del caciquismo en Pedro Páramo Marcos Terán Peralta

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Guía de autores

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Nacimiento de Nuestra Nacionalidad es uno de los murales del Museo del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, pintado en 1952 por el artista mexicano Rufino Tamayo.

Se trata de un lienzo de dimensiones murales, pintado con “vinelita” (como se denominaba a la pintura vinílica). Representa la conquista y el nacimiento de una nueva identidad nacional. No de manera narrativa como lo hicieron otros muralistas mexicanos, como Diego Rivera o David Alfaro Siqueiros, sino de manera conceptual y abstracta en el que los símbolos,alegorías y sobre todo el color son protagonistas de la obra. Tamayo utilizó diversos colores y formas para representar la complejidad del encuentro entre dos culturas, la violencia y destrucción ocurridas durante la conquista que finalmente derivó en una nueva realidad.

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PRESENTACIÓN En este cuarto número de ENTREVER, dedicado a la crítica del arte, la literatura y su vinculación con el entorno social, publicamos los trabajos finales del taller Posrevolución: Arte y Literatura, la construcción del nacionalismo mexicano (Carlos Pellicer y Rufino Tamayo), que impartiera el Director del Instituto de Investigaciones Multidisciplinarias, el Dr. Julio César Schara, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro, en el semestre enero-junio del año corriente. La presente edición de ENTREVER responde a la necesidad de formar jóvenes investigadores que puedan incorporarse a redes de estudios multi y transdisciplinarios para el mejoramiento de los niveles académicos y científicos, y así contribuir con uno de los objetivos fundamentales de la UAQ: la investigación, la difusión y la extensión del conocimiento por medio de centros e institutos de investigación. A más de incrementar la importancia de la crítica en las diferentes actividades artísticas y literarias de Querétaro En fin, por todo esto publicamos una serie de artículos transdisciplinarios que nos invitan a una lectura de la diversidad de aspectos del fenómeno artístico-literario, en específico durante el periodo posrevolucionario en nuestro país. A través de la exposición de la obra y pensamiento de destacados filósofos, escritores y artistas, que han tenido por bien enriquecer el acervo cultural de los pueblos de México y proponer posibles vías de solución a los problemas de nuestra existencia tanto como aportar en alguna medida a la formulación de nuestras identidades, los jóvenes colaboradores se inician en la necesaria investigación e innovación de los conocimientos, así como en la crítica de arte y literatura. Puesto su interés en la sociología de la literatura, David Álvarez Vázquez analiza la obra del poeta silaoense Efraín Huerta y su vinculación con la Ciudad de México, desde una perspectiva sociológica. “Historia, vida, patriotismo, amor, poesía” son los tópicos que Patricia Elizabeth Calderón Hernández abordar para evocar y recrear la mítica imagen de Pablo Neruda. Elisa Itzel Carrillo Teniente se acerca al fenómeno poético a través de la obra clásica de Octavio Paz: “El arco y la lira”, ensayo fundamental para el análisis de la poesía en nuestro país. En tanto, Gustavo Daniel González Barrientos reflexiona, ensaya y divaga sobre la problemática nacional: “Nuestros son los días que quedan porque el futuro es un porvenir que hay que procurar, con nuestra gente, con lo que hacemos industrial, científica, artísticamente... Nuestros son los días en soledad y en comunión. Los días son nuestros.” Dulce Melissa Hipólito Dorado aborda la obra que iniciara en el periodo posrevolucionario la necesaria discusión en torno a “El perfil del hombre y la cultura en México”, de Samuel Ramos. Mientras, Edmundo Jiménez Méndez se pregunta sobre el estudio científico del arte y la literatura, y en las propuestas sociológicas de Pierre Bourdieu halla solución a las cuestiones planteadas. Andrea López Regalado ingresa al mundo-rayuela, a las casillas del gran cronopio Julio Cortázar, el efecto es inevitable, el Efecto Rayuela. Y Manuel Alejandro Maya Noguez aborda la muerte para el mexicano así como la obra de José Guadalupe Posada, y concluye su reflexión con el lema de la Universidad de Chapingo: ENSEÑAR LA EXPLOTACIÓN DE LA TIERRA, NO LA DEL HOMBRE.

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Diana Laura Quintanar Valencia analiza, en específico, “La inteligencia mexicana”, uno de los capítulos de la obra “El laberinto de la soledad”, de Octavio Paz, donde se plantea el gran problema de la educación en México. Y como siempre tiene que haber excepciones, Carlos Missael Roque Nieto escribe sobre la obra del Marqués de Sade, a quien considera un filósofo de ideales anarquistas. En “Crónica de mi encuentro con Elena Garro”, Arantxa Salazar narra su acercamiento a la narradora y dramaturga nacida en Puebla a principios del convulso siglo XX, y no deja de pasar la expresión de su admiración después de leer la colección de cuentos “La semana de colores”: “… en sus personajes y en sus historias siempre está presente ella, y no me refiero a una presencia implícita o ligera o como esas afirmaciones sobre que todo escritor mal que bien está en todos sus personajes, sino a que Elena Garro se plasma abiertamente como si hiciera un ejercicio psicológico, lo cual a mí me resulta valeroso y una buena estrategia de quedarse en el lector…” Cerramos este cuarto número de ENTREVER con la colaboración de Tania María Serrano Ávila sobre el escritor y dramaturgo Jorge Ibargüengoitia y un caso que hizo eco en la prensa que se ocupa de crímenes y muerte. Y, por último mas no menos importante, Marcos Terán Peralta que analiza el caciquismo en la novela “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo. Bernabé Galicia Beltrán Asistente Editorial Universidad Autónoma de Querétaro Verano de 2015

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Ciudad y poesía: los hombres y mujeres del alba David Álvarez Vázquez

Introducción El tema que nos reúne aquí es el abordaje del poeta silaoense Efraín Huerta y la Ciudad de México, con motivo de dos elementos fundamentales: la ciudad como construcción e identidad de razón, venida con la modernidad y el capitalismo, y los imaginarios sociales, expresados en la literatura y su correspondencia con el entorno. Las similitudes entre razón y poesía, aparentemente contrarias, se correlacionan conforme a la creación artística provista de elementos de lenguaje común, de experiencias personales, sí subjetiva, más inherente a un entorno social que construye su universo a partir de elementos identitarios y por los que la poesía crea un campo visual del espacio que habita. Efraín Huerta dialoga en su poesía con la urbe, con una ciudad revestida de interacciones sociales particulares, que se enfrentan a la cotidianidad y por las que se suscitan historias; individuos que conforman el espacio y por las que se da vida. Ciudad y poesía son dos elementos que se consagran en el poeta Efraín Huerta.

rasgos poco certeros de mediciones cuantitativas o percepciones de ciertos espacios dentro de ella:

La ciudad: imaginarios sociales La ciudad es un área de dinámicas y rasgos propios, espacio de producción industrial con una densidad poblacional considerable; una entidad político-administrativa donde confluyen interacciones sociales, monetarias y culturales. Quizás, en términos generales, estos elementos mencionados sean características compartidas de lo que se definiría por ciudad, al menos sus componentes más emblemáticos funcionan a partir de criterios económicos y poblaciones en continuo desenvolvimiento dentro de un territorio. El concepto de ciudad es, sin más, complejo; no hay uniformidad en la definición, sin embargo, existe. Para García Canclini (2007), conocer la ciudad se basa sólo en

“¿Qué podemos conocer de una ciudad, y especialmente de una gran ciudad? ¿Sólo fragmentos, parcialidades o podemos hacer afirmaciones de un cierto grado de generalidad, que estarán sesgadas por la perspectiva del analista o que son relativamente superficiales porque sólo atienden a aspectos socio-económicos, a hechos susceptibles de ser reducidos a estadísticas, a encuestas, al instrumental del conocimiento cuantitativista?” (pp. 90-91)

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progreso representaba también su deshumanización, su dependencia de un Dios que sólo sabía de cuentas.” (Pere, 1994, p. 78). Las dinámicas sociales en torno a la ciudad varían en todo momento, en toda época y en cada espacio y, como “espacios urbanos, las ciudades facilitan la emergencia de nuevas formas de interacción, diálogo o conflicto; se erigen, por tanto, no sólo como escenarios de prácticas sociales, sino como espacios de organización de las experiencias diversas de quienes las habitan. Por tanto, una ciudad se reconoce como tal en tanto se diferencian en ella grupos que interactúan entre sí a partir de la necesidad práctica de convivir.” (Rizo, 2012, p. 74). Las ciudades, desde un aspecto histórico, no son constructos modernos, sino que, su origen, se halla en Oriente desde las primeras civilizaciones representadas en Mesopotamia hasta la consagración de las polis griegas, en Occidente, centros económicos y culturales de gran concentración poblacional. Desde este punto, la ciudad es un concepto en continuo flujo dinámico, se deconstruye con el tiempo y se reconstruye nuevamente, y entender la ciudad como un elemento moderno es el punto central de este ensayo, entendido “como espacio de ausencias, deshabitado, regular y construido a partir de contenidos predominantemente racionalistas.” (Díaz, 2012, p. 110), en tanto que:

Ante el enfrentamiento conceptual de lo que es o no es, la percepción social de la ciudad es un rasgo fundamental en la concepción del espacio, por ello, servirnos de herramientas conceptuales para entender la totalidad, es necesaria. Los imaginarios sociales son representaciones que influencian la vida social, figuraciones instrumentales y/o ideológicas que orientan, condicionan o conciben el hacer social: “El imaginario no sólo es representación simbólica de lo que ocurre, sino también es el lugar de elaboración de insatisfacciones, deseos, búsqueda de comunicación con los otros.” (García Canclini, 2007, p. 93), con ello, las complejidades en las que entra la definición de ciudad se contrapone, en mayor medida, a la percepción de las poblaciones que tienen sobre sí mismas y su desenvolvimiento con el entorno, debido a que una “ciudad siempre es heterogénea, entre otras razones, porque hay muchos imaginarios que la habitan.” (García Canclini, 2007, p. 91). La ciudad es el espacio del progreso, las fluencias económicas y de producción se basan en un mercado que se sumerge a un dinamismo poblacional; sería difícil deslindar el proceso de construcción de las ciudades con los aspectos monetarios, en el que esta actúan como centros económicos de un estado, expresados en utilidad y rentabilidad, como de la razón científico-productiva. En Europa, durante el siglo XIX, París consagró las bases fundacionales de lo que son las ciudades modernas, en requisito posterior al progreso venido con la revolución francesa y la consagración del liberalismo económico y filosófico, posicionando a la razón como nuevo ídolo, representada en tres aspectos: el Estado, la ley y la economía, todas bajo un espacio central: “Al fin y al cabo, ese espacio del hombre que significaba su

Más allá de la ciudad como estructura material, como realidad objetiva y tangible de una organización espacial de la sociedad que no puede ser negada –con sus edificaciones e instituciones varias como acotan Lefèbvre (1969) o Park (1999); aunque en realidad ambos autores redimensionan dichos elementos como producciones humanas- se desarrolla el

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Ciudad y poesía: los hombres y mujeres del alba

campo de relaciones sociales que hacen de este lugar la urbes de la que habla Delgado (1999b); hecha de un tipo de interacción humana propia de las condiciones que la enmarcan –la fragmentación, la instantaneidad, las múltiples redes de intercambio por las que transita cada urbanita- de la cual parten los individuos para moldear a conveniencia su supervivencia conjunta. (De la peña, 2012, p. 24).

hombre, de su humanidad. Pero este mismo principio, paradójicamente, les enfrentaba.” (Pere, 1994, p. 81). Los siglos XVIII y XIX fueron un proceso de transformaciones sociales considerables, la industria creció, las olas migratorias campociudad fue la constante y la consagración de un modelo económico, en tanto cultural, prevaleció aún con sus contradicciones; Europa y América progresaron económicamente, asimismo las problemáticas traídas con la llamada modernidad; en ese contexto las interacciones sociales se fueron modificando, la producción artística y literaria, en correspondencia con ese entorno, se desenvolvió; corrientes estilísticas, planteamientos teóricos y filosóficos se posicionaron en aras de una crítica a las contradicciones de una promesa incumplida. La poesía, crítica de su entorno, consciente o inconscientemente, cuestionó el entorno a través de las posibilidades imaginativas sumergidas en la consagración de la razón, como elemento primordial del pensamiento moderno; el arte en sí mismo, se transformó en diálogo con su entorno: “desde el romanticismo, la poesía moderna ha cargado con el deber de rehumanizar la vida urbana” (Pere, 1994, p. 79). Poetas, pintores, pensadores surgieron, complejizaron la realidad, la cuestionaron, la defendieron, la replantearon; los Verlaine, los Baudelaire, los Rimbaund en París, capital cultural del mundo durante el siglo XIX, cuestionaron el proceso social en el que se vieron inmersos, dejando claro que la razón, ente divinizado alejado del sentir y la emoción, no prescindió de la poesía:

La ciudad es un ente de convivencia, donde los rasgos identitarios culturales y económicos, a través de las dinámicas de globalización y comunicación, han provisto de nuevas formas de interpretarla y estudiarla. La importancia de abordarla es inherente a la importancia que tiene la influencia de la modernidad en las sociedades, estudiarla aisladamente es fragmentar la realidad en su estudio, una parcelación deformadora. La historia de la poesía, en su totalidad, no podría ser retomada sin la ciudad como fondo o contenido creativo. Poesía y creación en las ciudades La relación que existe entre ciudad y poesía da cabida a interacciones e interpretaciones, así como prácticas, inherentes a la condición expresiva del ser humano. El arte es un diálogo, una confrontación entre el individuo y su entorno, sensible e imaginativa; la poesía es manifestación mediante la palabra, bella. La ciudad moderna es racional. Racionalidad y sensibilidad, ciudad y poesía, parecieran dos entes en contradicción, pero ambos son constructos sociales, reflejan la vida y pensamiento de quienes se desenvuelven en ella y es que: “Poesía y ciudad compartían un proyecto parecido: ser la representación del

Existe una forma de pensar la poesía desde la ciudad, pero también existe una forma de pensar la ciudad desde la poesía. A la cultura urbana se la ha tratado demasiadas

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“La cultura no sólo no es ajena a las circunstancias sino que también es las circunstancias, es decir: el arquitecto, el poeta, el creador es también un ciudadano; y quizás desde esta posición con menos pretensiones sacrales, desde esta retaguardia común, la cultura vuelva a tener sentido en nuestras ciudades.” (Pere, 1994, p. 88).

veces de forma segmentada. Al urbanismo y a la poesía se las ha llevado a interpretar papeles enfrentados que han acabado siendo estereotipos (Pere, 1994, p. 89).

La ciudad textual es un registro múltiple, parcial y semántico, poetas dentro del ámbito citadino o la ciudad como cuerpo narrativo; Epigramas venecianos (1790), El spleen de París (1869) o Los amores amarillos (1873) de Goethe, Charles Baudelaire y Tristan Corbiére, respectivamente, son ejemplos de significados en la ciudad en el ámbito literario, parciales en tanto que muestran una fracción específica, semánticas en su diálogo de símbolo y realidad. La poesía, en esa medida, permite ahondar al respecto del entorno social, da perspectiva, sí, ficticia, y en esa medida cuestionable, pero siendo la literatura una institución social provista de ideología, tiempo, espacio y simbolismos, es decir, no alejada del quehacer humano como espíritu y formador de época, la poesía nos permite imaginar.

Efraín Huerta: el poeta de la Ciudad de México Poeta de la Ciudad de México, Efraín Huerta nació en Silao, Guanajuato, en el año de 1914; contemporáneo de José Revueltas y Octavio Paz, su vida poética se incrustó en la multiplicidad de temáticas y perspectivas que van del compromiso social, la militancia política y, en lo que cabe al ensayo, la Ciudad de México. La obra cumbre del poeta fue el poemario Los hombres del alba, publicado en 1944, cuyo poema base, homónimo, es el reflejo de una ciudad y el transitar de su gente por sus calles, vecindarios y avenidas; la catástrofe de la Ciudad de México y los hombres y mujeres que la habitan, con o pese a ello. Núcleo político y económico, histórico en términos geográficos, la ciudad de México es un lugar de creación y andanzas, cuyo proceso social se vio inmerso en un centralismo administrativo, de migraciones masivas y el crecimiento de la mancha urbana a un número inédito, en correspondencia a la globalidad económica, herederas de la modernidad. Escritores de distintas partes de México confluyeron en esa andanza: Carlos Fuentes, Ruy Pérez Tamayo, Jaime Sabines, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, entre otros, como formadores de época a través de la palabra, cuyo foco central, la Ciudad de

“En términos muy generales podemos decir que imaginamos lo que no conocemos, o lo que no es, o lo que aún no es. En otras palabras, lo imaginario remite a un campo de imágenes diferenciadas de lo empíricamente observable. Los imaginarios corresponden a elaboraciones simbólicas de lo que observamos o de lo que nos atemoriza o desearíamos que existiera.” (García Canclini, 2007, p. 90)

La poesía se convierte en la forma, al menos en una, de correspondencia entre el individuo creador y su entorno. La ciudad es así el escenario de creación de elementos e interacciones simbólicas que funge como inspiración creadora y cuya base ideológica, remitida a la razón, no contrapone al arte y su andar, es así que:

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Ciudad y poesía: los hombres y mujeres del alba

una corriente tibia temerosa de conocer la vida un poco envenenada. Ellos hablan del día. Del día, que no les pertenece, en que no se pertenecen, en que son más esclavos; del día, en que no hay más camino que un prolongado silencio o una definitiva rebelión. (Fragmento: Los hombres del alba)

México, fortaleció el proseguir en la literatura. La ciudad se convirtió así, en ese espacio de problemáticas y poesía entre sus calles, una dualidad en constante movimiento, de odios y amoríos, que dentro de la poesía, tuvo su más alta representación, me atrevo a decir, en Efraín Huerta: Son los hombres del alba. Los bandidos con la barba crecida y el bendito cinismo endurecido, los asesinos cautelosos con la ferocidad sobre los hombros, los maricas con fiebre en las orejas y en los blandos riñones, los violadores, los profesionales del desprecio, los del aguardiente en las arterias, los que gritan, aúllan como lobos con las patas heladas. Los hombres más abandonados, más locos, más valientes: los más puros. (Fragmento: Los hombres del alba)

Leer a Huerta es entender un fragmento de México, de una ciudad, de la perspectiva del viajero, del migrante provinciano, del escritor político; un capítulo más en su historia. En palabras de Carlos Montemayor (2005): Todo habita la ciudad y el mundo; no los encubre el amor ni el cantor. La ciudad sólo tiene su contrapartida en las flores, porque, como los hombres, en ella agonizan, mueren, envejecen, lloran. El alba es lo que se canta, lo que sin invocarse rodea: la ropa en el suelo, la amante desnuda, la mirada, el sol, la idea, la ebriedad, la vida, y también el odio. Más que cantar, el hombre mira, el hombre se reconoce. (p. 63)

La poesía de Huerta evidencia un estilo, una relación recíproca entre ritmo y contenido, una ciudad mostrada en calidad literaria provista de emociones, sublime y desgarradora, figura mítica de México del siglo XX; de una ciudad en construcción, cuyo crecimiento urbanístico complejizó su andar. Dentro de ella, la vida fluye, camina, toma el metro o el micro:

Efraín Huerta, un personaje dentro y fuera del ámbito literario, expresa en su más íntima relación con las letras la ciudad, espacio que evidencia las constantes contradicciones de un modelo fracasado; la ciudad se complejiza, las relaciones sociales dentro de sí y, a su vez, las posibilidades de conocerla e interpretarla. Por ello, la poesía permite ahondar al respecto, da cuenta de una visión propia sobre un espacio donde confluyen aconteceres personales y colectivos, subjetivos y objetivos; la ciudad se deja apropiar por las letras y estas salen plasmadas en papel y tinta sin más reparo que desenmascarar la vivencia de lo que es la ciudad. Efraín Huerta no sólo nos permite ver

Ellos están caídos de sueño y esperanzas, con los ojos en alto, la piel gris y un eterno sollozo en la garganta. Pero hablan, al fin la noche es una misma siempre, y siempre fugitiva: es un dulce tormento, un consuelo sencillo, una negra sonrisa de alegría, un modo diferente de conspirar,

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Bibliografía

la ciudad desde su mirada, sino que nos acerca a ella, nos relaciona con ella.

Díaz Ruíz, Susana. (2012). La ciudad como espacio social de convivencia. En Centros de Estudios Urbanos y Regionales (Eds). La ciudad. Antecedentes y las nuevas perspectivas. Guatemala: Universidad de San Carlos. García Barrientos, José Luis (1998). La comunicación literaria. El lenguaje literario 1. Madrid: Arco/libros Lindón, Alicia. (2007). Diálogo con Néstor García Canclini ¿Qué son los imaginarios y cómo actúan en la ciudad? EURE, XXXIII agosto, 89-99. Montemayor, Carlos. (2005, Septiembre 08). Notas sobre la poesía de Efraín Huerta. Consultado el día 13 de mayo de 2015, de http://www.difusioncultural.uam.mx/casadeltiempo/80_sep_ 2005/62_68.pdf Pena, Pere. (1994). La otra ciudad. Los poetas y la ciudad de fin de siglo. Rizo, Marta. (2012). Conceptos para pensar lo urbano. El abordaje de la ciudad desde la identidad, el habitus y las representaciones sociales. En Centros de Estudios Urbanos y Regionales (Eds). La ciudad. Antecedentes y nuevas perspectivas. Guatemala: Universidad de San Carlos.

Conclusión A través del juego simbólico entre la poesía y la ciudad, como texto y contexto, es que la producción literaria se gesta en cualquier espacio, motivos no faltan para su creación ni los elementos que se desenvuelven en torno a ella son pocos o nulos en la posibilidad de creación con cierto escenario de motivo. “Las obras literarias adquieren también un valor documental que las convierte en fuentes para la historia”. (Barrientos, 1998, p. 33). La poesía de Efraín Huerta entra en un diálogo constante con su entorno, lo recrea, lo embellece, lo expresa y nos da cuenta de su recorrido, no desde el rigor científico que busca la objetividad, sino de ese imaginario social convertido en poesía, desde el poeta como constructor.

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Historia, vida, patriotismo, amor, poesía Patricia Elizabeth Calderón Hernández

Palabras. Palabras que saltan simplistas, comunes. Que componen frases que se emplean a diario, que tiene por manifiesto ser conocidas, entendidas e incluso practicadas, por el hecho de que son definiciones otorgadas por el mismo hombre y, en dado caso, experiencias reales (…), pero detengámonos a analizar un instante, ¿lo son? Bien, las mismas palabras constituyen la base del presente escrito. En el que se tiene por intento encontrar la relación entre lo mencionado con anterioridad y el sensacional libro Confieso que he vivido, de uno de los mayores cómplices de las letras, Pablo Neruda. El objeto es ejercer un análisis un tanto general de la obra, lograr una interpretación certera y en lo posible un aterrizaje respecto a la importancia de sus relatos e ideales y las coincidencias con las distintas realidades –haciendo referencia a periodos en el devenir del tiempo y, por tanto, de la humanidad-. En este sentido, se tiene la intención de aunar todo, con ayuda de un toque de inspiración e imaginación. “Confieso que he vivido” (…), enunciado que desborda satisfacción, que bombardea nuestras mentes al retrocedernos en este recorrido vital y cuestionarnos acerca de si se ha contado con la dicha de que sea la propia voz quien lo pronuncie, o de encontrarlo reflejo en alguna ocasión. Desde el título, el impacto es fuerte y, en lo personal, tanto que hasta la fecha, en mis escasos 19 años, sigo sin reconocerlo con plenitud. Y es que: ¿Qué se necesita para sentir tal impresión? ¿Cómo debe actuar uno? ¿Cómo saber que se ha vivido? Es evidente que todo aquel que habita en este mundo, que respira, realiza movimientos, posee sentimientos y sentidos, toma decisiones, que anda, que piensa: vive. Y es cierto, vive pero en un sentido biológico, elemental. El vivir –siempre he creído- va más allá, más allá de existir. Es darle sentido a tal existencia, es ser y estar. Y eso es lo que revela -totalmente- Pablo Neruda en su libro. En éste narra los episodios que construyeron su trayectoria de vida, su evolución poética e, incluso, definieron sus tendencias políticas. El autor prepara el escenario perfecto, una combinación entre una estructura en forma de diario, pero con la prosa tan descriptiva y evocadora que le

caracteriza, así como diversos matices que permiten puntualizar lo referido. Lo protagónico para Neruda se entrevé al momento de leer sus líneas, el amor a su país, los movimientos de lucha que tenían lugar alrededor del mundo, la peculiar conexión que mantenía con la naturaleza, su pasión por la aventura y lo acontecido en cada travesía, su infinidad de experiencias eróticas, el valor de conocer grandes personalidades y compartir pluralidad de momentos con ellas: García Lorca y Hernández, Aragón y Eluard, Quasimodo, Che Guevara, Fidel Castro y, de las últimas figuras, el presidente Allende. Equivalente, personas que bien, no se convirtieron en celebridades, pero le marcaron la vida de cierta forma; la mujer que una noche entró en la paja y le inspiró ese primer ensayo de enamoramiento, las 3 mujeres bondadosas que le acogieron la noche en que se perdió, los arrendatarios, por nombrar algunos. Por ello, es oportuno referir, y sin espacio para dudas, que todo hombre, él y el mundo tangible, efectivo, mantienen un nexo inquebrantable con eso llamado historia, con eso conocido como vida. Y a continuación, me atreveré a decir que tal historia es como las estaciones. Con nombres, interpretes, sitios, con tiempos definidos y, también, con tiempos de calor que se traducen en luz; la paz, la ilustración, el conocimiento, el desarrollo. Cuenta también con lapsos donde pareciera no existir más que un cielo nublado, una actitud sombría, un proceso de desencantamiento, ese donde habita la ignorancia y las guerras y mil problemáticas más. Hay otro, en el que la temperatura es agradable, en el que sentarse en el parque a observar lo magnífico de la madre naturaleza al terminar ciclos y de la forma más bella, satisface y alegra, y lo hace porque se está en víspera de una nueva oportunidad, porque eso es lo que representa cada cambio, en el simple deshoje de los árboles, en el viento fresco que anuncia un fin y un nuevo comienzo, que no es olvido sino más vida, en el frío, que parece congelar los cuerpos, nublar el alma, pero que sólo transporta a un contexto distinto. A entender la unicidad de estos. Es de conocimiento que la misma historia hace acto de presencia en diversas versiones, con distintas voces y un sinfín de dilemas. ¡Y vaya! Es que, ¿cómo señalar los testimonios que son verídicos?

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Y no se trata de debatirlo en este momento, no es el medio ni mucho menos la intención. Entonces, ¿a dónde me dirijo con esto?, se cuestionarán en este punto. El enfoque está en reconocer que todo parte del hombre, y que éste viene de atrás, que tiene precedente, que es resultado de necesidades, exigencias, elementos y memorias. Sí, el hombre es y se compone de historia. Pero esa es la misma razón, es lo que da motivos para declarar que la mejor historia es aquella de la que se tiene disfrute, aquella con la que se establece contacto íntimo: la propia vida. Con ello se abre la posibilidad de reconocer la propia naturaleza, puede surgir la captación de la relevancia del conjunto en el que se desenvuelve y lo que es él mismo; y, por ende, se adquiera la imagen exacta de la realidad. Neruda retoma este aspecto. Desde la salvaje y curiosa infancia, la dura etapa de la juventud, las adversidades tras el inicio en el ambiente literario, los infortunios de una militancia política, las travesías alrededor del mundo: Buenos Aires, Estados Unidos, Barcelona, Italia, México, España, poco antes de la guerra civil, etcétera. Estos dos últimos, sumados a su natal Chile, fungen como piezas fundamentales y complementarias en su rompecabezas (…). Pues nace en su interior ese sentimiento de amor por cada cultura, y el asombro por la perfección de las obras de sus colegas poetas con las mismas tendencias comunistas, de las cuales expresa:

Muchas veces hice aquel viaje de ida y vuelta entre la capital y la provincia, pero siempre me sentí ahogar cuando salía de los grandes bosques, de la madera maternal. Las casas de adobe, las ciudades con pasado, me parecían llenas de telarañas y silencio. Hasta ahora sigo siendo un poeta de la intemperie, de la selva fría que perdí desde entonces. Narra las sufridas persecuciones a casusa de su ideario político y su actuar fiel a ello. El contexto en el que se desarrollan sus obras, el momento exacto de su exilio, la elección como Presidente de un partido para las próximas elecciones, la firme decisión de apoyar a su contrincante Salvador Allende y el triunfo y asesinato de éste tras el golpe de Estado militar, etcétera. Todo aparece escrito, hasta unos días antes de su muerte. Deceso fechado el 23 de septiembre del año 1973. Así fue como se apagó la luz terrenal de Pablo Neruda, pero trascendió a estrella en el cosmos; a frases palpadas que se traducen en sentir, sentir distinto y a la vez común; pasó de ser un habitual hombre, a ser un poeta, sí, a tener el poder de las letras y el poder de movernos las fibras más íntimas. Y es que “el escribir enseña a pensar, porque al redactar ordenamos las cosas. Y con el tiempo se vuelve interesante ver cómo era uno, qué hacía, qué opinaba, cuánto ha cambiado. Escribir tiene su encanto: me asombro de ver cómo las letras al unirse forman palabras y salen cosas que no pensábamos decir. Además, lo que no se escribe se olvida”. Como escribiera alguna ocasión y de forma tan acertada José Emilio Pacheco. El buen Neruda, deja la lección de que la historia, la vida, el sentir, las letras, una pluma y un papel, una mente creativa, soñadora y a la par realista, pueden ser la mejor mezcla, la perfecta combinación. Nos enseña que el amor puede verse reflectado de infinitas formas; no sólo el compartir un sentimiento con y por alguien, no siempre en dedicar esfuerzo en lo deseado, no del todo en ser aquel que se quiere, no únicamente en un sentido positivo (…), no. También, el amor nace de hacer eso que uno quiere, aquello que apasiona, que extasía. Para Neruda se constituye en la poesía. Poesía plagada de recuerdos. Poesía que está repleta de amor. “Aquél vivió tal vez menos, pero fotografió mucho más y nos recrea con la pulcritud de los detalles”, sin duda, el nombre ya citado es aquel.

De aquellas tierras, de aquel barro, de aquel silencio, he salido yo a andar, a cantar por el mundo. En esta frontera, de mi patria, nací a la vida, a la tierra, a la poesía y a la lluvia. Del mismo modo, el autor rescata, en cada página que le es posible, el sentir. Y, en específico, el sentir patriótico. Es decir, el término responsable de aquella identificación con las patrias que le acogieron en diferentes momentos, que le enseñaron tanto y que hicieron posible el logro de su crecimiento, de su caminar. En síntesis, le provocan síntomas de profundo respeto, admiración, reconocimiento y plenitud. Cada capítulo se convierte en una especie de pasaje, es como un túnel. Donde la noción del tiempo no es lo relevante, no en el sentido numérico o racional, sino en la trascendencia de lo acontecido. Nos transporta a la América original, al México siempre colorido, aquel formidable, aquel que deja un sabor inolvidable, un recuerdo grato (…). Chile es el centro, el éxtasis. Partida de sus pensamientos, pódium de sus reconocimientos –Lenin de la Paz y el Nobel de Literatura-, primer salón de la fama, aeropuerto de sus salidas y regresos, clínica de sus colapsos y resurrecciones.

Bibliografía Neruda, Pablo, 1974, Confieso que he vivido, Barcelona, España, Seix Barral.

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El arco y la lira, de Octavio Paz Elisa Itzel Carrillo Teniente

Las reflexiones, que nos va dando Octavio Paz sobre el fenómeno poético, su lugar de origen, singularmente, en nuestra época y en nuestra vida personal son en buena parte el testimonio que el poeta da acerca de una cuestión nunca dilucidada del todo. Octavio Paz responde refiriendo la pregunta a otro ser, no menos enigmático: el poema. El arco y la lira no pretende ser un parteaguas en la poesía, por lo mismo trata de responder las preguntas de: ¿hay poesía?, ¿qué es lo que quieren decir los poemas?, ¿existe una comunicación en el decir poético?, etcétera, estas eran algunas de las inquietudes que tenía Octavio Paz, él trataba de profundizar en el impacto que tenían la poesía en la sociedad. Como una pequeña introducción al primer capítulo, debemos hacer alusión que en muchas ocasiones confundimos poesía y poema. No todo es poema, o para ser exacta no toda obra construida bajo las leyes del metro contiene poesía. Así un soneto, no es poema, sino una forma literaria, excepto cuando los mecanismos retóricos como estrofas, metros y rimas han sido tocados por la poesía. Por otra parte, hay poesía, sin ser poemas, los paisajes, las personas y los hechos suelen ser poéticos: son poesía sin ser poemas. Cuando la poesía se da como una condensación al azar o es una cristalización de poderes y circunstancias ajenas a la voluntad creadora del poeta, nos enfrentamos a lo poético. El arco y la lira, está compuesto por cuatro capítulos y dos secciones adicionales, las cuales van ayudando al lector para poder comprender algunas referencias que hace el autor a lo largo de la obra. Octavio Paz se toma el tiempo necesario para poder centrarse en algunos temas como prioridad, en la primera parte, el autor examina la naturaleza del poema y hace un análisis de sus componentes por ejemplo: el ritmo, la imagen, la inspiración, historia y sociedad.

momento en que todo pacta. Los contrarios no desaparecen, pero se funden por un instante. Es algo así como una suspensión del ánimo: el tiempo no pesa. Los Upanishad enseñan que esta reconciliación es “ananda” o deleito con lo Uno. Cierto, pocos son capaces de alcanzar tal estado. Pero todos, alguna vez, así haya sido por una fracción de segundo, hemos vislumbrado algo semejante. No es necesario ser un místico para rozar esta certidumbre. Todos hemos sido niños. Todos hemos amado. El amor es un estado de reunión y participación, abierto a los hombres: en el acto amoroso la conciencia es como la ola que, vencido el obstáculo, antes de desplomarse, se yergue en una plenitud en la que todo -forma y movimiento, impulso hacia arriba y fuerza de gravedadalcanza un equilibrio sin apoyo, sustentado en sí mismo. Quietud del movimiento. Y del mismo modo que a través de un cuerpo amado entrevemos una vida más plena, más vida que la vida, a través del poema vislumbramos el rayo fijo de la poesía. Ese instante contiene todos los instantes. Sin dejar de fluir, el tiempo se detiene, colmado de sí. (El arco y la lira, Octavio Paz) Como primera instancia nos detendremos un poco en el primer capítulo, donde se nos da una explicación muy breve sobre la noción y el significado de poesía, poema, poeta, lo poético y sobre todo del estilo. La poesía está siempre presente en muchos aspectos de nuestra vida y es la esencia o materia prima del poema, esta puede ser construida a partir de reglas métricas, no siempre se siguen ya que la poesía es muy libre de escritura, debemos de tomar en cuenta que si la poesía es expresada en un cuadro o una escultura la poesía se materializa en ellos. Hay que hacer alusión que lo poético es poesía que no ha sido tocada por un poema, y por otro lado el poeta es quien le da forma a la poesía.

En el flujo y reflujo de nuestras pasiones y quehaceres (escindidos siempre, siempre yo y mi doble y el doble de mi otro yo), hay un

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Octavio Paz toca el concepto de “estilo” dando a entender que es una manera muy común de un grupo de artistas de la época, pero no generaliza todas las obras de un determinado periodo, él lo ve como un instrumento histórico que va dando un valor propio a cada autor (esencia propia), esto se ve influido por el contexto social en donde se desarrolle el poeta. En la poesía es mejor porque es menos reflexivo y más natural. Tiene un carácter menos analítico. Y lo mejor, dice Paz, es que posee diversos significados sin que estos lleven una sola dirección. Dice que las formas, los sonidos y colores, si bien son instrumentos estéticos, que ayudan en una obra de arte, en el poema logran trascender y traspasar su valor primario (de utensilio) para formar la “palabra poética” (ritmo, color, significado) y es cuando estos utensilios crean la imagen Y esta imagen es la que tiene el poder de volver para el espectador las obras de arte en POEMAS. En la segunda parte de su libro, Paz examina las diferencias y semejanzas entre la experiencia poética y la religiosa, dedica un capítulo al espinoso problema de la "inspiración" y concluye afirmando que la experiencia poética es irreductible a cualquier otra, los temas que se abordan hablan sobre el tipo de lenguaje, el ritmo, imagen, verso y la prosa; con base en un análisis de las funciones principales del lenguaje (indicativo, emotivo y representativo), así como en nociones históricas. Por otro lado, el autor permite las críticas hacia otros estudiosos del tema, como la lingüística; y todos aquellos que se valen del mismo para poder interpretar la realidad, donde cada uno de estos se queja de sus limitantes para poder explicarlos, como es el caso de algunos filósofos.

idioma a través de la expresión que le va dando su percepción de la realidad. El poeta no escoge sus palabras. Cuando se dice que un poeta busca su lenguaje, no quiere decirse que ande por bibliotecas o mercados recogiendo giros antiguos y nuevos, sino que, indeciso, vacila entre las palabras que realmente le pertenecen, que están en él desde el principio, y las otras aprendidas en los libros o en la calle. Cuando un poeta encuentra su palabra, la reconoce: ya estaba en él. Y él ya estaba en ella. La palabra del poeta se confunde con su ser mismo. Él es su palabra. En el momento de la creación, aflora a la conciencia la parte más secreta de nosotros mismos. La creación consiste en un sacar a luz ciertas palabras inseparables de nuestro ser. (El arco y la Lira, Octavio Paz) También nos habla de cómo considera la unidad poética elemental: el ritmo, que es un derivado de la naturalidad que da el lenguaje común, esto a diferencia de la prosa, ya que esta se impone sobre la intensión original del mismo a causa de la búsqueda del “dominio del pensamiento sobre las palabras”. Señala tres cosas importantes: El idioma está siempre en movimiento, la frase (que es el habla común) se vuelve frase poética, en la medida en que somos capaces de aislar las palabras y no únicamente viéndolas como un constructor gramático, es decir, dividir por frases en palabras, estas en sílabas y letras. El lenguaje, como el universo, es un mundo de llamadas y respuestas; flujo y reflujo, unión y separación, inspiración y espiración. Unas palabras se atraen, otras se repelen y todas se corresponden. El habla es un conjunto de seres vivos, movidos por ritmos semejantes a los que rigen a los astros y plantas, y por último el sueño, el delirio, la hipnosis y otros estados de relajación de la conciencia favorecen el emanar de las frases. En esta parte nos podemos dar cuenta que esta idea merece toda la atención del autor, tanto es así que se extiende al próximo capítulo, donde además el defiende el planteamiento de que “el metro nace del ritmo y vuelve a él”, y da como resultado poder llegar al verso; para poder explicar el concepto, incluso se puede hacer un símil con la música, ya que ésta es un familiar muy cercano de la poesía, es decir, que el verso es a la poesía, lo que el intervalo a la música, que sirven como comedia para los sonidos.

Al enfrentar el "poco ser" del hombre con el pleno ser de Dios, la religión postula una vida eterna. Nos redime así de la muerte, pero hace de la vida terrestre una larga pena y una expiación de la falta original. Al matar a la muerte, la religión desvive a la vida. La eternidad deshabita al instante. Porque vida y muerte son inseparables. La muerte está, presente en la vida: vivimos muriendo. Y cada minuto que morimos, lo vivimos. Al quitarnos el morir, la religión nos quita la vida. En nombre de la vida eterna, la religión afirma la muerte de esta vida. (El arco y la lira, Octavio Paz) Paz nos manifiesta que “el hombre es un ser de palabras”, también nos muestra que es el formador del

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El arco y la lira, de Octavio Paz

Agrega que los metros tienen que ver con el momento histórico que se realiza, y nos hace mención del romanticismo. También, hace notar sobre todo el modernismo mostrado, la revolución en la poesía contemporánea hacia la versificación a métrica con figuras como: Darío, Neruda y Huidobro; y finalmente Paz nos habla sobre la imagen, que es entendida como toda forma verbal, frase o conjunto de frases, y nos dice que en unidad forman un poema. Él afirma: se vale de expresiones verbales como la metáfora para que dos términos distintos den paso a una nueva realidad sin que esta pierda sus cualidades originales, pues de esto es lo que se trata, una imagen en su expresión mejorada. La poesía consagra el instante y convierte el transcurrir histórico en arquetipo. De la misma manera, Paz examina algunos ejemplos de “consagración” de la historia por la poesía: el teatro griego -cuyo tema central es el “sacrilegio”, la novela y la poesía lítica de la edad moderna. Particular importancia dentro de las ideas del autor reviste esta última, pues constituye "una tentativa del verbo por encarnar en la vida". Luego de analizar la aventura de la poesía moderna y las causas de su fracaso histórico, Octavio Paz ofrece su idea sobre la función de la poesía en nuestra época. Su teoría poética es muy discutible. Parece que sólo es aplicable a la poesía que arranca del surrealismo, pues, al quitar valor al significado de las palabras y a la lógica, lo racional queda al margen de lo poético, y se excluye, por tanto, la relación de la poesía con el ser y el obrar del hombre. Su afán de libertad es más bien nada, pues el fundamento es la duda, el vacío, un yo desnudo y desamparado, al que Paz siempre retorna después de cada búsqueda. Bibliografía Paz, Octavio, 1972, El arco y la lira, México, FCE.

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Nuestros los días Gustavo Daniel González Barrientos

Anhelo el día en que el axolote logre su completa trasformación 7 de junio de 2015 hoy es un día difícil

Todos los días, en uno o varios momentos, al validar a través de las cosas que suceden a mí alrededor mi condición de hombre nacido en México (…), un dolor de antaño se manifiesta (…), el indio sigue agachado. Las conversaciones en cada reunión imprevista en algún lugar de la facultad, los congresos de la gente que se junta a beber, el taxista que busca que alguien lo escuche y escuchar a alguien (…), diálogos súbitos que terminan en lo mismo y lo gracioso, trágico y triste que esto puede ser. Existe un espacio en donde el ser humano se adentra para conocer al ser que habita bajo su piel, un espacio que, en la medida en que se descubre, te abona cierta conciencia, necesaria para saber nuestro lugar en el universo: la soledad. Inesperada, poco común, un ejercicio importante de crecimiento, una realidad individual llena de vida interior. Volver a lo esencial, a la verdadera tradición y ver que aquellas mujeres y hombres ancestrales, grandes, alimentados de sueños coloridos, han muerto de la peor manera; los hemos silenciado, les hemos puesto una máscara de civilizados, negamos nuestros antiguos ritos, dioses y lenguas y vivimos sometidos ante hombres enfermos de poder, una herencia extranjera que parte de la conquista, y donde comienzan a construirse los muros que conforman El Laberinto de la Soledad del que habla Octavio Paz. Una soledad con la que comulgamos todos, aún sin la conciencia de ésta soledad. Pienso que durante el proceso de maduración de un ser humano, éste adquiere conciencia de su cuerpo al intentar gatear –movimiento-, pero al momento de hacer conciencia de su núcleo familiar, mientras

transcurre la niñez –momento más puro del ser humano, apenas corrompido por los padres- se entra en una enajenación con la que todos los seres humanos vivimos. Y es ahí en donde comienza un juego que consta de cubrirnos de máscaras que aceptamos merecer, hechos históricos mitificados que nos han condenado. Hoy, la educación tiene poco que ver con enseñar a soñar –dignidad-, a educar en el amor –poder humano, a ser guerreros –voluntad-; una forma de ser del mexicano adornada por momentos de la historia que nos han marcado y de ahí el dolor compartido, de ahí las falsas creencias, de ahí la falta de identificación, de ahí esa mezcla de diversos aspectos diferentes a lo más original de la gente que vivió en esta tierra, nos avergüenza lo más poderoso que tenemos y seguimos creyendo que la Independencia nos pertenece, que la Revolución nos cambió. La madre tierra es también la madre de dios, juego sucio de dominación. La contracultura que ofrece un espacio de libertad del ser violento, pelado, pachuco, chicano (…), encuentro del mexicano con algo propio en donde existe unificación, integración, refugio y cobijo de las represiones sociales, pero que no deja de ser otra variante del indio agachado que reside en cada mexicano. Si al volver a lo esencial todos nos alineáramos a una idea de grandeza por ser quienes somos, de hacer conciencia de que estamos separados y hacer verdadera comunión, una comunión que nos conecte como Nación. Una comunión que podría también representar el nacimiento de un mito que engendre a un héroe (…) o a muchos.

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De la alienación a la alineación. La mexicanidad, una máscara de dulces, atributos, placeres, fiestas y excesos permitidos, de chingones y de chingadas. La muerte es una transformación y algunos la esperan borrachos, otros haciendo campaña, y otros pensando en qué comerán mañana. Adentrándose en esa búsqueda de uno mismo para revelar su verdadero ser, la sombra de la Revolución, intento de recuperar la tierra y de reinstaurarnos.

La Revolución representa un cambio determinante para México, una oportunidad para encontrarnos a nosotros mismos. “Ser uno mismo, es siempre llegar a ser ese otro que somos y que llevamos escondido en nuestro interior, más que nada como promesa o posibilidad de ser” (Paz, 1993). Esa posibilidad de ser radica en la toma de decisiones, las cuales son mejores para una sociedad si se piensa en la identidad que nos conecta, y precisamente eso fue lo que a la Revolución Mexicana le faltó, generar comunidad. La revolución debe ser entendida como un proceso que al no cumplir sus principales aspiraciones se descarta el hecho que se haya logrado, un proceso que aún no termina: eliminar el régimen feudal, trasformar el país mediante la industria y la técnica, instaurar una democracia social y suprimir nuestra situación de dependencia económica y política: “la revolución iba a inventar un México fiel a sí mismo” (Paz, 1993). La expansión imperialista que unificó al planeta tenía el foco en las materias primas de las naciones para introducirlas en el mercado mundial, pasando sobre grandes civilizaciones y llevándoselas en la corriente del poder económico, político y espiritual que se esparció por todo el mundo. Se pretendía terminar con una dominación burguesa de más de ciento cincuenta años; en éste contexto la recuperación de los recursos naturales es indispensable para una transformación del país con una política a favor de lo nuestro, procurar los derechos sociales, principalmente la de los obreros (Constitución de 1917). Hoy los campesinos siguen en condiciones de vida miserables, y EEUU sigue siendo una meta para la estabilidad económica de quienes cruzan la frontera, con todo y los peligros que en el 2015 persisten. De una u otra forma el imperialismo se comió al mundo, y en gobiernos como el de Lázaro Cárdenas la idea de explotar nuestros recursos y de entrar en esta corriente que pareciera inevitable, tiene que ver con la nacionalización del petróleo, ferrocarriles y otras industrias. Los obreros, en camino de una política social más avanzada, se mantuvieron a lado de Obregón, Calles y Carranza, quienes trabajaron con los dirigentes de los sindicatos a quienes premiaron con puestos en el gobierno; con Lázaro Cárdenas este grupo de dirigentes se convirtió en el Partido de la Revolución –diputados, senadores y gobernadores-, frustrando la idea de un partido propiamente obrero, libre de toda injerencia oficial. Éstos a su vez se aliaron con el sector campesino y la clase media –resultado próspero de la Revolución-; la burguesía se ha independizado e instalado en cargos

Nuestros los días (capítulos VII y VIII) Es muy profunda la reflexión acerca de quiénes somos, en lo individual y en lo colectivo, como gente que nació en un territorio, y que descubre su verdadero ser a través de su historia de nacimiento, y de la conciencia de su lugar en el universo. Universo (…) porque la soledad es un hecho imprescindible, es más grande y más profundo, estamos tan solos que sólo tenemos un planeta. Lo más valioso se encuentra en la tierra y en lo que da la vida, aspecto de identidad del lugar donde “vivimos”, y ahí la importancia de entablar esta búsqueda de quiénes somos –de quién soy-, para hacernos preguntas, generar crítica y entender nuestros días. La vida en sociedad se ha regido por cotos de poder que se han encargado de querer alcanzar el dominio del mundo, las guerras del siglo XX, por ejemplo, pero mucho antes y a lo que nos concierne (México), la llegada de los españoles a nuestro territorio, es la evidencia de las acciones que tomaron ciertas ideologías para continuar su curso de empoderamiento –colonización-. De repente el gran Guerrero Águila ya le servía al hombre blanco y adoraba al Dios de la Cruz. Y ahí una entrada, del indio con la cabeza agachada, a los principios del laberinto de la soledad. La conquista, máscara que representa una ruptura con quienes originalmente somos. Un espíritu reprimido por este tipo de máscaras, que con el tiempo las fuimos llamando nuestras, como ocurrió después con la Independencia, impulsada por ideas extranjeras como consecuencia de la corriente universal del Liberalismo, y que perteneció a una clase criolla que en sí ya era el resultado de un mestizaje que rompió con el propio indígena. A partir de ese momento las corrientes ideológicas que dominaban el mundo y las diferentes maneras de buscar la liberación del hombre por medio de la razón, así como en México un sentimiento reprimido de recobrar el trabajo digno de la tierra, desembocaron en la Revolución, la primera del siglo XX.

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Nuestros los días

de poder en el estado con intenciones poco cerca de los otros sectores, y desde entonces una máscara de fuerzas opuestas, accionando y reaccionando en sociedad , nos acompaña. “En un país que inicia su desarrollo con más de dos siglos de retraso, era indispensable acelerar el crecimiento, 'natural' de las fuerzas productiva. Ésta aceleración se llama intervención del estado” (Paz, 1993). La intervención del estado sucumbe al desarrollo de los países que precisamente son “desarrollados”, no hay una clara industria básica sembrada sobre nuestros recursos naturales, dependemos de la corriente del mercado mundial, somos simples proveedores de bajo costo para generar productos manufacturados de alto costo; esa corriente también afecta el interior del ser humano y lo margina con pobreza y desequilibrio. “Uno de los remedios más frecuentes que nos ofrecen los países “avanzados” –señaladamente los Estados Unidos- es el de inversiones privadas extranjeras” (Paz, 1993), lo que conlleva una relación de dependencia económica y posteriormente injerencia política. La idea de unidad es uno de los principales hilos conductores del Laberinto de la Soledad. La identificación de nuestros semejantes, con países que viven una realidad semejante de “subdesarrollo”, por ejemplo, podría ser una ventana abierta hacia el crecimiento de cualquier tipo, un camino a liberarnos de una dependencia de la cual su raíz no pretende ceder, sino hacerse más poderosa cada que tenga oportunidad, habiendo raíces más fuertes de grandeza en muchos territorios, como México. “Después de todo el capital no es más que trabajo humano acumulado” (Paz, 1993) y hay humanos. Pero si la liberación del hombre es el principal anhelo de la Revolución, y aún hay resistencia de los poderosos por generar un cambio, una verdadera comunión principalmente entre las clases separadas de nuestro país. Se juega un juego de ganar, perder; y no de ganar, ganar. Una enfermedad. Siguiendo esa línea, nos encontramos con un obstáculo que nos mantiene condenados y es en donde la inteligencia mexicana juega el juego más importante: el pensamiento crítico ante la enajenación y de ahí la alineación de pensamiento. Rescatando las ideas de José Vasconcelos, del trabajo en la sierra y la educación para todos, dirigida al pueblo en general; de donde nace el Arte, la Literatura, una parte importante para tener una imagen del mundo y un modelo de vida. Todo esto representa una revelación de nuestro propio ser negando al catolicismo, por ejemplo: “Por mi Raza hablará el espíritu”.

Mucho me temo que el valor actual de la tradición mexicana no se procura en las primarias; “la inteligencia mexicana, en su conjunto, no ha podido o no ha sabido utilizar las armas propias del intelectual: la crítica, el examen, el juicio” (Paz, 1993), la universalidad está en nosotros mismos, la autenticidad, pensar por nosotros mismos y no siguiendo las grandes conversaciones que rodean lo mismo, en ese sentido, la abundancia se conoce y se vive. “La historia universal es ya tarea común y nuestro laberinto, el de todos los hombres” (Paz, 1993). Conclusión: la construcción del héroe mítico (otro ejercicio de imaginación) En México nuestros mitos históricos se encarnan en nosotros, se ven en nuestras expresiones, lenguaje y formas de ser, Octavio Paz habla de la construcción de un mito con el que los mexicanos se sientan identificados al grado de adoptar sus características (parte de lo que es la contracultura). El héroe mítico siempre está viendo hacia arriba, al cielo, a las estrellas, se formó con ellas como se formó la tierra, la única evidencia de vida como la conocemos y que nos mantiene vivos, que se mueve. El héroe es consciente de que su nacimiento forma parte de la naturaleza del mundo, entiende que su espíritu, como el de la tierra, es su principal fuerza de creación. Se caracteriza por no usar mascaras más allá de las que los instintos humanos tienen, los más pasionales; consciente de su dualidad: ella y él, nosotros, complemento, lo más parecido a la tradición original, entiende su poder de producir la tierra, es libre y grande, como un guerrero águila. Comprende lo importante de procurar el bien común: la política. Y su práctica espiritual radica en los truenos, la lluvia, las plantas, los frutos, y la propia voluntad del ser humano para lograr cosas, está sano de poder y se ha liberado de las máscaras que usaba para ocultarse, se expresa. Dentro del juego imperialista y dentro de un ethos capitalista acepta el juego y explota lo mejor de su inteligencia, genera su producción intelectual, industrial, y agrícola, aprovecha lo que el territorio le ofrece, lo venera y lo multiplica. El héroe mítico se cuestiona las cosas y critica toda forma de poder que contrarreste la libertad del hombre. Conoce el poder de su palabra y utiliza un lenguaje que también es una máscara. Reconoce lo mejor de sus semejantes y se conecta con ellos, reconoce su poder de grandeza de espíritu; el héroe mítico no es violento porque solo sabe dar, como

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la tierra que solo nos da. Prueba de amor irrefutable, gran poder del ser humano, gran poder que trasciende tiempo y espacio, que rechaza la idea de clasismo y educa en todo lo que el propio héroe representa, porque el héroe es una mera manera de ser dentro de todas las posibilidades, la idea de mil héroes y no solo uno, una cuestión de decisión individual que comienza con hacer conciencia de cierta enajenación, a través de un empezar a descubrirnos históricamente en la soledad, y en la soledad colectiva que sigue cargando con un dolor que no nos merecemos, el indio siempre observa las estrellas, incluso se edificó gracias a ellas. El héroe mítico es abundante y suficiente, es auténtico y poderoso. Comprometido con la verdad. Así como los mitos de nuestra historia que generan evidencia en cierta forma de ser, condenada, del mexicano; la construcción del héroe debe ser una aspiración común como una alternativa de no colapsar y que para lograrse se requieren pagar ciertos precios. Nuestros son los días que quedan porque el futuro es

un porvenir que hay que procurar, con nuestra gente, con lo que hacemos industrial, científica, artísticamente, somos mentes y cuerpos. Espíritu. Tenemos las herramientas. Descubrir nuestro propio mundo, al que para unos fue uno nuevo, crear, producir, decir, expresarse. Ser uno con la tierra. Nuestros son los días porque el crecimiento es una decisión. Pensar. Es invocar al dios de la voluntad que vive dentro de ti y que también es el dios de la guerra: Huitzilopochtli. Nuestros son los días en soledad y en comunión. Los días son nuestros.

Bibliografía Paz, Octavio, 1993, El Laberinto de la Soledad, Madrid, España, Cátedra.


El perfil del hombre y la cultura en México, de Samuel Ramos Dulce Melissa Hipólito Dorado

Después de la guerra de Independencia y la Revolución Mexicana, llegó una cultura nacionalista que poco a poco se ha visto desvalorizada, pero cuando empezó este movimiento se pretendía despertar la conciencia de la mayoría de los mexicanos, fue así como surgió la música, pintura, teatro y novelas con ese particular toque mexicano, lo que nos identifica nacionalmente como una sola alma. Sin embargo, México siempre ha tenido un problema, pues nuestra cultura radica en que antes de ser nosotros mismos, comparamos nuestras acciones con las de otros países, y el hacer esas comparaciones nos llevó a encontrar similitudes y diferencias que desubicaron nuestra identidad y, según Samuel Ramos, he ahí el origen del sentimiento de inferioridad. Para él, y en lo que radica el siguiente ensayo, es este complejo de inferioridad, este afán de ser extranjero, de no aceptarnos tal y como somos, ser ajenos y extraños a nuestras raíces. Indagaremos en la teoría de Samuel Ramos, y el parecido que puede tener con la realidad nacional, aún al día de hoy; y se criticará con base en el autor contemporáneo Gilberto Gimenez para hacer un análisis de la identidad y cultura que tiene México para sí mismo.

de la existencia de un sentimiento de inferioridad en el fondo del alma mexicana, y se dedica a esbozar su proceso de generación, enfatizando que dicha inferioridad no constituye una cualidad real del mexicano, sino sólo un error de autopercepción. Asimismo, cree que este sentimiento es el que maneja la vida de los mexicanos, y lo hacen presente en diversas manifestaciones, como las conductas y actitudes más frecuentes de los mexicanos. También hace una analogía de la inmadurez dentro del desarrollo mexicano y menciona la a-culturización, que se manifiesta como la desvalorización de cada una de las maravillosas potencialidades nativas, donde hay un sentimiento de rechazo hacia nuestras raíces, y se ha pretendido copiar a las culturas europeas con el pretexto de civilizar a los ciudadanos, y en la forma en la que se ha visto jamás ha tenido éxito, son pocos los que obtienen el acceso a la cultura, el arte y la ciencia, ¿qué podía esperarse después de la guerra de Independencia?, el país estaba devastado y no podía sostenerse por sí solo, aún después de expulsar a los españoles hubo algunos que quedaron en el país, y siguieron promoviendo de manera “democrática” su poder. Por su parte, Gilberto Gimenez critica a Samuel Ramos diciendo que no se debería de psicologizar las categorías, grupos y colectivos; que una cosa es el valor literario y otra muy distinta la validez de las hipótesis sociológicas que se sustentan en el lenguaje literario. Algo que no puede dejarse de lado, y que no tiene que ver con el lenguaje literario, sin duda, es la alteridad que viene a ser parte de la cultura de cada uno de los mexicanos. Sabemos que hay una historia nacional, historias de guerras y luchas, pero no sabemos cómo fue el impacto para cada una de las personas, y por consecuencia a sus siguientes generaciones. Por otro lado, existe una reacción nacionalista que está justificada por un resentimiento contra la tendencia cultural europeizante. Se puede hablar de la imitación, como sinónimo del mimetismo, que es un fenómeno inconsciente, y en México aparece como un mecanismo psicológico de

El perfil del hombre y la cultura en México Cuando hablamos de nuestro país en el sentido de lo que nos enorgullece, la mayoría de los mexicanos puede darse el lujo de decir que lo que le sobra a la nación es la cultura, pero la cultura en virtud de nuestra historia nacional, de todos esos acontecimientos que marcaron el destino y la identidad que hoy vivimos. Sin duda, la llegada de los españoles y la hegemonía cultural que ejercieron sobre nuestro pueblo condicionó la mentalidad y el crecimiento de los mexicanos por demasiado tiempo, y llevó de la mano un rezago en el arte y la ciencia, incluso dejó un sentimiento de inferioridad, un “espíritu de fuga” de su propia tierra. Samuel Ramos hizo una investigación acerca de la psicología y filosofía del mexicano, en ella deriva la idea

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defensa, que logra crear una apariencia de cultura que nos libera de ese sentimiento de minimizar al ser. Este interés en la cultura extranjera provoca la fuga espiritual; tampoco es que la cultura mexicana sea la culpable de los fracasos nacionales, la verdadera falla es la causa del desprecio a la cultura propia, en este círculo vicioso de la imitación. Ramos afirma que el sentimiento de inferioridad aparece en el niño al darse cuenta de la superioridad de sus padres; el caso de México podría ser cuando fue sometido primero por los españoles, y después voluntariamente copiando el sistema de Francia. Ante el sentimiento de inferioridad, y en el contexto del siglo XIX no existía una verdadera asimilación de la cultura, pues ésta exigía compromiso y esfuerzo que no era posible, ya que existía la idea de que lo ganado en cualquier situación se podía venir abajo. Es importante la definición que se dé a la cultura y la identidad como conceptos universales, pues depende de la concepción que se tenga de uno, lo que definirá al otro. Gimenez dice que la cultura e identidad son conceptos indisolubles; la identidad es lo que nos diferencia de otros y es la apropiación de los diferentes repertorios culturales lo que nos llega a definir. Por lo tanto, ¿hasta qué punto los mexicanos hemos interiorizado la cultura extranjera?, ¿qué predomina más, los rasgos nacionales o los foráneos? Según Gimenez, las formas interiorizadas de la cultura se caracterizan por la tendencia a recomponer y reconfigurar lo híbrido, confiriéndole una relativa unidad y coherencia; quizá en realidad no tenemos una identidad bien definida como lo plantea Ramos, quizá solo somos una mezcla y víctimas de la historia. Para Ramos, la definición del mexicano se encuentra escondida en los rincones de su intimidad psicológica: “Mientras no se defina su modo de ser, sus deseos, sus capacidades, su vocación histórica, cualquier empresa de renovación en sentido nacionalista será una obra ciega destinada al fracaso”. No se puede desmentir que la mayoría de los mexicanos manejan un tipo de mentalidad y vida no muy elevada, hay una rectificación de ciertos vicios en el carácter mexicano. Cuando hablamos de desarrollo y crecimiento para una nación, pensamos que la educación es la única forma para que el mexicano pueda salir adelante y combatir estos aspectos negativos. Ramos critica la educación de México, pues dice que ésta no ayuda a amar al país ni a sus raíces y sus valores. Ni mucho menos se puede hacer si tenemos un atraso en comparación con países de excelente calidad en educación. La historia ha hablado, el mexicano es débil

ante el espíritu de cooperación y disciplina en colectividad, solo en los dos acontecimientos históricos más grandes de nuestro país –Independencia y Revolución Mexicana- fueron donde hubo unión, pero de ahí en fuera son pocos los casos que han repercutido. La introversión llega a provocar el sentimiento de inferioridad, y por ende obliga a desatender al mundo exterior y debilita el sentido de lo real. En donde hay un sentimiento de inferioridad surge la ambición desmedida del poder; estos problemas son explicados por Ramos como la desproporcionalidad a las capacidades del mexicano, es decir, que el poder es muy inferior ante el querer. La autodenigración del mexicano es consecuencia de la sumisión cultural en la cual nace México como Nación. Ramos expone al campesino o indígena como perfiles que tampoco representan al mexicano, ya que son personajes que simbolizan otra cultura, así bien no constituyen el México actual. Sin duda, algo interesante es cómo nos proyectamos ante el mundo, y cómo es que otros países tienen la burda imagen de aquel obrero de identidad falsa. Pero de cualquier forma que nos puedan ver, también llegan a ser fanáticos de las riquezas que poseen nuestro país e incluso valorarlas más que nosotros mismos. El mexicano nunca se ha forjado una personalidad propia, se presenta en su comportamiento la inseguridad, debido a que no conoce realmente quién es, por lo que recurre a múltiples mecanismos de defensa para no exponer su inferioridad. Samuel Ramos dice que para que el mexicano se entienda y se reconozca a sí mismo tiene que haber una búsqueda de conciencia mexicana, una reflexión en conjunto donde se defina y se acepte completamente, que razone y pueda construir una identidad con base en una nueva percepción de su cultura. Conclusión Para crear una identidad nacional se necesitan esfuerzos y la unión de símbolos que derriben ese sentimiento de derrota e individualismo. Para tener una cultura propia se necesita que cada uno de los mexicanos contribuya a poner de su parte. Que se mejore el sentimiento de seguridad y honestidad hacia nosotros mismos como pueblo para poder ser hombres y mujeres auténticos. Bibliografía Ramos, Samuel, 1989, El Perfil del Hombre y la Cultura en México, México, Espasa-Calpe.

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Una reflexión sobre el estudio científico del arte y la literatura desde Pierre Bourdieu Edmundo Jiménez Méndez

¿Le importa el arte a la sociedad? El arte entendida no sólo como la pintura, sino la música y la literatura también. El arte es visto por la cultura popular como un hobby, uno de esos pasatiempos al que la gente decide ocuparse en su tiempo libre si le satisface hacerlo, la cultura popular piensa eso porque sabe poco sobre el funcionamiento del campo cultural del arte, desde las escuelas donde se enseñan hasta los grandes artistas y escritores que tienen un respeto dentro de la cultura intelectual de la clase alta; como profesión es difícil que se encuentre o se pueda imaginar a qué trabajo se puede dedicar un artista o escritor, de esa manera, para la sociedad común, quienes se dedican a ello figuran como alguien que necesariamente debe tener estudios, o como alguien que puede tener un trabajo que sea productivo para la sociedad misma.

Desde que tenía quince años empecé a empaparme de literatura científica, casi todos mis libros eran sobre ciencias naturales o llamadas “duras”, por acontecimientos que no son tema de este ensayo terminé por estudiar Sociología, sin tener en cuenta que esta ciencia como tal no utiliza del todo el método científico, bien adentrado a segundo semestre encontré un mundo muy parecido al científico, pero que interrogaba sobre cosas filosóficas muy profundas, muy interesantes y muy asombrosas, hablo de la Epistemología, una rama de la filosofía que estudia todos los conocimientos, incluso los científicos. Ese mismo semestre una profesora nos llevó a un paseo por el Castillo de Chapultepec y el Palacio de Bellas Artes, en este último había una galería de fotografías dedicadas a Carlos Fuentes, siempre vi las fotografías como algo poco artístico, mero recuerdo de un momento pasado; mientras iba por mi recorrido, en una sala aledaña vi una exposición de algunas piezas artísticas visuales (en sentido burdo, meras pinturas), recuerdo haberlas visto una por una detenidamente sin encontrar el más mínimo interés, ninguna me gustó, recuerdo haberme preguntado si la pintura tenía una explicación científica (aunque ni yo mismo sabía a qué me refería), reflexioné un poco sobre la última pintura, no estoy seguro de si en verdad era como la recuerdo, pero creo que era un oso grizzly en el centro del cuadro,

del lado izquierdo había montañas de basura, mientras que a su lado derecho había un bosque, la veía y me preguntaba si había una explicación científica para determinar qué pinturas están bien hechas y cuáles no, si había algo que explicara: qué es bello y qué no lo es. Después del viaje traté de encontrarle respuesta a mis preguntas, y estas me parecieron de lo más frívolas cuando leí sobre Platón, quien en sus tiempos ya se había hecho preguntas parecidas e incluso creó la teoría de las formas en su Diálogo Fedón, para tratar de responder a sus interrogantes: Piense en todas las cosas bellas que hay en el mundo. ¿Tienen algo en común? ¿Cómo se explica que todas sean bellas? Según Platón (h. 427-347 a. C), la respuesta a ambas preguntas hay que buscarla en la existencia de una forma o idea denominada belleza, de manera que las cosas bellas lo son porque tienen algún tipo de relación con esa forma. El filósofo griego creía que hay muchas formas operando así, no sólo la de la belleza: la forma de la rojez, que se aplica a todas las cosas rojas del mundo; la forma del bien, que se encuentra en todas las buenas, etcétera. (365 días para ser más culto, David S. Kidder)

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Así leí sobre Platón, y sin respuesta a mis preguntas, pues su teoría sobre las formas no me convenció en lo más mínimo. Pero surgieron otras preguntas como: ¿qué hace a un poema más bello e interesante que otro?

hecho, eso no le concierne. ¿Por qué? Porque no se ha hecho nada para desarrollar en ella la libido artística, el amor al arte, la necesidad de arte, que es una construcción social, un producto de la educación. (Pierre Bourdieu, El sentido social del gusto)

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Cuando leí la anterior cita caí en la asombrosa conclusión de que yo no comprendía nada del arte porque era un analfabeto artístico en todos los sentidos, mis preguntas eran el resultado de mi ignorancia, ahora me suenan absurdas, pero a mi favor puedo incluir la siguiente cita de Carl Sagan:

El "pueblo" no habla de arte (ni siquiera de política) a menos que se lo haga hablar; los políticos, los periodistas, todos se constituyen en portavoces del pueblo, hablan en nombre del pueblo. (Pierre Bourdieu, El sentido social del gusto) Al comienzo ya hablábamos sobre la poca importancia que le da la sociedad al arte, y no es que yo me ponga como ejemplo de alguien empapado del mismo, al contrario, esa fue la única ocasión, hasta hoy, que he visitado el Palacio de Bellas Artes, mi curiosidad científica y mi precario conocimiento sobre el campo cultural del arte me hicieron caer en interrogantes que Pierre Bourdieu vino a responder, más temprano que tarde, y desde la Sociología. Y es que, ¿cómo quería yo encontrar respuestas científicas en un terreno que ignoraba totalmente y el cual no está basado para nada en práctica científica alguna?, al menos no de explicación natural (como sería el hecho de que hubiese una parte del cerebro que reconociera lo bello por alguna razón de la naturaleza de la evolución, y que los artistas y escritores tuviesen más desarrollada esa parte de nuestro cerebro. Debo aceptarlo, esperaba una respuesta como esa), sino social, pues los llamados campos culturales, como los llama Bourdieu, fueron ni más ni menos una buena respuesta científica a mis interrogantes sobre el arte. Bourdieu explica que en el arte todo es meramente social, nada da más sentido de belleza a una obra u a otra que el artista mismo, depende de qué tan bien posicionado esté el artista dentro del “campo cultural del arte”, mientras mejor su posición, mejores sus obras. Yo, un estudiante de Sociología no tengo nada que ver en ese campo social, mi opinión no vale, no es como en la ciencia, donde no importa el estatus, un hecho es un hecho, lo compruebe el mejor científico en su área, o un estudiante, aquí el público solo es consumidor y no posee nada que lo relacione al campo (aunque en la ciencia pasa algo parecido con el analfabetismo científico, pero ese es otro tema):

Hay preguntas ingenuas, preguntas tediosas, preguntas mal formuladas, preguntas planteadas con una inadecuada autocrítica. Pero toda pregunta es un clamor por entender el mundo. No hay preguntas estúpidas. (Carl Sagan, El mundo y sus demonios) Me pongo yo ahora como ejemplo paralelo al caso del campo cultural del arte con el campo cultural de la ciencia, a mí me interesa la ciencia porque desde una temprana edad empecé a leer sobre ciencia, me fui educando sobre ciencia (podría decir que fui autodidacta en ese aspecto) y fui construyendo una libido (como dice Bourdieu) científica, y desde mi posición formulé preguntas científicas a un determinado campo cultural, podría decirse que, para la razón de la respuesta que esperaba mis preguntas estaban mal planteadas. Yo no encontraba sentido alguno en el arte, no encontraba nada interesante en las obras que veía, ni en las fotografías ni en las esculturas ni en los poemas, no tenía, como diría Bourdieu: un habitus formado respecto a ese campo cultural: ¿Qué es lo que se aprende en las escuelas de Bellas Artes? Se ingresa sabiendo lo que es el arte, y que uno ama el arte, pero allí se aprenden razones para amar el arte y también todo un conjunto de técnicas, de saberes, de competencias que hacen que uno pueda sentirse, a la vez, inclinado y apto para transgredir legítimamente las “reglas del arte” o, más simplemente, las convenciones del “oficio” tradicional (…) La Escuela de Bellas Artes permite acceder a la manipulación legítima de

Decir, a propósito de la gente del pueblo, que no quiere el arte moderno, es bastante tonto. De

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Una reflexión sobre el estudio científico del arte y la literatura desde Pierre Bourdieu

los bienes de salvación cultural o artística; ustedes tienen el derecho de decir lo que es arte y lo que no lo es; pueden incluso, como Andrea Fraser, trastornar la frontera sagrada entre el arte y el no arte y hacer el elogio de una boca de incendio. En una palabra, en el campo artístico, al igual que en el científico, es necesario tener mucho capital para ser revolucionario. (Pierre Bourdieu, El sentido social del gusto)

Más que nada son factores como la intuición, la sagacidad y la suerte, a secas, los que juegan un papel. La historia de la ciencia está llena de casos en los que un científico da de pronto con una idea brillante basada en datos insuficientes y en poca o ninguna experimentación, llegando así a una verdad útil cuyo descubrimiento quizá hubiese requerido años mediante la aplicación directa y estricta del método científico.

Dentro del campo cultural del arte son los artistas los únicos que juegan, crean, producen y legitiman todo lo concerniente a ese campo cultural, si nunca tuve educación artística, no podía formar un habitus en arte que me llevara a estudiar una carrera que tuviera algo que ver con artes, así nunca pude formar ese libido por el arte, amor por el arte, sentir las obras, apreciar un poema, emocionarme con ello y menos formar un capital cultural que me llevara a jugar dentro del campo, Bourdieu habla del capital cultural como parte de todo el conocimiento adquirido tanto por el estudio como por la práctica empírica, todas aquellas características culturales adquiridas. En el campo artístico, aquel que forma un gran capital cultural es el que conoce el campo, conoce las prácticas, tiene el conocimiento y lo ha mejorado mediante la práctica empírica no pocos años, y muy importante: aquel que los demás le reconocen como tal; dentro de la ciencia sucede algo muy parecido como bien lo menciona Bourdieu, es curioso que Isaac Asimov dé una explicación casi perfecta de lo que es el capital cultural en la ciencia en su libro 100 preguntas básicas sobre ciencia cuando concluye la respuesta a la pregunta de qué es el método científico:

F. A. Kekulé dio con la estructura del benceno mientras descabezaba un sueño en el autobús. Otto Loewi despertó en medio de la noche con la solución del problema de la conducción sináptica. Donald Glaser concibió la idea de la cámara de burbujas mientras miraba ociosamente su vaso de cerveza. ¿Quiere decir esto que, a fin de cuentas, todo es cuestión de suerte y no de cabeza? No, no y mil veces no. Esta clase de "suerte” sólo se da en los mejores cerebros; sólo en aquellos cuya "intuición” es la recompensa de una larga experiencia, una comprensión profunda y un pensamiento disciplinado. (Isaac Asimov, 100 preguntas básicas sobre ciencia)

Está claro que ninguna teoría ni ley natural tiene carácter definitivo. El proceso se repite una y otra vez. Continuamente se hacen y obtienen nuevos datos, nuevas observaciones, nuevos experimentos. Las viejas leyes naturales se ven constantemente superadas por otras más generales que explican todo cuanto explicaban las antiguas y un poco más.

En palabras de Bourdieu: “en el campo artístico, al igual que en el científico, es necesario tener mucho capital para ser revolucionario”, sólo los grandes músicos, los grandes escritores, y los grandes pintores que tengan un gran capital cultural son los que pueden mover las piezas del juego (por así decirlo) en su campo, igual que el capital cultural que necesita un científico para dar grandes saltos a la hora de hacer ciencia, o sea, nuevo conocimiento. Ésta explicación social de Bourdieu responde a mis dos preguntas del inicio de mi reflexión: ? ¿Existe una explicación científica del arte? ¿Qué determina, qué es lo que está bien hecho y lo que no dentro del arte? ¿Se explica lo anterior mediante una regla que determine, qué es bello y qué no lo es?

Todo esto, como digo, es una versión ideal del método científico. En la práctica no es necesario que el científico pase por los distintos puntos como si fuese una serie de ejercicios caligráficos, y normalmente no lo hace.

La explicación científica del arte es el estudio del campo cultural artístico, para comprender sus reglas y su manera de comportarse en el mundo social como ya lo vimos. Si algo determina cuáles pinturas, novelas, esculturas u obras musicales están bien hechas y otras

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no, son los mismos artistas quienes legitiman el valor. En primera instancia, el artista debe ser reconocido como tal dentro del campo, y después su obra, pues el capital cultural de quienes ya están dentro del juego les da la capacidad de analizar las características de dicha obra. La última pregunta podría sonar como una gran cuestión filosófica de gran envergadura, pero no es así, Bourdieu nos relata una experiencia que derribaría cualquier respuesta que tratara de argumentar un gran sentido cultural de apreciar lo verdaderamente bello y distinguirlo de lo que no lo es:

hacen los artistas, ¿pero, qué acaso no acabamos de analizar que es meramente social un sentido del gusto?, claro, pero no por eso es inexistente el campo cultural del arte, del que nacen las “verdaderas obras de arte”, porque solo si pasan por el juego de ese campo cultural son dignas a tener ese nombre: “arte”, aunque todo se reduzca a una explicación sociológica, es un habitus que se tiene, una costumbre sagrada. ¿Entonces cualquiera puede ser artista y hacer arte siempre y cuando se le reconozca como artista dentro de ese campo cultural?: Sí.

Hemos publicado en la revista Actes de la recherche en sciences sociales, hace diez años, un artículo de Dario Gamboni sobre una experiencia social llevada a cabo en una pequeña ciudad de Suiza, Bienne, donde se habían comprado obras de arte contemporáneo y se las había expuesto en los espacios públicos. Un buen día, los barrenderos, los basureros se llevaron las obras tomándolas por basura. Esto ha dado lugar a un proceso muy interesante acerca de la diferencia entre desecho, basura y obra de arte. Sagrado problema. Hay artistas que hacen obras con desechos y la diferencia sólo es evidente para quienes poseen los principios de percepción convenientes. Evidentemente, cuando se trata de obras en un museo, es fácil reconocerlas. ¿Por qué? El museo es como una iglesia: es un lugar sagrado, la frontera entre lo sagrado y lo profano está marcada. Exponiendo un urinario o una rueda de bicicleta en un museo, Duchamp se ha contentado con recordar que una obra de arte es una obra que está expuesta en un museo. ¿Por qué saben ustedes que es una obra de arte? Porque está expuesta en un museo. Ustedes saben, al atravesar la puerta del museo, que ningún objeto entra allí si no es obra de arte. (Pierre Bourdieu, El sentido social del gusto)

Ustedes me preguntan: ¿quién hace al artista? Evidentemente, no es el artista quien hace al artista sino el campo, el conjunto del juego. Por el hecho de que trastoca todas las tablas de valores, todos los principios de evaluación, el revolucionario está condenado a encontrarse solo (…) ¿Quién hace entonces al artista, qué es lo que hace el valor del artista? Es el universo artístico, no el artista mismo. Y llevado al extremo: ¿qué es lo que hace la obra de arte? —Esto seguramente desencantará a los que creen en la singularidad del artista—. Es, en última instancia, el juego mismo el que hace al jugador dándole el universo de las jugadas posibles y los instrumentos para jugarlas. (Pierre Bourdieu, El sentido social del gusto) Aunque desde mi perspectiva científica esperaba (en el momento de formularme todas esas preguntas) respuestas más biológicas o incluso psicológicas, vengo a encontrarme que desde la disciplina que estudio (la Sociología) tenía todas las herramientas para reformular de manera correcta las cuestiones que en un principio me había hecho desde una posición de ignorancia hacia el campo cultural del arte, no dudo que otros como yo se hayan hecho preguntas similares, pero esas cuestiones que buscamos responder de una manera diferente están, en un principio, mal planteadas, y sólo podrán ser respondidas en la medida en que nos demos cuenta que la respuesta la buscamos donde no la hay, y que jugamos en un campo cultural diferente donde nunca se nos formó un habitus artístico e ignoramos las reglas, principios y valores que rigen dicho campo, aunque a veces los mismos artistas ignoran eso, ignoran que juegan a ser artistas y

Entonces si alguien intenta argumentar qué es lo verdaderamente bello dirá que será todo aquello que esté dentro de un museo, porque socialmente es el museo donde se supone están las verdaderas obras, Bourdieu reduce a cenizas una explicación banal de un sentido de gran cultura de apreciación. ¿Entonces cualquiera puede hacer arte sin ser artista? Aunque hasta ahora nuestra respuesta pueda ser afirmativa, es todo lo contrario, pues el arte solo lo

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Una reflexión sobre el estudio científico del arte y la literatura desde Pierre Bourdieu

miedo a un fin sellado nos lleva a crear la historia de una muerte sin fin, con un más allá. Gorostiza debió haber tenido un buen conocimiento de filosofía y algunos asuntos sobre ciencia, esto con su ya formada carrera en el juego de la literatura, de entender las reglas y las herramientas de su campo cultural para crear ese poema, uno pensaría que la ciencia es difícil, pero todo campo cultural tiene su cuerpo de conocimientos, que como mencionó Bourdieu le dan al artista una serie de razones, técnicas, saberes y competencias para jugar ágilmente en su campo, formando un capital cultural que se abona desde etapas tempranas en la vida y que después se convierte en habitus.

simplemente juegan sin darse cuenta, algunos se vuelven grandes iconos dentro de su campo, algunos otros incluso se inmiscuyen en otros campos, como José Gorostiza, quien escribió uno de los poemas más famosos de la primera mitad del siglo pasado, en su poema Muerte sin fin hace alusión a importantes cuestiones filosóficas y científicas: ¡Oh inteligencia, soledad en llamas, que todo lo concibe sin crearlos! Finge el calor del lodo, su emoción de substancia adolorida, el iracundo amor que lo embellece y lo encumbra más allá de las alas a donde sólo el ritmo de los luceros llora, más no le infunde el soplo que lo pone en pie y permanece recreándose en sí misma, única en Él, inmaculada, sola en Él, reticencia indecible, amoroso temor de la materia, angélico egoísmo que se escapa como un grito de júbilo sobre la muerte —oh inteligencia, páramo de espejos! helada emanación de rosas pétreas en la cumbre de un tiempo paralítico; pulso sellado.

Bibliografía Asimov, Isaac, 2005, 100 preguntas básicas sobre ciencia, Alianza, España. Bourdieu, Pierre, 2010, El sentido social del gusto, Editores Siglo XXI, México. Kidder, David S., 2008, 365 días para ser más culto, Martínez Roca, España. Sagan, Carl, 2005, El mundo y sus demonios, Planeta, España.

Alguien ajeno al campo cultural de la Literatura, la Filosofía o la Ciencia tendrá serios problemas para comprender el significado profundo de las palabras de Gorostiza, inclusive, los artistas podrían diferir en sus explicaciones acerca de lo que trata de dar a entender el poema, aquí mi interpretación: empieza hablando de la inteligencia, una inteligencia en soledad, que se quema, pero a su vez finge un calor. Los humanos somos los únicos seres con una inteligencia que tiene conciencia y razón, nosotros con nuestra inteligencia estamos solos, vacíos en la inmensidad del universo, pero fingimos un calor que nos abraza, un dios, embellecemos ese calor de dios con el amor infinito que nos tiene, la inteligencia como ente no se forma de dios ni por él, pero ella lo forma a él, el temor que tiene la materia, el cerebro, la conciencia, la inteligencia, ese temor de estar solos, y lo creamos a él de manera egoísta para sentirnos especiales en el inmenso universo, sentirnos seguros, creyendo que hay alguien que nos cuida de la inmensidad, que nos cuida del olvido de la muerte, el

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Efecto Rayuela Andrea López Regalado

Es difícil desmembrar conceptos y hacerlos poesía, y aunque las palabras en la cabeza de algunos sean obligadas a sonar poéticas, cuando intentamos traerlas al papel siempre estará esperando algo, o alguien, para corregirlas, para desmentirnos, para hacernos entender qué es poesía.

En el año de 1914, año del estallido de la Primera Guerra Mundial, María Herminia Descotte y Julio José Cortázar, argentinos radicados en Bélgica por efectos diplomáticos, vivieron el nacimiento de su primer hijo, al cual llamaron: Julio Florencio Cortázar, quien los sorprendió con su primera novela terminada a la edad de nueve años. Escritores como él, que crecen para trabajar incansablemente, son los que nos llenan con palabras el espíritu. Aquél que ha leído a Cortázar conoce lo exquisito de su escritura, el juego que se da entre él y el lector es sublime, inexplicable, llena cada momento de escenarios casi reales y tangibles, múltiples escenas que juegan con nuestros sentidos, nos abrazan la vista, ponen contento al corazón, dejan en suspenso y, de vez en vez, asustan (si es que hace falta). Cortázar hizo de las palabras: maravillas, algo espectacular en sus escritos, que es imposible imaginar qué universo infinito llenaba su mente. En todos sus relatos convertía lo cotidiano en poético, en pasión y ardor; la caída de un terrón de azúcar que, de repente, llenaba de drama y sufrimiento a Oliveira se convierte de un instante a otro en algo graciosísimo y vital; el ritual de despedida, que presentaron la Maga y Horacio, para un paraguas destrozado por el aire y por el tiempo, un paraguas que nunca hubiera tenido

importancia hasta que se topó en el camino de aquellos dos y terminaría convirtiéndose en un personaje, apreciado por segundos, de Rayuela; los encuentros fortuitos de los amantes extranjeros en París; la pasión y el drama de un par de mundos desastrosos que sobrellevaban los días llenándolos de mate, cigarrillos y cerveza tibia. Toda la obra de Rayuela hipnotiza, no hay más que reconocerle y agradecerle a Julio Cortázar su entrega a la literatura; sus escenarios de lo cotidiano, en un segundo, se vuelven magia, cada relato enciende miles de redes, como pequeñas lucecitas en serie, que conectan una simple rutina con el éxito del tiempo en picada, las cosas insignificantes se recargan de belleza y es tan grande el impacto de todo el movimiento que termina marcando fuertemente nuestras vidas, Cortázar se queda en nosotros. La magia que encontramos en Rayuela no nos sobra en la cotidianeidad, tenemos climas, sudores, almuerzos, cigarrillos, pasos cortos, silencios impactantes, techos bellos y juegos eternos; y además tenemos necesidades, de las más importantes: resolver nuestra separatidad con el mundo. Erich Fromm sostiene que el estado de separación, a pesar de que somos animales racionales, es dificilísimo de resolver cuando el lazo con la madre desaparece, y se

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debe crecer; nos sentimos vulnerables y excluidos de la sociedad si no encontramos con quién fundirnos, con quien compartir el mundo. La separatidad nos llena de miedos, inquietudes y obstáculos; Fromm escribe en El Arte de Amar que existen diferentes formas para aliviar ese sentir de ser ajenos al mundo, pero la que siempre elige el humano es hacer con otro individuo una conexión íntima, un enamoramiento; esa es nuestra solución predilecta, y así andamos por los caminos exigiendo y queriendo robar suspiros del ser amado. Aquél que ha leído Rayuela (…) aquél que experimentó los juegos de un libro mágico, que sabe cómo marcan las palabras del gran Cortázar; además, que ha visto cómo se deteriora el significado de esta gran obra en redes sociales por las imágenes, que citan textos y que la gente comparte como loca sin saber lo que significan para el que dedicó tiempo a concebirla, sólo aquellos entienden lo que la Maga y Rocamadour, lo que Horacio y el Club de la Serpiente representan, lo que las calles de París hicieron por locos y perdidos enamorados. En el amor de Oliveira y la Maga sobran las explicaciones, los contratos y los cigarrillos. El que existiera un asfixio de uno para otro sería como exigir dos cucharadas de sal en un café. ¿Y quién no quisiera un amor como el de Horacio y La Maga? Sin conocerse en detalles íntimos de la vida se sabían exactamente ubicados, dónde estaba uno y dónde estaba el otro, cómo responderían a la vida, cómo se verían esperando en el puente, pero sin estar esperando. Horacio veía aparecer a la Maga en su pensamiento cuando no la veía al frente suyo en la realidad tangible de días nublados. La sentía, era capaz de imaginar sus encuentros y las pláticas que sostenía en las calles con desconocidos que habitaban, junto con ellos, París. Reconocía su figura en el escenario probable de su ubicación y podía explicar, perfectamente, el motivo de sus actos, podía palpar lo que pasaba en aquella cabecita que no entendía nada de lo intelectual, pero que formaba complejos rituales obligados a ser completados, porque, si no la catástrofe caería sobre su vida como muchas veces antes. Él la sabía así, la entendía y la aceptaba tanto como se debía aceptar a sí mismo, porque con ella compartía la locura de atribuir la calma de su vida a delicados e inestables materiales que siempre andaban perdiéndose o cayendo, haciéndolos caer junto con ellos dentro de una crisis de vaso de agua. La mayoría de nosotros tenemos en el recuerdo la

llegada de nuestros amantes, siempre con el mismo paso, el tono de voz idéntico todas las veces, la temperatura de sus cuerpos dependiendo de la temporada y los horarios, pero siempre como ctrl+c de un día a otro, y a otro, y a otro; sin embargo, no todos podríamos decir con exactitud qué tienda visitaron, qué cosas sin sentido encontraron en el camino, no podemos decir si se obligaron a hacer ritos necesarios para subir la escalera y llegar con la calma de ser propios porque en la mayoría de veces elegimos esperar la llegada como algo egoísta y no como reconocimiento de que apreciamos el ser del cuerpo que se viene acercando a nuestra ubicación. La Maga se aparecía en la pieza por la tarde y Oliveira sabía que “(…) traía siempre una flor, una tarjeta Klee o Miró, y si no tenía dinero elegía una hoja de plátano en el parque.” Los pormenores de la llegada de una chica son sabidos tan perfectos para quien quiere reconocer en ella la infinita belleza de los detalles que toca su libertad. Existiendo evidencias de afición por ella, él declaraba que no estaban enamorados; quizá sólo lo negaba por los miedos irracionales que tenemos todos cuando sentimos que estamos empezando a depender en cariños de otro. Hacían el amor para después caer en silencios terribles, se miraban para sentir lo que era el tiempo, la Maga le daba fin a todo levantándose para, detrás de vueltas inútiles por la habitación, terminar admirándose desnuda en el espejo. Horacio sentía la necesidad de manifestar que no estaban enamorados aunque no pudiera evitar el deseo de llamarla para sentirla caer nuevamente a su lado “(…) después de haber estado por un momento tan sola y tan enamorada frente a la eternidad de su cuerpo.” El desorden de la Maga. La literatura y el jazz cool son un misterio para ella, lloraba de regreso del metro porque un pequeño le había traído a su memoria el recuerdo de su hijo Rocamadour, las inmensas ganas que tenía de ser poderosa e inmortal después de pasar

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Efecto Rayuela

sentar las nociones de orden y de desorden, de libertad, y Rocamadour como quien distribuye macetas con geranios en un patio de la calle Cochabamba?” Los amores que se viven en la juventud traen consigo explosiones vivas de sentimientos positivos y negativos, todo en uno, todo estallando en instantes, al mismo tiempo, haciendo que el cerebro segregue cantidades grandísimas de sustancias que matan y reviven la cordura, que enferman y curan los latidos. Por esto, en Rayuela, se busca encontrar en el carácter romántico de los personajes amantes, todo lo que implica la pasión, lo carnal, la preocupación del otro, uno que otro desgaste, y lo que abarque ser parte de un enamoramiento joven. Dos cuerpos utópicos que andan por las calles de París siendo libres, caminando sin compañía, sin ataduras psicológicas, que solamente de vez en cuando alargan su pensamiento para encontrar al otro en su imaginación, adivinando qué estará haciendo, entregando en su mente la prueba invisible de un amor incompleto, ebrio, aventurero, despreocupado, a veces grotesco y a veces perfecto. El sobresaltar el carácter de una relación entre jovenzuelos en otro contexto, en otro país, en otros tiempos, con otra educación y con otras libertades, se inicia por los casos conocidos de una juventud que demuestra vivir presa de sus propios miedos. Se ha hecho común escuchar que el mexicano no está preparado para relacionarse íntima y amorosamente con una mujer libre de espíritu, y de igual manera, una chica en sus relaciones no es capaz de lograr conservar su autonomía porque desea hacerse uno solo con su pareja; hombre y mujer no son capaces de mantener su vida y su libertad en equilibrio con sus relaciones amorosas. Demuestran que entienden al “amor”, y lo quieren, como un acto en el que se unen en cuerpo, alma, pensamientos, deseos, sociedades y tiempos con el otro. Para muchos enamorarse es perder individualidad, por eso parece interesante analizar la relación de una pareja en la literatura hispanoamericana. Se ha dado gran aceptación de Rayuela entre los jóvenes, el amor ahí relatado es deseado por mayorías. Quizá no es la relación la que todos quisiéramos, esa puede ser superada, pero los afectos que se describen, que nacen de los personajes, los sentimientos (tan pasionales y carnales que desembocan en cero explicaciones y nada de reclamos) de ella sobre él, y viceversa, es lo que añoramos; poder ser libres y dejar que nuestra pareja sea libre sin que alguno de los dos

la tarde mirando el retrato de Leonor de Aquitania, y se moría de ganas de ser ella, peinaba su cabello, lo despeinaba, volvía a peinarlo, cantaba tan seguramente mal alguna canción de Hugo Wolf, preguntaba por su peinado, dibujaba en un papelito amarillo, besaba a Horacio; éste no podía más que aceptar el desorden de la Maga como la condición natural de cada instante, como una disciplina necesaria. Y no se le podía separar de su desastre porque para ella no había desastre, no se podía mencionar la existencia de él porque terminaba escandalizada. Los inconvenientes de Oliveira. La mayoría de sus relaciones tenían la desventaja de que aceptaba y favorecía los vicios en otros después de haberlos identificado (como el desorden de la Maga), se tiraba en una cama sucia y distendida esperando que el llanto de ella lo llevara a un análisis de su vida en el que todo resultaba una penosa estupidez atascada dentro de movimientos dialécticos y malas decisiones, la falta de decencia, la cerveza tibia, la irritación que le causaba el concebir que la Maga no sabía que ella era su testigo y su espía, que pensar le era más fácil que ser. Y por todas esas cosas yo me sentía antagónicamente cerca de la Maga, nos queríamos en una dialéctica de imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared. Supongo que la Maga se hacía ilusiones sobre mí, debía creer que estaba curado de prejuicios o que me estaba pasando a los suyos, siempre más livianos y poéticos. Horacio Oliveira La unión Maga-Oliveira resultaba en inconvenientes y desórdenes, la pieza que ocupaban cuando sus cuerpos jugaban a unirse vivazmente era mucho, era miseria, era suciedad, era olor a cerveza estancada, pero no era rescate. Oliveira se sentía un poco encerrado, desconectado de su amante que, aunque reconociera en ella escenas valiosas y profundas, la paz y el placer le producía tristeza. Le aliviaba saber que no notaba que sus besos se abrían más allá de ella, porque la Maga lo acariciaba en la ignorancia de no conocerlo. Y después volvía a molestarse porque ella no tenía conciencia de su importancia en su vida, y después volvía a molestarse porque sentía acorralada su libertad, y después volvía a fastidiarse porque las ganas de liberarse era la declaración de querer seguir ahí, derrotado, frente a la Maga. “¿Por qué no aceptar lo que estaba ocurriendo sin pretender explicarlo, sin

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pierda la cordura y deba responder víctima de un ataque de inseguridades y reclamos. Andamos buscando el drama como buscamos la cerveza los fines de semana (o el pulque, el tequila y el vino cualquier día entre semana después de trabajar) y después de tanto hastío, nuestra mente pide madurar para encontrar parejas con las que se conciban amores en libertad y disfrute de una misma creación. Deben existir explicaciones de porqué Rayuela fue tan querida y aceptada después de declararse una novela de innovación, pero, sosteniéndome del báculo de mi propuesta, una explicación es el deseo de alejar de nosotros a las relaciones asfixiantes que encontramos en cada paso para, por lo menos en una ficción de Cortázar, sentir lo que es no estar atado ni colgarle un cascabel a nuestro amorcito, solicitando oír cada movimiento que hace al día. No se busca que el romanticismo asalte en estas páginas, debido al carácter mágico de Rayuela

puede ser imposible que lo evitemos, pero, objetivamente, un análisis de Horacio Oliveira y la Maga llegará a ser interesantísimo para los amantes reales en busca de consuelo. Es difícil proponer un análisis a la obra de uno de los mejores escritores de la Literatura Hispanoamericana del siglo XX, es inquietante y puede llenar de miedo con la seguridad de que una crítica lejana irá naciendo pero, humildemente, se busca en esta tarea hacer un reconocimiento de la cosa más grande que nos ha movido a través de años de progreso; los amores, la unión de dos que, sea la época que sea o el país que sea, nos incluye a todos por el deseo de superar una soledad. Bibliografía Cortázar, Julio, 2006, Rayuela, Santillana, México. Fromm, Erich, 2000, El arte de amar, Paidós, México.

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La muerte para el mexicano Manuel Alejandro Maya Noguez


La muerte es lo único seguro para el ser humano, es lo único que nos une con la vida, y si no existiera la muerte nos aburriríamos hasta el tuétano, digo, ¿qué sería de una persona que durara más de cien años y fuera joven? Es por eso que me pregunto: ¿si lo único inmortal es el conocimiento, como la historia, las ciencias, así también como las artes y la literatura que pasan de generación en generación, acaso el conocimiento es lo único inmortal, o los autores se vuelven inmortales en medida que los recordamos, cada vez que los leemos? Personas inmortales o no, algo sí, es seguro, se inmortalizan dentro de nuestros corazones, personas normales que dejaron una huella a lo largo de los años para mostrarnos mundos alternos, mágicos y muy visuales, que nos marcan a los mexicanos y nos distinguen del resto del mundo (o al menos a los amantes del nacionalismo cultural Mexicano esto les parecerá familiar), estos actores que titulan y protagonizan el desarrollo cultural del país, y que ven a la muerte diferente que en otras culturas, si no que en todas partes, a otros les puede parecer delirante la forma en la cual los mexicano vemos a la muerte, ya sean todos los artistas y escritores, llámese europeos o chinos, gringos o lo que sea, esto por el simple motivo que en México la muerte es concebida de una forma muy peculiar.

españoles. Cuauhtémoc ya no pudo resistir más, se preparó para huir, pero fue apresado. Vencido, el último Emperador Mexica fue llevado a la presencia de Cortés, quien lo abrazó y ofreció asiento. Ahí, poniendo la mano en el puñal que el conquistador llevaba al cinto, le dijo: “Toma luego este puñal y mátame con él”. Quería ser ofrendado a los dioses, la muerte digna de un guerrero prisionero para acompañar al Sol, según la religión azteca. Contrariando sus deseos, Cortés no lo dejó completar su ciclo, y Cuauhtémoc simplemente continuó apresado e incluso fue tratado con consideración, pero fue obligado a bautizarse con el nombre de Hernán de Alvarado en alusión a sus padrinos Cortés y Alvarado. Octavio Paz cree que ahí nacen los primeros mexicanos, ya que cree que la verdadera raza mexicana, “la raza cósmica”, nace justamente cuando nacen los hijos de la Malinche, y titula así uno de los capítulos de su famoso libro El laberinto de la soledad, justo con la llegada de los mestizos, criollos y hasta mulatos, el mexicano se ve presente en el nuevo rumbo de su historia en la que mezclara su raza local, la raza indígena, con la raza invasora, como lo fueron los europeos, en la que una guerra que duró cien años a base de fregadazos, no fue nada comparada con la guerra religiosa, en la que se vieron envueltos nuestros ancestros, una guerra que duró aproximadamente trescientos años, ya que los españoles lucharon ferozmente para dominarnos con la iglesia, y así poder tener el control de los habitantes de la Nueva España, y lo lograron. Claro, hubo una resistencia religiosa y cultural, se cree que los indígenas labraban figuras de sus dioses y las enterraban cerca de las iglesias para poder alabarlos, mientras los obligaban ir a misa; una lucha ideológica constante, porque también los gachupines llegaron a construir iglesias sobre pirámides o centros de observación astrológicas (existe discrepancia entre estas dos tesis pero lo que se ve en común es que existió una lucha espiritual y religiosa). Una guerra de cómo ver el mundo fue lo que nos hizo tomar lo que más nos guste de una cosa y de otra, y es por eso que en los tiempos actuales vamos a la Visita de las Siete Casas, la cual es una tradición europea, y también nos gusta ir a ver a los danzantes el día de la Santa Cruz; para los que conozcan esta tradición coincidirán con mi forma de pensar ya que es ejemplo de combinación de religiones y formas de ver al mundo por la unión de la humanidad, así como también el entendimiento y valoración de la importancia de los recursos naturales de la región, cosa que no les importaba mucho a los invasores en esa época (los caciques).

Escribe Octavio Paz, en su obra El laberinto de la soledad: Cuauhtémoc lucha a sabiendas de la derrota. En esta íntima y denodada aceptación de su pérdida radica el carácter trágico de su combate. Y el drama de esta conciencia que ve derrumbarse todo en torno suyo, y en primer término sus dioses, creadores de la grandeza de su pueblo, parece presidir nuestra historia entera. Octavio Paz cree que el mexicano aparece en agosto de 1525 “aproximadamente”. Las fuerzas de Cortés sitiaron Tenochtitlán el 22 de mayo de 1521. “Cortés contaba con sus propios hombres, armas, caballos, trece bergantines y los miles de soldados de los ejércitos indígenas aliados de Texcoco y de Tlaxcala. El sitio se desarrolló de manera planeada: En Chapultepec, Pedro de Alvarado y Cristóbal de Olid, tras fuerte batalla, rompieron el acueducto que surtía de agua a los mexica. Gonzalo de Sandoval fue a Ixtapalapa auxiliado por Cortés y sus bergantines, pero fueron atacados por los mexica cuando pasaban por el peñón de Tepopolco. Cortés desembarcó y tomó el peñón.” Tenochtitlán cayó derrotado el 13 de agosto de 1521, después de setenta y cinco días de asedio por los

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La muerte para el mexicano

Sin duda, “la muerte es lo que sigue de la vida”, pero, en México no necesariamente quiere decir que todo se acabó al perder la vida, o a menos en la cosmovisión prehispánica, y lo podemos ver al leer el libro del Popol Vuh en el que los personajes mueren y reviven. En la historia del juego de pelota, se narra que un par de hermanos mueren para ir hacer el juego de la pelota al Xibalbá, contra seres que vivían ahí, pero eran tan buenos en ese juego que les ganaron a los hombres del lugar, -al que solo se podía llegar sin vida-, y les dieron la oportunidad de regresar al mundo terrenal como dioses para los seres humanos, aunque después de un tiempo a los hombres del inframundo les dio envidia, y los llevaron al otro plano para saber por qué eran tan buenos, los hermanos les contaron que al haber muerto se habían llenado de poderes, entonces, los hombres del Xibalbá segados por su ambición les pidieron a los hermanos que los mataran y los revivieran para ser iguales o mejores que ellos, y así fue, los hermanos los mataron a todos, pero no los revivieron. Los hermanos se convirtieron en una historia igual de sorprendente que Rómulo y Remo, solo que Mesoamericana. Regresar al mundo terrenal al antojo de los dioses, así como también “la muerte solo es el paso a otro plano”, por ello, nuestro legado prehispánico nos llena de impresionantes historias que no podemos hacer a un lado, ya que al morir sólo se empezaba la travesía a la trascendencia, en la cual su primer reto era derrotar a una quimera que tenía forma de perro y así un sinfín de retos, como si la muerte sólo fuera un juego por el cual pasamos, y fuera tan normal morir como un paso a algo más allá de lo terrenal, una especie de purgatorio. Y como los mexicanos no tenemos una respuesta comprobable nos fue muy fácil darnos un sinfín de ideas de qué pasaba al morir, y es en México donde creamos hasta un Día de Muertos, en el que la tradición consta de dejarle ofrendas a nuestros difuntos para que regresen a visitarnos un día al año, abriendo un sinfín de posibilidades de qué es lo que puede pasar al morir y en donde mi tesis justamente nace, es que a través de esto los mexicanos somos tan folclóricos y hacemos gala de nuestro legado prehispánico, pero nunca hacemos de un lado nuestro catolicismo, llenándonos de nacionalismo como al darle nombres a nuestros hijos o al lugar donde vivimos, y es que podemos decir que no somos indios, pero la calle en donde vivimos lleva un nombre de origen prehispánico, pero al mismo tiempo no hacemos a un lado el legado europeo el cual ahora es nuestra religión, y hay veces en el que hasta lo combinamos, por ejemplo, el nombre de Querétaro que

significa tierra entre piedras y a lo cual hace alegoría a los cerros que rodean a la bella ciudad, pero al llegar los caciques decidieron llamar Santiago de Querétaro. Los años de dominación española dejaron en México un legado colonial relevante, desde Querétaro hasta Guadalajara, pasando por las bellas e históricas ciudades de Guanajuato, Zacatecas y San Luis Potosí. Muchas de las ciudades coloniales tienen una mezcla única de cultura hispánica e indígena. En México, el fenómeno de la muerte ha traído un conjunto de creencias, ritos y tradiciones. Actualmente, y sobre todo en las regiones rurales y semi-urbanas, aún se siguen realizando ceremonias para el Día de Muertos. Se elaboran y adornan bellos altares en los hogares y se llevan ofrendas a las tumbas en los cementerios. La ceremonia actual de velación de la Noche de Muertos se deriva de la conquista espiritual que llevaron a cabo los encomenderos españoles y colonizadores en Michoacán. Entre los antiguos mexicanos se realizaban significativos rituales alrededor de la muerte, los cuales impresionaron tanto a los primeros conquistadores que, a través de la evangelización, introdujeron nuevas ideas, dando lugar a un sincretismo religioso muy marcado. Antiguamente, Tiripetío era un importante centro religioso dedicado a los antepasados. Ahí se ofrendaban flores amarillas (cempasúchil) y, en el día consagrado a los muertos, los mexicas subían al techo de su casa y gritaban el nombre de sus antepasados (dioses primigenios) mirando hacia el norte para que recibieran los alimentos que habían puesto en la puerta. Los elementos que conforman un altar no son casuales. El agua, que simboliza la fuente de la vida, se ofrece a las almas para mitigar su sed y que se fortalezca para el viaje de regreso; anteriormente se utilizaban rajas de ocote prendidas, pero hoy especialmente por la noche- se encienden velas, veladoras o cirios cuya flama representa la fe y esperanza e ilumina el camino para que los difuntos encuentren su antigua casa terrenal. El petate ofrece descanso y el banquete se complementa con pan de muerto, panes redondos y de color rosado, que junto con las cañas simbolizan los huesos de los occisos. En cada altar se suele colocar, además, una foto y ropa del muertito para que éste lo identifique fácilmente. Cabe destacar que esta tradición empezó a existir a través de la lucha de poder entre los indígenas y los caciques, lucha que fue formulando como tradición que pasó de generación a generación, y que hoy día vemos

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con gusto y es sin duda un muy importante hecho social que nos representa como mexicanos al resto del mundo y a lo cual nos posiciona como una raza cósmica, una raza única con tradiciones que permanecerán a lo largo de los años.

También fue el muralista quien la llamó «Catrina», nombre con el que se popularizó posteriormente, convirtiéndola así en un personaje popular mexicano. Y ahora que recuerdo, en la capilla de la Universidad Agrícola de Chapingo donde Diego Rivera hizo una de sus más grandes obras, fue justo donde maduré el tema de este texto, cómo es que los mexicanos vemos a la muerte y no sólo a la muerte que pinta Rivera y Posada, sino la visión que le damos a la muerte; y es que lo pensé al ver el mural en el que Emiliano Zapata está junto de su segundo al mando ya muertos y envueltos en sabanas boca arriba como si estuvieran enterrados ya en su ataúd, pero sólo pueden observar sus rostros y sus cuerpos envueltos, rodeados de tierra y sobre sus cuerpos se encuentran un campo de maíz, frondoso con bellos frutos y sobre ellos un tragaluz que simula el sol con ayuda del pincel de Rivera haciendo alusión a que a través de su muerte las tierras son del hombre, así que no muere sino que se vuelve parte de todos los mexicanos, o sea que no murió, sino que nació en nuestras mentes y creaciones . Y después de eso es que yo en lo personal descubrí que una muerte gloriosa no es una muerte sino un verdadero nacer, y así es como los artistas urbanos recrean el momento y ponen un Emiliano Zapata en la pared de su barrio para recordar que alguien que no es Jesús murió para ver un México mejor, un México colorido y florido como lo soñaban nuestros antepasados prehispánicos, una vida con sentido y desvivirse por los demás para así tener una muerte con sentido. La tierra no tiene dueños, es la madre cariñosa y fecunda de todo aquel que interpreta con humildad y con lealtad la misión del ser humano, preconizamos una filosofía de devoción al esfuerzo sin egoísmos, sin esclavitud y sin privilegios. Creemos que la forma suprema de ser libre se encuentra en lograr que las organizaciones agrícolas se dediquen a producir para el bien común y no para halagar las concupiscencias de los amos. Si resultase que no somos los llamados para el cumplimiento de una obra tan enorme como la que dejamos esbozada, que otros más fuertes y mejor capacitados que nosotros recojan nuestra bandera de campaña simbolizada en la presente idea fundamental:

José Guadalupe Posada fue un grabador mexicano, precursor del movimiento nacionalista de artes plásticas y célebre por sus dibujos y grabados sobre la muerte, cuya más célebre es La Catrina de la cual nos burlamos y se la bailamos a los demás en poemas llamados calaveras, este artistas actúa como gente común en actitudes cotidianas muy mexicanas que los hacen inmortales, un destello de imaginación profundamente relacionada a la Revolución Mexicana y la muerte de esa época, sin duda este artista veía la muerte con burla o más bien la usaba para dar a ver problemáticas sociales a través de la muerte: La versión original es un grabado en metal con autoría del caricaturista José Guadalupe Posada. El nombre original es Calavera Garbancera. «Garbancera» es la palabra con la que se conocía entonces a las personas que vendían garbanza que teniendo sangre indígena pretendían ser europeos, ya fueran españoles o franceses (este último más común durante el Porfiriato) y renegaban de su propia raza, herencia y cultura. (Desconocido, 2015) Qué gracioso es cuando tenemos esa mezcla de culturas que tomamos nombres nacionales como Cancún, Querétaro, nombres que claramente son mexicanos mientras que lo que perdura es lo religioso, sin duda una discrepancia que caracteriza a los mexicanos. Esto se hace notable por el hecho de que la calavera no tiene ropa sino únicamente el sombrero; desde el punto de vista de Posada, es una crítica a muchos mexicanos del pueblo que son pobres, pero que aun así quieren aparentar un estilo de vida europeo que no les corresponde. «...en los huesos pero con sombrero francés con sus plumas de avestruz»

ENSEÑAR LA EXPLOTACIÓN DE LA TIERRA, NO LA DEL HOMBRE (Chapingo 1923)

Fue Diego Rivera quien le dio su atuendo característico, que incluye una estola de plumas, al plasmarla en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, donde la calavera aparece como acompañante de su creador, José Guadalupe Posada.

Bibliografía Paz, Octavio, 1993, El laberinto de la soledad, Cátedra, Madrid, España.

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La inteligencia mexicana Diana Laura Quintanar Valencia

La inteligencia mexicana es uno de los capítulos de la conocida obra de Octavio Paz El Laberinto de la Soledad. Ahí el autor intenta aludir a la “Inteligencia Mexicana” como acto meramente histórico. Se basa principalmente en el desarrollo y fundación de la educación académica mexicana, más específicamente la educación universitaria. Dentro del texto no se hace referencia a un concepto exacto o específico que la represente, es más bien una interpretación personal del autor, que es alimentada por algunos textos de autores como Samuel Ramos. La forma de vivir del mexicano se caracteriza por ser aparentemente propia de su nación, definida por su pasado, y por las circunstancias que han perseguido al país. Cuando se refiere al mexicano, se habla de un estilo propio, de un pensamiento característico, una vestimenta nacional e incluso se tiene la idea de que los mexicanos son siempre de “cierta forma” de acuerdo a su cultura y su pasado. La imagen que se tiene actualmente de la cultura, la política, la historia, el lenguaje, el arte y la inteligencia mexicana, es lo que en su conjunto forman al país, permitiendo que se identifique de los demás. Sin embargo, cuando se toma en cuenta la historia, y los eventos sociales por los que ha atravesado México, se es capaz de llegar a casi la misma conclusión que nos ofrece Octavio Paz en la obra antes mencionada, de manera específica en el capítulo VII en donde el autor habla de “la Inteligencia Mexicana” como una herencia no meramente nacional, o bien no adquirida desde de las raíces que engendraron el país. Paz se refiere a una inteligencia que fue impugnada a partir de aquel movimiento revolucionario, en donde los intelectuales tuvieron fuerte influencia, pues se atrevieron a luchar posiblemente por una libertad política, y defender sus ideales. José Vasconcelos, el fundador de la educación moderna en México, intentó extender la educación elemental y perfeccionar la enseñanza superior y universitaria. Pretendiendo formar una educación sobre ciertos principios implícitos en la tradición. Sin embargo, el problema de la educación en México, es un conflicto que sigue aquejando hasta nuestros días al país, pues es un hecho que no ha tenido solución, ni siquiera por las innumerables reformas al artículo, ni por la implementación

de una Educación aparentemente laica y crítica. Como bien lo menciona Octavio Paz (1992): “es un problema que tiene una enorme relación con la falta de filosofía, y reflexión del pensamiento mexicano”. Asimismo, cuando Octavio Paz hace referencia a la Inteligencia Mexicana no intenta dar un concepto que la defina en su totalidad, sino más bien trata de tomar en cuenta las raíces históricas, y su influencia dentro de la construcción del intelecto mexicano. De esta manera intenta dar la perspectiva de que dicho tema es una mezcolanza de aquellos ideales provenientes desde antes de la colonización, es decir, de los indígenas, y por supuesto aquel pensamiento que se nos otorgó por los españoles. Cuando el pueblo mexicano se levanta en contra de la dictadura de Díaz, incluso antes en la Independencia, la ciudanía decide defender una patria, que ni siquiera conoce, una patria, una nación a la cual no ha observado, y con la que no se identifica. La falta de identidad nacionalista en México es otra forma de concebir a la inteligencia mexicana dentro del análisis de Paz. Tal vez esta carencia de identidad sea cierta forma la que obstaculiza la consolidación del pensamiento mexicano. Como algunos autores lo mencionan México carece de identidad propia, y por eso, tal vez se pone en crisis la educación moderna, y todo aspecto de la modernidad en México. La identidad nacional se concibe como una forma particular de la identidad social, es aquella que nos hace distinguirnos de otros en un colectivo, es decir, la identidad nacional es aquel sentido de pertenencia a un grupo o lugar determinado, presupone la existencia de una des-totalización como condición indispensable para el establecimiento del sentido de la igualdad y la otredad. Es aquella afirmación del “yo” frente al otro, pero en donde de cierta forma nos incluyen determinadas características que nos hacen propios de algún colectivo. Por su parte, el proyecto nacional mexicano ha transcurrido por etapas que no han consolidado este ideal. Es más bien como lo menciona Francisco Salazar (1993) en su artículo “Nación y Nacionalismo en México” en la Revista Sociológica, en donde refiere que “la sociedad mexicana muestra una

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gran complejidad en sus relaciones inter-étnicas y culturales, producto de una historia saturada de conflictos y procesos sociales por la búsqueda de una identidad nacional siempre anhelada, pero hasta hoy poco consolidada”. Debido a la diversidad étnica, cultural y lingüística que presenta el país, existen obstáculos que impiden la hegemonía de una “Inteligencia Mexicana” completamente autónoma, pues gracias al movimiento pos revolucionario se instauró dentro del país una cultura completamente ajena a sus tradiciones, y que hasta hoy en día se ha negado. Como análisis de la trascendencia histórica que ha presentado México, se puede decir que éste ha carecido de algo que sea eficiente y auténtico a él. México engloba una multiculturalidad que hace de su forma de vida algo que no es propiamente del país, es más que una mezcla de ideas y propuestas adquiridas, otorgadas y en todo caso copiadas de las de otras naciones. El camino que México ha transcurrido cultural, social y educacionalmente ha logrado que no se tenga una visión clara de lo que engloba la educación académica, y esto de cierta forma explica y justifica la percepción del autor acerca del intelecto mexicano. “La inteligencia mexicana, en su conjunto, no ha podido o no ha sabido utilizar las armas propias del intelectual.” (Paz, 1992) Se considera que el pensamiento mexicano moderno, tuvo su esplendor a partir de la Revolución, como una necesidad de cambiar y renovar las ideologías mexicanas que se presentaban, asimismo para poder entender y dar respuesta a algunos de sus problemas a partir de la consideración histórica del país. La Revolución Mexicana se encargó de mostrarnos la necesidad de conocer el pasado y tratar de formar un futuro. Querer conocer el pasado mexicano, consideraba la necesidad de saber hacia dónde iba México. Sin embargo, la cultura mexicana en su defecto no es propiamente el reflejo de los cambios históricos por los que atravesó el movimiento revolucionario. Se puede decir que los cambios sociales tanto la cultura mexicana expresan de alguna forma las tentativas y tendencias contradictorias de la nación, lo que es la parte de México que ha asumido la responsabilidad y el goce de la mexicanidad. En ese sentido se puede afirmar que la historia de nuestra cultura no es muy diversa. La cultura por su parte tiende a adelantarse a la historia y la profetiza, o deja de expresar, tal como sucede en la dictadura de Porfirio Díaz. Sin embargo, la poesía, y la escritura tiende siempre a la abolición de la historia, no porque la desdeñe sino porque la trasciende. De alguna forma la inteligencia mexicana se refiere a aquellos intelectuales o pensadores que no participaron

en la lucha armada de la revolución, pero que poco después se vieron obligados a convertirse en guerrilleros. La educación fue un fruto de la Revolución que creó un panorama más amplio del movimiento revolucionario, en el que estuvieron involucrados muchos artistas con toda, o casi toda la inteligencia mexicana. México como tal no contaba con buenos fundamentos ideológicos, de quizá porque era, y probablemente aún lo es, una nación que niega su pasado, niega sus raíces, niega su colonia. Por ello, al negar su pasado y su cultura se ve ante la necesidad de adquirir algunas culturas ajenas, que le sean representativas, y que el mismo mexicano sea capaz de reconocer como suyas, sin temor al rechazo, ni vergüenza. México es un país que tiene una cultura bastante diversa, cuenta con dos ejes culturales: la indígena y la española. Y aunque posiblemente la cultura indígena es la propia del país, el mexicano se ha esforzado por conservar y practicar la cultura española. De la misma manera, es un pueblo que está en la constante búsqueda de su identidad, e intenta encontrarla a través de imágenes, religión, símbolos, tradiciones, ideología, y una forma de vida que parece ser característica del “mexicano”. Es quizá por eso que la inteligencia mexicana no se ha sabido utilizar, no se ha ocupado de los problemas sociales y políticos del país, pues al no existir una identidad nacional es completamente imposible formar una inteligencia que concrete el intelecto mexicano. Probablemente, sea que a los mexicanos les hace falta sentirse identificados con sus raíces, para así poder construir una filosofía que exprese los pensamientos efímeros y acordes al país. “La Revolución mexicana nos hizo salir de nosotros mismos y nos puso frente a la historia, planteándonos la necesidad de inventar nuestro futuro y nuestras instituciones, la revolución mexicana ha muerto sin resolver nuestras contradicciones.” (Paz, 1992) Referencias Paz, Octavio, 1992, El Laberinto de la Soledad PDF. Disponible en: http://www.hacer.org/pdf/Paz00.pdf Consultado: 10/05/15. Salazar, Francisco, 1993, “Nación y Nacionalismo en México”, en: Revista Sociológica número 21, Universidad Autónoma Metropolitana, Casa abierta al tiempo. Secret, Estela, 1993, “Leyendo la identidad Nacional en el Discurso de Octavio Paz”, en: Revista Sociológica número 21, Universidad Autónoma Metropolitana, Casa abierta al tiempo.

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Julieta, del Marqués de Sade Carlos Missael Roque Nieto

El Marqués de Sade fue un gran escritor y filósofo de origen francés, que hizo distintas obras, como ensayos, escenas de teatro, novelas, etcétera. También fue autor de varias novelas tales como: Justina, Julieta, La filosofía del tocador, Las veinte jornadas de Sadoma, etcétera. Sus trabajos se caracterizan principalmente por la aparición de antihéroes, donde los protagonistas son causantes de violaciones y atrocidades que a lo largo del texto son justificadas sus acciones con el uso de sofismas. Además conforme se va desenvolviendo la historia se observa un ateísmo muy fuerte por parte del autor. También sus obras se distinguen por la descripción de innumerables para-filias y la aparición de violencia extrema. Por lo regular al final de sus historias prevalece el triunfo de los vicios, la perversión y el libertinaje por encima de la virtud y los valores. Luego de publicar sus obras y cometer distintos delitos, fue encerrado bajo el poder del Antiguo Régimen, el Consulado, la Asamblea Revolucionara y no escapó del Primer Imperio Francés, lo que dio lugar a ser preso veintisiete años, los cuales los pasó en distintos lugares, entre ellos, asilos para locos, ya que lo consideraban como un enfermo mental, y también fue de los condenados a la guillotina. A lo largo de su vida, y después de ella, fue protagonista de distintos hechos que generaron grandes escándalos, que dieron lugar a que fuera perseguido por gente de élite, además la iglesia católica llegó a considerar sus escritos como libros prohibidos. Algunas de sus novelas eran consideradas como prohibidas, pero aún así circularon de forma ilegal entre distintas comunidades. Una de ellas fue la de Justina, misma que lo llevó a ser encerrado en un manicomio. Pero eso no fue obstáculo para que esta obra inspirara a otros novelistas, entre ellos, Dostoievski, Swinburne, Rimbaud, quienes lo admiraban por haber sido de las personas más libres de pensamiento que haya habido. Sus obras han llamado mucho la atención de un gran número de gente a lo largo del mundo y han sido de

fuerte importancia, al punto de que su nombre se volviera un sustantivo, el cual es el sadismo, que es usado en distintos idiomas para referirse a la excitación mediante la tortura o crueldad hacia otra persona. Ahora bien, retomando una de sus obras más importantes. La cual lleva de nombre: Julieta o también conocida como El vicio ampliamente recompensado. Donde nos comienza narrando la historia de la protagonista, la cual lleva el mismo nombre que la novela, Julieta. Narra que ella queda huérfana, pero posteriormente acude al colegio, donde comienza a tener relaciones sexuales con sus compañeras y la directora. Ésta última se vuelve una maestra en el arte de la sexualidad y el erotismo para Julieta. Ya que tiene una gran experiencia y perversión en el ámbito del sexo y los vicios. Con este personaje que lleva el nombre de la madre Delbéne, el Marqués de Sade nos deja observar con mucha claridad su filosofía y ateísmo, ya que en la novela le da ciertas características, propias de un intelectual, una de ellas es su habilidad para la oratoria, y el cuestionamiento de la realidad. La madre Delbéne, en la obra, juega uno de los papeles más importantes para la protagonista, ya que mediante su sabiduría, discursos e inteligencia comienza a plasmar en Julieta sus ideales. Los cuales la llevan tomar la decisión de volverse una de las mujeres más poderosas y ricas del mundo mediante el vicio y la sexualidad. Delbéne, se puede observar como un reflejo de los temas filosóficos y de crítica social que le importaban al Marqués, en especial sobre sexualidad. Ya que sus frases y comportamientos de este personaje, dentro de la novela, eran una expresión de los argumentos para la proliferación del libertinaje, vicio y sexo. Otro de los temas que implícitamente toca el Marqués es la religión. Ya que sus personajes, en especial la madre Delbéne, la critican, y afirman que es un medio para la represión sexual, lo cual lleva a la infelicidad a las personas, puesto que el sexo es una expresión de la naturaleza humana.

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Se declara en la novela que, precisamente, la fe lo único que ha logrado hacer es juzgar y condenar a las personas que buscan la felicidad mediante el libertinaje y la sexualidad. Aquí una cita de la filosofía de la madre Delbéne: ¿Por qué las iglesias -preguntó hablando retóricamente-, esos tribunales, esas cortes políticas, y todas las demás instituciones hipócritas que pretenden gobernar nuestras vidas han de insistir, casi siempre bajo amenaza de horribles castigos, en que creamos que existe un dios supremo? ¡Un más allá! ¿Por qué necesita el universo de alguien que lo cuide? Tiene leyes eternas, inherentes a su naturaleza; no necesita promotor original. El movimiento continuo de la materia lo explica todo; materia sagrada e impersonal, de una indiferencia divina, que influye continuamente. (Sade, p. 37) Además de las críticas a la religión, a lo largo de esta novela nos muestra posibles percepciones o formas de sentir placer de otros sujetos, donde nos plasma para-filias que rompen totalmente con las normas y moral establecida. Para ello hace uso de sus peculiares personajes. Un ejemplo de ello es un hombre llamado Dorval, él es un ladrón con grandes riquezas que conoce a Julieta cuando ella se comienza a dedicar a la prostitución, y él la contrata para tener relaciones sexuales. Lo peculiar de este personaje es que se excita cuando él y las mujeres con las que va obtener placer, antes y durante el acto, estén cometiendo algún robo. Pero también tiene una filosofía muy bien pensada, aunque se puede observar como un reflejo de los ideales que tenía el Marqués de Sade:

El robo es el mejor estimulante erótico de todo el mundo. De sólo pensar en él se me ha vuelto a parar la verga. Con frecuencia me he preguntado en qué consistirá la fisiología de este extraño proceso; tal vez produzca alguna relación sobre el sistema nervioso. Bueno, pero ésas son materias a las cuales se dedicarán los científicos más avanzados. (Sade, p. 83) A lo largo de la novela surgen distintos personajes, cada uno con una ideología muy peculiar, la cual el Marqués de Sade argumenta con explicaciones empíricas o sofismas, también se distingue su descripción detallada, pero sin dejar a un lado incógnitas para una mayor imaginación sobre las escenas de la novela, además de que muestra una mezcla entre un lenguaje explícito y formal, que nos adentra más en la historia. Por otra parte, no se puede dejar a un lado lo que ya se ha mencionado anteriormente, y es su filosofía e ideales que tenía muy bien argumentados, donde lo expresa con sus personajes y que se puede observar una crítica social casi anarquista.

Bibliografía Marqués de Sade, 2002, Julieta, México, D. F., Tomo.


Arantxa Salazar Cortés

En varias ocasiones había escuchado que al referirse a Elena Garro automáticamente se le asociaba con Octavio Paz, como si al dar el antecedente de haber sido su esposa, entonces conviniera saber más de ella o poner atención en lo que escribió, como si por venir en conjunto con Paz eso le diera prestigio. Era algo extraño para mí, ¿de verdad una mujer tenía que estar a la sombra de su marido para ser tomada en serio? También llegué a saber de comentarios en que se aseguraba que ella era más fuerte a la hora de escribir que Paz, que su trabajo era más controversial o sobresaliente. Por todas estas cosas quise saber más acerca de ella y un día llegó a mis manos el libro La semana de colores, de Elena Garro, que leí muy emocionada y descubrí que sus cuentos me hacían recordar mi niñez y a mi familia que aún tiene costumbres pueblerinas. Garro, sin duda, tenía la sensibilidad para abordar en su narrativa a los grupos más desfavorecidos en el México del siglo pasado que se transformaba velozmente, y los detalles que relata en cuentos como, por ejemplo, El zapaterito de Guanajuato me hicieron entender sus deseos por voltear la mirada a quienes se han visto desprotegidos, a los supuestos grupos minoritarios que, por lo demás, nunca he estado de acuerdo con este concepto, porque de minoritarios* no tienen nada. Respecto a El zapaterito de Guanajuato tengo una especial opinión sobre este cuento, porque una situación muy curiosa me ocurrió. Justo después de leerlo estuve de visita en casa de mis abuelos maternos, quienes viven en una comunidad de Guanajuato y son campesinos. En la conversación mi abuelo evocó sus recuerdos, me comentaba que la mayor parte de su juventud utilizó un tipo de zapatos que más bien eran sandalias hechas a mano, y me hablaba de sus largas caminatas para poder ir al pueblo vecino, mientras me lo relataba no pude dejar de pensar en el cuento de Garro, y a su vez pensé que probablemente algo como lo que yo sentía al escuchar a mi abuelo pudo sentir ella, esa especie de ternura por ser alguien cercano, pero al mismo tiempo tristeza por

los momentos difíciles y las carencias de las personas, porque, claro, esto no fue algo que sólo mi abuelo hiciera, todos en aquellos años calzaban igual, sufrían igual. Luego el relato se fue más atrás y me habló de su padre, de cómo vestía con manta y cómo en algún momento se quitó de tajo esa vestimenta por petición del delegado de un pueblo vecino en donde se daba el comercio, quien pidió cambiaran su ropa y se adecuaran a la gente de ahí para darles permiso de seguir yendo a vender sus cosas. Todo esto coincide con el cuento, el trato entre una persona de escasos, muy escasos recursos económicos o quienes están inmersos en una vida más “moderna” y que piden a los demás entrar en esta lógica con sus implicaciones de cambios de costumbres. Esta anécdota llegó a mí sin que la buscara, como una coincidencia con lo que recientemente había leído, y así como esto, en general, La semana de colores me trajo recuerdos y mi encuentro con Elena Garro, con esta autora que antes no conocía. Por otro lado, hablando de su estilo como escritora lo que más me llamó la atención fue su manera de recurrir a la infancia para rememorar recuerdos con tanta precisión, además de estar siempre presente su preocupación por las temporalidades que incluso hacen sentir su ficción más atrayente, un ejemplo muy atinado es su cuento La culpa es de los tlaxcaltecas, que considero reúne todos los mejores aspectos de su prosa, o ¿Qué hora es? donde juega con los días y nos hace recordar que en la infancia y en la adultez el tiempo tiene diferente curso. Además, no puedo dejar pasar el hecho de que en sus personajes y en sus historias siempre está presente ella, y no me refiero a una presencia implícita o ligera o como esas afirmaciones sobre que todo escritor mal que bien está en todos sus personajes, sino a que Elena Garro se plasma abiertamente como si hiciera un ejercicio psicológico, lo cual a mí me resulta valeroso y una buena estrategia de quedarse en el lector y, por el contrario, nada reprochable, como en alguna ocasión leí a manera de crítica, ya que para mí el mostrarse

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abiertamente y ofrecer un vistazo real a la personalidad propia, es un acto que no cualquiera hace ni está dispuesto a intentar porque significa el ponerse en manos de cualquiera que quiera juzgar. Bibliografía Garro, Elena, 2006, La semana de colores, Ed. Porrúa. México, D. F.

Nota * “Minoritario” entendido de la manera despectiva en que se usa, ya que a los grupos indígenas o a las comunidades se les considera como un atraso que es necesario eliminar.


Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia Tania María Serrano Ávila

Las muertas es una obra dividida en 18 capítulos en los que se van relatando los hechos que acontecen alrededor de la vida y negocios llenos de corrupción, crimen y venganza de las hermanas Balandro, en un pueblo donde la justicia no existe y por el contrario abunda la ignorancia y la pobreza de sus habitantes, como bien lo dice el autor Jorge Ibargüengoitia al inicio del libro: “Algunos acontecimientos que aquí se relatan son reales, todos los personajes son ficticios”. Pareciera ser que dicha historia está basada en uno de los casos que han sucedido en México, como es el de las hermanas Mary de Jesús y Delfina, apodadas “las poquianchis”, quienes tenían varios prostíbulos, de hecho la historia es muy similar a la de las hermana Balandro: acuerdos con policías, funcionarios públicos, engaños sobre el trabajo que realizarían. Las hermanas Balandro educaban a las muchachas para ejercer la prostitución, así como enterrar cadáveres clandestinamente, hechos sucedidos en Guanajuato en la década de los setenta del siglo pasado. En la actualidad ya es tan cotidiano, que hay partes en los capítulos que me parecen tan familiares como el recordar noticias de televisión, así como notas de primera plana de periódicos. Con noticias como: “se clausura burdel”, “servidor público mantiene lasos afectivos con mujer de la vida galante”, “policías recibían cuotas para resguardar lugar clandestino”; por mencionar algunos ejemplos. La historia inicia con la búsqueda de una panadería cuyo dueño era Simón Corona (42 años, mexicano, panadero que radicaba en el Salto De Tuxpana), y quien fue pareja sentimental de Serafina Balandro; quien al encontrar la panadería, se desató una balacera y una quemazón por parte de ella y sus cómplices: “El capitán”, “La escalera” y la hermana mayor de Serafina “Arcángela Balandro”. Cuando la autoridad ministerial interroga a Simón Corona -quien se encontraba en el hospital-, sobre los hechos ocurridos en su panadería, él apunta directamente a Serafina, diciendo que ella fue a cobrar venganza, puesto que había sido su amante, pero que en tres ocasiones lo abandonó, ya que se iba de repente, y dejaba pasar mucho tiempo para volver con ella al negocio “México lindo” (que le pertenecía a Arcángela), pero en la tercera ocasión en que lo hizo fue muy humillante para Serafina, aparte de doloso puesto que fue en la playa, y era la primera vez que ella se

sentía muy enamorada; al punto de decirle a Simón que dejaría el negocio del prostíbulo para estar bien con él; ya que en ocasiones era incómodo para Simón tener que saber o tener que presenciar que Serafina se tenía que sentar a coquetear, platicar, etcétera, con los clientes en las mesas, así como sonreír y ser cariñosa. En las ocasiones en que la abandonaba, Serafina lo mandaba molestar y encerrar, puesto que conocía al Coronel Zárate. Tiempo atrás Simón formó parte del servicio militar, pero no permaneció ahí, por los castigos que les aplicaban. Un año después de sufrir el abandono de Simón Corona, Serafina conoció al capitán Bedoya con quien formó un lazo afectivo, mientras le enseñó a utilizar el armar con la que cobró venganza a Simón Corona. Los negocios de las hermanas Balandro los obtuvieron porque la hermana mayor era prestamista y había personas que no podían pagar y así se quedaba con zonas que les pertenecían a los deudores, para así convertirlos en burdeles y cantinas. Como es el caso del negocio “Casa de Molino”, que era un bar (en Gómez Farías de Pedrones), el cual quitaron a un deudor. El relato sigue por medio de las empleadas, una de ellas “la calavera”; quien al igual que las demás llegó con engaños a trabajar con ellas. A todas las chicas que trabajan con ellas las obtuvieron por medio de engaños, diciéndoles que trabajarían haciendo labores domésticas en una hacienda, pero “la calavera” siempre las apoyó y fue cómplice de las hermanas Balandro. La Calavera relata que el negocio de las cantinas, era las muchachas que se prostituían. En “casa molinos se hacían reuniones en las que asistían personas que tenían puestos públicos y de gobierno. Sus negocios se vieron afectados cuando el gobernador Cabañas, quien también acudía a sus negocios, prohíbe la prostitución y pide cerrar los burdeles en el Plan de Abajo, por lo que dos de los negocios de las hermanas Balandro; se clausuraron. Dejando en funcionamiento el “México lindo”: siendo apoyadas por el Capitán Bedoya. Tras la muerte del hijo de Arcángela decidió cerrar el último burdel que funcionaba (México lindo), para así ocultarse en el “Danzón”, uno de los burdeles que les pertenecía a las hermanas Balandro antes de que prohibieran los burdeles y la prostitución.

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personas de mayores ingresos, como las hermanas Balandro quienes compraron chicas para trabajar. Así como el machismo que aún prevalece en nuestros tiempos, en que el hombre tiene que ser el de mayor autoridad, y el que pueda tomar a una mujer como un objeto y poseerlo.

El Danzón era el burdel que más días de gloría les había dado a las hermanas Baladro, donde ocultaron a las empleadas. Debido a la falta de ingresos, se comenzaron a cometer actos de abuso y desesperación. Arcángela triste por la muerte de su hijo comienza a desquitarse con las empleadas comenzando a reducirles la comida, y no dejándolas salir a la calle. Arcángela compra un rancho en el que contrata a su hermana Eulalia Balandro y su marido Teófilo para ir a cuidarlo, pues ahí encerraban a las empleadas castigadas. Detienen a Serafina por tratar de matar a Simón Corona, y de este modo descubren lo que sucedía en la casa “Danzón”, los cadáveres que tenían enterrados en el patio, así como las empleadas castigadas. Siendo motivo de escándalo, publicándolo en el periódico, las víctimas al declarar contaron muchas historias de todo lo que sucedía en los burdeles. Los prostíbulos contaban con 15 habitaciones, donde las mujeres tenían algo que los distinguía, cada uno de sus cuartos, en uno de estos había un calendario de la Malinche. Lo que me llevó a recordar una de las obras de Octavio Paz, El laberinto de la soledad, en particular el capítulo “Los hijos de la Malinche”, donde nos dice: “La mujer, otro de los seres que viven aparte, también es figura enigmática. Mejor dicho, es el Enigma”. (Paz, O., 1959) También nos muestra que la palabra “chingar” alude a muchos significados y maneras de utilizarla como: “La idea de romper y de abrir reaparece en casi todas las expresiones. La voz está teñida de sexualidad, pero no es sinónimo del acto sexual; se puede chingar a una mujer sin poseerla. Y cuando se alude al acto sexual, la violación o el engaño le prestan un matiz particular. El que chinga jamás lo hace con el consentimiento de la chingada. En suma, chingar es hacer violencia sobre otro. Es un verbo masculino, activo, cruel: pica, hiere, desgarra, mancha. Y provoca una amarga, resentida satisfacción en el que lo ejecuta”. (Paz, O., 1959) Lo que hace referencia a los acontecimientos dentro de los burdeles, tal como se cuenta en el texto de “las muertas”, puesto que las empleadas fueron llevadas a trabajar por medio de engaños. Como lo dice Octavio Paz: “Lo chingado es lo pasivo, lo inerte y abierto, por oposición a lo que chinga, que es activo, agresivo y cerrado. El chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad, pura, inerme ante el exterior. La relación entre ambos es violenta, determinada por el poder cínico del primero y la impotencia de la otra. La idea de violación rige oscuramente todos los significados. La dialéctica de 'lo cerrado' y 'lo abierto' se cumple así con precisión casi feroz”. (Paz, O., 1959) Eso, no sólo me hace relacionarlo con el tema de la violaciones y la prostitución, sino también el trasfondo de estas situaciones, como el poder que tienen las

Referencia Jorge I., 2009, Las muertas, RBA libros, España. Paz, Octavio, 1959, El laberinto de la soledad, FCE, México.

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El cacique de Comala Análisis del caciquismo en Pedro Páramo Marcos Terán Peralta

Juan Rulfo publicó en 1955 lo que sería su segunda y última obra literaria, Pedro Páramo. Este autor, nacido en Jalisco, vivió de cerca las luchas revolucionarias y la guerra Cristera de México, posterior a esto quedó en la orfandad y la vida le deparó un sin número de desgracias. Gracias a estos factores, las obras de Rulfo se caracterizan por la desgracia y la infamia humana (Adelstein, 2001). Pedro Páramo y El llano en llamas se han vuelto piezas fundamentales de la literatura universal. Por mucho tiempo corrió el rumor de la publicación de la tercera obra de Rulfo; La Cordillera, que se volvió una leyenda literaria, incluso se anunció en La Gaceta del FCE la próxima publicación de la obra (García, 2008). Para objeto del análisis de Pedro Páramo, se parte de la ficción literaria, la cual es definida como un mundo propio de leyenda, una realidad propia “privada de la psicología de la percepción del presente, compartido del lector” (Argüelles, 2013:224). En otras palabras, la ficción se convertirá en realidad, y en esa realidad se estudiará el caciquismo como fenómeno social en Comala. “Pedro Páramo es el prototipo del hacendado feudalista medio que existía en el estado de Jalisco, México, antes de la Revolución” (Arango, 1980:63). La relación del cacique con los otros habitantes del pueblo es una relación patrón-cliente [que] se basa en la asimetría, en el desigual reparto de poder. El caciquismo se fundamenta en la tendencia a formar un sistema extendido, basado en este tipo de relación asimétrica, y permanente en el tiempo, es decir, con pretensiones que superan una transacción única (Iturralde, 2012:33-34). Este rasgo de expansión se vislumbra en Comala a través de los ejecutores al servicio de Pedro Páramo (Argüelles, 2013). Páramo asciende como nuevo dueño de la hacienda, la Media Luna, al enterarse de las deudas existentes, busca las personas a quien se les debe y mediante diversas acciones logra saldar o cancelar las deudas.

Con la deuda más grande, Pedro Páramo se casa con la dueña de todas las posesiones de la familia de los acreedores. El nuevo dueño de la hacienda se asegura que parte de las condiciones del matrimonio es que sea por bienes mancomunados, además soborna al sacerdote para asegurarse que la boda se cumpla en el menor tiempo posible. Páramo le debe también a Toribio Aldrete. En una conversación con su administrador Fulgor Sedano, toma las medidas pertinentes para solucionar dicho problema: -La semana venidera irás con el Aldrete. Y le dices que recorra el lienzo. Ha invadido tierras de la Media Luna. -Él hizo bien sus mediciones. A mí me consta. -Pues dile que se equivocó. Que estuvo mal calculado. Derrumba los lienzos si es preciso. -¿Y las leyes? -¿Cuáles leyes, Fulgor? La ley de ahora en adelante la vamos a hacer nosotros. ¿Tienes trabajando en la Media Luna a algún atravesado? -Sí, hay uno que otro. -Pues mándalos en comisión con el Aldrete. Le levantas un acta acusándolo de “usufructo” o de lo que a ti se te ocurra. Y recuérdale que Lucas Páramo ya murió. Que conmigo hay que hacer nuevos tratos (p. 43).

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Esto último demuestra la facilidad con la que Páramo -el cacique- actúa fuera de los límites de la moral socialmente aceptada, y también sus acciones ilegales. “Aunque [el cacique] se encuentra fuera de la moral de la sociedad más amplia, en éste caso la mexicana, y es por ello un ethos entre otros, sí que llega a convertirse en el principio dominante de organización social (...)” (Iturralde, 2012:34). Con esta cita es posible explicar el diálogo entre Páramo y Fulgor, ya que los actos a través de los cuales soluciona la deuda con Aldrete son de dudosa moralidad. Iturralde también afirma que el cacique se convierte en el principio dominante de la organización social. A través del mundo finito de Comala, los habitantes demuestran la legitimación del cacique, en ninguna parte de ese mundo de papel se hace el menor intento por derribar la hegemonía de Páramo:

Dolores Preciado, por ejemplo, al enterarse de las intenciones de Pedro Páramo para casarse con ella, se sorprende, ya que no piensa ser digna de él. Eduviges Dyada dice a Juan Preciado, con orgullo, que casi es su madre, ya que un día durmió con el cacique. Gerardo Trujillo, abogado de Páramo, sintió que obtendría alguna recompensa de su jefe al renunciar y salir del pueblo, sin embargo, en menos de media hora regresó con la intención de continuar manejando los asuntos del cacique. Por otra parte, “Miguel Páramo, quien muere a los 17 años, es una figura fugaz en la novela, pero a pesar de ello, es el prototipo del hijo del cacique” (Arango, 1980:64). De acuerdo con este autor, el prototipo del hijo del cacique se basa en que, a pesar de los delitos que comete, nunca teme ni sufre ninguna consecuencia. Por ejemplo, el asesinato del hermano del sacerdote de Comala, la violación de la hija del mismo, y la posterior confesión de Dorotea de que ella facilitó a Miguel -a través de diferentes medios- las mujeres que él violó. Sumado a esto se encuentra el pensamiento de Trujillo, al anunciar su despedida de Comala, en la cual recuerda las veces que salva a Miguel de ir a prisión y que da sobornos, de su bolsillo, para pagar el silencio. Fulgor, el administrador de la Media Luna, también sufre al encubrir los delitos del joven descendiente de Páramo, refiriéndose al asesinato del hermano del sacerdote se da el siguiente diálogo con su patrón:

-(...) dicen que las tierras de Comala son buenas. Es lástima que estén en manos de un solo hombre. ¿Es Pedro Páramo aún el dueño, no? -Así es la voluntad de Dios. -No creo que en este caso intervenga la voluntad de Dios. ¿No lo crees tú así, padre?

-Miguel le dará muchos dolores de cabeza, don Pedro. Le gusta la pendencia.

-A veces lo he dudado; pero allí lo reconocen. -¿Y entre ésos estás tú?

-Déjalo moverse. Es apenas un niño. ¿Cuántos años cumplió? Tendrá diecisiete. ¿No, Fulgor?

-Yo soy un pobre hombre dispuesto a humillarse, mientras sienta el impulso de hacerlo. (p.77)

-Puede que sí. Recuerdo que se lo trajeron recién, apenas ayer, pero es tan violento y vive tan de prisa que a veces se me figura que va jugando carreras con el tiempo. Acabará por perder, ya lo verá usted.

En términos weberianos, además de ser un líder legitimado, Pedro Páramo posee las cualidades de un líder carismático. Si bien un líder con esta definición puede ser cualquier individuo ordinario:

-Es todavía una criatura, Fulgor.

Lo importante es el proceso por el cual tal líder se distingue de la gente corriente y es tratado como si estuviera dotado de poderes sobrenaturales, sobrehumanos, o al menos excepcionales, o de cualidades que no son accesibles para la gente normal (De Miyahara, 1983 en Ritzer, 1993; 272).

-Será lo que usted diga, don Pedro; pero esa mujer que vino a llorar aquí, alegando que el hijo de usted había matado a su marido, estaba de a

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El cacique de Comala Análisis del caciquismo en Pedro Páramo manda llamar al Tilcuate. El motivo por el que lo hace es para mantener controlada la revuelta a su favor. Así, el Tilcuate se une a los revolucionarios, los lidera, se convierte en villista, después carrancista, posteriormente en obregonista, y finalmente partidario de la causa de los Cristeros, apoyando al sacerdote de Comala que se levantó en armas contra el gobierno. El Tilcuate es una pieza de ajedrez de Páramo, sigue la lógica de su patrón observando el panorama y uniéndose a los ganadores, para así obtener los máximos beneficios. Gracias a las acciones de su peón, Pedro Páramo no se perjudica de ningún modo en las revueltas. El conflicto cristero, cuando el sacerdote se levanta en armas y el Tilcuate lo sigue, con su gente, es la última revuelta social que vive Páramo. Su caciquismo se desvanece, ya nadie lo ve, ya nadie lo escucha, nadie sabe nada de su vida. Se vuelve un ermitaño y así, sin penas, ni glorias, ni reproches, muere el cacique de Comala. La novela refleja, a través de su propia realidad, lo que era la vida en México a finales del siglo XIX y principios del XX. Pedro Páramo refleja la realidad de un país en el que “(…) cuando menos dos terceras partes de la población se halla dispersa en comunidades rurales y prácticamente ajenas al intercambio económico, y el tercio restante, urbano, se encuentra cercado por la debilidad del consumo y la falta de comunicaciones” (Ramírez, 2012: 27). Comala se vuelve un lugar aislado del mundo, las leyes federales allí no importan -en ningún lugar de la novela se mencionan-. Comala tiene leyes propias, las leyes de Pedro Páramo.

tiro desconsolada. Yo sé medir el desconsuelo, don Pedro. Y esa mujer lo cargaba por kilos. Le ofrecí cincuenta hectolitros de maíz para que se olvidara del asunto; pero no los quiso. Entonces le prometí que corregiríamos el daño de algún modo. No se conformó. -¿De quién se trataba? -Es gente que no conozco. -No tienes pues por qué apurarte, Fulgor. Esa gente no existe. (p. 69) Con este diálogo sumado a la afirmación de Pedro Páramo de que cualquier asunto por el que inculparan directamente a su hijo sería como inculparlo directamente a él, se observa que la percepción de Miguel de ser intocable se justifica y se respalda por la actitud de Pedro Páramo ante su hijo. Uno de los rasgos del caciquismo es que es hereditario, es decir, el descendiente -reconocido- tiene casi asegurados los beneficios de su padre. No solo materialmente, también el estatus y la legitimación social. Por otro lado, Pedro Páramo, como cacique, advierte las dificultades de los tiempos venideros. Usando la misma lógica que la burguesía tiene de las revueltas sociales y que se ha confirmado a lo largo de la historia, Páramo se adapta y ve cómo sacar ventaja de los cambios. En el momento en que los revolucionarios matan a Fulgor y exigen una entrevista con Páramo, éste

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Rulfo ilustra la realidad del México rural revolucionario, donde la autoridad -materializada en un cacique-, tiene las características de un semi-dios. Es decir, nadie pone en duda sus decisiones, es legitimado por el ancho de la población. A pesar de las características de desigualdad existentes en Comala, los fantasmas se quedan después de la muerte, y no ven ninguna diferencia en el lugar que cuando estaban vivos. No cabe duda de la afirmación de Argüelles (2013), la muerte en Comala es la vida en Comala. Vivir en Comala, es la muerte.

Argüelles, S., 2013, “Apercepción, presencia y recuerdo en Pedro Páramo de Juan Rulfo”, en: Argüelles, S. (editor), Imagen literaria. Ensayos sobre teoría, crítica e interpretación de la imagen en la literatura, México, Eón, pp. 219-262. García, R., 2008, “Rostros biográficos de Juan Rulfo,” en: Literatura Mexicana, núm. 2, vol. XIX, Disponible en: , pp. 77-91. Consultado: 08/05/2015. Iturralde, I., 2012, Autonomía comunitaria y caciquismo: identidad étnica, control social y violencia en una comunidad mixe de Oaxaca, España, Institut Català Internacional per la Pau. Disponible en: http://icip.gencat.cat/web/.content/continguts/publicaci ons/workingpapers/2012/arxius/web_wp_20122_cast.pdf. Consultado: 09/05/2015. Ritzer, G., 1993, Teoría sociológica clásica, España: M c G r a w - H i l l . D i s p o n i b l e e n : http://es.slideshare.net/ramonfrancobahamonde/ritzer -george-teoria-sociologica-clasica. Consultado: 10/05/2015. Rulfo, J. 1955, Pedro Páramo, (edición de 60 aniversario), México, Rm. Ramírez, E., 2012, “El desarrollo del capitalismo en México en la segunda mitad del siglo XIX”, en: Economía informal, núm. 374. Disponible en: http://www.economia.unam.mx/publicaciones/econinf orma/374/02estela.pdf, pp. 26-52. Consultado: 10/05/2015.

Referencias Adelstein, M., 2001, “La vida y la obra de Juan Rulfo”, en: De Basurto E. (coord.), Actos del Cuarto Congreso Internacional de Hispanistas, vol. 1, España: Asociación Internacional de Hispanistas. Disponible e n : http://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/04/aih_04_1_ 011.pdf, pp. 91-94. Consultado: 8/05/2015. Arango, M. A., 1980, “Correlación social entre el caciquismo y el aspecto religioso en la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo”, en: Actas del Sexto Congreso Internacional de Hispanistas, Canadá: University of Toronto. Disponible en: http://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/06/aih_06_1_ 015.pdf, pp. 63-66. Consultado: 09/05/2015.

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Libro Koontz, H. y Weihrich, H. (1998). Administración: una perspectiva global (11ª ed.). México, McGraw-Hill Interamericana. Capítulo de libro con editor/es o compilador/es Fillmore, Ch. (1982). Scenes and frames semantics. En Zampolli, A. (Ed.). Linguistic structures processing (p. 55-81). Amsterdam: North-Holland. Artículo de revista científica Lee, J. y Musumeci, D. (1988). On hierarchies of reading skills and text types. Modern Language Journal, 72 (2), 73-187. Está indicando: Volumen 72, número 2, de la página 73 a la 187. Artículo de revista no especializada Lefort, R. (2000, junio). Internet, ¿Salvador de la democracia? El Correo de la Unesco, 53, 44-46. Está indicado: Volumen 53, de la página 44 a la 46. Proporcionar la fecha mostrada en la publicación El mes para las mensuales o el mes y día para las semanales. Dar el número de volumen. Ponencia y acta de congreso No publicada: Thomas, B. (1989). El desarrollo de la colección en bibliotecas públicas. Trabajo presentado al II Congreso Latinoamericano de Bibliotecas

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· La bibliografía se anotará en orden alfabético y deberá contener todos los elementos de una ficha bibliográfica, según la American Psychological Association (APA):


GUÍA DE AUTORES

Públicas, realizado en Montevideo del 5 al 10 de julio de 1989. Publicada en actas: Carsen, T. (1995). Derecho a la información: una aproximación hacia una ética y conducta profesionales. En Reunión Nacional de Bibliotecarios (29a: 1995: Buenos Aires). Trabajos presentados (p. 41-49). Buenos Aires: ABGRA. Manuscrito no publicado Para distintos tipos de trabajos no publicados se debe aclarar: Manuscrito no publicado. Spindler, G. (1993). Education and reproduction among Turkish families in Sydney. Manuscrito no publicado. Comunicación personal Incluye cartas, mensajes de correo electrónico, listas y grupos de discusión, conversaciones telefónicas, y similares. Se debe citar en el texto pero no en la “Lista de referencias bibliográficas”. “Juan González sostiene (carta del autor, 10 de mayo, 1993) que ...” Recursos electrónicos Siguen básicamente la estructura de la cita ya indicada (autor, fecha, título). Cuando la información se obtiene a través de Internet, al final de la cita se agrega la dirección correspondiente. Documentos en Internet: Especificar la vía (el “URL”) para documentos obtenidos por Internet. Lander, E. (Comp.) (1993). La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Buenos Aires: CLACSO. Disponible en: http://www.clacso.org/www/clacso/espanol/ html/fbiblioteca.html Para otro tipo de recurso, a continuación del título y entre corchetes, se agrega del tipo de recurso, por ejemplo CD-ROM, disquete, base en línea, etc. Medios audiovisuales Es la misma estructura de cita, especificando el medio entre corchetes inmediatamente después del título. Crespo, J., Hermida, J.A. (1993). Marketing de la tercera ola [videocasete]. Buenos Aires: Marketing para el Crecimiento.

Ejemplo de Lista de referencias bibliográficas -Alfaro Drake, T. (1993). El marketing como arma competitiva: cómo asegurar prioridades a los recursos comerciales. Madrid: McGraw-Hill. -Amor, D. (2000). La (R)evolución E-business: claves para vivir y trabajar en un mundo interconectado. Buenos Aires: Pearson Education. -Ávalos, C. (2001). El futuro de las marcas. Diseño & Comunicación. 4 (33), 4-5.

? Cada trabajo deberá contener una hoja con los siguientes datos: Título del artículo, nombre del o los autores; una breve referencia académica o de trabajo, domicilio, teléfono y correo electrónico. En caso de ser una colaboración institucional, hay que referir el nombre y domicilio de la institución de procedencia.


E

n la Universidad Autónoma de Querétaro siempre estará presente la memoria de Don Hugo Gutiérrez Vega (1934-2015); así pues, el Instituto de Investigaciones Multidisciplinarias deja constancia del homenaje y admiración a quien mantuviera un constante compromiso con la cultura y la sociedad del país: director de teatro, escritor, poeta, ensayista, periodista, profesor universitario y diplomático. Rector y Doctor Honoris Causa de nuestra Máxima Casa de Estudios, fundador de los Cómicos de la Legua de la UAQ, y a quien se honra con su nombre la distinción universitaria: Premio Internacional Hugo Gutiérrez Vega a las artes y las humanidades, instaurado para reconocer a quienes se han distinguido en la creación artística y las humanidades en el ámbito nacional o internacional, contribuyendo con sus aportaciones a la cultura y el arte en beneficio de la humanidad. Hugo Gutiérrez Vega nació en Guadalajara, Jalisco. Fue Director de la Casa del Lago y de Difusión Cultural de la Universidad Nacional, Director de la Revista de la Universidad, Director del suplemento cultural La Jornada Semanal. Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes, Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde, Premio Nacional de Poesía Xavier Villaurrutia, Premio Nacional de Periodismo en Difusión Cultural, Premio y Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, Medalla Alfonso X de la Universidad de Salamanca, Medalla de Oro del Instituto Nacional de Bellas Artes y Académico de número de la Academia Mexicana de la Lengua.

Como miembro del servicio exterior mexicano, representó a nuestro país como agregado cultural y cónsul general en países como Estados Unidos, España, Italia, Brasil, Rumania, Líbano, y embajador de México ante Grecia. Algunos de los títulos de su obra literaria son: Buscando amor, Desde Inglaterra, Samarcanda y otros poemas, Resistencia de particulares, Cuando el placer termine, Georgetown blues y otros poemas, Andar en Brasil, Los soles griegos, El teatro en México, Lecturas, navegaciones y naufragios, Bazar de asombros I y II. Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, italiano, rumano, portugués, griego, turco y maya yucateco. q. e. p. d.

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