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La Iglesia Adventista del Séptimo Día, ¿es solamente una iglesia evangélica o también es un movimiento profético?


La profecía bíblica es, de hecho, una providencia divina para satisfacer una situación específica: la pecaminosidad del hombre y su necesidad de salvación.


Por lo tanto no hay cómo interpretar la profecía separada del evangelio, ni como meditar en el evangelio ignorando las profecías. No existe ningún tipo de dicotomía entre ambos, es como si alguien dijera que tiene tiempo para estudiar el evangelio, pero no tiene tiempo para estudiar la profecía.


El evangelio se hace efectivo en la acción divina y central del Calvario, ejecutando su plan glorioso de salvación a través de la persona de su Hijo divino. La profecía no solo anticipa lo que él vendría a hacer, sino que también revela su acción constante, aplicando en toda la historia el efecto salvífico de este plan, hasta que el pecado sea plenamente erradicado.


Cristo, el centro del evangelio, es igualmente la razón de la profecía. Cualquier interpretación profética tiene que ser necesariamente Cristocéntrica, porque esto es por naturaleza lo que la profecía es.


Cristo, el centro de la historia y de la profecĂ­a


Para los que visualizan la historia desde la perspectiva profética, ella se centraliza en Cristo porque, ante todo, la profecía se centra en él. Desde este centro, se puede entender todo el curso de la historia, y se puede interpretar toda la profecía.


La obra divina de restaurar todo lo que el pecado hace perder est谩 plenamente fundamentada en el Calvario y es dependiente del mismo. La cruz es, innegablemente, un hecho hist贸rico consumado.


En virtud de lo que ocurrió en la cruz, y que Dios opera salvíficamente durante todo el tiempo, el pasado, el presente y el futuro están incorporados en el proceso transtemporal (lo que trasciende el tiempo y el espacio) de salvación, brindada por Dios a través de Cristo.


En la persona y en las obras de JesĂşs se evidencia el hecho de que Dios continuamente salva. El evento del Calvario involucra a toda la historia, porque todos los que fueron salvos antes y despuĂŠs de la cruz, son salvos en Cristo gracias a su sacrificio expiatorio.


En el sacrificio hecho en la cruz se concreta el plan de redenci贸n. Por medio de Cristo, el Cordero de Dios, el plan se convierte en viable y efectivo.


Cristo: el agente y objeto de la profecĂ­a


Jesucristo es tanto el agente como el objeto de la revelación profética. Él es el Revelador y también el Revelado, no solo porque nos da la Palabra de Dios (Apoc. 1:2), sino que también porque él es la palabra que “se hizo carne” (Juan 1:14).


Desde que el pecado comenz贸 en este mundo, Jes煤s es el medio por el cual Dios se revela, revela su prop贸sito y lo cumple. El Nuevo Testamento lo llama logos, la palabra (Juan 1:1,14; 1 Juan 1:1; Apoc. 19:13), el pensamiento, el prop贸sito divino son expresados y concretados.


“Los profetas que profetizaron de la gracia (tema de la profecía) destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación (tema de la profecía), escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo (agente revelador) que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano (recuerda la identificación de la profecía) los sufrimientos de Cristo (tema de la profecía), y las glorias que vendrían tras ellos (tema de la profecía)” (1 Ped. 1:10-11).


La revelación de Dios y de su propósito, para cuyo cumplimento se impone la acción divina en la historia, es hecha en Jesús y por medio de Jesús. La profecía, por lo tanto, no es un fin en sí misma. Ella nos debe conducir más allá de la persona de Cristo, y llevarnos a tener fe en él.



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