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Hoja Parroquial

Año II · Número 9

Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Cuevas del Almanzora

28 de Febrero de 2010

EDITORIAL El Sacramento del Matrimonio es el segundo de los Sacramentos al Servicio de la Comunidad. La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados. En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo -a petición de su Madre - con ocasión de un banquete de boda. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo. En su predicación, Jesús enseñó sin ambigüedad el sentido original de la unión del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso al comienzo: la autorización, dada por Moisés, de repudiar a su mujer era una concesión a la dureza del corazón; la unión matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble: Dios mismo la estableció: "lo que Dios unió, que no lo separe el hombre" (Mt 19,6). Viniendo para restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado, da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva del Reino de Dios. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un fruto de la Cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana. Toda la vida cristiana está marcada por el amor esponsal de Cristo y de la Iglesia. Ya el Bautismo, entrada en el Pueblo de Dios, es un misterio nupcial. Es, por así decirlo, como el baño de bodas que precede al banquete de bodas, la Eucaristía. El Matrimonio cristiano viene a ser por su parte signo eficaz, sacramento de la alianza de Cristo y de la Iglesia. Puesto que es signo y comunicación de la gracia, el matrimonio entre bautizados es un verdadero sacramento de la Nueva Alianza.

VIA CRUCIS Viacrucis o vía crucis significa «camino de la cruz» y se refiere a las diferentes etapas o momentos vividos por Jesucristo desde el momento en que fue aprehendido hasta su crucifixión y sepultura. También conocido como "Estaciones de la Cruz" y "Vía Dolorosa". Se trata de un acto de piedad, un camino de oración que busca con la meditación de la pasión y muerte de Jesucristo en su camino al Calvario. El camino se representa con una serie de catorce (14) imágenes de la Pasión o "Estaciones" correspondientes a incidentes particulares que Jesús sufrió por nuestra salvación basados en los relatos evangélicos y la tradición. La costumbre de rezar las Estaciones de la Cruz posiblemente comenzó en Jerusalén. Ciertos lugares de la Vía Dolorosa (aunque no se llamó así antes del siglo XVI) fueron reverentemente marcados desde los primeros siglos. Hacer allí las Estaciones de la Cruz se convirtió en la meta de muchos peregrinos desde la época del emperador Constantino (Siglo IV). Según la tradición, la Santísima Virgen visitaba diariamente las Estaciones originales y San Jerónimo, Padre de la Iglesia, escribió sobre la multitud de peregrinos de todos los países que visitaban los lugares santos en su tiempo. Desde el siglo doce los peregrinos escriben sobre la "Vía Sacra", como una ruta por la que pasaban recordando la Pasión. No sabemos cuando surgieron las Estaciones según las conocemos hoy, ni cuando se les comenzó a conceder indulgencias pero probablemente fueron los Franciscanos los primeros en establecer el Vía Crucis ya que a ellos se les concedió en 1342 la custodia de los lugares más preciados de Tierra Santa. Las catorce estaciones son: Primera Estación: Jesús es condenado a muerte. Segunda Estación: Jesús carga la cruz. Tercera Estación: Jesús cae por primera vez. Cuarta Estación: Jesús encuentra a su santísima madre María. Quinta Estación: Simón el Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz. Sexta Estación: Verónica limpia el rostro de Jesús. Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez. Octava Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén. Novena Estación: Jesús cae por tercera vez. Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras. Undécima Estación: Jesús es clavado en la cruz. Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz. Decimotercera Estación: Jesús es descendido de la cruz y puesto en brazos de María, su madre. Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.


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Palabras de Vida LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS (15, 5-12.17-18 ) En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrahán y le dijo: —Mira al cielo, cuenta las estrellas si puedes. Y añadió: —Así será tu descendencia. Abrahán creyó al Señor y se lo contó en su haber. El Señor le dijo: —Yo soy el Señor que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra. Él replicó: —Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla? Respondió el Señor: —Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón. Abrahán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrahán los espantaba. Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo inundó a Abrahán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El sol se puso y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaba entre los miembros descuartizados. Aquel día el señor hizo alianza con Abrahán en estos términos: —A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río.

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS FILIPENSES (3, 17-4, 1 ) Hermanos: Seguid mi ejemplo y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas. Nosotros por el contrario somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.

SALMO RESPONSORIAL (SALMO 26) R.- EL SEÑOR ES MI LUZ Y MI SALVACIÓN. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R.Escúchame, Señor, que te llamo, ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: “Buscad mi rostro”. R.Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro; no rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio. R.Espero gozar de la dicha del Señor En el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. R.LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (9, 28b-36) En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba. El aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablan de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: —Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: —Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle. Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaban silencio y, por el momento no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Lecturas de la Misa para la Semana Lunes Martes Miércoles Jueves Viernes Sábado

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San Rosendo Santa Ángela de la Cruz Santos Emeterio y Celedonio San Casimiro San Adrián San Olegario

Dn 9,4-10 / Sal 78,8-13 / Lc 6,36-38 Is 1,10-16-20 / Sal 49,8-9.16-17.21.23 / Mt 23,1-12 Jr 18,18-20 / Sal 30,5-6.14-16 / Mt 20,17-28 Jr 17,5-10 / Sal 1,1-6 / Lc 16,19-31 Gn 37,3-4.12-13.17-28 / Sal 104,16-21 / Mt 21,33-43.45-46 Miq 7,14-15.18-20 / Sal 102,1-4.9-12 / Lc 15,1-3.11-32

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Con Palabras de Vida - Domingo II de Cuaresma QUE BIEN SE ESTÁ AQUI “Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de la montaña, para orar”. En este segundo Domingo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a acompañar a estos tres discípulos y a Jesús para intensificar nuestra oración. No podemos olvidar que cada Domingo somos invitados a apartarnos de nuestra vida cotidiana, de nuestro día a día y vivir la alegría y el gozo de la Resurrección de Cristo. Cristo el Señor, se lleva a estos tres discípulos para que tengan una experiencia que transforme sus vidas. Dicha experiencia, ha de cambiar su corazón, ha de dar un vuelco a la concepción que los apóstoles tenían del mismo Cristo. Pedro, que siempre toma la iniciativa – como buen patrón de barco que ha sido durante su vida – no duda en expresar la satisfacción que se siente en ese momento. Sin duda la transfiguración del Señor no dejó indiferentes a estos tres íntimos del Señor. Todos los cristianos estamos invitados a esta dulce intimidad con el Antonio Jesús Martín Acuyo Señor. Sin duda, al igual que a Pedro, nos gustaría cuando estamos en un momento Párroco de Cuevas del Almanzora álgido de intimidad con el Señor, que ese momento no finalizara. Pero nuestro día a día nos lleva a no siempre buscar esta intimidad con el Señor. El mismo Jesús ante la expresión de Pedro, le responde que no sabía lo que pedía. Los cristianos en nuestra oración personal, en nuestra vida espiritual, en nuestro camino cristiano… buscamos el encuentro personal con el Señor, un encuentro que se realiza por medio de la oración personal, por medio de los sacramentos en la Iglesia y con la Iglesia. Pero esta mediación finalizará cuando nos encontremos cara a cara con el Señor. Este momento es de especial revelación. Al igual que en el Bautismo, escuchamos la voz del Padre que confirma quien es y cual es la misión de Cristo el Señor. De bien es conocido, que el hecho de que se presentarán junto a Jesús Moisés y Elías, confirma su autoridad ante la Ley y los Profetas. Esta autoridad nos ha llevar a poner nuestra vida en total disposición y deseo de estar con el Señor y junto al Señor. Estar junto al Señor conlleva la soledad. Esta soledad conlleva un encuentro personal, por el que nuestra vida se contrapone ante la vida y ministerio de Cristo el Señor. Hemos de pedirle al Señor, que nuestra fe sea confiada como la de Abraham, que no dudo de la palabra de Dios, que a pesar de su vejez confío y no se vio defraudado. Al igual que el salmista, cada uno de los que queremos seguir al Señor, hemos de buscar en él nuestra luz y salvación. Una salvación que conlleva confianza, que conlleva entrega, que conlleva por nuestra parte generosidad. Ante la entrega generosa de Cristo, no podemos quedarnos con los brazos cruzados, no podemos quedarnos con el simple deseo de ser mejores, sino que hemos de ponernos manos a la obra, hemos de buscar a través de los medios que nos ofrece la Iglesia, buscar ese encuentro sincero con Cristo en el que cambie nuestra vida. Ojalá este Domingo, al celebrar la Eucaristía y al escuchar la Palabra de Dios, nuestros deseos de intimidad con Cristo aumenten. Es tiempo propicio para la oración, es tiempo propicio para estar con Él, para al “perder tiempo” con el Señor, sea el mejor tiempo empleado de nuestro día. Que bien se está con el Señor, prueba y verás.

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Testimonio de Vida San Rosendo fue un personaje destacado como monje, obispo, gobernador y pacificador de Galicia. Fundó uno de los más importantes monasterios benedictinos de Galicia, de extraordinaria proyección histórica por su acción colonizadora en gran parte de la provincia de Ourense y, al mismo tiempo, descendía de un clan familiar que dejó tras de sí una gran estela de fundaciones monacales. Rosendo, hijo del conde don Gutierre y de dona Induaria (o Ilduara), nació el 26 de noviembre del año 907, en un lugar llamado Cela. En ese mismo siglo, con pequeñas diferencias nacieron sus hermanos y primos. Todos ellos estaban imbuidos de las mismas inquietudes y pensamientos predominantes en los años precursores del milenio, que amenazaba con el fin del mundo y que reclamó cambios de vida y entrega a la conquista de la paz con Dios, mediante la práctica de una religiosidad que llevaba al retiro del mundo en el interior de los monasterios, los eremitorios y las casas dedicadas a la observancia de una vida en común bajo los preceptos de una disciplina regular. Este fue el siglo de la expansión por Galicia de la Regla de San Benito, que vino a suplantar las reglas y observancia de San Fructuoso. Rosendo se educa en este ambiente, en el seno de una familia noble y pudiente, bajo la tutela de su tío don Albarico, obispo de Mondoñedo, a quien sucedió y gobernó esa sede varios años, en los que edificó iglesias en distintos lugares de la diócesis, restauró otras y alternó la vida de gobierno con al de retiro en el monasterio de Caaveiro, fundado por él. Fue en Caaveiro donde Rosendo determinó la fundación del monasterio de Celanova (el 12 de septiembre del 936), lo que marcó una estela extraordinaria en su vida. Esta fundación contó con la colaboración de todos sus familiares. Los méritos y fama de Rosendo hicieron que fuera nombrado administrador de la Diócesis de Iria a la muerte del obispo Sisnando, muerto por los normandos. En el 970 se encarga de la diócesis irense prolongándose esta misión hasta poco después del Concilio de León en el año 974. Después se retiró al monasterio de Celanova, ocupando la sede compostelana un monje, también de Celanova. Y en Celanova acabó su vida, finando el 1 de marzo del año 977, a las horas completas. Fue enterrado en la igrexa del monasterio y en el año1601 sus restos fueron exhumados para colocarlos en una urna de plata en el lateral derecho del altar mayor, donde permanecen. Como Obispo de Mondoñedo, sus inquietudes espirituales le llevaron a renunciar a su dignidad episcopal y fundar el monasterio de Celanova donde él mismo ingresó y fue abad. Quiso hacer de Celanova un faro de renovación religiosa en Galicia, siendo finalmente llamado para ser obispo de Santiago en el año 968. Su alma insatisfecha le obligó también a abandonar el cargo para vivir retiradamente como un monje en el monasterio que había dirigido. Pretendió recuperar el impulso monástico que en Galicia habían iniciado San Martiño Dumio en época sueva y San Fructuoso en época visigoda. Para ello, intrudujo en Galicia la reforma benedictina. Tuvo mucho que ver en la influencia mozárabe, palpable en el prerrománico gallego.

NOTICIAS Y AVISOS ⌦ El día 1 (lunes) la celebración de la Santa Misa es a la 08’15h de la mañana en la Capilla de las Hijas de la Caridad. ⌦ El día 1 y 2 (lunes y martes) se suspenden las catequesis de 1º y 2º de comunión. ⌦ El viernes 5 de marzo se convoca a los Hermanos Mayores de las Hermandades de Semana Santa o sus legítimos representantes a las 21’00h en la sacristía.

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Buenas Nuevas Año II - Nº 9  

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