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Hoja Parroquial

Año II · Número 7

Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Cuevas del Almanzora

14 de Febrero de 2010

Editorial El Sacramento de la Unción de los Enfermos es el segundo de los sacramentos de Curación. El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro aceite de plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras: Por esta santa Unción, y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. La unción de los enfermos no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez. Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan. Solo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la unción de los enfermos. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir este sacramento. Y que los enfermos se preparen para recibirlo en buenas disposiciones, con la ayuda de su pastor y de toda la comunidad eclesial a la cual se invita a acompañar muy especialmente a los enfermos con sus oraciones y sus atenciones fraternas. Los efectos de la celebración de este sacramento: la gracia primera de este sacramento es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. También recibe el enfermo, la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo. Cuando celebra este sacramento, la Iglesia, en la comunión de los santos, intercede por el bien del enfermo; también es la última de las sagradas unciones y ofrece al término de nuestra vida terrena un sólido puente levadizo para entrar en la Casa del Padre defendiéndose en los últimos combates.

SANTA CUARESMA La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las «armas de la penitencia cristiana »: la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-6.16-18). En el ámbito de la piedad popular no se percibe fácilmente el sentido mistérico de la Cuaresma y no se han asimilado algunos de los grandes valores y temas, como la relación entre el «sacramento de los cuarenta días» y los sacramentos de la iniciación cristiana, o el misterio del «éxodo», presente a lo largo de todo el itinerario cuaresmal. Según una constante de la piedad popular, que tiende a centrarse en los misterios de la humanidad de Cristo, en la Cuaresma los fieles concentran su atención en la Pasión y Muerte del Señor. El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las Cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.


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Palabras de Vida LECTURA DEL LIBRO DE JEREMÍAS (17, 5-8)

Así dice el Señor: -- Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS (15, 12.16- 20)

Hermanos: Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo, se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL (SALMO 1)

R.- DICHOSO EL HOMBRE QUE HA PUESTO SU CONFIANZA EN EL SEÑOR Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos; ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos, sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R.Será como un árbol plantado al borde la acequia: Da fruto en su sazón, y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R.No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.-

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (6, 17, 20-26)

En aquel tiempo, bajo Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedentes de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacía sus discípulos, les dijo: --Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo; porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.

Lecturas de la Misa para la Semana Lunes Martes Miércoles Jueves Viernes Sábado

15 16 17 18 19 20

San Caludio de la Colombiere Santa Juliana Miércoles de Ceniza San Eladio Beato Álvaro de Córdoba San Euquerio

St 1,1-11 / Sal 118,67-76 / Mc 8,11-13 St 1,12-18 / Sal 93,12-19 / Mc 8,14-21 Jl 2,12-18 / Sal 50,3-6,12-17 / 2 Cor 5,20-6,2 / Mt 6,1-6.16-18 Dt 30,15-20 / Sal 1,1-6 / Lc 9,22-25 Is 58,1-9 / Sal 50,3-6.18-19 / Mt 9,14-15 Is 58,9-14 / Sal 85, 1-6 / Lc 5,27-32

© Parroquia Ntra. Sra de la Encarnación - Plaza de la Encarnación, s/n. 04610 Cuevas del Almanzora (Almería) - Tlf. 950 45 60 78 www.iglesiadecuevas.com / e-mail: parroco@iglesiadecuevas.com


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Con Palabras de Vida - Domingo VI del Tiempo Ordinario BENDITO QUIEN CONFÍA EN EL SEÑOR “Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados”. Quizá esta frase del apóstol San Pablo nos parezca tajante y radical, y realmente lo es. Seguir a Jesucristo no es algo interesado; sino implica un cambio radical en nuestra vida. Seguir a Cristo conlleva vivir conforme a la vida que Él vivió y que hoy – como nos dice el apóstol – nos invita a vivir. Seguir a Jesucristo, actuar según sus palabras, es el verdadero sentido del cristianismo. De este modo el hombre alcanza su felicidad. Todo hombre ansía a lo largo de su vida la felicidad. Una felicidad que está delimitada a nuestras percepciones y condiciones limitadas. No podemos ni debemos olvidar que los cristianos encontramos el sentido pleno de nuestra existencia en Cristo. Este sentido lo vamos percibiendo a lo largo de toda nuestra existencia siguiendo los mandatos de Cristo y las directrices que la Iglesia como madre y maestra nos va enseñando y transmitiendo.

Antonio Jesús Martín Acuyo Párroco de Cuevas del Almanzora

En la primera lectura de la liturgia de hoy, el profeta Jeremías nos invita a descubrir la verdadera bendición que proviene de Dios. Todo hombre de cualquier condición social, busca la bendición de Dios. Dicha bendición no es una protección continua, no es la ausencia de problemas, la ausencia de preocupaciones; sino que es la presencia y protección de Dios a pesar de las preocupaciones y dificultades de nuestro día a día. Quien pone su confianza en el Señor ese es bendito. Sólo quien sabe su limitación, quien se sabe pecador, quien se sabe limitado y pone su confianza en Dios es bendecido. Esa bendición que conlleva la cercanía de Dios en nuestra vida, nos lleva a descubrir que la verdadera y eterna felicidad no se ve limitada por los condicionantes del espacio y del tiempo. Dichosos los que lloran, dichosos los que sufren…. porque su recompensa será grande en el cielo. Quizá podamos creer que así no tiene sentido nuestro día a día, sino que hemos de buscar la recompensa en nuestro futuro. Pero no debemos olvidar que nuestro futuro depende de nuestro presente, que está basado en nuestro pasado. La vida ultraterrena es consecuencia de lo que en esta vida vivimos. No se puede vivir ajeno a Dios, de espaldas a la su doctrina y enseñanzas; y esperar que tras esta vida conocer y descubrir la presencia de Dios. Quien no es capaz de descubrir en su vida la presencia de Dios, no podrá descubrirlo cuando se encuentre cara a cara con ÉL. Dichosos somos nosotros los que hemos descubierto en nuestra vida la dicha de seguir a Jesucristo. Una dicha que no se queda en nuestra vida, sino que nos impulsa y nos lleva a vivir con esa dicha tras nuestro paso por ésta. Pero ay… de los que creen y confían en la felicidad limitada de esta vida. Los que sólo esperan recompensa en esta vida, ya la han recibido y viven sin ninguna ilusión ni interés por los bienes que no son efímeros y pasajeros. Son muchos los que se llaman cristianos, que aún ponen sus esperanzas en cosas pasajeras y limitadas. No olvidemos que la vida con Cristo nos lleva a vivir con gozo con Cristo, que vive y ha resucitado. Ojalá descubramos el gozo de vivir y experimentar la victoria de Cristo sobre la muerte, Domingo tras Domingo, al acercarnos a la Eucaristía, y descubramos el gozo y la dicha de vivir en el Señor, con el Señor, para el Señor; de modo que nuestra vida aquí y ahora sea reflejo de la vida que esperamos.

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Testimonio de Vida San Claudio de La Colombière S.I. nacio en Saint-Symphorien d'Ozon entre Vienne y Lyon, Francia, 1641 y murió en Paray le Monial, Francia el 15 de febrero de 1682. En 1659, entra a la Compañía de Jesús y después de 15 años de vida religiosa, busca el medio de alcanzar la mas alta perfección posible; fue entonces que hace un voto, el de observar fielmente la regla y las constituciones de su Orden bajo pena de pecado. Aquellos que le conocían pudieron certificar que ese voto era observado con la mas grande exactitud. En 1674, el Padre de la Colombière fue elegido superior de la Casa de los Jesuitas en Paray-le-Monial, y es ahí donde se hace director espiritual de Santa Margarita María Alacoque, lo que hace de él un apostol ardiente de la devoción del Sagrado Corazón. Era hermano de Joseph de La Colombière, vicario general en Canadá. En 1676 fue enviado a Inglaterra como predicador de la Duquesa de York, la futura Reina de Inglaterra. De igual manera en la Corte de Saint-James. Aun en dificultades, llega a guiar a Santa Margarita por medio de cartas. De salud alterada y enfermedades de la garanta y pulmonares parecían amenazar su trabajo de predicador. Atiende su llamada a Francia pero es arrestado y puesto en la prisión de King's Bench Prison, siendo denunciado como conspirador. Su calidad de predicador de la Duquesa de York y la protección de Luis XIV, le permitieron escapar de la muerte, pero fuen condenado al destierro en (1679). Pasa los 2 últimos años de su vida en Lyon, donde era el director espiritual de jóvenes jesuitas. Sus principales trabajos comprenden Réflexions Pieuses, Méditations sur la Passion, Retraite et Lettres Spirituelles, fueron publicados bajo el título de Œuvres du R. P. Claude de la Colombière (Avignon, 1832 ; Paris, 1864). Sus reliquias se conservan en Paray-le-Monial en la Capilla de La Colombière cercana al convento de las Religiosas de la Visitación. Canonizado por el Papa Juan Pablo II el 31 de mayo de 1992. Su fiesta es el 15 de febrero.

NOTICIAS Y AVISOS ⌦ El día 17 es MIÉRCOLES DE CENIZA. La Misa será a las 11’00h en la Capilla de las Hijas de la Caridad (Hospital) y a las 19’00h en el Templo parroquial.

Editado con la colaboración de

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Buenas Nuevas Año II - Nº 7