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Hoja Parroquial

Año II · Número 48

Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Cuevas del Almanzora

28 de Noviembre de 2010

EDITORIAL El adviento (latín: adventus Redemptoris, «venida del Redentor» ) es el primer periodo del año litúrgico cristiano, que consiste en un tiempo de preparación para el nacimiento del Salvador. Su duración es de 21 a 28 días, dado que se celebran los cuatro domingos más próximos a la festividad de Navidad. Marca el inicio del año litúrgico en casi todas las confesiones cristianas. Durante este periodo los feligreses se preparan para celebrar la conmemoración del nacimiento de Jesucristo y para renovar la esperanza en la segunda Venida de Cristo Jesús, al final de los tiempos Parusía. Durante el adviento, se coloca en las iglesias (en algunas) y también en algunos hogares una corona de ramas de pino, llamada Corona de adviento con cuatro velas, una por cada domingo de adviento. Hay una pequeña tradición de Adviento: a cada una de esas cuatro velas se le asigna una virtud que hay que mejorar en esa semana, por ejemplo: la primera, el amor; la segunda, la paz; la tercera, la tolerancia y la cuarta, la fe. Los domingos de adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

CON OJOS SABIOS LA MEJOR PREPARACIÓN Pienso que la ola de crisis espiritual y de fe de nuestro tiempo tiene sus raíces en el enturbamiento de la gracia del perdón. La persona que no reconoce esta gracia tiende a considerarse libre de culpa. Pero las personas sí liberadas de culpan, saben que eso no es verdad, que el pecado existe y que ellas mismas son pecadoras. Quien por su frialdad no experimenta sentimiento de culpa, ni siquiera cuando debe, ha de procurar por todos los medios recuperarlos, ya que en el orden espiritual son necesarios para la salud del alma. Hay quien cree que no necesita estos sentimientos de culpa, pero para liberarse recurren a horóscopos y adivinos del futuro. Pero no nos damos cuenta de que Jesús vino a salvar no solo a quienes se liberan a sí mismos pensando que no lo necesitan, sino a cuantos se sienten pecadores y precisan de Él (cf. Lc 5,31-32). En realidad todos tenemos necesidad de Él como escultor divino que elimina el polvo y la suciedad que se han posado sobre la imagen de Dios tallado en nosotros. Necesitamos perdón, pues el perdón constituye el corazón de toda reforma. Si se quitan el polvo y la suciedad que hacen irreconocible la imagen de Dios, me vuelvo semejante a Cristo que es imagen de Dios sin defecto ni limite alguno, el modelo según el cual todos hemos sido creados “a imagen de Dios”. así quedamos unidos a Cristo y a todos los hermanos. Así nace la Iglesia, nace la comunidad que nos capacita para alcanzar la verdadera estatura del ser humano, la compañía de Dios. Por eso el adviento empieza ofreciendo el perdón y la purificación. Pero semejante obra no puede llevarse a cabo con nuestras propias fuerzas, sino que son necesarias la luz y la gracia que proceden del Espíritu de Dios y actúan en la hondura de los corazones y de las conciencias. Vamos a aprovechar este tiempo de purificación preparando la confesión sincera y mirando a la primera fiesta mariana del año litúrgico: la Inmaculada Concepción. La Virgen María que es la mejor guía para nuestro encuentro con Jesús nos ayude a ello. José Antonio Alascio Herrero Párroco Emérito


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Palabras de Vida LECTURA DEL SEGUNDO LIBRO DE ISAÍAS (2, 1-5) Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán:

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS (13, 11-14)

Hermanos:

Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de espabilarse, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está -- Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividaÉl nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; des de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con digniporque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor. Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De dad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Señor Jesucristo y que el cuidado de nuestro cuerpo no fomente los malos deseos. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.

SALMO RESPONSORIAL 121 R.- QUÉ ALEGRIA CUANDO ME DIJERON: "VAMOS A LA CASA DEL SEÑOR". Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor. Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R.Allá suben las tribus, las tribus del Señor. Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor. En ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R.Desead la paz a Jerusalén: “Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios”. R.Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: "la paz contigo". Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. R.-

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (24, 37-44)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -- Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.

Lecturas de la Misa para la Semana Lunes Martes Miércoles Jueves Viernes Sábado

29 30 1 2 3 4

San Saturnino San Andrés San Eloy Santa Bibiana San Francisco Javier Santos Juan Damasceno y Bárbara

Is 4,2-6 / Sal 121 / Mt 8,5-11 Rom 10,9-18 / Sal 18 / Mt 4,18-22 Is 25,6-10 / Sal 22 / Mt 15,29-37 Is 26,1-6 / Sal 117 / Mt 7,21.24-27 Is 29,17-24 / Sal 26 / Mt 9,27-31 Is 30,19-21.23-26 / Sal 146 / Mt 9,35 –10,1.6-8

© Parroquia Ntra. Sra de la Encarnación - Plaza de la Encarnación, s/n. 04610 Cuevas del Almanzora (Almería) - Tlf. 950 45 60 78 www.iglesiadecuevas.com / e-mail: parroco@iglesiadecuevas.com


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Con Palabras de Vida - Domingo I del Adviento ESTAD PREPARADOS “Daos cuenta el momento en que vivís”. El apóstol de los gentiles nos invita en la segunda lectura de este Domingo, a caer en la cuenta de la importancia del tiempo presente, una importancia que se hace patente al comenzar este tiempo del Adviento. No podemos olvidar que el cristiano está llamado a hacer del tiempo en el que vive un tiempo de gracia, un tiempo de encuentro con el Señor, un tiempo de salvación; pero esta realidad nos lleva a tomar en serio nuestra vivencia de la fe, una vivencia que no se limita a dejar pasar el tiempo sino que conlleva a hacer del tiempo una realidad viva y eficaz, un momento de encuentro personal con el Señor a través de los medios que nos ofrece la Iglesia. Los tiempos litúrgicos nos ayudan a concretizar y hacer viva la realidad de nuestro día a día, no es un ciclo de tiempo que pasa y que se repite, sino que es un caer en la cuenta de la importancia de nuestra vida y del misterio de Cristo que nos Antonio Jesús Martín Acuyo invita a unir nuestra vida más con el Redentor. Hoy con el salmista expresamos el Párroco de Cuevas del Almanzora deseo de la alegría que en nuestra vida es la espera por la inminente venida del redentor. Una venida que se hace viva y eficaz en la liturgia de la Iglesia y que nos hace vivir esperando la venida definitiva del Redentor en la que hará nuevas todas las cosas y llevará a la consumación este mundo, un mundo que lo rechaza que no quiere dejar las cosas que le apartan de la verdadera felicidad y que nos hace olvidar el fin de nuestra vida; que es estar junto a Dios (nos hiciste para ti Señor, afirma san Agustín). El nacimiento del redentor conlleva un cambio de actitud en nuestra vida, conlleva un cambio en el corazón de cada cristiano; un cambio que se hace palpable y real cuando dejamos que el Señor sea el verdadero centro de nuestra existencia – como celebrábamos en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Para ello es necesario adquirir una serie de actitudes y aptitudes con respecto a Dios mismo. Hemos de estar vigilantes, no hemos de dejar que la rutina, las acciones de nuestra vida y el día a día; hagan que no busquemos la voluntad de Dios en nuestra vida. No podemos vivir de momentos puntuales de experiencias de Dios, sino que nuestra vida ha de ser un continuo reflejo de la fe que profesamos. Así y solo así nuestro corazón se irá preparando para el nacimiento de nuestra salvación y hará que nuestra vida sea una vida en plenitud. Esto requiere en cada cristiano, una actitud constante de vigilancia, de alerta, de espera, de deseo de salvación... que hace que vivamos en una constante atención descubriendo así las actitudes necesarias para hacer posible ese cambio de actitud en nuestro corazón. Estas actitudes se hacen desde la esperanza y no desde el miedo o el temor. Una esperanza que nos hace desear lo que está por venir que es mejor y por ello aprovechamos lo bueno de este momento pero con los ojos y el corazón puestos en la venida del Salvador. Ojalá este primer Domingo de Adviento todos los hijos de Dios que comenzamos a prepararnos para el nacimiento de Cristo busquemos con alegría el cambio de nuestras actitudes que no reflejan nuestra fe y hagamos de este tiempo un tiempo de especial búsqueda de la voluntad de Dios.

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Testimonio de Vida Santa Bárbara según la tradición cristiana, habría nacido en Nicomedia, cerca del mar de Mármara, hija de un Rey sátrapa de nombre Dióscoro, quien la encerró en una torre. Durante una ausencia de su padre, Bárbara se convirtió al cristianismo, y mandó construir tres ventanas en su torre, simbolizando la Santísima Trinidad. Su padre se enteró del significado del simbolismo de estas ventanas y se enfadó, queriendo matarla. Por eso, Bárbara huyó y se refugió en una peña milagrosamente abierta para ella. Atrapada pese al milagro, se enfrenta a su destino. Su martirio fue el mismo que el de San Vicente Mártir: habría sido atada a un potro, flagelada, desgarrada con rastrillos de hierro, colocada en un lecho de trozos de cerámica cortantes y quemada con hierros al fuego... Finalmente, el mismo rey Dióscoro la envió al juez, quien dictó la pena capital por decapitación. Su mismo padre es quien la decapitó en la cima de una montaña, tras lo cual un rayo lo alcanzó, dándole muerte también. Las reliquias fueron trasladadas a Venecia en tiempos del Dogo Pedro II Orseolo (991 – 1009), por María Argyropoula, una princesa bizantina posiblemente hermana de Romano III, que se había casado con el hijo del Dogo, Juan. Las reliquias de la Santa quedaron en la Iglesia Griega y en 1108 una princesa griega de nombre Bárbara se casó con el príncipe de Kiev, Sviatopolk Iziaslavovich. Ella trajo consigo las reliquias que fueron colocados en el monasterio Michailovsky-Zlatoverj en Kiev. En la época de los desastres napoleónicos, las sagradas reliquias fueron llevadas al Templo de San Martín de la isla de Murano, donde se custodian aun hoy. Una parte de las reliquias de la Mártir Santa Bárbara que se hallaban en la iglesia de San Marcos, en Venecia, fueron depositadas en el Santuario de Santa Bárbara, perteneciente a la Diaconía Apostólica y ubicado en el municipio del Ática del mismo nombre, por el Arzobispo de Atenas y Toda Grecia, Su Beatitud Christódoulos. Se la suele representar joven, bien con la palma del martirio, bien con plumas de pavo real, pues este animal es símbolo de la resurrección o la inmortalidad, y aparece ya en la más antigua representación conocida, que data del siglo VIII (Santa María la Antigua, de Roma). También suele aparecer con su atributo, una torre con tres ventanas, apareciendo una veces encerrada en la misma y en otras la torre aparece a su lado o en miniatura sobre una de sus manos. El significado de esta torre con tres ventanas es el refugio de la fe en la Santísima Trinidad. Y suele llevar corona, que admite variaciones: en algunas es la de una princesa y en otras es una corona completa formada de varias torres. La imagen de santa Bárbara también aparece a veces asociada; con la espada con la cual fue decapitada, lo que ha contribuido a que sea asociada con la guerra, pero dicha espada representa un símbolo de fe inquebrantable; con un cáliz, que significa su conversión al catolicismo; con el rayo que cayó en su martirio ha hecho que sea relacionada con los explosivos y así es patrona del arma de Artillería, cuyo escudo son cañones cruzados y la torre es la heráldica de los ingenieros y zapadores.

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Buenas Nuevas Año II - Nº 48