Issuu on Google+

Hoja Parroquial

Año I · Número 6

Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Cuevas del Almanzora

1 de Noviembre de 2009

Editorial La Iglesia es SANTA, a pesar de los fallos y faltas de cada uno de los creyentes que aún peregrinan en la Tierra, es en sí misma santa pues Santo es su fundador y santos son sus fines y objetivos. Hay que precisar enseguida que lo es en virtud de su origen e institución divina. Santo es Cristo, quien instituyó a su Iglesia mereciendo para ella, por medio del sacrificio de la cruz, el don del Espíritu Santo, fuente inagotable de su santidad, y principio y fundamento de su unidad. La Iglesia es santa por su fin: la gloria de Dios y la salvación de los hombres; es santa por los medios que emplea para lograr ese fin, medios que encierran en sí mismos la santidad de Cristo y del Espíritu Santo. Son: la enseñanza de Cristo, resumida en la revelación del amor de Dios hacia nosotros y en el doble mandamiento de la caridad; los siete sacramentos y todo el culto .la liturgia., especialmente la Eucaristía, y la vida de oración. Todo esto es un ordenamiento divino de vida, en el que el Espíritu Santo obra por medio de la gracia infundida y alimentada en los creyentes y enriquecida por carismas multiformes para el bien de toda la Iglesia. Asimismo, es santa mediante sus fieles, ya que ellos realizan una acción santificadora. En la Iglesia Católica es quien contiene la plenitud total de los medios de salvación, y en donde se consigue la Santidad por la gracia de Dios. Es Santa porque sus miembros están llamados a ser santos.

Con Palabras Sabias Noviembre se abre con una fiesta programática: la de Todos los SANTOS, y me da pena pensar que para un gran numero de personas, la fiesta de todos los Santos está perdiendo su lugar a favor de sustitutos como la celebración de Hallowen. El recogimiento y el silencio oracional y respetuoso, cede paso al jolgorio y a la algarabía, ¡qué pena!. En esta fiesta de los Santos, se celebra ante todo, una de las notas específicas de la Iglesia: la santidad, agradeciendo a Dios esa vocación de cada uno a la santidad. “Sed Santos”, encomienda el mismo Jesús. “Padre: santifícalos”, pide a Dios nuestro Padre. Esta es la voluntad de Dios: nuestra santificación. Y San Pedro en su primera carta (1, 15) nos exhorta: “como el que os ha llamado es santo, así también vosotros sed santos, en vuestra conducta”. Los cristianos estamos llamados ala santidad, hemos sido hecho por el Bautismo hijos de Dios y partícipes de la naturaleza divina, y por lo mismo realmente santos. La santidad no es exterioridad ni ruido. La santidad es la situación del hombre unido a Dios y a los hombres, situación a la que se llega por una vivencia de la fe ayudado por la gracia de Dios. La santidad como nos recuerda el Evangelio es acoger y practicar día a día las bienaventuranzas (Mt 5, 1-12), único test propuesto por Jesús para valorar la calidad evangélica de la existencia. La fiesta de todos los Santos nos invita a tomar conciencia de nuestra vocación y nos propone el horizontes de nuestra visa cristiana. José Antonio Alascio Herrero, Párroco emérito


PÁGINA 2

Palabras de Vida LECTURA DEL LIBRO DEL APOCALIPSIS (7, 2-4.9-14) Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello de Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles que encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: -- No dañéis a la tierra y al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios. Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel. Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: -- ¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del cordero! Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: -- Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén. Y uno de los ancianos me dijo: -- Esos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? Yo le respondí:

SALMO RESPONSORIAL (SALMO 23) R.- ESTE ES EL GRUPO QUE VIENE A TU PRESENCIA, SEÑOR Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R.¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R.Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de la salvación. Este es el grupo que busca el Señor. le hará justicia el Dios de salvación. Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.-

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (5, 1-12a)

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron los discípulos; y él se puso a hablar, enseñándolos:

-- Señor mío, tú lo sabrás. El me respondió: -- Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN JUAN (3, 1-3) Queridos hermanos: Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

-- Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos lo que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Lecturas de la Misa para la Semana Lunes Martes Miércoles Jueves Viernes Sábado

2 3 4 5 6 7

Fieles Difuntos San Martín de Porres San Carlos Borromeo Santos Zacarías e Isabel Mártires del Siglo XX Beato Grancisco Palau

Mac 12, 43-46 / Sal 121, 1-9 / 1 Jn 3, 14-16 / Jn 11, 17-27 Rom 12, 5-16a / Sal 130, 1-3 / Lc 14, 15-24 Rom 13, 8-10 / Sal 111, 1-2.4-5.9 / Lc 14, 25-33 Rom 14, 7-12 / Sal 26, 1..4.13-14 /Lc 15, 1-10 Rom, 15 14-21 / Sal 97, 1-4 / Lc 16, 1-8 Rom 16, 3-9.16.22-27 / Sal 144, 2-5.10-11 / Lc 16, 9-15

© Parroquia Ntra. Sra de la Encarnación - Plaza de la Encarnación, s/n. 04610 Cuevas del Almanzora (Almería) - Tlf. 950 45 60 78 www.iglesiadecuevas.com / e-mail: parroco@iglesiadecuevas.com


PÁGINA 3

Con Palabras de Vida ESTAD ALEGRES Y CONTENTOS

“Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!” Con esta frase de la segunda lectura de la liturgia de este Domingo, el apóstol San Juan nos invita a caer en la cuenta de la realidad de nuestra existencia cristiana. Ser cristiano nos es una carga, sino que es una liberación. Es la vivencia de la realidad gozosa del encuentro personal con Cristo el Señor, vivo y resucitado. Los cristianos en nuestra vida expresamos en gozo y la alegría del encuentro con Cristo. Nuestra relación personal con Cristo no nos evita los problemas y preocupaciones sino que nos hace verlos desde el punto de vista cristiano; es decir, con la mirada de Dios. Ser cristiano es la alegría de saberse amado y querido por Dios, y este amor debe ser expresado y transmitido a todos aquellos que cada día nos encontramos en nuestro trabajo, en nuestra vida particular.

Antonio Jesús Martín Acuyo Párroco de Cuevas del Almanzora

En la liturgia de este Domingo, la Iglesia nos invita a contemplar a todos aquellos cristianos que aunque no han sido introducidos en la lista de los santos, durante su vida mortal han intentado llevar una vida conforme al Evangelio. Desde el día de nuestro Bautismo, fuimos introducidos en la Iglesia y llamados a una vida de Santidad. Ser santo, nos es solo un ideal de vida, sino ante todo y sobretodo es una esperanza y incentivo en nuestro actuar. La santidad de nuestra vida surge y nace de la imitación dentro de nuestra condición pecadora, del que es el único Santo: Dios. Todos los Santos, anónimos o conocidos, son los que interceden por aquellos que aún peregrinamos en esta vida y aspiramos a gozar y contemplar a Dios nuestro Señor. Felices, nos llama hoy el Evangelio, si cumplimos la voluntad de Dios. Dichosos seremos y a esto nos invita el mismo Jesús. Pero como siempre, las palabras de Cristo, no se quedan en meras palabras. No son utopía, sino que el mismo las hace realidad y las lleva a la práctica. A simple vista, no pueden ser dichosos ni felices, aquellos que son perseguidos, ni los que tiene sed o hambre. Sin aquellas palabras del Maestro, dejarían anonadados a sus oyentes. Hoy veinte siglos después, el sermón de las Bienaventuranzas no deja de sorprendernos a aquellos que escuchamos las palabras de Jesús. El Evangelio siempre nos sorprende, y ayer, hoy y siempre, nos invita vivir nuestra vida conforme al ejemplo vida y ministerio de Jesucristo. Ojalá, hoy vivamos este Domingo, día del Señor Resucitado, deseando actuar en nuestra vida conforme las palabras que hemos escuchado y no nos cansemos de aspirar siempre a los bienes del cielo, es decir a la santidad de vida, cada uno en nuestra tarea, trabajo y vida.

© Parroquia Ntra. Sra de la Encarnación - Plaza de la Encarnación, s/n. 04610 Cuevas del Almanzora (Almería) - Tlf. 950 45 60 78 www.iglesiadecuevas.com / e-mail: parroco@iglesiadecuevas.com


PÁGINA 4

Testimonio de Vida Martín fue hijo de un español de la Orden de Alcántara, Don Juan de Porres natural de la ciudad de Burgos, y de una negra liberta, Ana Velázquez, natural de Panamá que residía en Lima. Martín de Porres fue bautizado el 9 de diciembre de 1579 en la Iglesia de San Sebastián en Lima. En 1591 recibió el sacramento de la Confirmación de manos del arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo. Martín inició su aprendizaje de boticario en la casa de Mateo Pastor. Esta experiencia sería clave para Martín, conocido luego como gran herbolario y curador de enfermos, puesto que los boticarios hacían curaciones menores y administraban remedios para los casos comunes. También fue aprendiz de barbero, oficio que conllevaba conocimientos de cirugía menor. La proximidad del convento dominico de Nuestra Señora del Rosario y su claustro conventual ejercieron una atracción sobre él. Sin embargo, entrar allí no cambiaría su situación social y el trato que recibiría por ser mulato y bastardo: no podía ser fraile de misa e incluso le prohibieron ser hermano lego. En 1594 y por la invitación de Fray Juan de Lorenzana, famoso dominico, teólogo y hombre de virtudes, entró en la orden de los Dominicos, bajo la categoría de "donado", es decir, como terciario por ser hijo ilegítimo (recibía alojamiento y se ocupaba en muchos trabajos como criado). Así vivió 9 años, practicando los oficios más humildes. Fue admitido como hermano de la orden en 1603 y en 1606 profesó los votos de pobreza, castidad y obediencia Su preocupación por los pobres fue notable. Se sabe que los desvalídos lo esperaban en la portería para que los curase de sus enfermedades o les diera de comer. Martín trataba de no exhibirse y hacerlo en la mayor privacidad. De todas la virtudes que poseía Martín de Porres sobresalía la humildad, siempre puso a los demás por delante de sus propias necesidades. En una ocasión el Convento tuvo serios apuros económicos y el Prior se vio en la necesidad de vender algunos objetos valiosos, ante esto, Martín de Porres se ofreció a ser vendido como esclavo para remediar la crisis, el Prior conmovido, rechazó su ayuda. Ejerció constantemente su vocación pastoral y misionera; enseñaba la doctrina cristiana y fe de Jesucristo a los negros e indios y gente rústica que asistían a escucharlo en calles y en las haciendas cercanas a las propiedades de la Orden ubicadas en Limatambo. A la edad de sesenta años, Martín de Porres, cae enfermo y anuncia que ha llegado la hora de encontrarse con el Señor. La noticia causó profunda conmoción en la ciudad. Martín solicitó a los dolidos religiosos que entonaran en voz alta el Credo y mientras lo hacían, falleció. Eran las 9 de la noche del 3 de noviembre de 1639 en la Ciudad de los Reyes, capital del Virreinato del Perú. Toda la ciudad le dio el último adiós en forma multitudinaria donde se mezclaron gente de todas las clases sociales. Altas autoridades civiles y eclesiásticas lo llevaron en hombros hasta la cripta, doblaron las campanas en su nombre y la devoción popular se mostró tan excesiva que las autoridades se vieron obligadas a realizar un rápido entierro. En la actualidad sus restos descansan en la Basílica y Convento de Santo Domingo en Lima, (Perú) junto a los restos de Santa Rosa de Lima y San Juan Masías en el denominado "Altar de los Santos Peruanos".

NOTICIAS Y AVISOS ⌦ El día 2 (lunes) Conmemoración de los Fieles Difuntos celebración de la Santa Misa a las 08’15h en la capilla de las Hijas de la Caridad (Hospital) y a las 19’00h en el templo parroquial. ⌦ El día 4 (miércoles) no hay Misa a las 08’15h en la capilla de las Hijas de la Caridad (Hospital). ⌦ El día 9 (lunes) como es tradición en nuestra parroquia celebraremos la Santa Misa a las 17’00h en el Cementerio.

Ya puedes adquirir en el despacho parroquial la Lotería de la Parroquia

Editado con la colaboración de

© Parroquia Ntra. Sra de la Encarnación - Plaza de la Encarnación, s/n. 04610 Cuevas del Almanzora (Almería) - Tlf. 950 45 60 78 www.iglesiadecuevas.com / e-mail: parroco@iglesiadecuevas.com


Buenas Nuevas Año I - Nº 6