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LUCHA Y VERGÜENZA DE DANIEL BARENBOIM La Jornada, 10 de agosto de 2018 NACIÓ EN ARGENTINA en 1942. Desciende de una familia judía y ostenta también las nacionalidades de España, Israel y Palestina. Goza de fama mundial como director de orquesta y pianista y por su lucha en favor de la convivencia pacífica entre Israel y Palestina. Para ello, Daniel Borenboim sostiene que es fundamental reconocer a Palestina como Estado, devolverle los territorios que Israel le ha quitado de mala manera y acabar con la tragedia que significa la ocupación militar y de asentamientos humanos en ellos. El problema data de 1948, cuando más de 700 mil palestinos fueron desalojados de donde vivían para crear el Estado de Israel. Hoy más de 5 millones de descendientes directos de aquellos desplazados viven un exilio forzoso, que Barenboim califica de ‘‘moral y físicamente intolerable, un desastre ético y estratégico’’. La situación se agravó con Donald Trump en la Casa Blanca. El magnate tiene una estrecha amistad y apoya sin reservas a Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. Este apoyo llevó a que Israel declarara a Jerusalén como su capital, contraviniendo acuerdos que tienen a esa ciudad como símbolo de cristianos, islamitas y judíos. Y que recientemente una ley estableciera el carácter judío del país y al hebreo como única lengua oficial.

Una medida que Daniel Barenboim, el escritor David Grossman y miles de israelíes y otras nacionalidades califican de discriminatoria, pues ignora los derechos de otros grupos que también viven allí. Hace 15 años Daniel Barenboim dijo estar orgulloso de que Israel reconociera ‘‘la igualdad de derechos sociales y políticos a todos sus ciudadanos, con independencia de su religión, raza o sexo; y garantizara la libertad religiosa, de conciencia, idioma, educación y cultura”. Ante una ley que califica de racista y confirma la condición de apartheid y de ciudadanos de segunda clase a la población árabe, el músico proclama: ‘‘Hoy me avergüenzo de ser israelí’’. Ojalá esa vergüenza cunda por doquier. ________________________________ “En 2004 pronuncié un discurso ante la Kneset —el Parlamento israelí— en el que hablé de la Declaración de Independencia del Estado de Israel. La califiqué de ‘fuente de inspiración para creer en los ideales que nos hicieron dejar de ser judíos y nos transformaron en israelíes’, y proseguí diciendo que ‘este documento extraordinario expresaba este compromiso: ‘El Estado de Israel se consagrará al desarrollo de este país en beneficio de todos sus pueblos; se fundamentará en los principios de libertad, justicia y paz, guiado por las visiones de los profetas de Israel; reconocerá la plena igualdad de derechos sociales y políticos a todos sus ciudadanos, con independencia de su religión, raza o sexo; garantizará la libertad religiosa, de conciencia, idioma, educación y cultura’”. El País, Madrid, 24 de julio de 2018

LAS DISCÍPULAS DE JESÚS (IX) Ana María Tepedino NO OBSTANTE, MARCOS TERMINA SU EVANGELIO diciendo: “Y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían” (Mr 16.8b). Algunos autores interpretan tal procedimiento como fidelidad a un motivo que se utiliza siempre en su evangelio: el secreto mesiánico. Por eso, las mujeres guardan silencio sobre Jesús-Mesías. Otros especialistas afirman con respecto a Mc 16,8b que el miedo de las mujeres tiene relación con la reacción humana normal ante una teofanía (cf. Ex 3.6b). Se trata del miedo y del silencio, señales de los límites de la humanidad en presencia de lo divino. Las mujeres tienen miedo y tiemblan como cuando se está en presencia de Dios47. Malbon interpreta el silencio de las mujeres en el texto en cuestión, comparándolo con Mr 1.44. En ese pasaje, Jesús advierte al leproso que no diga nada, sino que vaya al sacerdote y ofrezca por su curación lo determinado por Moisés. Pero, con certeza, al presentarse al sacerdote, el leproso le diría algo. No obstante, éste no sería un cualquiera, sino el único al que el leproso debía informar. Según esto, nuestra perícopa puede significar: no dicen nada a nadie en general, sino que van a decírselo a los discípulos, pues, ¿quién, sino un discípulo seguidor de Jesús podría aceptar y entender la historia de las mujeres? Ya en el evangelio de Lucas, los ángeles preguntan a las mujeres:”¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado”. No objetan que lo busquen, sino que lo hagan en un lugar erróneo. Lucas, más que Marcos y Mateo, pone el acento en el anuncio hecho por Jesús cuando estaba en Galilea. La primera parte del discurso reproduce las palabras de Jesús. El evangelio nos dice que ellas recordaron las palabras de Jesús y comenzaron a creer, no porque vieran a los ángeles y el sepulcro vacío, sino porque su recuerdo confirmaba las palabras que habían escuchado a Jesús. Ellas recuerdan, vuelven y se lo cuentan a los Once y a los demás, lo que nos proporciona otro argumento sobre el discipulado de las mujeres: oír la palabra, meditarla, conservarla viva e ir a anunciarla a los otros forma parte de la vida de todo discípulo, como vimos antes. Según Juan, María Magdalena, tras hallar retirada la losa del sepulcro, vuelve y dice a Pedro y al discípulo amado que se habían llevado el cuerpo del Señor.


A pesar de las variaciones, la historia básica es la misma: Al llegar las mujeres al sepulcro de Jesús y encontrarlo vacío, reciben el mensaje celeste y actúan en consecuencia. Podemos concluir, por tanto, que cada evangelio toma buena nota de que las mujeres no refieren la novedad en cualquier sitio: “Evitan la dispersión entre las multitudes, que son inconstantes y están sujetas al delirio”. Las mujeres transmiten estos acontecimientos a testigos seguros que podían aceptarlos y entenderlos. Las mujeres que dieron testimonio de la muerte mantuvieron viva la Buena Nueva de la manifestación del poder de vida que Dios revela en la Resurrección de Jesús de Nazaret. Ellas, que habían recibido de él más vida, se convierten en sus mensajeras para anunciar el poder de la vida sobre la muerte, el poder del amor sobre la destrucción, y lo anuncian a los amigos y seguidores de Jesús. Se ha dicho muchas veces que las mujeres “prepararon” el camino a quienes se convirtieron en apóstoles. Ellas no preparan el camino sino que proclaman el fundamento de la vocación de todo apóstol. No desempeñan un papel secundario, sino principal, decisivo52. Las mujeres galileas continuaron el movimiento iniciado por Jesús. Al escoger al sustituto de Judas, la exigencia para ser apóstol era haber participado en la misión terrestre y haber sido testigo de la Resurrección (cf. Hch 1.21). Los datos del evangelio muestran que las mujeres cumplían esas condiciones y sin embargo ¡parece que ni siquiera se pensó en ellas para esa función! No obstante, E. Schüssler Fiorenza no duda en proponerlas como apóstoles, seguidoras de la misión, testigos de la muerte y mensajeras de la vida. ______________________________________________________________________

EL CAMINA R D EL DISCÍPU LO DI SCI PU LADO Y SEGUI MI EN TO D E JESÚ S Dietrich Bonhoeffer JESÚS DIRÍA: JSAL! PERO NOSOTROS SABEMOS QUE, EN REALIDAD, QUIERE DECIR: ¡Quédate dentro! Desde luego, como una persona que, en su interior, ha salido. Jesús diría: No os preocupéis. Y nosotros entenderíamos: Naturalmente, debemos preocuparnos y trabajar por los nuestros y por nosotros mismos. Toda otra actitud sería irresponsable. Pero interiormente debemos sin duda estar libres de preocupaciones.

Jesús diría: Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Y nosotros entenderíamos: Precisamente en el combate, precisamente devolviendo los golpes es como crece el verdadero amor al hermano. Jesús diría: Buscad primero el reino de Dios. Y nosotros entenderíamos: Naturalmente, debemos buscar primero todas las otras cosas. Si no, ¿cómo podríamos subsistir? Jesús se refiere a la disponibilidad última a comprometerlo todo por el reino de Dios. Siempre encontramos lo mismo: la supresión consciente de la obediencia sencilla, de la obediencia literal. ¿Cómo es posible tal cambio? ¿Qué ha ocurrido para que la palabra de Jesús haya debido prestarse a este juego, para que haya sido entregada de este modo a la burla del mundo? En cualquier parte del mundo donde se dan órdenes las cosas quedan claras. Un padre dice a su hijo: jVete a la cama!, y el niño sabe muy bien de qué se trata. Pero un niño educado en esta pseudoteología debería argumentar: Papá me dice: vete a la cama. Quiere decir: estás cansado; no quiere que yo esté cansado. Pero también puedo descansar jugando. Por consiguiente, mi padre ha dicho: vete a la cama, pero, de hecho, quiere decir: vete a jugar. Si el niño utilizase un argumento semejante con su padre, o el ciudadano con la autoridad, se llegaría a un lenguaje completamente claro: el de la sanción. Las cosas sólo cambian cuando se trata de las órdenes de Jesús. Por lo visto, aquí hay que convertir la obediencia sencilla en pura desobediencia. ¿Cómo es esto posible? Es posible porque, en el fondo de esta falsa argumentación, se da una cosa verdadera. La orden dirigida por Jesús al joven rico, es decir, la llamada a colocarse en una situación en la que es posible creer, tiene efectivamente por único fin llamar al hombre a la fe en Jesús, llamarlo a la comunión con él. En definitiva, nada depende de talo cual acto del hombre, sino de la fe en Jesús, en cuanto Hijo de Dios y mediador. Nada de- pende de la pobreza o de la riqueza, del matrimonio o del celibato, de la vida profesional o de la ausencia de ella, sino que todo depende de la fe. En esto tenemos razón hasta cierto punto; es posible creer en Cristo siendo ricos y poseyendo bienes de este mundo, con tal de que se tengan como si no se tuviesen. Pero esta es una posibilidad última de la existencia cristiana en general, una posibilidad con vistas a la espera seria de la vuelta inminente de Cristo, y no precisamente la posibilidad primera ni la más sencilla.

Letra núm. 581, 12 de agosto de 2018  

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