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para desenmascarar idolatrías en la Iglesia y en la cultura, para oir las voces de pueblos por largo tiempo silenciados, y para laborar con otros por la justicia, la libertad y la paz. En gratitud a Dios, dinamizados por el Espíritu, nos esforzamos por servir a Cristo en nuestras tareas diarias y por vivir vidas santas y gozosas, mientras aguardamos el nuevo cielo y la nueva tierra de Dios, orando: “Ven, Senor Jesus!” Con creyentes en todos tiempos y lugares, nos gozamos de que nada en la vida o en la muerte puede separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Gloria sea al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén. _____________________________________

CONFESIÓN DE ACCRA (2004) (Fragmentos) 17. Creemos en Dios, Creador y Sustentador de toda la vida, que nos llama asociados en la creación y redención del mundo. Vivimos bajo la promesa de que Jesucristo vino para que todos tengan plenitud de vida (Jn 10:10). Guiados y sostenidos por el Espíritu Santo nos abrimos hacia la realidad de nuestro mundo. 18. Creemos que Dios es soberano sobre toda la creación. "De Jehová es la tierra y su plenitud" (Sal 24:1). […] 20. Creemos que Dios ha sellado un pacto con toda la creación (Gn 9:8-12). Dios ha creado una comunidad terrenal sobre la base de una visión de justicia y de paz. El pacto es un don de gracia que no se vende en el mercado (Is 55:1). Es una economía de la gracia para toda la creación como nuestro hogar. Jesús nos muestra que se trata de un pacto incluyente, en el cual los pobres y los marginados son las partes preferentes, y nos insta a que la justicia para con "los más pequeños" (Mt 25:40) sea el eje de nuestra comunidad de vida. En este pacto se bendice e incluye a toda la creación (Os 2:18 sigs.).

DINÁMICA DE TRABAJO 1. Breve Declaración de fe 1.1 Análisis breve del contenido de los ejemplos: preguntas y comentarios 1.2 Aspectos:  Declaración trinitaria  Cristocéntrica  Pertinente con los principios del sacerdocio universal de los creyentes. 1.3 Propuesta de nueva redacción. ______________________________________

LOS PREDECESORES Karl Barth I ns t a nt e s . Sa nt an d er , Sa l T er r ae , 20 05 , p p . 12 6- 1 2 7.

PROPUESTA DE REDACCIÓN

Para él todos viven. LUCAS 20.38

Esquema a) Creemos (Doctrinas básicas) ______________________________________ ______________________________________ ______________________________________ ______________________________________ ______________________________________ b) Por lo tanto, afirmamos (Actualización)… ______________________________________ ______________________________________ ______________________________________ ______________________________________ ______________________________________ c) Nos comprometemos a (Acciones concretas)… ______________________________________ ______________________________________ ______________________________________ ______________________________________ ______________________________________

E

n la única “comunión de los santos” no sólo tienen razón quienes viven en un determinado momento, sino también los muertos; tampoco hablan y actúan tan sólo quienes viven en un determinado momento, sino, juntamente con ellos, sus predecesores: sus palabras y obras; su historia, que en modo alguno se cierra con su tránsito, sino que muy a menudo sólo entra en su fase decisiva mucho tiempo después de su partida y en medio de la posteridad, y que está conectada de manera absolutamente indisoluble con la historia del respectivo presente. En dicha comunión rigen entre los pecadores allí reunidos en Cristo diversas acciones recíprocas: sostener y ser sostenido, preguntar y ser preguntado, y un deber de rendir cuentas. En la Iglesia no hay pasado. “Para él todos viven”. Alguien verdaderamente pasado, que no tuviera ya nada más que hablar con los demás, no podría ser sino el archihereje, el que incluso para la Iglesia invisible de Dios está totalmente perdido. Sólo hay herejes relativos, y por eso los considerados siempre como tales pueden y deben también tomar parte en la conversación con su reconocida necedad. Dios es el Señor de la Iglesia. No podemos anticipar qué colaboradores de tiempos pasados nos vienen bien en nuestro propio trabajo y cuáles no. Siempre cabe la posibilidad de que necesitemos de manera muy especial voces totalmente insospechadas, y entre ellas, ante todo, voces totalmente rechazadas. La historia quiere dar testimonio de la verdad de Dios, no de nuestros logros, y por eso ante ella hemos de deponer continuamente todo supuesto saber previo y estar dispuestos a enterarnos de algo nuevo. He Qi, Después de la resurrección


CONFESIÓN DE FE DE LA IGLESIA PRESBITERIANA DE ÁFRICA DEL SUR (1973) J..N. Bezançon et al., Para decir el Credo. Estella, Verbo Divino, 1988 www.mercaba.org/mediafire/bezancon,%20jean%20noel%20-%20para%20decir%20el%20credo.pdf Creemos en Dios Padre, que creó el mundo entero, que reunirá todas las cosas en Cristo, y que quiere que todos los hombres vivan juntos como hermanos en una misma familia. Creemos en Dios Hijo, que se hizo hombre, que murió y resucitó glorioso, reconciliando al mundo entero con Dios, derribando todas las murallas que separan a los hombres, todas las barreras de religión, de clase, de raza y de cultura, a fin de crear una humanidad unida. Él es el único Señor que tiene autoridad sobre todo. El llama a cada hombre y a la sociedad, a la iglesia y al estado, a la reconciliación, a la unidad, a la justicia y a la libertad. Creemos en Dios Espíritu, que es la promesa del reino venidero, que nos da el poder de anunciar el juicio de Dios y su perdón a los hombres y a las naciones, de amar y servir a todos los hombres, de luchar por la justicia y la paz, y de llamar al mundo entero a reconocer aquí y ahora el reino de Dios.

________________________________________________________________________ U N A B RE V E DE C L A R A C I Ó N D E FE I G L E S IA P R E S B I T E R IA N A D E E S T A D O S U N I DO S ( 1 9 8 3 ) www.pcusa.org/site_media/media/uploads/curriculum/pdf/confessions-spanish.pdf En la vida como en la en muerte pertenecemos a Dios. Por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo, confiamos en el Dios único y trino, el Santo de Israel, a quien sólo adoramos y servimos. Confiamos en Jesucristo, plenamente humano, plenamente Dios. Jesús proclamó el reinado de Dios: predicando buenas nuevas a los pobres y libertad a los cautivos, enseñando por medio de palabra y hechos. y bendiciendo a los niños, curando a los enfermos

y sanando a los quebrantados de corazón, comiendo con los despreciados, perdonando a los pecadores, y llamando a todos a arrepentirse y a creer en el evangelio. Condenado injustamente por blasfemia y sedición, Jesús fue crucificado, sufriendo la profundidad del dolor humano y dando su vida por los pecados del mundo. Dios levantó a este Jesús de los muertos, vindicando su vida sin pecado, rompiendo el poder del pecado y del mal, rescatándonos de la muerte a la vida eterna. Confiamos en Dios, a quien Jesús llamó Abba, Padre. En amor soberano Dios creó al mundo bueno e hizo a cada uno igualmente a imagen de Dios, varón y hembra, de toda raza y pueblo, para vivir como una sola comunidad. Pero nos rebelamos contra Dios; nos escondemos de nuestro Creador. Desconociendo los mandamientos de Dios, violamos la imagen de Dios en otros y en nosotros mismos, aceptamos las mentiras como verdad, explotamos al prójimo y a la naturaleza, y amenazamos de muerte al planeta confiado a nuestro cuidado. Merecemos la condenación de Dios. Sin embargo Dios actúa con justicia y misericordia para redimir a la creación. Con amor perdurable, el Dios de Abraham y Sara escogió a un pueblo del pacto para bendecir a todas las familias de la tierra. Escuchando su clamor, Dios liberó a los hijos e hijas de Israel de la casa de servidumbre. Amándonos aún, Dios nos hace, con Cristo, herederos del pacto. Como madre resuelta a no abandonar a su niño de pecho, como padre que corre a dar al pródigo la bienvenida al hogar, Dios sigue aún siendo fiel. Confiamos en Dios el Espíritu Santo, en todo lugar dador y renovador de vida. El Espíritu nos justifica por la gracia mediante la fe, nos deja libres para aceptarnos, y para amar a Dios y al prójimo, y nos unifica con todos los creyentes en el cuerpo único de Cristo, la Iglesia. El mismo Espíritu que inspiró a profetas y apóstoles norma nuestra fe y vida en Cristo por medio de la Escritura, nos compromete por medio de la Palabra proclamada, nos hace suyos en las aguas del bautismo, nos alimenta con el pan de vida y la copa de salvación, y llama a mujeres y hombres a todos los ministerios de la Iglesia. En un mundo quebrantado y temeroso el Espirítu nos da valor para orar sin cesar, para testificar de Cristo como Señor y Salvador ante todos los pueblos,

Letra 436, 20 de septiembre de 2015  

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