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P AN AM Á : R E AL I Z A N U NC I Ó N

de La Chorrera, expresó que la

D E AC E I T E S S OB R E B A R R I OS

unción se realizó a petición de la

P E L I GR OS OS A F I N DE Q UE

Policía Nacional, la cual considera

D I S M I N UY A E L D E L I T O

que la lucha contra los males de la

A L C No t ic ia s , 1 6 d e a g o s t o

sociedad

panameña

no

puede

llevarse a cabo sin la compañía de Ciudad de Panamá, viernes, 16 de agosto

de

2013.

Dios.

Diferentes

Dicha unción con aceites también

eclesiales,

se realizó por mar y tierra, de manera

juntamente con la Policía Nacional

simultánea, a fin de lograr mayor

de Panamá, realizaron reciente-

efectividad, según sus organizadores,

mente una unción de aceites, los

como un llamado a la sociedad toda a

cuales fueron lanzados desde el aire

inmunizarse contra la falta de paz

por

ese

con justicia en el país, cuando Dios ha

organismo, sobre los barrios de la

llamado a la fraternidad humana y no

parte oeste de esta capital, como

a la violencia.

aspiración a que disminuya el índice

_______________________________

denominaciones

un

helicóptero

de

de delitos que ocurren aquí. El Panamá oeste comprende los

P R E S E NT AC I ÓN D E L I B R O S

distritos de San Carlos, Chame, Capira y La Chorrera, las zonas de mayor nivel de violencia doméstica, pandillismo, delitos y crímenes que afectan al país, razón por la cual pastores de iglesias evangélicas, sacerdotes católicos y miembros de la comunidad se unieron en esta acción

de

búsqueda

llamamiento

en

de

mayor

una

la

espiritualidad. El pastor Napoleón Velásquez, presidente de la Alianza Evangélica

La Biblia y la iconografía heterodoxa de Carlos Monsiváis, de Carlos Martínez García, y Carlos Monsiváis: cuaderno de lectura, de Leopoldo Cervantes-Ortiz. Ambos editados por Casa Unida de Publicaciones (CUPSA). Sábado 31 de agosto, 15.30 horas, librería Maranatha, Bolívar 8.

LA ESCRITURA COMO MAESTRA DEL CONOCIMIENTO Y LA SABIDURÍA (III) Ekkehard W. Stegemann www.calvin09.org Calvino envió desde Estrasburgo su exégesis de la Epístola a los Romanos, su primer comentario bíblico, al erudito basiliense Simon Grynaeus. En la carta de dedicatoria recuerda que durante su estadía en Basilea dialogó en una oportunidad con Grynaeus “respecto a la mejor forma de interpretar la Escritura”. Ambos, según escribió, coincidieron en que „la virtud primordial de un exegeta es la concisión y claridad“, o tal vez traducido con mayor precisión: “brevedad perspicua“, perspicua brevitas. Ya que “casi el único deber” del exegeta es “abrir la mente del escritor (mentem scriptoris) al que desea explicar, hacerle realmente comprender (patefacere)“ y no desviarse o extenderse en “abundantes explicaciones”. En otra oportunidad Calvino habló también del sentido de la Escritura (sensus). Según sostiene, el lector no debe desviarse del skopus, del centro de la idea. A pesar de que Calvino y Grynaeus comparten la misma preferencia por la “concisión”, Calvino no desprecia las exégesis de otros que son “más extensas y verbosas”. Calvino, hombre de letras y humanista francés, adopta el principio de la concisión, entre otras fuentes, de la retórica de Séneca, a cuyo tratado De Clementia ya había dedicado un comentario con anterioridad al de la Epístola a los Romanos. Según esto, es decisivo y también corresponde a la hermenéutica humanista que se explique el “pensamiento del autor”, que se aclare el sentido argumentativo del texto según análisis filológico y retórico de éste y su contextualización dentro del marco histórico-cultural. Lo que menos sirve para dicho esclarecimiento es la digresión y verbosidad, pero sí el diálogo explícito o implícito con los diversos comentarios que ya se han escrito del texto, ya sea de los “antiguos” Padres de la Iglesia, de los


biblistas reformadores como Bucero y Bullinger, y no en último término también de Melanchthon. Con respecto al Antiguo Testamento también se puede agregar aquí que el diálogo con la exégesis judía era para Calvino totalmente natural, de manera tal que a veces la consideró más convincente y criticó la exégesis cristiana cuando le pareció que violaba la fidelidad del texto (véase la brillante monografía de Puckett, p. 52s). La „Brevedad perspicua“ equivale para Calvino a la lucidez, a la claridad o perspicuitas, a la Escritura misma, tal como Lutero lo instruyó y cuya personalidad fue para Calvino un modelo paternal. Para Lutero esta perspicuidad también guarda relación con el término claritas scripturae, claridad de la Escritura. El adversario principal de esta interpretación de la Escritura es evidente: la poderosa iglesia católica, que con su dominio sobre los textos en latín de la Biblia también reclamó el derecho de administrar y comunicar en forma clara el sentido y espíritu del texto que a veces la iglesia consideraba oscuro. Cuando Lutero postuló la diafanidad y claridad de la Escritura, quiso decir que a diferencia de la manipuladora administración de la verdad de la Escritura por parte de las autoridades eclesiásticas, la Escritura misma contiene una verdad clara, comprensible para todos, por ello, había que traducirla y de esta forma hacerla inteligible para todos. En términos más precisos, Lutero como intérprete de la Biblia es el que le da la oportunidad al pueblo de reconocer por sí mismo la lúcida, diáfana y clara verdad de la Escritura. La traducción está allí para alcanzar „una verdadera comprensión de la Divina Escritura, para mejorar y acrecentar la cristiandad común“, como lo señala en 1530 en su Tratado sobre la Interpretación. Lutero estaba totalmente convencido de que la Escritura desplegaría su propio efecto con sólo hacerla asequible y comprensible a la cristiandad común. La Escritura es intérprete de sí misma, sui ipsius interpres. La Biblia traducida permitiría literalmente a todos llevar la Palabra de Dios a su hogar y así sería comprensible y asequible para cualquiera. La disputa de Lutero con Erasmo sobre la validez del libre albedrío puso en relieve el tema de la diafanidad o claridad de la Escritura. Erasmo atribuyó a la Escritura una cierta falta de claridad, siendo por ello necesario la autoridad del Papa con el objeto de interpretarla de manera auténtica para la enseñanza. Lutero, en cambio, estimaba que el problema no residía en la Escritura, sino en el intérprete, en su espíritu escurecido por los pecados y en la falta del Espíritu Santo. No es

el intérprete el que da claridad a la Escritura, sino el lector o el intérprete quien la necesita. Calvino también comparte este principio de la hermenéutica protestante, sosteniendo en la Institución que es el intérprete el que necesita disponer de esa claridad y no la Escritura. Calvino fue sin lugar a duda un humanista erudito, que aunque influido por Lutero, siguió siendo humanista también en su hermenéutica, y no sólo porque estuvo en constante discusión con otros humanistas como por ej. con Erasmo, sino también porque vinculó el trabajo interpretativo de la Escritura con el uso de las artes liberales. La comprensión del sentido de un texto es la misma, ya sea se trate de la Biblia o de Séneca. Por supuesto también fomentó la traducción de la Biblia en el idioma local, que en su caso era el francés, no obstante, estaba consciente que toda traducción es una interpretación, y por ello, siempre está situada entre el original y el exegeta. Es por esta razón que Calvino como predicador y exegeta siempre tomó como base el texto en hebreo o en griego. Según señala R. Ward Holder, no siempre se puede determinar con seguridad el texto en griego que utilizó, sin embargo, existe la certeza que posterior al año 1548 utilizó la edición de Erasmo impresa por Froben en Basilea y la edición del impresor parisiense Robert Stephanus. Por tanto, a fin de resaltar la claridad de la Escritura, la interpretación misma debe tener perspicuitas, claridad. La opinión del autor, su mens, debe aparecer en el comentario con una „claridad diáfana“, necesitando para ello métodos exegéticos, a saber, la gramática y retórica. Los términos claridad y concisión se remiten incluso a la retórica antigua, no sólo de Séneca, sino que principalmente por ej. de Quintiliano, cuyo manual de retórica Calvino conocía a fondo, como también de Cicerón, Virgilio y Tácito. Sin embargo, también se remiten al mismo tiempo a la hermenéutica o retórica jurídica (Institutionis oratoriae libri, XXII), no sólo de la Antigüedad, sino también de la jurisprudencia contemporánea, la que Calvino se vio obligado a estudiar por presión de su padre. De ahí que Calvino rechazó los métodos exegéticos alegóricos de Orígenes o Agustín, porque consideraba que éstos oscurecen más bien el claro sentido literal de la Escritura, y para el Nuevo Testamento prefirió la interpretación de Crisóstomo de entre los Padres de la Iglesia.


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