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Claire, Patrick: Resulta que esta exposición en Cuenca va a revitalizar la amistad que nos une a los tres. No concibo empezar una correspondencia elevada sin recordar algunas de nuestras aventuras pasadas puesto que habrá muchas referencias en nuestros intercambios que podrían escapársele a más de uno. Además, como lo que nos acerca va más allá del arte y la fotografía, esto evitará que caigamos en cualquier forma de sentimentalismo. Empecemos por el viaje a Palestina (2000). Juntos, Patrick, recorrimos rodeados de dificultades, Cisjordania. Una semana de tomas documentales, cosa que no haces nunca, que dará lugar a imágenes esenciales no sólo para ti sino también para todos nosotros. Salir del taller y enfrentarse a lo político… no eran muchos aquellos que pensaban que estabas capacitado para comentar el mundo. Te fuiste a Oriente con tus armas: el rigor y la distancia, aquella disposición propia de cualquier tipo de trabajo creativo. No sueles necesitar muchas herramientas in situ. Según los días, le das un molde u otro a una historia inmutable. Frente a niños, todo estaba ya maduro. Los niños de la Diáspora palestina tenían como fondo de estudio tus imágenes mentales, la tensión que dio lugar a nuestra estancia en los Territorios Ocupados. El encuentro con Palestina seguirá siendo para ambos un choque. Que haya dado lugar a aquellos retratos de niños luminosos, solares, asombró a más de uno por la renovación de la forma del retrato, objeto concreto y teórico. En cuanto a los “Vasos de leche”, la situación poética de un absurdo recorte territorial seguirá siendo una de las formas más originales sobre la cuestión palestina. Otro momento, Siria, aquel viaje a tres en torno a la exposición de Claire con motivo del mes de la fotografía de Damas (2004). Claire, fue por tu práctica de la fotografía, aquel modo tan peculiar en que visitas ciudades como se me hizo evidente tu proceso creativo. Lo que para mí importa es haberte visto al acecho de las más mínimas resistencias inscritas entre muros y edificios. Tenemos la obligación de buscar en la misma imagen la marca de fabricación de lo humano, la resistencia. Oriente Medio no me resultaba desconocido. Lo había recorrido solo o mal acompañado, junto a Ange Leccia y Jean-Luc Moulène. Me había bañado allí, en el sentido literal de la palabra. Desde Egipto hasta Irak, mis sorpresas iniciales se convirtieron en fascinación. Creo que puedo decir que nuestros arrebatos comunes, “aquella Gran Vuelta” política y fotográfica fueron un nuevo impulso imaginativo, un cuestionamiento de nuestras costumbres y certidumbres. Aquella búsqueda de regeneración, la habíamos anticipado sólo de manera parcial. Estábamos a la espera de situaciones, no nos pensábamos que volveríamos cargados de formas acordes con nuestro compromiso con el mundo que nunca entraba en contradicción con conformaciones plásticas elaboradas ni con un rechazo a la redundancia demagógica. Aquello requería un tono propio. La colocación de las obras de Claire en Damas fue un ejercicio que compartimos. Damas fue una oportunidad. Italia, Roma y la Villa Medicis vinieron después. Poco tiempo después de la exposición de Claire en el museo Niepce. El exhibirse en un museo importante no es poco. Claire, tal vez sea entonces, en aquel momento


cuando consolidaste tu acción: una doble confrontación con el trabajo asalariado y las formas modernas de la ciudad. Roma no modificó este eje para nada. En la Villa, me di cuenta de que el género se impuso de manera definitiva. Ahora hablas en voz alta. No resulta indiferente que a partir de ahora vuestras voces sean iguales. Besos François Cheval

Cheval à Chevrier et à Tosani 1 espagnol  

Otro momento, Siria, aquel viaje a tres en torno a la exposición de Claire con motivo del mes de la fotografía de Damas (2004). Claire, fue...