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Exposición realizada por los servicios de cooperación técnica, cultural, audiovisual y científica de la Embajada de Francia en México en el marco del Festival ¿Y mañana, la ciudad?, mayo de 2017.


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Ayer, la ciudad. Un grupo de hombres y mujeres dejan de ser nómadas y se vuelven sedentarios. Han desarrollado la agricultura. Este primer grupo de viviendas precarias se extiende, se construyen carreteras y pronto aparecen lugares de culto y lugares de poder. La ciudad ha nacido. Desde su origen, la ciudad es un lugar de contradicciones. Construcción humana por excelencia, se construye contra la naturaleza que la rodea y la alimenta. Lugar de concentración humana siempre más densa, la ciudad organiza la segregación social y espacial de sus habitantes. De ella nacen las primeras utopías, o el imaginario de otro tipo de organización de la vida en la ciudad. La ciudad concentraba hasta entonces el poder y los intercambios. Con la llegada de la era industrial se añade la producción. La ciudad adopta una nueva dimensión: se extiende de forma desmesurada, caótica, exacerbando las diferencias entre sus habitantes. La ciudad-máquina, deshumanizada, ha nacido, e inspira numerosas utopías sociales y urbanas. Hoy, la ciudad Desde entonces, la ciudad no ha dejado de extenderse. Las megalópolis ─en donde viven decenas de millones de habitantes, inimaginables hace apenas unas décadas─ han nacido. De ahora en adelante, la mitad de la población humana es urbana. Las contradicciones se han agravado con esta extensión continua de la ciudad, entre centros que concentran poder y riqueza, periferias cada vez más alejadas en donde una parte de la humanidad sólo vive para sobrevivir, y una multitud de espacios intermedios entre esos dos extremos. Imaginar la ciudad del mañana parece entonces tan necesario hoy, como lo era en época de Dickens. Mañana, ¿la ciudad? La exposición propone un viaje en el tiempo, en el espacio y en el imaginario. Una secuencia temática ─un sueño con frecuencia, una pesadilla a veces─ conecta las ciudades pensadas, realizadas y dibujadas por visionarios o marginados. Desde el París de Albert Robida al New-York-sur-Loire de Nicolas de Crécy, de la galaxia espiritual de Auroville al archipiélago de la ciudad de México, del ideal inspirado por Fourier del Familistère de Guise a la desmesura de Brasilia, del sueño de ciudades oblicuas al de ciudades verticales vertiginosas, el recorrido de la exposición invita sumergirse en los proyectos de Le Corbusier, Claude Parent, Schuiten, Moebius, Niemeyer, etc. Tres obras realizadas especialmente para la exposición vienen a completar este panorama. La capital lacustre de Tenochtitlán se superpone a la actual ciudad de México en un juego de espejo de agua, una instalación de sonidos de una ciudad soñada combinándose al infinito, y un hábitat de madera y de colores por tejer, dan fe de que artistas y arquitectos de hoy día no han dejado de interrogar así como de imaginar la ciudad.


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La utopía científica premonitoria:

El París eléctrico del siglo XX de Albert Robida

“Un tintineo  perpetuo  ha  remplazado  el  estruendo  ensordecedor  de  los  vehículos  terrestres  de  antes.   La electricidad circula en todas partes, mezclada con todas las manifestaciones de la vida social, llevando a todas partes su ayuda potente, su fuerza o su luz; millares de timbres y campanillas que vienen del cielo, de las casas, del suelo mismo, se confunden en una música vibrante y cascabeleante que Beethoven, si la hubiese podido conocer, habría llamado la gran sinfonía de la electricidad. […]   “¡Súper,  es interesante examinar  la  gran  sinfonía  de  la  electricidad!”  Esto  es  lo  que  se  decían  Hélène  y   sus   compañeros,   poco   habituados   a   esta   música   parisina.   “Este   crescendo   de   tintineos   que   estallan   frente a esta casa grande, decía Hélène, es un señor de la casa que apresura la actividad de sus empleados, mientras recrimina a interlocutores lejanos; son funcionarios atareados respondiendo a mil preguntas   que   provienen   de   los   cuatro   rincones   del   mundo…   - Este trémolo de campanillas, dijo Barnabette, es una dama que llama  a  su  sirvienta  o  que  reclama  a  su  modista  un  sombrero  retrasado…   -Estas vibraciones que pasan y se apagan como un canto de pájaro desgranado en el espacio, simplemente  es  el  autobús  que  vuela  a  doscientos  metros  por  encima  de  las  chimeneas…  ese  timbrecito es un llamado de auxilio en la estación de bomberos, o es un inquilino que manda pedir un coche aéreo a  la  estación  para  ir  al  bosque  de  Fontainebleau…” Albert Robida, Le Vingtième siècle, Bibliothèque nationale de France, 1883, p. 53. 5


Albert Robida, Station centrale des aĂŠronefs a Notre-Dame, Le Vingtieme Siecle, 1883. 6


El final del siglo XIX marca la llegada de la era de la electricidad, la expansión de los medios de transporte y la profusión de las innovaciones científicas. Las metrópolis se convierten en las incubadoras de un mundo utópico mejorado por la técnica. La abundancia eléctrica se hace ostentosa e indicadora del placer. Juegos eléctricos, escaparates de las grandes tiendas, hoteles de un naciente consumo en masa, de donde se desbordan las oleadas de luz proyectadas en las calles que se iluminan a toda hora del día y de la noche. La electricidad amplía el campo de lo posible, trastorna los espacios urbanos y las prácticas de los citadinos que se abren a la promesa de una vida nueva. La   civilización   traída   por   el   “hada   electricidad”,   sin   embargo,   oculta   difícilmente las diferencias en la carrera hacia el progreso y los nuevos rostros de las ciudades, que se vuelven gigantescas, industriales y contaminadas. Cuando Albert Robida anticipa la guerra moderna, a base de misiles robotizados y gases asfixiantes, en la historieta de La Guerre au vingtième siècle, campagne de Jujubie, toda dimensión utópica del progreso técnico decididamente ha desaparecido. Surge entonces la necesidad de recrear un camino hacia un mundo mejor, un lugar de vida preservada. Este será la “reserva”  situada  en  Bretaña,  en  la  que  toda  técnica  estará  prohibida;;  los   parisinos podrán concederse de vez en cuando un momento para vivir ahí, para revivir ahí.

Albert Robida, Les tubes– Gare du tube du Sud à Paris, Le Vingtième siècle, 1883.

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El artista y su obra Albert Robida (1848-1926) es ilustrador, caricaturista, grabador, periodista y novelista francés. Trabaja en todos los periódicos dedicados a la sátira de las costumbres y en 1880 se convierte en redactor en  jefe  de  “La  caricature”. Crea dos grandes obras anticipatorias, Le Vingtième siècle (1883) y su continuación, La Vie électrique (1892), en las que elabora un fresco profético de la sociedad, bordando una gran sátira de Francia y de Europa a fines del siglo XIX. Imagina grandes innovaciones  técnicas,  tales  como  el  “telefonoscopio”,  una  pantalla  mural  plana  que  difunde  las   últimas informaciones en flujos continuos, los tubos terrestres de gran velocidad y las aeronaves, la  industria  alimentaria,  las  cadenas  de  pizza  de  la  “compañía  de  alimentación”  que  distribuye   los alimentos a domicilio. Cronista del futuro, Albert Robida ancla sus máquinas e invenciones, sin embargo, en la observación de las mutaciones sociales y la evolución general de las costumbres. Bajo sus trazos de lápiz se esbozan los primeros pasos de la liberación de las mujeres.

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“¡Oh maravilla!  Uno  podía  ser  testigo  ocular,   en París, de un acontecimiento que se produjera   a   mil   leguas   de   Europa.   […]   Una   catástrofe, inundación, terremoto o incendio que se produjera en cualquier parte del mundo: el telefonóscopo de L’Époque, en comunicación con el corresponsal del periódico ubicado en el teatro del acontecimiento, mantenía a los parisinos al corriente  de  las  peripecias  del  drama.” Albert Robida, Le Vingtième siècle, Bibliothèque nationale de France, 1883, p. 200.

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El automóvil ha matado la gran ciudad. El automóvil debe salvar la gran ciudad:

El “Plan  Voisin”  de  París

“La ciudad  de  negocios  del  “Plan  Voisin”  constituye  una  propuesta  formal,  convencional,  exacta  y   realizable, que ofrece al país una sede de mando. Por un desarrollo lógico de las consecuencias, París, capital de Francia, debe construir en este siglo XX su puesto de mando. Bien parece que el análisis nos ha conducido a formular aquí una propuesta razonable. Cada rascacielos puede contener de 20 000 a 40 000 empleados. Los 18 rascacielos previstos pueden alojar de 500 000 a 700 000 personas, el ejército de mando del país. El metro en redes cuadriculadas está bajo los rascacielos; las calles y los autódromos harán lo necesario para permitir que esta masa se mueva fácilmente. Las vías férreas de la estación del Este están dominadas por una calzada de cemento con autódromo elevado. Esta nueva arteria capital, dirigida hacia el norte, se recupera sobre terrenos incompletamente utilizados. Una autopista hacia el sur podría tener su punto de partida en la nueva estación central, entre la ciudad de negocios y la de residencia. La gran autopista este-oeste, que hoy en día no existe, sería un canal en el que se ordenaría y se canalizaría la circulación congestionada en la red polígona actual. Esta gran autopista nos arranca de un sistema que se cierra sobre sí mismo y abre las dos puertas de los extremos hacia el exterior.”

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Cuando Le  Corbusier  emprende  en  1925  el  “Plan  Voisin”  de  París,  ya  hace  varios años que trabaja sobre  la  reinvención  de  lo  que  él  describía  como  “el  eterno  centro  viejo  de  la  ciudad”. En el siglo XIX la ciudad se transformó. Impulsadas por la revolución industrial y técnica, aparecen las grandes ciudades: París, Berlín, Londres, Nueva York. París experimentó un crecimiento vertiginoso al pasar de 647,000 habitantes en 1800 a 3 millones en 1910. Construidas en pleno corazón de la ciudad moderna, las estaciones ferroviarias trastornaron su funcionamiento: ya no se entra por las eternas puertas de la ciudad, que se convierten en símbolo de la planificación antigua, sino directamente por el centro. El tren arroja multitudes en el espacio más restringido y las calles más estrechas. Luego, al iniciarse el siglo XX, el automóvil remplaza el coche de caballos. Para el año 1925 la velocidad ya no es un sueño. El parque automovilístico francés cuenta con más de 600,000 vehículos en  contraste  con  menos  de  3000  en  el  año  1900.  La  congestión:  “el  eterno  centro  viejo  de  la  ciudad”,   hecho de calles curvas y exiguas, parece rebasada por las aspiraciones modernas de principios de siglo.  “La  gran  ciudad  se  mata  a  sí  misma.” Respaldado por estos datos, Le Corbusier imagina un vasto plan de reconstrucción del centro parisino –al que describe como vetusto, malsano y sobresaturado- con el apoyo de la Sociedad de Automóviles Aviones Voisin. Su proyecto se presenta en el Pabellón del Espíritu Nuevo en la Exposición Internacional de Artes Decorativas.

Tres dibujos superpuestos ilustrando tres aspectos de Paris alrededor de Notre-Dame. De arriba hasta abajo: en la Edad Media, en 1925 y después de la aplicación del Plan Voisin.

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“Si se  mira  el  “Plan  Voisin”  de  París,  se  ven  al  oeste  y  al  suroeste  las  grandes trazas urbanas de Luis XIV, Luis XV y Napoleón: los Inválidos, las Tullerías, la Concordia, el Campo de Marte, la Estrella. Allí se puede calcular la creación, el espíritu que dominó y limitó la aglomeración.”

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Para Le Corbusier, sin duda, el automóvil es el futuro del Hombre. Hay que darle el espacio que necesita: ampliar las calles, construir ejes grandes y medianos, favorecer los ángulos rectos y espaciar más las calles para reducir así la cantidad de cruces. Contra la congestión del centro, Le Corbusier preconiza el aumento de la densidad y la construcción de espacios verdes. Hay que construir hacia lo alto: rascacielos que liberarán la superficie para la construcción de los grandes ejes, estacionamientos y jardines. El “Plan  Voisin”  de  París incluye una ciudad de negocios y una ciudad de residencia, una estación central capaz de transportar a miles trabajadores en pocos minutos así como un centro materializado por el cruce de los dos grandes ejes de la nueva ciudad: este-oeste y norte-sur, lo cual permite conectar el centro de la capital francesa, considerada como el corazón del país, con las regiones de Francia.

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“El “Plan  Voisin”  de  París  retoma  posesión  del  eterno  centro  de  la  ciudad.  He  mostrado  antes  que  en  realidad   no se puede desplazar el centro acondicionado de las grandes ciudades y crear de la nada ciudades nuevas a un lado de las antiguas (1). Este plan tiene que ver con  los  barrios  más  infectos,  las  calles  más  estrechas;;  no  intenta  “oportunizar”,   ceder aquí y allá un pedazo de terreno bajo el impulso violento de las arterias congestionadas. No. Abre en el punto estratégico de París una resplandeciente red de comunicación. Allí donde calles de 7, 9 u 11 metros se cruzan cada 20, 30 o 50 metros, se establece una cuadrícula de grandes arterias de 50, 80 y 120 metros de ancho que se cruzan cada 350 o 400 metros; se erigen rascacielos de plano cruciforme en el centro de los vastos islotes así creados; se crea una ciudad en lo alto, una ciudad que ha recogido sus células apiñadas sobre el suelo y las ha dispuesto lejos del suelo, en el aire y en la luz. De ahora en adelante, en el lugar de una ciudad aplanada y apretujada, tal que si un avión la revelara por primera vez a nuestra mirada quedaríamos estupefactos, se erige una ciudad en lo alto ofrecida al aire y a la luz, resplandeciente de claridad, radiante. El suelo cubierto hasta ahora de casas apretadas sobre 70 a 80% de su superficie con el plan sólo estaría construido en 5%. El resto, el 95% estaría dedicado a las grandes arterias, a las áreas de estacionamiento y a los parques. Habría el doble o el cuádruple de caminos sombreados; los parques al pie de los rascacielos en realidad convierten el suelo de esta nueva ciudad en un inmenso jardín. La   excesiva   densidad   de   los   antiguos   barrios   sacrificados   por   el   “Plan   Voisin”   no   disminuye.   Se   cuadruplica.” (1) En la época del Renacimiento, se construyeron ciudades nuevas junto a las antiguas. La razón era completamente militar: la ciudad antigua era pequeña y no se habría aumentado la capacidad de la ciudad remplazando el centro viejo.

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La riqueza al servicio del pueblo:

El Familisterio de Guise

“Es hora   de   preguntarse si quienes crean la riqueza no tienen ningún derecho a los beneficios y a los esplendores que ésta procura y, si se reconociera ese derecho, no resultaría de ello para todos el deber de utilizar más la riqueza en beneficio de las poblaciones que  la  producen.” Godin, Solutions sociales, 1871 (reedición en Éditions du Familistère, 2010, p. 39)

En el siglo XIX la ciudad está en plena mutación. Se intensifica la industrialización, debido al progreso técnico y la liberación de la mano de obra rural, lo cual provoca el nacimiento de una nueva clase social: el proletariado, la clase de los trabajadores. Esos hombres, echados a la calle y obligados a realizar trabajo asalariado, no tienen más opción que abandonar el campo para acercarse a los nuevos lugares de producción, las fábricas. Instalados en condiciones de gran insalubridad, se concentran en los suburbios de las ciudades o en las nuevas aglomeraciones, fruto de la Revolución Industrial. Aparece el problema del alojamiento de los obreros. 17


En 1859, Jean-Baptiste André Godin, antiguo artesano cerrajero convertido en un industrial a la cabeza de importantes fundiciones y manufacturas, está en busca de un ideal de justicia social satisfactoria para sus obreros. Inspirado por el socialismo utópico de Charles Fourier y deseoso de repartir mejor la riqueza creada por la asociación del trabajo y el capital, emprende la creación de una ciudad obrera innovadora: el Familisterio o Palacio social. Construido cerca de su fábrica en Guise, en el norte de Francia, el Familisterio es una ciudad de 2000 habitantes que ofrece a los obreros lo que Godin llamaba “los  equivalentes  de  la  riqueza”.  Es  decir,  la   comodidad que la burguesía podía ofrecerse mediante el dinero.

“Impresionados por   las   miserias   que   aún encierra la vivienda humana, algunos hombres con buenas intenciones se han ocupado de la casa que se podría edificar con el costo más bajo posible, y preconizaron la casa pequeña y el jardín pequeño. Desde luego, tienen razón ante la mayoría, porque una casa pequeña y un jardín pequeño pueden ser objeto de los sueños de quien no tiene nada. Pero, ¿se trata aquí de favorecer los  deseos  irreflexivos  de  la  ignorancia?  No,  la  cuestión  social  nos  impone  la  búsqueda  de  la  verdad.” Godin, Solutions sociales, 1871 (reedición en Éditions du Familistère, 2010, p. 403) 18


Regido por un conjunto de reglas relativas a la moral, la higiene, la vida en comunidad y el trabajo, el Familisterio fue calificado por Émile Zola como  “Palacio  cuartel  social”,  por  Julio  Verne  como  “Ciudad   higienista”  y  por  Friedrich  Engels  como  “experiencia  socialista”.  El  Familisterio  de  Godin  no  es  menos   revolucionario y vanguardista. La arquitectura misma de los edificios garantiza la salubridad en las casi 500 viviendas: luminosidad, circulación del aire y acceso al agua potable. La ciudad comprende igualmente todo un conjunto de acondicionamientos notables para la época: una lavandería, baños, una piscina, una escuela, un teatro, una biblioteca,   tiendas…   favoreciendo   la   buena   salud,   la   educación   (mixta y obligatoria hasta los 14 años de edad) y el entretenimiento de los obreros. A partir del pueblo de Guise, el Familisterio es una secta a la que cualquiera querría integrarse. Hay dos maneras de hacerlo: conseguir empleo en la fábrica Godin o casarse con un familisteriano. Gracias a la organización comunitaria de su Palacio social, Godin mejoró sensiblemente la calidad de vida de sus obreros, así como la productividad de su trabajo en la fábrica. Hoy en día, la ciudad está habitada por unas quince personas, ya sea inquilinos o propietarios de sus viviendas, y alberga el museo del Familisterio desde 2010.

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“La vida  en  el  Familisterio:  Palacio  (cuartel)  social.  Un  pabellón  central  y  dos  alas. Tres patios inmensos cubiertos por vidriería. 702 habitaciones. Precio de renta por metro cuadrado. Mismo precio en todos los pisos. Obligatorio alojarse ahí, pero no hay lugar suficiente. Gran balcón en cada piso sobre el patio. Casa de vidrio, se ve todo, ruidos espiados. Desconfianza del vecino. Nada de soledad. Nada de libertad. Pero grandes comodidades  y  facilidades.  Sobre  todo  para  los  niños… Mortalidad menor que en la ciudad vecina. Un pozo artesiano. Agua pura y buena. Gran ventaja. El teatro y las escuelas. La Armonía del Familisterio, 60 ejecutantes. Las escuelas, 16 grupos, 600 colegiales. Una fiesta de niños celebrada el primer domingo y lunes de septiembre. Un patio decorado con hojas. Máximas. La fiesta del trabajo, desfile, las autoridades, discurso del administrador y recompensa a los niños más meritorios. Orden, reglamento, mecanismo. Comodidad, pero el deseo de aventura, los riesgos de la vida libre y aventurada. No vaciar todas  las  vidas  humanas  en  el  mismo  molde.  […] Tiendas de consumo. Tienda de abarrotes. Salchichonería. Carnicería. Telas. Bar. La idea del restaurante fracasó. Éxito considerable, los foráneos de ciudades vecinas lograron conseguir libretas de consumo. Grandes ventajas. Los objetos se venden al precio vigente en la ciudad vecina. Sólo las utilidades logradas se distribuyen en especie a los compradores a principios de septiembre. El 12 o 13% de la suma gastada. Todos se precipitan y se llevan el objeto anhelado.  Una  fiesta  verdadera.  […] ¿Ha mejorado el obrero y es perfectamente  feliz?  Cuestión  por  resolver.” Notas  de  Émile  Zola  sobre  el  Familisterio  en  el  archivo  preparatorio  de  Trabajo,  “Los  cuatro  evangelios”,  en  1901. 20


Sobre la edificación de una ciudad higienista “Si se  me  permite,  sin  embargo  - retomó el orador cuando obtuvo un poco de silencio-, si se me permite sugerir un  plan  que  sería  fácil  desarrollar  y  perfeccionar,  propongo  lo  siguiente.” Aquí el Congreso, regresando por fin a la calma, escucha con una atención religiosa. “Señores,   entre   las   causas de enfermedad, miseria y muerte que nos rodean, hay que incluir una a la cual considero racional asignarle una gran importancia: son las condiciones higiénicas deplorables en las que la mayoría de los hombres están ubicados. Se amontonan en las ciudades, en viviendas que suelen carecer de aire y de luz, esos dos agentes indispensables de la vida. Estas aglomeraciones humanas a veces se convierten en verdaderos focos de infección. Los que no encuentran allí la muerte, por lo menos se ven afectados en su salud; su fuerza productiva disminuye, y la sociedad pierde así grandes cantidades de trabajo que podría aplicarse a los usos más preciados. ¿Por qué, señores, no intentar con el más potente de los medios de persuasión: el ejemplo? ¿Por qué no reunir todas las fuerzas de nuestra imaginación para trazar el plan de una ciudad modelo sobre datos rigurosamente científicos?... (¡Sí! ¡Sí! ¡Es cierto!) ¿Por qué no consagrar luego el capital del que disponemos para edificar esta ciudad y presentarla al mundo como una   enseñanza   práctica?...”   (¡Sí!   ¡Sí!   – Avalancha de aplausos.) Los miembros del Congreso, en un arrebato de locura contagiosa, se dan mutuamente las manos, se echan sobre el doctor Sarrasin, lo levantan, lo llevan en hombros, triunfante, alrededor de la sala. “Señores  -retomó el doctor cuando pudo volver a su sitio-, a esta ciudad que cada uno de nosotros ya puede ver con los ojos de la imaginación, que en algunos meses podrá ser una realidad, a esta ciudad de la salud y del bienestar invitaríamos a todos los pueblos a que vinieran a visitarla, difundiríamos en todas las lenguas el plan y la descripción, llamaríamos a las familias honradas que la pobreza y la falta de trabajo habrían expulsado de los países saturados. También aquellas – no les sorprenderá que piense en ello – a quienes la conquista extranjera ha creado una cruel necesidad de exilio encontrarían con nosotros el empleo de su actividad, la aplicación de su inteligencia, y nos aportarían esas riquezas morales, mil veces más preciosas que las minas de oro y de diamante. ¡Tendríamos allí vastos colegios donde la juventud, educada según principios sabios, propios para desarrollar y equilibrar todas las facultades morales, físicas e intelectuales, prepararía generaciones fuertes para nuestro futuro!”  Debemos  renunciar  a  describir  el  tumulto  entusiasta  que  siguió  a   esta   comunicación.   Los   aplausos,  los   “¡hurras!”,   los  “¡bravos!”   se   sucedieron   durante   más   de   un   cuarto   de   hora.” Les 500 millions de la Begum por Julio Verne, París: Collection Hetzel, 1906.

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El Hombre liberado y consciente:

Auroville

En 1954, Mirra Alfassa, conocida como La Madre, formulaba desde su ashram de Pondicherry en la India su deseo de materializar la voluntad de su compañero espiritual, Sri Aurobindo, gurú y filósofo indio: la creación sobre la  Tierra  de  “un  lugar  inalienable,  que  no  perteneciera  a  ninguna  nación,  donde  todos  los  seres  de  buena   voluntad, sinceros en sus aspiraciones, podrían vivir libremente como ciudadanos del mundo y obedecer únicamente a una sola autoridad:  la  Verdad  suprema.” 23


En 1968  se  concreta  la  utopía  de  Auroville,  “ciudad  de   Sri   Aurobindo”   o   “ciudad   de   la   Aurora”,   ciudad   internacional y universal, dedicada a la búsqueda de la unidad humana y la elevación de la conciencia. Cientos de ciudadanos del Mundo se unen a los trabajadores indios en el terreno elegido para la construcción de la ciudad: una meseta seriamente erosionada y casi desértica situada a una decena de kilómetros de Pondicherry. Planificada para 50 000 habitantes, la ciudad se organiza en torno a un plano en forma de galaxia, dividido en cuatro sectores: Internacional, Cultural, Industrial, Residencial. Estos cuatro sectores miran hacia el centro de la espiral donde se sitúa el Matrimandir, el alma de Auroville, el sitio de la meditación y el silencio, rodeado por un lago y jardines.

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Auroville pretende ser un sitio de experimentación para la humanidad, basado en el desarrollo de prácticas durables y la creación de una sociedad igualitaria que podría reproducirse hasta el infinito: un sistema de educación libre,  un  trabajo  voluntario  para  la  comunidad,  sin  policía  ni  religión…  Los  habitantes  de  Auroville   son iguales: las barreras culturales, económicas o generacionales que pudiera haber entre los Hombres han desaparecido. Antes desértica, Auroville ahora está rodeada de muchas hectáreas de bosque donde la fauna y la flora nativas se introdujeron de nuevo. Lejos de los 50 000 ciudadanos esperados, la ciudad cuenta hoy con un poco más de 2000 habitantes de unas cincuenta nacionalidades diferentes. Desde la desaparición de La Madre, se volvió real la incomprensión entre los primeros habitantes, dedicados a defender su ideal, y la nueva generación abierta al auge económico de Auroville. Se construyó un centro de visitantes para acoger a los numerosos turistas: algunos adeptos a la meditación que llegan en peregrinación hasta la ciudad del Hombre liberado o simples curiosos.

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Carta constitutiva de Auroville 1 Auroville no pertenece a nadie en particular. Auroville pertenece a la humanidad en su conjunto. Pero para vivir en Auroville, uno debe ser un servidor voluntario de la Conciencia Divina. 2 Auroville será el sitio de una educación permanente, de progreso constante y de una juventud que nunca envejece. 3 Auroville quiere ser el puente entre el pasado y el futuro. Al aprovechar todos los descubrimientos del exterior y el interior, Auroville audazmente saltará hacia realizaciones futuras. 4 Auroville será un sitio de búsqueda material y espiritual para la encarnación viva de una Unidad Humana verdadera.

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Un sueño Debería haber un lugar en la tierra que ninguna nación pudiera reclamar como propia, donde todos los seres humanos de buena voluntad que tienen una aspiración sincera pudiesen vivir libremente como ciudadanos del mundo y obedecer a una sola autoridad, la de la Verdad suprema; un lugar de paz, concordia y armonía donde todos los instintos beligerantes del hombre se usaran exclusivamente para conquistar las causas de sus sufrimientos y tribulaciones, para superar sus debilidades y su ignorancia, para triunfar sobre sus limitaciones e incapacidades; un lugar donde las necesidades del espíritu y la preocupación por el progreso predominaran sobre la satisfacción de deseos y pasiones, la búsqueda del placer y el disfrute de lo material. En este lugar, los niños podrían crecer y desarrollarse íntegramente sin perder contacto con sus almas; la educación se impartiría no para aprobar exámenes ni obtener certificados y puestos sino para enriquecer habilidades existentes y sacar a la luz otras nuevas. En este lugar, los títulos y posiciones se remplazarían con oportunidades para servir y organizar; las necesidades corporales de cada uno serían atendidas, y la superioridad intelectual, moral y espiritual se expresaría en la organización general no por un aumento de los placeres y poderes de la vida, sino por más obligaciones y responsabilidades. La belleza en todas sus formas artísticas, pintura, escultura, música, literatura, sería accesible para todos; la capacidad de compartir el deleite que esto trae estaría limitada sólo por la capacidad de cada uno y no por la posición social o financiera. Porque en este lugar ideal, el dinero ya no sería el amo soberano; el valor individual tendría mucha mayor importancia que la riqueza material y la posición social. Allí, el trabajo no sería la manera de ganarse la vida sino una manera de expresarse y de desarrollar las capacidades y posibilidades propias, a la vez que sería un servicio a la comunidad en su conjunto, la cual, por su parte, proveería la manutención de cada individuo y su esfera de acción. En breve, sería un lugar donde las relaciones humanas, que por lo general se basan casi exclusivamente en la competencia y el conflicto, se remplazarían con relaciones de emulación en hacer el bien, colaboración y verdadera fraternidad. La Madre.

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El ideal político y social de un nuevo futuro brasileño:

Brasilia

“La nueva   capital   está   destinada   a   expresar   la   grandeza   de   una   voluntad   nacional   y   deberá   ser diferente de cualquier otra ciudad de 500 000 habitantes. Asimismo, la capital federal, ciudad funcional, deberá poseer una expresión arquitectónica que le sea propia. Su característica principal es la función de gobierno. Todas las otras funciones se agrupan en torno a ésta y todo converge hacia ella. En todas las ciudades, las unidades habitacionales, los locales de trabajo, los centros de comercio y de reposo se integran racionalmente entre sí. En una capital estos elementos deben orientarse, además, en el sentido del propio destino de la ciudad: la función gubernamental.” Jurado de selección del proyecto para la realización de Brasilia, 1957, actas de las reuniones del jurado.

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Entre 1956 y 1960, bajo el impulso de Juscelino Kubitschek, miles de obreros que provenían en su mayoría del Nordeste brasileño convergen en una alta meseta árida del Cerrado, situado a más de 1000 metros de altitud. Bajo la autoridad de la sociedad de construcción Novacap, estos candangos trabajan hasta dieciocho horas por día para erigir en menos de mil días una nueva capital lejos de las ciudades opulentas de la costa de Brasil. Inscrito en la constitución desde 1891 y convertido en la punta de lanza del proyecto electoral de Kubitschek, el proyecto de construcción de la capital  debe  permitir  al  país  realizar  “en cinco años un salto de cincuenta años de progreso”  y   contribuir a una mejor repartición de la riqueza y de la población. Inaugurada el 21 de abril de 1960, Brasilia es el resultado de una utopía política y socialista fundadora: acceso a vivienda, creación de empleos, buenas condiciones de vida e integración social. 30


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En el perímetro autosuficiente del Plano Piloto concebido y habilitado por el urbanista Lucio Costa, el arquitecto Oscar Niemeyer y el paisajista Roberto Burle Marx, todas las clases sociales deben convivir en armonía en barrios funcionales que imponen el automóvil como único medio de transporte a lo largo de dos grandes ejes. Excluyen toda implantación industrial contaminante para preservar la calidad de vida de sus habitantes, conciben un lago artificial de 48 kilómetros cuadrados para alimentar a la población y humedecer la atmósfera árida, y protegen el conjunto con un cinturón verde.

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“No hay  que  olvidar  que  hoy  en  día  el  automóvil ya no es el enemigo irreconciliable del hombre: se amansó y ya forma parte,  por  así  decirlo,  de  la  familia.” Lúcio Costa, 1960. En Dominique Couret, Brasilia, ville fermée, environnement ouvert, IRD Éditions, Collection Latitudes 23, 2013, p. 72.

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Utopía social y política, ubicada matemáticamente en el centro del país y ligada a los epicentros importantes por una red de arterias, Brasilia concentra los órganos del poder y refleja la fe inquebrantable en el progreso y la modernidad. La traza arquitectónica límpida del Plano Piloto con forma de avión, de pájaro o de cruz, se inspira en las teorías radicales de la Bauhaus alemana y de Le Corbusier y rompe con la arquitectura colonial de Rio de Janeiro.

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“La solución  presentada  es  fácil  de  comprender  porque se caracteriza por la sencillez y la claridad de la traza original, la cual no excluye, como hemos visto, la variedad en el tratamiento de sus partes, cada una concebida según la naturaleza particular de su función respectiva, que se deriva de la armonía de exigencias aparentemente contradictorias. La solución propuesta  es  al  mismo  tiempo  amplia  y  concisa,  bucólica  y  urbana,  lírica  y  funcional.” Lúcio Costa, urbanista que imaginó el Plan Piloto de Brasilia, 1957. En Dominique Couret, Brasilia, ville fermée, environnement ouvert, IRD Éditions, Collection Latitudes 23, 2013, p. 77. 35


Además de un precio de construcción que se elevó a 83 mil millones de dólares, o sea el equivalente de 10% de la riqueza del país en 1950, este corazón artificial brasileño atrajo a muchos más habitantes de los que la ciudad podía contener. Inicialmente prevista para acoger a 500 000 personas, las proyecciones ahora consideran 5.6 millones de habitantes para el año 2030. Los primeros en instalarse fueron los obreros de la construcción, aunque eran indeseables en la concepción de esta ciudad idealizada. Hoy en día el conjunto urbano está compuesto de 16 ciudades satélites esencialmente construidas a partir de conjuntos de barracas improvisadas, mientras que el centro planificado alberga a menos del 15% de la población total. El ideal de integración social poco a poco se transformó en segregación espacial, relegando a la periferia densa y pobre a las poblaciones que no podían adquirir alojamiento en el centro, islote de desarrollo donde el PIB por habitante es el más elevado de Brasil.

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“Brasilia es  una  extrañeza  urbana,  una  ciudad  contra  natura  donde  la  planificación  idealista  al  fin  de  cuentas  ha   contribuido a lo opuesto de sus ambiciones: su morfología urbana dividida en barrios y su organización social jerarquizada se oponen a los encuentros ocasionales y a los lugares de sociabilidad fuera del trabajo que, para nosotros,  desempeñan  un  papel  importante  en  la  dinámica  de  una  ciudad.” Dominique Couret, Brasilia, ville fermée, environnement ouvert, IRD Éditions, Collection Latitudes 23, 2013, 216 pp.

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Vivir oblicuamente:

El hábitat utópico del arquitecto Claude Parent

“¡Haussmann es el criminal! ¡Pensar que el mismo departamento se repite en diez pisos es desesperante! Resultado: ya no se soporta tomar el elevador junto con el vecino. Hay que encontrar una manera de modificar a la gente. Si se les pone en una pendiente, se van a desestabilizar, a  tocar,  a  considerar  de  otra  manera  sus  cuerpos  y  sus  relaciones…”

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El artista y su obra Claude Parent (1923-2007) es arquitecto, polemista, animador, publicista y escritor. Fuertemente influido por su encuentro con Nicolas Schöffer, escultor francés cuyas obras están impregnadas de las ideas del constructivismo ruso, el neoplasticismo del Stijl y las teorías de la Bauhaus, Claude Parent descubre el universo de la utopía arquitectónica e   imagina   la   “ciudad   espaciodinámica”   construida por volúmenes en constante modificación generada por el movimiento del usuario. En ruptura con la arquitectura corbusieriana, Claude Parent se opone a los teoremas ortogonales, la verticalidad y el ángulo recto. Al contrario, propone una apertura del espacio mediante balanceos y sus transiciones con encadenamientos permanentes, planos oblicuos y horizontales. A través de  la  “función  oblicua”,  crea  un  universo  utópico  urbano,  caracterizado  por  la  ausencia  de  obstáculos  y  fronteras.   La  idea  de  la  “función  oblicua”,  tomada  del  estadunidense  Frank  Lloyd  Wright  y  de  su  museo  Guggenheim  en   Nueva York de forma helicoidal, es inclinar los suelos de las construcciones para crear movimiento.

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“Mañana la  ciudad… Habitante de los suburbios Se dice que habitas las ciudades  que  mereces… Responde ¡NO! Te dicen que los arquitectos están satisfechos De  construir  sus  cuarteles  en  los  desiertos… ¡ES FALSO! Rompe ese quid pro quo. Exige que la naturaleza penetre en la ciudad. En  el  empedrado,  el  asfalto,  el  cemento… …¡PLANTA! Tu ciudad es el equilibrio entre los árboles y el concreto Entre  la  salud  y  la  protección.    Claude  Parent.”

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La ciudad oblicua tiene un relieve natural, que puede ser escalado y habitado. Es también un espacio del esfuerzo, esfuerzo del cuerpo constantemente confrontado a los planos oblicuos. Bajo el grafito del lápiz en el papel, nace un arte utópico del hábitat cuyo objetivo es facilitar los desplazamientos, las migraciones. Encadenamiento de mega-estructuras urbanas que forman, en un movimiento continuo, un paisaje de anfiteatros y de montañas artificiales, ciudades sedentarias en las que el urbanismo fluido no provoca confrontación con los flujos migratorios.

“Esta teoría  favorece  la  acción  del  cuerpo,  puesto  que  está  obligado,  en  la  pendiente, a sostenerse para no caer o a producir un esfuerzo para subirla. Las relaciones humanas, pues, se modifican. El techo de mi casa se convierte en el camino de mi vecino. Como no hay obstáculo, no hay muro para impedir ver al vecino, la relación entre los individuos  es  fluida.”  Claude   Parent

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La utopía como terreno de creación:

La historieta

“Yo no  tengo  la  responsabilidad  que  tienen  los  arquitectos.  Puedo  dibujar  ciudades  espantosas  y  aterradoras.  Por  otra  parte,   cuanto  más  lo  son,  más  placer  me  da  dibujarlas.  (…)  Si  dibujara  la  ciudad  soñada  de  un  arquitecto,  no  pasaría  gran  cosa,   todo el mundo  estaría  feliz”,  2011,  François  Schuiten  en  la  revista  Usbek & Rica. 45


A principios del siglo XX, las metrópolis norteamericanas crecen hacia el cielo y el tiraje de los diarios vuela, ofreciendo un público masivo a los autores de comic strips. Escenografías postapocalípticas o cuadros utópicos para la   gloria   del   progreso   tecnológico,   las   ciudades   se   convierten   en   el   laboratorio   de   los   “historietistas”.   Observadores críticos de los diversos rostros de la modernidad de los años 1960-1970, los dibujantes y guionistas representan   ciudades   de   proporciones   desmesuradas,   espejos   de   sociedades   violentas   y   caóticas.   La   “CiudadPozo”  de  Moebius  y  Jodorowsky,  metrópolis  subterránea  organizada  en  estratos  verticales,  sistema  de  “capas”   sociales donde cada nivel corresponde a una casta más o menos favorecida, está iluminada por una luz ácida que viene de las profundidades. Hay un lago de ácido al que se tiran los desechos de la ciudad y que engulle regularmente a los citadinos suicidas. La balaustrada para el suicidio también se encuentra en el Nueva-Yorksobre-el-Loire de Nicolas de Crécy y propone una reflexión sobre la enajenación del hombre en las ciudades laberínticas. Conjuntos infinitos de vías que unen los rascacielos con los inmuebles, edificios que evocan los proyectos de Le Corbusier y de Niemeyer. Bajo los trazos precisos del dúo franco-belga Schuiten y Peeters, o también de Bilal, las ciudades con las que soñaron los grandes arquitectos de la modernidad parecen por fin haberse realizado. Sin embargo, el crepúsculo remplaza pronto a la luz cálida que ilumina la cima aérea de los inmuebles; el estruendo de los embotellamientos y el olor acre de contaminación invaden entonces la atmósfera. La coherencia de un sistema urbano utópico se distorsiona y revela un espacio complejo y engañoso que escapa a toda lógica.

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“Hay que  saber  que  Nueva-York-sobre-el-Loire actualmente, y a pesar de su misterio geográfico, es una de las más grandes economías del mundo, una de las capitales más pobladas, y poblada con las más ricas, las más extravagantes, las más religiosas,  las  más  anfibias,  pinnípedas  y  grasosas  especies  vivas”,  Introducción  de  New-York-sur-Loire, Nicolas de Crécy.

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“La Utopía,  herramienta  de  exploración  de  las  posibilidades  por  venir”:

Las ciudades vegetales de Luc Schuiten

“Para la  gente  que  quiere  construir  un  modelo  de  sociedad  en  crecimiento  infinito  sobre  un  planeta  ya  sobreexplotado,  la   palabra utopía significa la ilusión de un sueño imposible de realizar que no se aplica a sus proyectos. Para nosotros, que

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intentamos construir un nuevo modelo de sociedad durable, en una simbiosis con nuestro medio ambiente natural, la palabra Utopía simplemente  quiere  decir  algo  posible  que  aún  no  se  ha  experimentado.” Luc Schuiten

Luc Schuiten es arquitecto pero también guionista de historietas, en colaboración con su hermano, el dibujante François Schuiten. Frente a un modelo de desarrollo y de crecimiento destructor, imagina nuevos lugares de vida, concebidos a partir de la observación de vastos ecosistemas tales como los arrecifes de coral o los bosques primarios. Desarrolla el concepto de arquiborescencia con base en el biomimetismo, proceso de innovación e ingeniería que se inspira en las formas, materias, propiedades, procesos y funciones de lo vivo para crear sistemas productivos y tecnológicos eficaces. Al apropiarse de la sabiduría de la naturaleza para integrarla en la concepción de las construcciones y de la ciudad, imagina distintas perspectivas futuristas, ciudades que evolucionan con el tiempo, un mundo coherente y poético, y la creación de una nueva relación entre el hombre y su entorno natural.

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“Hoy en  día,  construir  es  primero  destruir:  árboles  talados,  barro  cocido,  piedras  talladas,  minerales  fundidos.  Pero  la  ciudad arquiborescente está viva. Se regenera a partir de sus propios desechos. Está concebida como un arrecife de coral, donde todos los sistemas se alimentan unos a otros. Es más realista que las nuevas ciudades como Dubai, que está construida sobre el saqueo de los recursos del  planeta.” Luc Schuiten.

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Archipiélagos naturales de la Ciudad de México Una obra de Mariana Castillo López

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Archipiélagos naturales de la Ciudad de México es una intervención en el mapa de la ciudad, que a través de la sobre posición de capas, cuestiona las planeaciones de vida de distintos tiempos – presente, pasado y futuro. En esta obra, Mariana Castillo López utiliza el dibujo como una herramienta de viaje que propone recorridos para mirar nuestra propia localidad con otros ojos, y así conjugar, en una especie de destiempo una cartografía sensible que resulta también, una utopía latente. En su intervención en el espejo de agua de la Casa de Francia, para el Festival ¿Y Mañana, La Ciudad?, Castillo López construye un entramado donde los ejes viales recobran su fluir y se rehidratan para dar vida a la tierra que surge en forma de islas, y que al mismo tiempo que nos recuerda un pasado, nos sugiere un futuro utópico vegetal, una representación que transforma la ciudad en un ser viviente. Mariana nos muestra con su trabajo que tanto las significaciones de la representación, como la planeación urbana tienen un potencial de creación, es decir, que definen las condiciones de vida de un espacio. En Archipiélagos naturales de la Ciudad de México son los recuerdos y los sueños los que renacen en forma de islas vegetales.

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Ciudad(es) Posible(s) Una obra de Félix Blume

¿A qué suena tu Ciudad? Durante el trabajo realizado con personas ciegas y débiles visuales, imaginamos ciudades posibles a partir de lo sonoro. En la exposición se presentan sonidos elegidos de lo cotidiano, de la memoria y de los sueños. Algunos sonaron con la luz verde de los semáforos peatonales de la calle Madero en noviembre de 2016. Esta instalación brinda al visitante la posibilidad de componer su ciudad, como quienes la habitan guiados por los oídos.

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Tejer la ciudad Obra del colectivo c.a.m.e.

El proyecto fue construido por los residentes de la delegación de Iztapalapa en el sureste de la Ciudad de México y por los miembros del c.a.m.e. colectivo en correalización con el Faro de Oriente. El conjunto de su estructura fue fabricado en los talleres de carpintería y herrería que existen allí.

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Un espacio, un lugar común. Tejer la ciudad define un espacio. Es un domo que reúne, que se utiliza como instrumento de expresión y a través del cual se penetra en el universo. En el interior de la estructura se percibe una sensación de proximidad. En ese contexto, la exigüidad adopta un sentido lúdico. Los niños que pueden meterse hasta el centro de la estructura se apropian de los recovecos inaccesibles para los adultos, quienes, a su vez, vuelven a sumergirse en recuerdos de cabañas infantiles. A imagen de la utopía, ideal al que intentamos acercarnos sin nunca alcanzarla, esta estructura nunca se acabará, siempre tenderá a multiplicarse, haciéndose infinitamente pequeña o infinitamente grande. Por su geometría fractal, al desplegarse, los arcos aumentan regularmente la altura y el radio de la estructura. La perspectiva exterior teóricamente podría tejerse hasta el infinito.

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Una acción común, construir juntos El diseño de Tejer la ciudad, desde el principio, fue el recorrido entre las delegaciones de Iztapalapa, Miguel Hidalgo y Cuauhtémoc. El proyecto participativo está guiado por el ideal de edificar todos juntos. Invita a los visitantes de distintas localidades a tejer gradualmente una envoltura. La expresión de cada uno teje: un color, un listón del material elegido, dibuja, escribe sobre la superficie del habitáculo, insertándose en la red que constituye una trama de fondo. Tal como los hipertextos, los trazos de los participantes remiten a la diversidad de los entornos y los actores. La estructura no es sólo un refugio sino también una herramienta: es una máquina de tejer, conecta simbólicamente a los habitantes de distintos barrios mediante el arte del tejido, técnica que hace eco en mucha gente. Bajo la ira de Atenea, la tejedora Aracne se metamorfosea en madre de todas las arañas, tejiendo y reparando sus  telas;;  en  la  Ilíada,  Penélope  se  salva  por  el  tejido  mientras  espera  a  Ulises…  Arte  popular  antiguo   en México, el tejido es aquí, sobre todo, creador de vínculos y materializa una cadena humana. Las intervenciones individuales obedecerán inspiraciones y anhelos, ya sea según una técnica tradicional, o bien ayudadas por la c.a.m.e. colectiva, o también reaccionando a los palimpsestos de bordados preexistentes. A lo largo de los días y de los distintos espacios de exposición, los visitantes continuarán el trenzado colectivo, haciendo cada vez más densa la superficie formada por los arcos, volviéndola así cada vez más expresiva y elocuente.

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Tejer la ciudad, una herramienta nómada La estructura primaria está formada por perfiles arqueados en madera totalmente plegables, porque salen de la misma plancha de madera, que se despliegan alrededor de un eje. Desplegada, la estructura crea un refugio, y se enrolla como un caracol. Plegada, la estructura es una simple tabla de madera fácilmente transportable. Así, Tejer la ciudad puede instalarse y desinstalarse rápidamente en los distintos espacios de exposición o en otros contextos. Para Thomas More, Utopía es una isla donde se ha instalado una sociedad ideal. Nosotros desplegamos un lugar insular, que responde a su propia lógica y crea su propio entorno. Haciendo eco de un refugio primitivo como un iglú o una choza cuya simplicidad formal y constructiva expresa universalmente un espacio habitable, esta forma pura, como un gestalt, es unificadora.

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En la galerĂ­a de la Casa de Francia

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Agradecimientos

La exposición ¿Y mañana, la ciudad? fue realizada en el marco del festival franco-mexicano de Utopías urbanas, con el apoyo del Institut francais. Los documentos presentados en esta exposición fueron colectados gracias al valioso apoyo de la fundación Le Corbusier, de las Ediciones Casterman, de las Ediciones Les Humanoides associés, del Instituto Moreira Salles, del museo del Familistere de Guise, de la cité Chaillot, de la ciudad de Auroville y de Luc Schuiten. La participación de los equipos de los servicios de cooperación técnica, audiovisual, cultural y científica de la Embajada de Francia en México permitió la diversidad de propuestas que componen la exposición. Un agradecimiento al equipo del Instituto francés de América latina y de la Casa de Francia por el lugar, la organización de la inauguración y su apoyo en el montaje de la exposición. Finalmente, gracias a Antoine Godard por la co-curadoría.

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Anexos Referencias de las obras reproducidas Albert Robida, Le Vingtième Siècle, 1883 -Paris la nuit, huecograbado, p.5. -Station centrale des aéronefs a Notre-Dame, grabado en madera, p.6. -Les tubes– Gare du tube du Sud à Paris, p.7. -La lune rapprochée. Départ de la première commission scientifique et colonisatrice, grabado en madera, p.8. -Maison tournante aérienne, grabado en madera, p.9. -Au sommet de l'arc de triomphe, p.9. Fondation Le Corbusier -Fotografia FLC L2(14)43 , p.11. -Tres bocetos superpuestos ilustrando tres aspectos de Paris alrededor de Notre-Dame. De arriba hasta abajo: en la Edad-media, en 1925, después la aplicación del Plan Voisin, tinta china sobre papel de calco pegado en cartón, 1925, p.12. -Boceto del plan de Paris y notas sobre el histórico de la creación de varias colonias, tinta china sobre papel calco de estudio, Plan Voisin, 1925, p.13. (arriba) -Dibujo en plano de los 1, 3, 4 y 8 distritos, tinta china sobre calco cuero, 1925, p.13. (abajo) -Dibujo en perspectiva aérea sobre los edificios de la colonia de la puerta St-Martin y St-Denis, tinta china sobre calco medio, 1925, p.14. (izquierda) -Dibujo en perspectiva de los parques al pie de los edificios, de los restaurantes, cafés, tiendas y el pasaje de la autostrade, tinta negra y tiza azul sobre calco de estudio, 1925, p.14. (derecha) -Boceto en larga perspectiva sobre los edificios de la orilla derecha vista desde la isla St Louis, tinta china y lápiz negro sobre calco de estudio, 1925, p.14. (abajo) -Fotografia FLC L2(14)51, p.15. Museo del Familistère de Guise -La totalidad de los obreros en el patio de la entrada de la empresa Godin de Guise. Fotografia anónima, 1889, p.17. -Jean-Baptiste André Godin, fotografía anónima, alrededor de 1860: colección de los archivos departamentales de l’Aisne,  p.18. -La plaza central. Las escuelas y el teatro frente al monumento de Jean-Baptiste André Godin. Fotografia anónima 1895, p.18. -En el patio del Pavillon central, el bal de la Fiesta de la infancia. Fotografia anónima, 1909, p.20. 82


-El teatro, fiesta de la infancia, fotografia anónima, septiembre 1899, p.21. -Patio del Pavillon central. Fotografia G.Fessy, p.21. Auroville OutreachMedia Fotógrafos: Paulette Hadgany, Marco Saroldi, Dominique Darr -Galaxia, fotografia, p.23. -Matrimandir, John Harper, p.24. -Primeras construcciones (arriba), la escuela (abajo), p.25. -La madre, p.26. Instituto Moreira Salles A construção de Brasília, Gautherot Marcel: -El Plano piloto, Brasilia, vista aérea, p.29. -Trabalhadores no Congresso Nacional, 1959, p.30. -Congresso Nacional em construção, Esplanada dos Ministérios, 1959, p.31. -Parque infantil em superquadra da asa Sul, 1968, p.32. -Os quatro evangelistas, escultura de Alfredo Ceschiatti, Catedral Metropolitana Nossa Senhora Aparecida; Esplanada dos Ministérios; Asa Sul, 1970, p.33. -Congresso Nacional, 1960, p.33. -Congresso, 1960, p.34, 35, 36. -Ministérios em construção, Esplanada dos Ministérios, 1959, p.37. Cité Chaillot,  cité  de  l’architecture  et  du  patrimoine,  Paris. Claude Parent -Les Spirales - Ponts III, 1971, tinta negra sobre papel calco, p.39. -Proyecto utópico de ciudad, Les Cônes, 1960, tinta sobre calco pegado, p.40. -Inclisite (con Paul Virilio), 1966, tinta negra sobre papel fuerte, p.41. -La Colline de Sens, 1971, tinta negra y marcador sobre papel fuerte, p.42. -Turbosite III, un cratère, 1966, mina de plomo sobre calco, p.43. -Paris 89, 1982, lápiz sobre papel, p.43. Las Ediciones Casterman -Extractos de  "  Les  cités  obscures,  La  route  d’Armilia  "  de  Schuiten et Peeters, p.45, p.49. -Extractos de " New York sur Loire " de De Crécy, p.47, p.47, p.48. -Extracto de " Les cités obscures,  L’ombre  d’un homme " de Schuiten et Peeters, p.50. 83


-Extracto de " Le sommeil du monstre " de Enki Bilal, p.51. Las ediciones Les Humanoides associés -Extractos de “Avant  l’Incal”, tome 6 et tome 1 de Moebius y Jodorowsky, p.52, 53, 54. -Extracto de  “L’Incal”,  tome 4, de Moebius et Jodorowsky, p.55. Luc Schuiten -La cité des tours verticales, p.57. -La cité lotus, p.58. -Lyon, vue aérienne, p.59. -Intérieur au fauteuil, p.59. -Shanghai, panorama, p.60. -Panorama cité végétale, p.60. -Strasbourg grand panorama, p.61. -La cité des tours, p.61. Instalación sonora Ciudad(es) Posible(es), Felix Blume Con: Abigail Maite Zavala Rosas, Alejandro Amado Romualdo, Esau Daniel Montes Cornelio, Ismael Vivero Monroy, Joel Oliva, Maricarmen Grau, Miguel Ángel Nava Jiménez, Monica Crisostomo Moctezuma, Octavio Baez Salgado, PedroWaldo López, Ruben Álvarez Trejo. En colaboración con Adriana Santiago y Vania Rocha. Diseño Electrónico: Cecilia Sánchez Nava Adaptación Electrónica Casa de Francia: Sara Lana.

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Con el valioso apoyo de:

Fondation Le Corbusier: http://www.fondationlecorbusier.fr/corbuweb/morpheus.aspx?sysName=home&sysLanguage=fr-fr&sysInfos=1 Musée du Familistère de Guise: https://www.familistere.com/nous-contacter-2/ Instituto Moreira Salles: http://www.ims.com.br/ims/

Auroville Outreachmedia: http://www.auroville.org/ La cité  Chaillot,  cité  de  l’architecture  et  du  patrimoine: https://www.citedelarchitecture.fr/ Les Humanoides associés: http://www.humano.com/ Les Editions Casterman: http://www.casterman.com/ Luc Schuiten: http://www.vegetalcity.net/ Institut français: http://www.institutfrancais.com/fr

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¿Y mañana, la ciudad?  

Exposición realizada por los servicios de cooperación técnica, cultural, audiovisual y científica de la Embajada de Francia en México en el...