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Número 0 – Noviembre de 2009 – Biblioteca del IES Tierra de Barros Separata de la revista del Centro “La Torre de Barro”

ueridos lectores: Se pone en marcha este boletín llamado Acebuche después de algunos frustrados intentos de hacerlo echar a andar en cursos anteriores. La idea de crear un documento en el que se puedan tratar temas relacionados con la literatura, nos abre la oportunidad a los lectores de descubrir anécdotas, experiencias, satisfacciones y, por qué no, pequeñas decepciones relacionadas con la lectura. Acebuche se incorpora a la lista de actividades que, desde el Grupo de Biblioteca, se promueven para el fomento de la lectura: incorporación a proyectos convocados por la Consejería de Educación, actualización de los fondos bibliográficos, participación en jornadas de bibliotecas escolares.... Y todas estas actividades dirigidas en la misma dirección: que todos los miembros de la comunidad educativa vean en la lectura un pilar fundamental en el desarrollo de los alumnos comprendidos entre los 12 y los 18 años. El principal objetivo de los profesores involucrados en Acebuche es hacer comprender a los alumnos que el gran placer de la lectura no es un hecho reducido a las aulas y más concretamente a la materia de Lengua Castellana y Literatura, sino que debe ser una actividad que se desarrolle asiduamente en la vida de cualquier persona que quiera considerarse bien formada. Sergio Santos Rosell Acebuche Separata de la revista “La Torre de Barro” Dep. Legal: BA-571-08 ISSN: 1889-0636

Redacción Grupo de Biblioteca Purificación Buenavida Álvarez Mª Belén Fernández Muñoz Lucas Gutiérrez De las Heras Antonio Gómez Vélez Mª Pilar Ramos Duro Sergio Santos Rosell

quí tenéis, queridos alumnos, la biografía de un escritor que de niño y adolescente sentó las bases de un premio Nobel. Solo cuento su vida hasta que terminó secundaria, el resto lo dejaremos porque realmente su obra, como todos sabemos, consiste en escribir todo lo que escuchó de pequeño. Quién sabe si en vosotros no estará también un futuro escritor. Gabriel García Márquez nació en Aracataca (Magdalena), el 6 de marzo de 1927. Creció como niño único entre sus abuelos maternos y sus tías, pues sus padres, el telegrafista Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez, se fueron a vivir, cuando Gabriel sólo contaba con cinco años, a la población de Sucre, donde don Gabriel Eligio montó una farmacia y donde tuvieron a la mayoría de sus once hijos. Los abuelos eran dos personajes bien particulares y marcaron el periplo literario del futuro Nobel: el coronel Nicolás Márquez, veterano de la guerra de los Mil Días, le contaba al pequeño Gabriel infinidad de historias de su juventud y de las guerras civiles del siglo XIX, lo llevaba al circo y al cine, y fue su cordón umbilical con la historia y con la realidad. Doña Tranquilina Iguarán, su cegatona abuela, se la pasaba siempre contando fábulas y leyendas familiares, mientras organizaba la vida de los miembros de la casa de acuerdo con los mensajes que recibía en sueños: ella fue la fuente de la visión mágica, supersticiosa y sobrenatural de la realidad. Entre sus tías la que más lo marcó fue Francisca, quien tejió su propio sudario para dar fin a su vida. Gabriel García Márquez aprendió a escribir a los cinco años, en el colegio Montessori de Aracataca, con la joven y bella profesora Rosa Elena Fergusson, de quien se enamoró: fue la primera mujer que lo perturbó. Cada vez que se le acercaba, le daban ganas de besarla: le inculcó el gusto de ir a la escuela, sólo por verla, además de la puntualidad y de escribir una cuartilla sin borrador. En ese colegio permaneció hasta 1936, cuando murió el abuelo y tuvo que irse a vivir con sus padres al sabanero y fluvial puerto de Sucre, de donde salió para estudiar interno en el colegio San José, de Barranquilla, donde a la edad de diez años ya escribía versos humorísticos. En 1940, gracias a una beca, ingresó en el internado del Liceo Nacional de Zipaquirá, una experiencia realmente traumática: el frío del internado de la Ciudad de la Sal lo ponía melancólico, triste. Permaneció siempre con un enorme saco de lana, y nunca sacaba las manos por fuera de sus mangas, pues le tenía pánico al frío. Sin embargo, a las historias, fábulas y leyendas que le contaron sus abuelos, sumó una experiencia vital que años más tarde sería temática de la novela escrita después de recibir el premio Nobel: el recorrido del río Magdalena en barco de vapor. En Zipaquirá tuvo como profesor de literatura, entre 1944 y 1946, a Carlos Julio Calderón Hermida, a quien en 1955, cuando publicó La hojarasca, le obsequió con la siguiente dedicatoria: "A mi profesor Carlos Julio Calderón Hermida, a quien se le metió en la cabeza esa vaina de que yo escribiera". Ocho meses antes de la entrega del Nobel, en la columna que publicaba en quince periódicos de todo el mundo, García Márquez declaró que Calderón Hermida era "el profesor ideal de Literatura". En los años de estudiante en Zipaquirá, Gabriel García Márquez se dedicaba a pintar gatos, burros y rosas, y a hacer caricaturas del rector y demás compañeros de curso. En 1945 escribió unos sonetos y poemas octosílabos inspirados en una novia que tenía: son uno de los pocos intentos del escritor por versificar. En 1946 terminó sus estudios secundarios con magníficas calificaciones. Pilar Ramos Duro

Encabezamiento: Esther Esteban Izquierdo

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a característica principal de García Márquez es su carácter renovador y su especial fantasía imaginativa. Considerado como el máximo exponente del llamado realismo mágico, el escritor colombiano es autor de una extensa producción de excelente calidad que lo ha convertido en una de las figuras más destacadas de la narrativa mundial. García Márquez es uno de los principales responsables del boom de la literatura hispanomericana de los años 60, fenómeno en algunos aspectos más editorial que literario y que catapultó merecidamente a la fama a un nutrido grupo de narradores de excelente calidad, que hasta entonces apenas eran conocidos más allá de su ámbito nacional. Su primeras obras, que se han visto a menudo como una preparación a Cien años de soledad: muestran ya el mundo mítico y algunos de los personajes de Macondo y, en algunos casos, el elemento mágico y sobrenatural. En La hojarasca (1955) encontramos el relato de tres testigos ante el cadáver de un suicida, a través de cuyos monólogos se reconstruye fragmentariamente la historia de un hombre solitario enfrentado a la sociedad. El coronel no tiene quien le escriba, de 1961, es un vigoroso relato de la soledad y miseria de un coronel y su mujer, cuyo hijo ha sido fusilado, en un pueblucho colombiano. Completan esta etaa los cuentos de Los funerales de Mamá Grande, de 1962, y La mala hora (1962), obra que envuelve un símbolo político, el miedo colectivo como origen de la violencia. En 1967 apareció Cien años de soledad, la novela más leída y admirada de García Márquez, que ha sido calificada por Vargas Llosa como "el Amadís de América". La obra desarrolla la saga de una familia, los Buendía, que fundan una ciudad llamada Macondo en una región que los pantanos y la selva hacen inaccesible para el resto del mundo. Empieza cuando José Arcadio Buendía y su prima hermana Úrsula Iguarán se casan a pesar del tabú y dan origen, en la ciudad por ellos fundada, a una estirpe condenada a cien años de pasiones, revoluciones y soledades, estirpe que reincide en el incesto y que se extingue al fin con un vástago con cola de cerdo. En Macondo, las relaciones con el mundo exterior son anacrónicas (ciertas innovaciones europeas son introducidas por unos gitanos errabundos), pero accede a ella una compañía bananera que añade, a las calamidades naturales, la explotación y la opresión. Cabe leer sin duda la novela y su mítica Macondo como una alegoría del subdesarrollo y aislamiento de Hispanoamérica; pero es sobre todo una obra de prodigiosa imaginación y humor, que rompe con un concepto limitado de realismo para recuperar en las fuentes orales del mito y la leyenda sus motivos de inspiración. La novela rebosa de elementos mágicos y sorprendentes como la subida al cielo de Remedios la bella, el hallazgo de un galeón a diez kilómetros del mar, la lluvia de pájaros muertos sobre el pueblo. José Arcadio, por ejemplo, trata de fotografiar a Dios y más adelante muere atado a un árbol delirando en latín. Todos los hombres de la familia Buendía están resueltamente solos, rodeados por otros hombres de guerra o por mujeres que equilibran con sus corduras (o sus locuras) los excesos del mundo cotidiano. El destino de todos los habitantes de Macondo es el aislamiento. Y llegará el día en que el primero de los Aurelianos (hay un Aureliano por generación: la repetición de los nombres, como la de los sucesos a lo largo de sus veinte capítulos no numerados, contribuyen a la sensación de que la vida es un fenómeno circular), dé instrucciones estrictas para que nadie, incluyendo a su mujer, pueda acercarse a él más de diez pies. "De Cien años de soledad se han escrito toneladas de papeles -ha dicho García Márquez-, pero nadie ha tocado el punto que a mí más me interesaba al escribir el libro, que es la idea de que la soledad es lo contrario de la solidaridad y que yo creo que es la esencia del libro." En 1970 se editó en libro el Relato de un náufrago, una crónica periodística que ya había sido publicada por entregas en El Espectador (1955). La veta fantástica reaparece en los siete cuentos (todos ellos brillantes) recogidos en el volumen La increíble y triste historia de la cándida Erendira y de su abuela desalmada (1972). El otoño del patriarca, de 1975, otra de sus novelas más celebradas, aborda el tema de la dictadura y trata sobre las calamidades y la irremediable soledad del poder encarnado en una figura anónima y mítica. Posteriormente ha publicado Crónica de una muerte anunciada (1981), basada en un suceso ocurrido durante la niñez del escritor (una muerte, ya conocida al comienzo de la novela, para vengar una deshonra), y El amor en los tiempos del cólera, de 1986, historia de amor

que transcurre en un pueblecito portuario del Caribe. Cabe mencionar además la recopilación en cuatro tomos de su Obra periodística (1982) y la crónica política La aventura de Miguel Littin (1986).

Tras estrenar el año 1988 en Buenos Aires el monólogo teatral Diatriba de amor contra un hombre sentado, publicó El general en su laberinto (1989), novela acerca del último viaje de Simón Bolívar desde Bogotá hasta Santa Marta, que suscitó un animado debate entre estudiosos colombianos y venezolanos sobre la fidelidad histórica de su contenido. En 1992 apareció la colección de relatos Doce cuentos peregrinos. Dos años más tarde, veía la luz la novela Del amor y otros demonios, y ya en 1996 publica Noticia de un secuestro, una novela-reportaje. En la primera parte de sus memorias, tituladas Vivir para contarla (2002), rememora en forma novelada sus primeros treinta años de vida. De 2004 es su por el momento última novela, Memorias de mis putas tristes, historia de amor entre un anciano periodista y una jovencísima prostituta. La relación completa de las obras de García Márquez es la que sigue: - La hojarasca. 1955. - El coronel no tiene quien le escriba. 1961. - La mala hora. 1962 (ed. desautorizada por el autor) - Los funerales de la Mamá Grande. 1962. - Cien años de soledad. 1967 - Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo. 1969. - Relato de un náufrago. 1970. - La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. 1972. - Chile, el golpe y los gringos. 1974. - Ojos de perro azul. 1974. - Cuando era feliz e indocumentado. 1975. - El otoño del patriarca. 1975. - Todos los cuentos. 1975. - Obra periodística. Vol. 1: Textos costeños. 1981. - Obra periodística. Vol. 2: Entre cachacos. - Por la libre. Obra periodística 4 (1974-1995) - Crónica de una muerte anunciada. 1981. - El rastro de tu sangre en la nieve: el verano feliz de la senora Forbes. Bogotá: W. Dampier Editores, 1982. - El secuestro (guión). Salamanca: Lóquez, 1982. - Viva Sandino. Managua: Nueva Nicaragua, 1982. - El asalto: el operativo con el que el FSLN se lanzó al mundo, Nueva Nicaragua, 1983. - Erendira (guión de su propia novela), N.P., Les Films du Triangle, 1983. - El amor en los tiempos de cólera. 1985. - El general en su laberinto. 1989. - Doce cuentos peregrinos. 1992. - Del amor y otros demonios.1994 - Noticia de un secuestro. 1997 - Vivir para contarla. 2002 - Memoria de mis putas tristes. 2004 - Otros 26 cuentos. Puri Buenavida Álvarez y Antonio Gómez Vélez

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n la década de los 30 del siglo pasado, hace ya cerca de 80 años, el coronel Nicolás Márquez solía ir con su nieto Gabriel al cine de Arataca (Colombia) a ver películas del oeste. Fue entonces cuando el futuro Nobel de literatura empezó a preguntarse qué habría detrás de la pantalla. Gabriel García Márquez ha descrito su relación con el cine como “las relaciones de un matrimonio mal avenido: Es decir: como las de quien no ha podido vivir ni con el cine ni sin el cine”. Así que en la década de los 50, con poco más de 20 años estudia la carrera de cine en el Centro Sperimentale Di Cinematografia di Roma (Cinecittà), teniendo como condiscípulos al argentino Fernando Birri y al cubano Julio García Espinosa, que más tarde serían considerados fundadores del llamado Nuevo Cine Latinoamericano. Los tres personajes han declarado en reiteradas oportunidades el impacto que supuso para ellos ver la película Milagro en Milán, de Vittorio de Sica, así como también asistir al nacimiento del neorrealismo italiano, tendencia ésta que los hizo vislumbrar la posibilidad de realizar cine en América Latina siguiendo las mismas técnicas. En esos años compagina su actividad cinematográfica con su creación literaria. Sin embargo, en 1961, García Márquez escribe un artículo donde se despide temporalmente de la narrativa de ficción, con el gesto escéptico del que está convencido de que todos sus intentos han sido fallidos. Ninguna de sus obras, a pesar de haber ya escrito El coronel no tiene quien le escriba, lo satisface y decide dedicarse a la escritura de guiones cinematográficos. Fue esa pasión por el cinematógrafo la que lo llevó a México en un tren que arribó a la polvorienta estación de Buenavista, a las seis de la tarde, del 2 de julio de 1961. El joven escritor colombiano, acompañado de su esposa Mercedes y su hijo Rodrigo, que aún no tenía un año, arribó a la ciudad con 20 dólares en el bolsillo y un puñado de conocidos, luego de un viaje de 14 días, desde Nueva York. Allí comenzó una actividad frenética. Se tiene conocimiento de que muchas obras cinematográficas mexicanas de los años 1960 fueron escritas por García Márquez, quien al igual que muchos intelectuales de la época firmó los guiones con seudónimo. Memorables son, en todo caso, El gallo de oro (1964), de Roberto Gavaldón, y Tiempo de morir (1966), de Arturo Ripstein. La primera, basada en el cuento homónimo de Juan Rulfo, coescrita junto con el propio autor y el también escritor mexicano Carlos Fuentes; la segunda, western filmado inicialmente por Arturo Ripstein. Cuatro años le bastaron a Gabriel García Márquez para darse cuenta de que el cine estaba lejos de ser "la válvula de liberación de mis

fantasmas", como pensaba. García Márquez continuó participando en trabajos de Ripstein, de Luis Alcoriza, como Presagio (1974) considerada por algunos críticos como la mejor película de esta primera etapa. Y haciendo Presagio, el autor descubrió que estaba escribiendo algo muy parecido a lo que quería expresar literariamente. Se encerró dieciocho meses y salió con Cien años de soledad (1967). Este hecho, que lo convirtió en un escritor de fama mundial, cambió su camino y, en adelante, fueron los directores quienes lo buscaron para adaptar sus novelas y cuentos. María de mi corazón (1979), Erendira (1982), de Ruy Guerra, La viuda de Montiel (1979), del chileno Miguel Littin, El mar del tiempo perdido (1981), de Solveig Hoogesteijn, Un señor muy viejo con unas alas enormes (1988), de Fernando Birri, Edipo alcalde (1996), de Jorge Alí Triana. Un año después, el italiano Francesco Rosi adapta Crónica de una muerte anunciada y en 1998, Ripstein rueda El coronel no tiene quien le escriba. Sin embargo, se considera que el aporte fundamental de García Márquez al cine fue la fundación de la Escuela Internacional de Cine y Televisión, de Cuba, que ha permitido a más de 800 jóvenes aprender el oficio del cine y que, sin su figura, nunca hubiera surgido. García Márquez es el gran padre de los jóvenes realizadores latinoamericanos, muchos de los cuales ya han ganado premios internacionales o que, como Hilda Hidalgo, está adaptando la obra del “padre”, pero una versión personalísima de Del amor y otros demonios: una mirada femenina, una historia de amor, la primera película de una estudiante de la EICTV. Un reto que Hilda aceptó con una sonrisa y con la complicidad del maestro. Otra obra adaptada al cine recientemente es El amor en los tiempos del cólera (2006), con guión del sudafricano Ronald Harwood y bajo la batuta del director británico Mike Newell. Filmada en Cartagena de Indias, los personajes son encarnados por Javier Bardem, Giovanna Mezzogiorno, John Leguízamo, Catalina Sandino y Benjamin Bratt. Casi al mismo tiempo se habla de la inminente producción de Memoria de mis putas tristes, dirigida por el danés Henning Carlsen, y de una posible adaptación de El otoño del patriarca, elaborada por el bosnio Emir Kusturica. Antonio Gómez Vélez

…el nombre del grupo Nena Daconte proviene de un relato de Gabriel García Márquez titulado “El rastro de tu sangre en la nieve”? Kim Fanlo, el guitarrista del dúo, explica la elección del nombre en una entrevista: “Nena Daconte es la protagonista de un relato de Gabriel García Márquez –El rastro de sangre en la nieve-. Es un relato triste, pero, a la vez, esperanzador. Nosotros preferimos verlo por ese lado: todo en esta vida puede pasar, lo bueno y lo malo. Tiene un claro componente trágico, un personaje en manos del destino. El arte tiene algo de trágico también, una manera de quitarnos de encima la losa de la vida”. La historia que nos cuenta es trágica, sí, pero muy hermosa: dos jovencísimos recién casados –Nena Daconte y Billy Sánchez- viajan en un espléndido coche regalo de bodas desde Madrid a París, donde pretenden disfrutar de su luna de miel. El viaje es largo y pesado pues, pasada la frontera de Francia, no deja de nevar y Nena lleva el dedo anular herido por un pinchazo con una espina de un tallo de rosa. La nevada es inmensa y el dedo no deja de sangrar por lo que la joven decide sacarlo por la ventanilla del coche para ver si con el frío intenso la hemorragia remite… Un rastro de sangre va marcando en la nieve el recorrido de los enamorados. Al llegar a París, la protagonista apenas mantiene la conciencia y es hospitalizada, pero su amado esposo no volverá a verla… Es un bellísimo relato que impacta con esa imagen tan poética de la nieve blanquísima –símbolo de la pureza-, y el rastro de sangre –símbolo de la pasión y la tragedia-, y que ofrece, entre otras cosas, una historia fascinante en la que emergen varias de las obsesiones de García Márquez como el amor, la pasión, la muerte... Si quieres leerlo, se encuentra incluido en la obra Doce cuentos peregrinos, editada por Mondadori en 1992. ¿Y sabías que…Gabriel García Márquez es muy amigo de Shakira? De hecho, apadrinó la Fundación ALAS (América Latina en Acción Social), para luchar contra la pobreza, concebida por la cantante. Por su parte, Shakira compuso tres boleros para la banda sonora de la adaptación cinematográfica de El amor en los tiempos del cólera. María Belén Fernández Muñoz

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Relato de Gabriel García Márquez n la extensa bibliografía de García Márquez destaca sobremanera Cien años de soledad, sin embargo os recomendamos que antes de acercaros a este clásico contemporáneo os asoméis a alguna de las siguientes obras que podéis encontrar en nuestra Biblioteca. Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre (publicado por entregas en 1955 y como libro en 1970). El propio autor nos ofrece en el título de la obra (en su versión extensa) un resumen de lo que se puede encontrar el lector. Este relato, a medio camino entre el cuento, el reportaje periodístico y la novela breve, ofrece la historia real de la lucha por la supervivencia de un hombre que se encuentra en una balsa tras haberse caído de un buque y que pasa allí diez días hasta que es rescatado. Este "relato" surge de las conversaciones que el propio García Márquez en su labor de periodista mantuvo con el protagonista de la historia, un hombre que se enfrentó cara a cara con la muerte durante los días que duró su desesperada travesía en medio del océano y bajo un sol de justicia. Crónica de una muerte anunciada (1981) Esta novela es una preciosa y cuidada obra de arte. Desde la primera línea el autor nos adelanta lo que va a pasar: "El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo [...]" y, sin embargo, a pesar de conocer ya la parte fundamental de la historia, del argumento, García Márquez lo va a contar tan bien, de una manera tan magistral que va a mantener la atención del lector hasta la última línea. Es un relato de una venganza, de una manera muy particular de entender el honor, pero también una historia de amor y una investigación sobre un crimen y muchas cosas más. Sin duda alguna se trata de una de las grandes obras maestras de la literatura y sería un buen comienzo si usted aún no ha leído nada del autor colombiano. El amor en los tiempos del cólera (1985) En esta novela podemos encontrar la emoción desatada de un amor juvenil, apasionado, loco, obsesivo, delirante, que lleva incluso a comparar al enamorado con el enfermo de cólera y que deja una huella indeleble en quienes lo han vivido. Ese sentimiento, mitigado por los años, o acrecentado según el caso, unido con las múltiples experiencias acumuladas a lo largo de los años, incluidas la separación impuesta de los amantes, lo encontramos finalmente convertido en un amor octogenario, un amor que dura "toda la vida". Del amor y otros demonios (1994) De nuevo en su universo personal, que parte sin duda del Realismo Mágico en el que se mueven sus personajes: ciudades y pueblos en donde se mezclan las constumbres ancentrales y mitológicas de los nativos con las nuevas formas impuestas por los colonos y en donde lo real parece, a veces, pura ficción, el escritor nos va a contar la historia de amor entre una joven de clase alta encerrada en un convento por la creencia de que está poseída (había sido mordida por un perro rabioso y, además, su aya le había enseñado las constumbres y ritos africanas) y un sacerdote que acude a visitarla frecuentemente para liberarla del demonio hasta que cae embelesado por sus encantos. Una nueva historia de amor imposible en un ambiente excepcional y con el sello inconfundible de uno de los mejores novelistas del siglo XX. Lucas Gutiérrez De las Heras

El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis. Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón dorado, y los pantalones sostenidos con cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía a la situación, como la mirada de los sordos. Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza. Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella. Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz destemplada de su hijo de once años lo sacó de su abstracción. -Papá. -Qué. -Dice el alcalde que si le sacas una muela. -Dile que no estoy aquí. Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de espera volvió a gritar su hijo. -Dice que sí estás porque te está oyendo. El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo: -Mejor. Volvió a operar la fresa. De una cajita de cartón donde guardaba las cosas por hacer, sacó un puente de varias piezas y empezó a pulir el oro. -Papá. -Qué. Aún no había cambiado de expresión. -Dice que si no le sacas la muela te pega un tiro. Sin apresurarse, con un movimiento extremadamente tranquilo, dejó de pedalear en la fresa, la retiró del sillón y abrió por completo la gaveta inferior de la mesa. Allí estaba el revólver. -Bueno -dijo-. Dile que venga a pegármelo. Hizo girar el sillón hasta quedar de frente a la puerta, la mano apoyada en el borde de la gaveta. El alcalde apareció en el umbral. Se había afeitado la mejilla izquierda, pero en la otra, hinchada y dolorida, tenía una barba de cinco días. El dentista vio en sus ojos marchitos muchas noches de desesperación. Cerró la gaveta con la punta de los dedos y dijo suavemente: -Siéntese. -Buenos días -dijo el alcalde. -Buenos -dijo el dentista. Mientras hervían los instrumentos, el alcalde apoyó el cráneo en el cabezal de la silla y se sintió mejor. Respiraba un olor glacial. Era un gabinete pobre: una vieja silla de madera, la fresa de pedal, y una vidriera con pomos de loza. Frente a la silla, una ventana con un cancel de tela hasta la altura de un hombre. Cuando sintió que el dentista se acercaba, el alcalde afirmó los talones y abrió la boca. Don Aurelio Escovar le movió la cara hacia la luz. Después de observar la muela dañada, ajustó la mandíbula con una cautelosa presión de los dedos. -Tiene que ser sin anestesia -dijo. -¿Por qué? -Porque tiene un absceso. El alcalde lo miró en los ojos. -Está bien -dijo, y trató de sonreír. El dentista no le correspondió. Llevó a la mesa de trabajo la cacerola con los instrumentos hervidos y los sacó del agua con unas pinzas frías, todavía sin apresurarse. Después rodó la escupidera con la punta del zapato y fue a lavarse las manos en el aguamanil. Hizo todo sin mirar al alcalde. Pero el alcalde no lo perdió de vista. Era una cordal inferior. El dentista abrió las piernas y apretó la muela con el gatillo caliente. El alcalde se aferró a las barras de la silla, descargó toda su fuerza en los pies y sintió un vacío helado en los riñones, pero no soltó un suspiro. El dentista sólo movió la muñeca. Sin rencor, más bien con una amarga ternura, dijo: -Aquí nos paga veinte muertos, teniente. El alcalde sintió un crujido de huesos en la mandíbula y sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero no suspiró hasta que no sintió salir la muela. Entonces la vio a través de las lágrimas. Le pareció tan extraña a su dolor, que no pudo entender la tortura de sus cinco noches anteriores. Inclinado sobre la escupidera, sudoroso, jadeante, se desabotonó la guerrera y buscó a tientas el pañuelo en el bolsillo del pantalón. El dentista le dio un trapo limpio. -Séquese las lágrimas -dijo. El alcalde lo hizo. Estaba temblando. Mientras el dentista se lavaba las manos, vio el cielorraso desfondado y una telaraña polvorienta con huevos de araña e insectos muertos. El dentista regresó secándose las manos. “Acuéstese -dijo- y haga buches de agua de sal.” El alcalde se puso de pie, se despidió con un displicente saludo militar, y se dirigió a la puerta estirando las piernas, sin abotonarse la guerrera. -Me pasa la cuenta -dijo. -¿A usted o al municipio? El alcalde no lo miró. Cerró la puerta, y dijo, a través de la red metálica. -Es la misma vaina.

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