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¿QUÉ PIENSO Y SIENTO SOBRE LA FELICIDAD? BORRADOR PARA UN MODELO DE FELICIDAD PLENA DEL SER FELIPLESER I Borrador, 2,06,10 Paco Martínez CIFEL Universitat de València I. INTRODUCCIÓN LA COMUNIDAD DE INVESTIGACIÓN PARA LA FELICIDAD LECTURA DEL TEXTO II. PROCESOS COGNITIVOS DE LA FELICIDAD DESDE LA ATENCIÓN PLENA 1.‐ EL DESAPEGO DE LAS CREENCIAS: DEL MODO MENTAL HACER AL SER 1.1.‐ NO SOMOS LO QUE PENSAMOS NI LOS PENSAMIENTOS SON LOS HECHOS. 1.2.‐ PENSAR CON EL MODO MENTAL HACER IMPLICA IMPONER SIGNIFICADOS 1.3.‐ EL DESAPEGO DE LAS CREENCIAS EN EL USO MENTAL DEL SER 1.4.‐ LA DIMENSIÓN IMPLÍCITA DE LAS CREENCIAS 1.5.‐ PARA SER FELICES SE TRATA DE NO HACER NADA COGNITIVAMENTE CON NUESTRAS CREENCIAS SINO SOLAMENTE ENTRAR DIRECTAMENTE EN LA EXPERIENCIA PRESENTE 1.6.‐ LA CREENCIA EN LA SEPARACIÓN JUSTIFICA AL MODO MENTAL HACER Y FUNDAMENTA SUS APEGOS Y PROCESOS COGNITIVOS 1.7.‐ DESAPEGADOS DE LAS CREENCIAS Y NO HACIENDO NADA COGNITIVAMENTE SURGE LA FELICIDAD PLENA

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2.‐ LOS JUICIOS COGNITIVOS Y LAS EMOCIONES CAUSAN APEGO A LAS CREENCIAS. PERO TAMBIÉN PODEMOS ACEPTAR Y SENTIR INTUITIVAMENTE PARA TOMAR DECISIONES DESDE EL DESAPEGO DE LAS CREENCIAS 2.1.‐ ¿QUÉ SIGNIFICA JUZGAR DESDE EL MODO MENTAL SER? 2.2.‐ PODEMOS DEBILITAR LOS PROCESOS DE JUICIO Y FLUIR MENTALMENTE DESDE EL SENTIR DEL MODO MENTAL SER 2.2.1.‐ Intuir desde el modo mental Ser 2.2.2.‐ Aceptar desde el modo mental Ser 2.3.‐ VIVENCIA AFECTIVA EN EL HACER Y EN EL SER 2.3.1.‐ Las emociones apoyan el apego a las creencias desde los juicios del hacer pero también refuerzan la voluntad de ser. 2.3.2.‐ El sentir y la emoción desde el modo mental Ser versus las emociones del Hacer 3.‐ JUICIOS DESTACADOS EN EL MODO MENTAL HACER 3.1.‐ EL JUICIO DE LA AUTOESTIMA: PARA SER FELICES PODEMOS DEJAR DE QUERER MEJORAR NUESTRA AUTOESTIMA 3.1.1.‐ Adoptar la autocompasión en lugar de desarrollar nuestro autoconcepto y autoestima 3.2.‐ EL JUICIO DEL BIENESTAR: PARA SER FELICES PODEMOS DEJAR DE BUSCAR NUESTRO BIENESTAR 3.2.1.‐ Reconocer las metas elegidas y cambiarles el propósito para vivir felices en el modo mental Ser 3.2.2.‐ Podemos dejar de querer controlar la vida para obtener ser especiales y, en su lugar, ser felices compartiéndola 3.3.‐ EL JUICIO DE CULPABILIDAD: PODEMOS DEJAR DE JUZGARNOS Y QUERER AUTO‐DESTRUIRNOS PARA SENTIRNOS INOCENTES Y FELICES 3.3.1.‐ El perdón para pasar del juicio del Hacer a la felicidad del Ser 3.3.2.‐ Un procedimiento para perdonar

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I. INTRODUCCIÓN Con el término felicidad solía incluir experiencias puntuales tales como: una valoración y satisfacción general con mi bienestar, un disfrute hedonístico temporal, la celebración de un logro importante o la evitación de una pérdida no deseada… Pero en ellas tenía la conciencia de las limitaciones de estas experiencias, limitadas en muchos aspectos y muy frágiles. Esta conciencia se acrecentó al experimentar otros momentos donde sentía que la felicidad puede llegar a ser plena en todos los aspectos de los seres humanos. Estas últimas experiencias son las que ahora me interesan y hacia las que dirigiré mis propuestas de cambio de este documento. Me encantaría saber cómo poder experimentarlas con la mayor intensidad y consciencia posible durante el resto de mi vida. Después de unos años de vida y cierto estudio del campo cognitivo encuentro que es posible avanzar en este deseo científica y personalmente mediante el marco teórico y experiencial que proporciona la atención plena y otras fuentes coherentes con ella como Un Curso De Milagros, rebirthing... LA COMUNIDAD DE INVESTIGACIÓN PARA LA FELICIDAD El modelo teórico que describo aquí constituye una aportación personal, no científica, para desarrollar las investigaciones y experiencias de la Comunidad de Investigación para la Felicidad de la Universitat de València. Toda su formulación se puede considerar como una hipótesis compuesta de enunciados sobre la felicidad a verificar o falsar personal y/o científicamente. De esta manera espero ir avanzando en su elaboración, en su objetividad y en su eficacia experiencial y experimental. Esta primera versión del modelo tiene como sustrato principal mis creencias y experiencias. Introduzco referencias científicas pero considero que lo más coherente con mi aproximación científica y personal es partir y priorizar en nuestras investigaciones de las subjetivas interpretaciones y experiencias del equipo de la CIFEL y ver qué podemos consensuar. Y esperamos que el modelo que vayamos elaborando nos ayude a repetir y estabilizar nuestras experiencias de felicidad plena en el mundo. LECTURA DEL TEXTO A lo largo del documento describiré el modelo con las lógicas limitaciones del lenguaje escrito para describir vivencias internas, tales como la de posibilidad de interpretar los significados de distintas formas, pero, especialmente, la posibilidad de fortalecer apegos a las creencias. Y precisamente esta última circunstancia es especialmente contradictoria con la perspectiva vital de la atención plena. De hecho, entiendo que la felicidad desde la atención plena se experimenta en la medida en que nos desapegamos de todos los significados que se atribuyen a la vida. Si se lee el documento creyendo que las creencias expresadas en él son las “buenas” creencias recomendadas aquí para experimentar la felicidad pues ya se

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está leyendo la descripción del modelo de forma equivocada. Lo que en definitiva quiero expresar es que propongo leer el texto pensando en que contiene creencias a contrastar y que éstas, aunque se consideren veraces, también constituyen un obstáculo para ser felices si no se produce el desapego de ellas. Empezaré la presentación del modelo describiendo y explicando esta afirmación. Posteriormente iré presentándola de otras formas en la medida que la relacione con otros procesos cognitivos. Con toda esta presentación, sugiero adoptar una amable e incondicional auto‐ aceptación para auto‐descubrirnos en estos aprendizajes, tanto para contrastar lo que se afirma como para indagar en todo aquello que falta en el documento. Quedan muchos más conocimientos por descubrir y que poco o nada se aluden en el texto. Es una invitación a recorrer el propio camino usando, si se desea, las orientaciones de la atención plena que previamente han resultado valiosas para otras personas y también para mí. II. PROCESOS COGNITIVOS DE LA FELICIDAD DESDE LA ATENCIÓN PLENA 1.‐ EL DESAPEGO DE LAS CREENCIAS: DEL MODO MENTAL HACER AL SER abeceslascosasnosalecomoquieres Marc, 6 años Un proceso cognitivo fundamental para ser feliz es conocerse. Pero ¿qué entendemos por conocer?. La psicología cognitiva describe el conocimiento como una composición de representaciones del mundo (creencias, imágenes, modelos del mundo…) unidas a una actitud epistémica hacia ellas. La actitud epistémica constituye la relación que la mente establece con la representación. Esta relación incluye la credibilidad que tiene la representación y su valoración afectiva y conativa: de necesidad, anhelo, deseo, rechazo… Este conjunto de representación más actitud epistémica constituye el entramado mental en que habitualmente nos situamos y al que ahora vamos a prestar atención para conocer cómo conocemos habitualmente y cómo conocernos de otra manera para ser felices. Las hipótesis de partida de este enfoque de atención plena consisten en que si ponemos atención a nuestra relación con las creencias y pensamientos derivados a partir de ellas caminaremos hacia el auto‐conocimiento y la felicidad. Al conocernos descubriremos dos modos de usar la mente, el estado mental Hacer y el estado mental Ser y cómo buscamos la felicidad en el Hacer y la encontramos en el Ser.

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1.1.‐ NO SOMOS LO QUE PENSAMOS NI LOS PENSAMIENTOS SON LOS HECHOS. El hecho de observar la relación mental con las creencias constituye la base de este entrenamiento para conocerse y ser feliz. Esta acción ya implica tomar una distancia mental entre las creencias y sus pensamientos derivados y nosotros mismos, pudiendo así observar detenidamente las relaciones con ellas. Esto implica identificarse con el observador de los pensamientos y, entonces, podemos concluir que nosotros no somos los pensamientos. Esta es una premisa fundamental en la atención plena. Si no eres lo que piensas, entonces puedes ser sin pensamientos basados en las creencias. Esto es lo que pretende la atención plena, entrar en el estado mental denominado Ser desapegado de las creencias. En este estado nuestra mente puede observar cómo surgen los pensamientos, puede reconocerlos y dejarlos marchar amablemente sin quedarse atendiendo las correspondientes creencias y fluyendo el pensar de otra manera que describiremos. Así, no apegándose a los pensamientos se siente mejor la esencia de uno mismo, se “sueltan” los significados aprendidos y uno se siente directamente, sitiendo la vida en el presente sin la mediación propia de nuestro proceder cognitivo basado en creencias. Este estado mental de Ser es el que iremos describiendo a lo largo del documento como el estado mental propio de nuestro ser feliz. En este estado mental de Ser dejamos de reflexionar cognitivamente y pasamos a sentir nuestras observaciones en el pensamiento. Así la mente parece tener unido el corazón, la vivencia afectiva, con la observación contemplativa de lo que la vida ofrece en cada instante. Más adelante describiremos más ampliamente esta experiencia. Volviendo a prestar atención a la actitud epistémica: si no somos los pensamientos entonces podemos aprender a observar cómo nos relacionamos con ellos y, por tanto, también, cómo los construimos. En este sentido podemos enunciar otra premisa fundamental de la atención plena relacionada con nuestro distanciamiento de los pensamientos basados en creencias y es que al separarnos de ellos podemos comprobar que no se corresponden con los hechos, que lo que pensamos está equivocado y no es lo real, sino que se trata de una construcción (constructivismo radical). El hecho de sentirnos distintos a nuestros pensamientos y de poder observar que se basan en creencias permite encontrar sus errores y su desajuste con el momento presente. Los pensamientos construidos con creencias nunca son una representación real de la vida, sino una construcción con inevitables distorsiones debidas a las limitadas capacidades humanas, aunque en muchas ocasiones nos parezca imposible dudar de ello. Para comprender este efecto de “realidad indiscutible” simplemente hay que comprender la lógica persuasión que produce construir comprensiones desde premisas que tenemos firmemente arraigadas como ciertas. Por tanto, normalmente, no podemos “salirnos” y cuestionar mentalmente nuestra explicación, pues no podemos razonar todos los puntos de partida a cada momento. Acumulamos millones de creencias que nos parecen ciertas e incuestionables. Si seguimos observando cómo nos relacionamos con nuestras creencias, también podemos descubrir que, normalmente, en la mayor parte del tiempo adoptamos una relación epistémica de apego. Se puede observar, con la mente tranquila, cómo

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aparecen pensamientos que reflejan creencias y que nos seducen y atraen la atención mental. Esta tendencia a prestar atención a los pensamientos refleja nuestro apego hacia las creencias y pensamientos derivados con todos sus procesos cognitivo‐afectivos relacionados. Aunque consideremos “insegura” o poco creíble una de ellas siempre estaremos dispuestos a aferrarnos a ella de alguna manera (como una posibilidad a examinar) o a buscar su sustituta para aferrarnos también. Este proceso cognitivo es central en el uso mental habitual y que, en atención plena, se denomina modo mental Hacer. A partir del apego a las creencias se desarrollan los procesos cognitivos en el Hacer ya de una forma peculiar y diferente de cómo funcionamos desde el modo mental Ser. En lugar de sentir el corazón y de observar contemplativamente la vida, pues reflexionamos, reaccionamos con respuestas aprendidas, etc. En general, al apegarte a tus creencias llevas la atención mental y tu “vida” a la intelectualización o racionalización deformando tu comprensión y tu vivencia como veremos más adelante. Coloquialmente se puede llamar al uso mental Hacer estado mental Cabezón y se puede comprobar la propiedad de esta denominación, pues como veremos a continuación se trata de una actitud epistémica de mantenernos en nuestras trece. Como podemos imaginar, ambos usos mentales los decidimos en cada instante, aunque predomina normalmente el uso mental Hacer. Incluso es bastante habitual que las observaciones mentales que hayamos tenido desde el modo mental Ser se constituyan en creencias con apego a utilizar por el modo mental Hacer. Se puede pasar del uno al otro de forma casi imperceptible, como si la distancia entre ambos fuera una simple decisión, no muy consciente normalmente. Sin embargo, con entrenamiento mental podemos aumentar nuestra conciencia e invertir estas tendencias. 1.2.‐ PENSAR CON EL MODO MENTAL HACER IMPLICA IMPONER SIGNIFICADOS En el modo mental Hacer, la representación del mundo que hemos creado con nuestras creencias atrapa nuestra atención mental, persuade nuestra inteligencia por aceptar que es creíble y, en consecuencia, genera los procesos de pensamiento y emocionales que fundamentan los procesos cognitivos habituales: percepciones, razonamientos, recuerdos, toma de decisiones y realización de las acciones pertinentes… Y toda nuestra actuación en el mundo, en realidad, solamente tiene sentido desde el mundo simbólico que nuestra mente está manejando como representación de la realidad. Esta concepción del mundo es la que nos impide ser felices en el presente. Nuestra mente se aferra a nuestras creencias y se auto‐limita a la vivencia que ellas y los correspondientes procesos cognitivos presentan en nuestra imaginación independientemente de la situación de vida que tengamos presente en ese instante, que siempre es distinta al pasado. Construimos nuestro “mundo” en nuestra mente, nos identificamos con ello y “vivimos” en ello independientemente de la situación real, rememorando un “mundo pasado”.

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Podemos darnos cuenta que, con frecuencia, detectamos que una representación cognitiva está equivocada y la debilitamos mentalmente en favor de otra representación que nos parece más acertada y verdadera. Nuestros procesos reflexivos del modo mental Hacer permiten este avance. En la medida que corregimos errores nos creemos más cerca de la verdad, de la felicidad. Esta convicción nos permite reforzar nuestra actitud epistémica con nuestras creencias más centrales, más arraigadas y comprobadas cognitivamente, y así, mentalmente, nos vinculamos con ellas como “verdades contrastadas”. Este proceso fortalece el apego a las creencias. Sin embargo, también advertimos que las nuevas explicaciones no nos permiten mantener nuestra felicidad por mucho tiempo, seguimos sin llegar a comprender ni disfrutar todo lo que percibimos y parece pasarnos. Siguen surgiendo interrogantes, preocupaciones… Podemos seguir afirmando que esta nueva concepción del mundo, aunque sea la que hemos elaborado después de una larga experiencia de vida contrastando la veracidad de nuestras creencias, sigue siendo la que nos impide ser felices. Seguimos teniendo con ella una “cárcel mental” que trata de estabilizar en cada momento una determinada visión del mundo que, de alguna manera, sentimos que no llega a servir para el presente. Seguimos en el modo mental Hacer porque todo lo que pensamos desde las creencias sigue estando equivocado, seguimos aferrándonos mentalmente a creencias aprendidas en el pasado sin permitir la vivencia del presente, estamos queriendo imponer nuestros significados del mundo. Y si siguiéramos corrigiendo errores de nuestra visión del mundo, entendemos, desde la perspectiva de la atención plena, que solamente alcanzaríamos la felicidad en el momento en que fuéramos conscientes de que con apego a las creencias nunca tendremos la solución necesaria para ser felices en cada momento. En cambio, en el modo mental Ser, su actitud epistémica de desapego nos permitiría observar con claridad cómo la relación de apego mental a las creencias nos conduce a la asignación cognitiva de significados o creencias a las situaciones, a la vida. Podemos observar cómo una parte de nuestra mente quiere imponer ciertos significados con una actitud epistémica del tipo: quiero que la realidad sea como creo que debe ser o como querría que fuera. Si podemos observar esa parte de nuestra mente, entonces es que tampoco somos esa parte de nuestra mente y podremos concluir que esa acción mental observada es el actuar propio y habitual del modo mental Hacer: siempre tratando de imponer los significados propios a la vida. Si fuésemos conscientes completamente de este proceso de imponer significados desde el modo mental Hacer observaríamos la chocante contradicción de que las emociones que no queremos sentir son fruto de pensamientos elaborados desde una actitud epistémica de apego que nos lleva a imponer voluntariamente, pero habitualmente de forma poco consciente, los significados correspondientes que nos generan las emociones indeseadas, aunque digamos que no queremos vivirlas. 1.3.‐ EL DESAPEGO DE LAS CREENCIAS EN EL USO MENTAL DEL SER Si podemos comprobar que no podemos representar nunca la realidad de forma acertada por medio de creencias, podemos ser conscientes de que podemos desarrollar la actitud epistémica alternativa de desapego de nuestras creencias.

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¿Y qué significa una relación epistémica de desapego con las creencias? Pues desapegarse de éstas no significa olvidarlas, algo que resulta imposible, sino utilizarlas de otra manera, al servicio de nuestro sentir: aun conociendo sus significados tenemos la apertura mental que nos permite no subordinar nuestra atención a ellos sino, más bien, atender los sentidos que surjan de nuestra mente contemplativa que parece estar unida con el corazón y la situación. Por ejemplo: sé que es un lápiz, sé muchas cosas sobre los lápices, pero en el modo mental Ser pienso y utilizo ese objeto según lo siento y eso puede ser de acuerdo con las creencias que poseo (pero de forma sentida!, no intelectual) o de acuerdo a otros significados distintos que me surjan de forma intuitiva, sentida. Las creencias solamente serán una solución cuando nos conduzcan a desapegarnos de ellas para sentir el presente sin querer imponer sus significados. La vida, siempre cambiante en sus formas, no puede nunca entenderse en el presente desde creencias establecidas en el pasado. Si atiendes mentalmente a los pensamientos basados en creencias que surgen incesantemente entonces te alejas de sentir lo que sucede, de sentir quienes son los otros, de sentir quién eres tú, de sentir la solución feliz para todos. La experiencia humana en las formas que percibimos siempre es única en cada instante y se trata, por tanto, de estar abierto mentalmente a la nueva situación. Esta es la cualidad del estado mental Ser. En este estado no se interpreta la vida desde las creencias, nuestra mirada capta y siente la esencia de las situaciones sin aferrarnos a nuestra construcción mental del mundo, dejamos pasar nuestras creencias al respecto. Amablemente seguimos en nosotros sin atender los pensamientos. Somos felicidad. 1.4.‐ LA DIMENSIÓN IMPLÍCITA DE LAS CREENCIAS A fin de poder comprender los procesos que estamos describiendo sobre el desapego a las creencias necesitamos advertir que éstas se activan en nuestra conciencia y se muestran en forma de imágenes, conceptos, modelos… que denominamos pensamientos, pero que también se activan de forma semi‐ consciente, de manera aparentemente espontánea, mientras que otras creencias pasan apenas percibidas o, simplemente, quedan inconscientes a la espera de activarse. Este carácter implícito explica la sutil dominancia que el modo mental Hacer suele ejercer. Incluso de forma inadvertida para nosotros. En nuestro cuerpo está arraigada una representación del mundo que constituye una base de representaciones con las que opera el cerebro (mente encarnada). Sus asociaciones conforman teorías implícitas con creencias de distinto grado de explicitación. Para observar su efecto podemos prestar atención a nuestra vida afectiva y a nuestras sensaciones corporales, pues estas reacciones delatan las creencias dominantes en nuestra mente: podemos pensar en algo teóricamente agradable pero sentirnos con emociones y sensaciones desagradables por el apego y dominio en credibilidad de otras creencias no conscientes completamente. Así pues, es importante reconocer nuestro sistema de creencias con la mayor profundidad posible. Podemos desarrollar la habilidad de observar en nuestros pensamientos automáticos las creencias que se mueven en los niveles atencionales semi‐conscientes y ser conscientes de sus efectos en el pensamiento, las emociones, las actuaciones, las relaciones…

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Esta dimensión implícita es la que explica la insuficiencia de los modelos cognitivo racionales que solamente se proponen la reestructuración cognitiva en los procesos conscientes. Por mucho que tengamos claro que una idea no es racional, no podemos dejar de sentir su influencia emocional hasta que modificamos su significado en su dimensión más implícita y, así, facilitar nuestro completo desapego de ella. 1.5.‐ PARA SER FELICES SE TRATA DE NO HACER NADA COGNITIVAMENTE CON NUESTRAS CREENCIAS SINO SOLAMENTE ENTRAR DIRECTAMENTE EN LA EXPERIENCIA PRESENTE Para evitar los efectos no deseados de nuestro sistema de creencias, la atención plena propone que cambiemos radicalmente nuestra actitud epistémica con todas nuestras representaciones cognitivas, que liberemos nuestra mente considerando que todo lo que creo y lo que pienso a partir de ello está equivocado y empecemos a utilizar el modo mental Ser. Los pensamientos que surgen en el modo mental Hacer para animarnos a resolver situaciones, a pensar en distintas estrategias… son simples sucesos que nada tienen que ver con lo real de ese instante. Se puede dejarlos partir con amabilidad y quedarnos en el modo mental Ser. En realidad el modo mental Ser no precisa nuestra colaboración cognitiva para realizar ningún proceso, precisamente se caracteriza por no hacer nada en ellos: la nueva percepción, los recuerdos con desapego, la nueva toma de decisiones… surgen de otra manera, fluyendo sin cavilar, en unión con el corazón y la situación, ellos se auto‐desenvuelven solos. Lo que sí presentaremos más adelante es una descripción cognitiva de cómo parece operar para estimularlo, reconocerlo y aprender a no operar mentalmente para, así, mantener su activación. Si se observa detenidamente la experiencia que tiene lugar cuando percibimos el mundo desde el modo mental Hacer, podremos ver cómo los pensamientos se sobreponen a la experiencia y te impiden vivirla directamente, no puedes sentir armonía con ella, tienes creencias, deseos que imponer, con sus correspondientes emociones... Conforme te centras en esos pensamientos y vivencias afectivas te distancias de la experiencia, te desarmonizas, no escuchas ni participas en su ritmo... e, igualmente, te distancias de la unión afectiva sutil los demás. Estás reviviendo el pasado, mental y afectivamente no estás en la experiencia. En cambio, con el modo mental Ser se puede pensar unido con la experiencia y no sobre ella, como sucede en el Hacer, que se basa en nuestros valores o intereses personales. A partir del desapego a las creencias y con la suspensión de los procesos cognitivos del Hacer, se puede sentir uno con la experiencia en lugar de te emocionarse con resentimientos del pasado o emociones por expectativas de futuro. Pensar y sentir la experiencia resulta entonces algo simultáneo y dichoso. La experiencia del estado mental Ser será muy importante para que nuestra voluntad decida permanecer en el presente y no en el mundo imaginado desde el modo mental Hacer ya que podremos observar que es una experiencia más plena y satisfactoria que la experiencia generada desde el modo mental Hacer. Pero hay que probarla para entender a qué alude este escrito.

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Prestar atención plena a las entradas sensoriales permite experimentar el presente e inhibir el proceso de recuperar y asignar significados del pasado. También impide estar imaginando futuros mientras atendemos tareas de presente, ya que sentimos que todo lo que pensamos desde el pasado está equivocado, y nuestro deseo es captar el presente y disfrutar con él en el ahora sin querer imponer determinadas expectativas. La disminución de actividad cognitiva basada del Hacer se consigue con más facilidad cuando se presta atención a actividades que impiden el uso de creencias. Especialmente útil es llevar a atención a las sensaciones físicas de la respiración. Siempre son cambiantes y “nuevas” si la mente no se distrae. La observación es contemplativa, en lugar de pensar y juzgar nuestra identidad y el devenir diario podemos observar sin juzgar con ningún tipo de criterio, sin anticipar ganancias o pérdidas. Podemos observar de forma separada nuestros pensamientos del Hacer, no somos lo que pensamos, y reconocer sus contenidos pero de forma desapegada: “bien, veo que juzgo… percibiendo en esta situación la separación en forma de…; pero nada de eso está sucediendo ahora, agradezco la muestra de creencias que todavía activo, pero elijo desapegarme de ellas y seguir en el presente desde el Ser”. El devenir constituye solamente cambios que no sabemos para qué se producen. Desde el Ser se incrementa la conciencia al aprender las consecuencias en nuestra vida de cada acto mental, empezando por si decidimos atender los pensamientos, o no, y siguiendo por la observación de los procesos desencadenados posteriormente: si seguimos o evitamos nuestras preferencias, si percibimos nuestros deseos de imponer significados, las lecciones que la vida nos enseña al ponernos al descubierto nuestros errores… La primera creencia que entendemos que fundamenta y desarrolla el modo mental Hacer es la que afirma que la realidad se compone de elementos separados. Precisamente es la experiencia opuesta a la más característica del modo mental Ser: la de sentir Unión o una Unicidad con todos y con todo. 1.6.‐ LA CREENCIA EN LA SEPARACIÓN JUSTIFICA AL MODO MENTAL HACER Y FUNDAMENTA SUS APEGOS Y PROCESOS COGNITIVOS La percepción desde el modo mental Hacer distingue distintos objetos, distintos acontecimientos, distintas entidades, distintas personas… y todo ello nuestra mente lo percibe separado. Aunque podamos observar algunas relaciones particulares nunca llegamos a percibir todo el mundo de forma conectada y, mucho menos, sentirlo así. La credibilidad y apego a la creencia en la separación se facilita gracias a la limitación cognitiva humana general: desde la captación de estímulos sensoriales hasta la incapacidad para detectar interrelaciones complejas. Poder distinguir realidades separadas es lo que fundamenta que podamos operar mentalmente con esos elementos y, así, procesar la información que los distingue y representa. De esta forma podemos percibir diferencias, juzgarlas, compararlas, establecer relaciones causales, recordarlas… Desde esta perspectiva de separación podemos percibir muchas experiencias infelices: nos podemos sentir solos, cómo nos atacamos unos a otros como

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entidades separadas, cómo carecemos de cosas externas… Incluso cuando nos sentimos unidos con los demás desde el modo mental Hacer, si observamos más ampliamente, podemos comprobar que suele ser una “unión” bastante reducida: con solamente algún aspecto de una persona o grupo, solamente en un limitado momento… y que en nuestra mente guardamos celosamente nuestras diferencias y distanciamientos más o menos intensos con todo lo demás. Y es que el yo del modo mental Hacer necesita mantener la creencia en la separación para poder seguir operando cognitivamente y para ello dispone del apego a todo un sistema de creencias desarrolladas desde la separación para explicar este mundo. Pero, ¿acaso es que esas experiencias no son las normales en nuestro mundo de separación?. Pues así lo es para el modo mental Hacer, que percibe desde su construcción mental un mundo con separación, pero, en cambio las experiencias desde el modo mental Ser ponen en entredicho tal creencia pues se siente una proximidad/unión/unicidad que incluye a los demás y la naturaleza, sintiéndonos más cercanos, más unidos en nuestra mente y en nuestro corazón, aunque “lo externo” parezca separado con mayor o menor distancia física. Intuimos que la plenitud de la felicidad solamente se da en la Unión completa de todo nuestro Ser con todo lo que nos rodea, con la vivencia de una Unicidad Completa. Un solo pensamiento basado en la creencia de separación que apareciera activo y atendido en nuestra mente nos haría perder el estado mental del Ser para volver al Hacer. Es como si la vivencia del Ser es radicalmente del todo o nada: te sientes y te unes con todo o no puedes ser feliz plenamente… quedándote entonces solamente con una felicidad limitada. A continuación seguiremos describiendo el proceso cognitivo fundamental que permite la creencia en la separación y que da lugar a los principales procesos de infelicidad: juzgar las diferencias y cambios que suceden entre los elementos “separados”. 1.7.‐ DESAPEGADOS DE LAS CREENCIAS Y NO HACIENDO NADA COGNITIVAMENTE SURGE LA FELICIDAD PLENA Percibir, decidir, emocionarse, luchar, practicar el sexo… ninguna acción o experiencia interna / externa que conozcamos desde el modo mental Hacer se asemeja a la experiencia desde el modo mental Ser. Afortunadamente podemos recordar experiencias, muchas de ellas infantiles, con las que describir/reconocer, con alguna aproximación, cómo son las vivencias del Ser, pero nuevamente tenemos que destacar la insuficiencia de las palabras para esta descripción. Cuando nuestra mente fluye libremente de las creencias surgen cualidades que son propias de las vivencias de felicidad del Ser. Listamos a continuación un conjunto de posibles descripciones de esa experiencia plena de felicidad desde el Ser en sus distintas dimensiones entremezcladas holísticamente: -

dulzura, paz, alegría... de una menor o mayor intensidad y pureza; el cuerpo carece de tensiones y recupera armonía y bienestar en todos sus aspectos: morfológicamente sus distintas partes ocupan su posición 11


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natural, fisiológicamente el funcionamiento de los órganos es fácil y se siente como agradable...; “pérdida” de la motivación por los apegos aprendidos y agradable experimentación de las actividades que se presentan, aunque habitualmente nos parezcan sin apenas valor; sensación de fluir en el tiempo, no hay prisa, existe una paz intemporal; se experimenta sensaciones de conexión con todo lo que nos rodea y se siente que conformamos una unidad; se encuentra belleza y armonía en el entorno; sensación de grata plenitud y coherencia entre el cuerpo, los sentimientos, los pensamientos y la acción; las relaciones con quienes nos rodean en ese momento parecen más próximas, sin los obstáculos cognitivo‐afectivos que las dificultan en unas ocasiones o las quieren “facilitar” en otras; la acción interpersonal es directa, carente de estrategias; se aprecia reciprocidad y algún tipo de cuidado en los demás; se disfruta el presente y se “olvidan” recuerdos condicionantes del pasado o no se lanzan expectativas sobre el discurrir de los acontecimientos, nuestra cognición obtiene sus productos con facilidad, directamente, sin esfuerzo; de la mente desaparecen los pensamientos amenazantes, incluso en aspectos que habitualmente generan temor; las intuiciones aparecen con facilidad; los conocimientos se distorsionan menos, se ajustan más a la realidad que vivenciamos; puedes alegrarte por una tontería o reírte hasta llorar con una intensa emoción que nace de una sensación interior de unión con otros; la felicidad no excluye a nadie ni a nada, se comparte con todo y con todos hasta llegar a todo y todos…

Como se puede apreciar, se puede disfrutar de la felicidad en todas las dimensiones humanas posibles desde el Ser: el disfrute de las sensaciones corporales, de las emociones, de los sentimientos más elevados, de la experiencia social con los demás, de la armonización con la naturaleza y con todo lo que nos rodea, de la experiencia mental e, incluso, de posibles experiencias del campo metafísico que no abordamos en este documento por exceder ahora nuestras pretensiones. A partir de este listado podemos caracterizar, grosso modo, la vivencia desde el estado mental del Ser, que puede ser muy clara e intensa o más débil e imperceptible. Puede que sus distintas dimensiones se sientan igual de intensas o unas más que otras. Las características o cualidades en que se vivencian las experiencias que se describen ‐armonía, facilidad, presente, dicha, plenitud, aceptación, belleza, fluidez, cariño, confianza, inocencia, etc.‐ se pueden observar en todas las dimensiones y experiencias (en menor o mayor intensidad). Con la felicidad plena nos expresaríamos e interactuaríamos con plenitud en todas estas cualidades y en todas nuestras dimensiones e interacciones alcanzando una dicha de máxima intensidad. Fondo y forma, mensaje y medio, estructura y contenido

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armonizarían en la felicidad plena en un todo de manifestación única y pleno de dicha. Podemos aprovechar cualquiera de esas dimensiones y cualidades para inducir la vivencia del modo mental Ser y, en ese instante vivir felizmente el resto de dimensiones y cualidades. Nosotros describimos, no obstante, un orden lógico secuencial para explicar el modo mental Ser. 2.‐ LOS JUICIOS COGNITIVOS Y LAS EMOCIONES CAUSAN APEGO A LAS CREENCIAS. PERO TAMBIÉN PODEMOS ACEPTAR Y SENTIR INTUITIVAMENTE PARA TOMAR DECISIONES DESDE EL DESAPEGO DE LAS CREENCIAS Ya hemos indicado que cuando nos relacionamos con nuestras creencias creyendo que son verdaderas se establece un apego hacia ellas. En este caso, este apego se debe a un juicio de credibilidad: juzgo que una creencia es verdadera, por tanto, puedo hacerla mía, confiar y pensar a partir de ella. El proceso de juzgar es central en el modo mental Hacer y clave para el apego a las creencias y el resto de procesos cognitivos propios de la infelicidad. Veamos otros tipos de juicios y también cómo facilitan el apego a las creencias: ‐

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Los juicios morales: si creo que algo está bien o está mal, puedo pensar a partir de la creencia sobre ese algo para decidir mi actuación, apegándome a ella desde ese juicio si me da “buen” resultado. Gracias a las creencias morales puedo saber qué debo hacer. El modo mental Hacer parece que nos puede guiar con racionalidad moral en la vida. Los juicios estéticos: aquello que juzgue como bello o feo también me genera apego a las creencias correspondientes, pues me permiten razonar y justificar lo bello. Los juicios pragmáticos: aquellas creencias mediante las que juzgue algo como útil o inútil formará parte de mis razonamientos para decidir acciones. Me apego a estas creencias porque me permiten razonar y encontrar la eficiencia. Y, especialmente, como describiremos más adelante: o El juicio de la autoestima. o El juicio del bienestar. o El juicio de culpabilidad.

Y así sería siempre con todo tipo de juicio, el modo mental Hacer, con el apego a las creencias, confía en ellas para juzgar y encontrar las respuestas a las situaciones que la vida nos presenta. 2.1.‐ ¿QUÉ SIGNIFICA JUZGAR DESDE EL MODO MENTAL SER? El único juicio mental fundamental que podemos realizar desde el modo mental Ser constituye el reconocimiento de tener nuestra mente en el modo mental Ser y que, por tanto, nos despegamos de las creencias y sentimos el presente.

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Desde el Ser, nada del presente se juzga cognitivamente sino que se va a sentir, y al no atender pre‐juicios, ni deseos o expectativas se sabrá al instante en cada situación qué se siente que se quiere hacer sin que haya una norma concreta sobre las situaciones humanas específicas que se siga siempre, excepto la de mantener / volver al estado del Ser. No habrá imposición de significados. 2.2.‐ PODEMOS DEBILITAR LOS PROCESOS DE JUICIO Y FLUIR MENTALMENTE DESDE EL SENTIR DEL MODO MENTAL SER La atención plena nos propone como alternativa a las creencias y al juicio cognitivo la acción mental directa de sentir desde el modo mental Ser. Una mente desapegada de las creencias no puede juzgar desde representaciones del pasado, sino que siente el presente y la opción a elegir para cada momento. Es un sentir unido a la consciencia cognitiva en modo contemplativo, no reflexivo, y que, por tanto, no nos genera emociones basadas en el apego a creencias derivadas de la separación. El sentir conlleva dos procesos: aceptar e intuir. Sentir, aceptar, intuir se producen, al igual que todos los procesos de la mente del Ser de forma inherente. 2.2.1.‐ Intuir desde el modo mental Ser Este proceso de intuir, deviene de forma natural cuando nuestra actitud epistémica es de desapego con las creencias pues éstas ya no serán las que queramos utilizar para predecir el futuro. No se puede entrenar la intuición en sí misma, sino solamente aprender a que se active y a reconocerla. Al entrar en el modo mental Ser surgirá de forma natural el pensamiento sobre cómo proceder en cada momento sintiendo que deseamos, queremos y disfrutamos lo que nos surge en la mente sin reflexión, como cuando fluimos de niños en los juegos. Por tanto, se reconoce fácilmente por las sensaciones y sentimientos sutiles propios del modo mental Ser. Es fácil contraponerla con la impulsividad propia de la ansiedad o con el cavilar reflexivo del modo mental Hacer. Ahora las decisiones ya no se toman mediante el cálculo medio‐fines. La razón instrumental se subordina a la intuición. Sin necesidad de reflexión (todo lo que pienso desde el pasado está equivocado) puedo sentir y saber cómo proceder. El pensamiento intuitivo es una experiencia holística que fluye con la situación y los demás con un clima interior de paz, de amor. De forma paradójica, la intuición del modo mental Ser también se puede realizar en el caso de la realización de un juicio jurídico. Los jueces, fiscales, etc. también pueden tomar decisiones desde el sentir. Todas las actividades humanas se pueden aprovechar del disfrute de la intuición. Incluso se ha comprobado que pueden surgir si nos preguntamos algo antes de dormir, parece que suelen aparecer las respuestas después de despertar.

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2.2.2.‐ Aceptar desde el modo mental Ser En el modo mental Ser, dado que no prestamos atención mental a las creencias no podemos aplicar prejuicios ni juzgar ninguna situación y, por tanto, todas las situaciones se aceptan. Dado que no les queremos imponer nuestros significados solamente tenemos la opción de aceptarlas tal como vienen y sin prejuzgar daños o logros. Juzgarlas sería querer imponer a la vida nuestras creencias. Y esto sucede también cuando desde el modo mental Hacer nos surge un juicio con aceptación de la situación, dado que sería por la conveniencia encontrada desde un juicio basado en determinado criterio procedente del apego a alguna creencia del sistema de separación. Por tanto, al desaparecer los juicios no surge otra opción que aceptar lo que la vida nos presenta en cada instante observándola contemplativamente sin encontrar nada que sea bueno / malo, bello / feo, útil / inútil… sino que el sentir ocupa nuestra atención mental: sentimos qué hacer, sentimos la belleza, sentimos la acción adecuada… sin necesidad de utilizar los razonamientos basados en nuestra representación del mundo ni los apegos hacia determinadas creencias sobre determinados sucesos que deseamos revivir o evitar. Sentimos siempre felicidad en algún aspecto e intensidad de su plenitud. Es evidente que el significado de aceptar desde el modo mental Ser es diferente que desde el modo mental Hacer. De hecho, desde el Ser no tendría nunca un significado en forma de creencia. Desde el modo mental Hacer, aceptar puede significar también acomodarse con algo no deseado: conformismo, pasividad, reconocer que el otro tiene razón pero sin sentir paz con ello… En cambio, desde el modo mental Ser, cuando sucede algo que sentimos que no coincide con lo que queremos sentir seguimos en paz y confiamos en que nuestra intuición nos dirá qué hacer al respecto. Y esa solución que sentiremos la sentiremos como la propuesta más adecuada para seguir en esa situación particular: puede ser aceptar la nueva situación y vivir el cambio, puede ser actuar para revertir algo de algún modo.., pero en todos los casos el modo mental Ser facilitará que esa respuesta sea sentida como un aspecto de la felicidad, no habrá juicios en la mente, ni resentimientos y armonizará con todos los participantes y aspectos implicados. Si la aceptación la desarrollamos desde el modo mental Hacer estableceremos una lucha interior, de mayor o menor intensidad, que nos alejará de la experiencia de felicidad. Aceptar desde el Ser también significa necesariamente aceptar la libertad de los demás y de uno mismo incluso permitiéndonos aceptar que los demás ataquen su propia felicidad porque libremente así lo deciden, y eso no significa apoyar aquellas acciones que menoscaben la felicidad. En este caso, podemos actuar con el máximo respeto a su libertad apoyando su cambio hacia la felicidad facilitándole, en lo posible, su mayor auto‐conocimiento y consciencia de la situación. Igualmente, manteniendo nuestra felicidad, en su aspecto externo más armónico, ya constituimos un apoyo para la propuesta de aceptar la propia felicidad. Con esa actitud de respeto podemos facilitar la auto‐observación y el aprendizaje de las consecuencias de los actos mentales no cuidadosos con uno mismo. Esta actitud resulta bastante controvertida en casos determinados, pero va ligada a la

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conciencia del pleno empoderamiento personal: nadie más que tú puede hacerte daño, puedes elegir siempre ser feliz. 2.3.‐ VIVENCIA AFECTIVA EN EL HACER Y EN EL SER 2.3.1.‐ Las emociones apoyan el apego a las creencias desde los juicios del hacer pero también refuerzan la voluntad de ser. Cuando el modo mental Hacer busca respuestas en los juicios para desenvolverse en las situaciones genera de forma automática emociones fundadas en creencias de separación. Básicamente, si el juicio establece una conclusión relacionada con el cumplimiento de un deseo (o incumplimiento de un temor) entonces se generan emociones agradables: alegría, paz, pasión, amor… En cambio, si el juicio concluye con el incumplimiento de un deseo (o el cumplimiento de un temor) aparecen emociones desagradables: miedo, rabia, tristeza… La obtención de emociones agradables en determinadas ocasiones, o evitación de las desagradables, constituye un mecanismo de condicionamiento que nos aferra al modo mental Hacer con sus creencias y juicios. Este condicionamiento intermitente nos impulsa reactivamente, con automatismos asociativos, a repetir pensamientos y conductas que en el pasado relacionamos con una meta deseada. Por tanto, dado que juzgar produce tanto emociones agradables como desagradables, podemos incorporar las alegrías emocionales del Hacer dentro del proceso del sufrimiento que sentimos cuando aparecen después las desagradables, ya que son las que colaboran para aferrarnos a un juicio sobre la deseabilidad de algo que nos duele al no lograrse. Incluso con estas creencias y juicios podemos llegar a notar que hemos creado una necesidad respecto a las situaciones vinculadas a las emociones mediante sus correspondientes deseos, tal como si de una adicción se tratara. Cualquier emoción del Hacer, sea del tipo que sea, indica que atiendo pensamientos con creencias o juicios equivocados que impiden la conciencia y experiencia del presente en un acto de plena felicidad. En ocasiones puede aparecer una intensa experiencia de felicidad limitada que se puede alternar intermitente y rápidamente con instantes de felicidad plena propia del Ser, pues recordemos que ambos modos mentales pueden sucederse el uno al otro con la simple distancia de una decisión, algo que requiere una gran capacidad de auto‐ observación mental. En cambio si nos emocionamos desde el modo mental Ser lo que se refuerza es la voluntad y el deseo de mantener el modo mental Ser. 2.3.2.‐ El sentir y la emoción desde el modo mental Ser versus las emociones del Hacer Y si no juzgamos cuando estamos en el modo mental Ser, ¿entonces qué se siente?, ¿será un momento “de indiferencia”, de aburrimiento?. Efectivamente, en la medida que prescindimos de atender la vida con el apego a nuestras creencias de

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separación y dejamos de alentar juicios desde ellas, entonces se debilitan o desaparecen nuestras emociones del Hacer y, así visto y sin conocer el modo mental Ser, puede parecer una pérdida: no nos alegraríamos al obtener algo “bueno” para nosotros, ni nos entristeceríamos por alguna pérdida no deseada… Así que es fácil preferir seguir aferrados a nuestras creencias y juicios para experimentar esas emociones de alegría o de euforia… o evitar las de miedo, tristeza… Puede que pensemos entonces que prescindir de esas emociones sería una “muerte” en vida, sin alicientes, una monotonía insufrible… No obstante, eso no sucede inicialmente, pues cuando queremos descubrir cómo sería la vida sin emociones del Hacer, hemos de reconocer que no podemos dejar de inmediato el apego a las creencias ni tampoco dejamos con facilidad de hacer juicios conscientes (tal vez salvo en casos de cambio cuántico de personalidad), pues existe una gran cantidad de creencias implícitas que adoptan la forma de prejuicios y también por los numerosos juicios nos pasan desapercibidos en la conciencia por su automatismo y carácter implícito, casi inconsciente. Así que es perfectamente normal creer que no estamos juzgando, pero, sin embargo, tener nuestra mente con numerosos juicios y prejuicios activos. En estas situaciones sentimos emociones pero no detectamos conscientemente los juicios correspondientes por su carácter semi‐consciente o inconsciente. Incluso también es frecuente tener la mente llena de juicios y ni siquiera advertir nuestras emociones por el bloqueo mental que hemos establecido para no vernos afectados por las emociones, es el caso de muchos de nosotros cuando nos parece no sentir nada. Por tanto, habitualmente nos encontramos en los vaivenes de las emociones del Hacer sin saber bien a qué se deben. Pero si observamos interiormente con cierto detenimiento entonces podremos empezar a encontrar todos estos procesos de juicio y sus correspondientes apegos a las creencias. Perfectamente podemos considerar a estas emociones como las señales perfectas para detectar nuestros apegos y procesos cognitivos del Hacer menos conscientes y empezar así a vivir desde el Ser. En cambio, con la mente en el estado del Ser, la vivencia afectiva no solamente también contiene una vivencia emocional, como describiremos más adelante, sino que también tiene un sentir que ahora vamos a diferenciar de la vivencia emocional. El sentir surge de forma natural cuando entramos en el modo mental Ser y se puede describir como una gama de sentimientos interiores más sutiles, como de una calidad más pura y diferente de la emocional, que parecen como más elevados y que siempre contienen dicha, en mayor o menor intensidad. También parecen emanados, básicamente, del amor. Siempre son muy agradables y pueden combinar el amor con la paz, con la alegría, con la dulzura, con el cariño… De ninguna forma aparece ninguna mezcla con el miedo, la ira, la tristeza… Dado que el amor parece el sentimiento sutil básico, para diferenciarlo de la emoción del amor podemos aludir a la experiencia interior de sentir súbitamente un amor en una parte más profunda de nosotros y que a continuación nos puede generar una emoción con un amor menos sutil, más denso, que puede corresponder tanto al modo mental Hacer como al Ser. Un ejemplo concreto: alguien nos hace una demostración de amor inesperada, surge un sentimiento sutil

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del Ser y nos puede conmover seguidamente con una emoción de amor, llanto incluido. Esta emoción de amor puede proceder de la misma experiencia de amor sutil que nos permitimos expresar emocionalmente vibrando desde el Ser, pero también puede proceder de un juicio del modo Hacer, por el apego, por ejemplo, a una pasión amorosa hacia la persona en cuestión. Vemos aquí de nuevo lo instantáneo del actuar de ambos modos mentales que, en un instante de apariencia infinitesimal, puede fluctuar de un modo a otro. Ello constituye una dificultad más para cuando empezamos a realizar estas distinciones. Así que la vivencia afectiva desde el modo mental Ser contiene tanto los sentimientos sutiles como las emociones, aunque puede que no sepamos, en un principio aunar o discriminar ambas. La vivencia emocional desde el Ser la podemos distinguir de la emoción del Hacer no solamente por la cualidades mentales experimentadas en el estado Ser sino también porque su armonización con los sentimientos sutiles le da una plenitud de la que carece la emoción del Hacer. Esta plenitud emocional desde el modo mental Ser significa que sentimos solamente las emociones agradables en ciclos de intensidad variable pero con una dicha/amor sutil constante. Por ejemplo: un subidón adrenalítico de euforia por un sentimiento sutil de alegría con una dicha elevada será seguido necesariamente por un bajón de la adrenalina y la intensidad de la alegre euforia pero que se puede transformar en otra emoción agradable como, por ejemplo, una plena serenidad sin que baje en ningún momento la intensidad o disfrute más interior de la dicha. Evidentemente esta secuencia ilustraría la vivencia afectiva perfecta, cuando ya fuera constante y elevado, o intenso, el uso mental del Ser. En la medida que podemos experimentar los sentimientos más sutiles del Ser en armonía con la plenitud emocional decidimos más fácilmente desapegarnos de las creencias y de los procesos cognitivos del modo mental Hacer. 3.‐ JUICIOS DESTACADOS EN EL MODO MENTAL HACER 3.1.‐ EL JUICIO DE LA AUTOESTIMA: PARA SER FELICES PODEMOS DEJAR DE QUERER MEJORAR NUESTRA AUTOESTIMA Un juicio fundamental que refuerza el apego a las creencias es el que realizamos sobre nosotros mismos con el criterio de ser especial. Se realiza bajo la sugestión de la creencia de que podemos ser felices si del juicio se desprende que somos especiales, es decir, que nuestro yo está por encima de los demás en los aspectos que se estén considerando. Así, a partir de la creencia de que seremos felices si somos más especiales que los demás, se genera el deseo de ser especial. Se puede observar tanto cómo aspiramos a ello como el deseo de no dejar de serlo si las situaciones parecen amenazantes para nuestro yo. Desde el modo mental Hacer no reconocemos que nuestro autoconcepto está configurado por creencias que no pueden abarcar lo que somos. Creemos que esas creencias nos representan realmente y así, configuramos nuestra identidad. Estas

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creencias se constituyen en roles, preferencias, amaneramientos… que se tiende a representar desde esquemas cognitivos automatizados sin expresar fluidamente otras cualidades que pueden emerger en cada instante. Existen numerosas creencias que nos hemos atribuido a partir de aprendizajes del pasado que no pueden reflejar nuestro presente, como se postula desde un principio: todo lo que pienso, en este caso sobre mí, está equivocado. Lógicamente, la primera creencia que permite y fundamenta este juicio y deseo de ser especial es la de considerarnos separados de los demás, con su correspondiente individualismo, competitividad… incluso llevado al caso de los grupos, como identidad colectiva, donde también se distingue y se aspira a ser especial, con todas sus dinámicas propias (asumir especialismo por los rasgos del grupo, etc.). Pero también podemos reconocer otras creencias derivadas de la separación como son: ‐ Las creencias de carencia: de ciertos atributos, cualidades, posesiones… que generan la correspondiente necesidad y dependencia pues no me siento unido a ellas. ‐ Las creencias de identificación con el cuerpo: seré feliz en la medida que juzgue especial mi cuerpo en relación con otros cuerpos distintos. ‐ Las creencias de identificación con los pensamientos: “soy lo que pienso desde la separación” en lugar del observador de los pensamientos que se siente unido. ‐ Etc. Sin embargo, podemos observar que no somos nada de lo que pensamos sobre nosotros mismos. Mis pensamientos no se corresponden con los hechos. Todas nuestras propias (y ajenas) definiciones son falsas autolimitaciones. Desde la separación que asume el modo mental Hacer se desarrolla, desde el nacimiento, nuestro deseo de obtener el reconocimiento propio y ajeno de lo especial que somos, tengamos las cualidades que tengamos. Aprendemos creencias sobre cómo ser especiales o dejar de serlo. Para ello nos juzgamos en todo y con todo, también nos comparamos con los demás y con nosotros mismos en distintas circunstancias. Con nuestro deseo de ser especial queremos llamar la atención, demostrar nuestras cualidades para mostrar sus superioridad respecto a otros, ensalzamos el valor de aquello con lo que nos identificamos, queremos lograr metas especiales, en definitiva mostrar la superioridad de nuestra auto‐imagen creada y auto‐ limitante. Además de luchar por demostrar lo especiales que somos, también luchamos por evitar que se descubra que puede ser que no seamos, realmente, especiales, somos prisioneros de la auto‐imagen que deseamos mantener. Incluso también podemos ser especiales como víctimas de graves pérdidas. Sin conciencia de ello, competimos con todo o nos rendimos en todo para ser especiales, como una adicción. No obstante, este deseo no es ningún problema si aprendemos a identificarlo y a aceptarlo sin dejarnos llevar por él, con desapego.

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3.1.1.‐ Adoptar la autocompasión en lugar de desarrollar nuestro autoconcepto y autoestima Independientemente de nuestras cualidades, de nuestros éxitos y fracasos o errores, puede experimentarse el amor que nos define en esencia. Este sentimiento sutil es el que surge cuando dejamos las creencias de nuestro autoconcepto y los juicios de autoestima sobre lo especial que somos y así surge y sentimos nuestro amor del modo mental Ser, la cualidad inherente que somos. Es decir, no necesitamos juzgarnos ni aceptarnos para tener entonces nuestra emoción de amor sobre nosotros mismos, sino simplemente se trata de Ser. Si nos juzgamos y nos aceptamos entonces aparecerá la emoción de amor hacia nosotros mismos como si fuésemos algo distinto de nosotros mismos, no el amor que somos. Es una esencia vital de los seres vivos. Esta cualidad se puede experimentar desde actitudes similares a la de la Autocompasión que se refiere dentro de la atención plena con meditaciones como la del Amor Bondadoso. 3.2.‐ EL JUICIO DEL BIENESTAR: PARA SER FELICES PODEMOS DEJAR DE BUSCAR NUESTRO BIENESTAR El deseo de ser especial insta a vivir las situaciones más especiales que se pueda imaginar. Así, en el modo mental Hacer se juzgan las situaciones también con el mismo criterio de ser especiales. Obtener estas situaciones proporcionaría felicidad y también daría contenido y justificación a lo especial de nuestro yo. Con este proceso de juzgar lo más o menos especial que es todo lo vivido se fundamenta el juicio de nuestro bienestar en la vida que comentamos ahora. En nuestro modo mental Hacer, estos juicios con los que creemos que obtendremos la felicidad también constituyen una fuente de apego a las creencias y, por tanto, una dificultad para experimentar la plena felicidad pues confiamos, más o menos, en nuestras creencias para transformar lo que nos va “mal” en algo que nos vaya “bien”. Con nuestras creencias sobre el mundo que nos “aseguran” que ciertas metas, logros, objetos, situaciones… son especiales y nos generarán la felicidad y con las que identificamos todo aquello que nos desagrada, que rechazamos o que creemos que nos puede provocar una experiencia dificultosa, dolorosa o sufrida configuramos nuestros valores y actitudes. Bajo todas esas creencias subyace el apego a la creencia de que se sabe qué nos hará feliz o infeliz. Con esa convicción cada día al levantarnos activamos esas memorias para tratar de lograr la felicidad y evitar la infelicidad. Nuestro mundo imaginario nos atrapa la atención mental con su promesa de felicidad y nosotros la entregamos decididos a “vivir” esa aventura de ser feliz con las experiencias que nuestras creencias nos indican como más especiales y deseando volver a experimentar las emociones correspondientes. Así entramos con gusto, e inadvertidamente, en el modo mental Hacer. Sin embargo, tras un logro y la correspondiente emoción del deseo cumplido volvemos a un estado similar al anterior, en el que se diluyó esa felicidad e, incluso frecuentemente aparece infelicidad relacionada con el logro: temor a la pérdida, observación de efectos no imaginados ni deseados…

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3.2.1.‐ Reconocer las metas elegidas y cambiarles el propósito para vivir felices en el modo mental Ser Necesitamos enfocar nuestra atención a las metas que hemos establecido desde el Hacer para descubrir todos los detalles posibles (creencias y planes) respecto a lo que se quiere ser/obtener y también del centro mental de toma de decisiones para conocerlo y fortalecerlo. Nos referiremos a él como nuestra Voluntad. Especialmente importante es profundizar en las creencias semiconscientes que acompañan las metas y mantener la inocencia, no somos lo que pensamos, no somos la parte de nuestra mente que quiere ser especial constantemente y lograr metas especiales sea de la manera que sea. Nuestro modo mental Hacer siempre está valorando todo en cuanto lo especial que es para nosotros, de esta manera nos surgen los deseos a partir de la seducción de una creencia sobre lo especial que es algo, y nuestra mente ofrece las conclusiones de esos juicios a nuestra voluntad para que decida considerando la pasión que el deseo ha despertado respecto a esas metas especiales. No obstante, el modo mental Hacer no funciona de forma lógica, pues en su continuo juzgar acumula numerosas interferencias entre distintas metas que contienen creencias contradictorias entre sí. Necesitamos aprender a observar lo que aparece en nuestra voluntad al respecto: creencias, experiencias, expectativas, deseos, emociones, sentimientos… Podemos elegir, con suficiente entrenamiento y conciencia, si desde nuestra voluntad nos decantamos por decidir respecto a lo que nuestras representaciones del mundo describen como nuestras necesidades o nuestros sufrimientos a evitar o si elegimos vivir fluyendo en el presente sin apego a metas prefijadas. Una vez tomada una decisión por medio de nuestra voluntad, establecemos la intención de llevarla a cabo. Y, por tanto, también es importante ser conscientes de ella: si se interfiere con otra intención, si responde realmente a nuestra voluntad consciente, si procede del Hacer o del Ser… Es fundamental reconocer las dinámicas que componen el impulso vital de nuestra intención y a qué tipo de experiencias nos lleva nuestra intención en cada instante. Un punto de partida importante para el cambio al modo mental Ser es preguntarnos si realmente sabemos qué pedir para sentirnos plenos y felices cuando estamos en el modo mental Hacer. Podemos reconocer que las metas fijadas desde el modo mental Hacer se basan en creencias equivocadas. Lograr esas metas, una vez pasada una euforia inicial, no proporciona la felicidad esperada, no seremos especiales ni lograremos una felicidad permanente. Al contrario suponen el “problema” de mantener las expectativas de algo irreal. Por tanto, podemos llegar al desapego hacia esas metas, que no implica abandonarlas necesariamente, sino trascenderlas dejando de querer ser especial con ellas y deseando, realmente Ser. En consecuencia, no se trata necesariamente de rechazar nuestros deseos, salvo que los sintamos claramente equivocados, sino de desapegarnos de la intención de ser especial que conllevan habitualmente. Lógicamente no es fácil realizar este

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cambio inmediatamente. Por ello también podemos mantener las metas y el propósito del Hacer con la intención de aprender en cada caso cuáles son las consecuencias derivadas para así llegar a poder cambiar si se siente y constata que no aporta la felicidad imaginada. Mientras nos haga falta, no necesitamos rechazar las ilusiones creadas, ni negarnos la satisfacción de las necesidades percibidas, podemos decirnos que queremos cosas especiales para ser más especiales que nadie y aceptar nuestra actual situación, pues ya miraremos las metas y este proceder del Hacer de la forma más consciente cuando podamos para aprender en cuanto sea posible. Con el estado del Ser se aceptan los cambios surgidos con nuestras metas sin sentir nunca emociones basadas en juicio sino la dichosa gama de sentimientos sutiles y las emociones que armonicen. Esto muestra que no existe realmente apego a ninguna meta y que se desea seguir experimentando el Ser. Las anteriores metas del Hacer serán solamente medios para conectar con la felicidad plena y con los sutiles sentimientos que surgirán cuando no activemos las emociones propias del apego a la identidad especial y a las metas especiales con esos ardientes impulsos que hacen girar el mundo persiguiendo metas entendidas como finalidades en sí mismas. En cambio, si las ponemos al servicio del sentir del modo mental Ser, el nuevo propósito que sustituya al deseo de ser especial tomará cualquier forma de las cualidades de este tipo de vivencia: paz, la armonía, plenitud, alegría, inocencia… Podemos recordar estas cualidades para así inducir en nuestra voluntad el deseo de volver al Ser. 3.2.2.‐ Podemos dejar de querer controlar la vida para obtener ser especiales y, en su lugar, ser felices compartiéndola Nuestro deseo de imponer nuestras creencias a la vida para tener la experiencia de ser y vivir una vida especial se desarrolla, una vez establecidas las metas especiales, mediante los procesos de intento de control de la vida para obtener dichas experiencias especiales. Este proceso del modo mental Hacer se fundamenta en la exigencia que formulamos de obtener, de recibir de la vida aquello que nos deslumbró como especial. Es la acción opuesta a la experiencia del modo mental Ser que disfruta dando su experiencia o compartiéndola de forma abierta con todo. Si observamos con inocencia qué procesos cognitivos se siguen a la decisión de lograr las metas especiales de nuestro bienestar podremos reconocer el desgaste y sufrimiento que acarrea esta opción. Presentaremos brevemente estos procesos: a) Mental y comportamentalmente: suplicar, pedir… pero siempre exigiendo. b) Planificar situaciones y uso de medios y recursos para “controlar” las situaciones y lograr en el futuro lo deseado, lo que se cree que se conoce que es “mejor” para uno mismo en el futuro, incluyendo a otras personas y a facetas personales “sacrificadas”.

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c) Mantener una la lucha mental y conductual para lograr lo deseado o evitar lo temido durante el tiempo. “Ganar” da sensación de obtener éxito, energía y autoestima, “perder” implica lo contrario. d) Juzgar continuamente las acciones en función del logro de las metas y la correspondiente asignación de culpabilidad a los demás o a uno mismo si no se obtiene lo deseado. e) Establecer castigos para los demás y para uno mismo para cada culpabilidad encontrada: resentimientos, deseo de venganza, frustración, sufrimiento, depresión… muerte. Al cambiar el propósito y entrar en el modo mental Ser, dejas de querer controlar la vida para ser especial y puedes ver que se puede confiar en lo que la vida nos presenta porque es beneficioso para todos. Nosotros nunca sabemos lo que es “mejor” y descubrimos lo que significa la confianza desde el modo mental Ser, algo sentido y no un cálculo de posibilidades a favor. Desactivamos expectativas y atendemos el presente, sentimos la paz y el amor interior que no procede del logro de ninguna meta. La felicidad se siente sutilmente y en las emociones que armonizan con esos sentimientos al ver que la vida nos entrega, o no, lo que antes considerábamos con apego como una presa que obtener. Y la podemos disfrutar sabiendo que si desaparece aparecerá otra vivencia también para nuestra felicidad. Comprobamos que solamente nuestros actos mentales de apego a las metas del bienestar nos dan percepción de sufrimiento. Con los aspectos que emergen del estado mental Ser lo que se desea es dar, no luchar para controlar el logro de metas o la evitación de situaciones que rechazamos. Así sentimos el deseo de dar un servicio con disfrute en las situaciones en las que nos encontramos. En cada instante se intuye qué servicio dar de forma concreta. Y la experiencia es de compartir, de recibir aquello que se da. Ya no se pretende ser especial al conseguir algo especial que nos falta, sino que se ofrece mentalmente y de corazón lo que nos surge con todo el respeto a lo que se quiere recibir o compartir por parte de los demás. Percibimos así una fuente de energía que mana de nuestro interior. Este servicio en el que damos y recibimos está plenamente conectado con el presente. Nuestra mente ya no presta atención al anterior apego a creencias que queremos imponer a la vida. La sensación de proximidad y unión con los demás y lo que nos rodea se acrecienta y nos sentimos felices. 3.3.‐ EL JUICIO DE CULPABILIDAD: PODEMOS DEJAR DE JUZGARNOS Y QUERER AUTO‐DESTRUIRNOS PARA SENTIRNOS INOCENTES Y FELICES En el modo mental Hacer, una vez ya hemos entrado en el juicio sobre lo especiales que somos nosotros y las metas que conseguimos, aparece consustancialmente la creencia en la culpa con el correspondiente juicio de culpabilidad a quien o quienes se atribuya la causa del fracaso en el deseo de ser especial o de vivir logros especiales.

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Este juicio de culpabilidad no solamente se realiza cuando hacemos algo mal desde la moral aceptada (por ejemplo “soy culpable por haber mentido”), sino que se aplica a todo tipo de acciones, sentimiento, pensamientos, etc. pues todo ello gira entorno al deseo de ser especial (“soy culpable por no haber sabido lucirme profesionalmente”, “por haber perdido un tren”, “por tener una fea nariz”…). Así juzgamos la culpabilidad en función del deseo de ser especial y de las metas correspondientes: a) Con pre‐juicios aprendidos irreflexivamente que surgen impulsivamente b) Con los mismos pre‐juicios y otros quedan activados de forma semi‐consciente c) Con juicios reflexivos basados en las creencias aprendidas d) Con comparaciones con: situaciones pasadas, lo deseado, la percepción de otros… e) Con las críticas correspondientes a todos los juicios y comparaciones que se establecen tanto para los demás como para uno mismo. Necesitamos aprender qué consecuencias tiene en nosotros mismos cada juicio que realizamos en nuestra mente. Observar qué hacemos con ellos y sus correspondientes consecuencias emocionales, cognitivas, psicosomáticas y sociales: 1.‐ Asignación de culpabilidad. De acuerdo con los juicios, existirá: a) Culpabilidad en el otro: por todo aquello que ha hecho “mal” según creencias al respecto b) Culpabilidad en uno mismo: por todo lo que también se cree que se ha hecho “mal” o no se ha podido hacer “bien” , incluso por acciones que han cometido otros. c) A partir de todo esto se acumulan los resentimientos y no se puede vivir inocentemente y con plenitud. La auto‐imagen se desvaloriza con la consecuente tristeza, posible depresión y sufrimiento. 2.‐ Aplicación de castigos Tanto el otro como uno mismo recibirá los castigos pertinentes: críticas a la autoestima, recriminaciones, enfados, retirada de privilegios, agresiones verbales, emocionales, psicológicas… según los aprendizajes realizados en el pasado. Los castigos se aplican de forma explícita y también implícita y más o menos conscientemente. El autoconcepto se ataca duramente, las emociones producen sufrimiento y puede perderse el equilibrio personal, incluida la salud. 3.3.1.‐ El perdón para pasar del juicio del Hacer a la felicidad del Ser El perdón tiene significados en el modo mental Hacer que no tienen nada que ver con el perdón que se dirige hacia el modo mental Ser. En el Ser perdonar el pasado

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es una forma de restablecer la aceptación. En el Hacer se acumulan los juicios con asignación de culpabilidad y castigo y no es posible perdonar algo que se cree que se ha hecho mal, por tanto, no se puede perdonar desde el Hacer, aunque sí podamos empezar este proceso con este modo mental. Por otra parte, dado que el modo mental Ser se caracteriza por aceptar y sentir todo dichosamente porque no juzga, no puede proponerse un perdón de algo realizado desde este modo mental pero, por ello mismo, entrar en este modo mental es imprescindible para perdonar con sus cualidades. Así pues el perdón es un proceso cognitivo que puede empezar desde el modo mental Hacer o desde el modo de Ser pero que necesariamente ha de terminar en el modo mental Ser. Perdonar desde el modo mental Ser significa deshacer los juicios que establecimos sobre nosotros, sobre los otros y sobre las situaciones porque, realmente sentimos que no sucedió lo que percibimos desde el modo mental Hacer. Las interpretaciones se basaron en errores, y los errores, vistos desde el modo mental Ser, son procesos de aprendizaje sin culpabilidad. Por ello, desde la inocencia permanente que se siente en el modo mental Ser se puede observar y “sanar” el juicio y la culpabilidad que se realizó de forma equivocada en su momento y llegar a sentir gratitud por el aprendizaje que el error nos proporciona: sentirnos más cerca de conocernos en el Ser y disfrutar de su felicidad. Se puede decir que al perdonar se reconoce y siente la inocencia de quienes somos y de lo que sucedió desde la mente contemplativa, sin juicios de culpabilidad. Como consecuencias no percibimos culpables ni maldades, no hay necesidad de castigo, sólo hay aprendizaje. Aumenta nuestro auto‐conocimiento y de los demás. Es fundamental en nuestro proceso de felicidad perdonarnos a nosotros mismos. En la medida que nos perdonamos podemos perdonar a los demás. Incluso nuestra habitual costumbre de juzgar se ha de poder observar con el perdón del modo mental Ser. Así pues, podemos sentirnos completamente inocentes aunque estemos juzgando, ya que la experiencia del Ser, una vez activada, domina sobre la del Hacer. 3.3.2.‐ Un procedimiento para perdonar Para deshacer el juicio del Hacer se requiere: a) ubicarse progresivamente en un plano más interior de consciencia aquietando la mente, no reflexionando, no juzgando, no pensando en los pensamientos... Puede servir las técnicas de atención plena meditativas, de centrar la atención en la respiración u otras entradas sensoriales. b) explicitar todo lo posible las representaciones implícitas, los recuerdos semi‐ conscientes relacionados, c) “abrir” honestamente el corazón para sentirlo y desear una nueva comprensión de lo sucedido abandonando la vieja actitud epistémica: no quiero tener razón, no fue verdad lo que pensé que sucedió, ¿fue un error sin culpa?... d) sentir el agradecimiento al mismo tiempo que la nueva comprensión,

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e) soltar todos los resentimientos relacionados con el aprendizaje., d) si no se siente el perdón, se puede pedir ayuda a tu interior para que venga la solución y abandonar confiado el tema hasta que aparezca. En el autodescubrimiento, el perdón y durante todo el proceso de aceptar en el modo mental Ser se sanan los resentimientos en la medida que los reconocemos, los expresamos adecuadamente y podemos mirarlos conscientes del error que contenían, “perdonándolo” y sintiendo agradecimiento por el aprendizaje. Nos liberamos de la conexión equivocada entre una situación antes no perdonada y el miedo instintivo que le asociamos. De esta forma nuestra mente acumula menos creencias capaces de captar nuestra atención en forma de culpabilidad. Si sucede lo mismo con las creencias de ilusiones ya resulta mucho más fácil entrar y mantenerse en el estado del Ser.

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Modelo de felicidad plena - Felipleser