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Cuentos de Navidad Alumnos de 4º DIVERSIFICACIÓN IES María Rosa Alonso Curso 2012-2013


ÍNDICE

CUENTOS DE NAVIDAD ALUMNOS 4º Diversificación Airam Liberato García

100 metros lisos de Navidad

Pág. 3-4

Jenifer Mª Díaz Hernández

Otra Navidad

Pág. 4-5

Abigail Pérez Luis

Por las calles de Añaza

Pág.5-6

Abigail Pérez Luis

El deseo de Alejandro

Pág. 6-7

Mª de los Ángeles Martín Navarro

Las peores Navidades de mi vida

Pág. 8-9

Dévora D. Sugue Fonte

Mejor que mi deseo

Pág. 9-10

Juan J. Álvarez Galindo

La oscura Navidad

Pág. 10-12

Laura González Barrio

Solo un deseo

Pág. 12

Romen Hernández Pérez Papá Noel FC versus UD Reyes Magos

Pág. 13

Ayoze González Beltrán

Una Navidad al lado de una persona especial

Pág. 13-14

Laura Hendi Oval

El árbol mágico

Pág. 14-15

Jacobo Jesús Expósito Benítez

Una Navidad “crazy”

Pág. 15

Fotos alumnos Avda. Principal de Añaza, 104, 38011 iesmariarosaalonso.blogspot.com

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Pág. 16


100 Metros Lisos De Navidad Airam Liberato García, 4º Diversificación

El 24 de diciembre la gente se reúne con sus familias porque es

Navidad, bueno yo también me iba a reunir con mi familia en casa

de mi abuela. Mi familia es de nivel alto económicamente gracias a mi padre, que es atleta profesional, tiene el récord del mundo en

100 metros lisos, aparte de que también es ganador del campeonato de España, medalla de oro en los juegos olímpicos y campeón

de Europa; solo le falta el campeonato del mundo en el que ya está en la final, y ¿adivinad cuándo se celebra?, el 24 de diciembre,

¡vaya un día para celebrar una final!, y hoy no va a estar presente con nosotros. En esta clase de fiestas suele ser el más divertido, el mejor. Sobre todo cuando toma alguna copa de más. Mi padre

siempre hace la cena con los varones de la familia y trae un montón de regalos como si fuera el 6 de enero; los trae para mis primos y primas, yo los abría antes de llegar a casa de mi abuela.

Bueno, ya en casa de mi abuela celebramos la fiesta. Mi madre estaba viendo la televisión esperando a que empezara la final de 100 metros lisos. Mis primos jugaban, mis tíos cocinaban, mis tías y mis primas bailaban, mis abuelos contemplándolo todo como búhos, y yo echando de menos a mi padre. Ya eran las 10:30 y la final estaba a punto de empezar; la verdad es que se notaba la ausencia de mi padre, la fiesta estaba aburrida cuando de pronto mi 3


madre dio el aviso. Todos nos sentamos alrededor de la tele y después de un par de molestos anuncios empezó. Yo estaba de los nervios al igual que todos mis familiares. Presentaron a todos los corredores uno a uno, debajo de la pantalla ponían el nombre, el apellido y la nacionalidad del atleta. Cuando los presentaron a todos nos pareció rara una cosa: mi padre no estaba. Nos miramos todos extrañados, ¡juraríamos que mi padre había pasado la semifinal! Mi madre llamó inmediatamente al entrenador, quitamos la música, había un silencio absoluto, menos la carrera que ya había comenzado. De repente se escuchó el timbre, yo me dispuse a abrir la puerta. Era él, mi padre, había faltado a la carrera más importante, el único título que faltaba en su palmarés, para estar con nosotros, como siempre, con un montón de regalos y muy feliz de estar una Navidad más todos juntos de nuevo.

Otra Navidad Yenifer María Díaz Hernández, 4º Diversificación ¡Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo, intentas recordar lo que hiciste la semana pasada y ya ni te acuerdas!

Llega ya el día de Nochebuena, cenando con la familia te das cuenta de la persona que falta, de la que llenaba la mesa; esa per-

sona que sonreía y brillaba más que todas las luces del árbol de Navidad.

Intentas divertirte, pasarlo bien, pero buscas su mirada entre la 4


familia y no la encuentras.

Te paras, recuerdas, piensas… y, de repente,

la ves, sentada en el sillón, en su rinconcito, riendo y siendo la estrella de Navidad.

Recapacitas, vuelves en sí, y una sonrisa de oreja a oreja te llena la cara.

Sé que es otra Navidad sin ella… pero es otra Navidad que la veo brillar como ninguna estrella, como ninguna luz.

Pase el tiempo que pase, y vengan las Navidades que vengan, su sonrisa siempre brillará.

Por las calles de Añaza

Abigail Pérez Luis, 4º Diversificación Mi hermana Isabel le pedía a mi madre todos los años ir al estadio

para ver la llegada de los Reyes Magos, pero mi madre trabajaba siempre el día cinco y mi hermana no había podido ir nunca al estadio. Ella decidió escribir esta carta a los Reyes Magos:

Queridos Reyes Magos, soy una niña de tan solo 8 años y no he podido ir nunca al estadio porque mi madre trabaja. Me gustaría mucho verlos llegar desde el mar en mi barrio de Añaza. Sería algo maravilloso ya que hay más niños como yo que no podemos ir a verlos al estadio. Este año los niños de mi barrio ya no piden tantas cosas como antes porque se han dado cuenta de que estamos en tiempos de crisis y solo piden lo imprescindible y algún que otro juguete para jugar. Espero que mi deseo se cumpla ya que ustedes nos traen la felicidad. Un beso muy fuerte de Isabel. 5


Cuando terminó su carta nos la enseñó a mi madre y a mí. Nosotras

sabíamos que algo como eso no podría suceder, pero no quisimos

lastimarla diciéndole que eso no

ocurriría. A la mañana siguiente ya

era día cinco, y como todos los días nos sentamos a desayunar an-

tes de que mamá se fuera a trabajar. Mamá, como todas las mañanas, puso la radio y anunciaron que por el mal tiempo que se esperaba habían decidido que los Reyes Magos vinieran desde las aguas de Añaza y pasearan por las calles repartiendo caramelos y saludando a los más pequeños.

Mi hermana Isabel nos miró con una gran sonrisa, y nos dijo: “¡yo sabía que me iban a hacer caso! ¡Este es el mejor regalo!”

El deseo de Alejandro

Abigail Pérez Luis, 4º Diversificación

Se acercan las fechas de Navidad y mi padre, José, aún no ha vuelto. Me llamo Alejandro, tengo diez años y mi padre hace dos años que se fue de la isla a causa del trabajo.

Mi madre falleció hace dos años y desde ese entonces mi papá se

fue y me quedé con mis abuelos. Aún no ha vuelto. Les echo de

menos tanto a uno como al otro. Solo espero que mi padre pase estas Navidades con nosotros, pues se pasa viajando y viajando.

Hoy ya es Nochebuena. Espero que venga, ya que hace dos años que no lo veo y me hace falta. Mi abuela es la encargada de hacer la cena; mi abuelo y yo, de decorar la casa. Estábamos colocando la 6


mesa cuando se escucha el teléfono: Alejandro: ¿Quién es?

José: Hijo, soy yo, ¿cómo estás?

Alejandro: Bien, ¿vendrás hoy a cenar?

José: Hijo, sabes que tengo mucho trabajo y que no podré. Ya sabes lo importante que es el trabajo para mí.

Alejandro: ¿Más que yo? Papá, hace dos años que no te veo, solo

hablamos por teléfono y no llegamos ni a diez minutos. Tengo ganas de verte ¡y tú me dices que el trabajo es más importante que yo!

José: No, hijo, eso no es así, sabes que te extraño pero no podré ir.

(Alejandro cuelga)

Se va corriendo para su cuarto llorando y diciendo “¡Odio las Navidades. Mamá nunca me dejaría solo!

El abuelo toca la puerta y dice: “Alejandro, ya están llegando todos y es hora de bajar, no hacen más que preguntar por ti, que dónde andas. ¡Ya no tengo más excusas que poner!”.

Alejandro abre la puerta y decide bajar al salón donde todos aguardan su llegada. Pasan unos minutos y ninguno dice nada.

Hay un silencio absoluto, cuando, de repente, suena el timbre. Alejandro acude a abrir y ve que es su padre, sale corriendo hacia él y lo abraza diciéndole “¡ya era hora de que volvieras a casa, papá!”

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Las peores Navidades de mi vida

María de los Ángeles Martín Navarro, 4º Diversificación

Un día de 2006 en Tenerife, en un barrio

muy tranquilo, se oían las risas de un chico,

un chico llamado Eduardo de 12 años, que

siempre estaba alegre, pero a menudo muy enfermo. Ese día la

madre de Eduardo, llamada Celia, decidió llevarlo al médico a pesar de que Eduardo ese día se encontraba bien.

Al cabo de un par de días, llamaron al teléfono y aquella madre preocupada contestó sin saber lo que se le venía encima. Era un doctor, llamaba para comunicarle a aquella familia que su hijo padecía del corazón, una enfermedad que había heredado de su padre. Aquel día la madre, destrozada, se lo comunicó a su marido (don

Emilio) al llegar a casa del trabajo, y hundidos los dos en una in-

mensa desolación se lo contaron a Eduardo, ya que tenía 12 años y tenía derecho a saber lo que le ocurría.

Al cabo de dos años, don Emilio había sufrido varios infartos y el 10 de diciembre del 2008 falleció.

La familia, destrozada (su mujer, Eduardo y sus otras dos hijas, Miriam y Judit) decidieron seguir adelante intentando no recordar lo sucedido en aquellas tristes Navidades, pero Eduardo ya tenía 14 años y los malos recuerdos lo llevaron a meterse en las drogas y el alcohol, a dejar los estudios y a no ser responsable de sus actos. 8


Así estuvo hasta que cumplió los 17 años, cuando conoció a una

chica el 16 de abril del 2012, era una chica divertida, simpática, agradable y la única que lo había cautivado. La chica se llamaba Marta y también tuvo una vida bastante dura. Estuvo tres años sin

su madre por problemas de alcoholismo y cuando por fin volvió a su casa conoció a un chico que durante tres años la maltrató y al

que su propia madre defendía, así que cuando conoció a Eduardo fue como si hubiese llegado su salvación: por fin ese chico había desaparecido de su vida y ahora ella era muy feliz con Eduardo. Pero a pesar de que la madre de Eduardo estaba contentísima con

Marta, la madre de ésta no lo estaba con Eduardo, y por ese motivo

Marta y su madre discutían continuamente, hasta que el dos de octubre de 2012 una discusión muy fuerte llevó a Marta a un centro.

A Eduardo la noticia no le gustó, y fue tanta la desilusión y decepción que dejó de ir a clases y estaba siempre triste en su habitación esperando a verla.

Mejor que mi deseo Dévora Desireé Sugue Fonte, 4º Diversificación Para todos, las Navidades suelen ser muy familiares y divertidas… Pues no, las mías no son así; mi familia nunca está en casa por Navidad, todo el día ocupados… No me gustaba la Navidad porque siempre oía a mis compañeros que contaban en clase que fueron muy bonitas sus Navidades, que cenaban juntitos y luego 9


disfrutaban de unas Navidades tranquilas… En realidad, siempre que podía evitaba ir ese día a clase, no me gustaba contar que sí

cenábamos juntos pero que en cuanto terminábamos se marchaba cada uno por su lado, ¡y ahí estaba yo sola por la calle viendo esas

bellísimas luces y ese precioso árbol gigante más colorido que el mismo arcoíris! Pero este año cambió un poco. Es 23 de diciembre

y he puesto el árbol con mamá, papá y mis hermanas… Unos meses antes, a principios de verano, conocí a un chico muy bueno. No imaginé poder pasar mis Navidades junto a él también, quizás

Dios ha leído mis diarios. Cada año, después de Navidades escribo mucho en mi diario; aunque no me guste contar en mi clase cómo

han sido mis Navidades, me gusta escribirlo y decir cómo me siento. La verdad es que no creo en los deseos, pero ahora no sé si creer: se cumplió mi deseo, e incluso mejor de lo que soñé.

Hola, hoy es 2 de enero y notarán algo muy raro, pero estoy contenta y me gusta la Navidad. Mis padres, mis hermanas y mi novio han pasado las Navidades conmigo, cenamos juntos y nos fuimos un rato a celebrarlo todos juntos. Ya quiero que vuelva a ser Navidad para volver a pasear todos juntos viendo el árbol gigante y colorido. Hoy he ido a clase y propuse ser la primera en contar como fueron mis Navidades, mi amiga asombrada por mi felicidad, me preguntó: “¿Qué te pasa?” Y con una sonrisa en la boca, sin más explicación, le contesté: “mi deseo se cumplió”.

LA OSCURA NAVIDAD

Juan José Álvarez Galindo, 4º Diversificación

Érase una vez una noche tan bonita con sus estrellitas y su Luna 10


tan brillante, que a Pablo le parecía que iba a ser la mejor Navi-

dad de su vida. Pablo se estaba preparando para salir con sus

amigos. Pero en el momento en que salieron a la calle, Pablo y

sus amigos miraron para el cielo y vieron que la Luna y las estrellas estaban desapareciendo poco a poco. Se miraron extrañados,

pero no le dieron demasiada importancia y siguieron de camino a casa de un amigo, donde iban a celebrar la Navidad. Cuando estaban cenando todos reunidos y estaban brindando por lo bien que se lo estaban pasando, escucharon un ruido muy fuerte, como si un rayo hubiese caído cerca. Todo el mundo se asustó y

enseguida se fue la luz. Se asomaron por la ventana y en la calle

la oscuridad era absoluta, solo se oían las voces de gente que caminaba a ciegas por la calle o que llamaba a la familia por los móviles preguntando qué había pasado.

Pablo y sus amigos intentaban calmarse, mientras encendían

unas velas. “Probablemente habrá sido una tormenta eléctrica”, dijo uno de los chicos.

De repente, unos fuertes golpes en la puerta los sobresaltó. No

sabían si debían abrir o no. Todo el mundo sabe que con los apagones aumentan los atracos.

Pablo preguntó quién era antes de abrir. No obtuvo respuesta. Los

golpes continuaban. Finalmente, ante la insistencia, decidieron abrir la puerta, y lo que vieron les pareció increíble. Se trataba de un reno, que daba coces en la puerta, y que parecía estar pidiendo ayuda.

¿Estaría perdido Santa Claus? ¿Correrían peligro los regalos de Navidad?

Pablo y sus amigos estaban dispuestos a poner luz en esa oscura 11


Navidad y salvar las ilusiones de todos los niños.

Solo un deseo Laura González Barrio, 4º Diversificación Érase una vez una niña llamada Lucía que estaba en un centro de acogida. Esa niña había tenido muchos problemas en esta vida. Era una chica muy buena y guapa, pero tenía un problema: no tenía familia. Ella había estado de centro en centro por no tener unos padres que la quisieran; ella solo pedía por Navidad una familia que la quisiera y la cuidara. Lucía era una niña solitaria, que no se relacionaba mucho con nadie, hasta que entró en el centro, otra niña, llamada Paula, a la que pronto empezó a querer como a una hermana. Paula tenía 14 años, y al igual que Lucía había pasado su vida de centro en centro. Se comprendían bien y se ayudaban en todo lo que podía. Por eso, cuando el director del centro le dijo a Lucía que habían encontrado una familia de acogida para ella, Paula se alegró como si le hubieran dado la noticia a ella. Sabía que la vida le iba a cambiar a Lucía y que pronto también para ella habría una Navidad en familia.

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Papá Noel FC versus UD Reyes Magos Romen Hernández Pérez, 4º Diversificación En mi barrio la Navidad se celebra de otra manera, los de abajo, sus hijos creen en Papá Noel y los de arriba en los Reyes Magos. Este año decidieron no pelearse en la plaza, sino hacer un partido de fútbol. ¡Sí, un partido! Se pusieron de acuerdo y prepararon el partido. La gente de abajo se vistió de Papá Noel y los de arriba, de Reyes Magos. Los niños estaban muy nerviosos viendo a sus padres jugar. Del resultado dependía si iban a tener regalos el día 25 de diciembre o el 6 de enero. Pero hubo buena suerte y el partido finalizó con empate, por lo que iba a haber regalos en Navidades y Reyes. ¡Sin duda los niños fueron los ganadores!

Una Navidad al lado de una persona especial Ayoze González Beltrán, 4º Diversificación Estas Navidades van a ser especiales para mí. El 15/09/12 ha entrado en mi vida una persona maravillosa, cariñosa y amable. ¡Cómo pueden influir en nosotros las buenas personas! No es que antes estuviera rodeado de malas personas, sino que ella es espe13


cial porque me hace sentir especial. Todos hablan de regalos en estas fechas, de comprar, de consumir, y a veces nos olvidamos de que la verdadera Navidad es estar cerca de las personas que queremos y hacerlas felices. Yo creo que este año para mí los Reyes se han adelantado, me han traído el mejor regalo del mundo: no sentirme solo, tener ilusión en el futuro, saber que estoy siguiendo el camino adecuado…para demostrarle lo mucho que la quiero y lo mucho que me hace falta.

El árbol mágico

Laura Hendi Oval, 4º Diversificación

Una pequeña familia muy pobre vivía en una casa muy humilde. La familia estaba formada por los padres y dos niñas de diez y tre-

ce años. Una mañana de Navidad, el padre llevó a casa un arbolito pequeño solo con ramas. Las niñas querían un gran árbol para

adornarlo y colocar hermosas luces de colores, pero no había dinero para eso. Cerca de la Nochebuena, un buen amigo de la familia llamado Jacobo, el Chispa, les prometió a las niñas traerles adornos navideños, ya que él podía coger algunos en la fábrica en la que trabajaba. Cuando tuvieron en sus manos esos adornos, las

niñas corrieron con alegría a colocarlos en el árbol. Lucía hermoso, en medio del humilde hogar familiar. 14


La mañana de Navidad, la familia se levantó

dispuesta desayunar, sin esperar ningún

regalo, pero, milagrosamente, el árbol había crecido, y estaba rodeado de muchos regalos

hermosamente envueltos. Todos llevaban el

mismo mensaje: “quien cree en la Navidad

hace posible los sueños”.

Una Navidad “crazy” Jacobo Jesús Expósito Benítez, 4º Diver. “Este año no va a haber Navidad”, dijo una voz en mis sueños. He soñado que alguien suprimía las Navidades porque son muy caras y estamos en tiempo de crisis. Soñé que la gente apagaba todas las luces, olvidaba el nacimiento de Jesús, y solo se preocupaba de trabajar y ahorrar. Afortunadamente pronto me desperté y me di cuenta de que era solo un mal sueño, que la Navidad siempre existirá, porque lo que se celebra no tiene nada que ver con el dinero y los regalos (¡esa es la crazy Navidad!), sino con la esperanza y el amor.

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LOS ALUMNOS DE 4ยบ DE DIVERSIFICACIร“N DESEAN A TODA LA COMUNIDAD EDUCATIVA UNA FELIZ NAVIDAD 2012

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CUENTOS DE NAVIDAD