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El cielo se tiñó de rojo, azul, naranja, verde, rosa, dorado…y, al finalizar, cinco surcaron la noche para estallar en el cielo, iluminándolo todo con sus ascuas doradas, incluido un pinar cercano. Fueron aplaudidos por cientos de personas asombradas.-Ha sido impresionantecomentó Silvia. -Más que impresionante. -Aunque podrían… Iba a continuar la frase cuando fue interrumpida por unos gritos lejanos. En el bosque vi unas llamas y humo… El hombre que estaba a mi lado, un policía de aspecto autoritario, ordenó a las personas que se calmaran mientras hacía una llamada a los bomberos. Se peinaba nervioso el bigote mientras miraba hacia el bosque preocupado. Habló apresuradamente con su interlocutor, explicándole la situación, mientras se revolvía el cabello negro y se alisaba una y otra vez su impecable traje azul. Cuando colgó, corrió hacia el bosque para esperar a los bomberos. Segundos más tarde, una de las mujeres se desmayó, intuyendo la tragedia, pensando que su casa corría peligro al ser una de las más cercanas al fuego. Por eso, además de venir la policía y los bomberos, llegó una ambulancia. Silvia y yo nos miramos preguntándonos qué podíamos hacer. Ella optó por llamar a su padre para que nos viniera a recoger cuanto antes. Mientras esperábamos, vi llegar a diversos camiones de bomberos que se dirigían hacia el bosque. Uno de ellos halló la causa del incendio y se lo comunicó al uniformado policía.

-Ha sido un volador, ha caído en el pinar y lo ha incendiado. -¿Volador?-le pregunté a Silvia. -Volador significa cohete-me explicó. Los bomberos comenzaron a echar agua sobre las llamas, sin mucho éxito. Ese día hacía mucho calor y había viento, proveniente del desierto del Sáhara. Diez minutos más tarde llegó el padre de Silvia. Era muy alto también, de mediana edad, con el pelo grisáceo debido al estrés. Solía estar de buen humor, pero ese día lo vi preocupado. -Vayámonos, aquí no podemos hacer nada. Mientras nos alejábamos con el coche, observé las llamas. Una situación de alegría que había terminado en el temor a perder viviendas, enseres, vidas y terrenos. Mis padres me llamaron al móvil preocupados en cuanto la noticia salió en la televisión canaria. Los próximos días mi móvil estaría sonando incansablemente, recibiendo llamadas de mis amigos peninsulares, preocupados por mí. Habían visto el incendio en las noticias. En el fondo, creí que el fuego se controlaría pronto, pero no fue así. Tuvieron que pasar varios días, y el fuego se extendió hasta una montaña cercana al hotel en el cual me alojaba. Los helicópteros sobrevolaban la zona y los hidroaviones soltaban el agua de sus depósitos sobre las llamas. Al final, la tierra se llevó la peor parte. Es cierto que familias se quedaron sin casa, pero decenas de agricultores se quedaron sin cosechas. Ahora sólo poseían tierras ennegrecidas por el fuego.

LA CULTURA ES ALGO IMPORTANTE. NO POR LAS NORMAS QUE TIENE, SINO POR SU RICA HISTORIA. Y DEBEMOS RECORDAR QUE LA HISTORIA NOS AYUDA A NO COMETER LOS ERRORES DEL PASADO. Por Sara Abascal Bustillo, 4º A. Viajando por diferentes países llegué a una conclusión algo molesta: los españoles no tenemos demasiado apego por nuestra cultura, y mucho menos por nuestra lengua. No hay que irse demasiado lejos para encontrar auténticas burradas gramaticales y ortográficas. Otras, más sutiles, se cuelan incluso en los altos cargos de la política, como, por ejemplo, utilizar la palabra presidenta en vez de presidente, sea una mujer o un hombre. Tengo entendido que su mal uso es tan extendido que se ha acabado aceptando (como, por ejemplo, el leísmo).

Pero lo que más me molesta no son los errores, sino la facilidad con la que nos deshacemos de ciertas palabras y las sustituimos por extranjerismos y préstamos lingüísticos, normalmente anglicismos. Hay palabras, sobre todo en la informática, cuya traducción no existe en español. Pero muchas otras se pueden sustituir por sinónimos, e incluso los diccionarios nos avisan de que su uso es totalmente innecesario. Aquí relataré una pequeña historia para mostrar a los lectores que mis palabras están más que probadas: “Cierto día llegó a mi clase un estudiante 30

LOS ECOS DEL FORA 7  

REVISTA DEL IES FORAMONTANOS DE CABEZÓN DE LA SAL, CANTABRIA

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