Cualquier diccionario de nuestra lengua definirá la humildad como "actitud de la persona que no presume de sus logros y reconoce sus fracasos y debilidades". A su vez hay un dicho de la sabiduría judía que dice "Aunque tengas todos los méritos, si te falta la humildad, eres imperfecto".
Sin embargo, aunque a menudo se proclame como virtud, para la mayoría de las personas la humildad tiene un tono negativo, nos sugiere la idea de empequeñecerse ante otro, no confiar en uno mismo, menospreciarse, ser un acomplejado. La humildad aparece a menudo como una actitud pasiva y oprimida. Se asocia con el hecho de ser inferior. Así, el ser humilde pierde su atractivo.