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Er贸tica


ERÓTICA

(Edición corregida y aumentada)

Armando Añel

Neo Club Ediciones Miami


© Armando Añel, 2013 Reservados todos los derechos de la presente edición

ISBN: XXX-X-XXXXXX-XX-X Library of Congress Control Number: 2010925934 Primera edición: Letra de Molde Ediciones, 2010 Segunda edición: Neo Club Ediciones, 2013

Foto de portada: istockphoto.com Maquetación: Alexandria Library www.alexlib.com

COLECCIÓN NARRATIVA NEO CLUB EDICIONES neoclub@neoclubpress.com neoclubpress.com


Índice

Nota del autor / 9 Erótica / 15 Epílogo / 187 Glosario / 189


Nota del Autor Esta segunda edición de Erótica, ya bajo el sello Neo Club Ediciones, pretende ser la definitiva de un libro que me ha dado muchas satisfacciones. La novela merecía un glosario y una revisión más exhaustiva, además de la inclusión de una decena de nuevas viñetas y un reordenamiento que facilitara la comprensión (sobre todo a nivel cronológico) de la historia narrada. El resultado es el que tiene en sus manos el lector, un libro más redondo y, supongo, mejor estructurado. Dedico esta novela, como escribí en la primera edición, a mi esposa (mi espacio), Idabell Rosales, que prefiguró Thamacun, que iluminó Playa Hedónica, que irradió estas recreaciones. Y a Enrique Herrera, que sabe jugar. Quiero agradecer a mi familia toda, en Cuba y en el exilio, y a mis amigos. Varios de ellos —los directamente implicados en la recreación de El Hecho— integran esta novela como personajes, o sus frases y observaciones se citan en algunos pasajes del libro.

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Periodista. —¿Qué es, o fue, Thamacun? Richard del Monte Jr. — Fue un islote-nación situado en el Mar Caribe, entre Cuba y Estados Unidos, conquistado por piratas, abandonado por los ingleses en el siglo XIX e invadido y arrasado por el colectivismo puntoCON en 1960. En el Tercer Éxodo, a finales del siglo XX, Thamacun reaparece bajo otras denominaciones, como nación cibernética donde la libertad es promovida a través de la diversión, de la desmitificación creativa. Así, en Internet el legado cultural de Thamacun sobrevive en Erótica (Cumberland, Playa Hedónica o, más simplemente, La Playa).


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El Presente. Tercer Éxodo

Desnuda frente al mar, en el balcón de la que ya no es su casa. Reconociéndose en ese otro nombre: Idamanda. Aleteando contra el dédalo de los arrecifes, sobre el fragor del oleaje habanero. Ardiendo en el deseo de quienes la contemplan desde el malecón, allá abajo, boquiabiertos, tirando sus bicicletas, chiquillos persignándose erotizados. Celebrando, incrédulos, su desnudez implacable. Lágrimas de alegría. Aquellos ojos nuevos. La luz que en sus ojos arde. Richard y ella posteando en sus recuerdos, fluyendo a través de una blogosfera atestada de troles, defendiendo con uñas y dientes Iconoclastia, la autopista cibernética, el Recinto de los Estrados, desde el que un día el Reducto predijera la degeneración de la capital cubana. El salitre en sus ojos. Chicago —Playa Hedónica en Chicago— en su memoria. La ciudad de los 15


vientos hecha espuma en este recodo del Caribe desplazado ya, sin que Idamanda haya caído completamente en la cuenta, por el Hecho Thamacun. Pero, ¿qué era Richard del Monte sino una extensión de ella misma? ¿Por qué La Habana ya no era lo que había sido alguna vez, lo que fuera en sus recuerdos, en su piel, en sus tacones? ¿Cómo contener el avance puntoCON en el radio de una capital desconectada, donde la palabra “Internet” apenas si podía considerarse una broma de mal gusto? ¿Qué obstáculos aguardaban más allá de la insistencia con que Torofijo, el Anónimo Estresado y tantos otros ultranacionalistas de opereta pretendían desvirtuar el Gran Salto Adelante? ¿Qué obstáculos, en fin, cabía superar para sostener Erótica, donde las piaras abonaban la arena del deseo desde la que florecía La Playa? Se penetró levemente, con el índice de la mano derecha, y enseguida se llevó el dedo a la nariz. No reconocía el olor de su sexo. Olía a él (allá abajo, la chiquillada rugía). La niña era él. El Hecho en la sangre, Hedónica alterando definitivamente las reglas del juego.

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El Pasado. Los Orígenes

La historia es relativamente conocida. Tras conquistar La Habana en 1762 y permanecer en ella durante once meses, los ingleses pactaron con España el canje de Cuba por la Florida. El artículo 19 del Tratado de Versalles, de febrero de 1763, especificaba que “el rey de la Gran Bretaña devolverá a Su Majestad todo el territorio que ha conquistado en la Isla de Cuba”. Lo que no ha recogido la historia oficial es que tras bambalinas, sin que figurara en el documento, ingleses y españoles acordaron dejar fuera de las negociaciones —o mejor: dejar por incorregible— el islote de Thamacun, referente cultural de lo que luego sería Erótica, Cumberland, Playa Hedónica1. El 1. Seis son los nombres, independientes del Lenguaje del Tercer Éxodo, por los que se conoce a Cumberland: Thamacun, El Reducto, La Playa, Playa Hedónica, Erótica y la propia Cumberland. Los dos primeros refieren al islote físico, anterior ERÓTICA

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debate en torno al islote bien pudo dinamitar el Tratado de Versalles, pero a fin de cuentas los ingleses se salieron con la suya. El Reducto, eventualmente ocupado por los británicos, sería finalmente abandonado por éstos. Al momento de su retirada —a finales del siglo XIX, cuando la independencia de la vecina Cuba tocaba a las puertas—, la población del islote, de mayoría inglesa —aunque tampoco faltaban descendientes de iberos, africanos y holandeses—, no sobrepasaba los diez mil habitantes. Tras bordear la Segunda Guerra y observar, a prudente distancia, el ascenso al poder del castrismo, el antiguo Thamacun sobreviviría como comunidad cibernética. Ello no ocurrió sino hasta muy entrado el siglo XX, luego de que la institucionalización del totalitarismo en Cuba imperialista dividió ese país y desató una de las más populosas migraciones de que se tenga noticia. “Dos grandes éxodos, paralelos en el tiempo y el espacio, han marcado definitivamente la historia del hemisferio”, asegura el escritor J. L. Fuentes, citado por la revista Mambo y otras adversidades. “Ellos son a la invasión armada de 1960, y/o al Segundo Éxodo. Los cuatro últimos identifican el Gran Salto Adelante en Internet, o El Hecho en sí mismo. 18

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el cubano y el thamacunés, aunque todavía está por verse cuánto influirá el segundo en la historia del siglo XXI, y de los siguientes”. Los habitantes de La Playa, salvo raras excepciones, sostienen que la patria es un hijo, una mujer, Internet, un cuerpo desnudo. Cumberland erotizada. Una ventana al mar.

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El Pasado. Los Orígenes

¿Quién es el Diablo? En la historia de Thamacun la interrogante jugaría un papel fundacional2. Malver Adenauer, “El pirata de la mano de hierro”, había arribado al Reducto en la primavera de 1669, cuando un tercio de la armada española peinó tras su rastro la periferia de las Islas Tortugas. Amaba a los cerdos. Veneraba una iconografía porcina en la que el hecho de flotar en las márgenes, regurgitando 2. “El diablo son las cosas”, frase de uso común en Cuba y otros países de habla española, se populariza, según numerosos historiadores, tras la fundación de Thamacun. Así, “eres el diablo” o “se le metió el diablo en el cuerpo” constituyen recreaciones de esta frase fundacional, con la que Malver Adenauer relacionó para siempre al Cerdo y, consecuentemente, oficializó una estética thamacunesa precursora del hedonismo práctico. “El diablo son las cosas”. “El Cerdo es del diablo”. “Qué diablo más cerdo”. 20

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el esquizofrénico fluir de las ideas, adquiría forma, sentido e identidad. No es que le interesara particularmente esto último —Malver abordaba la identidad como abordaría un ropero—, pero indudablemente disfrutaba, con creciente frecuencia, el “discreto encanto” de la transgresión. El cerdo mismo podía ser el diablo. El cerdo fornicando. La cadencia de las caderas del cerdo —la idea misma de las caderas del cerdo— desmoronándose en la densidad del espasmo seminal. El semen del cerdo podía ser el diablo. Un ángel caído, las alas cortadas, súbitamente evanescente. El rosa de la abominación. La nación escarmentada en la imagen. Cuando en 1669 Malver Adenauer fundó Thamacun, había abandonado en su huida numerosas inseguridades. Ya sabía, por ejemplo, dónde se iba a morir. Y por qué. La Quinta Ley de la Cofradía comenzaba a ser un recuerdo brumoso, progresivamente inconsistente a medida que circunvalaba el islote. Lo acompañaban su mujer, dos hijas y varios de sus seguidores más leales. Hacia el sureste, los españoles sodomizaban las islas. Hacia el noroeste aún quedaba tierra por conquistar, lo que después sería Estados Unidos3. 3. Tierra de promisión que, varios siglos después de fundado Thamacun, Richard del Monte recorrería con el objetivo ERÓTICA

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de repoblar Playa Hedónica, en momentos en que Internet comenzaba a revelarse como la gran comunidad virtual, fragmentada en sucesivas comunidades, que es actualmente. Es en Estados Unidos, en 1996, que la historia de Cumberland pega un giro decisivo, gracias fundamentalmente al hallazgo por antonomasia de Del Monte: Idamanda Rosael. 22

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El Pasado. Los próceres

Entre los próceres de la desmitificación y, en general, el estamento culturalmente asentado de Thamacun, la idea de que los próceres de la sentencia representaban el antiguo orden estaba bastante extendida. Unos perfectos desconocidos —buena parte de las veces—, sin ascendiente alguno sobre la población ni otro rasgo distintivo que su, a ratos, insistente capacidad para el aforismo, habían disfrutado durante décadas del reconocimiento, o por lo menos la aceptación, de la inmensa mayoría de los thamacuneses (consideraban). No dejaba de ser, cuando menos, un fenómeno curioso. Un fenómeno que se consolidaría paulatinamente en el islote, hasta caracterizar, convertido en tradición, el itinerario de Cumberland4. 4. En la actualidad en Internet, el espacio por definición de El Hecho, la tradición de los próceres de la sentencia ha ERÓTICA

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La primera sesión del Cónclave de las Sentencias data de 1863, aunque algunos sostienen que todo comenzó en el verano de 1866. Un grupo de delegados razonables propuso a Guido Cementera, entonces encargado de Relaciones Públicas de Thamacun —con los ingleses en el gobierno, estos cargos eran meramente representativos—, instaurar una suerte de mesa redonda oratoria que, estructurada en torno al sentimiento cultural predominante, tradujera en palabras el Hecho Thamacun. Las sesiones se celebrarían cíclicamente, cada tres años. Antes, un proceso de primarias separaría la paja del trigo. En 1866 el voto popular dedujo tres sentencias ganadoras: • Haber llegado a la cima, significa tener que volar (Augusto Drury). • Cuando el destino sonríe, no le puedes pedir la carcajada ( Jeremías de los Reyes) • En toda ciudad hay un momento en el que sientes que puedes, o debes, corromperte. Es el momento de emigrar (Bartolomé Caspar). alcanzado, parafraseando a José Lezama Lima, su definición mejor. Transgresor, por ejemplo, ha sido el aforismo de Rosael (Idamanda): “Yo soy la mujer de mi marido, y mi marido es mi mujer”. 24

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La segunda sentencia ganadora provocó lo que se conoce en el argot thamacunés como un “debate interior de referencia”. Durante años, incluso décadas, numerosos próceres, delegados y cronistas comentarían críticamente el aforismo. ¿No le puedes pedir la carcajada? ¿No era acaso Thamacun un punto de partida hacia lo inimaginable? ¿No ofrecía el Gran Salto Adelante suficiente espacio para la realización interior? ¿El destino no era uno mismo? Y un siglo más tarde: ¿Uno mismo no era el todo, y la esencia, de Hedónica? ¿No constituía la propia Cumberland una revolucionaria, y fertilizante, carcajada?

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El Presente. Bibliografía

La idea de escribir Las Crónicas —de repoblar Cumberland en la ficción, revolucionando la mecánica interactiva preconizada por el prócer Morgan German— surgió en Miami Beach a principios de 1995, en un ómnibus público en el que Richard del Monte viajaba hacia Idamanda Rosael, aunque él no lo sabía todavía. La visión de los ancianos pasajeros —aunque en el autobús no sólo había ancianos, su aplastante mayoría lo inspiró—, transportados como pollos a través de la playa americana —en el ómnibus se preguntó súbitamente: “¿domeñados por los puntoCON?”— era contrastante: por un lado, su visión laudatoria de lo longevo —lo longevo como expresión potencial del Gran Salto Adelante— se resistía a admitir la decadencia visible en los rostros ensimismados, 26

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colgantes, requemados por el sol de la derrota social que delataba el abandono de los ancianos. Por el otro, a pesar de ser longevos, los longevos podían languidecer como pollos en un ómnibus de pasajeros. Iban —los llevaban— de un lado a otro, siempre el mismo trayecto, la misma monótona circunvalación, animales domésticos preteridos: Viejos animales de granja. Patos, gallinas… ¿Cerdos? Más tarde decidió transformar Las Crónicas en Crónicas del Año del Cerdo. Desplegar el libro, originalmente concebido como una especie de ensayo o tratado, sobre un esquema flexible, capaz de juntar “Todos los Mundos en Uno”: la crónica cibernética, la novela, el testimonio erótico (el Himeneo de la Refundación5 como pentagrama). Realidad y ficción complementándose. Claro que la ficción cumplía un papel sucedáneo en la evolución de los cuerpos, de la carne multiplicándose: pretendía dar forma al 5. Uno de los más rentables rubros de exportación thamacuneses fue la enseñanza en forma de manuales del Himeneo de la Refundación (preámbulos del coito elevados a la categoría de ejercicio espiritual), que superaría incluso, en ciertas épocas, la venta de huchas y de sopa de salmón en conserva. La abundante literatura sobre el himeneo exportada por el Reducto —parte de cuyo legado recoge Playa Hedónica— aún hoy beneficia a considerables sectores de la población cumberlana. ERÓTICA

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contenido más que influirlo directamente. No había piedad en ella, ni pudor, ni cuentos chinos. La ficción procuraba únicamente liberar a la realidad de sus convencionalismos, de su rigidez intratable. A fin de cuentas, repoblar Erótica. Y por supuesto, era el nómada, el niño en perspectiva. Crecientemente atento a —inevitablemente inmerso en— El Hecho. El Cerdo aleteando en el autobús, queriendo escapar por la ventana. Prefigurando a Idamanda.

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El Presente. La Blogosfera

Entre los casos más jocosos que debieron enfrentar Idamanda Rosael y Richard del Monte, en una época en que la defensa de Hedónica (La Playa) se había vuelto imprescindible, el de los poetas puntoCON resaltaría por su persistente ubicuidad. El poeta V se había hecho célebre en la blogosfera, en los predios del blog del poeta H, por sus disquisiciones y mamotretos, que se revolvían y enroscaban sobre sí mismos, en la vastedad de sus impenetrables monólogos. H, por su parte, enarbolaba insistentemente un antiguo premio de poesía obtenido en su provincia natal, todo lo cual había terminado estancando, hasta desleír, su desenvolvimiento lírico. Un buen día, V redescubrió a H, y H redescubrió a V, en la ciudad del exilio donde ambos se dejaban crecer las barbas. Naturalmente, hubiesen sido enemigos en La Habana de la Unión de Escritores, secuestrados por la insoportable levedad de los comentarios ERÓTICA

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de pasillo, tenedores de recados de la ya añeja institución, arrancándose tiras del pellejo, odiándose a muerte en el sopor de los debates estivales, regados con ron albañal y refresco de polvito. Pero en la blogosfera, también naturalmente, no les quedaba otra que dinamitar Cumberland. Aunque en público inevitablemente desentonaban, su alianza respondía a consideraciones estratégicas coincidentes, e Idamanda y del Monte así lo habían comprendido. El fracaso (el amontonamiento, ya desquiciante, de unos libros impresos que nadie leía y mucho menos citaba) los había vuelto aún más sibilinos, de manera que su afán por levantar una réplica a su medida de la Unión de Escritores en medio del Tercer Éxodo constituía, en definitiva, un intento de hacerse fuertes tras el acoso y derribo de Erótica. ¿No era acaso la Zorra el Anónimo Estresado? ¿Y no se había paseado junto a V a todo lo largo y ancho de la blogocosa? ¿Cómo podía H, tras haber sido Torofijo, encasquetarse nuevamente su pasamontañas de Tirador Platónico? ¿En definitiva no era también puntoCON la oprobiosa inconsistencia del ruiseñor enjaulado? Algunos de sus libros habían cumplido ya la mayoría de edad —pasaba lo mismo con los mamotretos de V— y esto exacerbaba su despecho, de cara a la insobornable languidez de Playa Hedónica. 30

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El Pasado. Los Orígenes

Si Thamacun fue una papa caliente en manos de sus colonizadores —una hipótesis no del todo descabellada dada la premura con que los ingleses abandonaron el islote—, ¿por qué entonces desarrolló una cultura antinacionalista tan minuciosa? ¿Por qué en lugar de desarrollarse como nación visible, o como contrapartida visible de su vecina mayor, prácticamente se borró del mapa? El nacionalismo puede mutar para bien. En lugar de reafirmarse frente a un supuesto enemigo externo, puede hacerlo frente al futuro (desarrollando la nación en dirección al futuro). Fue, según diversos analistas, lo que ocurrió en algún punto de la historia del Reducto. Adelantándose a casi todo el mundo, los thamacuneses previeron el actual proceso de globalización ERÓTICA

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—no precisamente una invención posmoderna—, de ahí su apuesta por la desaparición de las fronteras simbólicas, de la simbología nacionalista. O, más que prever, abordaron el autobús de la historia moderna cuando éste hacía su primera parada. De manera que pudieron escoger dónde y cómo sentarse. Se adelantaron ahorrándose el fratricidio en el que se sumergirían sus parientes más cercanos —los cubanos— ya desde su surgimiento nacional. Ya desde principios del siglo XX, el término “Planeta Cuba” era popular en el islote. Popular como ejemplo de lo que no debe hacerse: como símbolo de lo decadente e incluso de lo ridículo. La desmesurada importancia que los cubanos conceden a lo nacional —a la bandera, el himno, las guerras, las revoluciones…— fue interpretada en Thamacun como un signo de debilidad. Pero también como una bufonada. De ahí que no sólo atrajera los análisis de sus estudiosos, sino la atención de sus cómicos. Planeta Cuba, sin ir más lejos —además de ser el nombre de una fonda en la que sólo servían arroz congrí, masas de puerco fritas y yuca con mojo6—, fue un célebre teatro de 6. Plato típico de la isla de Cuba. Según algunos investigadores, empeñados en primar sobre sus vecinos del islote Thamacun los cubanos de la primera mitad del siglo XX sabotearon insistentemente las exportaciones de sopa de salmón enlatada 32

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variedades cuyos espectáculos humorísticos cargaban insistentemente contra el nacionalismo cubano. “Ser libre es emanciparse de la búsqueda de un destino”, escribe Cioran en La caída del tiempo. “Es renunciar a formar parte de los elegidos y de los rechazados. Es ejercitarse en ser nadie”. Un concepto parecido manejarían los ciudadanos de Cumberland en el exilio (exilio durante el que, por cierto, una delegación de la comunidad visitaría al filósofo rumano). El concepto de dejar de ser planeta —de dejar de ser totalidad— para convertirse en energía. Para desnudarse en sí mismos.

que hicieran célebres a los thamacuneses. De ahí que, a manera de contraataque, despuntara en el islote una cierta tendencia a ridiculizar la gastronomía de la Antilla Grande, sobre todo a mediados del siglo XX. ERÓTICA

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El Pasado. Los Orígenes

La toma de la capital thamacunesa por los hitlerianos, en 1944, rara vez es citada por los historiadores. Comparada con la invasión de Thamacun en 1960, que marca un antes y un después en la historia de Erótica (Segundo Éxodo), se trata de un episodio intrascendente. Pero no deja de ser revelador, e indirectamente evoca el artero mimetismo desde el que los puntoCON, más contemporáneamente, han pretendido borrar La Playa del mapa cibernético. El general teutón Robben intentó fundar Berlín Caribe, una suerte de República en miniatura, en las inmediaciones de la Ciudad Prohibida, “tras tomar el Reducto sin un solo disparo al aire” (eso escribiría a sus superiores, aunque está demostrado que los alemanes se desgastaron en salvas de celebración, regadas por el vino dulce de las bodegas legadas por Beatriz 34

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de Eugenia y el aroma de la rivadavia que ya en La Habana, poco antes de inaugurar La Casa del Cerdo, había comenzado a cultivar la marquesa). Era, con exactitud, el 19 de septiembre de 1944, y el Almirante Edward Braun, que había enviado al general a marchar sobre “La Prohibida”, necesitaba urgentemente resarcir su carrera con una victoria en Thamacun (con una victoria en cualquier parte). Los germanos, cuyos submarinos habían zarpado desde Noruega, no estaban solos —asediados por la evidencia de que fuera del Reducto era imposible vivir más deliciosamente. Robben desembarcó tras parquear tres sumergibles en la ensenada, con más de doscientos hombres a su mando —en algunas versiones se habla incluso de trescientos, pero no está claro si se tiene en cuenta a la tripulación especializada. Antes de marchar sobre la capital del Reducto, tomó el caserío de Paradisíaca, en el litoral noroeste. Paradójicamente, la ocupación de lo que en la actualidad, en Internet, es Playa Hedónica, decretaría el fracaso de la invasión teutona (entendida como apropiación territorial más que como asunción cultural propiamente dicha). Braun, quien pocos meses antes había cometido errores imperdonables en Normandía, creía que la toma de La Prohibida lo resarciría ante sus superiores. Pero se equivocaba de medio a medio. ERÓTICA

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El Pasado. Los próceres

Entre los próceres de la sentencia, en una época en que el Cónclave vivía su “período multiorgásmico” —denominación propiciada por el prócer Emenegildo Evans—, la insobornable parquedad de Atendimiento Mutuo, “El Estudiante”, no fue bien recibida. Célebre en Thamacun por extenderse en silencios seminales, adornados por ocasionales asentimientos, Mutuo insistía en que debía a su abuelo materno el conocimiento de la razón afrodisiaca. “Mientras más se habla menos se aprende”, persistían en la distancia las palabras del Grandfather, convenientemente reordenadas por la sedosa hedónica de los susurros de Atendimiento. “Debía estudiarse la relación entre la locuacidad del sentencioso, o del cronista inclusive, y la relevancia de su oratoria. Va y descubrimos detalles reveladores”, 36

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amenizaba, sardónico, el prócer ajedrecista (único de la desmitificación capaz de musicalizar, durante tres noches seguidas, la ardiente prosopopeya del Cónclave de las Sentencias). “En boca cerrada no entran moscas”, había dicho el Grandfather. No “en boca cerrada entran conocimientos” (aforismo de Mutuo propiamente) sino “en boca cerrada no entran moscas”. Gracias a la intrascendencia del abuelo de Atendimiento —reconocería, emocionada, Mónica Medler—, Mutuo consiguió cerrar, para todos nosotros, “la polémica de los enroques” (según la cual la oposición entre próceres de la desmitificación y de la sentencia podía hacerse cíclica, y era desde todo punto de vista inevitable): “Estudio, luego saco conclusiones, luego acumulo conocimiento” se convertiría, de un día para otro, en el artículo por antonomasia del Segundo Éxodo. “Mientras más se habla menos se aprende” (“en boca cerrada entran conocimientos”), repetiría durante tres días con sus noches, a ritmo de conga, el más ajedrecístico de los Cónclaves de la segunda mitad del siglo XX.

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El Presente. La Blogosfera

Entre todos los casos que exacerbaron la analítica de Idamanda Rosael y Richard del Monte, el Enigma de Nuevo Songo7 destacaría por su festiva duplicidad. 7. Entre todas las recreaciones de El Hecho, en su etapa moderna o cibernética, quizá es Nuevo Songo la que más puntos de contacto guarda con lo que Richard del Monte ha denominado el “choteo hedónico”, o la “desmitificación del Cerdo en tanto leyenda urbana”. De manera que este otro islote se concibe a sí mismo transversalmente: “Los primeros viajeros que arribaron a las costas de Nuevo Songo no fueron los balseros cubanos, padres fundadores que llegaron arrastrados por la Corriente del Golfo tras perderse en el Atlántico intentando alcanzar las costas de la Florida. El islote, como la Isla de Man, fue territorio celta desde el 600 a. d. c. y puesto vikingo desde alrededor del año 900. Pasó sucesivamente de manos noruegas a escocesas, y finalmente cayó en poder de la Corona británica, en el siglo 38

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Ni se trataba de una derivación de El Hecho conceptualmente, pues la mítica novosongonesa descansaba más en el humor recreativo que en la diversión productiva, ni podía descartarse que formara parte de una ofensiva calculada de algunos próceres de la desmitificación. Estos, parapetados tras la excusa de que los puntoCON88 manejaban los hilos de “El Caso de la Isla de Man”, como también se le conocía, habían XVIII (…) Nuevo Songo del Norte (New North Songo, en inglés; Nueo Ongo el Nolte, en novosongolés) está ubicado al noroeste de la Isla de Man, que es su centro político de gravedad, y como tal ha adoptado las características de ese territorio semi—independiente de la Corona británica”, ha señalado Victoreto, uno de sus cronistas más populares, en el blog homónimo. 8. Como delegados activos, uno de los objetivos fundamentales de Richard del Monte e Idamanda Rosael fue rechazar y/o contextualizar la manipulación cibernética de la oposición colectivista, nacionalista o puntoCON, empeñada en sabotear el Hecho Thamacun. Así, el surgimiento de Nuevo Songo del Norte pudo constituir, en principio, una maniobra envolvente del nacionalismo cubano, pero también una jugada especulativa de ciertos próceres de la desmitificación, conscientes de que El Hecho albergaba suficiente potencial humorístico para desmontar la estética choteadora de sus adversarios conceptuales. ERÓTICA

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inducido a la pareja a andarse con tiento. Era cuestión de descifrar el enigma o abandonar Erótica a su suerte, algo que Idamanda no estaba dispuesta a considerar. Nuevo Songo, en cualquier caso, se había erigido en un reto. Un reto semejante, en la densidad de su misterio, al del Anónimo Estresado. El Anónimo Estresado había saboteado durante días, con una persistencia digna de mejor causa, la sección de comentarios de Iconoclastia, empeñado en poner sobre el tapete los intereses ocultos de “quienes hacían negocio con la causa cubiche”. Tan lejos llegaría en sus afanes, que incluso el descubrimiento de Nuevo Songo había sido incapaz de devolverlo a la acogedora sombra de la realidad cumberlana. No había nada para nadie. Había que andarse con cuidado con la Zorra. ¿Por qué el resto del islote —Bajo Songo— era una provincia rebelde y aspiraba a la reunificación? ¿Por qué los padres fundadores habían renegado de su pasado vikingo? ¿Qué tenía que ver Pánfilo9 con la misteriosa sensualidad de la reina Leididí Usnavi Burundanga I, a quien tantos cronistas relacionaban 9. A Pánfilo, ciudadano cubano, protagonista de un célebre video en Youtube en el que se denunciaban las carencias alimentarias en Cuba, le fue concedida la ciudadanía honoraria novosongolesa en 2009. 40

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con Meneíto? ¿Por qué insistía el director de la Orquesta Sinfónica local, y ex ministro de Cultura, Pello el Anglocán, en ir a tocar a Cuba? Estas y otras preguntas horadaban, incesantes, los sentidos de la pareja delegada. El sexto sentido de Idamanda. El tercer sentido de Del Monte.

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El Pasado. Los Orígenes

Según numerosos estudiosos, el término Thamacun —como prácticamente todo en Cumberland— tiene más de un origen. O mejor: se trata de un aporte inglés a la denominación de origen indígena. De aceptarse esta teoría, el nombre inmediatamente anterior del islote habría sido “Tamacún”. O al menos así lo habrían nombrado sus colonizadores. El políglota Esteban Ricardo sostiene que, efectivamente, la H del “Thamacun” constituye una aportación británica. Originalmente, los ingleses se apropiaron de la denominación indígena, pero intercalando la H y omitiendo el acento en la U. La H intermedia, siempre según Ricardo, representaba la determinación inglesa de reverenciar el nombre del más célebre de sus ríos, el Thames.

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Una denominación que, dicho sea de paso, el castellano ha desfigurado injustamente (Támesis por Thames). Es decir, “Thamacun” habría constituido, no hay por qué ponerlo en duda, una revancha lingüística. Dicho esto, cabe aclarar que el calificativo con que actualmente se identifica al islote no es más que una aproximación contemporánea. Los ingleses nada tienen que ver en el asunto.

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El Pasado. Los Orígenes

Cuando a principios del pasado siglo el descubrimiento de la desaparición de Beatriz de Eugenia obligó a infinidad de historiadores a revisar sus archivos, los abuelos de Idamanda Rosael aún no habían nacido. Hasta entonces, la historiografía de Thamacun extendía un denso manto teórico, pespunteado de especulaciones frecuentemente insustanciales, sobre los orígenes de El Hecho. Con la marquesa finalmente se pisaba tierra firme. Con la desaparición de la marquesa en específico. Hacia 1762, Beatriz de Eugenia habitaba una Habana eminentemente portuaria y, por lo mismo, desproporcionadamente masculina. La toma de la ciudad por los ingleses acentuaría esta última peculiaridad. Un número indeterminado pero sustancial de prostitutas remediaba como podía este inconveniente, manteniendo a buen recaudo los apetitos de forasteros y lugareños. En este contexto concurre el 44

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encuentro seminal de Thamacun: la marquesa conoce a Richard Megan, oficial británico con mando en plaza, y los acontecimientos que desembocan en Erótica confluyen hacia el futuro. Antes de conocer a Megan la marquesa había sido profundamente infeliz. Casada apenas rebasada la adolescencia con el marqués Florencio de Eugenia —un acaudalado cincuentón de origen mediterráneo—, a sus veintitrés años había alcanzado la resignación de oficio propia de las mujeres comprometidas por decreto. Pero fue ver a Megan, fue ver Megan a Eugenia, y la resignación de oficio desapareció sin dejar rastro. La súbita pareja, luego de una serie de vertiginosos encuentros amorosos, dejó atrás la clandestinidad del adulterio para instalarse, alborozada, en la clandestinidad de la fuga perpetua. El británico y la cubana desaparecieron la víspera del regreso del marqués de Eugenia, quien había emprendido un viaje de negocios. Megan, el oficial ajedrecista, tenía un oscuro futuro profesional por delante. Beatriz, la infiel, debía enfrentar —o eludir— los rigores de una sociedad retrógrada, minuciosamente machista. Los ingleses, entretanto, abandonaban La Habana. Todo apuntaba hacia La Refundación. Un nuevo y revolucionario burdel abría sus puertas. Lo llamaron La Casa del Cerdo. ERÓTICA

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El Pasado. Los Orígenes

La polémica en torno al surgimiento y desarrollo de Cumberland, como de su antecesora Thamacun, sigue viva. Entre los historiadores, durante mucho años se impuso el método tradicional, que dividía en dos etapas la cronología del islote: una primera conocida (no sin cierta ironía) como “la revolucionaria”, que comprende las crónicas de la comunidad geográficamente asentada —Thamacun—, y una segunda —“la exiliada”— en la que la comunidad eclosiona y resurge como ciberespacio. Como Erótica propiamente. Pero el prestigio del método tradicional ha mermado con el tiempo, básicamente a consecuencia de la sobrepoblación desatada por Internet (Twitter, Facebook, la blogosfera…). Así, se ha impuesto paulatinamente el llamado “método moderno”, que his46

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toria el surgimiento del islote y de su descendencia cibernética alrededor de los tres grandes éxodos que determinaron el devenir de la comunidad. El Primer Éxodo sobreviene a finales del siglo XIX, en vísperas de la independencia de Cuba, con los británicos abandonando Thamacun10. Se sabe que en poco menos de tres meses cerca de seis mil personas, el grueso de ellas de nacionalidad inglesa o descendientes directas de los ingleses, partieron hacia Gran Bretaña. La minoría permanente asumió la independencia del islote sin mayores estridencias, convencida de que una política basada en la discreción, y aun en el hermetismo, resultaba vital para su supervivencia. Hacia 1903 un censo local, del que el periódico cubano Diario de la Marina se haría eco, calculaba la población de Thamacun en unos nueve mil seiscientos habitantes. Un lustro después del Primer Éxodo el crecimiento se había disparado, con el añadido de varios cientos de inmigrantes de la vecina Cuba. Es alrededor de esta fecha que el tema de la anexión toma 10. En 1762, apenas dos semanas antes de conquistar La Habana, Inglaterra se apodera de Thamacun sin bajas considerables, tras una escaramuza para el olvido. 135 años después los británicos abandonaban el islote sin siquiera organizar una despedida, casi subrepticiamente. ERÓTICA

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alguna fuerza al interior de los circuitos de poder cubanos. Incluso, ciertos historiadores consideran que en buena medida esto se debió a la cobertura del Diario de la Marina, demasiado explícita para el gusto del nacionalismo criollo, o francamente interesada. Pero el gobierno de Tomás Estrada Palma no iría más allá de algún que otro tanteo diplomático, convencido de que la asimilación voluntaria del islote era cuestión de tiempo. Por aquella época, la creencia de que Thamacun terminaría en brazos de la “Madre Patria” (Cuba) —espontáneamente en brazos— no carecía de ascendente entre las elites cubanas.

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El Pasado. Los próceres

La ausencia de héroes establecidos, del mismo concepto de heroicidad como referente cultural, generó desde muy temprano en Thamacun lo que se conocería después como el fenómeno de “El Gran Salto Adelante”. Claro que el salto thamacunés no guarda relación alguna con el concepto maoísta de la industrialización forzosa, y no cuajó completamente hasta bien entrado el siglo XIX. Dicho salto implicó soltar amarras —desembarazarse del lastre de La Historia—, una reformulación de la autoestima nacional y la intención, culturalmente establecida, de ridiculizar la mitología nacionalista, la inmolación y/o el martirio en pro de una supuesta causa redentora. En la cultura thamacunesa y su derivación, la cultura cumberlana, lo más cercano al concepto de heERÓTICA

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roicidad es el de desmitificación. Con lo que más que a héroes nacionales en el islote se veneraba —probablemente una palabra demasiado aguda para describir este sentimiento específico— a los próceres de la desmitificación. Tal vez el más popular entre ellos ha sido Kanú Sisborne, fabricante y promotor del “chaleco de castidad”. El chaleco fue adquirido por Fidel Castro en 1969. Consiste en un adminículo antibalas, ligeramente semejante a un cinturón de castidad, diseñado para salvaguardar las partes pudendas de su portador, básicamente los glúteos y genitales. Sobre todo los glúteos. Gracias a la muñida curvatura del chaleco, su portador podía tomar asiento sin mayores molestias, en tanto el diseño concebido por Sisborne disimulaba eficazmente la presencia del artefacto. Esto último agradó particularmente a Castro. En un reportaje de Sobrino Tadei aparecido en el número veintitrés de Mambo y otras adversidades, Sisborne revela los detalles de su penúltima entrevista con el abogado holguinero. “Fue un momento crítico —refiere el prócer de Cumberland—. Expliqué a Castro que, estadísticamente, dos de cada tres intentos de magnicidio se producían por la espalda, con el perpetrador disparando por la espalda. Y que, como promedio, en uno de dos intentos la bala se alojaba en 50

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una de las dos nalgas de la víctima, o rozaba una de las dos, o pasaba muy cerca, o iba dirigida a ellas”. El políglota Esteban Ricardo ha insistido en que fue este último argumento, y no el relacionado con el diseño del chaleco de castidad, el que convenció a Castro. En cualquier caso, y más allá de las interioridades del evento, lo cierto es que el artefacto de Sisborne acabó ridiculizando al dictador. Atenazando las nalgas del dictador11. “Los hombres mueren, el partido es inmortal”, declararía en su momento el abogado holguinero. Inversamente, en Hedónica (La Playa) los hombres (y las mujeres) se divierten, y el chaleco es inmortal.

11. Algunos historiadores sostienen que la enfermedad intestinal que llevó a Fidel Castro a abandonar el poder, en 2006, tiene origen en el prolongado uso del chaleco de castidad. En cualquier caso, estas especulaciones no han podido ser corroboradas. ERÓTICA

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El Presente. La Blogosfera

Entre todos los casos que debieron abordar Idamanda y Del Monte, empeñados en contener la implacable arremetida del colectivismo puntoCON, el de los Vertederos Inservibles brillaría con particular oscuridad. Durante mucho tiempo Idamanda se había mantenido al acecho, día y noche en torno a las turbias oquedades de la Cloaca del Pantano, a la caza de una pista que le revelara la naturaleza del silencio del bloguero mudo. Pero la Cloaca permanecía tan muda como éste y otro misterio añadido, sobre el que Del Monte llamara oportunamente la atención, venía a colmar todavía más su paciencia: El Blog de la Mano Sucia, que astutamente se hacía nombrar “De la Mano Limpia”. Las similitudes entre el blog de la Mano Sucia y la Cloaca del Pantano saltaban a la vista. La Cloa52

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ca acumulaba comentarios sucios, mientras que La Mano almacenaba posts polémicos. O viceversa, porque en ocasiones los comentarios de La Cloaca eran más polémicos que sucios, y los posts de La Mano más sucios que polémicos. En todo caso, se trataba de auténticos vertederos en desgracia, y tras días de puntillosa observación Idamanda no pudo sino certificar lo evidente: A La Cloaca no entraba prácticamente nada —mucho menos salía—, y de La Mano se habían apoderado los textos de dos blogs que sucedían sin apenas transición sus burlas contra el Penúltimo Mudo. ¿No sería La Mano propiedad, precisamente, de éste?, se preguntaba Rosael, a quien le resultaba altamente sospechosa la desaparición de los demás blogs de la competencia. ¿No estaría ante una nueva estrategia de marketing que iba a hacer palidecer de envidia al resto de la blogosfera, Cumberland incluida? ¿No sería el bloguero mudo un genio incomprendido de las relaciones públicas? El misterio de la Cloaca del Pantano se superponía ahora al misterio del Penúltimo Mudo que se superponía ahora al misterio de Nuevo Songo del Norte. Había que entrarle a mano limpia a tan enrevesado desbarajuste.

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El Pasado. Bibliografía

Comúnmente, Apología de la curiosidad es considerada la obra por antonomasia del pensamiento thamacunés. O, en cualquier caso, la que más descendencias ha engendrado, y en todas direcciones. Junto a Crónicas de El Año del Cerdo, Idamanda: la democratización del ego y Un grito de guerra contra el nacionalismo criollo conforma, en seis volúmenes, el llamado “Cuarteto de Cumberland”. “No sólo es el afán de reconocimiento lo que impulsa a los hombres a crear y progresar, sino la curiosidad —establece Mónica Medler en Apología de la curiosidad—. Más que nada la curiosidad. O al menos es ella, por sobre todas las cosas, la que debería impulsarlos”. La teoría de la curiosidad como antídoto contra la violencia y, en un sentido más amplio, como im54

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pulsora de una cultura de la humildad proclive a la regeneración, es lo que fundamentalmente distingue a esta escritora de otros pensadores thamacuneses. Sin embargo, hay que decir que la teoría de Medler, una autora nacida en Thamacun pero cuya carrera profesional transcurrió mayormente en Suiza —falleció en Berna a los noventa años—, prefigura la concepción integradora de la antropóloga Any Ferrara, dado que constituye un soporte o punto de partida para su tesis de la asimilación, expuesta en el también antológico La victoria del presente. “Generalmente, el latino aborda la otredad con afán de primar —afirma la autora de Apología de la curiosidad—. El anglosajón, en cambio, con afán de aprender. Esta última herencia resulta invalorable. Los thamacuneses nunca nos cansaremos de agradecerla”. “Curioseamos —afirma Medler en su obra emblemática—. Luego, aprendemos. Luego, asimilamos. Entonces hacemos la diferencia”.

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El Pasado. Los Orígenes

Hacia 1762, en el vórtice de lo que luego sería la barriada habanera de El Cerro, La Casa dominaba las inmediaciones. El salmón asado esparciéndose en cada aposento, un aroma a partir del que Richard Megan y Beatriz de Eugenia levantarían La Ciudad Prohibida. El abandono que antecede al abandono (pero también el que le sigue a prudente distancia). Como el del sueño que precede al sueño, revitalizando la memoria. El oro, cálido, del Hecho Thamacun12. 12. En su libro Una interpretación alternativa del Primer Éxodo, Any Ferrara afirma que La Casa del Cerdo constituye, por derecho propio, la primera representación del Hecho Thamacun, aun antes de que la pareja conformada por Beatriz de Eugenia y Richard Megan desembarcara en el Reducto, y aun cuando se tratara de una movida física, más allá del 56

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Sumaban seis las contratadas, y otras seis, y así en lo sucesivo. Podía vérseles en la distancia, hacia la zona sur de La Casa, precedidas por una enorme hucha que orientaba a los debutantes. Veinte, treinta minutos… hasta una hora solía durar El Himeneo, los periplos, la ondulante euforia de los cuerpos devastados por la realidad posnatal. Pero resultaba fácil conciliar el sueño sobre ellas: evolucionaban con esa minuciosidad fundacional con la que ciertas aves conciben el nido de sus crías: espuma de mar, alfombra mágica, cielo abierto y hospitalario. El salmón remontando la corriente. Tal como lo quería la marquesa. Algunas invocaban a Adenauer sin saberlo, en el breve espacio de tiempo que antecedía a la vuelta al himeneo o a lo que llamaban “el tránsito”. Y a ninguna le molestaba el dinero. Sólo soñaban consigo mismas en la proyección hacia el nosotros, hacia el ustedes. Sólo aceptaban la eternidad del sueño, la eternidad del objeto en el que sus sueños se veían reflejados, entregados al Hecho Thamacun. Luego, casi enseguida, emergían a la realidad, imaginándola. Mientras otro destacamento avanzaba acontecimiento interior. Cronistas, investigadores de renombre y escritores posnacionales como Loyola Moore, Joaquín Gálvez, Velázquez Callejas, Gayol Mecías y Dylan Fernández Diez, han merodeado esta tesis. ERÓTICA

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hacia ellas. Mientras veían adelantarse con dulzura, con ardiente resignación, a las elegidas. Ellas mismas avanzando hacia ellas mismas. El cerdo duchándose. El cerdo riéndose por teléfono. La niña, látigo en mano, sobre la vertiginosa ensoñación del puerco. Sobre el tablero de ajedrez, el cerdo. Era todo lo que les había enseñado la marquesa.

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El Pasado. Bibliografía

La historia secreta de Thamacun —o “la Historia Paralela”, como también se le conoce— no podía sino generar una historiografía marginal relativamente abundante. Es el caso de la obra de la antropóloga Any Ferrara, quien en Una interpretación alternativa del Primer Éxodo se aparta considerablemente de la versión aceptada por la mayoría de los estudiosos. Ferrara sostiene que los ingleses abandonaron el islote espoleados por intereses económicos. En apoyo de su teoría concurre el hecho innegable de que durante los últimos años del siglo XIX la inversión británica en la mayor de las Antillas no cesaría de acrecentarse. En 1897, en detrimento de Thamacun, los ingleses fundan la Empresa de Ferrocarriles de Cuba, una compañía que gradualmente engloba todo el sistema de transporte del occidente de esa isla. InglateERÓTICA

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rra se establecería en lo adelante, y durante casi tres décadas, como la potencia con más capital invertido en Cuba. Según Ferrara, unas de las condiciones que la Corona Española impuso a los inversores ingleses fue que abandonaran el Reducto. La desproporción entre las ganancias obtenidas por Gran Bretaña en La Ciudad Prohibida —muchos consideran que más que ganancias se trataba de pérdidas— y las conseguidas en la vecina Cuba era evidente, lo cual, en última instancia, habría desatado el Primer Éxodo. “No hay evidencia suficiente de que los ingleses abandonaran el islote por razones comerciales —escribe la antropóloga en la obra antes citada—, pero tampoco hay suficiente evidencia en sentido contrario. El punto, en cualquier caso, es que el comercio británico se expande en Cuba sobre todo a partir del Primer Éxodo. En consecuencia, éste podría haber jugado un papel determinante en dicha expansión”.

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El Pasado. Los Orígenes

La revolución permanente, el concepto desde el que la cultura thamacunesa florecería hasta bien entrado el siglo XX constituye, según el antropólogo James Fergusson, un intento de “sacarle los colores” a una revolución mucho más concreta: la de “la diversión productiva”. Otra vez una deriva en torno al eje seminal del Reducto: el cerdo y el salmón, o la idea del cerdo como emblema. Tanto había calado la simbología del cerdo entre los thamacuneses —paradójicamente, en una nación abocada a rechazar, con naturalidad y consistencia, toda clase de simbologías—, que en 1955 el diplomático Morgan German propone instituir una bandera diseñada a imagen y semejanza de la hucha del cerdito. La hucha rosada, rebosante, al centro. Fondo blanco o negro y luego, enmarcando la alcancía, lo ERÓTICA

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que Richard del Monte ha definido como una imagen finisecular: el mango de un teléfono. De qué iba el cerdo. Dónde lo tenían. Hacia dónde miraba el cerdo. De qué color era el caballo. Por qué el cerdo no llevaba calzoncillos. Quién le haló la oreja al cerdo. Qué le decía el uno a la otra. Por qué era El Cerdo y no el cerdo simplemente. A punto de meterse en la ducha, el cerdo cogía el teléfono. Llamada de su suegra. El cerdo pegaba todo lo que podía la oreja. La suegra quería saber qué hacía el cerdo. El cerdo estaba trabajando. Gozaba trabajando. Reía trabajando. El cerdo, bajo la ducha, elucubraba. El cerdo era escritor. La suegra, la madre de todas las batallas. Eran los días de la revolución permanente.

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El Presente. La Blogosfera

Entre los tantos misterios que encendieron la imaginación de Idamanda Rosael, ninguno tan empedernido como el Acertijo de la Desaparición del Carpintero. La sicóloga, que había dilatado lo indecible los requerimientos de la Bloguera Cotidiana, empeñada en desvelar la identidad de la Voladora Núbil, tenía ante sí, en el estilo del carpintero, el primer cabo suelto desde que aquel caso la enredara en los meandros de la blogosfera posnacional. Era aquel extraño modus operandi, la conversión de un blog popular en un blog para invitados, lo que agitaba las ya fatigadas neuronas de Idamanda y su persistente pareja, Richard del Monte. La Voladora Núbil había partido un buen día así, apenas sin dejar rastro, y ambos se debatían ante la posibilidad de que el carpintero mutara, como la voladora, antes de desaparecer para siempre. En los días en que los próceres ERÓTICA

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de la desmitificación la arropaban con sus continuas divagaciones, Idamanda había sugerido esa posibilidad: La Voladora podía desaparecer repentinamente, como el sueño de una noche de verano. Y la Voladora había desaparecido. Aunque vuelto a aparecer. Fue entonces que las revelaciones del karateco-caricaturista dejaron chiquitas las andanadas de la Voladora y sus ayudantes, y la Bloguera Cotidiana se encerró en un mutismo sepulcral, del que no la sacaría siquiera la Primera Redvolución Banderizada13. ¿Se habían aliado el Carpintero y la Zorra? ¿Acaso el Anónimo Estresado había logrado comerle la cabeza, al punto de enfrentarlo a Playa Hedónica? Por lo pronto, el Carpintero había desaparecido, y vuelto a aparecer. Y esta vez Idamanda ni siquiera podía hallar respuestas en la Cloaca del Pantano.

13. La Primera Redvolución Banderizada, como se le conocería en los predios de La Playa, puso a trabajar por primera vez juntos a cumberlanos y exiliados cubanos (incluso a agentes puntoCON) en torno a la idea primaria de las banderas sucesivas y su potencial como referente anti-simbólico. Un acontecimiento inédito que durante varias semanas mantuvo en vilo a la blogosfera cubiche, tanto a los implicados en El Hecho como a sus detractores. Ver: http://blogsconbandera. blogspot.com/ o http://contodaslasbanderas.blogspot.com/ 64

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El Pasado. Los próceres

En Londres o Madrid, sobre todo en la primera mitad del siglo XX, Meneito14 no hubiera pasado desapercibida. Pero tampoco hubiera suscitado homenajes, seminarios, festivales y hasta una estatua en la principal plaza de la ciudad, como sucedió en Thamacun. Ni siquiera en Cuba “La mujer de goma”, como también

14. Dice Anonimón III de Alejandría en su blog West Havana in Exilium Tremens: “No podemos apoyar a Leididí Usnavi Burundanga I (reina de Nuevo Songo del Norte), cuyo nombre verdadero es Meneíto; primero, por lealtad a nuestra amiga Isabelita la verdadera inglesa; pero además, por el origen de ese diferendo que las enfrenta y que reporteros de El Viejo Anunciador de West Havana han documentado con fotos de los archivos secretos de Albión la Vieja”. La discusión sobre quién es, o fue, en realidad Meneíto, persiste hasta nuestros días. ERÓTICA

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se le conocía, hubiera generado tamaño despliegue popular. A mediados de la década del treinta Meneito había alcanzado, anatómicamente, ese estado de la materia dispuesta, esa especie de arquitectura galopante sobre la que Idamanda llamara la atención en La isla desaparecida: Un epílogo al Lenguaje del Tercer Éxodo. De la contemplación de su trasero —alto, desconcertante, inigualable— extraía el Reducto su secreta fuerza, su vitalidad. De sus andares obtenía la futura Erótica el combustible del porvenir. Desde su cuerpo respiraba ansioso el islote, fascinado ante la perspectiva de trascender definitivamente la belleza (la ordinariez de la belleza). Porque su bamboleo —el bamboleo que justificaba no sólo los exquisitos desequilibrios de su estructura monumental, sino a todo Thamacun— era música, aroma, representación —y concreción— de lo divino. Era arte. Cultura asentada y trascendente. Un canto a la fecundidad. Cuántas tardes robadas a la angustia, al tedio o la resignación, gracias a Meneito. Cuánta gente eternizada en un suspiro, inaugurando peñas en su nombre —establecimientos comerciales, clubes, incluso timbiriches—, renaciendo al compás de sus caderas. Cuántos ancianos floreciendo interminablemente, engendrados en la fotosíntesis de su esplendor. “Me66

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neito podía haberse postulado a la presidencia de Thamacun si hubiera querido —escribe el periodista Sobrino Tadei—, y habría alcanzado el poder sin duda alguna. Claro, si en Thamacun hubiera existido un gobierno propiamente dicho, y si el poder le hubiera interesado, aunque fuera mínimamente, a los thamacuneses”. “El poder idiotiza a los hombres”, afirmaría Nietzsche poco antes de que el concepto cuajara culturalmente en Thamacun. En el islote, en cambio, quien durante décadas idiotizó a los hombres —o “iluminó a los hombres”, para mejor decirlo— fue Meneito. Aun cuando su cuerpo, lastrado por los años y el sobrepeso, ya no fuera el que había sido. El que sería para la posteridad.

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El Pasado. Los Orígenes

Un día indefinido de finales del siglo XIX (los thamacuneses desdeñaban las conmemoraciones por considerarlas eventos de matriz retrógrada) se izó por primera vez en Thamacun la bandera de la independencia. Una independencia, todo sea dicho, no buscada por los habitantes del islote: hipotéticamente, los ingleses se habrían batido en retirada ante la inminente derrota española en la mayor de las Antillas —ante la inminente intervención norteamericana— y la sospecha de que la futura Cumberland les reportaba más pérdidas que ganancias. La bandera, que según algunos historiadores fuera diseñada por el gobernador saliente (Sir Alan Lord), constituye una suerte de término medio, o punto de encuentro, entre la enseña nacional de Cuba y la del Reino Unido. Se mantuvo activa durante los primeros veinte años de Thamacun como nación indepen68

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diente, hasta que en 1917, a resultas de la evolución cultural verificada en el islote15, los thamacuneses acordaron abolirla. La implementación del sistema de “banderas sucesivas”, que en lo adelante simbolizaría la tolerancia y la creatividad propias del carácter thamacunés —así como su indiferencia ante las abstracciones patrióticas—, data de esa época. Ya en los años treinta, el también llamado “método sucesivo” había echado raíces en el islote. En 1931, por ejemplo, Brian Daniel diseña la “enseña del multioficio”, que ondearía en Thamacun durante un lustro. Pero, qué duda cabe, no parece probable que en la historia de La Playa se repita el fenómeno de la bandera de la independencia, esto es, de la permanencia de una enseña nacional durante tanto tiempo. Ni siquiera del fenómeno de una enseña nacional. Ya se sabe: el sistema responde a consideraciones puramente creativas, espoleado por el humor de próceres como el gran Omar Santana. 15. “En el caso cubano —afirma Idamanda Rosael en La isla desaparecida: Un epílogo al Lenguaje del Tercer Éxodo— el proceso de invención de la nacionalidad resulta particularmente mimético. Ni siquiera el diseño de su bandera, un emblema cultural no asimilado, es completamente original”. Y añade: “Todo es asimilación. El ejemplo cubano lo demuestra con creces”. ERÓTICA

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El Pasado. Los Orígenes

Con el mando colonial de regreso, La Casa montada por Beatriz de Eugenia y Richard Megan haría aguas por sus cuatro costados. La persecución contra todo lo considerado contrario a las buenas costumbres se acrecentó considerablemente en la capital cubana y su periferia, y con ella la búsqueda de la “casada infiel”, como ya comenzaba a llamársele a la marquesa. Tras su primera fuga, Beatriz y su oficial británico se habían instalado en las afueras de La Habana, en los lindes de lo que hoy los habaneros conocen como El Cerro. Usando nombres falsos y una retórica de la imagen que recreaban meticulosamente, los amantes habían logrado burlar a las autoridades, modernizando el negocio de la prostitución en la primera ciudad de la isla. Para ello habían creado cuartos de instrucción —o “secciones de instrucción”—, en los que las damas de compañía contratadas llevaban a la práctica la revolucionaria teoría del “himeneo”.

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El acto sexual podía convertirse, por obra y gracia de unas maneras adecuadas y un enfoque dadivoso, en acto nupcial. Parafraseando a Barnes Talavera, el Himeneo de la Refundación era información corporal —y espiritual— debidamente recibida, debidamente enviada. Simbólicamente, alcanzado el nivel en el que los sentimientos conseguían redimir a los instintos y rediseñarlos, las cortesanas de Megan y Beatriz eran capaces de contraer matrimonio con sus clientes. Ambos bandos, horizontalmente abocados a entregarse el uno al otro, fluían generosamente sobre las sedientas sábanas de La Casa del Cerdo. Pero ya el cerco se cerraba sobre la pareja. Una noche, tropas españolas irrumpieron en el burdel, precipitando la segunda fuga de los refundadores. La Casa fue clausurada, y con ella los sueños de Beatriz de enraizar culturalmente, en La Habana, una forma de placer en la que la espiritualidad —la sensibilidad del pensamiento— jugara un rol determinante. Megan, que había residido brevemente en Thamacun como parte de una partida de prisioneros negociada por los descendientes de Adenauer, guió a la marquesa a lo que sería ya para siempre La… ¿Nación? Como el ex oficial británico, también Beatriz de Eugenia había explorado la engañosa significación de la antigua palabra, y no le gustaba un poquito. ERÓTICA

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El Presente. La Blogosfera

Entre todos los enigmas que desafiaron el ingenio de Idamanda Rosael y su perspicaz amante, Richard del Monte, el Misterio del Ocultista Refugiado16 sobre16. Más de un cronista ha sugerido que tras el Ocultista se esconde un Agente Doble puntoCON, pero este extremo no ha podido ser confirmado (también se dice que se esconde un prócer de la sentencia, pero aquí, una vez más, se vuelve al extremo). En el año 2008 el Ocultista, también conocido como Gulliver, abrió el blog Proa Thamacun, proyectando a uno de los personajes más relevantes de El Hecho: Florentino Turpin, alias El Bardito. “Ya desde niño —refiere Gulliver—, Florentino era imbatible en el juego más popular de la chiquillada del islote, la Caída de Hoja Libre, que consistía en dejar caer desde un balcón la hoja de cualquier arbusto mientras los participantes describían su vuelo a merced del viento hasta que caía al suelo”. Ver: http://proathamacun.blogia.com/ 72

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saldría por su inexorable ambivalencia. Ni era propiamente un caso, ni los cumberlanos consideraban particularmente meritoria su solución. Sin embargo, las contradicciones y peculiaridades que lo adornaban lo hacían, cuando menos, divertido. Y ya se sabe que la diversión productiva, concepto desarrollado hasta el hartazgo en Erótica, constituía para la pareja una seña de identidad. Circulaban infinidad de leyendas, mitos, teorías, rumores y especulaciones sobre la identidad del Ocultista. Algunos, incluso, habían llegado a sugerir que era el cerebro tras el Caballero de la Alegre Figura, o viceversa, tras la Bloguera Modélica, o viceversa, tras Iconoclastia, o viceversa. Habían llegado a asegurar que la calidad de indocumentado del Ocultista determinaba, en esencia, su condición de refugiado. Para colmo, unos cuantos asumían que el Ocultista en realidad capitaneaba una facción oculta adepta a la Zorra del Enmascarado Porcino. Que el Ocultista era el Porcino, pero seducido por la Zorra. Se hablaba de conversaciones secretas entre el Ocultista, la Bloguera Cotidiana y el Blog del Doble PuntoCON. Se decía que el equilibrio de la blogocosa pendía del hilo virtual con que los tres cosían la telaraña de la Zorra del Enmascarado. ¿Estaba dispuesto el Agente Doble a sacrificarse por ella? ¿Tenía sentido ERÓTICA

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modular el tono cuando se trataba de un asunto de vida muerte? “En todo caso, de vida o muerte para el Agente Doble”, le recordaba, con insistencia, Del Monte a Idamanda, mientras ésta discurría a la sombra en flor de los jardines de La Playa.

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El Pasado. Bibliografía

En 1958, Olimpia Ediciones publica Un grito de guerra muy particular, de Guillermo Cabrera Infante. Más que un libro, se trata de un folleto de apenas treinta cuartillas, compuesto por un revolucionario ensayo y sucesivas notas al margen. A su vez, las notas desembocan en numerosos epílogos, o apéndices, independientes. En Un grito de guerra muy particular Cabrera Infante elogia, algo desbordadamente, el libro Un grito de guerra contra el nacionalismo criollo, de Morgan German. Cabe aclarar que el término “criollo”, al uso en Thamacun en el período comprendido entre el Primer y el Segundo Éxodos, es sinónimo de “cubano”. De manera que el alarido de German apunta al nacionalismo cubano, como las notas de Infante destacan la originalidad con que el ex encargado de Relaciones ERÓTICA

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Públicas thamacunés —Morgan German lo fue entre 1941 y 1944— aborda el siempre espinoso asunto de la nacionalidad. Olimpia Ediciones, con sede en La Habana, se atrevió únicamente con una tirada de cien ejemplares. Aun así, Un grito de guerra muy particular se convertiría en una suerte de bestseller subterráneo, semiclandestino, en el ámbito intelectual cubano, que para entonces arreciaba en su boicot contra la cultura y la política thamacunesas. En cualquier caso, lo trascendente del episodio no estriba en las repercusiones del folleto, ni siquiera en su posterior desaparición —la bibliografía de Infante no registra el cuaderno, y en lo adelante el propio escritor lo relegaría al olvido—, sino en que por primera vez el calificativo “Cumberland” sale a la luz pública, identificando al islote. Por lo demás, Infante se atreve, y se atreve a fondo. “Adicionalmente, me atrevería a afirmar que en Thamacun lo cubano se apropia de su componente más universal”, escribe Cabrera Infante en el referido ensayo. “Quiero decir que Thamacun constituye una especie de Cumberland no sólo por sus antecedentes históricos, sino por la curiosidad, y la flexibilidad, con que sus ciudadanos abordan la diferencia. Un tópico —trópico utópico— sin dudas sorprendente”. 76

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El Pasado. Los próceres

“Desde la más remota antigüedad, la cuestión de cómo comerse el pollo ha desafiado la imaginación de generaciones de hombres”, escribía hacia 1962, en una de sus columnas de Prensa Amarilla, el último de los próceres de la sentencia nacido en Thamacun. “En su momento, en Cumberland el debate trascendió los mentideros políticos para saltar a las urnas, democratizándose”. Fue el propio periodista, Bernardo Berham, quien en 1964, tras innumerables gestiones y campañas promocionales, consiguió institucionalizar la creencia de que el muslo de pollo asado o frito, como una derivación más de El Hecho, merecía ser desmitificado en sí mismo, apropiándose de la mano. O la mano del pollo. “A escala internacional, de haberse aprobado socialmente —formalmente— la figura del pollo que ERÓTICA

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se come con la mano, hoy muchos podrían chuparse los dedos sin mayores sobresaltos”, afirmaba Berham. “Ello trae a colación una interrogante adicional. La de cómo comerse el pollo sin chuparse los dedos. Asunto enrevesado, y arduo, donde los haya. “Enigma entre dos aguas: cómo no chuparnos los dedos luego de comernos el pollo con la mano. Un enigma resuelto desde hace mucho tiempo en Erótica”. En 1965, finalmente, el periodista más célebre entre los periodistas familiarizados con el Hecho Thamacun conseguiría apuntalar el Decreto 68, de febrero de ese año. “Que el pollo se pueda, y se deba, comer con la mano. Es decir, coger con la mano y comer con la boca”. “Que en el restaurante, uno sea uno. La persona auténtica, incombustible, apetecible. Como el pollo mismo. “Como el salmón en la corriente”.

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El Pasado. Los Orígenes

Según Belisario Banes (seudónimo, ya se sabe, del diplomático madrileño Ricardo Rodríguez Ávalos), el surgimiento del Reducto como alternativa comunitaria había implicado una nueva vuelta de tuerca histórica: a diferencia de la mayor parte de los países —Israel, por ejemplo, podía constituir una excepción a la regla—, cuya idea nacional cuajaba tras consolidarse ellos mismos, Thamacun era una idea que luego de conformarse a sí misma conformaba la nacionalidad. Banes creía que la inestabilidad de muchas de las democracias modernas era una consecuencia de poner “la carreta delante de los bueyes”. “La inconsistencia de la inmensa mayoría de los estados nacionales es una inconsistencia de fondo —aseguraba—, una especie de tinta indisoluble en agua”. En cambio, Thamacun era otra cosa. El islote había sido antes que nada un propósito, una sensación ERÓTICA

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de peligro, un rapto de inspiración bajo asedio. Había nacido como idea en las mentes de un puñado de hombres y mujeres sosegados, pero decididos; sobrios, pero a la manera dulcemente efervescente que pueden recrear ciertas maltas. Había razones para estar de fiesta. El mundo era habitable. Uno había llegado al mundo. El cielo había sido conquistado. La vida duraba muchos años y uno podía escoger entre varias opciones. Y en Thamacun todas las opciones —todas las direcciones— se cruzaban retroalimentándose. Sin ir más lejos, en el Reducto la fuerza pública no constituía una institución dependiente del gobierno o financiada por el gobierno —de hecho, en Thamacun no había gobierno—, sino un cuerpo de voluntarios, un puñado de hombres y mujeres sosegados, pero decididos a defender su punto de vista. Mientras en la Cuba prerrepublicana el nacionalismo criollo había generado un voluntariado aliado a la metrópoli, capaz incluso de volverse contra la población civil, la democracia antinacionalista, creativa del islote, cosechaba voluntarios empeñados en proteger la paz y el jueguito. Individuos que cuidaban de los demás y eran reconocidos por ello. Gente que estaba de fiesta y quería preservar la fiesta.

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El Presente. La Blogosfera

Entre los innumerables desafíos que reclamaron de Rosael y Del Monte sostenido seguimiento, ninguno superaría en complejidad al que llegara a conocerse como el Misterioso Caso de la Bloguera Manipulada. Así, durante muchos días Idamanda intentaría enhebrar los cabos sueltos que aclararan, por fin, la ausencia de la susodicha y la desaparición del Enmascarado Porcino. Ambos habían callado al mismo tiempo, aunque en diferentes circunstancias, y la autora de La isla desaparecida: Un epílogo al Lenguaje del Tercer Éxodo se debatía entre la posibilidad de que, de común acuerdo, hubiesen decidido enrarecer la blogosfera cumberlana, fortaleciendo el avance puntoCON, y el hecho de que alguna emboscada inconfesable, tremebunda, les hubiera hecho caer en la trampa de la doble nacionalidad. ERÓTICA

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Fue entonces que el Penúltimo Mudo contraatacó nuevamente, a la sombra de los anónimos en flor. Según el Penúltimo, todo anónimo que se respetara debía crearse una nueva identidad en lugar de reproducir la propia, y a Idamanda no le cabían dudas de que su mudez, así como las identidades adicionales de las que se había apropiado, estaban de alguna manera relacionadas con la desaparición del Enmascarado Porcino. Aunque Richard del Monte no estaba tan seguro. Según el amante de Rosael, el Enmascarado, en complicidad con la Bloguera Cotidiana, preparaba un golpe de Estado que iba a alterar para siempre los delicados equilibrios de la blogocosa. Pero Idamanda se olía que el Porcino, sencillamente, había sido sacrificado. En cualquier caso, las interrogantes se abrían una por una en la mente de la delegada sin que acudiera un solo chispazo de su genio a cerrarlas. ¿Por qué había colgado aquel aviso la Bloguera Cotidiana? ¿Con el traje de qué anónimo se disfrazaba el Penúltimo Mudo? ¿Por qué era imposible contactar a la Bloguera Manipulada? ¿Había ido a parar a Cuba la carne del Enmascarado Porcino? Demasiadas preguntas, y demasiado arduas, a punto de hundirla en el cieno de la Cloaca del Pantano.

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El Pasado. Los Orígenes

En 1921, en La Habana, José Raúl Capablanca puso al entonces campeón mundial de ajedrez, el alemán Enmanuel Lasker, ante un intrincado acertijo: ¿Era o no latina aquella máquina, incapaz de permitirse deslices y/o abandonarse a la erótica de la improvisación? No pocos sospechaban que el retador, quien en realidad naciera en Thamacun, había sido arduamente entrenado en la academia Richard Megan, de La Ciudad Prohibida. Una sospecha que el tiempo se encargaría de convertir en certeza, sin que por ello los nacionalistas cubanos dieran su brazo a torcer. Así, mientras el match entraba en su etapa decisiva, el gobierno saliente de Mario García Menocal dio instrucciones precisas para que el pasado thamacunés de Capablanca desapareciera por el vertedero de la indiferencia, hasta conquistar la cubanidad. Finalmente, tras catorce partidas, cuatro de ellas ganadas por el ERÓTICA

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aspirante y diez tablas, Lasker descendió del nirvana de su reino sin mayores traumatismos: la operación de desmantelamiento perpetrada por el cubano-thamacunés, ya no más thamacunés, había sido limpia y tajante, casi indolora. El filósofo teutón partió quejándose de la sofocante primavera criolla —pleno abril—: echando humo luego de comprobar en carne propia la frialdad de témpano de su contrincante. Desde entonces, el nacionalismo cubano hilaría fino en su obsesión por vedarle al Reducto la alegría de contar entre sus hijos, oficialmente, al primer campeón mundial de ajedrez del Nuevo Mundo. Seis años después, en Buenos Aires, Capablanca sufriría las consecuencias de negarse a renegar de sus orígenes: el naciente movimiento puntoCON, en conjunción con el gobierno de Gerardo Machado, ajustaría cuentas con el ajedrecista, montando un complot cuya eficiencia la Historia ha refrendado con creces. Confiado en su proverbial genio, y desconcertado ante los excesos de su cónyuge eslava —en realidad una agente de influencia nacionalista—, el tercer campeón mundial sucumbió ante un Alejandro Alekhine al que los analistas no daban casi ninguna oportunidad. El austriaco Rudolph Spielman llegó a pronosticar que el ruso no ganaría un solo encuentro, pero quien en realidad se alzó con el triunfo fue el presi84

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dente Machado. Considerado el primer dictador que conociera la República de Cuba, el antiguo general del ejército mambí fue también el primer financista de los puntoCON. Un movimiento que a partir de su presidencia escalaría posiciones paulatinamente, hasta convertirse, a finales del siglo XX, en la mayor amenaza para el futuro de Erótica.

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El Pasado. Los Orígenes

El cerdo era la evidencia. Lo supo la marquesa nada más pisar la playa de Thamacun, penetrar los entresijos de su historia y descubrir, fascinada, la iconografía sobreviviente. Los bocetos, cartas y banderas que un día pertenecieron a Malver Adenauer, rescatados para el tiempo de la Refundación. Era 1763 y el cerdo iba a constituir la verdadera cofradía, la revolución de Megan y Beatriz. El animal multifacético. La gozosa utilidad del sujeto hedonista, del abastecedor espiritual. Adenauer, en realidad, no sólo huía de la armada española cuando desembarcó en el Reducto. También lo perseguía el recuerdo de la Quinta Ley de la Cofradía. Según ésta, vigente cuando las Tortugas aún constituían un hogar para el fundador, los piratas no debían poseer mujeres de origen caucásico. En las Tortugas echar raíces, conformar una familia, 86

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significaba un órdago contra la libertad de los lobos de mar. Pero el fundador de Thamacun había descubierto, desde hacía mucho tiempo, que la primera libertad es interior. La primera y tal vez la única. Y su mujer, sus hijas, eran holandesas. Tan blancas como la leche. Pero aquella era otra historia. El concepto revolucionario que implicaba la dignificación del cerdo, ya esbozado por el padre fundador —ya recreado en un burdel de La Habana—, serviría a Beatriz de Eugenia para desarrollar y popularizar, secundada por su amante británico, el “himeneo thamacunés”. Bajo la batuta de la pareja el término adquiriría otra connotación en el islote, una sensorialmente espiritual, enfocada a fundir y/o revolucionar los tipos “placer” y “creatividad”. Más de un estudioso ha sugerido que el himeneo de Megan y Eugenia guarda abundantes puntos de contacto con la idea del hedonismo práctico que Richard del Monte desarrollara, a finales del siglo XX y recién iniciado el XXI, en sus Crónicas de El Año del Cerdo. Después de todo, ¿el puerco no obtenía suficiente felicidad en vida, no ofrecía suficiente felicidad en su muerte? ¿Y no guardaba suficiente dinero la hucha primigenia? ¿No había sido la alcancía del cerdito

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el invento por antonomasia del Reducto, al punto de haber conquistado Inglaterra? Había que saber jugar. Había que hacer bueno el dinero. La niña debía azotar las acechanzas a horcajadas sobre la ensoñación del cerdo.

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El Pasado. El Lenguaje

La bandera thamacunesa es un cheque. Un billete de cien dólares americanos. Un salmón remontando la corriente. La hucha del puerquito. El concepto de “banderas sucesivas” —o las definiciones y diseños de la enseña thamacunesa, disímiles e incesantes en su regeneración— engendró hacia finales de la década del sesenta del siglo XX lo que se conoce como “La Criptología de Thamacún”, o “El Lenguaje del Tercer Éxodo”. Un idioma en clave que desarrollaría a marchas forzadas la emigración cumberlana y que contó, para su puesta a punto, con el concurso del escritor C. A. Montaner, a quien el Consejo de Próceres y Delegados persiguió empedernidamente. “Montaner puede desalmidonar las zonas aún no suficientemente relajadas de El Lenguaje —escribiría ERÓTICA

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Mónica Medler en carta dirigida al educador Vicente Máximo, en 1968—. No sólo se trata de un hombre que conoció de cerca la barbarie totalitaria… sus habilidades lingüísticas también son de sobra conocidas”. En 1975, junto a Máximo y varios de sus discípulos, C. A. concibe las coordenadas fundamentales de El Lenguaje del Tercer Éxodo17, una intrincada mezcla 17. Aunque el Lenguaje del Tercer Éxodo* mantuvo prácticamente inalterables sus registros durante los últimos veinte años del siglo XX, asimiló precisiones decisivas a partir del primer lustro del tercer milenio. Acosada por los puntoCON, Erótica debió acelerar sus particularidades. Oraciones como “Restablecimiento F3. La humareda sobre el púrpura. 1996. Pero fue en 1669. Camarón que se duerme. Corriente que se lo lleva”, o “Cinco, punto cinco. V542....$235,500. Todo lo demás en movimiento. Flecha 663. La flecha en el aire. Densidad 5.5 A fuegosky”, o “Tres, tres, punto. La flecha y la rosa. Forever. 677554320887572”, así lo demuestran. * En sus Cartas del día después, C. A. Montaner hace mención a un dato que desataría, indirectamente, su participación en la codificación de El Lenguaje del Tercer Éxodo, y que inexplicablemente omitió este autor en la primera edición de esta novela*: “Lo que no entiendo es por qué ocultaste, Armando (y yo te lo conté), que mi antepasado Fernando Ladrón de Guevara y Montaner le hizo honor a su extraño apellido, desvalijó el sagrario de la Iglesia del Ángel, abandonó 90

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a su mujer y a sus siete hijos y se fue a vivir a Thamacun con Sor Adventicia, una monja española recién llegada a Cuba de quien decían, falsamente, que estaba poseída por el Diablo (según parece, era al revés: el Diablo era el único que no la había poseído). En nuestra familia siempre se mencionaba con reverencia el nombre de Don Fernando y con perplejidad el de Doña Adventicia, la primera mujer ordenada en el Caribe por la Iglesia Anglicana, como revelara Vicente Echerri en su conocida Historia de la cultura británica en América”. * “La omisión es imperdonable, pero también Ladrón de Guevara y la monja española, sobre todo la monja española, resultaron personajes cronológicamente escurridizos (sus incesantes coincidencias con la prócer Lamable Striper, tenida por algún que otro escribidor como una versión contemporánea de la religiosa, así lo confirman). El tema del Diablo tiene mucho que ver no sólo con Adenauer y los orígenes del Reducto, sino con la presencia de Sor Adventicia allí. Seguramente no has olvidado la campaña emprendida por Adventicia una vez Ladrón de Guevara regresó con su mujer y sus siete hijos. Lo cierto es que la influencia cubana en el islote, directa o indirectamente, va mucho más allá de la Refundación y las migraciones de los siglos XIX y XX. No he logrado localizar aún la primera edición del libro de Echerri, pero no me doy por vencido”. Respuesta de este autor a Montaner en las anotaciones a la XXXVIII sesión del Recinto de los Estrados, en su versión cumberlana. ERÓTICA

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de imágenes, símiles, metáforas, cifras y frases hechas pasadas por el agua de la asimilación cultural. “El Lenguaje”, como se le conoce actualmente entre los descendientes de Thamacun, era, es y será de una sincronía práctica pasmosa, imprescindible para preservar el Hecho Thamacun en los vericuetos de Internet. “Ahora lo entiendo todo”, declararía el mismísimo Gary Kasparov cuando en 1983, tras ser iniciado en “La Criptología de Thamacun”, abandonó la edición del Consejo de los Consejos a la que había sido invitado. “Hasta los boleros”.

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El Pasado. Los próceres

En 1939 Victoria de las Flores inventó “Todos los mundos en uno”, un cóctel a base de cava, cerveza y limonada (gaseosa de limón propiamente), más un ingrediente de origen thamacunés cuyos elementos la descendencia de la popular cantinera se ha negado sistemáticamente a revelar. “El trago”, como también se le conocería en el argot londinense, despertó en Thamacun un fervor casi religioso: no sólo se trataba de una bebida refrescante, adorablemente embriagadora, sino de una suerte de artefacto conceptual. Con él De las Flores ascendía al cielo de los próceres del islote resumiendo gastronómicamente una visión asimiladora que los antepasados de Erótica, reacios a recrear símbolos en lugar de hechos y conceptos concretos, acogerían sin embargo con entusiasmo. ERÓTICA

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Tradicionalmente embasado por la familia Flores, “el ingrediente secreto de Victoria” fue inútilmente imitado, o erróneamente reproducido, por numerosos industriales, empresarios y buscavidas de Thamacun, incluso de la vecina Cuba. Ligeramente similar al pisco peruano, el licor abrazaba “Todos los mundos en uno” con la pasión de una amante adolescente. Pero más allá de las cualidades y elementos del famoso cóctel, lo que en principio lo hizo popular fue la anécdota que precipitara su creación, revelada en Prensa Amarilla. Al momento de concebir la bebida que la haría célebre, Victoria de las Flores trabajaba en un oscuro restaurante de Thamacun —Apetitos Perpetuos—, abrumada por la irrestricta vigilancia del dueño del local y sus sobrinos, quienes no veían con buenos ojos lo que llamaban, peyorativamente, “la vena lunática” de la barman. Victoria quería ser feliz, y tener dinero, y encontrar un hombre sensible, inteligente y responsable, y crear, y viajar, y trabajar sólo lo necesario, y parir dos hijos, y comprar tres casas (en tres países de tres continentes). Quería darle alas a su naturaleza creativa sin renunciar por ello a las seguridades que implicaba disfrutar de un empleo estable y un salario considerable.

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—Te comportas como una chiquilla —le habría reprochado el propietario de Apetitos Perpetuos en cierta ocasión—. Quieres tener lo mejor de los dos mundos, pero no se puede. —¿De los dos mundos? —le habría respondido De las Flores— ¿De verdad cree que sólo tenemos a disposición dos mundos? “Descontando la hucha del cerdito, Emenegildo Evans y la sopa de salmón, Todos los Mundos en Uno resume el Hecho Thamacun como ningún otro artefacto producido en nuestro islote”, se atrevería a declarar Esteban Ricardo en 1966. “Tal vez porque resume, como ningún otro producto thamacunés, la naturaleza universal del Reducto”.

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El Presente. La Blogosfera

Entre los enigmas más arduos que debieron enfrentar Idamanda Rosael y Richard del Monte, ninguno tan tortuosamente divertido como La Paradoja del Doble puntoCON. Las primeras pistas habían proyectado a los cumberlanos la víspera de la movilización de junio de 2009 en la blogosfera cubiche, diluidas en la efervescencia de una blogocosa cuya dinámica Idamanda no acababa de interiorizar. Habituados al pragmatismo que implicaba haber pertenecido, siquiera lateralmente, al ámbito norteamericano, ambos se devanaban los sesos intentando entender por qué tanta gente no se podía de acuerdo en torno a unas reivindicaciones que individualmente, y durante muchos años, cada uno de ellos había apoyado, aun cuando en algunos casos fuera de boca para afuera. “Cosas de cubanos”, había murmurado al oído de 96

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Rosael el propio Del Monte, pero la sicóloga lo había mandado a callar. La Paradoja del Doble puntoCON, esa sí era una paradoja. Porque a fin de cuentas, y si uno ahondaba en el misterio, la pregunta saltaba como impulsada por un resorte: ¿Sabía el Agente Doble que era el Agente Doble? Era aquella la cuestión, la evanescente dualidad del Agente Doble, la profusa levedad del Doble puntoCON. En su ignorancia, éste podía ser de los mejores dobles que en Internet habían sido. ¿No era todo posible en el ciberespacio de la blogocosa? Y si el del Agente Doble era, en sí mismo, un concepto manido, no lo era tanto el proyecto que indirectamente, a la sombra de las ciberdivas en flor, reproducía, incesante, incesantes agentes dobles. Todo un proyecto de futuro con fondo de Batalla de Ideas. Toda una cultura sumergida, finalmente flotando al servicio de la esclavitud. En cualquier caso, el misterio seguía allí, la paradoja infatigable. Porque había otra: El Doble puntoCON podía saber perfectamente que era el Agente Doble. Pero esta última variante ni siquiera Del Monte podía disfrutarla como posibilidad.

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El Pasado. Los Orígenes

La presencia incómoda de las cosas, del valor de las cosas, había impelido a Beatriz de Eugenia, a la altura de 1763, a explorar las posibilidades del retraimiento. Dos pasos más allá del insomnio, se abría un mundo de novedades. Del insomnio, del cansancio, de la abstracción. Un mundo de sensaciones. Alrededor, la forma de las cosas comenzaba a adquirir demasiada importancia, y había que concentrarse en el contenido. Al menos la marquesa estaba segura de que en Thamacun algo así era perfectamente posible. Las sensaciones, los sentidos, prolongándose en el Himeneo de la Refundación. Primero, la cálida sensación de prestar el servicio, de servir, de valer concretamente, de trascender el valor formal. Como desvalorizar lo estético bajo las Cataratas del Niágara. Después, la simbología porcina de Malver Adenauer. 98

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El concepto. Las revoluciones por minuto del concepto. El cerdo era a Thamacun lo que la sal al pescado. El salmón a contracorriente, la otra cara de la heráldica thamacunesa, echaba una mirada abstracta sobre el valor de las cosas, las “representaba”. El cerdo, en cambio, valía por sí mismo. Ronroneaba como un gato en el paroxismo de sus mil y una eyaculaciones. Se retorcía cimbreante, brizna en la brisa envolvente de la rivadavia. Así que el Himeneo de la Refundación constituía, en principio, una vuelta a los orígenes. O a lo que debieron ser los orígenes. A fin de cuentas nada garantizaba que Adenauer hubiese recreado, en el mundo de las imágenes, el mundo de los sentidos.

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El Pasado. Bibliografía

La historia de Thamacun, y por extensión de Playa Hedónica, no puede ser abordada sin reseñar el sismo causado por la aparición, en 1957, del ensayo Un grito de guerra contra el nacionalismo criollo, del diplomático Morgan German. El libro constituye una crítica desigual al nacionalismo cubano, insistentemente sufrido por la ciudadanía del Reducto. Ya a principios de 1954, en Cambridge, German adelantaba la idea que luego ramificaría en el ensayo de marras: “El nacionalismo es letal en cualquiera de sus variantes —bien lo saben los habitantes de nuestro islote—, pero el nacionalismo cubano lo es a la enésima potencia”. La afirmación, y en general todo el contenido de este libro polémico, prácticamente silenciado por las elites cubanas, provocó uno de los debates más álgidos que se recuerden en la futura Cumberland. 100

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Con Un grito de guerra contra el nacionalismo criollo hace su aparición en el ruedo político thamacunés la figura del “delegado activo”, en oposición al “delegado razonable”, que históricamente promulgara discreción y mucha mano izquierda de cara a los nacionalismos periféricos (sobre todo de cara al cubano, y en menor medida al mexicano). En Un grito de guerra… German incluso baraja la idea de una bandera estática. Es decir, el exencargado de Relaciones Públicas propondría la creación de una enseña perdurable, que sustituyera con ventaja el tradicional sistema de “banderas sucesivas” con que Thamacun engalanara la imagen, la idiosincrasia inclusive, de La Playa. Desde entonces, el debate político en el islote, y posteriormente en la comunidad cibernética que le sucediera, ha frecuentado el problema de la simbología, expresado en la cuestión de fondo de cómo desmontar los nacionalismos a ultranza. Así, como no podía ser de otra manera, la polémica en torno a la bandera ha sobrevivido hasta nuestros días.

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El Pasado. Segundo Éxodo

Poco se sabe de la desaparición de Camilo Cienfuegos, si se descartan las especulaciones relacionadas con unos hermanos Castro celosos de su popularidad. Lo cierto es que el carismático comandante no murió derribado por un caza de la fuerza aérea castrista, como sostienen algunos autores, y ni siquiera desapareció en el mar a causa del mal tiempo. Cienfuegos se exilió en Thamacun el 28 de octubre de 1959, con el beneplácito del propio Fidel Castro18. 18. A través de los años, la presencia de Cienfuegos en el Reducto ha desatado numerosas especulaciones*. Para el estudioso Cheo Fernández, por ejemplo, “Camilo Cienfuegos fue el intermediario entre los descendientes de los caballeros templarios refugiados en Thamacun y Lee Harvey Oswald. Juntos planearon el asesinato de Kennedy. Lee Harvey Oswald pudo entrar en contacto con Camilo gracias a Mayer Lansky, 102

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Durante su niñez, la madre de Cienfuegos visitó el islote en varias ocasiones. La recurrencia de sus rememoraciones thamacunesas seguramente habría avivado la curiosidad de su hijo, quien hizo escala en la futura Cumberland al regreso de su primer viaje a Estados Unidos. Posteriormente, el también conocido como “Señor de la Vanguardia” recaló en Thamacun en otras dos oportunidades. De manera que al momento de exiliarse era prácticamente un “especialista” en el islote. Divergencias con los hermanos Castro. O la irresistible atracción que ejerció sobre el guerrillero una thamacunesa de origen sefardí. O una proposición de la entonces encargada de Relaciones Públicas de Thamacun, Victoria de las Flores, quien lo habría seducido con la posibilidad —laberíntica— de un viaje a la el cual, como todos sabemos, era la mano derecha de Lucky Luciano y estaba a cargo de los casinos en La Habana”. * Camilo Cienfuegos había pactado con Fidel Castro su estancia en el Reducto, con Huber Matos en la picota pública. Luego, éste último sería arrestado nada más abandonar el primero Camagüey para radicarse, apenas por unos meses, en Thamacun, antes de la invasión del Segundo Éxodo. Aún se conserva la vieja metralleta con que Cienfuegos enfrentó a las fuerzas invasoras, comandadas por el lugarteniente Ramiro Valdés. ERÓTICA

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luna financiado por Washington. No se sabe a ciencia cierta por qué Cienfuegos decidió instalarse en el islote, mucho menos por qué el castrismo camufló el episodio con tanta minuciosidad. Aunque no pocos consideran que con ello Fidel Castro se guardaba un as debajo de la manga. Un as que utilizaría en su momento. En marzo de 1960, con el pretexto de que Cienfuegos organizaba una expedición en su contra — auspiciada, como no podía ser de otra manera, por las autoridades thamacunesas y estadounidenses—, Castro ordenó que invadieran Thamacun. En poco menos de 24 horas, y en medio del secretismo más férreo, el islote dejaba de ser para siempre jamás. Política de tierra arrasada, la que no había sido capaz de implementar el Almirante Edward Braun. Lo que se conoce en Erótica, y se conocería un minuto después de perpetrado el genocidio, como “la fase final del Segundo Éxodo”.

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El Pasado. Los Orígenes

Durante años, “El asesinato de la calle Acosta” fue un rumor más entre los muchos que se pretendía propagaba, irresponsablemente, el Consejo de los Consejos. El presidente Gerardo Machado, decidido a cortar por lo sano la creciente influencia thamacunesa en su gobierno —expresada en las intrigas de palacio más que en la propia política insular—, creyó necesario desaparecer a quien por entonces consideraba el embajador por antonomasia del islote. Conocido, indistintamente, como “Jarabe de pico” y “El terror de los hombres casados”, Roman Dole había sembrado de hijos bastardos La Habana y su periferia, seduciendo a cuanta señorita de la elite criolla osaba revirársele. Líos de faldas. A causa de ello habría sido ultimado Dole. Las malas lenguas habaneras pintaban un cuadro terrorífico, en el que el diplomático era ERÓTICA

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acribillado a balazos por un escuadrón de maridos previamente complotado para asesinarlo. Treinta agujeros rojos desbastándole el cuerpo. Quince. Nueve bajo el Arco de Belén, insistían algunos. O una única y exuberante puñalada. No se sabía a ciencia cierta quién y cómo, o cuántos y dónde, habían concebido la encerrona: la leyenda diría enseguida “aquí estoy yo” y el propio Machado, preocupado ante la inminencia del escándalo, terminaría enmascarando el “ajusticiamiento”. Una de las tres hijas del presidente había sido seducida por Dole. Seducida y abandonada. Era otro de los rumores. Pero el thamacunés, que extraviara a una generación de diplomáticos cubanos en los entresijos de su prédica desmitificadora —“¿qué es la influencia sino una forma de complicidad?”, se preguntaría años después Esteban Ricardo—, seguramente resultó una piedra demasiado incómoda para el zapato del nacionalismo criollo. Un nacionalismo que ya olfateaba, con creciente entusiasmo, la utopía de su trascendencia. Cuba comenzaba a hilvanar su declive. Desde entonces era cuestión de tiempo.

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El Presente. Los próceres

Escocia en México. México en Hedónica. La falda en la guitarra. El sombrero que se va a bolina. Durante toda su vida, Sobrino Tadei había aspirado a construir una obra sólida, inexpugnable, referencial. Había echado mano a infinidad de recursos, se había entregado a multitud de influencias, había vagado por medio mundo intentando hallar la voz, el timbre, el estilo único que definiera, y proyectara, su escritura escurridiza. Había hecho de todo: Poesía, narrativa, periodismo, crítica, testimonio... Sobrino quería ser un escritor de garra, pero sus manuscritos terminaban siempre en la basura. Una mañana, el prócer de la desmitificación y la sentencia —El Híbrido multifacético— recibió un fotomontaje en su correo. Lo mostraba junto a otros dos hombres ensombrerados y con faldas, músicos ERÓTICA

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como supuestamente él también lo era. No estaba loco ni era poeta… ¿acaso sería músico? Alguien, tal vez algún admirador, o admiradora a esas alturas despechada, había intentado ridiculizarlo disfrazándolo de mariachi en el montaje —pensó en primera instancia, aun cuando se tratara de una ofensiva a la usanza ultraconservadora de los puntoCON. ¿Acaso se trataba de otro ardid de la Zorra? De cualquier manera ese alguien no alcanzaba a entender que desde hacía mucho tiempo él representaba, asumía su ridículo con total libertad, casi amorosamente. Ese alguien no alcanzaba a razonar que él no podía crecer sin burlarse de sí mismo. Fue entonces que concibió la acción plástica que lo trascendería para siempre. Recortó la foto, abandonándose a la soledad de su (recreativo) ridículo. El ridículo, más que un hecho o un accidente —citaba de memoria, o al menos eso creía—, era una condición mental. Tras el tijeretazo, los otros mariachis saltaron por la borda, y entonces se reconoció en su soledad auto-ridiculizada, en la performance del mariachi en su saya (en su salsa). La fusión, oda multicultural, Gran Salto Adelante, lo saludaba quitándose el sombrero. Escocia. México. La Playa. No había podido ser escritor, pero había conseguido convertirse en El Híbrido. A fin de cuentas el sujeto futurista. El Hecho desembarcando en Erótica. 108

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El Presente. La Blogosfera

El enigma del Trotamar Seis, causa de una transitoria desavenencia entre Idamanda Rosael y su amante, por fin había entrado en acción. Sus incesantes evoluciones descolocaban la analítica de la pareja, que no sabía a ciencia cierta si el Trotamar jugaba o no dejaba jugar19. Así que los delegados cumberlanos, finalmente, estaban en posición de entrar por la puerta de la cocina del enigma de las sexólogas ambulantes. Todo confluía hacia las cinco pistas fundamentales barajadas por Idamanda, desprendidas del racimo de enigmas propuesto por el Caballero de la Alegre Figura: a) “Entre enredos, no concluyen lo que en sus foros conversan”. 19. Ver también, para una comprensión más abarcadora de este capítulo, el referido a los galardones itinerantes. ERÓTICA

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b) Las sexólogas no eran más que la fachada desde la que hacía el trabajo sucio el Blog de la Chancletera. c) La sexóloga, en singular y en minúscula, era uno de los poetas puntoCON. d) Las sexólogas eran inalcanzables. e) “La letra emana diversa”. ¿Qué letra podía resumir, en su elemental potestad, la complacencia del Trotamar Seis? ¿Acaso no se parodiaba a sí mismo? ¿No era el Trotamar sexología en sí mismo? ¿En sí mismo no era sí mismo? Todas estas interrogantes, frente a las que Del Monte terminó poniendo a Rosael, desembocaban inevitablemente en una pregunta, acosada por cinco pistas fundamentales: ¿Cómo pensaba recompensar Idamanda la previsora, y decisiva, profesionalidad de su amante?

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El Pasado. Los Orígenes

El general Robben se enredó en Thamacun. Era la futura Hedónica (La Playa), y fue definitivamente delicioso el avance hacia la capital del Reducto. Como asegura Richard del Monte en sus Crónicas del Año del Cerdo, en 1944 los hitlerianos “fueron continuamente obstaculizados por la floración de la rivadavia; primero por pequeñas partidas de thamacunesas que bailaban una suerte de híbrido entre la rumba cubana y lo que luego se convertiría en lambada brasilera; después por destacamentos de stripers encabezados por la prócer Meneíto, a quien la relativa incapacidad rítmica de los invasores la tenía sin cuidado”. Tras haber perdido a la mitad de sus hombres, derrotados —seducidos— por las irresistibles aproximaciones del Himeneo, el general Robben ordenó la retirada y que reembarcaran las tropas, en diciembre de 1944. A esas alturas Thamacun ofertaba a los solERÓTICA

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dados germanos, a manera de aperitivo, un tinto de verano dulcísimo y sopa de salmón en bandeja. Entonces la rivalidad entre el Almirante Braun y Robben, a quien el primero acusaba de haber precipitado la derrota teutona, alcanzó un punto de no retorno. Como en la blogosfera cumberlana —como, a ratos, en su extensión peripatética: la blogosfera cubiche—, fue “la fiesta interminable” (denominación introducida por Daniel Dean en el tercer panfleto del Ultimátum) lo que en definitiva determinó la derrota de los invasores, que dejaron en Thamacun, según algunas fuentes, cerca de doscientos conversos. Era la clarinada de lo que luego sería la debacle fascista en Europa, y la carrera de Edward Braun se iba a pique. Thamacun había sido apenas una pesadilla en las mentes acaloradas —nunca mejor dicho— de los comandantes germanos, y ahora era el sueño dorado, vuelto suntuosa realidad, de la aclimatación de los conversos. O de algunos conversos, porque el Consejo de Próceres y Delegados nunca entendió por qué el general Robben, pudiendo hacer carrera en el Reducto, se decidió a exportar El Hecho antes de tiempo —prefigurando la delegación activa preconizada poco después por Morgan German—, hasta diseminar plantaciones de rivadavia a todo lo largo y ancho del continente americano. “El sujeto onírico” que 112

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décadas después conceptualizara Idamanda, haciendo acto de presencia. Definitivamente, el Gran Salto Adelante no iba a ser presa fácil de los bajos instintos colectivistas.

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El Pasado. Los Orígenes

La Refundación convocaba al juego. A la restauración de la levedad y el regreso a esa infancia a la que alude la frase nietzscheana, ya asumida desde el siglo XVIII en Thamacun: “La madurez del hombre consiste en reconquistar la seriedad con la que jugaba cuando era niño”. Hacia 1766, cuando Beatriz de Eugenia inauguró oficialmente La Ciudad Prohibida, Richard Megan batallaba por introducir algo de diversión en el atolladero analítico del ajedrez tradicional. Una pieza novedosa, el cerdo en lugar del caballo, iba a ser el aporte. El cerdo revuelto. La cadencia de las caderas del cerdo —la idea misma de las caderas del cerdo— desmoronándose sobre el blanquinegro de los escaques. El cerdo, a diferencia del caballo, podía moverse más de dos casillas hacia delante, hacia atrás, hacia los costados. Podía moverse seis casillas y girar, como un 114

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alfil, en sucesivos cortes transversales, hasta sodomizar a la reina o provocar la desbandada del rey y sus peones. El cerdo podía volverse loco y enloquecer el medio juego, desmitificando la sobriedad de los maestros ancestrales. Había que instituir al puerco en lugar del caballo. Una operación cultural que el oficial inglés lograría consolidar en vida y aun durante buena parte de su muerte, hasta que el Consejo de los Consejos criticó la iniciativa20, a finales de 1888. “El cerdo es la hucha del cerdito”, aseguraba el prócer Augusto Drury ese año. “El cerdo es la diversión productiva. Pero el caballo es la pieza usada en el resto del mundo, y somos un pueblo práctico, no podemos negarnos a la 20. Curiosamente, ocurrió en el año del nacimiento del campeón mundial de ajedrez José Raúl Capablanca, quien, a pesar de la crítica del Consejo de los Consejos, y habiendo nacido en Thamacun él mismo, intentó resucitar la idea del cerdo como pieza clave (una forma de homenajear, aseguran algunos, la trayectoria histórica de Richard Megan). Sin embargo, el movimiento puntoCON se ha encargado de tergiversar a través del tiempo el legado de los grandes maestros thamacuneses, intentando hacer ver, entre otras cosas, que el cerdo es realmente un “canciller”, pieza atribuida a la inventiva de Capablanca y en cuyo diseño el caballo se superpone a la torre. ERÓTICA

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evidencia”. Thamacun no podía ser menos y debía ser más. Los trebejos thamacuneses estaban llamados a imponerse. En el Reducto el ajedrez era una cosa muy seria. Como la pomada china o los macarrones. Del cerdo sobre el tablero únicamente quedaría una estatua en Thamacun, derribada, y minuciosamente profanada, durante la invasión de 1960.

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El Pasado. Los Orígenes

Hacia 1958, en vísperas de la llamada “revolución cubana”, la idea de que el modo de vida thamacunés debía expandirse si quería sobrevivir a los nacionalismos periféricos —un derivado del concepto ajedrecístico según el cual “la mejor defensa es el ataque”—, comenzaba a tomar cuerpo en el Reducto. Morgan German, entonces retirado pero aún depositario de un considerable reconocimiento cultural —en todo lo referido a su influencia en el Recinto de los Estrados y el Consejo de los Consejos—, presionaría para formar un pelotón de avanzada de “delegados activos”. Gente que recorrería el mundo instruyéndolo en conceptos como el de la conveniencia de diluir las naciones en cada uno de sus integrantes o el de la inutilidad de la simbología como referente nacional. Recursos no faltaban, e incluso German ERÓTICA

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estaba dispuesto a comprometer su patrimonio con tal de echar adelante el proyecto. German, que veía en el asesinato de Roman Dole una consecuencia de la excesiva pasividad de la diplomacia thamacunesa, creía que el Reducto era exportable. Avistaba un mundo interconectado, en el que el intercambio de información y bagajes culturales reduciría al mínimo el advenimiento de las guerras y los genocidios. Entonces no podía concebir fenómenos como el surgimiento de Internet, la desaparición geopolítica de Thamacun o la democratización de la comunicación inalámbrica, pero sospechaba que algún día el islote dejaría de serlo para fundar una cultura global del intercambio y desmembrarse — expandirse— infinitamente. Un concepto similar al que regiría en Cumberland décadas después. Nada de esto, sin embargo, podía imaginarlo Idamanda Rosael en 1996, cuando conoció a Richard Del Monte en Chicago. Del Monte, nieto del primer delegado activo21 que abandonara Thamacun —en febrero de 1958— la haría partícipe de la historia. La enrolaría definitivamente en El Hecho.

21. Precisamente, el primer Richard del Monte, luego junto a Idamanda Rosael, fue también un delegado activo a la vieja usanza. 118

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El Pasado. Segundo Éxodo

En diciembre de 1959, poco antes de que Camilo Cienfuegos fuera sacrificado y los pocos sobrevivientes de la política de tierra arrasada decretada por la vecina Cuba dieran con sus huesos en la cárcel, el Consejo de los Consejos había arengado a quienes aún se resistían a abandonar el islote, incitándolos a huir. Encargado de redactar El Ultimátum del Segundo Éxodo, como se le conocería más tarde, el prócer de la sentencia Daniel Dean estructuró su discurso en torno a la grandeza del viejo mundo, del Thamacun de los ancestros y el Hecho Thamacun en perspectiva, todo lo cual daría lugar a un texto universalista, de referencia en Cumberland. “Conseguimos que los aviones vuelen, los medicamentos curen, los alimentos proliferen”22, puede 22. El discurso del Ultimátum del Segundo Éxodo mezcla referencias thamacunesas con otras universales, pues los ERÓTICA

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leerse en el folleto en el que se convertiría luego El Ultimátum. “Conquistamos el cielo. Fuimos agricultores. Cazamos. Pescamos. Forjamos el metal, inventamos la hucha del cerdito. La invención de la hucha revolucionó las relaciones de producción thamacunesas: Nos propusimos objetivos y alcanzamos metas habitantes del islote se consideraban a sí mismos, ya incluso desde el siglo XIX y como demuestra su profusa, y dispersa, bibliografía*, “ciudadanos del mundo”. * Medler, Mónica. Apología de la curiosidad. Editorial Mondragón, 1969, Madrid, España. —Cabrera Infante, Guillermo. Un grito de guerra muy particular. Olimpia Ediciones*, 1958, La Habana, Cuba. —Facundo, Walter. Idamanda: la democratización del ego. Ediciones El Sello de Pie. Chicago, Estados Unidos (entre otros muchos volúmenes dispersos por medio mundo). * El libro, según asegurara el agente puntoCON Fernando Valnuevo en un panfleto lleno de rencor, habría sido publicado por Olimpia Ediciones, pero en Buenos Aires en 1977: “La información revelada por cierto cronista es incorrecta y no advierte, además, que Cabrera Infante no se refiere a un Thamacun real sino más bien a su interpretación de lo que debió haber sido Cuba (…) Recuérdese que luego Infante pasa lo que le resta de vida en Londres como una proyección de su Thamacun idealizado. Lo que hace el cronista de marras es plagiar el sentir de Cabrera Infante, su construcción imaginaria”. 120

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nunca antes imaginados. Descendimos a las profundidades oceánicas, descubrimos el átomo como antes habíamos domesticado al gato, al toro, al caballo. Habitamos un mundo feliz durante ciertas épocas y durante ciertas épocas pudimos ser todavía más felices, pero la perfección es tan escurridiza como el tiempo”. Y subrayaba: “Hemos descubierto la cerámica, fabricado utensilios de cocina, elaborado recetas culinarias. Hemos puesto al alcance del gran público la radio, el cine, la televisión. Cierto que Thamacun puede desaparecer teóricamente, pero esa es una variable insensata: conformamos El Gran Salto Adelante. Nunca nos echamos atrás. Jamás flaqueamos. Siempre entendimos que habíamos llegado para quedarnos, para contribuir a transformar el planeta, el universo, la vida, el sentido de la vida. “Siempre entendimos que no éramos imprescindibles”.

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El Presente. La Blogosfera

El Caso de las Sexólogas Ambulantes, como se le llegara a conocer en el ámbito internauta, había estimulado desde el principio, en la periferia de sus zonas erógenas, la analítica de Idamanda Rosael y Richard del Monte. La aparición de las sexólogas se remontaba a los tiempos en que la Voladora Núbil, el Enmascarado Porcino y el Tirador Platónico (Torofijo) ejercían el transformismo, y desde entonces, esporádicamente, había choteado la impronta académica con que un sector de la blogosfera intentaba justificar sus afanes cibernéticos. Las sexólogas, desde la sección de comentarios de cuantos blogs se habían atravesado en su camino, desnudaban las “pequeñeces” de la intelectualidad cubiche, y esto era algo que muchos de los poetas, narradores y ensayistas más importantes de la “última generación impresa” no estaban dispuestos a 122

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permitir. En cualquier caso, quienes no estaban dispuestos a permanecer ni un minuto más al margen de sus personalidades anónimas —las de las sexólogas— eran Rosael y su amante. ¿Cuántas eran realmente? ¿Por qué no firmaban con sus nombres, y ni siquiera con seudónimos que concedieran a los delegados el alivio de una vaporosa pista? ¿Qué querían decir con aquello de que “una no sabe si lo que les cuelga es el rabo o un ombligo mal puesto”? ¿Acaso las sexólogas recomendaban el lugar común según el cual, y a pesar de los pesares, hay que montar caballo grande ande o no ande? Pero el misterio que con mayor insistencia atenazaba la imaginación de los cumberlanos era el de su negativa a armar ellas mismas, sin el aporte de la Voladora Núbil, un blog femenino que pusiera definitivamente en su sitio la insoportable inconsistencia de la blogosfera machista. ¿Para qué reclamaban cada dos por tres a la voladora? ¿Por qué ese afán de reabrir las puertas del más anónimo de todos los blogs anónimos? ¿Cuál era el objetivo último de las Sexólogas Ambulantes? Una sola respuesta a una sola de aquellas preguntas habría bastado para reorientar los estupores de Idamanda y su irreductible amante, Richard del Monte.

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El Pasado. Los próceres

En 1919, en Mónaco, Barnes Talavera descubrió cómo le entra el agua al coco. Había nacido en Oxford, toda su vida adulta y profesional había transcurrido en Thamacun y él mismo había apurado sus últimos días en Barcelona por un simple capricho del destino: en 1918 su futura esposa visitó el Reducto y ya nada fue igual en la vida del prócer de la sentencia. Entre las cosas que cambiaron para siempre en la vida de Talavera no sólo figuraba su lugar de residencia. Estaba también su concepción del mundo en tanto reflejo de una época y de una idiosincrasia. Talavera, que había ganado en su temprana juventud un concurso de declamación, estableció y propagó —apoyado en la decisiva influencia de su esposa— la sentencia cumbre de la década de los años veinte en Thamacun: “El amor es flujo de información”.

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A partir del aforismo cuajaría en el islote una comprensión mucho más abarcadora del fenómeno de la regeneración cultural, clave para entender la “democracia creativa” practicada en el Reducto y aun el propio surgimiento de Erótica. Talavera sostenía que el amor debía abandonar los cenáculos artísticos y seudoculturales a los que lo habían confinado las elites para hacerse un producto intercambiable, asequible, como el jabón de baño o las compotas. El amor debía dejar de ser un amuleto teórico pero, sobre todo, un factor o instrumento de dominación. El agua del coco del amor es la información. Para que el coco no se marchite, la información debe fluir incansablemente desde su vórtice. El problema más común entre el común de los mortales no es la falta de amor, sino la incapacidad de expresarlo y la imposibilidad de recibirlo. Enfatizaba Talavera que la información más intrascendente puede ser sublimada por el objeto inductor si es convenientemente recibida por el receptor. El amor es información debidamente recibida, debidamente enviada. En este principio básico, inapelable en su generosidad, se apoyaría el prócer para dar a conocer el axioma de una década: “El amor es flujo de información”. Y también: “El amor es un recibimiento”.

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El Presente. Bibliografía La tesis fundamental de Idamanda: la democratización del ego, de Walter Facundo, se sostiene en un reproche: Erótica no es más que un rapto atolondrado de la más conocida de sus fundadores, poco menos que el sueño de una noche de verano. Dado que el universo borgiano replanteado por Rosael —siempre según Facundo— implicaba una suerte de plagio conceptual, no había razón para tomárselo demasiado serio… a no ser que se justificara a sí mismo. A no ser que engendrara un espacio alternativo habitable, productivo, con los pies sobre la tierra. Así, Facundo alababa el agudo pragmatismo de lo que llamaba “El Proyecto”: un espacio de interacción y/o asimilación cultural cimentado en los Tres Factores de incubación rosaelianos: entorno-momento, capacidad e iniciativa. Una construcción inconcebible para Borges, probablemente porque el argentino no contaba con uno de los factores relacionados. 126

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Frente a esta tesis, avalada por numerosos historiadores cumberlanos, se alzaba el delirio de los “autores románticos”, quienes concebían Cumberland como una especie de universo paralelo o reflejo dislocado de la realidad conocida. Erótica existía, ciertamente, pero en otra dimensión. Y esa otra dimensión nada tenía que ver con la astrofísica: existía en la memoria de los hombres, pues, supuestamente, la realidad no era otra cosa que recuerdo incesantemente recreado. Pero nadie estaba seguro de nada.

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El Pasado. Los Orígenes

Había que hacer bueno el dinero. La diversión iba a ser productiva. Porque cuando Megan y Beatriz redescubrieron la simbología porcina de Malver Adenauer, a poco de arribar a Thamacun, descubrieron también un nuevo leitmotiv, la coronación de una estrategia amatoria afincada en la comunicación y la entrega: La única forma de ser plenamente productivo era ser plenamente feliz. Así, el nombre de la capital del Reducto, La Ciudad Prohibida, remedaba el tiempo en que la marquesa y el ex oficial habían recorrido La Habana a remolque de sus sueños, perseguidos por el costumbrismo de la venganza señorial: un escape fastuoso, colorido, a través de las columnatas y los pabellones, los bosquecillos y las tembladeras, rumbo al futuro. El cerdo en la memoria era ya el cerdo entre las piernas, regurgitando en las axilas, sinuoso a través de las cabelleras 128

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cargadas de piojos y los ojos brillantes como faroles. El cerdo volátil, el cerdo astronauta, el cerdo en medio del tablero. La coronación del cerdo en la ciudad que vivía a su propio ritmo. La Casa del Cerdo era La Ciudad Prohibida: talleres de huchas en los que obreros y obreras alteraban el producto sin ordenar los factores; criaderos de puercos famélicos en su afán copulativo; cronistas de un tiempo ido que regresaba una y otra vez, prestándole al futuro organicidad y prestancia; lectores de tabaquería de panfletos eróticos; muchachas desnudas que producían la mejor cerveza del hemisferio. La Refundación era un estado de ánimo, y el estado de ánimo de Thamacun se inclinaba, reverente, ante la diversión productiva. Las monedas tintineando en el fondo de la hucha. La hucha moldeada a imagen y semejanza de sus moldeadores: el ondular de las curvas, la proliferación de las curvas. La curva dinámica del esfuerzo recreativo. O la curva a secas. Curva sobre curva.

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El Pasado. Bibliografía

Cioran creía que en Cumberland la capacidad de reconocer al prójimo —de elogiarlo o consentirlo— era culturalmente tan valorada como el ingenio o la tolerancia. Eso deducía de la lectura de unos pocos panfletos más la compañía del anticuario Anatoli Fábregas, “El Pesimista”, quien a principios de la década del setenta lo conoció en París. Fábregas ejerció una suerte de breve mecenazgo sobre el autor Del inconveniente de haber nacido, hasta que éste logró sobreponerse a su influencia, tras meses de zozobra y arrepentimiento. El interludio de Fábregas bastó, sin embargo, para que el rumano asumiera lo que luego la intelectualidad cumberlana consideraría un disparate: que la esencia del Hecho Thamacun había consistido, básicamente, en crear un individuo capaz de proyectarse en el prójimo. Pero la “proyección” manejada por el 130

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filósofo implicaba más un mimetismo socialmente interesado —una forma de supervivencia cultural— que una verdadera asimilación. “Nada —aseguraba—, ni la desconfianza ni el desprecio, inmuniza contra los efectos del elogio”. “De ahí —concluiría en el futuro— la trascendencia del Reducto como referente práctico”. En 1976, en las afueras de la capital francesa, Medler y Cioran dilucidan el asunto. La primera, al frente de una delegación cumberlana compuesta, entre otros ilustres, por el educador Vicente Máximo, planteó al segundo la posibilidad de escribir un ensayo a dos manos sobre el tema, cosa que el rumano evitaría concienzudamente. Medler llegó a tachar los análisis thamacuneses de Cioran de “aberración conceptual” (una retórica llamativamente inusual entre los pensadores del Reducto). “En Thamacun no nos inventamos las cualidades del prójimo: las reconocemos”, escribiría más tarde. “No vemos en el prójimo una posibilidad para la seducción, sino para el aprendizaje. Cioran, sin ir más lejos, no nos interesa como herramienta. Nos interesa como conocimiento”.

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El Presente. La Blogosfera

Entre todos los acertijos que debieron resolver Idamanda Rosael y Richard del Monte, ninguno tan peliagudo como el Caso del Ruiseñor Enjaulado (o del Bloguero Dubitativo). En una época en que la blogosfera cubiche ardía por sus cuatro costados, entregada a causas y consecuencias en discordia con lo que el Dubitativo llamaba “la serena levedad del ser ajeno”, cualquiera hubiera pasado de largo sin reparar en la presencia de este último. Pero el Dubitativo se empeñaba en embadurnar su escepticismo con pintura pedagógica, como si su incapacidad para asumir riesgos, o para tomar decisiones —o más simplemente, para tomar siquiera un poquito—, fuera en realidad una virtud, o constituyera una señal de sabiduría. Esto había llamado la atención de la sicóloga. En la distancia, el Bloguero Dubitativo había logrado construirse una jaula desde la que cantaba, 132

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como el ruiseñor del cuento, con una tristeza que partía el alma. Cantaba y cantaba, y de tanto oírlo cantar Del Monte, espoleado por la curiosidad, había “descubierto” que en realidad quería hacerse el gracioso. “Nada más natural en un cubiche que querer hacerse el gracioso”, insistía el amante de Rosael, pero ésta no estaba dispuesta a perderse en lugares comunes. En apariencia, el Dubitativo era un pobre tipo cuyas gracias no divertían a nadie, pero en la vida real era muchas otras cosas. Podía estar enjaulado, pero tras la rejas de sus complejos. Podía inspirarse en las nubes, pero no en el recuerdo, atropellado y melancólico, de sus vivencias inconfesables. Su exposición a la luz pública había terminado convirtiéndolo en una suerte de monigote de las Sexólogas Ambulantes, quienes en reiteradas ocasiones habían hecho mofa de su humanidad acorralada. ¿Le colgaría un “ombligo mal puesto” en el lugar del rabo? ¿Acaso había decido inyectarse hormonas? ¿O sería el Ruiseñor, tal y como sospechaba Rosael, la mismísima Voladora? El misterio de Nuevo Songo se superponía ahora al misterio de la Cloaca del Pantano que se superponía ahora al misterio de la Voladora Núbil que se superponía ahora al misterio del Doble PuntoCON que se superponía ahora al misterio del Dubitativo Enjaulado. Por si fuera poco, los cumberlanos habían ERÓTICA

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descubierto que una nueva piedra en el camino, colocada por la Zorra del Enmascarado Porcino, se interponía entre su analítica y la vastedad de sus numerosos casos pendientes.

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El Pasado. El Lenguaje

Mónica Medler tenía toda la razón cuando dijo, en el último de sus Consejos, que El Lenguaje no era cosa de juego. Se trataba de definir una identidad —una densidad argumentativa— y al unísono, con la nocturnidad y alevosía del más vulgar de los asaltantes, proteger el secreto por antonomasia de la historia posnacional: el Hecho Thamacun, la proliferación creativa del reconocimiento al otro —a lo otro—, el triunfo minucioso —de ello están convencidos los cumberlanos— del individuo en sí mismo. El triunfo del escapado. Esto era lo fundamental. Luego estaban la cadencia de las palabras, el sentido de las palabras, el orden incluso de las palabras. Finalmente, C. A. Montaner había logrado rescatar la belleza de los timbres e imágenes característicos del Reducto (la música

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expositiva, los dardos, las banderas superpuestas23…). Máximo y sus discípulos, conscientes de que el secreto mejor guardado no podía dejar de ser el secreto mejor guardado, se habían centrado en dislocar los significados subyacentes. Así, “La flecha en el aire”, tal vez la frase más célebre, o socorrida, de la Criptología de Thamacun, significa —según su ubicación en el párrafo al que pertenece— el punto de partida, o de retorno, de un concepto o valoración X. “Sobre tu vientre varado”, seguido de un tres y nueve ceros, por ejemplo, es un llamado a la cordura. Ciertas series de números expresan un sentimiento de concordia. No obstante, en la criptología el dinero no constituye un símbolo de

23. “En Playa Hedónica cambiamos casi todos los años de bandera, en seguimiento de nuestros ciclos vitales. Unas veces amanece Cumberland preparado para el tango, ese baile frío y misterioso, y nos ponemos fríos y misteriosos nosotros mismos, sombríos en la esquinas, llevamos gafas oscuras, despreciamos el dominó. Otras veces amanece Cumberland anestesiado en la somnolencia del estío, sudoroso, que no puede mover ni un dedo, y diseñamos banderas blancas de paz (que nadie interrumpa nuestro hedónico letargo), adornadas con frutas tropicales, salpicadas de pájaros salvajes”. Cronista Richard del Monte Jr. en Iconoclastia. 136

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poder sino de liberación, de movimiento. Una escapatoria. Decían en Thamacun: “Todo es asimilación”. Afirman los de El Lenguaje: “Sólo en minoría se puede estar a la vanguardia”. Mucha gente —tanta gente— no sabe a qué se refieren.

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El Presente. Los próceres

En el segundo año del tercer milenio, tras derivar durante semanas en la corriente del Golfo, arribó a Playa Hedónica Proust El Balsero. La aventura lo empujaría a formular su Teoría de la Memoria Gustativa, posteriormente ratificada, y enriquecida, en la llamada “capital del exilio cubano”. En Miami, Proust El Balsero había conocido a Rodrigo de la Luz, “El poeta dibujante”, a quien convertiría en su maestro. Deslumbrado por la refrescante calidad del trópico cumberlano, particularmente acondicionado en “la capital de las Américas”, el futuro sostenedor de la Teoría de la Memoria Gustativa había vibrado al compás del poema fundacional de De la Luz, al punto de emular la eclosión de Arquímedes en su bañera: “Yo no quise erigir la gran escuela/ de la profilaxis,/ pero era en vano luchar contra la historia./ Yo era el eterno heredero de la sopa”. 138

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Según el prócer de la desmitificación, la memoria gustativa le había permitido sobrevivir a la deriva del Golfo, y aun desmontar el Decreto de Bernardo Berham, hasta darle la vuelta por su costado más poético (estableciendo, ya de paso, una nueva manera de abordar el pollo). Proust sostenía que el sabor y la textura del ave corrientemente cocinada en establecimientos como Kentucky Fried Chicken constituía una réplica a la medida —o viceversa— de los célebres pollos fritos de los Pío Pío de El Vedado, en la tortuosa Habana de los puntoCON y La 440. “No se coge el pollo con la mano, se come con la boca y se chupa uno los dedos”, afirmaba el prócer: “Se compra en Kentucky Fried Chicken, se mete en el horno y se evocan los festivales de Coppelia, el saloncito de espera de La Carreta, el vaho epicúreo del aire acondicionado del Wakamba”. “La patria es el pollo, el aroma de la pizza en la Piragua”, decretaría El Balsero. “Consecuentemente, si la patria fuese la memoria, ahora mismo se elaboraría en las cocinas de Kentucky Fried Chicken, todas y cada una de las cuales aguardan por nosotros”.

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El Pasado. Segundo Éxodo

Cuando Camilo Cienfuegos arribó por cuarta y última vez a Thamacun, apenas permanecían allí dos mil personas. El Segundo Éxodo se había desatado meses antes, a raíz de la entrada de Fidel Castro en La Habana, momento en el que no pocos thamacuneses vislumbraron la magnitud del desastre que se les echaba encima. La mayor isla del Caribe naufragaba en aguas del totalitarismo y en su periferia no iba a quedar títere con cabeza (mucho menos un islote de sesenta mil habitantes, escandalosamente opuesto al discurso predominante). Si durante la República el nacionalismo cubano había mantenido una actitud hostil, ocasionalmente injerencista y frecuentemente desdeñosa hacia la futura Cumberland, nada bueno cabía esperar del nuevo gobierno revolucionario, cuyas veleidades simbólicas presagiaban días tormentosos para los thamacuneses. 140

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En abril de 1959 la revista Mambo y otras adversidades —la de mayor tirada en el islote— publicaba un reportaje de Rodrigo Rodson en el que aparecía una declaración atribuida a Ramiro Valdés, uno de los comandantes de la revolución. “Si la montaña no viene a ti, ve tú a la montaña”, habría dicho Valdés, aludiendo a una inminente anexión de Thamacun. El reportaje constituyó el pistoletazo de arrancada del Segundo Éxodo, aunque ya desde enero de ese año los thamacuneses venían haciendo las maletas. En cuanto a Cienfuegos y su papel en la desaparición del Reducto, mucho se ha especulado. Lo cierto es que el islote apenas opuso resistencia a las fuerzas invasoras, tal vez porque el grueso de su población ya había emigrado, tal vez porque el fetiche territorial nunca cuajó culturalmente entre los antepasados de Playa Hedónica. De cualquier manera, el guerrillero no dudó en inmolarse por la causa perdida de Thamacun o, para mejor decirlo, por la causa perdida de su propia vida. Un grupo de doce milicianos repelió junto a él los primeros embates castristas, pero su resistencia fue la de la aguja en el pajar que arde en llamas. “El Señor de la Vanguardia” fue borrado del mapa como fue borrado del mapa Thamacun. Se dice que su amante sefardí murió molida a culatazos, mientras invocaba su nombre. ERÓTICA

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El Pasado. Los Orígenes

A principios de la década del veinte, tras disputar el campeonato mundial en la mayor isla del Caribe, Enmanuel Lasker y José Raúl Capablanca firmaron la paz de los sepulcros de un ciclo ajedrecístico ya superado. El primero (—4 +0 =10) había puesto en juego su corona, el segundo (—0 +4 =10) nada menos que su prestigio. Un prestigio acrecentado años más tarde por incontables presentaciones públicas, galanteos no demasiado comedidos, fulminantes sesiones de rapid-transits. Un prestigio que le costaría tan caro como a otras muchas luminarias thamacunesas, acosadas por el ultranacionalismo caribeño. Paul Morphy, en realidad oriundo de La Ciudad Prohibida, no perdió la cabeza y la vida a causa de su mala salud, sino por el persistente acoso de un ex oficial azteca afiliado a la Internacional Nacionalista, a quien los ingleses emplearon 142

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en su afán por poner al mejor jugador del mundo fuera de juego. Richard Melbur y Alejandro de la Cantata no abandonaron el Olimpo de los escaques voluntariamente, sino tras las acciones y presiones de cierta mafia organizada, no completamente ajena al estilo, y las maneras, de los más contemporáneos puntoCON. Entre los trebejistas modernos, la locura de Bobby Viena fue inducida, como la vertiginosa carrera de Sergio Tallahasse cortada de cuajo. Alexander Alekhine, campeón del mundo en 1927, no murió en Lisboa ahogado en el alcohol de otra de sus borracheras: sufrió sin cesar los rigores de más de un camorrista a sueldo, hasta unirse a ellos para terminar con la vida de Carlos Meridiana, la más prometedora promesa de los trebejos thamacuneses. Capablanca terminó envenenado en Nueva York. Se dice que del ajedrez a la alta política sólo hay un paso. Se dicen muchas cosas.

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El Pasado. Bibliografía

Se dice que el Hecho Thamacun presupone, progresivamente, una historia oficial dominada por la mayoría de los cumberlanos. De cualquier manera, sus derivaciones, rediseñadas en las sucesivas cronologías, desfiguran hasta hacer ininteligible la perspectiva original —Thamacun como himeneo, Thamacun como zona franca, Thamacun como Casa del Cerdo—, empantanándose en un sinfín de historias paralelas. Pero la historia oficial insiste en erigirse historia oficial, como el leopardo en ser leopardo. “En cualquier caso —afirma Any Ferrara en su preludio Los días antagónicos—, la historia oficial no es más que eso: una manera de oficializar la historia. La historia del Reducto, en cambio, es la historia de una asimilación interminable. La de la asimilación de El Hecho, la de la asimilación del futuro, la de la asimilación de la propia historia. Sabemos que en 144

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cualquier momento, en un abrir y cerrar de ojos, una nueva historia nos tomará por asalto. “Pertenecemos a una historia derivada, ingente, progresiva: Anti-histórica. Somos la historia que se cuenta a sí misma”.

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El Presente. La Blogosfera

Caía la noche cuando Idamanda Rosael se volvió hacia Richard del Monte y con expresión apesadumbrada reconoció lo inevitable: —Tenías razón, querido —dijo—. La Zorra es más influyente de lo que podíamos imaginarnos. Días atrás, en una de sus habituales cenas, Del Monte había llamado la atención sobre la conveniencia de tomar muy en cuenta la hipótesis del Caballero de la Alegre Figura. Según éste, había que preocuparse de que estuvieran cerrando o “cesanteándose” tantos espacios de la blogosfera cubiche. ¿Sería, se preguntaba Idamanda, que la Zorra había logrado transfigurarse en Agente Doble, al punto de doblegar al indoblegable Enmascarado Porcino? Éste había anunciado su cierre, el Blog de la Mano Invisible era sólo un recuerdo brumoso en las mentes de los más recalcitrantes, el Carpintero finalmente había colgado el sable y ni 146

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hablar de la Cloaca del Pantano o el Blog de la Mano Sucia, cuyas compuertas, cerradas a cal y canto, ya no provocaban el menor interés. Incluso, el Blog del Caricaturista había entrado en un sopor vacacional que auguraba su desaparición definitiva. Existía una rara conexión, no obstante, entre la desaparición, el cierre o la clausura por invitación de muchos blogs de la blogosfera cubiche y la proliferación de una actividad de la que hasta entonces pocos habían renegado, pero que ya Rosael comenzaba a ver con ojos inquisitivos: La entrega de los Galardones Itinerantes. La proliferación de los galardones itinerantes coincidía milimétricamente con la salida del escenario de “los blogs de la competencia”, circunstancia que llamaba poderosamente la atención de los cumberlanos. ¿Sería, como se preguntaba el Caballero, que estaba teniendo lugar algún recogimiento o entrenamiento en algún lado? ¿Acaso se trataba de un complot feminista? ¿Estaría la Zorra abonando el terreno para el regreso de la Voladora Núbil a la sombra de las Sexólogas Ambulantes? Lo cierto era que estas últimas habían abierto un blog en medio del boom de las clausuras, como ya había predicho Idamanda, y resultaba sumamente intrigante que aún no hubieran entregado, o recibido, algún premio, trofeo o galardón a su medida. ERÓTICA

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El Pasado. Los Orígenes Thamacun idealizó el salmón. De ahí que la textura, el sabor y la subyugante idiosincrasia de este pez inigualable, hecho a la medida de los paladares más exigentes, fueran cantados por generaciones de próceres de la sentencia. De ahí que su carne aterciopelada, inmune a los tufos marinos pero también a las bajas pasiones culinarias, constituyera el símbolo anti-símbolo del Reducto durante muchos años. Sólo superado por la estética del cerdo, el salmón brillaba a contraluz en los recibidores de prácticamente todas las residencias del islote. “Se necesita cierta sensibilidad y/o perspicacia para solventar las mañas de animal tan lucrativo: para comprarlo o mandarlo a comprar, meterlo en el horno —o asarlo a la parrilla— y después comerlo”, escribe Walter Facundo en Idamanda: La democratización del ego. “Pocas experiencias soportan semejante carga de deslumbramiento sensorial, de estupefacción gustativa. El episodio quizá sólo sea comparable 148

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al instante en que se copula por primera vez, con la ventaja añadida de que las espinas del salmón son más livianas que la espuma en el fragor del maremoto”. Tan sabrosa como la carne del salmón, pero poco cocinada, era la carne de la mujer thamacunesa. Mientras reía, exhalaba un olor que volvía sobre sí mismo, por lo que en muy contadas ocasiones era percibido por amantes coyunturales; sólo el hombre que durante un buen tiempo acompañaba a la mujer, en las malas y en las buenas, en sus pérdidas y ganancias, conseguía detectarlo. El olor doraba a fuego lento la carne de la afortunada en cuestión, combustión interna que se verificaba, sobre todo, en sitios poco concurridos: los parques poblados de árboles frondosos y a salvo de paseantes, las playas a medianoche, las azoteas de los edificios, los invernaderos privados. Si cuenta con la estable compañía de un hombre sensible la mujer cumberlana puede reproducir a lo largo de los años este sabor peculiar, con lo que a partir de cierta edad ni siquiera tendrá necesidad de pasárselo bien para conservar la preeminencia de su carne. Desde el Hecho Thamacun suele dedicarse considerable tiempo y esfuerzos al cultivo de la carne divertida, pues en Erótica, qué duda cabe, todos salen ganando con ese aroma.

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El Presente. Tercer Éxodo

El Consejo de los Consejos, que aún se celebra en Cumberland, no ha sido ajeno a la recreación de los acontecimientos que hicieron del Reducto un enclave alternativo de referencia. De manera que las historias thamacunesas, en la memoria colectiva de su descendencia cibernética, suelen entrecruzarse y fecundarse, engendrando zonas de (re)creación adicionales. Hacia la década del noventa del siglo XX Erótica insistía en extender, como una prolongación de la doctrina Morgan pero ya en un plano posnacional — la aparición de Internet lo prefiguraba—, la política “desarrollista” del islote. Esta tendencia, también esbozada por numerosos próceres de la sentencia, incluso de la desmitificación, había empujado a Richard del Monte a recorrer Estados Unidos en busca de adeptos. De esta manera, en una zona de recreación adicional, convergiendo en el laberinto de la realidad 150

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posmigratoria, Del Monte conoció a Idamanda. Rosael trabajaba entonces sobre la condensación intelectual de la energía, estableciendo el criterio de que la voluntad creativa podía erigirse, directamente, en destino asumido. No más rodeos insulsos, ni vacilaciones intermitentes, ni autoinculpaciones afiebradas: había que liberarse de la tiranía de la debilidad, hasta derrotarla completamente. En 1996, en Chicago, Rosael llevó a Del Monte a conocer la energía. Un espacio apenas transitado, la simbología de una voluntad común abocada al movimiento (la simbología no tenía por qué constituir, inevitablemente, un tabú). A cambio, Del Monte llevó a Idamanda a conocer El Hecho: una realidad encargada de recrearse a sí misma a través de la creación de múltiples realidades, de la asunción de infinitas recreaciones. El amor, que diría Talavera, como flujo de información. El Himeneo del Recibimiento.

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El Pasado. Los próceres

Si hubo un prócer respetado en el Reducto —y los hubo en considerables cantidades—, ese fue Emenegildo Evans durante todo el primer tercio del siglo pasado. Evans, autor de los panfletos Biografía de un espermatozoide y La fiesta de vivir, no fue propiamente un prócer de la sentencia. No obstante, su cruzada a favor de la autoestima personal lo convertiría en el activista pro vida más célebre del islote, al que seguirían miles de sus contemporáneos en Thamacun y otras partes del mundo. Evans solía comparar el momento de la concepción humana con un vertiginoso contragolpe futbolístico (al contrario de la vecina Cuba, donde nunca sentó carta socialmente, en Thamacun el fútbol había alcanzado categoría de deporte nacional). Pero a diferencia de dicho contragolpe, en el que varios jugadores colaboran para introducir el balón en portería, para el prócer la estampida espermática implicaba un 152

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trayecto de vida o muerte, inmisericorde y estremecedor, recorrido por cientos de miles de individuos en potencia, “una colosal carrera contra la muerte de la que usted, amigo lector, ha salido vencedor” (Evans). “Imagínese por un momento —escribe Evans en Biografía de un espermatozoide—. Imagínese acelerando en las tinieblas de una autopista sin fin, escoltado por cientos de miles de conductores empeñados en superarlo, desesperados por arribar a la meta—óvulo sin su intermitente compañía. Imagine la hazaña que constituye su victoria, su impositivo arribo a la meta (¡Usted es un ganador! ¡Usted me está leyendo!). “Imagine poco después la desaparición sin penas ni glorias, descomunal e incomprensible, de sus competidores. Cien, tal vez doscientas mil vidas que no fueron, doscientos mil anhelos truncados, doscientos mil instintos sometidos. Doscientos mil entes irresueltos, doscientas mil historias cercenadas, doscientos mil destinos irrecuperables. ¡Doscientos mil desaparecidos —un ejército que lo rodeaba, que lo flanqueaba, que lo seguía desesperadamente— y usted sigue leyéndome! “¡Usted debería homenajearse a sí mismo cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día de su vida! ¡Usted es un héroe, un elegido, un verdadero sobreviviente!”. ERÓTICA

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El Presente. La Blogosfera

Durante mucho tiempo la Bloguera Modélica había sobrevolado el ciberespacio hedónico sin que Idamanda y Del Monte hubieran reparado en la complejidad de su activismo indeleble. A diferencia de la Voladora Núbil, cuya misteriosa identidad había desquiciado las neuronas de la Bloguera Cotidiana, la Bloguera Modélica había hecho circular abiertamente, durante meses y sin recurrir al anonimato, su humanidad desprejuiciada. De manera que, aparentemente, carecía de interés para Rosael, a quien las cuentas claras solían divertirla muy poco. Pero entonces la Bloguera Manipulada había comenzado a censurarla, reteniendo por horas, incluso días, sus escuetos comentarios. Esta circunstancia, más la aparición de la Zorra del Enmascarado Porcino, empeñada en horadar la vasta humanidad del Caballero de la Alegre Figura, había hecho girar a Idamanda en 154

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dirección opuesta: ¿No sería la Zorra una avanzadilla de las Sexólogas Ambulantes? ¿Y no serían las propias sexólogas masculinas en lugar de más culonas? ¿Qué garantizaba que el Enmascarado no fuese sino un rehén de la Manipulada? ¿Sería capaz ésta de encuerarse frente al caballete del Caballero de la Alegre Figura? ¿Quién movía los hilos ocultos de la tragicomedia blogocubiche? ¿La Zorra? ¿El Doble PuntoCON? ¿El dueño(a) del Blog de la Mano Sucia? ¿Acaso el mismísimo Caballero? Si la Zorra eran las Sexólogas y éstas el Anónimo Estresado, como sospechaba Richard del Monte, entonces había que asumir una posibilidad inesperada: La Bloguera Modélica era realmente una víctima de las circunstancias, lo mismo que el Caballero de la Alegre Figura. La Zorra entonces podía ser colectivista, el Enmascarado un cara’eguante y la desorientada una travesti.

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El Pasado. Bibliografía

La patria es Internet. O mejor: la patria es el individuo. Los afectos y amores del individuo: una mujer, un hijo, la familia, los amigos. El café tostado. Las velas aromáticas. Stairway to Heaven. Una vieja sombrilla de mango tallado en relieve. La forma de la espada, que diría Borges. En El camino de la ironía, Esteban Ricardo asegura que “la manera con que en Thamacun manejaban el concepto de patria liberó a los thamacuneses de la demagogia y la tiranía, y aun a sus descendientes”. Ricardo no llegó a presenciar el Tercer Éxodo, íntimamente relacionado con la eclosión de Internet, pero seguramente hubiera alabado ese espacio meteórico, acogedoramente versátil, que es la Red de Redes. Tierra de nadie, de todos y cada uno. Incluso, en relación a Internet, tal vez hubiera repetido, con José Martí, aquello de “con todos y para 156

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el bien de todos”. Cierto que Ricardo criticó esporádicamente al “hombre de La edad de oro”, pero sin duda fue también un observador amable. Lo enriquecía una cualidad común entre los ciudadanos de Cumberland: la de destacar de los demás sus virtudes y aciertos antes que sus defectos y fracasos. Un legado, a fin de cuentas, optimista. Como su propia vida.

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El Pasado. Segundo Éxodo

A punto de desaparecer el Reducto como referente geográfico, a finales de 1959, el Consejo de los Consejos había arengado a quienes insistían en defender el islote del asalto puntoCON, incitándolos a huir. Encargado de redactar El Ultimátum del Segundo Éxodo, como se le conocería más tarde, Daniel Dean se introdujo en un largo discurso disuasorio, un texto que, convertido en panfleto, referiría una y otra vez al Hecho. “Hemos aislado virus, removido ciudades, conservado en latas de conserva”, expresaba el Ultimátum de Dean, una y mil veces plagiado, recreado y transformado en los predios de la futura Cumberland. “Hemos puesto el verde sobre el verde y el rojo sobre el rojo. Somos hombres y mujeres de bien: Levantamos el Reducto con el sudor de nuestras frentes y lo hemos engrandecido procreando sin cesar, ofrendando 158

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nuestros óvulos, úteros y espermatozoides. Las mujeres estuvieron donde tenían que estar, contestando al reto de El Hecho con su recreación interminable. Las mujeres sabían, en su momento vislumbraron lo que nadie antes había percibido: Ahora que Thamacun desaparece tengo una palabra de aliento para ellas. “Ahora que Thamacun desaparece mi más sentido homenaje a las generaciones de hombres y mujeres que consolidaron el Gran Salto Adelante, con sus hallazgos y virtudes, miserias y desesperanzas. Ese Salto que se reconoce en sí mismo, que se ha forjado a sí mismo a través de incontables desmoronamientos y reconstrucciones. “Resumiendo mucho, este Segundo Éxodo no nos sorprende. No habrá reconstrucción esta vez, pero tampoco lamentaciones estériles o celebraciones artificiales. Fuimos, estuvimos, vivimos. Jugamos nuestro papel. No estaremos en los próximos días, pero recorreremos un trayecto, emprenderemos un camino. En los próximos días nadie tiene idea de qué sucederá, puesto que ya nada sucederá en este punto, pero cualquiera que sea el comienzo —todo final prefigura un comienzo— siempre tendrá su precedente. Nos hemos constituido en principio: Somos lo que por fin, a fin de cuentas, finalmente ha desaparecido… para reproducir un nuevo nacimiento”. ERÓTICA

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El Presente. Tercer Éxodo

Antropológicamente hablando, Hedónica (La Playa) es un producto de “Los Tres Factores”. El concepto, concebido a finales del pasado siglo por la sicóloga Rosael, debe ser entendido en relación al advenimiento del individuo en sí mismo, de la persona universal. Sólo allí donde confluyen los tres factores tiene el Gran Salto Adelante posibilidades cibernéticas. Primer factor en juego: Entorno-momento. El país como rampa de lanzamiento. La solvencia económica en calidad de plataforma (si ello genera tiempo a consumir en libertad). También influyen la familia, los seres queridos. Segundo factor en juego: Capacidad. Una suma de capacidades que prefiguren la posibilidad creativa, la noción de edificar una meta a medida que se le persigue. Uno compite con uno mismo. 160

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Tercer factor en juego: Iniciativa. Esta es, de todas las capacidades, probablemente la más influyente. La capacidad de tomar decisiones. El deseo personalizado en la acción. Aquí, una vez más, el orden de los factores no altera necesariamente el producto. “Entregándote escrupulosamente a la causa que te abrió a lo más puro de ti, consagrándote en tu esencia, serás libre, serás plenamente feliz” (Rosael). La Teoría de los Tres Factores, pilar teórico y/o conceptual de Cumberland, no puede materializarse, claro, sin la existencia de individuos culturalmente capacitados. Thamacuneses, descendientes de thamacuneses, iniciados e incluso cubanos. Cubanos exiliados, se entiende, porque para relativizar concluyentemente lo nacional —al menos— es preciso acumular modelos de comparación, además de contar con libertad de expresión y movimiento. Para alumbrar lo que Rosael ha llamado el “sujeto onírico” (refiriéndose, evidentemente, al sujeto transformado). “La vida es sueño y es juego”. Idamanda era el sujeto onírico en febrero de 1996, en Chicago. Una historia de Erótica que Erótica desarrolla incesantemente.

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El Presente. Bibliografía

¿Qué había sido del himeneo?, se preguntaba Richard del Monte en sus Crónicas del Año del Cerdo. ¿Hacia dónde viajaba verdaderamente? ¿Acaso era el Himeneo de la Refundación un pretexto, únicamente una tapadera, una codificación metafórica a través de la cual, sagazmente, Beatriz de Eugenia y su amante británico habían pretendido introducir la rivadavia por la puerta de la cocina de El Lenguaje? En Thamacun todo era posible, en los días de la Refundación, en el tiempo en que la marquesa y Richard Megan pusieran patas arriba la épica contractual de la colonización británica. “Los ingleses, pese a su retórica hedonista legendaria, nunca se han desnudado de verdad”, observaría en pleno Tercer Éxodo el cronista Ángel Velázquez Callejas —el prócer del Gran Salto—, pero precisamente por ello, si es que ello podía asimilarse sin fisuras, la cubana y el 162

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ajedrecista habían refundado el Reducto calle por calle, casa por casa, cama por cama. Habían descolocado a los ingleses desde las crónicas nudistas de la ciudad tomada, y ya nada sería igual que antes. Si Malver Adenauer había instaurado una simbología porcina buena para recrear El Hecho desde la desmitificación, el Himeneo de la Refundación había estrenado un existencialismo práctico en el que el placer desnudaba al placer, deslizándose por la canalita de la rivadavia. Entonces los cuerpos se amaban en lugar de desearse, se entregaban en lugar de poseerse, se desnudaban en lugar de quitarse la ropa. Entonces, en lugar de penetrar a la marquesa, Megan la desposaba en El Hecho: descendía hacia los labios entreabiertos de su virgo virgen —eternamente núbil en su asombro irreductible—, dilataba cada vaso del clítoris hermafrodita, flotaba en la sangre que hervía en las venas aristócratas, supurando, y esnifando, sus jugos interiores. Con Deep Purple antes de tiempo: Fumando en el agua.

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El Presente. Tercer Éxodo

En abril de 1999, en Chicago, tuvo lugar un acontecimiento del que no quedan mayores evidencias (salvo el aluvión de nacimientos registrado nueve meses después): se consumió más rivadavia que nunca en las terrazas y azoteas de los edificios, en conmemoración del aniversario 107 de la institucionalización del salmón como anti—símbolo simbólico. De la institucionalización thamacunesa del vuelo del cerdo y el crepitar azul del pez rosado: el amor en el Reducto entraba por muchos lugares, pero también por la cocina. Idamanda diseminada en la fiesta. Una oleada de hilaridad, de gozoso desparpajo atravesando la ciudad de los vientos. El delicioso aroma de la rivadavia penetró las ventanas de las oficinas, despatarrando a las secretarias y enrojeciendo los carrillos de los corredores de bolsa. Dilató las fosas nasales de los funcionarios públicos, que estuvieron otra vez a punto de bajar 164

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los impuestos. Descendió a los recibidores de los hoteles, desde donde, tras desquiciar a las recepcionistas y encabillar a los botones, ascendió planta por planta y habitación por habitación, desordenando las camas tendidas minutos antes y a aquellas que las tendieron. Los maridos fueron mejores maridos que nunca. Mejores amantes que nunca. Mejores consumidores que nunca. Las mujeres no recordaban habérselo pasado tan bomba desde que nacieron. En el Downtown una muchacha se asomó a un balcón desnuda y gritó a los cuatro vientos que amaba con locura al presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Cumberland en la celebración. Iconoclastia en la punta de la lengua. “La cultura predominante debe subordinarse al sentimiento. Debe asumir su naturaleza y crear su estereotipo, para sublimarlo adecuadamente. Debe asumir el estereotipo afín a su naturaleza, y recrearlo”, escribe Rosael en El orden de todas las cosas. De esta manera, el comercio no había sido en Thamacun una fuente de ingreso únicamente, sino un acto creativo. Lo probaban la sopa de salmón — plato típico exportado, en conserva, durante años por los thamacuneses— y la rivadavia consumida en abril de 1999 en Chicago, cortesía de La Casa. Cortesía del cerdo y la sicóloga, entrelazados en la ciudad de los vientos. ERÓTICA

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El Pasado. Los próceres

La historia de Eribaldo Derby, cuya aportación fuera decisiva en la aprobación del Decreto 43, que en su momento desmitificó el uso de la corbata, es la historia de una lucha sin cuartel. En 1967, tras plantear el asunto en el Consejo de los Consejos, el prócer de la desmitificación enarbolaría lo que numerosos delegados activos han considerado, a través de los años, un argumento irrebatible: si el origen de la corbata es militar, turco, cuesta tiempo y trabajo hacérsela y aprieta los cuellos de sus portadores, ¿cómo era posible que aún en la segunda mitad del siglo XX no se hubiera desmoronado por su propio peso la falsa leyenda de su clasicismo? En cualquier caso, los orígenes de Hedónica (La Playa) están íntimamente relacionados con el nudo de la corbata. Más explícitamente: con el tiempo que un ciudadano de Cumberland invertía, a finales de la 166

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década del sesenta, en hacerse el nudo de la corbata. Tiempo perdido. Desazón de tener que hacerse, día tras día, semana tras semana, año tras año, el nudo de la corbata. “Que la corbata, como el sombrero, como las medias rojas, como las aspirinas, no signifique necesariamente un símbolo de elegancia, buen gusto o buen vestir” (Decreto 43, de marzo de 1969). Los orígenes de la corbata, insistía Derby, están íntimamente relacionados con lo reglamentario. Sostenía el prócer que fue a partir de un desfile del ejército turco en París que la corbata se popularizó en Francia, y posteriormente en todo el mundo. “¿Puede concebirse origen menos elegante para una prenda de uso tan consecutivo?”, insistía. “Como una especie de reflejo de su origen militar, el uso de la corbata prácticamente se ha vuelto reglamentario en Occidente”, escribe Vicente Máximo en El otoño está de moda. “Y en Cumberland el buen gusto siempre va un paso por delante de lo reglamentario”.

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El Presente. La Blogosfera

A primera vista, podía haber sido tomado por un blog bilingüe, pero en realidad era todo lo contrario. Tan contrario había llegado a ser, que los agentes provocadores al servicio del Blog del Lago Okeechobee, o del Penúltimo Mudo, o tal vez del Ruiseñor Dubitativo —Idamanda aún no lo tenía muy claro—, finalmente irrumpieron en sus predios, montando una de esas pachangas cibernéticas, tradicionalistas, que tanto ella como Del Monte solían dejar por incorregibles. Durante mucho tiempo, Iconoclastia había logrado despistar a sus lectores haciéndose pasar por la parodia de un blog bilingüe. Así, su insistencia en camuflar el Lenguaje del Tercer Éxodo con aportes de naturaleza paródica lo había rescatado de la hoguera del escarnio público. Pero ahora los agentes provocadores al servicio de sus adversarios habían entrado en acción, y o Iconoclastia se defendía más eficazmente 168

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o callaba para siempre. ¿Pero cómo salvaguardar sus fronteras de la penetración bilingüe si Iconoclastia no era más que un blog monolingüe? ¿Acaso podía contrarrestarse en cumberlano ofensiva tan poliglotoapertrechada? Frente a tamaño desafío, Idamanda no se decidía por una interpretación. Los agentes provocadores, insaciables en su fanfarronería, podían muy bien estar cobrando en especie. La propia Iconoclastia coqueteaba hacía rato con la idea de convertirse en una caricatura de sí misma. Nada era lo que parecía en una blogosfera cubiche enajenada y rocambolesca —lo demostraban, por ejemplo, las cada vez más contradictorias actuaciones de Mauricio Samsa, en el pasado uno de los más entusiastas defensores del blog—, ajena al pragmático sensualismo que Idamanda preconizaba para Erótica. Y mientras todo ello ocurría, bailando la suiza como dos niñas malcriadas, las Sexólogas Ambulantes se aprestaban, por fin, a meterse en el cuerpo de la Voladora Núbil.

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El Presente. El Lenguaje

Sostiene Idamanda Rosael, apoyada en la Teología de la comunicación de Barnes Talavera, que para dominar El Lenguaje del Tercer Éxodo, o cuando menos para hacerlo suficientemente efectivo, es preciso entregarse sin condiciones. “El amor es información debidamente recibida, debidamente enviada”, afirmaba el prócer de la sentencia, concepto que Rosael desarrollaría hasta el paroxismo: “El amor es imaginación, y el lenguaje su vehículo”. Toda la Teoría de los Tres Factores, condensada por Walter Facundo en Idamanda: la democratización del ego, descansa en las ramificaciones y derivas del Lenguaje del Tercer Éxodo. Porque si con C. A. Montaner la criptología thamacunesa adquirió prestancia, proyección y carta de ciudadanía, con Rosael cruzó la frontera semántica para dejar de ser, para convertirse en otra cosa: un canto por lo bajo 170

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desgranándose en sucesivos alumbramientos, estribaciones de la palabra condensada, escindida por sus innumerables significados. El éxodo del idioma hacia el territorio virgen de la imaginación: todo significaba algo, todo era posible, todo podía perseguirse en la estampida de las imágenes. Cuando en 1999 Richard del Monte propuso a Rosael introducir una significación concreta entre las significaciones —por ejemplo, ciertos números podían significar ciertos sentimientos concretos—, la oposición nacionalista había llegado para quedarse. La Playa bifurcaba cada vez más tortuosamente sus significados, enfrentada a la evidencia de que el idioma ya no era el idioma. Los puntoCON habían aprendido a comunicarse en El Lenguaje24 —habían aprendido a 24. A mediados de 2008, por ejemplo, el desaparecido poeta cubano Heriberto Hernández intentó, rudimentariamente, montar una operación de descrédito contra Erótica, inventándose un Thamacun inverso, conceptualmente autoritario. El Thamacun de Hernández no rebasó los prolegómenos de sus tres primeras crónicas, y reproducía casi milimétricamente los déficits sociopolíticos de la vecina Cuba: “El anuncio de un concierto del andrógino cantante argentino Fito Páez en el gran teatro del Thamacun, movilizó a todos los gays del islote, que no perdían ocasión para, con cualquier pretexto, manifestarse públicamente, ante la cruel represión y ERÓTICA

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penetrar los entresijos de El Lenguaje—, allí donde la palabra ostentaba carta de ciudadanía. De manera que había que imaginar una vez más algo distinto: dejar de ser para ser, una vez más, de otra manera. Otra vez la imaginación al rescate de la curiosidad. Idamanda lo sabía mejor que nadie. poco reconocimiento oficial de que eran objeto por parte del gobierno dictatorial de turno”, aseguraba en uno de esos textos (http://www.cubaencuentro.com/armando-anel/blogs/cubainglesa/cronicas-de-thamacun-v-cronicas-alternativas).

Aún

hoy diversos analistas no se ponen de acuerdo en lo referente a si Hernández lideraba una facción puntoCON al momento de escribir dichas crónicas, si Torofijo —según insistentes rumores, su alter ego—pertenecía a ella o si simplemente se trató de una iniciativa individual aislada*. * Fueron durante mucho tiempo una ciudadanía diferente, orgullosa de su retiro, de su intrascendencia. Aspiraban a que se dijera así, con todas sus letras: “de su intrascendencia” (entendida como acto de liberación). “Hemos convencido al mundo de que no existimos a fuerza de ser diferentes y, súbitamente, resulta que lo que una vez nos devolvió a nosotros mismos, lo que una vez nos reunió nuevamente, ahora nos pone en peligro: Internet. ¿Internet es nuestro bumerán, Richard del Monte?” (entrecomillado de Preguntas a Richard del Monte, artículo aparecido en la revista Temas Colaterales en septiembre de 2009). 172

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El Pasado. Los Orígenes

El hecho de que la denominación de origen “Thamacun” haya sobrevivido hasta nuestros días —que lo haya hecho, además, durante sus más de sesenta años como comunidad independiente asentada—, ha desencadenado sucesivas indagaciones. La denominación de origen juega a favor de los ingleses —a favor de la revancha inglesa: ya se conoce del impulso lingüísticamente interesado que supuestamente la consolidó en su momento—, de manera que muchos investigadores se preguntan por qué los thamacuneses no abordaron creativamente el asunto una vez alcanzada la independencia. ¿Pero acaso era importante para ellos el nombre del país, el concepto mismo de país? “¿Qué es un país?”, se preguntaba a la altura de 1929 el delegado Arturo Wolf de Andrade. “¿Somos realmente un país? ERÓTICA

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“Y yendo más allá, ¿a quién le importa qué somos o cómo nos reconocemos? ¿Quién necesita conformar un país?”. Cumberland, en cambio, fue desde sus orígenes una denominación desafiante. Había que estremecer en sus cimientos el edificio del nacionalismo colectivista, consideraba Rosael, convencida de que, aun con ciertos remiendos, el concepto de “ciudadanía exportable” previamente desarrollado por Morgan German podía rendir abundante fruto. Erótica era un mohín inquisitivo en medio del estruendo nacionalista, la culminación conceptual de una creencia asentada hasta la extenuación: la patria era uno mismo —los afectos y amores del individuo—, luego entonces no tenía sentido invocar el nombre de la patria. Luego entonces carecía de sentido regresar a una simbología lingüística ya superada —el pasado eternizado en las viejas palabras—, que aportaría a los cumberlanos lo que la baba de caracol a la vajilla de porcelana. En cualquier caso, se trataba de Cumberland. El reto sistematizado en la denominación de origen.

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El Presente. El Lenguaje

“La gente de las islas vive marcada por su condición ambigua, casi anfibia, por un amor a la tierra que el viento y el agua violentan una y otra vez, prestándole un peso y un volumen escurridizos”, escribe Idamanda en La isla desaparecida: Un epílogo al Lenguaje del Tercer Éxodo. “La gente de las islas se va y regresa a las islas con naturalidad, sin compromisos ni aspavientos, y en Thamacun esta costumbre se había vuelto idiosincrasia. “Nada consigue pasar por serio en esas porciones de suelo como pistas de patinaje, en constante evolución y/o conjunción, en ininterrumpido zafarrancho de combate. Un combate librado contra la ignorancia desde la punta de lanza de la responsabilidad recreativa: nunca se sabe quién dice qué —tú, yo, él, ella, nosotros, ustedes— en las islas, pero cualquiera daría lo que no tiene por tenerlo claro”. ERÓTICA

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Fue este deseo de tenerlo claro, de penetrar por fin el secreto mejor guardado de Erótica, lo que provocó, según la propia Rosael, que a principios del siglo XXI la oposición nacionalista se reagrupara en torno al vórtice de Internet, hasta penetrar El Lenguaje del Tercer Éxodo25. Desde entonces, las islas navegan a la deriva en el mapa del idioma posnacional, esquivando el perpetuo acoso de los puntoCON: Las islas del otro lenguaje, la imaginación desbocada en pos de las imágenes afines, como el animal aterido en busca de cobijo. La Playa era un refugio hasta entonces. Luego sería un renacimiento.

25. El Lenguaje del Tercer Éxodo es ya más una justificación de origen que una realidad en sí misma, según afirman muchos cronistas y hasta algún que otro prócer de la sentencia. Incluso un puntoCON tan escurridizo como Teodoro se ha referido al llamado Código Rosa: “A diferencia del Código Verde, propio del espionaje vaticano, el Rosa era un método de contraespionaje que había sido inventado a mediados del siglo XX para burlar las cansonas insidias del vulgo, que no aceptaba la discusión de temas importantes”. 176

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El Pasado. Los próceres

Entre los próceres de la sentencia y, en general, los cronistas del Gran Salto Adelante, el virtuosismo con que Lamable Striper entraba en sus vestimentas había generado innumerables adhesiones. Una prócer escindida en sus sucesivas versiones —las de la mujer que se viste, las de la mujer que evacúa, las de la monja que se cubre…— no podía sino azuzar la creatividad de los escribidores, cuyos textos secretos ardían nada más atisbar su nombre. Lamable, la musa transgresora, el clímax del striptease invertido, la joya de la corona de la desmitificación siempre dispuesta a recrear, desde la paradoja, las subyugantes candencias de Playa Hedónica. En el cuerpo de Striper la seda era un acontecimiento a medida que la tela trascendía el valor formal de la tela, del objeto en sí mismo. La desnudez que se cubre en el instante preciso en que deja de serlo y se ERÓTICA

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convierte en otra cosa. Una ondulación. Un escaparse de todo y de todos. El cerdo en su copulación simbólica, pero el símbolo al servicio del espectáculo y no a la inversa. “¡Atención… no se trata de vestirse!”, recordaba Lamable a quienes pretendían ver en sus stripteases una forma de colocar a Thamacun en la ruta de los convencionalismos al uso. “Se trata de vestirse como una anda en pelotas”. El rumor del mar en la tela ondulante. El extrañamiento de la sotana como una prodigiosa señal rebelde. La revolucionaria sensualidad del pie sobre el tacón de aguja.

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El Pasado. Los Orígenes

El cerdo era la razón poética. Lo supo la marquesa nada más poblar los arenales thamacuneses, sopesar la calidez de sus lechos y descubrir, encendida, el ondular de los cuerpos desnudos, las piaras desfilando a lo largo y ancho de la costa, blanca como la masa de un coco abierto en cruz. Los rostros, las risas, las estratagemas desde las que Adenauer proyectara su iconografía porcina, rescatada para el Himeneo de la Refundación. Durante muchos años, aun sin saberlo a ciencia cierta, Beatriz de Eugenia había recreado, en La Habana, la fecunda realidad del Reducto. El Hecho Thamacun cuando no era más que una idea difusa, un sopor incorpóreo, fugaz, inservible casi. Ocasionalmente, siempre que se lo permitían las circunstancias —el marqués de Eugenia, las trampas de una cotidianeidad fastuosa, pero incompatible consigo ERÓTICA

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misma—, había buscado La Playa. El mar, la arena, el olor del mar, la sal en los labios, la hedónica potestad de los torsos cimbreantes, de las caderas rotando sobre su eje. La espuma en la piel, el golpe de las olas. Los niños jugando. Los cerditos en fila india. Durante muchos años había buscado La Playa en busca, no lo sabía entonces, de su infancia. Buscado y encontrado —ya no le cabían dudas— a la niña de vuelta. “Todos deberían saberlo —insistía la marquesa al oído de Richard Megan—, encontrar a la niña es regresar definitivamente a La Playa”. Beatriz perdida en la arena. Thamacun camino a Iconoclastia. El Hecho, por fin, en posesión del Cerdo.

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El Presente. La Blogosfera

Pandora había salido de su caja. Había un Látigo que restallaba y una Sombra que comenzaba a extenderse, cautelosa, entre los vericuetos de la blogosfera cubiche. Adicionalmente, sin que Idamanda Rosael y Richard del Monte pudieran explicárselo a derechas, El Hecho remoloneaba más allá de Cumberland y a la ofensiva novosongonesa se habían sumado —u opuesto, nunca se sabía a ciencia cierta— un escenario en West Havana26 y otro en La Proa. Definitivamente, el anonimato resurgía como la rosa abonada por el pájaro: olorosa pero erizada de espinas… aparentemente frágil, pero desafiante en su dilema. No obstante, mientras Pandora recordaba a los delegados cumberlanos el blog de la Voladora Núbil, 26. Anonimón III de Alejandría, editor original del blog en su vertiente “West”, cederá después el testigo editor a Teodoro, protagonista puntoCON de una serie independiente. ERÓTICA

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el Látigo al karateco-caricaturista y la Sombra al blog del Lago Okeechobee, Anonimón III de Alejandría no se parecía a nadie, ni la corresponsalía de Nuevo Songo27, ni La Proa de la bella durmiente. En las regiones ingobernables del blogoanonimato la imaginación era un grado, y la imaginación de los perseguidores de El Hecho superaba con creces, casi meticulosamente, la repetitiva retórica de los anónimos reciclados. En cualquier caso, ¿qué había sido de La Voz de Sindo Garay? ¿Por qué el Caballero de la Alegre 27. ¿Nuevo Songo es en realidad Sealand (Roughs Tower)?, se ha preguntado más de un analista. Esta nueva denominación (Nuevo Songo), según algunos cronistas cumberlanos, intenta subvertir el orden sealandés con el objetivo de repoblar el Principado con emigrantes cubanos, concretamente de la región oriental de la isla caribeña. En cualquier caso, se sabe que en 1997, en torno al asesinato del diseñador Gianni Versace, la policía del condado Miami-Dade encontró vínculos que apuntaban a Sealand. Concretamente, el dueño de una embarcación donde habían pernoctado poco antes víctima y asesino, portaba un pasaporte de Roughs Tower. La historia se densifica a partir de aquí, desorientando la pesquisa toda, pero persiste la pregunta: ¿Se afinca Nuevo Songo en las torres de una embarcación hundida para impulsar un nuevo éxodo cubano? 182

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Figura había dejado de empinar sus papalotes y Mauricio Samsa rehuía, cada vez más evidentemente, los presupuestos que un día abrazara? ¿Dónde se habían metido las Sexólogas Ambulantes? ¿Acaso la Zorra del Enmascarado Porcino había regresado por sus fueros, dispuesta a enredar una vez más los hilos de la blogocosa? La telaraña del misterio seguía atrapando, uno a uno, los enigmas del ciberespacio cumberlano. Era, ya estaba aquí —ya podía etiquetarla Idamanda—, la Tercera Ofensiva Ultranacionalista.

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El Presente. Tercer Éxodo

Primero fueron piratas. Después súbditos de la Corona Inglesa. Más tarde desarrollaron una cultura asimiladora, en el marco de la cual el ejercicio de la imaginación, la búsqueda del placer y la responsabilidad (re)creativa constituían una prioridad. Luego fueron barridos del mapa28. Entonces, tras dispersarse por todo el mundo, iniciaron una expansión que

28. Numerosa evidencia histórica confluye en este punto, sobre todo en torno al Segundo Éxodo. “En Thamacun pasaban un programa de televisión comiquísimo —refiere el cronista Joe Julián Gómez—, conducido por el genial Juan Carson, donde se satirizaba a los presidentes y políticos de la vecina Cuba, como era usanza en Thamacun con respecto a estos personajes risibles. En la solemnidad nacionalista del gobierno vecino, ello causó enojo, a tal punto que fuimos objeto de varias amenazas de guerra”. 184

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aún continúa. A esta última fase, fundamentalmente enclavada en Internet, la llamaron El Tercer Éxodo. Seis meses pasó Idamanda frente al mar antes de decidirse a no volver a Cuba, a ratos desnuda ante las olas, en el balcón de la que ya no era su casa. El Morro de La Habana a su derecha —Chicago hecho espuma en ese recodo del Caribe desplazado ya, vencido por el Hecho Thamacun—, la silueta de la ciudad republicana dibujándose, enardecida, a su izquierda. El tiempo de La Refundación una vez más había llegado, aunque ella no lo sabía todavía. Un tiempo fértil, contagioso, tan ligero como el amanecer, casi tan pesado como la memoria. La visión primigenia de regreso, como una sonrisa en la ventana. El Tercer Éxodo como algo más que una posibilidad. Como una fiesta. Un desborde atolondrado de la imaginación. Un corte de mangas del destino manifiesto thamacunés. Richard Del Monte, nieto del primer delegado activo que destacara el islote, traía consigo la buena nueva. Otro mundo era posible. Otros significados. Otras estratagemas. Vivir podía ser también una razón en sí misma (el destino era uno mismo). El Hecho en la sangre. La luz que en sus ojos arde. Puntocom en vez de puntoCON. Playa Hedónica alterando definitivamente las reglas del juego. ERÓTICA

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Epílogo

El libro que recientemente citara Joe Julián Gómez en sus anotaciones a la XXXVIII sesión del Recinto de los Estrados, no es exactamente una biografía de Juan Carson. Tampoco se trata de la conocida versión de Vicente Máximo, El otoño está de moda, excepcionalmente prologada por Eribaldo Derby. En la época en que Gómez adquirió su ejemplar —a finales de la década del noventa del siglo pasado— Cumberland ya ensayaba en Internet, como una prolongación de la doctrina Morgan, la política “desarrollista” del islote. El hecho de que el librero utilizara el término “incomprable” al regalar el volumen de marras a Gómez, luego de que éste intentara comprárselo, revela una sintaxis propia del Thamacun anterior al Segundo Éxodo. Ese librero era, muy probablemente, un delegado activo a la vieja usanza.

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Más sencillamente: Joe Julián Gómez testimonia un episodio de transferencia cultural, la principal función de un delegado activo cuando se encuentra lejos de los suyos. El libro era, en realidad, Crónicas del Año del Cerdo, cuyas anotaciones darían lugar a la novela que el lector tiene en sus manos e inspirarían, incluso, varios de los pasajes con que cierra La ciudad bajo los puentes (el segundo tomo de la saga erótica, a continuación de Erótica).

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Glosario

Cónclave de las Sentencias: Evento oratorio celebrado periódicamente en Thamacun, usualmente en el Recinto de los Estrados, y que servía a próceres y cronistas para desarrollar narrativamente el espíritu de El Hecho. Los participantes solían declamar axiomas, pues la capacidad de síntesis era tenida como una gran virtud en el islote. La mecánica del Cónclave de las Sentencias ha sobrevivido en Internet (Erótica, Playa Hedónica) a través de las secciones de comentarios de los blogs cumberlanos, y en Twitter y otros espacios similares. Consejo de los Consejos: A falta de un gobierno propiamente dicho, el Consejo de los Consejos funcionaba en Thamacun como una especie de parlamento donde próceres, cronistas y delegados emitían consejos u opiniones para consumo popular, a 189


menudo en forma de sentencias. Se celebraba habitualmente en el Recinto de los Estrados. Delegado activo (o delegado razonable): En Thamacun se conocía como “delegados razonables” a aquellos diplomáticos y embajadores que, fuera del islote, intentaban disuadir los amagos anexionistas de gobiernos como el cubano o el mexicano. Más contemporáneamente, la principal función de los “delegados activos” consiste en defender la cultura cumberlana y, de ser posible, expandirla como “creadores de opinión”. El Hecho (o El Hecho Thamacun): Estado espiritual que se alcanza en Erótica tras trascender conceptos como “Patria” o “Historia” y arribar a la liberación interior en forma de hecho creativo, o entrega generosa. Se trata de un término difícil de traducir o conceptualizar. Ver también “El Gran Salto Adelante”. El Gran Salto Adelante: Relacionado con “El Hecho” en su vertiente creativa, el concepto implica además una desmitificación de lo que se conoce como “Historia”, “nacionalidad”, etcétera. En el Gran Salto Adelante se lanzan por la borda lastres como la solemnidad o la necesidad egotista de reconocimiento exterior.


El Himeneo (o Himeneo de la Refundación): Término acuñado por la marquesa Beatriz de Eugenia poco antes de refundar Thamacun, y que mezcla en un mismo momento mágico los conceptos “amor”, “humor”, “matrimonio” y “coito”. Alude a la entrega y el flujo de información erótica. Usualmente, se utiliza en Playa Hedónica para designar los preámbulos de la cópula, en tanto ejercicio espiritual corporizado por los amantes. El Lenguaje del Tercer Éxodo: Desarrollado en la segunda mitad del siglo XX, tras el Segundo Éxodo, “El Lenguaje” funciona a manera de código interno de los cumberlanos. Su naturaleza lúdica recrea uno de los conceptos claves en la formación de Erótica: La diversión productiva. A partir del siglo XXI, frente al acoso puntoCON, el Lenguaje del Tercer Éxodo se diversifica y reinventa en Internet, en sitios como Twitter, Iconoclastia, Neo Club, etcétera. La Refundación: Así se denomina al proceso de asentamiento en Thamacun de la marquesa cubana Beatriz de Eugenia y el ajedrecista inglés Richard Megan, decisivo en el desarrollo de una cultura característica del islote. Los Tres Factores: Término que, acuñado por Idamanda Rosael, se refiere a las tres condiciones ne-


cesarias para pegar el Gran Salto Adelante en Erótica, o concretar El Hecho. Los Próceres: En Thamacun, y posteriormente en Erótica, los próceres juegan un papel funcional más que fundacional, es decir, desmitificador. En el caso de los próceres de la sentencia, se caracterizaban y caracterizan por su agudeza para resumir en pocas palabras conceptos y situaciones de interés para los cumberlanos. puntoCON: Denominación utilizada en Erótica para designar a agentes nacionalistas, o colectivistas, o a instituciones con esos rasgos, fundamentalmente cubanos o de origen cubano, pues fue y es Cuba el imperialismo que con más saña ha intentado frenar la expansión de la cultura cumberlana. Quinta Ley de la Cofradía: Adoptada por los piratas de las Tortugas en el siglo XVII —los llamados “hermanos de la costa”—, la ley impedía el ayuntamiento con mujeres de origen europeo, evitando así que se formaran parejas estables en las islas. De esta ley huyen el fundador de Thamacun, el holandés Malver Adenauer, su esposa y sus dos hijas, hasta establecerse en el islote. Recinto de los Estrados: Se conoce así al recinto donde cada thamacunés disponía de un estrado o tribuna para desarrollar sus relatos y debatir sobre temas


de interés común en clave creativa. Trasladado al presente, el concepto se digitaliza, convirtiéndose varios blogs y cuentas en Internet en estrados del recinto cibernético Playa Hedónica. Rivadavia: Especie de planta nativa que los thamacuneses, y posteriormente los cumberlanos, han cultivado para usos creativos y recreacionales. Primer Éxodo: Se llama así a la retirada en masa de los ingleses de Thamacun, a finales del siglo XIX, y la consecuente independencia del islote. Segundo Éxodo: El Segundo Éxodo parte de Thamacun en 1959, tras la implantación del totalitarismo en la vecina Cuba y ante la amenaza imperialista que este acontecimiento representaba para el islote. En 1960 el éxodo se completa con la invasión del Reducto por fuerzas del régimen cubano —política de tierra arrasada— y la consecuente dispersión de los thamacuneses por todo el mundo. Tercer Éxodo: Fundamentalmente, se denomina así al ciberdesplazamiento de una masa crítica de cumberlanos que, tras abrir diversos blogs y cuentas virtuales, comenzaron, en los últimos años del siglo XX, a propagar y defender la cultura thamacunesa a través de Internet.


Opiniones sobre el autor y su obra

No creo haya otro relato contemporáneo que, como Erótica, lleve consigo un discurso hecho cuerpo escritural / Ángel Velázquez Callejas Armando Añel ha inventado un territorio que más que geografía es cosmovisión, o lenguaje del individuo ante la vida: una historia paralela que es por antonomasia la anti-historia misma / Joaquín Gálvez Erótica cumple con el primer requisito que Somerset Maugham le exigía a toda novela: entretener. En este caso, entretener desmitificando. Desde las primeras páginas Añel atrapa al lector con una historia que, de tan irreal, se parece a la vida / José Lorenzo Fuentes

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En Erótica el sentido ensayístico se conjuga con la ficción y lo lúdico, y puede abrir las compuertas para una novelística conceptualmente futurista sin perder la profundidad del presente. Añel es un autor que de alguna manera tendrá que ser reconocido como uno de los pioneros de una nueva literatura cubana / Manuel Gayol Mecías Lo mejor es que Erótica no resulta una aventura de desarraigos y provocaciones, sino una llegada al futuro / Juan Carlos Recio Armando Añel logra con Erótica la primera novela-blog que conozco / Luis de La Paz Erótica es la primera blogovela, el surgimiento de un concepto, la refundación perenne, el salto adelante / Rolando Aniceto Erótica se diferencia, y para bien, de lo hecho hasta ahora por la literatura cubana contemporánea / Denis Fortún


Algunos títulos de Neo Club Ediciones

El salto interior (Colección Ensayo) Ángel Velázquez Callejas Ojos de Godo rojo (Colección Narrativa) Manuel Gayol Mecías Los cuerpos del deseo. Antología del cuento erótico (Colección Narrativa) Treinta autores hispanos Para dar de comer al perro de pelea (Colección Poesía) Luis Felipe Rojas Hábitat (Colección Poesía) Joaquín Gálvez Mi tiempo (Colección Biografía) Humberto Esteve Abril


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