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La ecocardiografía en manos del neurólogo

podido competir con los neurólogos en el diagnóstico de la patología supraaórtica: la información de lo que ocurre intracranealmente, el desenmarañamiento de las suplencias y colateralidades cerebrales, proporciona una ventaja tal sobre la estimación de la patología de arterias cervicales, que la fiabilidad máxima del diagnóstico ha quedado para siempre en el campo de los neurólogos. Y es que descubrir una arteria cerebral media anormalmente amortiguada proporciona una alerta sobre la existencia de problemas aguas abajo, y da la clave con frecuencia de una oclusión carotídea enmascarada. Sin embargo, en ocasiones el neurólogo se enfrenta a esta situación en todas las arterias que explora. Una pendiente sistólica demasiado prolongada o unas velocidades medias cerebrales generalizadamente bajas hacen suponer que el problema nace en el origen de todos los vasos, y ése no es otro que el corazón. Es seguro que nuestros mayores, como nosotros todavía, se enfrentaron no pocas veces a la frustración de saber que tenía que existir una estenosis aórtica, pero que no estaban capacitados para diagnosticarla, que debían esperar a la ayuda de otros. Sin embargo, la sonda primigenia, la que el doctor Aaslid utilizó para derruir el muro transcraneal, era en realidad una sonda cardiológica. Y como podía suponerse, el progreso de la técnica ecográfica no ha cambiado ese hecho: las modernas sondas de dúplex transcraneal son las mismas que se usan actualmente en ecocardiografía. El esfuerzo de los neurólogos y la lucidez de los gestores han permitido en los últimos años que muchos departamentos de Neurología se doten al fin no sólo de avanzados equipos Doppler sino también de modernos ecógrafos; y si la mayoría de los neurosonólogos somos neurólogos vasculares, y si nuestro Adán fue una sonda cardiológica, ¿no es lógico que posemos nuestros ojos también en ese órgano, padre de todas las arterias, origen de gran parte de los problemas vasculares del cerebro?

Muy recientemente algunos neurólogos hemos comenzado a practicar la ecocardiografía. No pasa un día que no recuerde mientras la hago las lecciones sobre ultrasonidos que oí tantas veces impartir a Alberto. La ecocardiografía es el compendio de todas ellas, el campo de aplicación tanto del modo B como del M, del Doppler pulsado pero también del continuo. Para quien ama los ultrasonidos posiblemente no haya otro territorio más reconfortante. Es preciso conocer la anatomía, pero también es imprescindible dominar la teoría del efecto Doppler, el límite Nyquist o las ventajas del modo color; es en este territorio donde el análisis espectral, de la onda transformada de Fourier, tantas veces ya minusvalorado en otras áreas de la ultrasonografía, sigue siendo fundamental. Por poner algún ejemplo, la medida del tiempo de hemipresíón, el que tarda la pendiente sistólica en llegar a la mitad de su recorrido, sigue siendo clave en el diagnóstico de determinadas valvulopatías, y la forma y el retraso entre la onda E y la A mitrales permiten valorar la disfunción diastólica. Dado que la ecocardiografía exige el conocimiento y la aplicación de todas las técnicas ultrasónicas, y puesto que se explora un órgano en el que los neurólogos no estamos especializados, se hace recomendable llegar a su práctica sólo al final del entrenamiento en neurosonología. Además, en mi opinión no es imprescindible valorar todas las posibles patologías cardiacas. El neurólogo que realiza un ecocardiograma sólo debe hacerlo en el contexto de la patología vascular cerebral y sólo buscando fuentes cardioembólicas. Su exploración no debe obviar un ecocardiograma realizado por cardiólogos, ni pretende descubrir patología pulmonar o del corazón derecho. El primer problema al que se enfrentará el neurólogo es la anatomía del corazón, órgano de geometría compleja; no quedará otro remedio que habituarse a su morfología de tronco-cono y a su localización tras los arcos costales. Precisamente la existencia del esternón y de las costillas (otra vez el

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Numero 8 de la Revista de Enfermedades Cerebrovasculares  

Revista del GEECVSEN

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