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SABERES CONSTRUCTIVOS MAYAS: CONVERGENCIA DEL PATRIMONIO MATERIAL, INMATERIAL Y NATURAL Aurelio Sánchez Suárez1 Introducción La arquitectura vernácula de la península de Yucatán en México está tendiendo a su deterioro, específicamente en las expresiones de vivienda maya que están siendo amenazadas por la falta de transmisión y valoración de conocimientos constructivos, construcción de nuevas vivienda o mantenimiento de las ya existentes, así como por lo poco que ha sido estudiada su semiótica que relaciona la cosmovisión maya con el nombre de sus elementos estructurales.

Con una historia no tan antigua como la de la casa maya, los saberes constructivos de los pueblos mayas reformularon en una nueva expresión arquitectónica: “los tablados”, con su génesis constructiva en la vivienda maya, ésta estructura vernácula efímera da cabida a la actividad taurina. Datada desde principios del siglo XIX, los escritos de esta época describen un hecho arquitectónico que ya conservaba una forma tal y como la conocemos hoy día, por lo que su creación es anterior a esta fecha. Inmersa en los tiempos de la globalización y en función de las experiencias de esta región en particular, la corrida de toros se ha reformulado en sus prácticas y representaciones sociales, haciéndola única por su patrimonio inmaterial vinculado a la cosmovisión maya.

Las dos manifestaciones vernáculas, sustentadas por los saberes constructivos expresan características particulares. La vivienda maya en una arquitectura que por la poca conservación de su ser intangible (transmisión de conocimientos constructivos y semiótica arquitectónica) va en deterioro. Los tablados, que se ha reforzado en varios poblados mayas, por su tradición vinculada a las fiestas patronales, y prácticas religiosas mayas y cristianas, lo que 1

Doctor en Arquitectura, Profesor Investigador. Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi”, Universidad Autónoma de Yucatán, aurelio_suarez@yahoo.com.mx, asanchez@uady.com


le ha valido para mantenerse vigente a pesar de su característica efímera, pues sólo se hace presente durante una semana cada año.

Ambas expresiones arquitectónicas han dependido de sus recursos naturales, que, para el adecuado aprovechamiento de los mismos, se ha vinculado a prácticas tradicionales mayas relacionadas con el monte, inmersas en el universo del pensamiento maya.

Los saberes constructivos de los mayas peninsulares Los saberes constructivos de los mayas son un patrimonio inmaterial que ha estado vigente por aproximadamente 3000 años. Según las exploraciones arqueológicas, las huellas más tempranas y completas de la casa maya fueron encontradas en el norte de Belice, en el sitio hoy llamado Cuello y han sido fechadas entre el 900 y 800 a.C. La arquitectura residencial encontrada en el sitio es la de una edificación de planta absidal de ocho por cuatro metros (medidas que hoy prevalecen), estructurada con cuatro horcones para sostener el techo. Tenía muros de bajareque o estacas amarradas con bejuco y encaladas (Gerhardt y Hammond, 1991). Lo anterior nos hace pensar en la idea de que el saber constructivo ya había sido perfeccionado o al menos definido en sus bases esenciales en lo estructural y formal; lo que prosiguió fueron siglos de transmisión del conocimiento de generación en generación, basados en la praxis. Este conocimiento constructivo implica saber sobre dos ámbitos: el natural y el constructivo. El conocimiento natural implica identificar las diversas especies de plantas existente en el entorno natural, saber cuáles son las adecuadas para cada elemento estructural, como deben ser recolectadas y cuando, de manera que el daño al monte sea menor y pueda recuperarse pronto, lo cual representa también una poda al monte con el corte de maderas que permiten el crecimiento de otras.

El monte no es solo el espacio que nutre de alimento y materia prima al hombre, es un espacio que tiene dueño, al que se pide permiso para poder entrar, cultivar, cortar, vivir. Es un espacio cargado de simbolismos propios de la


cosmovisión de los pueblos originales. Es pues un espacio que deja su connotación puramente biológica para ampliarse a la cultural. Ella Quintal et al. (2003: 284) recoge el pensamiento sobre el monte expresado por los jmeeno’ob (sacerdotes mayas): “todo lugar es sagrado, todo lugar tiene su dueño, pero más los cenotes, las cuevas, los múules (cerros), „las ruinas‟ los caminos viejos, los beel moson (caminos o rumbos de los remolinos), el monte y todo lugar donde esté vivo, tiene dueño”. Todo lo que rodea al hombre, dentro de la concepción maya, tiene una connotación cultural, la apropiación del territorio está basada en una concepción del universo en la cual todo tiene una razón de ser y todo está conectado, en especial los recursos naturales. Es así que los recursos naturales son aprovechados para comer, curar y habitar, y es a través de los siglos que estos recursos han generado conocimiento que se trasmite de generación en generación.

Foto 1. Construcción de casa maya, Bolonchén de Rejón, Campeche. Autor: Aurelio Sánchez.

Los saberes constructivos de la casa maya comprenden diversos aspectos que se van conociendo, comprendiendo y aplicando a través de la praxis. No es sólo conocer las 45 especies de las cuales se puede obtener las diversas maderas


para cada elemento estructural, es entender el aprovechamiento de los recursos naturales en la cosmovisión maya que implica los ritos vinculados con el monte. Implica también saber cuándo y cómo recolectar el material en el monte, parte del conocimiento biótico de los mayas. Saber construir una casa se va aprendiendo con la práctica en la actividad comunitaria o familiar, de ayudar al otro a construir su espacio habitable.

Con toda la carga cultural que contiene el patrimonio vernáculo de la casa maya, en esta forma de concebir el mundo, los mayas han generado una nueva expresión cultural: los tablados. Los tablados, producto de la apropiación de la tradición taurina europea, son una expresión vernácula efímera, estrechamente vinculada a las fiestas patronales y que son parte del paisaje cultural de los pueblos mayas. El marco estructural de la casa maya es extrapolado a los tablados para la construcción de los palcos. Son los mismos constructores de la casa maya los que construyen los tablados, pero con la única diferencia de que en esta actividad sociocultural, se les denomina palqueros.

Foto 2. Construcción del tablado, Tinún, Campeche. Autor: Aurelio Sánchez.


Ser palquero no solo es tener el conocimiento constructivo y biótico, sino también participar en las actividades administrativas y económicas para solventar los gastos de la fiesta: pago de toreros, toros, vaquillas, vaqueros, gremios, baile tradicional de la vaquería (pago de charanga y apoyo a los jaraneros de otras comunidades que asisten al baile), apoyo a la iglesia, todo esto además de costear la construcción de su propio palco. Como ellos mismos dicen “no es por negocio, es por mantener la tradición”.

Para poder tener la distinción de palquero es necesario heredarlo, tradicionalmente el palquero, cuando ya es anciano y sin fuerza para construir su propio palco, cede su título honorario de palquero a un familiar, que debe de haber participado desde antes, en algunos casos desde niño, en la construcción de los palcos; debe poseer ya, todo el conocimiento necesario y la conciencia de comunidad para formar parte del Comité de Palqueros.

Foto 3. Niños participando en la construcción del tablado, Chocholá, Yucatán. Autor: Aurelio Sánchez.


A semejanza de la casa maya, los tablados se construyen en tres días, pero solo perduran una semana, lo que hace de este patrimonio un paisaje efímero, que solo se recrea cada año en la fiesta patronal; es por lo anterior que sus raíces culturales están formadas de su patrimonio inmaterial, el más vulnerable ante las ofertas de estructuras metálicas para la construcción de ruedos. Los tablados son junto con el templo, los espacios abiertos, los pozos comunitarios y la ceiba (en poblados en donde aún se conserva) el paisaje cultural de los pueblos mayas, y que en conjunción con las casas mayas, solares y las albarradas conforman el patrimonio vernáculo con más presencia en México.

Foto 4. Casa maya con albarradas, Tecoh, Yucatán. Autor: Aurelio Sánchez.

El complejo sistema de clasificaciones patrimoniales El interés por la arquitectura vernácula tiene sus inicios en los años 30, donde fue representada por pintores, etnógrafos y antropólogos; posteriormente la aparición en escena de los arquitectos derivó en su designación como arquitectura popular, refiriéndose a la construcción tradicional. Con el tiempo el término se desgastó hasta hacer difícil su definición y no fue sino hasta la década de 1970 cuando el


término de arquitectura vernácula se acuño (Sánchez, 2006:82). Su catalogación como una arquitectura con características especiales tuvo también su proceso de valoración, que si bien no está dentro de los cánones académicos, tampoco se ubica dentro de arquitectura ingenua, sincera o campesina (López, 1987:10).

Foto 5. Tablado construido junto al templo, Hecelchakán, Campeche. Autor: Aurelio Sánchez.

La unificación de criterios respecto a su ser arquitectónico se intenta definir en la Carta del Patrimonio Vernáculo Construido, ratificada por la 12ª Asamblea General en México, en octubre de 1999, que expresa en sus consideraciones generales, el reconocimiento de los ejemplos vernáculos con un modo de construir emanado de la propia comunidad; un reconocible carácter local o regional ligado al territorio; coherencia de estilo, forma y apariencia, así como el uso de tipos arquitectónicos tradicionalmente establecidos; sabiduría tradicional en el diseño y en la construcción, que es transmitida de manera informal; una respuesta directa a los requerimientos funcionales, sociales y ambientales y la aplicación de sistemas, oficios y técnicas tradicionales de construcción.


Para el caso de la península de Yucatán, la casa maya y los tablados cumplen con las definiciones que la ubican dentro de esta categoría. Si consideramos que para la arquitectura vernácula maya lo material se supedita a lo inmaterial, y que tanto la casa maya como los tablados no tendrían razón de ser si se pierde su parte intangible, este patrimonio debería estar también ubicado dentro del patrimonio cultural inmaterial. ¿En qué clasificación cabrían? Tradiciones y expresiones orales; artes del espectáculo; usos, rituales y actos festivos; conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo; técnicas artesanales tradicionales, son las clasificaciones en las que el universo que conforma el patrimonio vernácula maya, podría estar clasificado, con la consigna de que si se ubica en solo una categoría, los otros elementos patrimoniales quedarían no incluidos y desprotegidos.

Su dependencia en los recursos naturales, indispensable para que el patrimonio inmaterial se concrete en una expresión material, hace más compleja su clasificación, en especial con la disyuntiva que se ha creado hoy día con la protección de los recursos naturales, debido a declaratorias de reservas ecológicas en zonas naturales que tradicionalmente han sido usadas por los constructores mayas. Hoy día estos dos patrimonios vernáculos enfrentan un conflicto con las declaratorias de protección, pues existen acciones divergentes en los dos campos (Sánchez, 2013:40). Este conflicto se debe a la poca conciencia de la práctica sociocultural en el aprovechamiento de los recursos naturales para la expresión del patrimonio cultural, en especial las zonas que son declaradas como reserva natural, y que incluyen espacios que por siglos han sido utilizados para la extracción de la materia prima requerida en la arquitectura vernácula, criminalizando la práctica tradicional junto con el conocimiento y saber en el aprovechamiento y apropiación del entorno natural por parte de los mayas, que mantienen una visión diferente al pensamiento occidental.


En un ir y devenir entre las distintas clasificaciones del patrimonio cultural material e inmaterial y del patrimonio natural, la decisión de en donde ubicar a la arquitectura vernácula del pueblo maya nos hace pensar si alguna clasificación es más valiosa que otra. El pensar solo en una categoría, no permitiría proteger íntegramente al patrimonio, pues dejaríamos sin atención una parte de su ser, que en conjunto forman la expresión de la cultura.

Ante esta disyuntiva, la clasificación de patrimonio biocultural, parece ser la más adecuada para incluir la mayoría de los componentes patrimoniales de la arquitectura vernácula de los mayas. Utilizada normalmente en la integración del patrimonio natural con el inmaterial, en especial porque el pensamiento mesoamericano que establece una clara conexión con lo natural, este concepto de patrimonio biocultural está teniendo mayor aceptación, impulsado por las disciplinas de las humanidades, ciencias sociales y biológicas. Apoyado en los estudios de las disciplinas mencionadas anteriormente, en conjunción con la disciplina de la arquitectura, el concepto de patrimonio bicultural, asignado a la arquitectura vernácula de los mayas, tendría una dimensión mayor que sería incluyente de las diferentes esferas del patrimonio: material, inmaterial y natural.

Foto 6. El solar maya, Nunkiní, Campeche. Autor: Aurelio Sánchez.


Estas tres esferas que involucran al patrimonio cultural con el natural, tienen su punto de unión, en el caso de la arquitectura vernácula maya, en los saberes constructivos; mismos que requieren de la existencia de su entorno natural y el conocimiento biótico (patrimonio natural e inmaterial), para hacer patente el patrimonio vernáculo (patrimonio material), que a su vez depende de la permanencia de los solares y espacios abiertos de los poblados mayas de la península de Yucatán.

Foto 7. Tablados construidos en el espacio abierto junto al tempo y la ceiba, Nunkiní, Campeche. Autor: Aurelio Sánchez.

Basados en estas ideas, las propuestas de protección, revaloración y fortalecimiento del patrimonio vernáculo maya, deberá establecer declaratorias que involucren las distintas esferas de patrimonio que la conforman; además de no limitarse a los conceptos territoriales de las fronteras políticas de los estados, y abarcar la zona cultural maya que está inmersa en tres estados, sin olvidar que


esta región contiene diversas declaratorias de reservas ecológicas de índole estatal y federal.

Bibliografía Quintal, Ella F. et al. 2003. “U lu‟umil maaya wíiniko‟ob: la tierra de los mayas”, Diálogos con el territorio. Simbolizaciones sobre el espacio en las culturas indígenas de México, Alicia M. Barabas (coordinadora), México: INAH, pp. 273360. Gerhardt, J. Cartwrigth y Normand Hammond, 1991. “The community of Cuello: the ceremonial core”, Cuello: an early Maya community in Belize, N. Hammond (ed.), Cambridge [Reino Unido]: Cambridge University Press, pp. 98-117.

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Villers Ruiz, Lourdes, Rosa María López Franco, Alfredo Barrera Marín, 1981. “La unidad de habitación tradicional campesina y el manejo de recursos bióticos en el área maya yucatanense”, Biótica 6 (3): 293-323.

Aurelio Sánchez Suárez  

"Saberes constructivos mayas: convergencia del patrimonio material, inmaterial y natural"

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