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Dra. Graciela Mota

Revitalización del espacio público, economía cultural, y desarrollo de potencialidades: ¿En dónde se encuentra el espíritu del lugar? Dra. Graciela A. Mota Botello Posgrado Facultad de Psicología, UNAM ICOMOS mexicano, AC

¿Por qué el patrimonio cultural? Si bien la ciudad originariamente fue la consecuencia del poetizar humano y, con su fundamentación, el mundo devino en historia y horizonte regulado de temporalidad. Ejercer el derecho que cada ciudadano tiene de disfrutar los beneficios de una cultura heredada y, a su vez, contribuir a preservarla como una obligación generacional, hacen del patrimonio y la cultura en la actualidad el punto de partida para consolidar una perspectiva económico-social integral, que permite vincularla con los derechos humanos, la gobernanza, la vida civil y, sobre todo, la perspectiva de horizonte de temporalidad, más allá de lo inmediato. Mediante una perspectiva de dialogo y continuidad histórica, el espacio público patrimonial permite traducir en opciones de educación no escolarizada un potencial orientado a la productividad creativa en una perspectiva fundamental, destinada a hacer del habitar humano un nuevo punto de partida para el desarrollo y fortalecimiento colectivo. En otras palabras, el patrimonio cultural permite llevar a todos los horizontes de la globalidad contemporánea el espíritu de la diversidad, la autosuficencia y la cooperación orientada a la sustentabilidad y calidad de vida.

La megalopolización y sus valores patrimoniales Las ciudades son entes vivos y como tales transforman, de manera cotidiana su dinámica urbana. Los patrones de cambio se han acelerado y la terciarización ha ido generando un impacto urbano con áreas que se empobrecen, a la sombra de otras que incrementan su valor. En las últimas tres décadas, 49 ciudades del mundo han aumentado su población a millones de habitantes.

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Crisis política y disolución del espacio público El México contemporáneo combina la pérdida de credibilidad política con el desplazamiento del interés colectivo hacia el valor de las oportunidades individuales. Aunado al abandono del espacio público de la sociedad, la megalópolis también diluye el espacio “público-urbano” a cambio de readaptarse como foro para la inmediatez consumista. Con el fin de conseguir ganancias individuales a toda costa, la desintegración de lo “social-colectivo” y la huella de una ciudad ajena, en el marco de un liberalismo salvaje, se gesta la nueva ética de la sobrevivencia, donde la escala humana (físico-espacial) ha desdibujado su perfil La ENCUP 1 2003, 05, 08 reporta que en México la crisis de confianza interpersonal es alta: los ciudadanos fundamentalmente desconfían del otro (84%); en materia política, 7 de cada 10 mexicanos tiene poca o no tiene confianza en los partidos políticos. 3 de cada 4 opinan que al elaborar las leyes, los diputados y senadores toman más en cuenta sus propios intereses o los de sus partidos. Solamente 1 de cada 10 ciudadanos cree que sus representantes públicos toman en cuenta los intereses de la población. Los retos de la globalización han traído una democracia perezosa, los partidos políticos constituyen el principal obstáculo para que la sociedad exprese legítimamente sus demandas. Las últimas elecciones lo reflejan: 41% de abstencionismo del padrón de electores en México se acompañaron del “voto nulo”, que pasó a formar la quinta fuerza política, con una votación nacional del 5.8% y del 12% aproximado en el Distrito Federal. Existe una fuerte tendencia a discriminar (CONAPRED) 2 a pobres, mujeres, personas con capacidades diferentes, homosexuales, drogadictos y enfermos con SIDA. La ENAJU3 2007 reporta que la mayoría de los jóvenes afirman que no tienen porque respetar una ley si la consideran injusta.

Encuesta Nacional de Cultura Política, SEGOB. 2003, 2005, 2007. Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. 3 Encuesta Nacional de la Juventud (INJUVE). 1 2

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Espacio público-urbano y civilidad Caracterizado por ser el lugar del encuentro, sociabilidad y experiencias comunes que actuaba como “referencia-símbolo” para la vida socio-política e identidad colectiva, frente al caos inevitable de la ciudad, espacio “de todos y de nadie”, la “cosa pública” de la sociedad y la civilidad se han convertido en lo inhóspito. Con la terciarización y nuevos usos, la megalópolis del valle metropolitano de la ciudad de México ha pasado a convertirse en un espacio carente de significado, el “nolugar” (a-topos) en el que sin atributos “simbólico-referenciales-normativos”, impide “ser morada-comunidad” para el descubrimiento e interpretación del legítimo deseo colectivo de habitar con otros. Mientras que la sociedad y la vida colectiva han perdido su carácter de comunidad, donde negociar y reconstruir socialmente instituciones e imaginarios colectivos que permitan anclar referentes de pertenencia y destino común. Al desplazarse el espacio simbólico de lo nacional por lo global, las dimensiones físico-urbanas de los barrios se convirtieron en escenarios abiertos donde los medios informan, mientras que la fórmula de lo político también se alteró. Diseminada en una “selva de cemento”, la ciudad muestra un rostro agresivo a los habitantes que viven y se confunden masivamente en ella. Actualmente, la cultura política se centra en incorporar pautas de opinión pública que generan estos mismos medios, mientras que la vida cotidiana pasó al orden donde transcurre un caos inagotable de universos asimétricos. Los “ciudadanos” equivalen a “muchos individuos” (aislados) que votan, y en el mejor de los casos, pagan impuestos, una vez que han degradado su ser personas “con” otros (civilidad y cultura cívica) a cambio de tornarse espectadores. Si bien la ciudadanía (civilidad-“estado de derecho”-estado moderno) fue condición histórica para la creación de las urbes. Con el crecimiento desmedido de la actual ciudadmegalópolis, la población urbana se ha quedado sin ciudadanos (civilidad activaleyes-espacios públicos). Esta situación ha impactado el centro de los perímetros patrimoniales, porque han perdido su sentido simbólico de continuidad y dialogo con la historia y por tanto, la posibilidad de re-articular su “significado” social ha terminado por encriptarse. La memoria colectiva, prima hermana de la memoria

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Dra. Graciela Mota histórica, es indispensable para contribuir a dignificar el sentido de pertenencia y destino común, ya que su manifestación alegórica como “imagen espacio-públicourbano” es fundamental para documentar el carácter vivo de identidad y pertenencia a un lugar y sitio. Por esta razón, la conservación y recuperación de los espacios patrimoniales no sólo se mejora a partir del equipamiento urbano del lugar. Sobre todo, al hacerlo, se actualiza también el sentido histórico público que quedó diluido en un “no-lugar”, hecho que permite la “recreación-creativa-imaginativa” de experiencias no-violentas donde poder reincorporar el sentido simbólico referencial imprescindible para que a esto social nuevamente se le rinda homenaje como comunidad y civilidad. En este sentido, un monumento dignifica y convoca. Le pone voz a eso que es el espíritu de un tiempo sagrado que la arquitectura captura como espacio. De aquí que cuando hay algo que engrandecer, surge el arché que permanece en el tiempo como arquitectura.

Espacio público patrimonial-educación ciudadana La comunidad representa el espacio público. El “en dónde” albergarnos como unidad de lo “común”. En consecuencia, tender puentes “para que” surjan profundas experiencias acerca del “encuentro” (horizontes de significado) que nos une, y vincularlas con dimensiones referenciales (semánticas) de identidad y pertenencia, permitirá reiniciar un dialogo con el sitio. Si uno de los problemas radica en encontrar el “cómo” consolidar ciudades patrimoniales que estimulen opciones educativas donde promover toma de decisiones a favor de la corresponsabilidad civil con el entorno, una vez que de ellas depende influir en el favorecimiento de acuerdos no violentos. La asignatura pendiente de resolver consiste en la re-apropiación colectiva de “referentessímbolo” de estos mismos espacios públicos, a favor de estimular un sentido sustentable de cohesión social y comunidad. Es necesario desarrollar una educación cívico-ciudadana situada en los mismos espacios donde las dimensiones de la vida colectiva transcurren. Si los

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Dra. Graciela Mota individuos dejaron de percibirse socialmente identificados con sus referentes de ciudad o barrio y se recluyeron en los espacios semipúblicos y semi-privados de la calle será necesario ir a ellos, para invertir su tendencia de deterioro. Una vez que en la dinámica de estos estilos de vida se sitúa el principio motor de acción y generación de valor. Cuanto más vivos y dignificados estén los espacios públicos patrimoniales, más reforzarán la multiplicación del “capital social”. Puesto que lo “social” se estructura como una relación dialógico-constructiva entre espacios colectivos hablados y hablantes. Entendido el “capital social” como el intercambio de reciprocidades materiales y simbólicas que existen y circulan en una “red social”. (Bourdieu, P (1997), Coleman, J (1997) y Putnam, R (1994, 2000). Por medio de la negociación de nuevos estilos de vida cotidianos es que pueden ensancharse referentes que abran y no cancelen caminos hacia la cohesión y el bienestar común. Debido a que recuperar el “espacio público de la sociedad” es fundamental. Si a esta iniciativa se aúna el valor patrimonial de un perímetro urbano que a su vez representa el foro más simbólico de la historia nacional, el elemento que completa la ecuación consiste en agregar una educación ciudadana que otorgue carácter de actualidad y vigencia al genius locci del lugar. Para lograrlo, será necesaria la educación, la cultura, el arte, la investigación y la construcción de nuevos conocimientos, que contribuyan a re-significar y reconstruir el sentido del los sitios patrimoniales, el Zócalo y otros espacios públicos del Centro Histórico, o recintos en los que se conserva un valor arquitectónico referencial de carácter excepcional.

Espacio público y genius locci: espíritu y lugar de diálogo El espacio público ha simbolizado la documentación donde la historia ha quedado físico-alegóricamente escrita. Representa un foro que invita a reflexionar y dialogar. Es el escenario de la urbe donde interactúa el apego, se expresa el carácter de pertenencia e identidad mediante una imagen urbana, y legitima simbólicamente lo que a la sociedad de otro tiempo le permitió reflejarse en su

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Dra. Graciela Mota manifestación cívico-arquitectónica. Definir la manera como el pasado o la herencia cultural ha dejado marcado en los trazos urbanos el paso de la historia, es identificar la esencia que define, articula y revitaliza su significado de presente, que a la vez dialoga con el futuro. A esto se le denomina el genius locci. El espíritu de un lugar se documenta en los edificios, perfiles, perspectivas e iluminación. Pero también en los mitos, prácticas y usos actuales, aunque no necesariamente su estructura espacial corresponda al carácter de quienes hoy lo habitan. No obstante, si el “encontrarse” en un lugar equivale a aprender a imprimirle un sentido de cercanía (afectiva) en la que por su referente y familiaridad (pragmática) con uno, se torne creación o recreación (cognoscitiva) de un propio sentido de ser uno. El resultado de sentirse “como en casa”, dependerá de incorporar referentes (semánticos) que hagan más comprensible la experiencia espacial del lugar público-patrimonial. Investigaciones como las de Rapoport y Linch han comprobado que la importancia de un lugar (hito, en el sentido de sitio o morada) radica en que el tipo de vivencias e interpretaciones que se hayan tenido de él se derivan de experiencias significativas. Descubrir que en el “habitar” contextualizado es el “dónde” se logra imprimir un sentido de familiaridad y encuentro con un sitio, repercutirá en el “cómo” incrementar la confianza que un hito patrimonial “nos” pueda inspirar. Aprender a ubicar un sitio patrimonial como lugar para establecer una relación de familiaridad con éste, implica encuentros relevantes donde nutrir nuestra “relación-con” su historia y nosotros

mismos, (tanto a niveles

“psicoafectivo”, cognitivo y conductual mediante afectos, referentes, prácticas, usos, símbolos, diálogo y lenguaje), lo que incide en dar cauce al horizonte “físicoespacio-material” (diseño-imagen, entorno, contorno, escenario) que lo distingue como excepcional. Por esta razón, si la experiencia de habitar un sitio depende de aprender a interpretarlo como un lugar donde aflora el apego y el encuentro, como descubrimiento y sentido de cercanía o con identidades posibles, lo que está en juego para aprender a valorarlo, radicará en aprender a dialogar con él, desde lo que uno mismo es, pero también, desde esos otros que él mismo podría haber

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Dra. Graciela Mota sido en otro tiempo y lugar. Debido a que el valor de un sitio patrimonial va más allá de su valor arquitectónico e histórico formal, aprender a comprenderlo y transformarlo en beneficio compartido permite dar cauce a un proceso de educación ciudadana más complejo, que hace de la reconstrucción de su espacio público un motivo didáctico que exalta aprendizajes más significativos, integrativos y eficaces. Entre otras, que las dimensiones que se juegan constituyan un motivo de educación extracurricular. Ésta educación cívico-espacial dirigida a la recreación del espacio público presupone necesariamente: dimensionar la identidad y sentido de pertenencia (dimensiones emocionales), nuevas experiencias espaciales (diferenciación de coordenadas-pragmático-funcionales), re-creación de horizontes compartidos (habilidades psico-afectivas de involucramiento, creatividad e imaginación para el reconocimiento de la alteridad), articulación y re-construcción de argumentos (destrezas de juicio crítico) definición de iniciativas para su conservación y revitalización (habilidades de simulación y modelamiento normativo) diseño de acciones y comportamientos regulados (combinación de usos y prácticas). Si por conducto de nuevas experiencias de aprendizaje contribuimos a recuperar el valor del “espacio público” como lugar donde se expresa lo civil, por medio de usos y de grupos estratégicos que los re-signifiquen, se podrá expresar lo que “nos” importa en un “aquí y ahora”, también se estará posibilitando que el diálogo colectivo entre pasado y futuro incremente su valor y actualidad como legítimo deseo de “querer ser” parte (identidad y pertenencia) de la reconstrucción social de sus significados y horizontes simbólicos. En síntesis, aprender a revalorar el sentido dialógico del habitar cotidiano, mediante la revitalización de los propios espacios público-patrimoniales, será condición sine qua non para que una colectividad pueda retomar su carácter de comunidad,

como

unidad

definidora

de

nuevas

normas

y

pautas

de

comportamiento compartido sostenidas en un plan de manejo sustentable. Hacer entonces de estos sitios patrimoniales el nuevo punto de partida para reconstruir el espacio público donde educar a los nuevos ciudadanos y demócratas de una

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Dra. Graciela Mota inminente sociedad de riesgo global, implica aceptar que estamos por iniciar una nueva etapa de educación, donde la cultura contribuye a formar personas más éticas, integrales y corresponsables con su propio destino común. Considerando que mediante la normatividad de los valores patrimoniales se contribuye a legitimar funcional y pragmáticamente el buen uso y manejo sostenible de dichos espacios, la calidad de vida de las personas también puede ser mejorada, ya que por sí mismas estarán en condiciones de aprender a documentar sus propias agendas, para negociarlas a favor del fortalecimiento de esos espacios públicos, que a su vez, les permitirán transformar en usos (capital social) las aspiraciones éticas indispensables para su conservación sustentable. Precisamente porque al jugar un papel estratégico para significar lo público, este proceso de aprendizaje compartido también permitirá revalorar a los individuos, grupos y comunidades que se involucren activamente. Nuestra investigación constituye una aportación original, porque el sentido de apropiación colectiva del mismo lugar, será la voz donde lo social pueda reconocerse y ser comunicado públicamente, como presencia viva del genius locci de “la-ciudad-patrimonial”. Hacer de la cultura sostenida en estilos de comportamiento y prácticas colectivas de acción, el referente desde donde se pueda aprender a hacer programas sustentables “con” las personas, y no “para” las personas, implica aceptar que la producción del conocimiento frontera, dependerá de aprender a resignificarlo como un hecho a favor del beneficio compartido, desde el cual, pueda reconsiderarse el papel de lo común y de la comunidad contemporánea. Ambos, símbolos que expresan y a su vez revitalizan el vínculo entre la universidad y la sociedad actual. Debido a que el tema patrimonial, permite reorientar el sentido original del espacio público, lo relevante es revitalizar este sentido y en consecuencia, crear opciones para incorporarlas a una serie de aspectos que permitan

revalorarlos

y

hacerlos

propios,

desde

una

mirada

actual

y

contemporánea. La apropiación colectiva del espacio público requiere generar nuevos esquemas de interpretación con respecto a la experiencia de habitarlos como algo

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Dra. Graciela Mota compartido. Educar para recrearlos también trae consigo la reactivación de sectores diversos que pueden influir a favor del mejoramiento de la vida urbana, así como de una cultura de la preservación y rescate de bienes patrimoniales, a favor de un presente donde arraigar destinos comunes.

Revitalización del espacio público: público-patrimonial-social Incidir en la disminución del deterioro de la vida generado una cada vez mayor Carencia de repertorios educativos mínimos para promover la cohesión social así como la Incapacidad de afianzar culturas de la conservación y el cuidado del entorno en la ciudad de México es crucial. La necesidad de disminuir demoliciones innecesarias a costa de menospreciar el costo-beneficio que implica orientar políticas para generar valor agregado, a partir de favorecer el manejo sustentable del patrimonio cívico-cultural es fundamental para replantear criterios a favor de la habitabilidad del Centro histórico, como proceso integral de producción social del hábitat. El decremento de la complejidad cognitiva con la que los citadinos habitan sus calles y plazas, entre otros, agrava los problemas de violencia, vialidad, funcionalidad, habitabilidad y abasto. En consecuencia, si este es un tema de comportamiento

colectivo

que

desde

las

áreas

físicas,

económicas

o

humanísticas, no puede ser comprendido por cada una de ellas como tal, es por tanto necesario diseñar puentes entre ellas a partir de problematizaciones formuladas desde otros ejes igualmente rigurosos que faciliten el aporte de cada una de ellas, con miras a sistematizar un abordaje técnico, integral e interdisciplinario. Se orienta a detectar indicadores de usos y tendencias de acción colectiva en espacios público‐patrimoniales para que, a partir de su resignificación, puedan rescatarse potencialidades de creatividad e innovación entre quienes los usan diariamente. Aprender a dejar de percibirlos como ese “no lugar”, o algo que no es más que “la calle”, implica aprender a vivirlos como un espacio de encuentro con el otro, para el propio autodesarrollo que culmina en civilidad. Reiterar que un ciudadano actual debe aprender a vivir en el riesgo, y por ello a saber influir en los demás para cuidarse y fortalecerse en favor de una

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Dra. Graciela Mota comunidad con la que comparte intereses, no es suficiente si esta actitud no se traduce en acciones eficaces para mejorar el contexto de la vida diaria, premisa fundamental para reconocerse y preservarse. Por esta razón, el proyecto incide en la reorientación de los significados psico‐sociológicos que se tienen del Centro histórico de la ciudad de México, desde quienes es posible permitir recuperarlo como emblema de reconocimiento propio. Su análisis participativo‐reflexivo constituye un espacio de diálogo privilegiado con el espacio público, a partir de un mismo trinomio: “espacio público urbano”‐“espacio público patrimonial”‐“espacio público de la sociedad”. La unidad de estas tres dimensiones del espacio público permiten enlazar desde otro enfoque, el diseño de estrategias y discursos disciplinares que, operando por sí mismos, han impedido la realización de acciones integrales para el tratamiento responsable y compartido de los problemas locales en los que se asientan espacios histórico‐patrimoniales de gran valor, a costa del deterioro e incapacidad de reorientar los usos que ahí prevalecen. Al haber preponderado una dimensión sobre la otra, el desequilibrio entre las tendencias de comportamiento colectivo no ha logrado evitar que los intereses privados e individualistas predominen. Indiferentes al valor funcional de estos espacios públicos, las tendencias de acción colectiva han confundido su valor original con el de espacios sin mayor referente que el del utilitarismo. La inmediatez de estos valores clientelares, ha diluido su grandeza primigenia, su espacio de diálogo con la historia o su carácter sagrado, a cambio de convertirlos en un “no-lugar” en el que todo es intercambiable y prescindible. Nuestro objetivo contribuye al mejoramiento físico-ambiental, cívico-cultural y socio-económico con la participación organizada de la comunidad, ya sea mediante la regeneración urbana a partir de la recuperación de edificios patrimoniales catalogados y subutilizados y en los espacios barriales degradados. Lo relevante es alcanzar, a su vez, una gestión democrática, incluyente, sensible y participativa, para el rediseño de comportamientos colectivos, conjuntamente con grupos estratégicos del sitio y no “a costa de ellos”. Reorientar los significados y usos que actualmente se reproducen como tendencias de comportamiento

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Dra. Graciela Mota colectivo en detrimento de los diversos espacios públicos, constituye un punto de partida novedoso para desarrollar escenarios incluyentes para el auto-desarrollo creativo de grupos estratégicos (locales y no locales) a favor del mejoramiento de ellos mismos. Multiplicar sus potencialidades e iniciativas para lograr un efecto dominó, garantizará el logro de beneficios compartidos, resultado de “la confianza en el otro”, como proceso de aprendizaje extraescolar, para reforzar el compromiso con la preservación de los valores logrados, donde culminar procesos de dignificación simbólica en tres dimensiones del espacio público, a saber: la -social-urbana-ypatrimonial. Promover criterios complementarios que contribuyan a la sistematización de planes integrales de manejo para generar valor agregado en beneficio de la sostenibilidad será la principal ventaja del presente proyecto.

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Dra. Graciela Mota Dra. Graciela Aurora Mota Botello gamb@servidor.unam.mx, investigacion.geniuslocci@gmail.com Especialista en culturas de la participación negociada, educación ciudadana y desarrollo regional, es Doctora en Filosofía además de psicóloga social y política. Actualmente coordina del Seminario Interdisciplinario sobre Patrimonio CívicoCultural, Sustentabilidad y Educación para la Paz (2010-2011) así como el Grupo de Desarrollo de Potencialidades Humanas con el proyecto de Patrimonio Cultural y Combate a la Pobreza. Ha sido invitada a América del Norte, Europa y América Latina. Con una experiencia profesional de 35 años, es Maestra en Psicología Social, Doctora en Filosofía e Investigadora Titular del Postgrado de excelencia de la Facultad de Psicología de la UNAM y Especialista en psicología política con la línea educación ciudadana. Actual presidenta del Instituto Internacional de Investigación y Formación en Prospectiva, Participación y Gestión Ciudadana (PROPAGEC) es miembro Titular Individual del Consejo Nacional de Enseñanza e Investigación en Psicología y coordinadora de la Comisión de Economía Cultural y Patrimonio del ICOMOS Mexicano (UNESCO) del cual es miembro de la Junta de Honor . Autora de más de 169 publicaciones especializadas en artículos de revistas y libros especializados ha sido ponente y conferencista en más de 284 eventos nacionales e internacionales. Destacada en los siguientes temas A) Diseño y evaluación curricular y profesional B) Organización, participación y cambio social C) Planificación y prospectiva en el desarrollo regional D) Innovación del conocimiento, creatividad y complejidad E) Psicología Política Mexicana: poder y cultura democrática) F) Acción Ciudadana y Desarrollo de las Potencialidades G) Acción Social, Poder y Toma de Decisiones H) Educación para la paz y creación de estilos de vida democráticos I) Psicología y Ontología de la obra de Arte y la Creación Artística. Coordinadora de grupos comunitarios interdisciplinarios de académicos e instituciones mediante la aplicación de sus tres modelos: 1. Intervención Comunitaria y Planificación para el Desarrollo (1987) 2. HADECNEC

de

Educación

Ciudadana

(Habilidades

y

Destrezas

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Dra. Graciela Mota Ciudadanas por Espacios Conversacionales Distintos, 2001) 3. Economía Cultural e Innovación del Conocimiento: Del Desarrollo Integral al Patrimonio (2006). Coordina en la UNAM el Programa de Patrimonio Cultural y Cívico como Combate a la Pobreza mediante los proyectos: Educación para la Paz y Desarrollo de Estilos de Vida No Violentos, y el Modelo de Economía Cultural e Innovación del Conocimiento: Del Patrimonio al Desarrollo Regional que han convocado a 56 carreras universitarias, 10 en la UAM y 5 en la ENAH. Derivado de este Programa, actualmente coordina el Seminario Interdisciplinario de Patrimonio Cívico-Cultural, Sustentabilidad y Educación para la Paz (20102011), el Estudio de Caso para el Centro Histórico de la Cd. De México titulado: Genius Locci ¿En Dónde se encuentra el espíritu del lugar?, y está en proceso de organización editorial de la Revista de Economia Cultural y Educacion para la Paz www.journals.unam.mx/index.php/mecedupaz

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Graciela Mota Botello  

"Recuperación integral del espacio público patrimonial: Modelo MEC-EDUPAZ-UNAM"