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Foto tomada de la web (Google)

Agarro la libreta y el bolígrafo hoy, no para hablar de la Navidad o de lo que ocurrió o dejó de ocurrir durante el 2011. O de lo bueno y malo, no voy a hacer comparaciones, no entraré en detalles de experiencias particulares, o de cómo me siento. Más bien, liberaré mi mente de toda referencia que pueda capacitarla para redactar un texto demasiado pensado, forzado y comenzaré desde cero. De eso será este texto, del punto de partida, del comienzo de algo oportuno, del abrir y cerrar de ojos, del olvido y la restauración. En última instancia, somos seres repetitivos que buscamos continuamente un momento clave donde podamos presionar “delete” y tener una nueva partida.

Foto tomada de la web (Google)

Quizás no necesariamente significa que en todo hemos realizado una mala tarea, sino que dentro de lo bueno y agradable, deseamos por igual mejorar y tener nuevas experiencias. Es un sentido eufórico el que buscamos, sea en lo material, sentimental, físico o espiritual. Nos encontramos bajo una búsqueda constante de algo que nos de una nueva Foto tomada de la web (Google)

esperanza, un nuevo desahogo inusual,

una devastación sobrenatural que limpie la consciencia, que restaure el alma. Es un sube y baja, una montaña rusa de la cual no aparentamos descarriarnos, un tanto masoquistas tal vez, digamos inconformes. Una sed continua, casi insaciable de la cual siempre


padeceremos, de la cual no pareciera haber cura. Algunos la sacian de forma negativa; yo me dedico a mantenerme firme, optimista dentro de las respectivas circunstancias. No hay que leer entre las líneas para comprender lo que transmito, es llano, sencillo, no hay por qué rajarse la cabeza tratando de encontrarle las cinco patas al gato. Ultimadamente, me percaté que día tras día mi deseo por la originalidad crece exponencialmente, de modo que, el intento por tener nuevos comienzos incrementa por igual y el deseo por sentir euforia apetece mi ser. El fin de un año y el comienzo de otro nos da la oportunidad de retomar la intranquilidad de algo nuevo, de un sabor distinto, una melodía contemporánea, una fragancia que arrebate nuestras memorias, una nueva percepción de la realidad. Es tomar un suspiro largo y profundo que nos quite las ansias de lo pasado y exhale futuro.

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Mathew Ariel


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