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LOS TAMPOCO, LA TRAMPA DEL DIABLO, EL MUNDO Y LA CARNE ©2013. Rubén Arango, Ministerio de Investigación Bíblica

Texto Base

Marco histórico

Contexto

«Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será vuestro; desde el desierto hasta el Líbano, desde el río Éufrates hasta el mar occidental será vuestro territorio. Nadie se sostendrá delante de vosotros; miedo y temor de vosotros pondrá Jehová vuestro Dios sobre toda la tierra que pisareis, como él os ha dicho (…) Porque vosotros pasáis el Jordán para ir a poseer la tierra que os da Jehová vuestro Dios; y la tomaréis, y habitaréis en ella» Deuteronomio 11:24-31; cfr. Jos 1:3-5. La conquista con Josué duró unos 15 años. Las doce casas de Israel inician el proceso de apropiarse y empoderarse de los territorios cananeos, Dt 7:1-6, Hch 13:19

Dios promete a la nación que entregaría en sus manos una tierra fértil y de gran extensión, acompañada con múltiples bendiciones que ellos determinarían si las recibían o no (Dt 8:7-10), pero antes debían observar varias situaciones con puntualidad, según Deuteronomio 7 (como base): 1. Exterminar totalmente las poblaciones de las siete naciones mayores y más poderosas; no podrían concertar alianzas, ni realizar treguas ni matrimonios de pacto y mucho menos tener misericordia alguna con su gente, v. 2-3 2. Derribar sus altares, destruir y quemar sus esculturas e imágenes, para borrar todo vestigio de idolatría a fin de santificar la tierra que entrarían a tomar en posesión, v. 5; cfr. Dt 12:1-3. 3. Comprender la fidelidad y el amor de Dios para con ellos, “que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones”, v. 7-9; cfr. Dt 9:1-6 4. Saber y no ignorar que eran un pueblo santo para Dios, escogido para ser tesoro especial sobre cualquier nación, v.6; cfr. Dt 26:18-19. 5. Temer al Señor, fuego consumidor; servirle; amarlo; andar con humildad y obediencia; guardar y cumplir cabalmente todos los mandamientos, preceptos y decretos establecidos y acordados para el tiempo de la conquista territorial y para la vida que tendrían en Canaán, v. 11; cfr. Dt 8: 11-18; 10:12-13, 16, 20-21; 11:8. Entendidas las condiciones de la misión, más de dos millones de almas estaban listas para el tráfago. Llegó el momento de actuar. Moisés había muerto. Era el tiempo de Josué y los caudillos de Israel. Cada tribu emprendía la ardua faena de exterminar los habitantes de sus territorios, gente adoradora de dioses imaginarios; que vivían en ciudades fortificadas y amuralladas; todavía quedaban gigantes, descendientes de Anac; eran pueblos bélicos y hostiles. Ellos no desconocían esta realidad y sabían lo ocurrido a sus padres cuando, por miedo y por escuchar falsas apreciaciones, se rebelaron al escuchar el informe de los que fueron a reconocer la tierra desde Parán. Solo Caleb y Josué fueron de ánimo esforzado y motivaron al pueblo diciéndoles que los comerían como pan y que

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subieran porque más poderosos eran ellos que sus enemigos; pero los otros diez les desalentaron al punto de obstinarse a no creerle a Dios, a no confiar en su poder. Fueron castigados a vagar 40 años en el desierto hasta que murió toda la generación que salió de Egipto, (Números 13 y 14). Ahora, nada había cambiado. Sus enemigos eran los mismos y, quizá, más fuertes, más numerosos, más experimentados y con el conocimiento de saber quiénes eran los hebreos. Eran, pues, siete naciones, siete poderosos pueblos que causaban espanto y hacían temblar a sus enemigos. Hasta aquí, una única realidad histórica y una misma verdad espiritual. Nosotros somos su pueblo santo, su especial tesoro, su nación adquirida para anunciar las grandezas de Dios, 1 Pedro 2:9-10. No éramos nada ni nadie, 1 Corintios 1:18-31. Somos nuevas criaturas, nacidas de nuevo y hemos sido bendecidos con toda bendición en los lugares celestiales, Efesios 1:3-14. La tierra de Canaán, la tierra de la promesa representa todo lo que el Señor nos ha dado; pero, como Israel, debemos actuar para tomar posesión de ella. El hombre viejo ha sido muerto y sepultado. Ahora hay un nuevo hombre en nosotros (la tierra prometida). Para vivir una nueva vida hay que destruir, derribar, quitar, separar y renunciar a muchas cosas del viejo hombre (las naciones cananeas), Efesios 4:17-32. ¿Qué, pues, representan estas siete naciones?

Naciones poderosas (nuestros obstáculos) v. 17

Significado

Base: Efesios 4 Figura espiritual (lo que representa cada pueblo)

Equivalencia literal

Heteos

Miedo, Tembloroso

Gergeseos

El que retrocede

Amorreos

Rebelde, Amargo

Cananeos (Canaán)

Comerciante, mercader

Ferezeos

Que habitan en aldeas

Heveos

Adorador de ídolos

Jebuseos

Pesebre; lugar bajo

(lo que debe morir en nosotros) v. 22-24, 27 El miedo y el terror. La desconfianza y la incredulidad; la duda y todo tipo de temores, producto de preconceptos, mentiras e imaginarios falsos = v.25; 1 Jn 4:18;Ro 8:15; 2 Tm 1:7. Desánimo y aplazar cualquier proyecto = Lc 9:62; Jn 6:66-67 Rebeldía y amargura. La vanagloria lleva a un concepto erróneo de nosotros y la baja autoestima a un espíritu de amargura. = v. 31-32; Ro 12:3; Materialismo, codicia, avaricia, ambición. No debemos pactar ni traficar con el mundo; no podemos ceder ante lo fácil y deslumbrante por codiciar el mundo. Trocar la gloria de Dios por el pecado. = v. 28; 1 Tm 6:6-11 Acomodarse a diferentes corrientes y pensamientos. Dejarse deslumbrar por teologías oportunistas o por evangelios falsos = v.25 Idolatría. Equivale a todo apego, a abrazar nuestro pasado y nuestras comodidades; nuestros deseos y gustos. = 1 Co 10:14 Contaminación. Representa lo que nos contamina a través del lenguaje ocioso y pernicioso. La lengua es una fuente para bendecir o maldecir; tiene poder para matar o dar vida. Pero también nuestros pensamientos y nuestras emociones deben ser descontaminados. = v.29

El llamado fue a derribar. La palabra fue contundente como la de ahora: “huid”, “quítese de vosotros”, “apartaos”. La misma palabra de ayer, es hoy. El Señor es el mismo ayer, hoy y siempre. Su palabra no se marchita ni cambia. En Dios no hay variación ni sombra de mudanza. Todo lo que dijo al pueblo de Israel, nos lo dice a nosotros para nuestra enseñanza, para que seamos edificados, corrijamos nuestra conducta, crezcamos en la fe y seamos fortalecidos en nuestra esperanza y vocación. Cada día debemos morir al viejo hombre que está viciado con sus hechos. Cada día debemos huir a la idolatría y a las pasiones juveniles. Cada día debemos vestirnos las armas de la luz, la armadura de Dios y revestirnos en Cristo. Sin embargo, debemos evitar ser descuidados en nuestro quehacer diario y en nuestro crecimiento como hijos de Dios. El Señor permitió que se registrara este pasaje de Jueces… ¡para nuestra enseñanza! Allí nos dice que, efectivamente, salieron a obedecer lo ordenado a través de Moisés; pero en el recorrido de conquistar territorios 2


unos no arrojaron a algunos pueblos, otros negociaron y unos más resolvieron convivir con sus enemigos. Este fue la puerta de su derrota, de su quebranto y de la historia de su fracaso y de su pecado. Dejó abierta la puerta de la amistad con el mundo, porque no fue capaz de decir no, porque no fue asertivo, no fue categórico en su empresa, no fue capaz de renunciar al pasado, no tuvo el coraje de desprenderse de sus amores al mundo y a la carne. Consintió y negoció, y allí fue el sendero del rotundo fracaso que lo llevaría al cautiverio y a la soledad sin Dios. Dios nos amonesta y nos advierte a no caer en la misma trampa. Debemos cerrar toda puerta del mundo, de la carne y de las artimañas del diablo. Observa el cuadro y las palabras que podemos resaltar en el texto de Jueces, capítulo 1: TRIBU Judá Benjamín José Manasés Efraín Zabulón Aser Neftalí Dan

¿QUÉ DEJÓ DE HACER? No pudo arrojar a los habitantes del llano No arrojaron al jebuseo (Jos 15:63) Tuvo misericordia de un betlemita y su familia [ciudad Luz] Tampoco arrojó a los de Bet-sean, Taanac, Dor, Ibleam y Meguido, y sus aldeas (cananeos); fueron tributarios Tampoco arrojó a los de Gezer (cananeos) Tampoco arrojó a los de Quitrón y Naalal (cananeos); los hizo tributarios Tampoco arrojó a los que habitaban en Aco, Sidón, Ahlab, Aczib, Helba, Afec y en Rehob. Tampoco arrojó a los de Bet-semes y a los de Bet-anat; fueron tributarios. Los amorreos los acosaron hasta el monte y no pudieron habitar en el llano.

Jueces 1:19 1:21 1:24 1:27 1:29 1:30 1:31 1:33 1:34

¿Observaste? Bien. El verbo arrojar aparece en todos los texto. Eso era lo que tenían que hacer. Expulsarlos con violencia y radicalmente, exterminarlos y derribar todos sus objetos de culto. Pero, decidida y tajantemente, no fue así. Nuevamente mira con atención y verás que se repite el adverbio de doble negación, tampoco. No es un adverbio que niega, en este caso, una tarea que debía realizarse y, por supuesto, no se llevó a cabo en su totalidad. Fue incompleta. En nuestra realidad cristiana es lo mismo. Hemos muerto al viejo hombre, estamos crucificados con Cristo. Mas, si apenas hemos noqueado al viejo hombre o le damos largas, nuestra vida será carnal, seremos tibios, hombres indecisos, actuando irresponsablemente en todo y permitiendo que el hombre natural se enseñoree de nuestros pensamientos, gobierne nuestras decisiones y domine sobre nuestras emociones. Ese tampoco fue la trampa para Israel. Y lo será para nosotros si tan poco nos parece un «tampoco». «Los tampoco, una cadena silenciosa que aprisiona nuestra libertad y nos hace esclavos del pasado» (joaro)

Adverbio de negación Tampoco adv. Se utiliza para añadir una negación a otra negación expresada con anterioridad o para incluir un nuevo elemento en una negación: mi hermano no irá a la fiesta y yo tampoco. (Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.) Hebreo Griego Español όχι, ούτε (óxi, oúte) Y no ‫ולא‬

‫א ולא‬ ‫א‬

ούτε

Tampoco; no, difícilmente No; (adjetivo) ningún, ninguno

Cinco de las casas tampoco hicieron lo que mandó Moisés. Es decir, así como Judá, Benjamín y José no arrojaron algunos de sus enemigos, Manasés, Efraín, Zabulón, Aser y Neftalí siguieron el ejemplo al dejar algunos pueblos y aldeas con vida, conviviendo con ellos, pagando los tributos que se fijaron. ¿No ocurre, a veces, eso mismo en nuestro caminar cristiano? ¿No sucede que ahora que tenemos que vivir santa y piadosamente, portándonos varonilmente, llevando una vida recta y consagrada a Dios? Las puertas a medio cerrar, son corazones a medias, vidas a medias, entre la mundanidad y la santidad, entre la radicalidad y la

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inseguridad, entre un sí y un no, entre la dedicación y el miedo a actuar. Son vidas tibias y corazones de carne “que Dios vomita” y reprende (Ap 3:14-21). Decidamos hoy circuncidar los tampoco de nuestra vida. Tomemos la determinación de arrojar los tampoco con su contenido, sean estos de nuestra mente, de nuestro corazón, de nuestras opiniones, de nuestras palabras, de nuestro pasado, de nuestros proyectos o de nuestras teologías o teorías. Echemos de nosotros los tampoco con un espíritu radical y vivamos en la libertad con la que fuimos llamados. Echemos de nosotros los siete poderosos gigantes que tampoco hemos arrojado, por las razones que sean; pero decidamos de una vez hacerlo, porque Dios es poderoso y fortalecerá nuestras manos para la batalla. Piensa, entonces, qué „tampoco’ has expulsado de algunas áreas de tu vida, porque cuando debiste hacerlo no lo hiciste. ¿Tampoco arrojaste el apego a algunas cosas?; ¿tampoco exterminaste el resentimiento y el rencor?; ¿tampoco lanzaste disculpas y excusas, la pereza y el desánimo, el ocio y la incertidumbre?, ¿tampoco destruiste los imaginarios de tu mente, la insensatez de tu corazón, la torpeza de tu alma y el desatino de tu lengua?, ¿tampoco ahuyentaste y atemorizaste a los gigantes de tu pasado ni hollaste las ruinas de tu vida?... ¡Qué tampoco hiciste! ¡Qué tampoco hicimos! Es hora de entrar en la presencia del Señor y dejar que trate con nuestra vida, Es hora de decir «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno» (Salmos 139:23-24). ¡Bendiciones!

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LOS TAMPOCO