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Lección XIII

La adoración en el Apocalipsis “Y cantaban un cántico nuevo delante del trono” en tonos bellos, Y delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos”, adoraban; “Y nadie podía aprender el cántico”, si no solamente ellos… “Ciento cuarenta y cuatro mil”, que con el corazón alababan. El Apocalipsis está lleno de misterio y además de fascinación, Imágenes increíbles de bestias, plagas, ranas y dragones; Tiene historias de estrellas que caen, y contiene acción, Nos habla de ciudades, de ejércitos y del fin de las naciones. Trata el tema de la verdadera adoración, con frecuencia, Revela que hay seres en el cielo, que alaban al Creador; Que dan al que “vive por los siglos”, adoración con reverencia, Adoración al que “vive y ha de venir”, por ser nuestro Salvador. Solamente nuestro Creador, merece toda honra y gloria, Nuestro Redentor y Juez, merece toda alabanza; A Dios debemos tener siempre, en la memoria… Para agradecerle que su Amor, siempre nos alcanza. El hombre antiguo, gustaba de observar las estrellas, Y fue el creador, de la ciencia de la astronomía; Pero si mirara hoy por un telescopio, vería cosas bellas, Cosas que lo dejaría atónito, que lo asombraría. Las galaxias son enormes y el final, no se ha hallado, Y nosotros en el siglo XXI estamos, por esto maravillados; Algo mayor que el Cosmos, pudo haberlo ideado y Creado, Así como los cuadros por pintores, debieron ser pintados. Apocalipsis presenta a Cristo, con gran decoro, Entre siete candeleros lo señala, como Hijo del Hombre; Vestido con ropas largas y en su pecho una cinta de oro, Con cabellos blancos y ojos de fuego, propios de su Nombre. Sus pies eran como el bronce bruñido, que hería la mirada, Y su voz, como estruendo de muchas aguas, que sobresalía; En su mano derecha siete estrellas, y en su boca una espada, Y un rostro iluminado, tan radiante como el sol del mediodía.


A sus pies cayó Juan como muerto, ante tanta grandeza, Puso su diestra sobre él y le dijo: “No temas”, más seguía inerte; Se presentó como el que vivió, y murió con gran vileza… Y como el que vive para siempre, y tiene las llaves de la muerte. Job reconoció la grandeza divina, a pesar de sus enojos, Y reconoció su error al decir: “de oídas te había conocido”, Pero al conocerlo personalmente dijo: ahora te ven mis ojos”, Y se arrepintió en polvo y cenizas, y se sintió bendecido. Tanto Juan como Job recibieron, parte de la revelación, Pero fue suficiente, para que se humillaran delante de él; Sintieron temor reverente y arrepentimiento, como reacción, Y un respeto grande, ante el Creador del Universo y de Israel. Un Dios Santo y sin pecado, ante sus vidas se les revelaba, Y se despertaron en su vida: la pecaminosidad y la injusticia; Ante la presencia del Señor, su propio pecado se despertaba, Y es ante la cruz que reconocemos, nuestra fatal inmundicia. A pesar de contener muchos misterios todavía insondables, El Apocalipsis tiene un tema dominante, el de la adoración; Hay escenas donde se adora a Dios, de maneras aceptables, Por su obra como Creador, Juez, y autor de la redención. Los seres de seis alas cantan: “Santo, Santo, Santo, es el Señor”, De día y de noche cantan, al que vive por los siglos sin fin; Lo alaban porque es, y porque ha de venir como Salvador, Y eso es algo grandioso para los 24 ancianos y para el querubín. Colocan sus coronas frente al trono y se postran ante el Cordero, Reconociéndolo como Creador de todas las cosas y su Sustentador; Y cantan un cántico nuevo, al que tiene el honor de ser Primero, Porque también es el Último, y Objeto del agradecido adorador. Lo que sucede en el planeta Tierra, impacta al mismo Cielo, Y lo que sucede en el Cielo, impacta poderosamente en la Tierra; El Cielo y la Tierra están cerca, ya no tienen separador velo, En el cielo adoran a Dios y en la tierra, el hombre a su fe se aferra. ¿Quieres razones para alabar a Dios con todo el corazón? Puedes alabarlo como Creador tuyo, tu Señor y Redentor; Por la sangre derramada en el Calvario, es buena razón… Por su poder, fortaleza, su juicio y por ser tu Salvador.


¿Tienes pruebas, problemas y luchas que te quitan el gozo? Tómate tiempo para alabar a Dios, por sus muchas bondades; Alábalo pos su Santidad, y porque te libra del cenagoso pozo, Agradece la vida eterna que te ofrece, al perdonar tus maldades. El asunto de la verdadera adoración, no es problema pequeño, La crisis final del último tiempo, se centrará en la adoración; El destino final dependerá, de a quién adoras como dueño, Y será más evidente cuando se imponga, la señal de la traición. La bestia que sube del mar, con siete cabezas y diez cuernos, Con palabras de blasfemia, buscará la total adoración; Se servirá de la bestia de cuernos de Cordero, con mensajes tiernos, Pero al final, para lograr sus propósitos, hablará como dragón. Y con su astucia, levantará una imagen del poder papal, Para que toda persona en el mundo, le ofrezca adoración, Y el que no quiera hacerlo voluntariamente, será fatal, Pues un decreto de muerte será parte, de la gran persecución. El pleito que comenzó en el cielo, ahora en la tierra culmina, Pues la adoración, es el centro mismo, de la gran controversia; Batalla tras batalla, el enemigo a muchos dirigentes domina, Pues procura engañar a cuantos pueda, a cuanto halle en inercia. Apocalipsis trece presenta a Cristo, como el “Cordero inmolado”, Que desde el principio del mundo, estableció su Eterno Pacto; Que nos ofrece por gracia la salvación, por el Cristo “Deseado”, Para los que están inscritos en el Libro de la Vida, de facto. Los que siguen al Cordero, no adorarán a la bestia, ni su imagen, Adorarán a Aquel que le lavó sus pecados, y como hijos los adoptó; Son los que siguen al Cordero, y escucharon el claro !Ven!, Los que harán lo mismo en el cielo, agradeciendo al que los salvó. Abre Apocalipsis catorce, con una escena muy particular, Donde ciento cuarenta y cuatro mil adoradores, alababan; En sus frentes llevan del Padre y de Cristo un nombre titular, Eran los comprados entre los hombres, por eso con gozo cantaban. Juan nos presenta en visión, cómo será el futuro comportamiento, Qué harán los redimidos de la Tierra, cuando se hallen en el cielo; Son los que se mantuvieron fieles ante el falso “arrobamiento”, Y adoraron solamente al Creador, con valentía moral y celo.


Vio otro ángel, Juan, que llevaba el evangelio eterno para predicarlo, Para a toda nación, tribu, lengua y pueblo, llevar el final mensaje; Que consistía en reverenciar a Dios y darle honra, o sea adorarlo; Porque la hora del juicio era llegado, el Juez merecía el Homenaje. Hay una severa advertencia, para los que adoren a la bestia, Un terrible futuro, para los que a la imagen también adoren; No tendrán reposo, ni de día ni de noche, ¡qué molestia!... Serán perdidos y apartados de Dios, los que en oscuridad moren. El sábado semanal será central en este asunto de adoración, Pues el sábado es la señal de obediencia que Dios le dio al hombre; No puedes adorar a Dios como Creador, sin recordar su creación, No puedes ser fiel a Dios, permitiendo que se mancille su Nombre. Llegará el día que tendremos que enfrentar la falsedad, Que tengamos que dar cuenta de la fe, que llena la vida; Que presentemos con mansedumbre, la presente verdad, Que levantemos la Cruz y anunciemos, la Segunda Venida. ¡Mira no lo hagas! le dijo a Juan el ángel, el mensajero, Pues Juan iba a adorarlo, y solamente a Dios se adora; El ángel le recordó, “¡Adora a Dios!”, era su deber primero, El ángel era consiervo suyo, de los profetas y del que fiel ora. Los hombres fueron creados por Dios, para adorar, Es una innata necesidad, que tiene el ser humano; Ante la gran verdad dicha por el ángel, Juan se quiso postrar, Pero fue advertido que no lo hiciera, que no fuera profano. La adoración no es solo, lo que hacemos unas pocas horas el sábado, Adorar es caer todo el tiempo, a los pies de nuestro Señor; Tiene que ver con nuestra actitud, echar el pecado al lado, Relacionarnos diariamente con Dios, vivir una vida de Amor. Una vida de entrega, fe y obediencia al Señor, se necesita, Poner a Dios primero, en lo que decimos, hacemos y pensamos; Adorar es cómo tratamos a otros, y el Espíritu para esto habilita, Tiene que ver con apreciar los mandamientos, y cómo los guardamos. Adorar es saber ministrar a los que padecen y tienen necesidad, Tiene que ver con morir al yo cada día y el evangelio predicar; Adorar es pensar en el Cristo, que dejó en el cielo su Majestad, Para venir a rescatarnos, y nuestro carácter edificar.


Dios es el Creador de todo lo que existe, el lo hizo, Por lo tanto, adorar otra cosa, es pura idolatría; Viendo al Creador sobre la cruz, me tiro sobre el piso, Y clamo ¡Bendito sea su Nombre!, la muerte era mía. “La adoración es inclinarse ante nuestro Hacedor” “Reconociendo y aceptando, su santidad” y nuestra dependencia; “Es someternos a su soberanía”, respondiendo a su Amor, “Respondiendo a su presencia Majestuosa”, agradeciendo su clemencia. La certeza de su presencia, nos llenará de santa reverencia, Y su poder nos recordará, que también “es fuego consumidor”; Agradezcamos su misericordia, que es parte de su esencia, Que por el sacrificio de Cristo, por su sangre, se salva el pecador. Mantengamos en equilibrio, el gozo cristiano y la reverencia, Que con el gozo santo, tengamos profundidad respetuosa; Que el gozo vibrante, y la verdad estén unidos, y no en apariencia, Que los cánticos sean poderosos, y la alegría contagiosa. En el cielo nadie se atribuirá la salvación, como un hecho, Nadie puede decir que se salvó, por un valor efímero; Nadie tendrá que decir allí, lo que sufrió en su lecho, Sino que cantará: ¡Salvación a nuestro Dios y al Cordero!

Hiram Rivera Méndez

17 de septiembre de 2011 Toa Alta, Puerto Rico


2011-03-13ResumenPoeticoHRM