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El futuro es joven Discursos para una nueva polĂ­tica

Che guevara, G. Rivadeneira J. Ruales, C. Vallejo y P. Rivas


Primera Edición, 2013 335.4 G939f Guevara, Ernesto Che, y otros El futuro es joven / Ernesto Che Guevara; Gabriela Rivadeneira Burbano; Juan F. Ruales; Camila Vallejo Dowling; Patricio Rivas H. — 1ª ed. — Quito: Editorial IAEN, 2013 148 p.; 10,5 X 15 cms. (Cuadernos Subversivos No. 6) isbn:

978-9942-950-16-1

1. SOCIALISMO 2 . JUVENTUD Y SOCIALISMO 3. DISCURSO-ASPECTOS POLÍTICOS I. TÍTULO Instituto de Altos Estudios Nacionales Av. Amazonas N37-271 y Villalengua esq. Edificio administrativo, 5to. piso Telf: (593) 2 382 9900, ext. 312 www.iaen.edu.ec Información: editorial@iaen.edu.ec Compilación de textos y cuidado de la edición: Natacha Reyes y Juan Jose Ruiz Blazquez Dirección editorial: Juan Guijarro H. Diseño de portada: David Rivera Vargas Diseño de interiores: César Ortiz Alcivar Imagen de la portada: Dibujo de Roberto Matta (1976) Quito - Ecuador, 2013

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Índice

Autores

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Prólogo 9 Carlos Prieto del Campo 1. La juventud y la revolución 13 Ernesto «Che» Guevara 2. Apuntes de un viejo revolucionario sobre la geoestrategia e ideología del imperialismo 29 Juan F. Ruales 3. La Utopía Ecuatoriana 79 Gabriela Rivadeneira Burbano 4. Vamos perdiendo el miedo 99 Camila Vallejo Dowling 5. Juventud y anticapitalismo 113 Patricicio Rivas H. Procedencia de los textos

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Autores Guevara, Ernesto «Che», fue uno de los ideólogos y comandantes de la Revolución cubana. Luego impulsó la instalación de focos guerrilleros en varios países de América Latina, y entre 1965 y 1967 combatió en el Congo y en Bolivia, país donde fue capturado y ejecutado. Rivadeneira Burbano, Gabriela, es la actual presidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador. También fue concejal y vicealcaldesa del cantón Otavalo, viceprefecta de la Provincia de Imbabura y gobernadora de la misma provincia. Rivas H., Patricio, fue miembro de la dirección nacional del MIR-Chile entre 1968 y 1991. Detenido en la Academia de Guerra Aérea, luego fue expatriado pero regresó clandestino a su país a mediados de la década de 1980. Actualmente es decano de investigación del IAEN. Ruales, Juan F., es un poeta y hombre de letras otavaleño. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran los poemarios 25 Ausencias y un regreso (Otavalo, 2008), Tatuajes y grafitis (2010), entre otros. Vallejo Dowling, Camila, es actualmente diputada por el distrito 26 en Chile (La Florida). Militante de las Juventudes Comunistas de Chile, fue presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) entre 2010 y 2011, y destacó como una de las principales líderes de la movilización estudiantil de 2011.

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Prólogo Los textos que aparecen en este libro apuntan todos ellos a condiciones que permiten construir nuestras naciones en paz, en libertad, sin amenazas internas ni externas, para ser lo que queramos ser, sin tutelas paternalistas. Cada uno de los textos son reflexiones revolucionarias, pero serenas, forjadas desde la experiencia, el dolor y el oprobio de siglos de explotación y de invisibilización de nuestro continente. Nuestra América ha llegado puntual a su cita histórica, con las alforjas llenas de conocimientos, con lo bueno y con lo malo, con los aciertos y con los errores. Ha llegado la hora de que la juventud latinoamericana recoja el testimonio de los héroes y heroínas patrias, pero también el de aquellos hombres y mujeres anónimos, verdadera savia de la transformación y el cambio histórico. Hoy es el tiempo de recoger, cargar y utilizar las herramientas del pensamiento revolucionario forjadas en el yunque de la historia, en los anhelos y esperanzas de quienes nos precedieron, de miles de hombres y mujeres que debemos el honor de recordar a cada instante, pues su sangre y su dolor fueron simiente de lo que hoy es un huerto lleno de frutos imperecederos: las naciones americanas, hermanadas en un destino común, como tantas veces lo pensaron nuestros grandes libertadores. Gabriela Rivadeneira, Camila Vallejo, Juan F. Ruales, Patricio Rivas y Ernesto Guevara, el Che, nuestro 9


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comandante, nuestra inspiración, nuestra memoria. Los textos que aparecen en este libro nos aportan luz, reflexión, sabiduría, a pesar de los distintos registros generacionales desde los que nos interpelan. Empecemos por el último, por el Che, no podría ser de otra manera. El joven comunista, nos dice debe proponerse ser el primero en todo, luchar por ser siempre el primero, y sentirse molesto cuando en algo ocupa otro lugar. Luchar por mejorar, por ser el primero. Claro que no todos pueden ser el primero, pero sí estar entre los primeros, en el grupo de vanguardia. Ser un ejemplo vivo, ser el espejo donde se miren los compañeros que no pertenezcan a las juventudes comunistas, ser el ejemplo donde puedan mirarse los hombres y mujeres de edad más avanzada que han perdido cierto entusiasmo juvenil, que han perdido la fe en la vida y que ante el estímulo del ejemplo reaccionan siempre de la mejor manera. Bien han aprendido esta lección nuestros compañeros de lucha y de texto, unas desde la juventud, Gabriela Rivadeneira y Camila Vallejo, los otros desde la madurez, Juan F. Ruales y Patricio Rivas. Gabriela, Presidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador lo tiene claro: mientras la utopía exista, nosotros los utópicos seguiremos luchando por ella… Camila Vallejo, diputada chilena electa, también lo tiene claro: la revolución social no es tan solo una reforma intelectual y moral, sino que por sobre todo es una transformación radical en las relaciones de poder político y de acumulación económicas vigentes en nuestra sociedad. Además, Juan F. Ruales, ecuatoriano, intelectual y prolífico autor de obras literarias y científicas,


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lo dice: la globalización conlleva un acentuado proceso de crecimiento y desarrollo desigual que favorece a los países ya de por sí desarrollados, en detrimento de los países más débiles, que en todo caso se integran o se adaptan a las condiciones impuestas por los poderosos, toda vez que las agravantes son para estos últimos. Patricio Rivas suma a la crítica del reino del capital que somete al ámbito de lo social, trivializando los afanes de los seres humanos por su liberación se trata de reflexiones que pueden sustentar a una nueva generación de políticos. Estas cuatro figuras, inentendibles sin su predecesor el Che Guevara, son la muestra palpable de que las luchas revolucionarias y libertarias de todos los tiempos tienen su correspondencia en las nuevas generaciones de jóvenes: tal es hilo rojo conductor invisible que traza el camino y une las esperanzas de millones de seres humanos en las biografías ejemplares de los autores/as representados en este libro. Es la juventud, pero sobre todo la juventud comprometida, juventud revolucionaria, libertaria, comunista, la que de nuevo está llamada a retomar lo que de esencial hay en el ser humano, su capacidad de entrega y de sacrificio en un tiempo y en un espacio históricos determinados, sabiendo desde ya que el futuro es nuestro. Carlos Prieto del Campo Rector del IAEN


discurso primero

La juventud y la revolución Ernesto che Guevara

Compañeros: Hace un tiempo fui invitado por la organización de la juventud, para cerrar un ciclo de conferencias, de actos con que la juventud daba señales visible digamos de vida en el marco político de la acción política del Ministerio. Me interesaba hablar con ustedes, expresarles algunos puntos de vista, porque muchas veces he tenido actitud crítica frente a la juventud, no como juventud sino como organización, y esa actitud crítica no se ha visto respaldada en general por la proposición de soluciones prácticas; es decir, que ha sido un poco tarea del franco tirador, tarea que no concuerda con otras series de deberes que tengo incluso como miembro de la dirección del Secretariado del Partido, etc. Había algunos problemas de concepto de lo que debe ser una organización juvenil, con los cuales nunca hemos estado totalmente de acuerdo. Y siempre hemos encontrado en la juventud como organización un aspecto mecanicista, que es en nuestro concepto lo que le impedía ser la verdadera vanguardia. Después, naturalmente, todos estos problemas han venido discutiéndose durante mucho tiempo. 13


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La juventud incluso nació bajo nuestra jefatura directa, en su primer embrión cuando se organizaron «los Jóvenes Rebeldes» dependientes del Departamento de Instrucción del Ejército. Después se separó adquiriendo una característica política propia. Habíamos tenido una actitud crítica de la juventud y que esa actitud siempre no había estado unida a la proposición de un sistema de trabajo concreto. El problema es bastante complejo porque está relacionado con todo lo que es la organización del Partido. No solamente con respecto a la juventud, todavía nosotros tenemos algunas dudas pero que no hemos resuelto totalmente desde el punto de vista teórico. ¿Cuál es la función del Partido? No en términos generales, abstracto donde todos los conocemos, ¿cuál debe ser la actitud del Partido en cada uno de los distintos frentes en los cuales debe actuar? ¿Cuál es sus grado de participación en la administración pública? ¿Cuál el grado de responsabilidad que debe tener? ¿Cómo deben ser las relaciones entre los distintos niveles de la administración pública, por ejemplo, y del Partido? Son problemas que no están reglamentados y que todos conocemos, que crean roces a determinados niveles. Saliendo de la Dirección Nacional y el Consejo de Ministros donde está clara la dependencia de uno a otro, y donde muchas veces las figuras son las mismas, después cada uno adquiere su independencia en el trabajo y se crean hábitos de trabajo, concepciones que chocan en la vida y que no han sido resueltas en forma práctica todavía por nosotros. Evidentemente es-


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to responde también a que hay concepciones distintas, ninguna de las cuales ha podido demostrar su eficacia superior, su razón superior sobre otra. Concepciones que vienen incluso de análisis de los profundos problemas que han habido en el campo socialista, desde el momento que triunfa la primera revolución socialista, la Revolución de Octubre, de 1917 hasta ahora. Y concepciones que deben ser analizadas y estudiadas muy profundamente incluso por las características de nuestra Revolución. Revolución que empezó al principio como un movimiento de masa apoyando una lucha insurreccional sin la formación de un partido orgánico del proletariado, que llegó después a la unificación con el partido representante del proletariado, con el Partido Socialista Popular, que no había encabezado la lucha en ese momento. Por esas características nuestro movimiento está muy impregnado de la pequeña burguesía en cuanto a las personas físicas y de la ideología de la pequeña burguesía también. En el proceso de la lucha y la revolución cada uno de nosotros fue evolucionando porque incluso la mayoría de los dirigentes de la Revolución por su extracción personal pertenece también a la pequeña burguesía, incluyo la burguesía. Estos son los lastres que se arrastran durante mucho tiempo, que no pueden cortarse en la mente de los hombres directamente de un día para otro. Incluso cuando se declara el carácter socialista de la Revolución, carácter que es en su declaración posterior al hecho real que ya existía una revolución socialista por-


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que habíamos tomado la mayoría de los medios de producción fundamentales en nuestras manos; sin embargo, la ideología no caminaba parejamente en todo con los avances que la Revolución había realizado en el terreno económico y en algunos aspectos del terreno ideológico. Esa característica de nuestra Revolución nos hace que debamos ser muy cautos en la caracterización del Partido como dirigentes de toda la clase obrera y sobre todo en sus relaciones específicas con cada uno de los distintos organismos administrativos, el ejército, la seguridad, etc. Todavía nuestro Partido no tiene estatutos; todavía nuestro Partido no está íntegramente formado siquiera. Entonces la pregunta es por qué no hay estatutos. Experiencia hay mucha; es decir, experiencia que ya tiene casi 50 años de práctica, ¿qué es lo que pasa? Que hay algunas interrogantes de esta experiencia que nosotros quisiéramos resolver, y que no podemos resolver en una forma espontánea, o digamos con algunas características de superficialidad, porque hay determinaciones muy importantes para el porvenir de la Revolución. La ideología de las clases anteriormente dominantes está siempre presente en Cuba a través de esos reflejos de que les hablaba, en la conciencia de las gentes. Pero además está presente porque es continuamente exportada desde los Estados Unidos que es el centro organizador de la reacción mundial, y que exporta físicamente saboteadores, bandidos, propagandistas de diversas formas y penetra prácticamente el territorio


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nacional salvo La Habana con las emisiones que constantemente lanza sobre nosotros. Es decir, todo el pueblo de Cuba está en contacto perenne con la ideología de los imperialistas, que se transforma naturalmente aquí a través de aparatos de propaganda científicamente organizados para presentar la imagen oscura de un régimen que como el nuestro tiene que tener necesariamente imágenes oscuras, porque estamos en un período de transición y porque no hemos sido profesionales de la economía y la política con una amplia experiencia y con todo un equipo detrás, los que hemos dirigido la Revolución. Y al mismo tiempo presenta la característica más alucinante, más fetiches, del régimen capitalista. Todo eso se introduce en el país y a veces encuentra eco en el subconsciente de mucha gente. Despierta además cosas dormidas que han sido apenas aplacadas por la rapidez del proceso, por la enorme cantidad de descargas emotivas que hemos tenido que hacer nosotros para defender nuestra Revolución donde la palabra revolución se ha unido a la palabra Patria, a la defensa de todos los intereses, para lo que cada individuo es más sagrado independientemente incluso ya de su extracción social. Frente a la amenaza de una agresión termonuclear, como en octubre, la unificación del pueblo era automática. Muchas gentes que incluso nunca habían hecho guardias en las milicias se presentaron para luchar. Hubo una transformación de todo el mundo ante la injusticia evidente; era en fin, el deseo de todo el mundo de demostrar su decisión de luchar en defini-


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tiva por su Patria y era también la decisión de la gente que está frente a un peligro del cual no puede huir de ninguna manera con ninguna actitud neutral porque frente a bombas atómicas no hay neutral ni embajadas, ni nada, lo aniquilan todo. Así hemos ido caminando nosotros; a saltos y a saltos disparejos, como caminan todas las revoluciones, profundizando nuestra ideología en determinados aspectos, aprendiendo más, desarrollando escuelas de marxismos. Y al mismo tiempo por el continuo temor de no llegar a posiciones que vayan a detener la Revolución e introducir por esa vía rectal los conceptos pequeñoburgueses, o la ideología del imperialismo a través de esas actitudes críticas frente a la tarea del Partido en toda la organización del Estado. Por eso todavía hoy no tenemos organizado debidamente el Partido, por eso hoy todavía no se ha llegado a cierto grado de institucionalización en cuanto a la alta dirección del estado que es necesario. Pero nosotros también nos planteamos algunos problemas. Hay que instrumentar algo nuevo que en nuestro concepto puede reflejar exactamente las relaciones que tienen que existir entre la masa y los gobernantes directamente y a través del Partido. Así se han empezado a hacer distintas pruebas, pruebas piloto de administraciones locales de distintos tipos, en El Cano en una forma, en Güines de otra, en Matanzas de otra. En donde constantemente vamos viendo las ventajas y desventajas de todos esos sistemas en los cuales existe la célula de una organiza-


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ción de tipo superior y lo que representan para el desarrollo de la Revolución y sobre todo para el desarrollo de la planificación centralizada. Dentro de todo este mare magnum, de estas luchas ideológicas entre distintos sostenedores por lo menos de ideas distintas aunque no haya tendencias o corrientes definidas, se fijó el trabajo de la juventud que empezó a funcionar, primero como desprendimiento del Ejército Rebelde, después adquiriendo una profundidad ideológica mayor y después transformándose en la Unión de Jóvenes Comunistas, ya digamos de antesala del hombre de partido, y necesariamente con la obligación de adquirir una formación ideológica superior. Frente a estos problemas no había ninguna discusión, pero había algunas discusiones frente a cuál era el papel de la juventud práctica, real. ¿La juventud debe reunirse tres, cuatro, cinco horas a discutir sabios temas filosóficos? Puede hacerlo, no está negado el que se haga eso. Es simplemente un problema de balance y de actitud, frente a la Revolución, frente al Partido y sobre todo frente al pueblo. El plantearse la discusión de problemas teóricos indica una profundidad teórica alcanzada ya por la juventud. Pero plantearse solamente problemas teóricos indica que la juventud no ha podido escapar del mecanicismo y confunde los términos. Así también se ha hablado de la necesaria espontaneidad, la alegría de la juventud, entonces la juventud y no digo yo este grupo del Ministerio, sino como general, ha organizado la alegría. Entonces los jóvenes dirigentes se han puesto a pensar qué es lo que debe


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hacer la juventud, porque debe ser alegre, según definición. Y eso precisamente es lo que convertía en viejos a los jóvenes. ¿Cómo un joven tiene que ponerse a pensar qué es lo que debe ser la juventud? Simplemente haga lo que piense y eso tiene que ser lo que hace la juventud. Pero eso es lo que no sucedía, porque había todo un grupo de dirigentes que realmente estaban envejecidos. Ahora esa alegría y esa espontaneidad de la juventud, es superficialidad. Una vez más también hay que tener cuidado con eso. Y no confundir lo que la juventud de todo el mundo y sobre todo la juventud cubana por las características de su pueblo tiene de alegre, de fresco, de espontáneo, y la superficialidad. Son dos cosas absolutamente distintas. Se puede ser y se debe ser espontáneo y alegre, pero se debe ser profundo al mismo tiempo. Entonces aquí se plantea uno de los problemas más difíciles de resolver, cuando se plantea como discusión teórica. Porque sencillamente así es como debe ser la juventud comunista. Y no deben pensar en cómo ser, porque deben nacer de su interior. Yo no sé si me estoy metiendo en honduras semifilosóficas, pero es uno de los problemas que más hemos discutido. El aspecto fundamental en el cual la juventud debe señalar camino es precisamente en el aspecto de ser vanguardia en cada uno de los trabajos que le compete. Por eso muchas veces hemos tenido algunos problemitas con la juventud porque no cortaba toda la caña que debía, porque no iba al trabajo voluntario lo


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suficiente. En definitiva, porque no se puede dirigir con teoría, y menos puede haber un ejército de generales. El ejército puede tener un general, si es muy grande varios generales, o un comandante en jefe, pero si no hay quien vaya al campo de batalla, no hay ejército. Y si en el campo de batalla el ejército no está dirigido por quienes van al frente a luchar, ese ejército no sirve. Y esa característica que tenía nuestro Ejército Rebelde, la característica de que los hombres que había tenido, se habían distinguido en alguna forma en el campo de batalla por sus propias virtudes, eran los que eran ascendidos a algunos de los tres únicos grados que había en el Ejército Rebelde: teniente, capitán o comandante. Y por lo menos en esas dos primeras categorías: teniente o capitán, eran quienes dirigían el combate. Entonces esto es lo que nosotros necesitamos: tenientes, capitanes, como se nos quiera llamar, quitarles los títulos militares si quieren, pero la gente que vaya adelante, que muestre con su ejemplo, seguir o hacerse seguir es una tarea que puede hacerse a veces difícil, pero que es enormemente más fácil que empujar para que otros caminen, por un camino inexplorado todavía, sobre el cual nadie ha dado el primer paso. A la juventud le faltaba recoger entonces los grandes problemas que se planteaba el gobierno, como problema de decisión de masa, convertirlos en su propio anhelo y marchar por ese camino a la vanguardia. Dirigida y orientada por el Partido, debe marchar a la vanguardia.


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Al cambiarse todos los malos métodos de dirección y establecer la elección de los trabajadores ejemplares, trabajadores de vanguardia, trabajadores que en el frente del trabajo eran los que realmente podían hablar con autoridad y los que iban en el frente, se produce el primer cambio cualitativo importante en nuestro Partido, cambio que no es único y que debe ser seguido de toda una serie de medidas organizativas, pero que marca el aspecto más importante de nuestra transformación. Y en la juventud ha habido también una serie de cambios. Ahora, la insistencia mía en este punto, la insistencia que continuamente les he hecho, es para que no dejen de ser jóvenes, no se transformen en viejos teóricos, o teorizantes, conserven la frescura de la juventud. Sean capaces de recibir las grandes consignas del Gobierno, transformarlas internamente, y convertirse en motores impulsores de todo el movimiento de masa marchando a la vanguardia. Para eso hay que saber seleccionar cuáles son los grandes aspectos sobre los cuales el Gobierno insiste, Gobierno que es representación del pueblo y es Partido al mismo tiempo por otro. Por otra parte hay que balancear y jerarquizar. Estas son las tareas que debe cumplir la juventud. Ahora ustedes han hablado de la Revolución Técnica. Este es uno de los aspectos más importantes, de las tareas más concretas, más adaptadas a la mentalidad de la juventud. Pero a la Revolución Técnica no puede irse sola, porque Revolución Técnica está sucediendo en el mundo, en todos los países, socialistas y no socialistas, avanzados, naturalmente.


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En los Estados Unidos hay una Revolución Técnica, en Francia hay una tremenda Revolución Técnica, en Inglaterra, en la RFA, y no tienen nada de países socialistas. Entonces la Revolución Técnica debe tener un contenido de clase; un contenido socialista, y para eso se necesita que haya en la juventud una transformación necesaria para que sea auténtico ese motor impulsor; es decir, todos los resabios se vayan liquidando, todos los resabios de la vieja sociedad que ha muerto. No se puede pensar en la Revolución Técnica sin pensar al mismo tiempo en una actitud comunista ante el trabajo, y eso es sumamente importante. Si no hay una actitud comunista frente al trabajo, no hable de Revolución Técnica Socialista. Eso es simplemente el reflejo en Cuba de la Revolución Técnica que se está operando por los grandes cambios ocurridos a raíz de los últimos inventos y descubrimientos de la ciencia. Estas son cosas que no pueden estar separadas y la actitud comunista ante el trabajo consiste en los cambios que van ocurriendo en la mente del individuo, cambios que necesariamente serán largos y que no se puede aspirar a que sean completos en un corto período en los cuales el trabajo ha de ser lo que todavía es hoy; esa obligatoriedad compulsiva social para transformarse en una necesidad social. Es decir, la transformación, la Revolución Técnica, dará la oportunidad de llegar aproximadamente a lo que más le interesa en la vida, en sus trabajos, investigaciones, estudios de todo tipo. Y la actitud frente a este trabajo será una actitud totalmente nueva. El


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trabajo será el día domingo de hoy, no el domingo del corte de caña, sino el domingo de un corte de caña. Es decir, tendrán la representación de lo necesario de las sanciones obligadas. Pero para eso hay que pasar un proceso largo, y ese proceso se va creando en hábitos adquiridos mediante el trabajo voluntario, por ejemplo. ¿Por qué insistimos tanto en trabajo voluntario? Económicamente significa casi nada; los voluntarios incluso que van a cortar caña, que es la tarea más importante que realizan desde el punto de vista económico, no dan resultado. Un cortador de caña del Ministerio corta cuatro o cinco veces menos que un cortador de caña que ha hecho eso habitualmente toda su vida. Pero que hoy tiene una importancia económica por la escasez de brazos que hay. Ahora lo importante es que una parte del la vida del individuo que se entrega a la sociedad sin esperar nada, sin retribución de ningún tipo y solamente en cumplimiento del deber social. Allí empieza a crearse lo que después, por el avance de la técnica, por el avance de la producción y de las relaciones de producción, alcanzará un tipo más elevado, se convertirá en la necesidad social. Si todos son capaces de unir en cada momento la capacidad para transformarse internamente en cuanto a los estudios ante la actitud frente a la nueva técnica, y al mismo tiempo la capacidad para rendir en su puesto de trabajo como vanguardia, avanzaremos. Y acostumbrarse a hacer del trabajo productivo poco a poco, algo que significa tanto que se convierte de momento, y a través del tiempo, en una necesidad, entonces serán automáticamente vanguardias dirigentes de


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la juventud, y no tendrán nunca que plantearse qué hacer. Harán simplemente lo que en un momento dado luzca lo más lógico. No tendrán que buscar qué es lo que a la juventud le va a gustar. Ustedes serán automáticamente juventud y representación de los más avanzados de la juventud. No tengan nunca miedo, los que son jóvenes, jóvenes de espíritu sobre todo, preocuparse de lo que hay que hacer para agradar. Simplemente hacer lo que sea necesario, lo que luzca lógico en un momento dado. Allí la juventud será dirigente. Hoy se ha iniciado todo ese proceso, digamos de politización de este Ministerio, que verdaderamente es frío, que es bastante burocrático, un nido de burócratas meticulosos, y machacones, del Ministro para abajo, que están ahí constantemente peleando con tareas concretas para ir buscando nuevas relaciones y nuevas actitudes. Ahora, ustedes se quejaban, la juventud, de que habían organizado, en los días que yo no vine estaba vacío, y entonces que dijera esto. Bueno, yo lo puedo decir, pero lo que yo no puedo decir a nadie que venga aquí. ¿Qué es lo que pasa? Aquí pasa simplemente que hay una falta de comunicación, o una falta de interés, que no ha sido vencida por la gente encargada de vencerla. Y esa es una tarea concreta del Ministerio. Es una tarea de la juventud, vencer la indiferencia del Ministerio. Claro que siempre cabe la autocrítica y siempre cabe el análisis de que no se ha hecho lo suficiente para estar en comunicación con la gente, constantemente.


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Es verdad, pero también cuando uno hace la autocrítica debe hacerla completa, porque la autocrítica no es flagelación, sino análisis de la actitud de cada uno. Y también el enorme trabajo que uno tiene sobre los hombros, uno tras otro y todos amontonados, impide que se pueda tener otro tipo de relación e impulsar una relación digamos más humana, menos dirigida por los canales burocráticos a través de los papeles. Eso vendrá con el tiempo, cuando el trabajo no sea tan imperioso y también cuando se logre toda una serie de cuadros donde descansar, donde todos los trabajos sean cumplidos siempre, donde la desconfianza en el trabajo no tenga que ser una de las características desgraciadas de toda esta época de la Revolución. Donde hay que chequear personalmente los papeles, hacer cuentas personalmente en las estadísticas, y donde todavía se encuentran errores a cada rato. Entonces, cuando toda esa época desaparezca, y va en camino de desaparecer, y desaparecerá pronto, todos los cuadros estén más fortalecidos, todos hayamos avanzado un poquito más, naturalmente que habrá tiempo para otro tipo de contacto, contacto que no quiere decir el hecho de que vaya un ministro, un director a decir cómo le va la familia a fulano o a mengano, sino a organizar contactos que nos permitan a todos trabajar mejor aquí y afuera y conocernos mejor. Porque el socialismo ahora en esta etapa de construcción de socialismo y comunismo, no se han hecho simplemente para tener nuestras fábricas brillantes, se están haciendo para el hombre integral, el hombre debe


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transformarse conjuntamente con la producción que avance y no haríamos una tarea adecuada si solamente fuéramos a la vez productores de artículos, de materia prima y no fuéramos a la vez productores de hombres. Aquí está una de las tareas de la juventud, impulsar, dirigir con el ejemplo de la producción del hombre del mañana, y en esa producción y en la dirección está incluida la producción propia, porque nadie es perfecto, ni mucho menos y todo el mundo debe ir mejorando sus cualidades mediante el trabajo, las relaciones humanas, el estudio profundo, las discusiones críticas, todo eso es lo que va transformando a la gente. Todo lo sabemos porque han pasado cinco años largos desde que nuestra Revolución triunfó, siete años también largos desde que desembarcamos los primeros y empezaron las luchas de la última etapa y cualquiera que mire atrás y piense lo que era siete años antes se da cuenta de que el camino que se ha recorrido es mucho, muy grande, pero todavía falta mucho. Esas son las tareas, y lo fundamental es que la juventud comprenda dónde está situada y cuál va a ser su tarea fundamental. Que no la jerarquice más allá de lo que deba, que no se considere el centro de todo el universo socialista, pero sí se analice un eslabón importante, y muy importante que es el eslabón que apunta al porvenir. Nosotros ya vamos en declinación, a pesar de que todavía perteneceríamos geográficamente digamos a la juventud, hemos pasado por muchos trabajos duros, hemos tenido las responsabilidades de dirigir un país en momentos tremenda-


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mente difíciles, y todo eso envejece naturalmente, gasta, y dentro de unos años nuestra tarea será ya a los que quedemos el retirarnos a cuarteles de invierno para que las nuevas generaciones ocupen nuestro lugar. De todas maneras creo que hemos cumplido con cierta dignidad un papel importante, pero no estaría completa nuestra tarea si no supiéramos retirarnos a tiempo. Y también otra tarea de ustedes es crear la gente que nos reemplace, de manera que el hecho de que nosotros seamos dejados en el olvido como cosa del pasado, pasa a ser uno de los índices más importantes de la tarea de toda la juventud y de todo el pueblo.


discurso segundo

Apuntes de un viejo revolucionario sobre la geoestrategia e ideología del imperialismo Juan F. Ruales

Una cronología necesaria de la guerra El dogma principal de la globalización económica, dice Jerry Mander, tal como se plantea hoy día, es el de integrar y fusionar la actividad económica de todos los países del planeta dentro de un único modelo homogenizado, un súper-sistema único y centralizado. Se supone que países con culturas, economías, y tradiciones tan variadas como la India, Suecia, Tailandia, Kenia, Bután, Bolivia, Canadá, Rusia y unos cien más, adopten los mismos gustos, valores y estilos de vida, y que sean servidos por los mismos restaurantes de comida rápida, cadenas de hoteles, y cadenas de vestuario: que usen el mismo tipo de jeans y de zapatos, que conduzcan autos similares, que consuman las mismas películas y la misma televisión, que vivan en el mismo tipo de paisaje urbano, que sigan los mismos esquemas de agricultura y desarrollo, y que tengan los mismos valores personales, culturales y espirituales. Convertido en gendarme del mundo luego de la caída del Muro de Berlín, EE.UU. ha sido el princi29


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pal financista y promotor, el capo de cuanta guerra ha declarado al mundo la gran mafia norteamericana desde comienzos del siglo XIX. Eso le ha llevado en los últimos años a inventar e implementar conflictos fratricidas y genocidas demenciales como la guerra de Vietnam y Afganistán, ayer, a nombre de la lucha contra la supuesta amenaza del comunismo internacional y ahora, con el pretexto de combatir al terrorismo y al narcotráfico internacional, que son dos hechuras de su misma podre. No existe otro imperio en toda la historia de la humanidad que haya invadido tantos países y los haya sometido a su geopolítica económica. Casi no ha habido un año en el que el imperialismo norteamericano no esté metiendo sus narices en alguna parte del mundo, no solo para anexar territorios estratégicos a su mercado en expansión, sino también para ir dejando engendros en la política cómplice en todas las regiones del mundo que sean sus gerentes locales en sus planes de dominación. La siguiente es una cronología incompleta, pero que permite visualizar el carácter imperialista de los gobiernos estadounidenses a través de la Historia de casi dos siglos de historia: 1823:

La Doctrina Monroe declara que América Latina es «esfera de influencia» para EE.UU.

1846:

EE.UU. declara la guerra a México y le quita la mitad de su territorio, incluidos Texas y California.


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1854:

EE.UU. bombardea el puerto de San Juan del Norte en represalia por que el gobierno nicaragüense le cobra los impuestos al multimillonario Cornelius Vanderbilt.

1855:

William Walter, pirata norteamericano invade Nicaragua y se proclama presidente.

1856:

William Walter, se toma El Salvador y Honduras y restaura la esclavitud.

1898:

EE.UU. declara la guerra a España, ocupan Cuba y desconoce al gobierno patriota. Le arrebata al país ibérico Puerto Rico, Guam, Filipinas y Hawaii.

1901:

EE.UU. le obliga a Cuba a incluir en su Constitución, la Enmienda Platt en la cual se arroga el derecho de intervenir en Cuba y a arrendar en perpetuidad la Base de Guantánamo a la Marina estadounidense.

1903:

EE.UU. obliga a la segregación de Panamá de Colombia y adquiere de manera ilegal los derechos sobre el Canal. El presidente Roosevelt se ufana: «Yo tomé El Canal mientras mi Congreso debatía».

1904:

Se promulga en Panamá la Constitución en la que se admite la intervención militar norteamericana cuando EE.UU. lo crea necesario. Se inicia la construcción del Canal y EE.UU. inunda la zona con bases militares.


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1904:

La infantería de EE.UU. desembarca en República Dominicana y el Presidente Roosevelt declara que Estados Unidos será «el gendarme» del Caribe.

1906:

EE.UU invade a Cuba y designan gobernador al estadounidense William Taft.

1907:

EE.UU. le impone al gobierno dominicano la obligación de otorgarle el derecho de recaudación de las aduanas por 33 años consecutivos.

1908:

EE.UU. interviene en Panamá, la primera de cinco invasiones militares a ese país.

1910:

EE.UU. ocupa Nicaragua para imponer al tirano derechista Adolfo Díaz.

1911:

William Taft desplaza 20.000 soldados a la frontera con México y ocho buques de guerra a las costas de California para «proteger» a los ciudadanos norteamericanos,

1912:

EE.UU. invade nuevamente Nicaragua y da comienzo a una ocupación de 21 años.

1912:

Taft una vez presidente de EE.UU.: «No está distante el día en que tres estrellas y tres franjas en tres puntos equidistantes delimiten nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. El hemisferio completo será nuestro, por nuestra superioridad racial…»


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1914:

EE.UU. bombardea la ciudad de Veracruz, como represalia por la detención de soldados norteamericanos, a pesar de que el gobierno mexicano se disculpa. Hay 300 soldados mexicanos muertos. Los invasores se quedan un año.

1915:

EE.UU. ocupa Haití para «restaurar el orden». Se impone un «protectorado» por veinte años. William Jennings Bryan, Secretario de Estado comenta: «¡Imaginen estos negros sucios hablando en francés!».

1916:

EE.UU. ocupa República Dominicana hasta 1924.

1918:

EE.UU. ocupa la provincia de Chiriquí en Panamá para «mantener el orden público».

1924:

EE.UU. invade Honduras e impone a un militar hondureño como gobernante. Ese año Honduras se convierte en el primer exportador mundial de banano. Pero el banano es de la United Fruit Company.

1925:

EE.UU. ocupa la ciudad de Panamá «para acabar con una huelga y mantener el orden».

1926:

EE.UU. crea en Nicaragua la Guardia Nacional. César Augusto Sandino crea el ejército popular para expulsar a los ocupantes gringos.


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1927:

Un capitán yanqui le pide a Sandino que se rinda. Sandino le responde: «Yo quiero patria libre, o morir».

1927:

EE.UU. bombardea por primera vez América Latina, ataca la aldea El Ocotal y mueren 300 nicaragüenses.

1930:

EE.UU. impone al militar formado por ellos, Rafael Leónidas Trujillo como dictador en República Dominicana.

1933:

EE.UU. abandona Nicaragua y deja el control del país al tirano Anastasio Somoza y su Guardia Nacional.

1934:

El embajador de EE.UU. Arthur Bliss Lane, y Anastasio Somoza asesinan a Sandino.

1941:

EE.UU. impulsa un golpe militar en Panamá para deponer al presidente Arias «porque era muy problemático»

1946:

EEE.UU. inaugura en Panamá la tristemente célebre Escuela de las Américas, para la formación militar. Allí se formaron todos los dictadores militares de América Latina.

1947:

EE.UU. inicia el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

1952:

EE.UU. apoya a Fulgencio Batista para derrocar a Carlos Prío Socarrás e inaugura la más sangrienta tiranía de Cuba.


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1954:

EE.UU. a través de la CIA derroca al presidente Jacobo Árbenz en Guatemala, e inaugura medio siglo de violencia en el que mueren cerca de 200 mil personas.

1956:

El poeta Rigoberto López Pérez mata al dictador Anastasio Somoza. Respecto a este sanguinario dictador, el presidente Roosevelt dijo: «Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta». Asume el poder su hijo Anastasio Somoza Debayle, durante un cuarto de siglo más.

1960:

Eisenhower realiza varias acciones encubiertas para derribar a Fidel Castro. Estas acciones incluyeron cerca de mil intentos de asesinato, creación de bandas de jóvenes contrarrevolucionarios, actos terroristas como el perpetrado por Posada Carriles y sabotaje a la economía.

1961:

Fuerzas mercenarias reclutadas, organizadas, financiadas y dirigidas por EE.UU. invaden Cuba por Bahía de Cochinos. En 72 horas son derrotadas y esta es la primera derrota militar de EE.UU. en América Latina.

1961:

EE.UU. a través de la CIA da un golpe de Estado contra el presidente José María Velasco Ibarra por creer que este se estaba acercando a Cuba.


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1964:

EE.UU. y fuerzas derechistas dan un golpe de Estado en Brasil para derrocar al presidente progresista Joao Goulart.

1965:

EE.UU. envía miles de efectivos a República Dominicana para reprimir un movimiento que intentaba restaurar en el poder a Juan Bosch.

1966:

EE.UU. envía armas y soldados boinas verdes a Guatemala, para implementar una «campaña contrainsurgente» y «eliminar a los guerrilleros aunque haya que matar a 10 mil campesinos guatemaltecos».

1967:

EE.UU. envía boinas verdes a Bolivia para asesinar a Ernesto «Che» Guevara.

1968:

EE.UU. a través de la CIA, organiza en América del Sur los «Escuadrones de la Muerte».

1971:

The Washington Post confirma que la CIA había intentado asesinar centenares de veces a Fidel Castro.

1973:

EE.UU. apoya a los militares para la toma del poder en Uruguay. La represión arroja miles jóvenes encarcelados, torturados y asesinados.

1973:

EE.UU. impulsa a Pinochet para derrocar, mediante un golpe de Estado, a Salvador Allende.


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1976:

EE.UU. coloca en el poder a una cruenta dictadura militar en Argentina, responsable de la muerte de más de 30.000 estudiantes y trabajadores.

1976:

Henry Kissinger declara que estuvo involucrado en el Plan Cóndor para capturar y ejecutar a los opositores políticos en Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile y Uruguay.

1980:

EE.UU. incrementa la asistencia militar a El Salvador para enfrentar al Frente Farabundo Martí.

1980:

EE.UU. financia a los Escuadrones de la Muerte que asesinan a miles de campesinos, obreros y jóvenes.

1980:

Es asesinado el Arzobispo de El Salvador, Monseñor Arnulfo Romero por los escuadrones de la muerte.

1980:

En El Salvador son violadas y asesinadas 4 monjas por sicarios de la derecha financiados por EE.UU. y se registra la muerte de alrededor de 35 mil civiles entre 1978 y 1981.

1981:

EE.UU. organiza, arma y financia a la «Contra» nicaragüense para derrocar al gobierno sandinista. 46 de los 48 jefes militares de la «contra», eran ex oficiales de la Guardia Nacional somocista.


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1981:

Muere el presidente de Panamá general Omar Torrijos, en un «accidente aéreo» de la misma manera que Jaime Roldós, ambos presidentes opuestos a la política neocolonial de EE.UU., y frontalmente amigos de Cuba. Roldós muere después de que ordena la expulsión del Instituto Lingüístico de Verano, una agencia encubierta de la CIA.

1983:

EE.UU. manda cinco mil infantes de marina para invadir la isla caribeña de Granada para sacar del poder al líder izquierdista Maurice Bishop.

1989:

EE.UU. invade Panamá y arresta a su antiguo protegido general Manuel Noriega. La operación deja más de 3 mil bajas civiles.

1990:

EE.UU. interviene en el proceso electoral de Nicaragua, apoyando a una coalición derechista de oposición al sandinismo.

2000:

EE.UU. lanza el Plan Colombia, programa de ayuda militar con el peor récord de violación a los derechos humanos en el continente. El financiamiento es de mil trescientos millones de dólares, de los cuales el 83 por ciento es en armamento.

2002:

EE.UU. apoya y financia a los grupos derechistas que organizaron el fallido golpe de Estado del 11 de abril en Venezuela.


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Cuando el mundo entero es terrorista El noviazgo económico, político, militar entre EE.UU. y el gobierno colombiano no cesó con la salida de la presidencia de Álvaro Uribe, la presencia de asesores militares estadunidenses se ha incrementado a pretexto de combatir al narcotráfico, sin contar con los viajes de ida y vuelta de funcionarios del más alto nivel del Pentágono y la Casa Blanca a Bogotá y viceversa. Un vaivén siniestro del que los resultados más visibles son las nuevas bases militares en las fronteras con Ecuador y Venezuela, como puestos de avanzada de Washington como advertencia a los dos procesos antimperialistas. Supongo que EE.UU. no va a permitir que el pensamiento de Bolívar pase la línea de tolerancia que ellos tienen trazada desde tiempos de la independencia. Y no solo es un puesto de avanzada del imperio, ahora también lo es de la OTAN, pues si global es la crisis del capitalismo, globales son también las estrategias para salir de ella y, lo que es con EE.UU., lo es también con Europa. Si EE.UU. y la OTAN son aliados para los asuntos de Afganistán, Kazajistán, Kurdistán, Mongolia, Pakistán, Singapur, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, Argelia, Egipto, Mauritania, Marruecos y Túnez, etc., ¿por qué no lo han de ser para asuntos de los países latinoamericanos? Dijo Hugo Chávez que «por medio del trabajo de la inteligencia descubrimos un ejercicio militar de la OTAN para invadir Venezuela… nos estamos preparando para esa invasión».


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Ese ejercicio militar no era otro que el denominado Plan Balboa. Todo esto sin contar con las agresiones militares a países de otros continentes como Vietnam, Laos, Camboya, Corea, Japón, Pakistán, Afganistán, Irán, Irak, Kuwait, Somalia, Guinea Bisaw y varios países de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Egipto, Libia y Siria, entre decenas de otros. La desaparición del bipolarismo mundial por la caída del «socialismo real» le ha dado al gobierno de Estados Unidos patente para hacer del mundo lo que se le antoje. El imperialismo, -que política, militar y culturalmente es paradigma de terrorismo y genocidio despiadados- cínicamente adquirió «la propiedad intelectual» de este término y lo ha patentado para estigmatizar con él a todos los pueblos y personas que aman la libertad y a los que osan pensar con independencia y soberanía, creando a propósito una astuta confusión con los verdaderos terroristas que, en nombre de fundamentalismos principalmente religiosos, pero también políticos, cometen atrocidades de magnitud similar o peor que sus detractores. Para el gobierno de EE.UU. y las grandes corporaciones financieras, la guerra siempre será el negocio más rentable, después del narcotráfico y de la venta de su basura cultural imperialista a través de estrategias mediáticas. La venta de armas es, de hecho, si no la primera, una de las primeras fuentes de ingresos de los EE.UU. Y otra importante en el plano ideológico, son sus industrias culturales, la producción de juguetes bélicos, la literatura, el cine y la televisión de temática belicista.


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Aunque no es un dato actualizado, solo para tener una idea, la siguiente es la lista de países de la órbita del capitalismo y sus ingresos por la venta de armas: Estados Unidos, 456.000 millones de USD, Reino Unido, 5.200 millones de USD, Rusia, 3.100 millones de USD, Francia, 2.900 millones de USD, Alemania, 1.900, millones de USD, Italia, 1.000 millones de USD, Suecia, 700 millones de USD, Israel, 600 millones de USD, Australia, 600 millones de USD, Canadá, 600 millones de USD, Ucrania, 600 millones de USD, España, 400 millones de USD, República Popular de China, 300 millones de USD, Bielorrusia, 300 millones de USD, Bulgaria, 200 millones de USD, Corea del Norte, 100 millones de USD, República del Congo, 95 millones de USD. François Houtart, sociólogo belga y presidente del Tribunal Hemisférico contra el Terrorismo y por la Vida dice que: «Aun si definimos la palabra terrorismo de manera estricta y limitada, yo pienso que Bush podría ser acusado de utilizar métodos que son crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad». Los periodistas norteamericanos David Brooks y James Cason parafraseando al sociólogo norteamericano Noam Chomsky manifestaron que: El gobierno de Estados Unidos es, por su propia definición, terrorista y bajo las leyes nacionales e internacionales, el presidente George W. Bush y sus asociados, deberían enfrentar la pena de muerte por sus acciones, pero también es obvio que esto jamás será tomado en serio, ya que se ha comprobado que los gobernantes de este país nunca operan sujetos a las leyes.


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Crisis de realización del capital Vladimir Illich Lenin en su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, nos advirtió que como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas la acumulación del capital iba a crecer de tal manera, que de modo sistemático e inevitable, la gran empresa monopólica devoraría a las pequeñas y medianas empresas mediante la absorción de sus mercados y por el mega crecimiento de sus capitales, cuya alta productividad y sofisticada tecnología iban a generar una sobreoferta de tales dimensiones que, necesariamente se verían obligados a globalizar la economía a fin de ubicar la sobreproducción de mercancías a lo largo y ancho de este planeta, pues, al menos por el momento, no hay otro posible. La tierra se ha convertido en un hipertrofiado supermercado mundial en el que la avalancha de mercancías ha superado geométricamente la capacidad adquisitiva de los seres humanos, hasta llegar a una saturación genocida en la que todos moriremos ahogados en mercancías que no podemos comprar, sino se cambia radicalmente la matriz productiva del sistema. Uno de los indicadores, aunque no el único ni el más importante de la crisis capitalista es, por ejemplo, la creciente deuda externa de los países capitalistas hegemónicos. Para muchos, el endeudamiento externo pareciera ser solo una pandemia que afecta a los países subdesarrollados, pero es al revés, son las grandes potencias


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las que, para sostener el espejismo y ambrosía de su opulencia, deben permanentemente acudir al endeudamiento público nacional e internacional en procura de leña para atizar su mortecino fuego, recursos que les permita amamantar su carrera armamentista, su estabilidad monetaria, su PIB, su balanza comercial, el precio de su canasta familiar, la estabilidad de los salarios, entre miles de necesidades, en una espiral ciclónica que ha terminado contaminando a todo el mundo. Para resarcir esto, el imperialismo debe recurrir permanentemente a guerras genocidas en todo el mundo en procura de hacer negocios sucios que le permitan obtener ingresos extrapresupuestarios con la venta de la muerte y de todos sus productos bélicos que se reducen no solo a las armas: en el mismo paquete van vituallas, alimentos, vestuario, medicinas, entretenimiento, venta de tecnología para el espionaje y contraespionaje, y por supuesto, el gran mercado de materias primas para la propia fabricación de todas estas cosas. Sin embargo, la crisis del capitalismo global, ya no es sólo financiera, ya no es solo comercial, inmobiliaria, política, es también una crisis cultural. Esto explica que la paranoia de los mandatarios gringos ya no sea sólo política, sino cosmogónica. Y aunque auspiciaron en buena medida el derrocamiento del Muro de Berlín con una urgencia demencial, construyeron un muro peor: el Muro de Tijuana, que jamás podrá frenar la reconquista de los territorios ancestrales de los nativos casi exterminados por parte de sus hermanos latinoamericanos.


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El neoliberalismo ha llevado a los países de América Latina y de los otros continentes tercermundistas a una bancarrota sin precedentes. Esto que antes vivimos en el Ecuador en el experimento de las crisis provocadas por el Fondo Monetario Internacional a partir de las medidas de ajuste estructural implantadas desde 1982, ahora, treinta años después, lo están sintiendo en carne propia los mismos EE.UU. y los países europeos. Tan mortífero ha sido el recetario fondomonetarista que entre otros síntomas ha dado lugar a los más dolorosos éxodos de toda la historia: desplazados que se lanzan como suicidas a probar suerte en cualquier parte, menos en sus propios países. Los noticieros nos muestran todos los días a gente matándose o intentando suicidarse por la desesperación, o ir a parar en manicomios por causa de la crisis. Tratan de llegar a EE.UU., a Italia, a España, a Alemania, a Japón… a donde sea. La cuestión es irse, es cómo huir de la muerte, al menos de esta muerte para sucumbir en otra. Estos expatriados mayoritariamente latinos constituyen en la actualidad el 14% de la población de EE.UU., y es la primera minoría nacional, con 42 millones de habitantes. Fuerza demográfica y política que ha desplazado a la de los negros y los indígenas nativos. Terrorífica amenaza para aquella población xenófoba anglosajona que aún queda y que no ha evolucionado, como otros miembros de su propio pueblo. Estos inmigrantes no solo que van aumentando cuantitativamente en proporciones incontrolables, sino que dejan a su paso un desplazamiento también cualitativo. Se van llevando su hambre, pero también


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su cultura. Se van llevando junto a su esperanza las costumbres, los mitos, los tabúes de sus ancestros mestizos e indígenas. Hay una especie de latinización de la cultura gringa, pues los latinos, aunque aprenden el inglés para mimetizarse en el mercado de mano de obra barata norteamericano, jamás abandonan el castellano, el quechua, el maya, el náhuatl, el aimara, el ñauaré, el cachiquel, sus lenguas maternas. Hay un «desquite cultural», más que económico y político que amenaza con desmoronar ya mismo la cultura anglosajona. A este respecto una revista de esas que circulan allá arriba de la línea equinoccial escribía en 2005: No se trata simplemente de una cuestión numérica. A diferencia del resto de inmigrantes que adoptan rápidamente el inglés y se sumergen en el célebre melting pot estadounidense, los hispanos se aferran a su lengua madre y defienden con ahínco su identidad y cultura, creando un mundo separado y distinto. Amparados en su número creciente, así como en su ascendente poder adquisitivo (700.000 millones de USD según cálculos de ese año), mantienen el español como lingua franca, a tal punto que un gran porcentaje de hispanos no habla inglés, ni siente la necesidad de aprenderlo.

La rapiña por el acceso a los recursos EE.UU., Europa y Japón, tienen cada cual sus propios intereses regionales de dominación, cada cual por su lado buscan apropiarse del mayor número de mer-


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cados para colocar su agobiante sobreproducción, y en esta disputa, tanto los unos como los otros, diseñan estrategias voraces para apoderarse del mercado mundial mediante la subyugación política expresada en tratados de libre comercio o, en última instancia, de conquistas bélicas neocolonialistas, como es el caso de las sucesivas guerras que EE.UU. ha armado contra países soberanos poseedores de grandes reservas de hidrocarburos, minerales y de biodiversidad que no quieren someterse por vía político-diplomática a sus designios imperiales. Según cálculos realizados por expertos de dentro y fuera de Estados Unidos, las reservas petroleras de este país, al ritmo actual de consumo en este 2013, se agotarán en 13.5 años, pero se proyecta que por el crecimiento de su demanda y las crisis políticas internacionales, dichas reservas se podrían estar acabando en solo 10.7 años, mientras que las reservas de la OPEP, especialmente de Venezuela y los Países Árabes están calculadas para al menos 76 años aún cuando aumente el consumo en los países industrializados. Para EE.UU. lo eficaz es impulsar procesos títeres derrocando mediante golpes de estado a gobiernos democráticamente electos pero adversos a Washington, y montando un teatro político que tenga como actor principal en los gobiernos de esos países a marionetas adictas a su política, al precio que sea. No importa si para ello deban sobornar y corromper a políticos y partidos afectos a la corrupción, a diputados liborios y a medios de comunicación felones.


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No importa si deban meter mano en los tableros electorales con descarados fraudes que comienzan con el financiamiento de las campañas de sus peones políticos y que concluyen con la alteración de los resultados, si la primera estrategia no les dio resultado. Basta recordar lo que ocurrió en Méjico con el descarado fraude contra Andrés Manuel López Obrador. No importa si tienen que reformar las Constituciones a su antojo y conveniencia, o armar congresos espurios con legisladores cortados en el molde de la depravación, con el fin de que maquillen las constituciones según intereses coyunturales del imperialismo; o generando el caos en la vida política, social y económica de los países como Libia, Siria, Bolivia, Ecuador, Venezuela o Argentina para provocar una ingobernabilidad que les dé pie a una posible intervención militar en nombre de la restauración de la democracia y del combate al antiterrorismo. Incluso eliminando físicamente a sus adversarios más renuentes si es necesario. Para financiar sus aventuras neocoloniales, la Casa Blanca debe apelar necesariamente a su presupuesto interno, cuyo elevado déficit de miles de millones de dólares es descomunal, y por supuesto oculto a sus propios ciudadanos. Déficit que intenta y siempre intentará cubrirlo incrementando su comercio exterior mediante ignominiosos tratados unilaterales de «libre» comercio», eufemismo con el que los EE.UU. encubren el neocolonialismo comercial. Ya hace muchos años un economista norteamericano reflexionaba acerca de esta crisis en los siguientes términos:


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La «recuperación» de la economía norteamericana en los últimos dos años tiene pies de barro, pues se sostiene en un exceso del gasto privado y público que en última instancia depende del financiamiento externo… se explica por los recortes impositivos a los más ricos y el incremento de las erogaciones militares provocadas por las campañas en Afganistán e Irak. Las consecuencias han sido un acelerado crecimiento del déficit fiscal, que se suma al ya crónico rojo del comercio exterior. En pocos años las administraciones de Bush y Obama transformaron el superávit fiscal de 120 mil millones de dólares a un déficit de dólares 420 mil millones, el mayor de la historia de EE.UU.

Entonces, trataron de asegurarse de que el presupuesto fiscal de EE.UU. no corra el riesgo de decrecer más de lo que el sistema moribundo necesita para sostenerse y promovieron en América Latina gobiernos absolutamente serviles a sus intereses, como en su momento el del ex presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez que se autoproclamó —sin que nadie le pidiera— ser el «principal aliado de los Estados Unidos en América del Sur». A esos gobiernos come países, les conviene contar en ellos con mandatarios que sean los portavoces criollos de que la falacia del TLC con los EE.UU. beneficiará a las economías de los países contraparte, territorios saqueados a los que desfachatadamente los teóricos de este tratado les llaman «naciones beneficiarias», cuando todo el mundo sabe que los TLC además son incompatibles con los proyectos de integración bolivariana, cuyos desastres desintegracionistas


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aún no los podemos ver. Conllevan el objetivo de impedir que los pueblos latinoamericanos nos unamos.

Los Tratados de Libre Comercio Las reactivadas economías europeas y de Japón en cuyo proceso de resucitamiento participaron los Estados Unidos a través del Plan Marshall y otros súper programas de apoyo, le disputan palmo a palmo cada mercado internacional a su nodriza. Esto a ella, le causa dificultades adicionales a sus exportaciones porque ven restringidos los mercados, no obstante los acuerdos y tratados políticos y militares entre las grandes potencias por repartirse el mundo como un pastel en retazos. Los acuerdos interimperiales para respetarse los mercados no funcionan, pues el capital, como una peste, se transnacionalizó y, salvo por la bandera, ya no se puede hablar como antes de la segunda guerra mundial de capitales japoneses, alemanes, estadounidenses o rusos. Las transnacionales, si bien tienen acciones mayoritarias de un socio visiblemente originario de un país capitalista, su composición accionaria es de tal modo internacional, por lo que no es de extrañar que una gran industria japonesa le obstruya a una norteamericana, en procura de arrebatarle su clientela por encima de los acuerdos comerciales firmados por sus gobernantes. Es la lucha dialéctica al interior de la misma clase social y de la misma formación socioeconómica. La globalización conlleva un acentuado proceso de crecimiento y desarrollo desigual que favorece a


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los países ya de por sí desarrollados, en detrimento de los países más débiles, que en todo caso se integran o se adaptan a las condiciones impuestas por los poderosos, toda vez que las agravantes son para estos últimos. Pero la pobreza y la desigualdad no sólo afectan a los países periféricos. El número de los estadounidenses en situación de pobreza se mantuvo en el 15 % en el 2012, según la Oficina Nacional del Censo. Unos 46,5 millones de personas, más de 1 de cada 7, estaban en esa situación de pobreza en el 2012, un porcentaje que no varía estadísticamente con respecto al 2011. Es el sexto año consecutivo en que no disminuye el porcentaje de pobres, debido a los niveles persistentemente elevados de desempleo después de la quiebra del sector inmobiliario. El número de personas carentes de seguro de salud bajó del 15,7 % al 15,4 %, otro cambio estadísticamente insignificante, pero tristemente concreto en la vida real de las personas de sectores medios y empobrecidos. En el 2012 el desempleo promediaba el 8,1 %. El ingreso medio por familia fue de 51.000 dólares, sin cambio con respecto al 2011. A esto a hay que añadir el déficit comercial de EE.UU. A pesar de la fuerte devaluación del dólar frente al Euro, el intercambio comercial sigue mostrando un saldo rojo anual superior a 600 mil millones de dólares. Las secuelas de esta situación han sido el acelerado incremento del endeudamiento interno y externo de los EE.UU. El endeudamiento de las familias estadounidenses supera los 35 billones de dólares, ¡unos


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500 mil dólares por familia!, a causa del boom de las tarjetas de crédito para endeudarse principalmente en bienes inmuebles, automóviles y electrodomésticos. EE.UU. se ha transformado en el principal deudor mundial. Como se afirma en la revista Economía Monetaria y Mercados Financieros: «A diferencia de otras épocas en las que el crédito estadounidense impulsaba la recuperación económica de otros países, desde hace tres décadas, Estados Unidos se ha convertido en un importador de capitales.» ¿Cómo evitar esta hecatombe si no es recuperando los grandes despilfarros bélicos mediante el aumento de su tasa de exportaciones que le genere más ingresos fiscales? ¿Cómo lograr esto sino es a través de una trampa política, jurídica y comercial llamada Tratado de Libre Comercio? Los Tratados de Libre Comercio, además, significan un sutil y descarado proceso de penetración, aculturación y saqueo cultural, un desplazamiento de nuestra identidad hacia la periferia para ubicar en los espacios vaciados las identidades advenedizas. Los TLC son un lento culturicidio. Un TLC en las condiciones que trata de imponernos EE.UU. es un arriar la bandera de la soberanía, es traicionar esa parte de la soberanía más preciada de los pueblos: su señorío espiritual. Si se llegara a firmar este tratado bajo los parámetros de la Casa Blanca, sería una desvergonzada traición a la patria, ¡un Culturicidio!, y eso lo sabe la oligarquía pro imperialista ecuatoriana y de muchos países que aún no lo hacen.


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Aun así hay politiqueros que en Ecuador y posiblemente en otros países latinoamericanos dijeron: «y para qué nos sirve la bendita soberanía…», lo que da a entender que para las clases dominantes está muy claro que el TLC será la inmolación definitiva de nuestras patrias soberanas en aras de la soberanía que ellos siempre anhelaron tener, la del país donde tienen sus casas veraniegas, donde están los bancos, donde tienen guardadas sus utilidades, el país a donde mandan a estudiar a sus hijos. Resulta al menos sospechoso que, paralelamente a los procesos de negociación del TLC, nuestros gobernantes de turno hayan aceptado sin solidaridad con sus propios pueblos, las medidas de endurecimiento migratorio que hacen cada vez más difícil el desplazamiento de los latinos a los EE.UU.

Del riesgo país y otros inventos neoliberales Los países subdesarrollados vivimos un camino tortuoso cultural, económico, político, social e institucional como resultado de las políticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional FMI, Banco Mundial BM, Banco Interamericano de Desarrollo BID y otros tentáculos institucionales aliados con testaferros nacionales que son las oligarquías y burguesías nacionales que les representan en cada uno de nuestros países mediante la partidocracia corrupta. Las medidas del modelo neoliberal se implementaron jurídicamente mediante reformas constitucionales impulsadas por los partidos políticos de derecha,


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a través de sus legisladores venales, quienes consignaron con su voto reformas jurídicas e institucionales jamás fueron inspiradas por ellos para favor de sus pueblos. Esas reformas impulsaron con un antipatriótico liborismo, la eliminación de aranceles en beneficio de las grandes transnacionales y de la burguesía exportadora e importadora, suprimieron sistemáticamente los derechos de los trabajadores logrados a través de décadas de lucha heroica, como el derecho al sindicalismo, la estabilidad laboral, el derecho a la huelga y el derecho a la seguridad social, entre otros. Aduciendo la existencia de burocracias doradas dentro del Estado, que sí las hay, así como de ineficiencia técnico administrativa, procedieron a privatizar los servicios más rentables del Estado y a reducir su tamaño burocrático mediante el despido masivo de empleados y trabajadores vía renuncias forzadas, como sucedió en Ecuador durante los años 80 y 90, o en México, o en Argentina, o en Chile, con ello, se preparó el escenario para que la educación, la salud, las telecomunicaciones, el transporte, e incluso la entrega de servicios de seguridad social pasen a manos privadas. Mediante manejos turbios como la disminución del presupuesto a importantes servicios del Estado, crearon el escenario propicio ante la opinión pública nacional e internacional para que el Estado parezca y de verdad se vaya volviendo ineficiente en cada una de las áreas afectadas, incluso violando el mandato constitucional que como en el caso del Ecuador, que tenía previsto como base asignar el 30% de su presupuesto


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para educación pública, apenas asignaba un 5%, antes de la Revolución Ciudadana. De ese modo, hicieron parecer obvio y necesario, que el Estado se deshaga de estos sectores y entregarles a la empresa privada que era «eficiente». Eficiencia solo creada en el imaginario popular por la propaganda mediática de los canales de televisión, la radio y la prensa escrita al servicvio del neoliberalismo. Estas reformas, en el caso ecuatoriano, comenzaron con el proceso de privatización de las empresas estatales en el gobierno de Sixto Durán Ballén, y con mayor fuerza en el de León Febres Cordero. Más tarde, con la aprobación de la Ley 133, que inicia el proceso de «flexibilización laboral» en 1990, durante el gobierno de Rodrigo Borja. Con esta ley se establece la contratación por horas y se restringe el derecho de sindicalización. Las inversiones de los países capitalistas avanzados necesitan que se hagan reformas constitucionales a su medida y se acomoden las leyes a la talla de los inversionistas. Entre los condicionamientos, previa la firma de estos convenios comerciales, los EE.UU. a través del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional obligan a sus víctimas a bajar los índices de «riesgo país». Estos índices tienen que ver con la gobernabilidad, y ésta no es otra cosa que lograr que la clase obrera y campesina, los indígenas, las mujeres, los negros, los estudiantes, los intelectuales y artistas, en fin, todo el pueblo se desmovilice, que no proteste, que el gobierno desti-


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ne los montos más altos de sus presupuestos al pago de la deuda externa antes que al cumplimiento de la deuda social, que exista un ejército y una policía suficientemente fuertes y capacitadas para reprimir al pueblo cuando éste se levante contra los intereses imperiales. El «riesgo país» es un indicador que tiene que ver con la renuncia a la soberanía, a las leyes nacionales, a los derechos humanos, a la defensa del medio ambiente, a darles inmunidad a las tropas estadounidenses en caso de que cometan «crímenes», como si ya no fuese un crimen que se encuentren en cualquier país que no sea el suyo, ensuciando la memoria de nuestros héroes y mártires con el lodo ensangrentado de sus botas genocidas. Y a eso mismo es a lo que se refieren las burguesías serviles cuando, a través de su prensa amarilla, hablan de «atraer las inversiones». Así ¿a qué empresa explotadora no le va a interesar traer sus «capitales golondrina» para, sin mucho esfuerzo, levantarse en poco tiempo con millonarias ganancias? Una vez hecha esta «reingeniería» las transnacionales llegan a invertir en empresas que de antemano saben que son rentables, saquean nuestros recursos naturales, destruyen nuestro medio ambiente, exprimen la máxima plusvalía a nuestra mano de obra y a cambio obtienen opíparas ganancias que les hace cada vez más poderosas, a costa de hipotecar a su propio país al imperio de la muerte. Lo que se busca, cada vez que se habla de flexibilizar el mercado y las relaciones laborales, es eliminar y cambiar las leyes y regulaciones que consagran en la


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legislación la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores para liberalizarlas, dejándolas expuestas a la voracidad del mercado. Un mercado donde trabajo y capital, trabajadores y empresarios, no participan con la misma relación de fuerzas. También la denominada «modernización de las relaciones laborales» termina siendo otro eufemismo con el que a principios de siglo XXI se buscó regresásemos al siglo XIX, cuando la única ley era la de los patrones y el único propósito de la economía aumentar desmesuradamente las utilidades de los empresarios. En Ecuador, a través del tiempo, gracias a las incansables y heroicas luchas de los trabajadores, acompañadas de legislaciones surgidas al amparo de las más diversas ideologías y partidos políticos de corte humanista, se obtuvieron los derechos y garantías que dignificaron el trabajo y defendieron a los asalariados de los crueles abusos de los capitalistas en lo que tiene que ver a los sueldos, a la seguridad social, a los derechos humanos, a las facultades organizativas. Eso es lo que se quiso revertir mientras se hablaba de la firma del TLC en el Ecuador, llevarnos al infierno con un croquis indicándonos: «en ese lugar está el cielo». Los padrinos de la macroeconomía quieren hacernos tragar el cuento de la inevitabilidad de ajustar las relaciones y el mercado de trabajo a los cambios producidos en las nuevas formas de producción tecnológica mediante reformas que tiene que hacer el Estado. Suponiendo que eso sea cierto, ¿por qué deben pagar todos los costos de esos cambios sólo los trabajadores,


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vía la flexibilización laboral, cuando ya han sido sus víctimas y perdedores mediante la baja silenciosa de sus ingresos y la escalada de la desocupación? En esas condiciones de explotación, desde luego que se iban a incrementar las inversiones, pues las leyes laborales en EE.UU., aunque parezca extraño, aun se mantienen vigentes a favor de sus conciudadanos, pero ausentes a favor de los inmigrantes e indocumentados, especialmente si son latinos. ¿A qué voraz capitalista norteamericano o europeo no le va interesar invertir en un país donde todas las ventajas son para él, donde incluso puede cobrar una indemnización al Estado nacional, si hipotéticamente sufriera pérdidas por cualquier razón, conforme rezan las cláusulas en las agendas ocultas de los TLC?

Las patentes naturales son la pérdida de la soberanía… De aceptarse el otorgamiento de patentes a plantas y animales, como pretenden los Estados Unidos, podrían multiplicarse situaciones tan insólitas como la ocurrida en dicho país, donde se patentó el yagé, la planta sagrada de las comunidades indígenas amazónicas. El impacto que una acción de esta naturaleza tiene sobre las tribus del Amazonas es similar al golpe que podrían sufrir los católicos si a alguien se le ocurriera patentar la hostia.

Así lo consideró la profesora Martha Isabel Gómez Lee al intervenir en el II Congreso de la Propiedad Intelec-


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tual, realizado hace un tiempo en la Universidad Externado de Colombia, organizado por el Centro de Altos Estudios de dicha casa de estudios. La profesora Gómez es autora del libro La Protección de los Conocimientos Tradicionales en el TLC. Esta investigadora cuenta que se dio el caso de un científico estadounidense quien tras una visita a la amazonía ecuatoriana regresó a su país con una planta sagrada de yagé y logró que se la patentaran. Sin embargo, aseguró la experta, numerosos casos podrían suceder si los países ricos en biodiversidad, como Ecuador, ceden ante las intenciones de Estados Unidos. El tema de las patentes para plantas y animales rebasa con creces el impacto económico y se ubica en el terreno de los derechos humanos, la soberanía nacional y los patrimonios natural y cultural protegidos por la UNESCO. Basta recordar como luego de la firma del TLC en México, sólo en el Estado de Guerrero, las empresas privadas transnacionales desmontaron el 40% de las selvas naturales. Y ni los movimientos ecologistas, ni las protestas nacionales e internacionales masivas, ni tampoco las enmiendas que tardíamente intentó hacer el Congreso mexicano pudieron detener esa barbarie. Con la desaparición para siempre de especies vegetales y animales endémicas, también desaparecen pueblos ancestrales cuya cultura material era precisamente esa cubierta vegetal sobre la que habían creado mitos y leyendas que inspiraron a sus cantores y poetas, que fueron material de inspiración de sus pintores y de sus músicos, fuente de investigación de científicos en todas


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las áreas. Por ello, en muchas paredes de varias ciudades mexicanas aparece en forma de grafiti la mejor definición de lo que es el TLC: «Todo Lo Corrompe» Los países que firmaron el TLC poco a poco han ido perdiendo la soberanía y el control sobre su cultura y su medio ambiente, más de lo que ya lo tenían perdido, pues cualquier defensa legal de estos derechos soberanos EE.UU. puede interpretarlo como violación al principio de «tratamiento nacional» y apelar al recurso de «lucro cesante y de pérdida de oportunidades potenciales» que consta con distintos términos en este tipo de tratados. Cualquier defensa de la soberanía por parte de nuestros gobiernos o de nuestros pueblos, los EE.UU. la considerarán como «expropiatorias» y por ende un pretexto suficiente para «castigar» mediante el cobro de indemnizaciones o con una intervención militar a los países soberanos. Con la firma del TLC con México, EE.UU. se pretendió patentar la veta inagotable de conocimientos y recursos tradicionales que hacen de América del Sur la región inmensamente más rica del mundo, cuyos pobladores han sido innovadores y creadores informales a lo largo de la historia, han sido precursores y promotores de un acervo intergeneracional que no tiene precio y que de un momento a otro se les quiere arrebatar en una situación de inequidad manifiesta. No será suficiente garantizar a las comunidades dueñas de este patrimonio un reconocimiento económico sobre sus riquezas, sino que la compensación debe integrar acciones de respeto e inviolabilidad a sus territorios ancestrales.


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De otro lado, una explotación indiscriminada de los recursos de la biodiversidad por parte de las multinacionales traería consigo daños irremediables al ecosistema y, en la medida en que las culturas guardan relación directa con él, no solo que se pone en riesgo el equilibrio ecológico, sino la sobrevivencia de culturas milenarias, por lo que la firma de cualquier tratado de libre comercio se convierte en un verdadero genocidio ambiental, cultural, humano. Y aunque no lo digan explícitamente, si descubren que otras áreas de la vida de los países les son altamente rentables, no será de extrañarse que algún momento se atreverán a hacer suyas las pirámides de Teotihuacán, el Templo del Sol y la Luna o el Parque de Chapultepec; o de apropiarse de Macchu Picchu, la Serpiente Emplumada, las Islas Galápagos y la Amazonía, sobre la cual ya existen pruebas documentadas de estrategias «legales», políticas y militares para a mediano plazo hacerse de ella y sus grandes riquezas petroleras y de otros recursos naturales, pues los postulados de los TLC, que están por encima de las constituciones y de las leyes de los países embaucados, se encargarán de hacer cumplir esos designios, incluso mediante el arbitrio de la fuerza. Una de las más oprobiosas condiciones de los TLC es que atentan no sólo contra nuestras riquezas materiales, sino que expone al derecho de saqueo al patrimonio espiritual de los pueblos latinoamericanos. América Latina es poseedora no solo de las más grandes reservas de agua dulce del planeta y de la ma-


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yor biodiversidad, sino también de una milenaria cultura que entraña conocimientos asombrosos sobre las propiedades de las plantas, sus poderes curativos, sus impactos formidables en la salud humana, «avances» del conocimiento logrados hace miles de años que la ciencia moderna, en muchos aspectos, no puede alcanzar. Y como el agua es un recurso natural, otro de los objetivos de este tratado es el de declarar a corto plazo al agua como producto comercializable. No nos olvidemos que el mayor reservorio de agua de nuestro planeta está en el continente americano, y que, debido a la pérdida de la capa de ozono, serán precisamente los países capitalistas industrializados los que primero sufran los estragos del recalentamiento global, de la falta de oxigeno y de agua. No deben estar locos los legisladores sudamericanos para haber acordado en el foro latinoamericano sobre el agua realizado el 1 de Marzo del 2006 «la formación de un frente común para exigir que se retire el agua natural de los Tratados de Libre Comercio y buscar que cada país regule sus recursos hídricos». El poeta Javier Ponce, Ministro de Agricultura de Ecuador cuando escribo estas páginas, en la Cartilla IV sobre el TLC que publica La Insignia dice: «en el caso de Ecuador, está de por medio toda la biodiversidad que comienza a ser manipulada por empresas extranjeras, aprovechándose de las limitaciones financieras del país para emprender en un costoso proyecto de biotecnología. Basta con saber que el comercio anual de medicamentos basados en plantas y sabiduría co-


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munitaria alcanzó en 1997 la cifra de 43 mil millones de dólares, 13 mil millones en tráfico de semillas. Los pueblos indígenas ecuatorianos difícilmente podrán frenar la «curiosidad» de los investigadores en torno a la riqueza de plantas y animales por ellos utilizada, si llegan con tan enormes recursos financieros». Por ello la resistencia de las organizaciones indígenas de todo nuestro continente para que no se firme el TLC. Si se llegara a firmar los oligopolios farmacéuticos tendrán la patente legal para saquear esta riqueza, protegidos por la propiedad intelectual de la que serán sus únicos «beneficiarios legales» aunque jamás legítimos.

Las burguesías traidoras a la Patria En los procesos de las firmas de los TLC EE.UU. ha elaborado un vademécum de principios que deben acompañar a estos procesos. Por ejemplo, entre otros muchos, y aunque aparentemente positivos, el de que en este proceso debe haber «Transparencia» y debe de existir un «Tratamiento Nacional», vienen camuflados otros no muy transparentes como el de que a los Estados Unidos se le debe dar en este tratado un «Tratamiento de nación más favorecida», es decir que, en caso de un litigio, no importa quien tenga o no la razón, los EE.UU. siempre saldrán ganando, pues de antemano en la terminología del Tratado, el gran imperio siempre será la nación más favorecida. Por las buenas o por las malas. Estados Unidos entra a los distintos TLC pateando al perro de la casa a la que le «invitan».


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Para ello, introducen suspicazmente estatutos como el de que debe haber «Protección y vigilancia judicial y militar adecuados», pero protección y vigilancia no para la nación y para el pueblo de contraparte, sino protección para las inversiones de los EE.UU. y sus secuaces locales. La liberalización de las mercancías sin aranceles significará que mientras el Ecuador vende 50 productos a los EE.UU. sin pagar impuestos, lo cual no le hace mella a la más grande economía mundial, los EE.UU. nos venderán sin impuestos 5 mil productos, reduciendo de manera drástica los ingresos fiscales y afectando aún más al presupuesto del Estado. «Desde el punto de vista del búho, el crepúsculo es la hora del desayuno», dice Eduardo Galeano. Cuando este tema era tratado antes de la Revolución Ciudadana, daba pena escuchar a ecuatorianos de clase media defender ingenuamente el TLC bajo el engaño de que eso abarataría el costo de las cosas para los consumidores, o que los productores tendría mejores oportunidades de vender si aprenden a ser competitivos. Las inversiones que hacen las transnacionales en países que firman este tipo de tratados son de corto plazo, son economías «burbuja» o «capitales golondrina» que llegan vertiginosamente y se van del modo que vinieron pero engordadas con el alpiste de las fabulosas utilidades que se llevan como resultado de estas transacciones. Llegan raudas y veloces con el exclusivo fin de explotar nuestros recursos naturales y nuestra mano de


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obra desprotegida. Vienen a saquear el valor agregado que estos dos componentes insertan en la producción agroindustrial e industrial. Bajas inversiones que en corto plazo arrojan una alta rentabilidad. Las exportaciones de nuestros países hacia los EE.UU. no las harán nuestras industrias nacionales, sino las industrias transnacionales que se instalarán en nuestro territorio comercial como ocurrió ya con México y Chile para aprovechar las fuentes de materia prima, la flexibilización laboral, la mano de obra barata, la exoneración de impuestos y otras ventajas más. Si hasta hace algunos años nuestros gobiernos no podían resolver los problemas de la educación, de la salud o de la vialidad cuando todavía cobraban impuestos a las importaciones y exportaciones, cuando ya no los cobren ¿de dónde van a reponer esos ingresos con los que se paga a los empleados públicos, a los maestros, a los médicos? ¿recursos con los que se hacen los caminos, las escuelas, los hospitales? Eso es algo que debemos preguntarles a los neoliberales «expertos» en desbaratar los presupuestos estatales latinoamericanos. Para los sabios economistas burgueses, los «Estados modernos» son los que transfieren las mayores responsabilidades sociales al pueblo y elimina los subsidios a productos vitales como el gas, la gasolina y otros productos vitales. Eso significará patearle en el suelo a la economía popular, pues son medidas que tendrán como respuesta estados en llamas, cuyos culpables, como siempre, no serán los autores de esta infamia, sino sus víctimas,


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los pobres de nuestros países que con todo derecho saldrán a protestar en su contra, a quien las fuerzas del desorden establecido, reprimirán, según mandato del TLC, «con todo el rigor de la ley». Quienes creen que con el TLC van a bajar los precios de los productos en nuestros países, conforme nos mienten sus voceros, están equivocados. Con el TLC no se favorecerán los consumidores sino los importadores. Las grandes transnacionales exportarán hacia nuestros países enormes masas de productos que tienen necesariamente que ser importados por grandes empresas, transnacionales también, que se benefician y se beneficiarán con la sobreoferta de productos más baratos en el mercado libre internacional, pero que en el proceso largo y en cadena hasta el consumidor final irán paulatinamente encareciéndose dejando utilidades a la misma burguesía comercial que hoy maneja el mercado interno. ¡Todos los precios de los productos en el mercado subirán! El TLC no se reduce solo a la importación de productos agrícolas e industriales. La sobreproducción de capitales en los países desarrollados con sistemas financieros altamente rentables obligará a que esos capitales sean «exportados» hacia los países del tercer mundo y preferentemente a los que firmen el TLC, pues dichas inversiones estarán altamente aseguradas. Crecerá sobremanera nuestra deuda externa, deuda de las que se beneficiarán como siempre las burguesías financieras locales pero que tendrá que pagar el pueblo. Esto acrecentará nuestra dependencia neocolonial. Pa-


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ra pagar estos empréstitos nuestros países deberán hipotecar sus recursos naturales y no nos extrañemos si, al cabo de pocas décadas, terminamos anexados como Hawai o Filipinas al gran estado de los Estados Unidos, en un regreso vergonzante hacia la esclavitud.

Un poco de historia de la pérdida de la identidad ecuatoriana Con la dolarización de la economía ecuatoriana el Banco Central de Ecuador quedó convertido en una institución sin sentido: ya no podía emitir moneda, es decir desapareció el Sucre, y Ecuador funciona con el dólar estadounidense. Este es el resultado de una soberanía financiera que, aunque imperfecta y pobre, ¡era nuestra! La actual sigue siendo mala pero además es ajena e impuesta por los EE.UU. El dólar es un dogal que nos mantiene atados a la dependencia. Soberanía política no la tuvimos desde la formación de la República, pues nuestras decisiones eran tomadas en el Fondo Monetario Internacional. Si a los ciudadanos les quitaron su moneda, su música, sus fechas cívicas, sus iconos nacionales, su gusto, sus sabores tradicionales, en fin, si le despojaron la patria mediante un sistemático lavado cerebral intuyo que educarse en el mundo TLC será una actividad suntuaria y funcional a los intereses de despojo del imperialismo.


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Si la cultura de un pueblo es lo que éste produce en el proceso de satisfacción de sus necesidades, con el TLC la nuestra desaparecería de manera más acelerada de lo que ya ocurre. Al consumir lo que otros producen nos enajenamos en su cultura y nos alienamos de la nuestra. La cultura entra en primer lugar por nuestros sentidos, y consumir productos hechos en grandes fábricas de cualquier país, en serie y sin identidad o con una abstracta identidad global, nuestros sentidos se irán desfigurando como ya ocurre con buena parte de cosas que ahora consumimos: Coca-Cola, MacDonald’s, pollos KFC, Chiclets Adams, hamburguesas, jugos de fantasía, en fin mil sucedáneos a nuestras frutas y nuestros alimentos, cuyo sabor ambiguo y sin identidad es el mismo en la China que en la India, en Nepal que en el Congo, en el Ecuador que en Alaska. Todos estos productos han desplazado de nuestro gusto el sabor de nuestras comidas tradicionales. Son alarmantes las estadísticas de niños y jóvenes que repudian nuestras comidas típicas tradicionales pero en cambio se han vuelto adictos a la comida chatarra que son una expresión lastimosa de nuestra dependencia cultural en ese aspecto. El TLC es la puerta para la homogenización de la cultura y para la muerte de la rica y hermosa diversidad que nos hace pueblos tan vivos, tan reales, tan originales y con identidades específicas. Por ahora, son nuestras manifestaciones culturales propias las que acorazan los rezagos de soberanía que nos queda, ellas nos hace únicos, diferentes, dueños de nosotros mismos, soberanos. Con el TLC el


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proceso de globalización será más agresivo y por ende el de desintegración nacional. Si ya ahora la producción musical de nuestros creadores e intérpretes debe enfrentar una avalancha productos musicales de otros países, el marketing que acompañará a la invasión de productos irá imponiendo nuevas modas, nuevos usos y costumbres, nuevos gustos y poco a poco iremos dejando de ser ciudadanos de una etnia, de una cultura o de una nación, para convertirnos en «entelequias seriadas», consumidores de lo que el mercado nos ofrezca y, a la vuelta de una generación, la producción artística ecuatoriana no tendrá cabida más que en los pocos sobrevivientes que queden de lo que antes fue esta cultura plurinacional, llamada cultura ecuatoriana. La nuestra se volverá una cultura arqueológica, quizás solo un folklore. Probablemente sea bueno que nos vayamos reintegrando a lo que un día fuimos, el continente de «Abya Yala», toda América Latina unida en una sola gran nación, con una sola bandera bolivariana que cobije a las retaceadas de hoy, con una moneda única, con un mercado común latinoamericano vigoroso y con manifestaciones culturales que, conservando cada cual su especificidad, sean como la trama de un gran tejido multicolor pero único y fuerte. El TLC no es un proceso impulsado desde nosotros para mejorar nuestras economías y elevar el nivel de vida de nuestras gentes, es un instrumento sutil del imperialismo estadounidense para arruinar nuestros incipientes sistemas económicos y sociales en beneficio de


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la consolidación de sus mega monopolios económicos y, en el campo de la cultura, para imponernos a través del TLC su modus vivendi que incluirá el libre ingreso de sus necesidades suntuarias y el modo de satisfacerlas exclusivamente con los productos que ellos nos venden, para que hagamos suyas sus demandas y excluyentemente los satisfactores que ellos y sólo ellos serán capaces de generar en sus industrias monopólicas. Como dijo el sociólogo estadounidense James Petras: El colonialismo cultural norteamericano tiene dos objetivos, uno de carácter económico y otro de carácter político: capturar mercados para sus mercancías culturales y, capturar y conformar la conciencia popular. La exportación de mercancías culturales es una de las fuentes más importantes de acumulación de capital y de beneficios mundiales para el capitalismo norteamericano y ha desplazado a las exportaciones de bienes manufacturados…En la esfera política el imperialismo cultural desempeña un papel importantísimo en el proceso de disociar a la población de sus raíces culturales y de sus tradiciones de solidaridad, sustituyéndolas por «necesidades» creadas por los medios de comunicación…

La soberanía religiosa que mal o bien existía con la práctica de un catolicismo imbricado de prácticas y creencias ancestrales, también se encuentra amenazada con la presencia de religiones provenientes directamente de los EE.UU... Ejércitos de misioneros que tuvieron durante las últimas décadas la responsabilidad de aplacar las conciencias y de vaciarlas de todo contenido patrió-


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tico, a tal punto de que algunas de ellas prohíben a sus feligreses el culto de nuestros símbolos patrios, les hacen renunciar a sus tradiciones seculares y les reemplazaron la chicha de jora por bebidas de fantasía. La Iglesia Mormona, los Pentecostales, los Testigos de Jehová, los Adventistas, los Protestantes, cien modalidades de las llamadas iglesias cristianas cuyos misioneros de manera sistemática y persistente han venido haciendo un trabajo puerta a puerta en nuestras comunidades, para dividirlas, romper los lazos comunitarios ancestrales y desarraigarles de sus manifestaciones culturales para ir reemplazando el Intiraymi por el Halloween, fiestas de gozo alrededor de la chicha como el Yamor, en la provincia de Imbabura de donde soy, por la Coca-Cola, las comidas tradicionales, nuestros gustos ancestrales, elaboradas por manos amorosas, por comidas hechas en serie y mil basuras más de la denominada comida chatarra, con lo que hemos empezado a perder también esa otra parte fundamental de nuestra identidad que es nuestra cultura gastronómica y nuestra soberanía alimentaria.

Imaginarios de guerra imperialistas Encuestas realizadas en el Ecuador respecto a los porcentajes de niños y jóvenes que leen y de los que se dedican a los juegos electrónicos en la actualidad son escandalosas. La mayoría de los adolescentes prefiere los juegos electrónicos a la lectura. El neoliberalismo favorece el ingreso de esas máquinas libres de trabas lo


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que significa que los procesos de alienación de nuestra niñez y adolescencia irán paulatinamente en aumento. Al alejarse de la lectura más de lo que ya está, nuestra juventud es el chivo expiatorio de la globalización, pues será la población de mayor impacto cultural negativo del neoliberalismo, no solo por la invasión de estos juegos electrónicos, sino por la proliferación de películas en video de producción básicamente norteamericana cuyo contenido violento irá modificando la conducta social de nuestros niños, como ya lo ha hecho en la propia población norteamericana, donde menores de edad, disparan y asesinan sin piedad a sus propios compañeros en las escuelas. En la guerra mediática que EE.UU. mantiene complementariamente contra el mundo, estigmatiza a sus enemigos con adjetivos bien calculados, pero que les calza y corresponde más bien a ellos. EE.UU. es el principal productor y exportador de la «cultura de la guerra» y ahí mismo, en los hogares norteamericanos, la consumen como si esta fuera un producto de primera necesidad. Las tiendas de juguetes, videojuegos, salas de cine, televisión y demás medios de comunicación son tenebrosos escaparates de la muerte que sólo expresan la decadencia y agonía de este monstruo unipolar que no tiene más identidad que con la muerte, pues sus vísceras están ya fermentadas. Pero se resiste y seguirá resistiéndose a morir, al menos a morir sola, por eso intenta arrastrar a su tumba al mundo entero.


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Un profesor de una escuela de EE.UU. declaraba a la prensa de su ciudad: La conducta violenta y agresiva en los niños/as es algo normal, aceptado e incluso animado por muchos padres/madres y educadores/as. Sin embargo, la sociedad siempre se muestra sorprendida por los resultados de la alienación y el crimen juvenil. Hay muchas causas para esta conducta, pero un hilo común es que esta conducta es aceptable para gran parte de la sociedad. La conducta violenta no sólo es aceptada, sino que es activamente animada. Estoy seguro de que el fomento de esta conducta agresiva y violenta tendrá efectos a medio plazo en nuestra sociedad. Lo que estos niños/as observan y representan ellos/as mismos después en el juego, tendrá un efecto enorme sobre sus vidas como adultos…

La mayoría de los niños norteamericanos dedican su tiempo a juegos de televisión que ven en casa. Estos programas no son sino la vitrina para vender a continuación todo un mundo de productos capitalista como camisetas, cinturones, libros para colorear, muñecos. Las grandes cadenas de comida y bebida como incluyen estos personajes en la comida para llevar a casa. Son un gran negocio... El imperialismo se ha encargado de alienarnos haciéndonos confundir entre la realidad y la ficción. El mayor porcentaje de películas que vienen de ese país son visiones distorsionadas de la historia, películas en la que, al contrario de lo que ocurre en la realidad son presentados como ideales del honor, de la belleza, de la


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valentía, de la justicia, del erotismo, del valor, de la inteligencia, de la puntería, de la eficiencia militar, de la infalibilidad. Los héroes norteamericanos en el cine siempre salen victoriosos, mientras que sus enemigos los indios de las llanuras norteamericanas, los japoneses, los negros de África, los mejicanos, los vietnamitas, los paquistaníes, los iraquíes, los colombianos, los cubanos y ahora los venezolanos, bolivianos y ya mismo los ecuatorianos son estigmatizados con términos xenófobos y racistas como indios salvajes, nipones, vietcongs, latinos, chicanos, negros; inmigrantes y presentados en ese cine como sanguinarios, crueles, mentirosos, traidores, ladinos, hipócritas, nunca tienen buena puntería, ladrones, borrachos, machistas, narcotraficantes, terroristas, en suma, gente que merece morir. El sistemático lavado cerebral del cine norteamericano nos va convirtiendo ideológicamente en cómplices subliminales de las fechorías de su gobierno y sin siquiera darnos cuenta, a priori estamos del lado de estos héroes de ficción que encierran paradigmas de la cultura belicista norteamericana y nos alegramos con los genocidios y masacres que el neocolonialismo norteamericano comete contra estos pueblos hermanos, quienes están determinados de antemano a perder, pues argumentalmente son siempre los malos de la película y la trama les conduce, con el beneplácito enajenado de los consumidores de esa cultura, a su derrota irremediable. Esta siempre floreciente industria cultural estadounidense, es una de las que mayores ingresos le aporta al PIB de este país, sin contar la industria de videos y


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de otras empresas dedicadas a la exportación de ideología, por lo que la cultura, no sólo que le es muy funcional a la consolidación de la mundialización neocolonial capitalista, sino que recibe una rentabilidad extraordinaria por lavarnos el cerebro, sin que nos demos cuenta de ello. Esto explica las furibundas reacciones de determinadas instituciones como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que se oponen y se opondrán a que se expidan leyes soberanas de comunicación que de alguna manera filtren estas sutiles formas de neocolonialismo cultural. La Coalición Nacional sobre Violencia Televisiva CNVT de EE.UU. calcula todos los años las ventas de juguetes bélicos con cifras que anualmente superan los 1000 millones de dólares. De cada 6 juguetes vendidos en EE.UU., 5 son juguetes bélicos. Por ello, el doctor Thomas Radecki, presidente de la CNVT dice que «los estudios de las series y juguetes violentos muestran que estos materiales provocan que los niños peguen y agredan a otros niños. Se ha detectado un aumento del egocentrismo, la ansiedad y la agresión a los animales, mientras que ha disminuido ostensiblemente la capacidad de compartir y el rendimiento escolar». En suma, ningún otro país en el mundo ha promovido más violencia en el mundo que los EE.UU. Sus ciudadanos, herederos de esa cultura venden y compran armas en las tiendas de la esquina como si fueran caramelos, y ya no causa ninguna sorpresa que un excombatiente de Vietnam, de Afganistán o de Irak ingrese a un restaurante atestado de gente y masacre a


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sus vecinos sin explicación alguna. Como hemos visto, niños y jóvenes en edad escolar también perpetran masacres contra sus compañeros, influidos por la ética y la cultura terrorista de sus gobernantes. Los educadores, las autoridades, los investigadores sociales, los padres de familia se quejan este momento de la indiferencia, incluso del rechazo de la juventud hacia las actividades culturales y de su enajenación en una cultura del despilfarro, la cultura de la vacuidad, la alienación, que es un conjunto de prácticas extranjerizantes. La subcultura invadirá los mercados con una agresividad sin precedentes. Las manifestaciones culturales importantes como la poesía, el teatro, la pintura, el cine, el ballet, serán desplazadas por esa producción y la venta masiva de películas baratas, más que por el costo, por la vaciedad de sus contenidos, la mayoría de ellos orientados a ensalzar la violencia, el racismo y el terrorismo de estado del gobierno estadounidense y a irnos preparando ideológica y psíquicamente para ver como si fuese normal las masacres a los adversarios del neoliberalismo, a quienes previamente ya los estigmatizaron como narcoterroristas o populistas, que es el neologismo con el que EE.UU. califica a los latinoamericanos que abdican de su política imperialista. La gente, especialmente nuestra niñez y juventud, serán más fácilmente atrapadas por esta subcultura en la que se vende la imagen de que los latinoamericanos somos inútiles, que sin la ayuda del «héroe» norteamericano no nos podemos defender


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de los malos, que por cierto son negros, indios, norcoreanos o colombianos o los socialistas. En buena hora, el pueblo estadounidense no es lo mismo que el gobierno estadounidense y cada vez más tiene pensadores que analizan su propia condición de imperio, uno de ellos, Jeremmy Rifkin dice que: la producción cultural es el estadio supremo de la producción capitalista y será el desafío central del comercio mundial en el siglo XXI. Las utilidades derivadas de todo este proceso cultural ascendieron en 1993 a 125 mil millones de dólares que beneficiaron a 50 empresas norteamericanas en 1997, estas mismas utilidades fueron captadas por solo 7 grandes empresas debido al brutal proceso oligopólico que entraña el neoliberalismo que trata de exportar ahora con mayor fuerza mediante el TLC…

así mismo otro pensador, Jean Tardif, diplomado en Antropología de la Universidad de Montreal, señala: «más que mercancías, lo que más circula en las ondas y las pantallas a nivel mundial, en directo y en forma continuada, son imágenes, conceptos, valores, una visión del mundo. Hablar de industrias de lo imaginario…» confirmando lo que uno de los más importantes miembros de la industria cultural, David Putman, ex presidente de Columbia Pictures, señalaba que: algunos pretenden hacernos creer que el cine y la televisión son sectores de actividad como los otros. Es falso. Modelan actitudes, generan convenciones de estilo, de comportamientos, y de es-


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te modo reafirman o desacreditan los valores más generales de la sociedad. Una película puede reflejar o debilitar nuestro sentimiento identitario como individuos y como naciones…

Soslayando que grandes masas de pobladores ya no poseerán capacidad adquisitiva para obtener falsos satisfactores, se crearán élites sociales mucho más marcadas, cuyo estatus resultante del volumen de compras en el mercado libre irá en aumento dependiendo de la cantidad de dinero y de la cantidad de bienes materiales a que tenga acceso cada persona. Este fenómeno cultural llamado comúnmente arribismo social, viene funcionando desde hace rato y sin el TLC. Hacerle creer a la gente que vale no por lo que es, por lo que hace o por lo que piensa, sino por lo que tiene. Y ni siquiera por lo que tiene de su país, sino por lo que tiene del extranjero. Televisores de mayores pulgadas, refrigeradores de más pies, equipos de sonido con mayor potencia, autos de mejor marca y con más accesorios, relojes lujosos, ropa de marca, electrodomésticos de línea blanca, jabones y perfumes sofisticados, en fin, un listado interminable de objetos cuya adquisición le representará a la persona que trabaja un gran egreso y a nuestros países un deterioro mayor de sus balanzas comerciales pues todos estos objetos irán siempre a fortalecer el sistema monopólico norteamericano, para sufragar sus gastos de guerra y su desastrosa cultura de consumo y de derroche. Pero la ruina de nosotros será a la postre su propia ruina, el desarrollo de sus fuerzas productivas que


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en el mundo de la oferta y la demanda alcanza velocidades vertiginosas terminará generando una sobreproducción escalofriante opuesta diametralmente a los niveles de pauperización de las grandes masas poblacionales. ¿Quién va a consumir esa basta producción si los seres humanos vemos disminuir cada día la capacidad adquisitiva del salario? Y, los que viven por cuenta propia, ¿Con qué van a acercarse al mercado si su pobreza será de niveles dantescos? Por todo esto es preciso fortalecer los procesos soberanos de nuestros pueblos y buscar vías para el buen vivir. Y construir otra historia.


discurso tercero

La Utopía Ecuatoriana Gabriela Rivadeneira Burbano

Independencia Como en su momento dijo el gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre: la independencia no vale nada, si tras de ella no hay un proyecto de construcción de una nueva sociedad justa e igualitaria, en la que los cambios no sean solo de los viejos actores de la política por otros nuevos, sino fundamentalmente un cambio del libreto de la historia de vasallaje que tuvo que vivir América Latina en manos de los colonizadores. Una independencia que extirpe de raíz la injusticia, la explotación y la subordinación; y que altere radicalmente la anacrónica estructura socioeconómica que mantuvo a América Latina y a nuestro país en el más oprobioso atraso tecnológico y en la más anticristiana injusticia social. Un proceso de independencia política sin una contraparte de revolución social, es solo un cambio de actores, más no de estructuras y paradigmas.

Utopía Cuanto Tomás Moro escribió su obra Utopía en 1517, jamás se imaginó que esa ficción se convertiría en un 79


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camino para que transiten por él los grandes sueños políticos y sociales de la humanidad. En su libro, Tomás Moro esboza un modelo en el que el fin último de la sociedad es la Felicidad Humana; una sociedad en la que, (salvo la injusta condición de los esclavos, indispensables según la filosofía oficial de aquel entonces); todos tenían derecho al trabajo, a la educación, a la salud, a la alimentación, al descanso; en suma, a la felicidad, mediante un procedimiento en el que la primera prioridad la tenían los niños, luego los ancianos, después las mujeres embarazadas, seguidas de las personas con capacidades especiales y así sucesivamente. Sociedad ideal en la que el interés de todos los ciudadanos era el bienestar colectivo, comenzando por el bienestar de los demás y solo en segundo lugar el interés individual. Esta es una obra que todos deberíamos leer. ¡Cuánto se adelantó Tomás Moro a las sociedades que ahora tratamos de construir! Acaso por ello, este gran pensador inglés fue abominado en su tiempo y por esta y otras razones decapitado; pues una sociedad tan ideal solo es posible constituirla luchando contra las fuerzas sociales, políticas y económicas que gobiernan las sociedades reales, fuerzas que históricamente han negado la emancipación de los pueblos. Desde ese entonces, la palabra Utopía ya no es el nombre de esa mítica isla cercana a Amauroto, ni tampoco el patronímico derivado de Utopo, su constructor y conquistador.


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Utopía es esa fuerza incontenible de millones de hombres y mujeres que luchan, cada cual en su tiempo y en su espacio, por la construcción de colectividades más justas y más igualitarias, formaciones sociales, modos de producción o estructuras que buscan la justicia social y la felicidad de la especie humana, allí donde precisamente no existen condiciones para la realización de ese sueño. Seres humanos que sacrifican su vida por conquistar estados integrales para toda la sociedad, aunque para ello deban desafiar a las fuerzas perversas que se oponen a esta noble causa. Para los enemigos de Utopía, lo práctico es dejar las sociedades tal como están, no cambiar nada, peor aún invertir el orden de las cosas, por ejemplo el orden de la pirámide social cuyo vértice minoritario siempre debía, según ellos, estar arriba, pues en su astuta ideología, ese orden era un orden divino. El pueblo, la plebe, los vasallos abajo y los poderosos siempre arriba. Poner las cosas a la inversa era un sacrilegio religioso y una subversión política. El mirar la sociedad con ojos alternativos, era evidenciar que los creadores de la riqueza de las naciones siempre fueron los trabajadores; pero paradójicamente, en nuestras sociedades signadas por el poder económico, los productores de la riqueza siempre carecieron de ella, fueron eternamente los más pobres, mientras que las clases ociosas vivían opulentamente apropiadas de los bienes materiales y culturales generadas por los pueblos a través del trabajo.


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Eloy Alfaro Para Eloy Alfaro, cuyo pensamiento y acción es paradigma de la Revolución Ciudadana, impulsar el desarrollo mediante la integración regional y la industrialización fue una utopía que no debía tener contradictores, mas ese sueño histórico, desde sus inicios, tuvo enemigos y escollos de orden político, económico e ideológico, aparentemente imposibles de salvar. Esos enemigos eran la burguesía agro exportadora de la costa y la aristocracia serrana, la cúpula de la iglesia retardataria y el monstruo ideológico enquistado invisiblemente en los medios de comunicación de aquel entonces, socavando la conciencia de la desprevenida población, que creía ingenuamente que los poderes fácticos de la iglesia y de las otras instituciones del estado, eran imparciales y veraces. Los cambios que Alfaro impulsó en procura de convertir en realidad sus ideales irían a beneficiar el desarrollo económico del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población, de nuestra soberanía, beneficios impensables el uno sin el otro. Sin embargo, la ínfima minoría dominante apropiada de las riendas del estado, frustró en parte esos sueños mediante aquella nefasta hoguera bárbara, atizada por el poder mediático con el auspicio de invisibles manos imperiales que ahora tratan de interferir en ese proceso alfarista que queremos culminar, como antesala de la construcción de la sociedad del Buen Vivir.


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A pesar de todo, las utopías siguen aquí Pero las utopías nunca mueren. Pueden asesinar a todos los utópicos y las utopías seguirán allí. O como decía Neruda: «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera». Las utopías seguirán allí como los horizontes; seguirán con nosotros, así como nuestra esperanza. Ahora ya está en camino esta Revolución de los pobres, de la patria dispuesta a construir en la realidad la sociedad del sumak kawsay. Quienes ahora se rasgan las vestiduras diciendo que el proceso actual está atropellando la democracia, se olvidaron de pronto de que fueron ellos quienes, haciendo abuso de ella, expulsaron a tres millones de ecuatorianos que ahora hacen cola en la fila de la esperanza para retornar. El Feriado Bancario y la sucretización de la deuda no fueron sino el puntillazo con el que se asesinó la esperanza de millones de ecuatorianos. Esos ecuatorianos que para apoyar a su país, ahorraron de centavo en centavo en bancos nacionales; mientras que sus banqueros expatriaban sus capitales a paraísos fiscales, pues quien sabe si tenían ya en mente apropiarse de los ahorros de los ecuatorianos Y esos heroicos hermanos exiliados, sin rencor alguno para con sus agresores económicos, enviaban día a día sus remesas de dólares con las cuales no solo salvaron la dolarización, sino que salvaron a los propios bancos gracias al sacrificio de su trabajo en el exilio.


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Una nueva patria Desde hace 6 años que eso ha cambiado, hoy Ecuador es una patria nueva. Esa utopía que vislumbrábamos se está haciendo realidad. Ahora en nuestro país existen menos pobres, pero no solo eso; poco a poco, la pobreza extrema de tragedia nacional se va transformando en un triste recuerdo del estado caótico en el que nos dejó el neoliberalismo. En este mismo período se ha logrado rescatar del mercado de trabajo a casi medio millón de niños. Hace seis años, la polarización económica de nuestra sociedad era una siniestra caricatura del reino de la desigualdad que padecimos. En este corto período, la aspiración de reducir la brecha entre ricos y pobres que fue una utopía, ahora empieza a ser realidad. En estos años se ha bajado en siete puntos esta brecha entre ricos y pobres, lo que es un claro indicio de acierto del plan económico de este proceso revolucionario. Aunque hemos caminado a trancos, aun las causas de la desigualdad y de la pobreza que son estructurales siguen ahí. Es que esas causas se gestaron no en una década, ni en dos, ni en tres. Se gestaron en 500 años de colonialismo y neocolonialismo, en dos siglos de vida republicana capitalista y en un cuarto de siglo de neoliberalismo. Por eso constituye un reto histórico que, en tan solo seis años de historia y teniendo una obsecuente oposición del poder económico y de su poder ideológico-mediático, la Revolución Ciudadana haya po-


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dido reconstruir la patria mancillada en todos estos y otros aspectos; reconstruirla con alta calidad humana, con alta eficiencia técnica administrativa y sobre todo con alta certeza política, amparados en una nueva Constitución. Así como la Revolución Ciudadana lo ha hecho, los países latinoamericanos ahora demostramos que es posible incluso cambiar el destino, ese destino impuesto por el sistema donde el capital busca someter a países con recursos naturales y a pueblos soberanos a su interés geopolítico. Y que, como decía un grafiti de mayo de 1968: «Lo difícil es lo que se puede hacer mañana, lo imposible lo que toma un poco más de tiempo». Nosotros estamos haciendo lo difícil, pero también lo imposible. Ahora todos los sectores sociales y económicos tienen la oportunidad de una superación con dignidad. Tanto que nuestros hermanos con capacidades especiales, que fue la población invisible de este país, que fue la población maltratada y discriminada por los gobiernos neoliberales; ahora son los mimados de la Revolución Ciudadana, gracias a ese otro gran amante de las Utopías como es Lenin Moreno. Y en tan solo 5 años se dignificó la vida de 130.000 ecuatorianos con discapacidades. Ellos constituyen la fuerza y la esperanza de este proceso de cambio, pues no obstante su circunstancia particular, nos han hecho ver que son unos fervientes revolucionarios de la esperanza, unos ecuatorianos extraordinarios a quienes solo hacía falta darles una oportunidad para que nos inunden de sonrisas.


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Una revolución educativa Parte fundamental para sostener este proceso es la revolución educativa, la gran aspiración de tener una educación contemporánea y moderna, pertinente a los requerimientos del desarrollo nacional pero también a los estándares académicos internacionales. Una educación altamente científica y profundamente humanística, liberada de la manipulación politiquera de determinados grupos que a lo largo de nuestra reciente historia, le convirtieron a la educación en botín político. Para esto, había que cambiar este sistema educativo fragmentario, anacrónico y desarticulado de la realidad. Esta sigue siendo hasta ahora una de nuestras demandas: Transformar este país en el que todo su sistema educativo era un archipiélago por un sistema articulado y coherente, labor fundamental de esta Asamblea Nacional en coordinación con el Ejecutivo. Para ello, los recursos que antes se destinaban al pago de una deuda externa que nuestro pueblo jamás contrajo, ahora se invierten en la gratuidad de la educación. En este aspecto, la Revolución Ciudadana fue más allá: las escuelas del Milenio y el Proyecto Yachay jamás fueron soñados por alguien antes de este proceso. Sin embargo, si queremos que nuestro país sea alguna vez no solo consumidor sino productor de conocimientos, teníamos que hacer de este sueño una realidad y este proyecto al momento, le pone al país en la palestra académica mundial.


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Soñar en cosas más altas Nuevos vientos de independencia soplan en América Latina. Bolívar, Sucre, San Martín, Recabarren, José Martí, el «Che», Joaquín Murieta, Tupac Amaru, y nuestras 3 Manuelas se han levantado de su lecho de utopías para inspirar nuestro camino. Y todos aquellos sueños que pensábamos que jamás se cumplirían, no solo que se están cumpliendo, si no que nos han puesto a soñar en cosas más altas, más grandes. Ahora entendemos que no puede haber verdadera independencia económica y política si es que no existe al mismo tiempo justicia social. Ni puede haber una sociedad justa e igualitaria, si es que la patria vive maniatada con el dogal del neocolonialismo depredador de nuestra naturaleza, saqueador de nuestra plusvalía, y exterminador de nuestras esperanzas.

Las juventudes Esta revolución recién empieza y sabemos que la fuerza de los procesos de cambio, requiere del concurso unánime de todos los ciudadanos y ciudadanas, pero requiere un poco más de la fuerza de la juventud. La juventud tiene la ineludible responsabilidad de sostener por más tiempo las llamas de la antorcha libertaria. Mientras tanto, seguiremos forjando en los niños mediante la educación, el espíritu patriótico que


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garantizará que los ideales bolivarianos del Buen Vivir no nos sean arrebatados por la farsa mediática y la partidocracia agonizante.

Las mujeres Quién se hubiese imaginado que las mujeres, cuya lucha revolucionaria por sus derechos tiene siglos de sufrimientos, ahora hayamos logrado captar más espacios en lo económico, político, social y cultural. En esta misma Asamblea somos el 40% de sus integrantes. Pero más importante que estas cifras evidentes, es el rescate de la dignidad de la mujer trabajadora, de aquellas mujeres humildes condenadas por nuestra idiosincrasia machista a ser objetos del trabajo doméstico, cuando éste no es reconocido como otra fuente de producción. Durante siglos estuvimos acostumbrados al trato feudal, discriminador y machista que condenaban a la mujer a las tareas invisibles de la sociedad. Como si no fuera el más duro de los trabajos en el campo levantarse madrugado a encender el fogón y hacer el desayuno para su esposo y sus hijos. Y luego dedicarse a las agobiantes faenas agrícolas; traer agua del río o de la fuente más cercana, recoger la leña, hacer las otras dos comidas para su familia, arreglar la ropa, abrevar al ganado, lidiar con las plagas de sus cultivos, en fin. Muchas de estas mujeres, para llevar un medio más a casa, debían dejar sus comunidades para ir a tra-


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bajar en las ciudades en calidad de empleadas domésticas en condiciones degradantes; sin un salario equivalente al volumen de su esfuerzo y de sus lágrimas, sin seguro social, sin siquiera el buen trato que una trabajadora se merece. Cuántas de estas mujeres no habrán tenido también su pequeña utopía de liberarse de este rezago de esclavitud en pleno siglo XXI. Ahora, estas mujeres ya no serán esclavas nunca más, ya son por fin seres humanos en igualdad de derechos que todos y su trabajo por ley, ahora debe ser compensado con un salario digno gracias a que la Revolución Ciudadana tomó en cuenta por primera vez nuestras sencillas pero justas aspiraciones.

La Revolución cultural Y nuestra Constitución también recoge las utopías culturales. Nunca antes la cultura había tenido el valor que tiene ahora. La Revolución Ciudadana entiende que cualquier proyecto de desarrollo, sin identidad; no es sino un simple desarrollismo. Los procesos de desarrollo, cuando no van de la mano de procesos culturales, pueden convertirse en procesos depredadores de la soberanía y el patrimonio, por eso el compromiso de esta Asamblea de aprobar para el pueblo ecuatoriano la ley de culturas. De ahí que, ese viejo sueño de Benjamín Carrión y de miles de trabajadores de la cultura que soñaron con un sistema integral de cultura que escuche sus de-


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mandas, que las acoja, que vele por sus intereses y los intereses culturales de los pueblos y nacionalidades; ahora, no solo que es una realidad, sino que, la Revolución Ciudadana ha puesto como una de sus prioridades la revolución cultural que potencie la inmensa pluriculturalidad del país, que promueva el talento de sus artistas y escritores; pero fundamentalmente que los cambios en las matrices de desarrollo tengan como componente primordial las culturas y la cultura; pues muchos de los anacronismos que impiden los procesos de cambio, tienen que ver con las viejas prácticas culturales que nuestra población arrastra desde la colonia.

Un Ecuador plural El Ecuador ya no es un país en el que la cultura dominante excluía a las culturas populares, por mandado constitucional, el nuestro es un Estado Multiétnico y Plurinacional en el que se ha visibilizado por fin la riqueza de nuestras etnias como parte de nuestra soberanía espiritual y del patrimonio nacional. Hoy somos uno de los 3 países del mundo que cumple con los derechos colectivos de los pueblos indígenas, lo que le ha valido incluso un reconocimiento internacional. Por primera vez en la historia ser indio, ser negro, ser cholo, ser montubio ya no es un estigma del cual nuestros niños y jóvenes tengan que avergonzarse. Ahora es motivo de su orgullo y se puede ver como a los largo y ancho de la patria, cada ciudadano y ciu-


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dadana de diferentes etnias y nacionalidades ostentan hasta con sana vanidad su sentido de pertenencia a sus ancestros. Estos pueblos que estuvieron aquí siglos antes de la invasión hispánica, son los verdaderos dueños de la tierra. Ellos que fueron despojados de sus utopías mediante el saqueo, el genocidio y el exterminio. Ahora por fin tenemos un proceso que está recuperando la patria que es nuestra, las riquezas que les pertenecieron, para devolverlos a través de programas educativos y de salud; de vialidad y de seguridad social; de desarrollo agropecuario y de turismo comunitario, acordes con las demandas de la modernidad pero respetando los iconos de su idiosincrasia, de su cultura, de su identidad.

La utopía de la integración y de otro mundo posible Bolívar no solo soñó en la liberación de esta América india. Soñó también en construir sobre ella una gran nación unida. Una gran nación diversa pero hermanada. Una nación en la que no existan fronteras ni físicas, ni políticas, ni espirituales, ni geográficas, ni históricas. Un continente donde impere la justicia, donde las leyes no sean artimañas de las clases dominantes para acorazar jurídicamente su dominio. Un territorio sin cadenas, capaz de verse y de hablar cara a cara con las grandes potencias del mundo. No por vanidad, sino por


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estrategia; pues solo el desarrollo socioeconómico y la integración garantizan una duradera independencia. Ahora, esa utopía de Bolívar, que es también la Utopía de Martí, de Mariátegui, de Allende, de Sandino, de Manuel Ugarte, de Vasconcelos, esta utopía de Chávez y de Néstor, de Fidel, se va cumpliendo poco a poco. Nuestro país, por primera vez, ya no es una «Banana Republic», ni parte del «Patio trasero del imperio». Es, aunque pequeño, un David soberano que habla de igual a igual con Goliat, una pequeña nación andina que habla horizontalmente con todos los países del mundo, no importa el peso geopolítico que ostenten. El Ecuador ya no es peón en el tablero del Fondo Monetario Internacional ni del Banco Mundial. Es un país con un solo mandatario que es el pueblo. Hemos roto las jaulas de la opresión para relacionarnos libremente con los países cuyos intereses coincidan con los nuestros. Y hemos tejido junto a los gobiernos y a los pueblos libres de nuestro continente, una sólida malla de hermandad política, económica, social y cultural que están logrando que las fronteras sean como dice la canción de Joan Báez, solo «puntos y rayas» virtuales en la vieja cartografía de la vieja y falsa división política de América Latina. Nos corresponde a las actuales generaciones revolucionarias, no sólo continuar este proceso sino terminarlo de fraguar, para que nunca más nuestro continente vuelva ser colonia de ningún imperio. La Celac, el Alba, el Mercosur, la Unasur, son columnas vertebrales de una nueva América Latina des-


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colonizada. A diferencia de las viejas instituciones que bajo la égida del gran imperio, solo sirvieron para desintegrar nuestra esperanza, y para mantenernos sumisos al designio del mercado capitalista internacional. Esos son los puntos nodales de la nueva América Bolivariana que estamos construyendo en hermandad con otros pueblos latinoamericanos.

Nuestra Asamblea Nacional En lo que a nosotros corresponde, tememos una de las mejores constituciones de nuestro continente, pero para que ella cumpla con su papel histórico, es necesario que construyamos el andamiaje legal y estatutario desde esta Asamblea. Esta Asamblea es el arma y la herramienta de nuestro pueblo para vigilar que los postulados de la Constitución de Montecristi no se tuerzan y sus legisladores ya no somos más los amanuenses de la oligarquía para hacer leyes a destajo en función de sus intereses, sino los depositarios de la utopía de nuestro pueblo para parir, a tono con su historia pasada, presente y futura, las leyes necesarias que inauguren el nuevo Ecuador que nuestros hijos se merecen. Ya no es el tiempo en el que los legisladores desvirtuaban su noble función tramitando partidas o leyes a destajo para beneficiar a pequeños grupos regionales. Es el momento de poner los cimientos de la nueva patria, los pilares de la Nueva América Latina. Si bien tenemos una constitución que es la hoja de ruta de la Asamblea, la inteligencia e inspiración de


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todo cuando hagamos debe provenir de nuestro pueblo, de nuestras ciudadanas y de nuestros ciudadanos. Para ello, cada legislador debe fortalecer su cordón umbilical con esa fuente de inspiración cívica y democrática que es nuestra ciudadanía, la de cada provincia, la de cada cantón, la de cada parroquia. Desde allí deben nacer las propuestas para que nosotros las canalicemos en este espacio, abriendo los debates que sean necesarios, siempre y cuando no sean el ardid que siempre usó la vieja partidocracia para sabotear los cambios que necesita la patria. ¡Debate sí, diálogo de sordos jamás!, ¡Debate sí, pedantería y grosería, nunca! Nuestro pueblo no nos eligió para remendar el circo de la demagogia al que nos tuvieron acostumbrados los poderes fácticos, nos eligió para dignificar esta Asamblea en la que toda propuesta, venga de donde venga, será considerada siempre y cuando sirva para apuntalar la nueva patria y no para restaurar las ruinas de ese viejo país feudal, neocolonial y neoliberal que estamos enterrando. Y este proceso no será una ruta florida, será más bien la ruta del salmón, cuesta arriba, llena de escollos, llena de enemigos asechando detrás de la maleza para sabotearlo. De adversarios más frontales que, desde una oposición conspicua, esgrimirán sus tesis, como es su derecho y si sus tesis coinciden con las tesis de nuestro pueblo, serán bienvenidas. El debate no es solo de ideas, detrás de ellas existen intereses seculares que están en juego, los intereses de


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quienes vivieron a costilla del subdesarrollo, del modelo económico agroexportador y financiero que no quiere que se hagan cambios en su matriz productiva. Pero por otro lado están los intereses de los pueblos, de los ciudadanos y ciudadanas, de los niños y de los jóvenes, de las mujeres y de los ancianos, de los indios, de los negros, de los montubios, de los cholos, de nosotros los estudiantes que queremos recuperar la patria que nos fue arrebatada, no para usufructuar egoístamente de ella; sino recuperarla para el buen vivir, para que todos los ecuatorianos, de toda condición social, de todos los rincones de la patria puedan tener acceso a él, a un estado de felicidad que aún es utópico, pues si bien es cierto que es mucho lo que se ha hecho en estos pocos años, es mucho más aun lo que queda por hacer.

Una utopía y un Macondo América Latina y el Ecuador aún son una Utopía realizándose, construyéndose. Una Utopía y al mismo tiempo un Macondo. La tierra más hermosa y mágica del mundo, la tierra con la mayor biodiversidad del planeta y con la mayor diversidad cultural constituida, no solo por la fuerza cultural de nuestros pueblos originarios, sino por el éxodo permanente que desde hace siglos sigue recibiendo en su mágico libreto de reconstruir cada día su ficción y su historia.


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América Latina y Ecuador son una poesía al mismo tiempo trágica por los siglos de opresión, pero también esperanzadora por los caminos que estamos construyendo. Somos parte de una epopeya en la que nos ha correspondido ahora ser sus gladiadores, sus amautas y sus amazonas, ser los héroes; pues siempre fuimos tratados en ella como los villanos. Y esta vez no vamos a equivocarnos. No vamos a arriar la bandera. No vamos a creer que el triunfo de una batalla es el triunfo de la guerra. Mientras exista un solo niño pobre, excluido de la educación, de la salud, del derecho al ocio y a la recreación. Mientras exista una familia sin trabajo y sin vivienda. Mientras exista un ciudadano desamparado de la seguridad social. Mientras existan artistas, escritores, artesanos imposibilitados de desarrollar su talento en beneficio de la patria y excluidos del bienestar material. Mientras exista un solo joven al margen del sistema educativo o del mercado laboral. Mientras exista un solo bosque amenazado inútilmente por la acción depredadora de la ambición de empresas mezquinas e inconscientes, mientras existan estos rezagos de injusticia; ¡la guerra no estará ganada! Ganaremos batallas cada día, pero la guerra seguirá en pie y en ella estaremos los jóvenes verdaderamente revolucionarios, las mujeres verdaderamente conscientes ocupando con orgullo y dignidad las trincheras de vanguardia, siempre dispuestos y dispuestas a dar nuestra fuerza, nuestro talento, nues-


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tra moral incorruptible al servicio de la patria. Y si es necesario, nuestra vida. En este camino encontraremos amigos, compañeros, camaradas dispuestos a andar con nosotros esta jornada histórica. Encontraremos revolucionarios que sin decir que lo son, pondrán toda su energía para que demos el salto que la patria necesita. Pero también encontraremos obsecuentes opositores del cambio que sin saber a qué oscuros intereses sirven, colocarán escollos en el camino con el ánimo de frenar el avance de la patria hacia el futuro. Pero mientras la utopía exista, nosotros los utópicos seguiremos luchando por ella y hoy, la utopía se llama Revolución Ciudadana.


discurso cuarto

Vamos perdiendo el miedo Camila Vallejo Dowling Es difícil hacer el balance del presente año de nuestra federación, el solo hecho de sentarse y evaluar, repasar los contenidos, lo hecho y lo olvidado, son ejercicios que requieren de tiempo y tranquilidad, dos elementos que hasta el momento no hemos tenido y que dificultan los análisis a la hora de repasar el año transcurrido. A esto hay que sumarle la profundidad y alcance que tuvo el movimiento social por la educación, ya que, al contrario de lo que se ha querido presentar, no abarcó tan solo lo meramente estudiantil ni tampoco se contuvo en las paredes de nuestra Universidad, por el contrario, detonamos un movimiento que sacudió al país, contagió al continente y puso los ojos del mundo sobre nosotros y nuestros resultados, por lo que hacer un balance de la FECh que tan solo abarque a la FECh no es sensato ni tampoco corresponde a la realidad de nuestra gestión. De todas maneras, para partir quisiera agradecer a todas y todos quienes han sido parte fundamental en la construcción de este proceso. A los funcionarios de la FECh por su compromiso y trabajo intachable durante el año, por su paciencia y lealtad a la organización, a pesar de lo difícil que es trabajar con estu99


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diantes todo el día, cuando aún ellos no entienden a cabalidad las condiciones del mundo laboral. A ellos les debemos nuestro más sincero respeto y el compromiso por hacer de su trabajo un valor a cuidar y resguardar. Sin lugar a dudas, a mi familia y a Julio, que gracias a su incondicional apoyo, amor y entrega pude desempeñar gran parte de mi trabajo en la FECh, incluso en los momentos más difíciles. A los funcionarios de la Casa Central que nos acompañaron en la toma y ayudaron a cuidar la Casa de Bello. A los académicos que se pusieron la camiseta y que desde oscuros laboratorios, bibliotecas y oficinas sacaron una voz que hace mucho tiempo no se hacía escuchar en nuestra universidad. A los que se involucraron activamente y no sólo de palabra, a los que madrugaron por tener que preparar el trabajo del paro del día siguiente, a los se mojaron en las manifestaciones, a los que bailaron, actuaron y crearon por este movimiento. A los secundarios por su capacidad de entrega y valentía, a los estudiantes de instituciones privadas que lograron renovar los aires de este movimiento, a los profesores por trabajar codo a codo con los estudiantes pese a los constantes ataques recibidos, a los pobladores que nos acompañaron en los cacerolazos, las barricadas y las asambleas territoriales, a los trabajadores de la educación y de otros ámbitos que hicieron tremendos esfuerzos por solidarizar y acompañarnos en las movilizaciones y muchas veces también en las discusiones.


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En fin, a todas y todos quienes desde sus diferentes frentes de acción, aportaron pequeñas y grandes cosas a este movimiento. Y no quisiera dejar de lado a los que no están presentes, para compartir este importantísimo proceso, pero que, sin lugar a dudas, han sido grandes referentes de la historia, sin los cuales no habríamos tenido capacidad política, teórica, moral e histórica de poder levantar y conducir este movimiento. Hablo de Marx, de Lenin, de Recabarren, de Violeta, Víctor, Gladys, de Lucho Corvalán, de Gramsci, de Allende y tantos otros a los cuales les debemos esto y mucho más y que van siempre a nuestro lado en esta larga marcha. En segundo lugar, quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones que nacen de la experiencia, de las vivencias básicas que este 2011 dejó estampadas en nosotros, hoy tenemos la más profunda convicción de que la fuerza erigida a partir del movimiento debe constituirse como una verdadera posibilidad de transformación social en Chile, debe significar un cambio en la vida de nuestro pueblo y debe constituirse en un ejemplo de lucha para todos los pueblos del mundo en su camino por conquistar más democracia, más justicia social y protección de nuestros derechos fundamentales frente a los embates y colonizaciones del mercado. Tengo la más plena seguridad de que para todas y todos ustedes, este año ha significado uno de los más importantes procesos de maduración y desarrollo tanto personal como político. Este es un año en el que todos hemos aprendido, por lo tanto todos hemos ganado. A algunos les tocó aprender cayendo duramente, a otros


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les tocó aprender que lo hecho en el pasado tiene valor en el presente y se configura como determinante para el futuro, a otros les tocó aprender que no se podía mantener por siempre al pueblo engañado y desmovilizado. En definitiva, este es un año en que sin duda Chile ganó y eso es motivo de orgullo para los estudiantes de nuestra casa de estudios, hoy día podemos decir con más fuerza y autoridad que la Chile es de todos los chilenos, hoy podemos mirar sin vergüenza al país y decirle: esta es tu Universidad y desde ella luchamos por un Chile nuevo, desde ella luchamos porque en sus aulas vuelvan a caber los hijos de todo tu pueblo, hijos de buena familia no bastan para nuestros sueños. Debemos decir también, que durante este proceso tuvimos aciertos y errores, alegrías, frustraciones, encuentros y desencuentros, incertidumbres y certezas, en definitiva, un sin fin de experiencias que, sin duda alguna, estarán siendo en estos momentos revisados en el fuero interno de cada uno, para constituirse posteriormente en el conjunto de elementos que servirán para la proyección de un mejor escenario político en los años venideros. Y digo esto, porque entendiendo que cada cual de manera individual o colectiva habrá hecho o estará haciendo este análisis, proceso al cual me gustaría poder aportar algunos elementos. A esto quiero comenzar señalando, que iniciamos este período con mucha claridad respecto al rol que debíamos jugar los estudiantes y la comunidad universitaria en general, en el proceso de transformación y


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democratización no solo de nuestra universidad, sino que también en el conjunto del modelo educacional, cuestión que señalábamos como un paso estratégico en la dirección de hacer avanzar nuestra sociedad hacia un modo de vida más justo, democrático y libertario. Comprendíamos con claridad las razones del por qué en Chile se inició un proceso de desmantelamiento de la educación pública y a la vez entendíamos la importancia Fundamental que tenía la configuración de ello con el resultado de la obra total del modelo neoliberal que otrora nos heredaran a sangre y fuego. Asumimos que no teníamos razones para soportar y seguir soportando las condiciones impuestas de un modelo por el cual nadie nos había preguntado y es entonces que decidimos salir a la calle una vez más, pero ya nuestro despliegue, nuestro discurso y nuestro convencimiento se encontraban fuertemente armados, ya no era solo cosa de niños, ya no era cuestión de tiempo. Entendimos que antes de hacer educación había que pensar la educación, que antes de hablar de calidad debíamos discutir entorno a ella y no aceptar un concepto impuesto y aprendimos sobre todo a no caer en el vicio de elaborar y demandar reformas que no tuviesen coherencia política con la sociedad a la cual aspirábamos vivir y legar a nuestro pueblo. Cuando hablábamos de cambios estructurales al modelo, hablábamos de construir un sistema educacional que pudiese contribuir a superar la odiosa condición de inequidad, segregación, exclusión y marginalidad con que aún dominan a nuestro pueblo. Que


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permitiese por vía de la democratización del conocimiento, en cuanto a su acceso, su apropiación y su generación, desarrollar una plaza contrahegemónica a los principios y reproducciones materiales del modelo mercantilista, catalizador de las más profundas desigualdades e injusticias de nuestra sociedad. Este año pudimos también experimentar muy felizmente, uno de los momentos de mayor debate y participación en nuestros espacios universitarios, fenómeno materializado en los distintos claustros triestamentales y en encuentros que no sólo lograron demostrar que tenemos un gran potencial para la construcción de comunidad universitaria, sino que demostraron también que esa construcción es posible, que podemos elaborar propuestas y dar una señal al país de que lo público se evidencia en estos esfuerzos incomprables por el dinero. Ahora nuestro principal desafío será potenciarlos y hacer que lo que emane de esos espacios de integración pueda constituirse en patrimonio de la sociedad y en verdaderas herramientas de transformación para nuestro pueblo. Todo esto exige una mayor participación de toda la sociedad chilena en el cuidado y cumplimiento de sus fines. Quiero también destacar, la necesidad que tenemos como país de avanzar hacia un cambio de paradigma en la forma de hacer universidad, la Chile ya no es la misma de antes, en cierta medida y de cierta forma, hemos cambiado de lenguaje y seremos todos nosotros, estudiantes, funcionarios, académicos y autoridades, los Responsables de conducir a nuestra


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Universidad hacia una ruptura del statu quo y el orden actual existente. Debemos hacerla avanzar hacia la construcción de nuevos espacios de encuentro, donde se puedan analizar y poner en cuestión las más diversas formas de vida y posturas político-ideológicas; donde la diversidad debe pasar de la teoría a la práctica cotidiana y se logre la interacción intelectual y humana que nos permitirá ir abordando la complejidad de las problemáticas actuales y futuras de nuestra sociedad. La verdad es que Chile toma cada vez mayor conciencia de que necesitamos dar pasos decididos en la construcción de un sistema de educación que termine con el progresivo cercenamiento de la identidad y diversidad cultural presentes en nuestro país, que abandone la repetición de estandarizaciones y consignas, la ejecución de órdenes y la búsqueda del logro individual como objetivo inculcado a los estudiantes y académicos, la aceptación de las reglas del mercado, el conformismo y la desmemoria, para cambiarlos por un espíritu de unidad en la pluralidad, por una nueva disposición a educar al conjunto del pueblo, cuyo fin sea su emancipación moral, intelectual y material. Para esto, nos ha resultado indispensable la toma de conciencia de que la educación debe ser entendida como un derecho universal y una inversión social y no como un bien de consumo como algunos nos han pretendido hacer creer. Sin embargo, compañeras y compañeros, es importante tener claridad de que no podemos caer en el mismo error de los movimientos reformistas de nuestra


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historia. Si bien entendemos la vigencia de las demandas contra la segmentación del conocimiento y las concepciones tecnocráticas y autoritarias de la enseñanza y reeditamos las propuestas a favor de la autonomía universitaria, el pluralismo, la libertad de cátedra, la participación de los estudiantes y trabajadores en la dirección de los establecimientos, no podemos creer que ésta sea la única vía para fundar una nueva sociedad. La tradición liberal iluminista que nos hace creer que el conocimiento es o será LA principal riqueza de Chile y, que la reforma universitaria, o de la educación en general basta para lograr la emancipación de nuestro país a través de la cultura, es algo que aunque coherente y noble, carece de sustento material. La revolución social no es antes que nada ni tan solo una reforma intelectual y moral, sino que por sobre todo, es una transformación radical en las relaciones de poder político y de acumulación económicas vigentes en nuestra sociedad. Nadie podría negar que un pueblo culto es menos vulnerable a la dominación y al sometimiento, sin embargo, esa democratización y acceso a la cultura no se obtienen de manera gratuita por parte de los dominados, por el contrario, se arranca con convicción y energía de la mesa del festín de los poderosos. Cómo lograr esas conquistas debe ser una de las principales interrogantes en estos momentos y una de las mayores tareas pendientes que deja este movimiento. No es menor que después de 7 meses de movilización, durante las cuales logramos legitimar nuestras


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demandas y representar a más de un 80% de la población, no hayamos logrado avances en términos de nuestras propuestas y nuestras reivindicaciones más sentidas. No cabe duda que a estas alturas del año, cuando ya es compartido que el movimiento logra dar el salto cualitativo desde la demanda gremial-corporativa a una demanda estructural y de carácter político, las mayorías que salen a las calles ya no son sólo mayorías endeudadas, sino que son mayorías guiadas por la más profunda necesidad de contraponer a la avaricia y la soberbia del sistema, la dignidad de los seres humanos y la recuperación de sus derechos. Efectivamente no es sólo una consigna decir que Chile cambió, en cada esquina y en cada calle vemos cómo Chile va perdiendo el miedo, cómo la gente vuelve a creer en la posibilidad de los cambios y en la acción colectiva como forma necesaria para alcanzarlos. Atrás queda el pueblo callado y domesticado, acostumbrado al conformismo y al individualismo, incapaz de levantar la voz ante la injusticia y los abusos, por el contrario, la gente sale con alegría a las calles a recuperar la esperanza perdida, sale a decir con fuerza: ¡ya basta de desigualdad, basta de lucrar con nuestros derechos fundamentales y basta de esta pírrica democracia de los consensos! Sin duda que este movimiento ha logrado evidenciar con mayor fuerza las falencias del sistema, lo cual ha significado un cambio cultural en nuestro país y, aunque embrionario aún, nos permite abrirnos a la posibilidad de avanzar hacia un estado mayor de concientización y de lucha social.


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Este año, también ha quedado demostrado que con un gobierno de derecha los avances sociales a favor del pueblo son un imposible, el sistema político presidencialista logra que el ejecutivo tenga la sartén por el mango y puedan hacer y deshacer según como le venga en gana. Por otra parte, las consecuencias del binominalismo se hacen sentir con fuerza en el parlamento, configurando mayorías opuestas a la ciudadanía y dejando un margen de acción muy estrecho para fuerzas sociales y políticas contrarias al dictamen de los poderosos. Alterar este orden, también es una tarea pendiente de nuestro movimiento, ya que las consecuencias de ello se harán sentir con fuerza en proyectos de ley que ya están siendo tramitados en el parlamento, tales como el proyecto de desmunicipalización, Superintendencia, Ley de Universidades Estatales, Democratización, Fin al Lucro, entre otros, los cuales de no mediar una acción política y social poderosa y eficaz por nuestra parte, serán arreglados al gusto de unos pocos y para el desmedro de millones, tal como se han venido haciendo las cosas en nuestro país a lo largo de estos últimos treinta años. Y he aquí un punto de maduración importante que hemos adquirido con este movimiento: nuestro principal problema no es de recursos, es de democracia. La reproducción del poder político sobre sí mismo con independencia de la inclusión y participación de las grandes mayorías ciudadanas ha hecho a nuestra democracia perder valor y a nuestros ciudadanos per-


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der interés por ella. Lo que ayer fue un profundo anhelo de generaciones enteras que entregaron su vida por obtenerla, hoy es solo un mal recuerdo por el que no vale la pena ni siquiera interesarse. La clase política contra la cual algunos creen luchar, no es más que el reflejo del ordenamiento del poder existente en nuestra sociedad, para nosotros no existe «la clase política», existen las clases sociales, donde se inscriben dominados y dominadores, explotadores y explotados. No podemos seguir aceptando el uso de un concepto vago y poco definido, que viene por sobre todo a atenuar y confundir el centro de las preocupaciones que como pueblo debemos tener para superar el actual esquema de dominación existente en nuestro país. Es a esos sectores a los que hay que desplazar de la toma de decisiones, a quienes gozan de la acumulación de capital, sumado a la acumulación de poder político, comunicacional y cultural. A los que hoy toman decisiones por nosotros y no nos permiten participar directamente en la construcción de nuestro propio futuro. Ellos son la geometría del poder que se constituye como la gran mordaza a los avances del pueblo chileno en materia de derechos y reivindicaciones y es contra sus privilegios por lo que luchamos. Por lo mismo, es que no entendemos como aceptable la renuncia a la disputa de espacios de representación dentro de la institucionalidad política, no podemos negarnos a subvertir la correlación de fuerzas al interior de esta espuria institucionalidad burgue-


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sa, muy por el contrario, ello debe constituirse en uno de los pasos fundamentales que este movimiento logre dar, no el único, pero sin lugar a dudas debemos trasladar la mayoría de las calles al interior del parlamento y el aparato del Estado, y que vuelvan a ser los trabajadores, pobladores y estudiantes quienes manejen las riendas de su propio futuro, participando, sin otros intermediarios, en la elaboración de las leyes y normas que nos devuelvan nuestros derechos. Hoy, producto de la histórica movilización desencadenada en nuestro país, hemos logrado provocar fisuras y resquebrajar la construcción hegemónica neoliberal dominante, instalada hace ya más de treinta años por la dictadura. Sin embargo, esta aún no está derrotada, tiene fisuras y está agotada, pero nada indica que no pueda recomponerse sobre sus propias fuerzas, como históricamente lo ha hecho y vuelvan por tanto, nuevamente las fuerzas neoliberales y reaccionarias a ganar poder para reestablecer su hegemonía e incluso blindarla. Existe una crisis de legitimidad del neoliberalismo, eso está claro, ahora de nosotros y de las fuerzas democráticas depende avanzar con convicción y fuerza para derrotar a la maquinaria vil que ya no se puede seguir sosteniendo. La fuerza y presión democratizadora que están generando los actuales movimientos y organizaciones sociales ya no son sólo en demanda de reformas sectoriales al modelo, sino que por sobre todo, son para hacer avanzar al país hacia la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, ahí está el desafío estratégico de nuestro movimiento.


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No quiero terminar, sin antes enunciar algunos de los desafíos que como país tenemos pendientes. Chile debe avanzar hacia un modelo de sociedad que sustituya el principio de la competencia por el de la cooperación, que sustituya al individualismo por la solidaridad y la acción colectiva, a los bienes privados por los públicos, que permita la socialización de las fuerzas productivas y el reparto equitativo del trabajo común, el reconocimiento efectivo del derecho de cada persona a vivir plenamente su vida intelectual y moral. Se requiere urgente renovar la vida pública para recomponer el tejido social, ensanchar los cimientos de la justicia, y construir una nueva geografía del poder, donde no se permitan más abusos ni explotaciones. Las esperanzas del pueblo están en todos nosotros, y los estudiantes, los demócratas y la izquierda chilena no pueden desconocer el nuevo escenario en el cual estamos inmersos, menos todavía repetir viejas recetas que con la experiencia histórica ya se han visto fracasadas. Debemos ser capaces de fijar un nuevo horizonte para nuestro desarrollo, un nuevo camino por el cual transite nuestro modelo de sociedad y nuestra democracia, necesitamos un nuevo marco en el cual todos por igual tengamos los mismos derechos y las mismas libertades. Para finalizar, quiero decir que lo que viene es tanto o más importante que lo pasado, quizás el próximo año no haya movilizaciones tan masivas como las de este, pero ello no será excusa para que la lucha no se in-


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tensifique. Quiero darle mis saludos a Gabriel, decirle que cuenta con todo mi apoyo en este año de gestión que le tocará vivir, que pese a los inventos mediáticos y diferencias de pasillo que pretenden instalarnos, ambos sabemos que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa y que puede esperar de nosotros, los comunistas, todo el apoyo y la lealtad en esta enorme lucha que juntos enfrentamos, que tal como hace cien años, seguiremos estando firmes junto a los trabajadores y el pueblo, articulando la lucha social en sus más diversas formas, para así proyectar una alternativa de democracia real para todos los chilenos. La primavera promete nuevos frutos, dependerá de todos nosotros, cuán dulces puedan ser.


discurso quinto

Juventud y anticapitalismo Patricio Rivas H. El Criticón: En una guerra que gira en torno a los
bienes supremos de la nación, es decir, lucrar y
tragar, el plan infernal de provocar una hambruna es
un recurso mucho más ético, por ser más armónico,
que el empleo de lanza llamas, minas y gases. K. Kraus, 1991 A Luciano Carrasco, hijo de nuestra generación.

La voluntad del corazón Demócrito golpeó los sueños fútiles al señalar que la esperanza de los idiotas está despojada de razón. Para construir la esperanza, como voluntad de las nuevas subjetividades, urdidas en todo tipo de espacio creativo en los últimos treinta años, hay que comenzar por abandonar la tristeza y asumir todas nuestras biografías como portadoras potenciales de una realidad absolutamente nueva y emergente, pero en estado de espera. Se 'necesita mesura y coraje para que el dolor, que nos devora las entrañas, permita sacar a la luz

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los retazos y fragmentos de los varios mundos alternativos que coexisten escurridizamente en las costuras del nuevo pensamiento totalitario, sembrado por las oligarquías financieras y sus centros intelectuales neoconservadores. Fragmentos que están ahí y son un caudal de fuerza moral y política. Para dejar el miedo atrás y las brumas encantadoras de la ausencia del riesgo, hay que recuperar las armas morales de las cuales disponemos y precipitar en nuestra conciencia la reapropiación de las capacidades creativas que hemos heredado y que se encuentran apabulladas por los ámbitos disciplinarios, que expropian nuestra energía intelectual y fisiológica para
reproducir relaciones de poder y dominio, en el orden liberal del capitalismo. Las confrontaciones a nivel del cuerpo son por ello el territorio social donde es posible involucrar toda nuestra capacidad para romper los diversos cercos que se yerguen en nuestros entornos, para pasar de la heteronomía social y cultural a la autonomía de la imaginación y de la fuerza moral. Por ello, es que es imperativo una reinvención, no de las izquierdas como aparatos políticos, sino de las identidades de la izquierda, plurales, diversas y no reductibles a lo que el mundo actual parece permitir, sino a aquello que está más allá de lo posible y que se instala en el ámbito de la pasión por reinventar el concepto de realidad y sus propias prolongaciones de una realidad no fáctica, de unas izquierdas del sigloXXI, que supera sus rancias inercias.


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Es un grave error negar la trascendencia que ha tenido el campo de las experiencias anticapitalistas, en casi dos siglos de existencia autónoma, y aunque la mayoría de ellas se hayan transformado en la manera astuta en que el orden social de la burguesía se extendía, es trascendente que estos experimentos no se hacían al amparo de su imagen, se realizaban en nombre de un paradigma que buscaba superarlo. Estos fueron intentos por transparentar sus negaciones y tallerizar en millones de búsquedas el logro de un orden social justo, que ha estado por tanto tiempo pendiente. El problema consistió en el déficit de conocimiento histórico acumulado, en no saber cómo generar las condiciones de existencia material sin reproducir, al mismo tiempo, un orden social fragmentado por la desigualdad y la acumulación de poder. Hoy es posible plantearse esta tarea a partir del reconocimiento que se han generado las condiciones fundamentales para una conciencia social plena a nivel de la abrumadora totalidad de la especie humana, ya que son cada vez más los que pueden y en muchos casos quieren asumir que la gestación de un nuevo modo de vida no dependa de la expropiación y concentración del poder en una pequeña fracción dirigente. Aquí radica el vértice transformador y origina de lo que denominaremos más adelante el despliegue de la revolución social. Hoy la izquierda social es mas amplia que nunca en la historia del capitalismo. Lo contrario de la desesperanza es creer y la fuerza de esto radica en saber que, de en uno en uno, asumidos como moléculas, somos impotentes y portadores


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de la frustración y de la autodestrucción. Asumir la totalidad de nuestras eventualidades, la dualidad cruel y creadora, es amplificar las capacidades de nuestro ser social en la vinculación con otros sujetos individuales y colectivos que dan lugar a la realización, no en la ingenuidad del cumplimiento simple de nuestros deseos, sino en la construcción de una existencia que duplica sus espacios heurísticos en cada relación con los otros, obligándonos o impeliéndonos a la autotransformación, a la consideración del otro, a la necesidad de superar la frustración y nuestros impulsos destructivos y autodestructivos. Estamos proyectados a pensar con todo el cuerpo y con todos los seres humanos, eso es la inteligencia como relación. La dramaticidad de lo reciente ha sido episódicamente expuesta. En gran medida porque el arte y la cultura contemporánea política y de sentido se mueven obsesivamente en la lógica de los circuitos comerciales, que exigen entretención o problematizaciones livianas, para que los cuerpos cansados encuentren un espacio psicológico de recuperación de sus fuerzas fatuas. Sin embargo, y cada vez con mayor recurrencia desde el cine, la novela, la poesía, el ensayo y los movimientos sociales irrumpen los fragmentos de «realidad» social y psicológica que nos recuerdan la drasticidad de los días en que vivimos, la expansión de situaciones sin salida dentro de su propia lógica y el autoencierro de personajes que en capitalismo tardío son y expresan la locura presente, en un laberinto que desde sus inicios lleva al barranco sin grandes misterios pero que en su narrativa gana tal magnitud de representación que nos


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permite penetrar en el alma de sujetos que han sido lanzados a las crisis cesantías, a las guerras, a las pérdidas de dignidad en brazos de torsiones sociales de alcance casi telúrico, que ponen en evidencia nuestra pequeñez individual frente a lo que ocurre. El drama devastados, de Sarah Kane hace años que, constituye ese tipo de reflexión artística y política que, es algo más que cruda y perturbadora, es desgarrante porque localiza en la cotidianidad sórdida la trampa carnívora que recorrió todo el siglo XX y que hoy nos amenaza con su extensión de guerra abierta o encubierta hacia los espacios de la vida cotidiana. Los personajes terminan en diversos impases aniquilándose y devorándose a través de ritualidades ancestrales de destrucción del otro, para consumar con un mínimo de anchura la propia destrucción. Reseña condensada, no de los riesgos que pueden ocurrir, sino de los eventos que han venido aconteciendo, sin prensa y sin espectacularidad, en la violencia silenciosa desde el fin de la Guerra Fría. Si el arte crea sentido y valor, a través de la ilusión de la verdad, el sujeto actual ve proyectada sus carencias en el juego de personajes voraces, corruptos o cínicos que han amplificado su presencia demográfica en las filas de quienes han dominado al mundo y han contaminado gravemente a quienes desearon hasta hace muy poco transformarlo. No es necesario acudir a la teología para asumir que el mal es parte de la dramaticidad humana y que cohabita en nuestra condición de animalidad. No basta con la conciencia o el programa lúcido, la cues-


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tión pasa por asumir todas las dignidades del otro como condición de mi propia situación, tema que estuvo, entre otros, prolíficamente presente en las reflexiones de los denominados «socialistas utópicos» desde el siglo XVIII y de la ética de la izquierda social hoy a nivel mundial que quizás por eso han recuperado una activa actualidad. Estamos en los prolegómenos de una tercera gran transformación del orden mundial. La primera correspondió a la expansión y constitución del capitalismo como modo de producción material basado en el desgaste productivo de los cuerpos humanos, proceso que se extendió desde la Revolución Industrial hasta el primer gran conflicto armado entre las Potencias hegemónicas, entre 1914 y 1918, y que produjo una anomalía de gran originalidad en sus inicios con la irrupción de la Revolución plebeya y popular en la Rusia Zarista, fermentando una propuesta que entre 1917 y 1925 constituyó, efectivamente, una experimentación de orden revolucionario. Pero la lógica del poder stalinista asfixió esta tentativa al imponerse la opción más regresiva de ese intento de construir el reino de la libertad. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial se generó otro ciclo por la dirección de los asuntos mundiales entre las fracciones más dinámicas del capitalismo internacional y la Unión Soviética, que ya no era el Estado de los revolucionarios en el poder, sino de una clase burocrática que acumulaba y administraba los excedentes producidos por una economía centralmente planificada. Este periodo se explayó hasta el derrumbe de este


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modelo, como resultado de su incapacidad para modernizarse y reformarse desde la cúspide, dando así lugar a una mutación de los mapas mundiales del poder durante toda la década del noventa. El stalinismo operó con la lógica de una contrarrevolución, de una restauración de la sociedad jerárquica en el campo de la creación revolucionaria. Sus brutalidades expresaron cruelmente, en ese momento, el gigantesco déficit de inteligencia social acumulada para construir un orden de iguales. Debemos integrar a nuestro análisis la elasticidad que ha evidenciado el capitalismo desde la década del setenta. Es necesario asumir y comprender que este no se ha quedado en el formato, parafraseando a Max Weber, del capitalismo de cátedra. Más que volver a releer El Capital, se trata de leer el capitalismo, conocer sus tecnologías, reconversiones y puestas en escena, entender crudamente el presente, de la acumulación de capital a escala mundial. Este sistema ha logrado ensamblarse a las subjetividades, a las experiencias morales y a la vida cotidiana de la totalidad de los procesos sociales que ha abarcado, pegándose como una segunda piel a los cuerpos de sus víctimas que compiten despiadadamente entre sí para poder seguir viviendo sus vidas sórdidas sin recursos, sin llegar a ninguna parte. El capitalismo ha estado lejos de dogmatizarse en una sola forma, se ha mostrado adaptable, flexible y polivalente. Es decir, ha sido capaz de reinventarse frente a cada crisis, asumiendo la crítica artística y la crítica social desde su propia lógica fetichista. Para lo primero


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ha expandido las industrias culturales y al artista como asalariado de sus propias invenciones. Para lo segundo, ha transformado la crítica de la razón instrumental en el concepto de modernización de los procesos, pasando desde la razón instrumental a la locura de la tecnologización como fundamento, totalizante de vida. Es irónico que los conflictos de 1968, que criticaron el modo de ser de la sociedad burguesa en todo el occidente, hayan sido una de las fuentes que le permitió al capital redefinirse, pasar de la repetición al transformismo, y quienes en aquel período contestario y radical, inspirados en Marx, Freud, Nietzsche, Marcuse, en el surrealismo y en las vanguardias estético artísticas, se hayan congelado en ese momento sin ser capaces, durante demasiado tiempo, de refundarse, de hacer el balance arqueológico de sus avances y entrampamientos, para terminar en la decepción, el abandono o el autoaislamiento. Los licenciados del 68 mundial se desplazan como figuras proféticas negativas o positivas de esta segunda gran revuelta del siglo XX. La primera aconteció después de la guerra 14, a la que T. S. Eliot le dedicó Tierra Baldía, entre 1920 y 1939 emerge una pléyade de creadores, muchos de los cuales serían asesinados en los campos de concentración nazi. Los del 68 no vivieron la experiencia del nazismo, pero sufrieron las represión en Europa y EEUU, el genocidio en América Latina y la reinstalación de un nuevo tipo de sociedad del capital, transnacional, globalizado y cada vez más alejado de sus idearios de democracia liberal. El


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impacto de esto y del derrumbe de la Europa del Este produjo en los sesentaiochistas una transformación del piso existencial, de tal magnitud que sus efectos pueden ser analogados a los de una guerra. Pero también están «los sobrevivientes»
de E. Canetti, partisanos de los desplazamientos, portadores de soledades fructíferas y de ansias de articulación social. Se les puede observar porque no juzgan ni acusan, ni enrostran a los suyos de antes y de ahora, tejen diálogos inconclusos para poder salir con todos del pantano. Ellos son los nexos generacionales, que a veces sin saberlo, resuelven los puzzles de la memoria. La velocidad y profundidad de la reconversión sistémica del capitalismo, desde que Yelsin sobrio se subiera a un tanque, parodiando a los estudiantes chinos masacrados en la Plaza de Tiananmen, ha conocido dos etapas, desde 1991 al 11 de septiembre del 2001, la cual fue administrada con el criterio de la contención de las zonas de conflicto y del disciplinamiento de los diversos sistemas políticos que son parte del tejido mundial: Estados, instituciones y organizaciones representativas. En este periodo operó el espíritu artesanal del aprendizaje frente a las mesuras que imponía la bestia de la nueva realidad, especialmente grafícada en la exyugoslavia y patentemente en el fracaso de la política hacia África. En América Latina los dirigentes de transiciones democráticas resultaron ser muy buenos alumnos. Pero a partir de los atentados en Nueva York se ingresa, francamente, en la fase bélica y de guerras «asimétricas» de éste reordenamiento. Es la propia lógica


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de la acumulación de riquezas y poder la que impele a los centros mundiales a ajustar la totalidad de las dinámicas nacionales e internacionales a la hegemonía de lo que Negri (2000) ha denominado ensayísticamente «Imperio». Hemos ingresado así al ciclo del «duelo» (Clausewitz) al interior del cual se busca la derrota moral de todos aquellos que pueden plantear disidencias y resistencias efectivas a este mundo globalizado. Se trata de un ejercicio sistemático por desarmar intelectual, moral y organizativamente las resistencias de los hombres y mujeres, que por sus biografías, sensibilidades y opciones de vida, buscaron durante todo el siglo XX producir procesos sociales alterativos signados por la democracia, la horizontalidad y la igualdad, desde distintas matrices programáticas. Lo que caracteriza este nuevo impulso estratégico de los núcleos financieros dominantes es el genocidio, parcial o general, de los opositores a través de operaciones ideológicas y políticas de detección, cerco y neutralización. Ya antes la antipsiquiatría de Basaglia, Cooper y Laing nos había insinuado, desde su disciplina, esta tendencia. No estamos en presencia de excesos irracionales, sino de enfoques en extremo sofisticados por ocupar los territorios geográficos y sociales, con orientaciones de explotación intensiva y extensiva de los tiempos de vida y, simultáneamente, con el propósito de avanzar hacia las subjetividades, hacia la psicología profunda de la especie humana para incrustar la certidumbre, no sólo de que este es el único mundo posible y racional, sino más importante aún, que no hay alternativa y que lo que corresponde es la resig-


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nación sumisa de las voluntades y pasiones libertarias, que desde el Renacimiento habían venido fermentando utopías y búsquedas, en América Latina desde todos los momentos de su historia. Al servicio de esto se han propuesto teorías instrumentales, como la del Choque de Civilizaciones, o el Fin de la historia, o la crisis de las democracias, que ya habían sido enunciadas por la trilateral a mediados de los setenta, que organizó y encabezó Henry Kissinger. Aunque sus antecedentes más primarios hay que escarbarlos en la muerte de las ideologías de Daniel Bell hacia fines de los 50. Este proceso en su conjunto corresponde a una crisis general de la civilización tal cual la conocimos hasta bastante avanzado el siglo XX. La gran intuición de la Escuela de Frankfurt, especialmente de Walter Benjamin, antes de los campos de exterminios y de la bomba atómica, fue sugerir esta eventualidad, pero sus palabras se secaron frente al ángel de la historia, en los textos universitarios, quedaron sumidas en las aulas académicas y en estudiantes eruditos que no lograron penetrar el mundo del sentido común, hasta que Vietnam, Brasil o Chile evidenciaron que no eran las razones de una teoría, sino la teoría de una realidad masificada. Los Osvaldos Romos o las escuelas de mecánica de la armada en Chile y Argentina, demostraron que el terror en la época de la reproducción mecánica puede ser industrializado y que hace parte orgánica de las etapas de crisis e incertidumbre. Hoy el reino del capital somete al ámbito de lo social, en todas sus porosidades, a la ley del valor, que


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es trivializada como la esfera del mercado donde todo se compra y se vende, pero que contiene intrínsecamente la pesadilla de un Hobbes o de un Montesquieu, consistente en la guerra de todos contra todos, que no se produce en su forma bélica, sino en una afán de competencia, lucro y ruptura ética, donde la victoria de cada cual corresponde a la derrota del otro. Incluso las grandes religiones monoteístas se ven avasalladas en sus versiones populares frente a este mensaje que supone la negación de la solidaridad social básica y el triunfo de una individualidad que se desploma internamente en sus propias patologías. Ley del valor que no solo implica la ganancia neta, la victoria del valor de cambio frente al valor de uso, sino que lleva implícita la expulsión de lo competente frente a la competencia, de lo asumido frente a lo original, de la reconversión ante lo lúdico y lo nuevo, el lucro de cara frente al espíritu humano. Ley del valor que teje la globalidad de las relaciones de mercado, con un trabajo ultra calificado que ya no puede ser reducido a mediciones simples de taller o fábrica, sino calculado en la dinámica de los flujos internacionales. Pero al mismo tiempo, fases de la reproducción, circulación, reparto de las rentas, relocalización y expansión tecnológica que ya no constituyen compartimentos estancos, sino que se mezclan y yuxtaponen en realidades y conceptos cada vez más complejos que descolan la economía política de cátedra hasta hoy dominante y obliga recurrentemente a recetas hechas a la medida de realidades locales o regionales, pero que al


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estar construidas por procesos locales terminan siempre estando por atrás y por debajo de lo necesario. Pero sucede que al interior de este mismo proceso largo, de la historia del siglo XX, se fueron forjando capacidades intelectuales, morales y políticas que han multiplicado contundentemente las potencias humanas para construir un orden más justo. Es decir, hoy son muchos más y más capaces los hombres y mujeres que aspiran a una sociedad diferente que los que existían en 1848, en 1917 o en 1959, por tomar como referencias la Primavera de los Pueblos, el intento de la Revolución Rusa, o el acotado experimento de la Revolución Cubana, que en el largo ciclo de los procesos humanos serán sólo episodios por revolucionar esta organización de la «realidad». Serán una suerte de espartacos, gracos o cristianos primitivos, que dejaron una impronta de la cual hay ahora que tomar el brebaje que trasunta libertad y que nos impulsa a dejar sobre la mesa aquello que está encadenado al pasado. Por ello, se puede sostener de que este ciclo de crisis civilizatoria confrontará, a lo ancho de la totalidad de los territorios mundiales, a las fracciones más dinámicas de la economía internacional con diversos grupos y fuerzas, que desde las sociedades civiles, comienzan, aún lentamente, a agruparse y a recuperar confianzas en sus propias opciones. A construir sus nuevos sujetos colectivos e internacionalizados. Si miramos los vectores de la historia, desde una perspectiva social, lo que comenzamos ha observar y a tomar gradualmente conciencia es que se viven tiem-


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pos de revolución social, de grandes cambios en las maneras de vivir y de concebir la existencia, la naturaleza y la propia vida como proyecto. Pero el camino será duro, ya que la expansión del orden dominante ha producido una masa de miseria material y moral que hace difícil los avances y que transforma el descontento de los excluidos y de los golpeados en una cotidianidad blanda y muchas veces cínica. Esto genera grandes posibilidades de coOptación del orden sistémico que excluye a una vertiginosa velocidad. Las relaciones de poder estrangulan muchas de las oposiciones a través de tácticas inmateriales, que modifican al propio cerebro e inteligencia en instrumentos de producción y en valores de mercado. Pero como se ve, la multiplicación de los disidentes es un hecho, que a pesar de esto, es demasiado extendido como para que la generalización de la ley del valor, desde lo material hasta lo psíquico, no encuentre enormes obstáculos, o para que la coaptación sea eficiente en el largo plazo. Las derrotas, que sin lugar a dudas
hemos vivido y sufrido, contienen en su
seno nuevos dispositivos de rebeldía que confrontan, de manera más o menos velada, al poder con la potencia intelectual y social de quienes resisten, desde diversas astucias, a pesar de los cercos mediáticos y de las tácticas de idiotización masivas. La mutación de la sociedad y los pesimismos de la década del 90 se dieron en un contexto de grandes sufrimientos psicosociales y culturales. El orden político del mercado mundial es el «Imperio», pero este existe


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y se ha construido sobre arenas movedizas. Lo que está hoy en juego es el futuro de la especie humana en su doble condición, de especie biológica y social. Las formas de la lucha, a la cual somos convocados, si queremos que el concepto de humanidad siga teniendo como sustrato la libertad, no se dibuja como en los textos clásicos en los formatos de un ataque contra el poder y sus instituciones legitimantes, sino en la saturación de ensayos libertarios de todo tipo, que permitan antes que nada, reagrupar a los nuestros, reconstruir las confianzas y curar las heridas, haciendo balances rigurosos de nuestro propio pasado, muchas veces encuadrado en los despotismos ilustrados o en los voluntarismos suicidas. Pero más importante que esto, es que seamos capaces de reconocer y aprender de los distintos movimientos sociales que en estas duras condiciones han ido tejiendo nuevos programas modestos, dialógicos e igualitarios, que constituyen hoy un primer estadio de esta nueva resistencia, sin sucumbir a las trampas, grotescas, de optar por los talibanes «del petróleo» frente a los del «dólar». Se trata del ámbito de la ética, de la construcción de las fuerzas morales que remiten al conocimiento riguroso de las distintas realidades y a la justicia y transparencia como valores fundamentales de la acción. Nos han tocado tiempos difíciles, pero existencial y ontológicamente debemos reinstalar la rebeldía como principio, la esperanza fundada como soporte de la voluntad y la convicción de que la aventura de la vida tiene sentido cuando asumimos la totalidad de los


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dramas humanos como un dolor propio y como una responsabilidad ética de especie. Extendamos nuestros nexos al ámbito internacional, saltemos por arriba de los conceptos de lo local y lo nacional, internacionalicemos nuestros esfuerzos y saberes y utilicemos todo lo que la propia expansión tecnológica nos ofrece para reproducir ampliadamente nuevos niveles de inteligencia colectiva, de inteligencia social, sin cosificarnos en enfoques rígidos y lineales. Generemos, a partir de la ciencia, del arte y de los saberes populares, nuevos lenguajes e ímpetus para la acción, superemos la versión estrecha y suicida del economicismo y la política convencional. Asumamos como determinante lo social, abarquemos la totalidad de los problemas y heridas que arrastran el hombre y la mujer del siglo XXI, sensibilicémonos frente a todos sus pesares y multipliquemos todas sus intuiciones, que constituyen la poética de la vida. No sólo en grandes gestas, que por lo demás nunca pueden ser preparadas o administradas, sino que también revolucionemos la vida cotidiana, las relaciones interpersonales, expandiendo las ternuras y los afectos para recuperar y reinventar el concepto de vida como un ensanchamiento de las potencialidades del ser, arrancándolo de la jaula donde ha sido sometido y sofocado. Durante el año 2003 asistiremos a un intento de fondo por encuadrar el eje de los conflictos alrededor del desarme y derrocamiento del régimen de Saddam Husseim en Irak y, a partir de ahí, disciplinar todos los rechazos y hostilidades que este orden en gestación esta produciendo.


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Las consecuencias globales del conflicto del Medio Oriente marcan así el esfuerzo más sistemático por doblegar a quienes, sin compartir, los integrismos de ninguna naturaleza, comprenden que los focos del Medio Oriente ponen en riesgo la paz mundial y las posibilidades de un orden democrático.

Todos se estan transformando en trabajadores productivos Los procesos del trabajo se han transformado en un campo móvil y socialmente efímero desde la década del 80. Desde esa década las formas de producción de mercancías no han cesado de mutarse y relocalizarse, esta metamorfosis del mundo del trabajo que continuará su proceso de aceleración, de suerte tal que, es posible que de aquí a diez años la realidad de la economía internacional sea profundamente distinta a la actual, en base a la expansión de las nuevas tecnologías, a la modificación de las habilidades laborales y a las transformaciones de las estructuras de consumo, vinculadas a nuevas formas de satisfacción edonista y fetichista. Se puede configurar un socio mercado de la vida, la existencia psicosocial y cultural se ha ubicado en un bazar de intercambio, con pequeñas satisfacciones compradas y grandes frustraciones controladas. Estos grandes cambios de la economía reconvertirán las resistencias y luchas de los trabajadores del período clásico de la industralización del siglo XX en eventos arqueológicos. Millones de personas en todos


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los países del planeta serán desplazadas del mundo laboral e integradas a diversas formas de exclusión, muchas de las cuales serán subvencionadas por el Estado con subsidios económicos que buscarán esencialmente preservar a estos sectores como clientes de una tranquilidad política comprada. Desde luego este no es el Estado de bienestar, es el del control social orgánico. Cuando no se logra la paz social, dentro de los cálculos de costo de la seguridad interna, se conculcan y asfixian las demandas hasta agobiarlas en potencia política. La desterritorialización como fenómeno en expansión, se orienta a aumentar las eficacia y las formas de expropiación del cuerpo humano. De hecho, el desgaste biológico y psicosocial de las personas es utilizado productivamente en el mundo de la economía y de la estabilidad política como un plus de poder. Esta funcionalización de los desgastes provoca un empobrecimiento moral y un agobio de las capacidades de resistencia frente a procesos que parecen tan imparables como desconocidos. Es claro que el ensanchamiento de las tácticas comunicacionales y la saturación de los torrentes simbólicos, doblega y nubla la capacidad de entendimiento de aquellos que habiendo nacido culturalmente en el contexto del siglo XX estaban habituados a una suerte de orden cartesiano del discurso en esa ingenua percepción de emisor-receptor, a la verdad, a la demostración, o al habla desde la racionalidad. Lo que vemos en marcha es una reconversión desde dentro del sujeto; no asistimos, como se supone ingenuamente, a la muerte del sujeto de la modernidad,


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sino a la eclosión de todas sus cualidades productivas y perceptivas, a un nivel tal, que la conciencia de ese proceso queda exhausta y agobiada frente a la dinámica del mismo hecho, pero, paradojalmente, a medida que se desplaza la máquina de recomposición de subjetividades y las estrategias de transformación productiva y política del capitalismo mundializado aparece primero bajo la forma de resistencia y luego, en muchas partes al amparo de nuevas creaciones, una novedosa poética deseante, una retorna de conciencia de ese sujeto bombardeado que comienza a contemplar que se le abren nuevas posibilidades, justamente porque se hace clara su naturaleza mundial y su articulación de intereses con muy distintos personajes de todos los territorios del mundo. Es el momento del nuevo sujeto deseante, curtido en los conflictos silenciosos de las últimas décadas. Es una realidad abierta y ambigua, por una parte, las nuevas formas de producción de mercancías ponen en crisis los marcos, los parámetros, las costumbres y los hábitos consolidados en la vida económica y social del siglo XX y por otra, aparecen nuevas subjetividades de resistencia y nuevas ganas de refundar el mundo a partir de la descomunal riqueza material e intelectual acumuladas en los últimos 100 años: el deseo es posible y ya no resulta sólo de esta nueva desesperación, sino del paso de una conciencia heterónoma a una conciencia autónoma, pero entre una y otra está la crisis la transformación.


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Intentando cartografiar los ámbitos en los cuales se está representando las fuerzas y los actores de las nuevas contradicciones, podríamos observar de manera esquemática cuatro lugares, de la totalidad. a. Las resistencias de los trabajadores clásicos, tanto fabriles como
administrativos, por impedir que sus conquistas sean trituradas, achicadas y esfumadas, en brazos de los procesos de racionalización de costos. Estas líneas de resistencia han sido socavadas en muchos lugares y en términos mundiales se trata de un difícil combate defensivo y de difícil organización, ya que estos sectores han sido marcados como lo antiguo, lo tradicional. b. Un segundo ámbito, es el intento de disciplinar, en base al miedo que cabalga en la imagen de la inutilidad del cesante, a las jóvenes
generaciones que están ya integradas al mundo del trabajo. El alma de los jóvenes ha sido golpeada
mediáticamente con los dolores de un mundo adulto que intentó cambiar la realidad, pero terminó arrinconado en virtud de muchos genocidios. El joven se ve así frente a dos etapas que lo aprisionan: un pasado de esperanzas que se diluyó y un futuro dominado por los poderosos, donde la audacia de los sueños parece contar con pocas posibilidades. En este recuadro, las formas de vivir y existir serían el trabajo a destajo y el consumo recurrente aunque racional y productivistamente administrador de estupefacientes, drogas y alcohol. Esta drogosociedad serían los mínimos espacios que le quedaría a la rebeldía para expresarse, aunque su gesto


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fuera suicida. Sin embargo, en este mundo existen muchas y astutas formas de hacer creer que se está de acuerdo con el mundo actual, cuando de verdad es que se le rompen soportes diariamente. c. La sumisión de parte del mundo del conocimiento, a la reproducción ampliada del capital, a la renta de la inteligencia. La compra mercantil de las mejores cabezas en diversos ámbitos, desde la ciencia al arte, anuncia un aprendizaje estratégico de las fracciones dominantes respecto a las capacidades de revuelta que tiene la inteligencia. La cooptación de
millares de hombres muy brillantes asume una configuración que sólo nace de la reflexión estratégica. Lejos está el período alucinante de las viejas vanguardias artísticas de los poetas bohemios, de los corazones valientes y de las palabras con garras, que transformaban la manera de sentir y ser en el mundo. Es necesario reflexionar más respecto a cómo se nos ha señalado que el arte ha muerto (Danto). Pero también ocurre que este sector vive sus crisis y critica a las lógicas instrumentales, al amparo del debate de paradigmas. d. La tendencia a acercar y cosificar las luchas de los nuevos movimientos sociales en el concepto de identidad. La irrupción de las autonomías étnicas, del reconocimiento de la diversidad sexual y erótica y las singularidades de los grupos de edad, ha hecho proliferar la sensación de que molecularmente se están produciendo millones de conflictos, la mayoría de ellos progresivos; esta per-


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cepción se ha visto acrecentada por el descomunal deterioro ecológico del planeta y la irrupción de diversas corrientes medioambientalistas, sin embargo, es necesario precisar dos límites de este proceso: el primero es que estas luchas, sin una visión global que' contextualice sus objetivos y explique sus obstáculos, puede terminar ensimismada en una constante agitación que no produce cambios de la realidad, importa reconocer los derechos de género, la dignidad de las reivindicaciones de los pueblos originarios, es decir, es fundamental aceptar su identidad, pero también ubicarla dentro de cierto lugar de la pirámide social, saber cómo se relaciona esto con el status. No es lo mismo ser negro que gay y, no es lo mismo ser hispano que chino y, además pobre, es necesario cruzar las dos variables, la identidad y la de situación y ubicación social, para consolidar esos dos conocimientos, el de la diferencia y el del nivel socioeconómico. Al contemplar este panorama lo que podemos observar es un proceso de construcción muy acelerada de una nueva época histórica, es como si la «teoría cuántica» nos permitiera comprimir el tiempo que va desde el fin de la Edad Media hasta la revolución industrial, en unas cuantas décadas. Esta compresión del tiempo implica que por unidad cronológica hoy ocurren millones de cosas más, sin embargo, muchos de los que, por opción o profesión, observan y analizan estos eventos, siguen usando relojes de arena y, por tanto, siempre son sorprendidos, siempre viven la impotencia de la perplejidad.


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Se desplazan en círculos alrededor de
textos canónicos sin integrar los nuevos
fenómenos ni arriesgar hipótesis generales. El congelamiento de los análisis locales resulta de una suerte de pánico a arriesgar nuevos modelos teóricos, el miedo a equivocarse a castrado las ganas de seguir pensando y a debilitado las audacias de la intuición.

Lo que importa es analizar mas el estado del poder, que el poder del Estado Es notable que el desprocesamiento de la teoría critica en el siglo XX haya culminado en la construcción de una hipótesis fetichista en relación al Estado. Esta erótica atracción que ha generado en la acción política del siglo XX, lo que se llamó con bastante tosquedad el aparato del Estado, explica en parte el predominio de un concepto de política como política hacia y frente al Estado. El fundamento de esta distorsión, a su vez nacida de un espejismo, es el de suponer que era en ese lugar, repleto de símbolos y protocolos, donde estaba el poder. La política crítica del siglo XX sucumbió muchas veces a la fiebre positivista, a una suerte de reflexión que implica que el poder tiene que estar donde se ve empíricamente, es decir, en las instituciones del sistema político y de gobierno. Muchos de los críticos, durante el período que va desde 1914 a 1990, hacían política mirando hacia arriba, hacia lo institucional y perdían de vista sus flancos y su piso, que era donde estaba la sociedad, las personas de carne y hueso que


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constituyen un territorio notablemente más potente y complejo que el propio Estado. Aunque también ocurrió en menor medida que habían otros que miraban sólo hacia abajo y por tanto jamás percibieron cómo su accionar era mirado desde arriba del Estado y así ocurrió que cuando fueron duramente tratados no entendieron por qué se producía este exceso, esta injusticia». Conviene retomar una reflexión básica: la relación poder, al igual que la relación mercado, es bastante previa al capitalismo y se van revistiendo de distintas configuraciones en lo que debiera denominarse la sociedad del poder. Si algo es el poder, es la expropiación material, biológica y existencial del cuerpo de los otros y estos cuerpos físicos, empíricos, elocuentes en sus fuerzas y cansancios, son el territorio donde ocurren los procesos sociales. El poder se despliega como estrategia, oprime y exprime la energía de los cuerpos, constituyendo simultáneamente procesos de acumulación simple y reproducción ampliada en muchos ámbitos de ese territorio de lo social, donde los cuerpos rebeldes y los cuerpos dóciles se confrontan en una danza de las luchas sociales, que muchas veces se confunden debajo de una montaña de categorías, conceptos y modelos analíticos que borran la centralidad del cuerpo y ahora pretenden borrar, anular la del sujeto. Primero intentaron borrar el cuerpo y luego al sujeto. Hoy buscan asfixiar las rebeldías. El hecho que el cuerpo sea asumido como centralidad de los procesos de poder, implica ensanchar la


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categoría cuerpo, se trata de sujetos, personas e individuos con memoria, biografía, deseos y sueños, se trata de persona-personaje, que se despliega en diversos roles y en virtud de múltiples guiones, en entramados donde muchas veces sus sueños son arrinconados y lo que queda de este sujeto es simplemente alguien que es utilizado, que vende su vida y su tiempo de existencia y que en algún día muere. Todo el espesor dramático imaginativo ha sido triturado y luego desaparece, lo que queda son los resabios de sus trabajos y labores que han ayudado a la producción de procesos de poder, respecto de los cuales él no tuvo una participación sino periférica, después de él queda la historia del poder, sin historias de vida, sin sangre, sin sujetos concretos. Pero ingresemos también a la relación poder desde una dimensión geográfica, social, demográfica y existencial, para poder ubicar la relación poder como una síntesis de múltiples procesos que no pueden ser simplificados en la noción de fuerza, voluntad o efecto, el poder los implica, pero no es reductible, porque su esencialidad jamás se congela en un punto, sino es un desplazamiento «es una onda y un corpúsculo» simultáneamente. La sociedad desde el ámbito del orden,
de la reproducción y de lo relaciona!, en virtud de que la relación poder construye constantemente órdenes estratégicos, reproducciones del ámbito de la mercancías y de los propios cuerpos, modifica en cada segundo los sistemas de relaciones sobre los cuales se apoya. Cómo analizar entonces al poder sin sucumbir a una caracteri-


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zación fantasmagórica. Poder es lo que expropia y se reproduce en virtud de esa expropiación, poder es lo que domina y desubica al observador víctima respecto a que desde qué lugar se le domina, poder es lo que domestica, pero produce en el cuerpo dócil un efecto somnífero una conciencia pasiva que no alcanza a comprender que gran parte de sus capacidades han sido ubicadas en la columna de en desuso y por tanto se mueve mecánica y cansinamente. Pero el poder no es perfecto, no se trata de un demiurgo que sabe con conciencia exacta las eventualidades de todos sus actos. La locura, la rabia, la creación estética, han abierto, en diversos momentos, brechas en las tecnologías del poder. Las grandes revueltas o revoluciones, son fiestas de los cuerpos indóciles por recuperar su potencia constituyente, su capacidad de fundar nuevos órdenes sociales. En los propios momentos de crisis económicas, cuando la relación poder juega a dos manos, por un lado, derrocha y pierde volúmenes inmensos de riqueza y, por otro, concentra y reproduce en grupos mas competitivos, en el liderazgo de los asuntos del dinero, del comercio y la industria también se evidencian fisuras. Estas confianzas mitológicas, casi infantiles, que las sociedades tienen respecto de las instituciones formales del poder se ablanda y surge la duda en el futuro. Estamos viviendo una situación paradojal, que consiste en que nunca como antes en la historia humana, tenemos conciencia histórica y teórica sobre los infinitos juegos estratégicos del poder y, al mismo tiempo,


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en la superficie de las cosas, en las «apariencias del espíritu», la resignación parece haber instalado campamento, el cansancio psicológico y la desmoralización, en relación a la eficacia de las revueltas transformadoras, estaría viviendo su singular y grotesco canto del cisne. Señalemos muy escuetamente que lo que está en juego es mucho, quizás sólo lo sospechamos, pero tiene que ver con el destino de la especie humana como especie social, son muchas las intuiciones que circulan alrededor de este tema pero no hemos logrado construir una panorámica aceptablemente exhaustiva de lo que se denominaría la etapa actual de la reproducción del capitalismo a escala mundial o la reconversión de sus formas tecnológicas y políticas. Más riesgoso aún es esta situación porque parece que incluso las instituciones convencionales de lo que se denomina, no sin cierta ironía lingüística, el juego democrático, viven una simultaneidad de agobios y desprestigios. La corrupción es también una forma de redistribución de los ingresos y la ganancia extralegal, que se expande en base al descrédito de las instituciones, las iniciativas compartidas y de la caída de la responsabilidad social y pública. Sus consecuencias son fatales, ya que por una parte es transformada en un instrumento de la lucha por el poder entre las distintas oligarquías y políticas, por otra vacía al concepto ciudadanía de las cualidades que le había otorgado la modernidad, alejando al sujeto social de la política, haciéndolo dudar de su posibilidad de intervenir y ubica los asuntos públicos en el campo de la sospecha y de la oscuridad. El uso de


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los recursos públicos para fines personales se inscribe en la lógica del capital mafioso, en las prácticas desprovistas del sentido de lo colectivo que abandonan los marcos de referencia ética, que la política de cualquiera naturaleza ha supuesto tener. Es creciente el número de los humildes de diverso origen que creen muy poco en los grandes discursos de «la igualdad, la fraternidad y la libertad», pero también ocurre que los grandes grupos de las oligarquías financiera internacionales tampoco creen mucho, no alcanzan a convencerse que sus intereses puedan ser debatidos en parlamentos compuestos por políticos que dependen simbólicamente del voto popular «mandatados» o en foros de representantes de la voluntad colectiva. Este doble acotamiento de la democracia política no cuenta con ideología global alternativa como en otros periodos a principios del siglo XX. Lo único que emerge aquí es el mercado, pero un mercado que ya no corresponde a una categoría de cuño económico, sino que se expande hacia lo político y lo cultural. Convendría reflexionar un poco más
sobre imágenes muy en uso como las de
marketing político, las industrias culturales o las industrias del
conocimiento, esta suerte de teleología del concepto de mercado encubre una simultaneidad de procesos diversos, como las transformaciones psicosociales y culturales, las resistencias, las relaciones de incluidos y excluidos, pero permite observar una direccionalidad estratégica, cómo por un lado se oculta el carácter hipercapitalista de las transfiguraciones actuales y, por otro lado, se


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constituye un nuevo orden en el ámbito del poder que descoloca la gran mayoría de las instituciones respecto de las cuales el ciudadano de buen corazón todavía sigue creyendo, aunque cada vez menos.

La esperanza es fuerza material La forma valor, la ley del valor, es hoy el eje constitutivo no sólo de los procesos de reproducción material sino también de los espacios simbólicos, el análisis del mundo del trabajo es también tiene que ser por esto un análisis de la política y la cultura. Es esta reflexión la que en parte permite pasar del análisis del trabajo a la critica del trabajo mismo y por ello moverle el piso a las relaciones de poder en su propio corazón, en el espacio del desgaste productivo de los cuerpos humanos. Y aunque la ley del valor se halla en redefinición el trabajo productivo es apabullantemente el principio de toda constitución de lo social, pero la categoría de trabajo debe ser desempolvada de capas de trivialización que la fueron cubriendo en los últimos tiempos. Hoy podemos observar que la sociedad en su conjunto está integrada de manera directa e indirecta, a veces empírica o simbólicamente al mundo de la producción y circulación de la riqueza, ésto es lo que se ha denominado la nueva figura del obrero social, donde todos son parte del proceso de reproducción y hasta el propio tiempo libre es un proceso de reposición de las energías biológicas y de consolidación de las dinámicas enajenantes o escapistas. La explotación es la utili-


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zación intensiva del tiempo para transformar al tiempo, que es la esencia de la existencia, en un tiempo de dominación frente al tiempo de la liberación. Así como el análisis del mundo del trabajo es la base sobre la cual hay que reflexionar, la reconceptualización del tiempo de hoy como un territorio de lucha es decisivo en esta nueva época, asumir que las leyes constitutivas de la forma valor son, asimismo, las que posibilitan su crisis y destrucción en base a la expansión de las rebeldías las revueltas, la expansión de las subjetividades como variables articuladoras de una nueva fuerza social de las disidencias. Una lucha constante por aumentar el tiempo libre creativo, individual y social. Informando una nueva dialéctica de la historia, respecto de la cual se puede decir que frente a la expansión desmesurada del mercado, como concepto totalidad emerge la resistencia, la critica y la invención de nuevos mundos posibles como poder constituyente en desarrollo. Luchar por el tiempo libre, acortando el tiempo de trabajo, es poner en juego las fuerzas morales de la crítica en el centro de gravedad de los dominios. El vértice de este proceso emerge de ese punto de acumulación de tensiones entre la extensión constante de las formas de cooperación en la reproducción material y el dominio enormemente concretado de esas riquezas producidas socialmente. Las luchas actuales configuran un borrador de las nuevas empresas libertarias, aun es pronto para describir como en los próximos años evolucionará el desarrollo de lo critico,


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lo diverso y lo transformador, por ahora constatamos que la forma capitalista del mundo actual es cada vez mas socialmente destructiva y la esencia de las criticas emergentes aparece como el territorio de lo creativo, de lo solidario, espacio del afecto y la ternura. Pero los ciclos en los cuales se constituye este mundo alternativo no son los mismos, en los actuales se despliega el mundo dominante, existe una asincronía que quizás nos esté La esperanza no parece haber nacido nunca en el lecho de la tranquilidad, sino en el de la voluntad de transformar el mundo circundante. La esperanza no espera porque tiene su esencia en la sombra de la desesperación. La multiplicación de diferencias, distancias, agonías, tristezas y rechazos a aquello que se llama genéricamente «lo que ocurre» está fermentando las condiciones para que una inédita revuelta y transformación social se precipite. Es más, si miramos con atención eso ya está ocurriendo, en los malestares y astutas prácticas de cavar en el subsuelo del orden actual. Es el momento de encantarnos con una nueva poética de la existencia que dignifique a la personas y sus singularidades con una nueva probabilidad de mejorar la existencia humana y salir con los menores costos posibles para todos, de esta triturante etapa que nos ha tocado vivir. Pero etapa también que nos ha permitido conocer la fuerza moral de millones de hombres y mujeres que siguen creyendo en la libertad y en la alegría.


Procedencia de los textos

1. La juventud y la Revolución es el discurso de clausura del Che Guevara en el seminario del mismo nombre, organizado por la Unión de Jóvenes Comunistas del Ministerio de Industrias de Cuba el 9 de mayo de 1964. 2. Apuntes de un viejo revolucionario sobre la geoestrategia e ideología del imperialismo se trata de un trabajo inédito de Juan F. Ruales, redactado para esta publicación. 3. La utopía ecuatoriana es el discurso de Gabriela Rivadeneira, presidenta de la Asamblea Legislativa ecuatoriana, pronunciado con motivo de la posesión del presidente Rafael Correa el 24 de mayo de 2013. 4. Vamos perdiendo el miedo es el discurso que Camila Vallejo pronunció en el cambio de mando de la Federación de Estudiantes de Chile, el 19 de diciembre de 2011. 5. Juventud y anticapitalismo es el discurso de Patricio Rivas H. en ocasión del trágico suicidio de Camilo Carrasco Mora, el 12 de noviembre de 2002; Camilo fue hijo menor del conocido periodista José «Pepone» Carrasco, asesinado por la dictadura.

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Este libro se termin贸 de imprimir y encuadernar en noviembre de 2013 en Imprenta Mariscal. La edici贸n consta de 12.000 ejemplares.

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