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Hysterias Una revista uterada

Oct. / Dic. Año 1 ; 2010 No. 0 Fotografía de portada Manuel Méndez


Editorial

Hysterias

(del griego υστερα, útero) es una revista fértil que, al igual que una matriz, constituye un espacio propicio para la gestación de un producto artístico vivo que permita establecer una relación más equitativa y una convivencia horizontal entre géneros. Esta búsqueda tiene su origen en el peso de la historia y la idea generalizada de que la mujer que escribe tiende a ser cursi y a abordar tópicos propios de su condición femenina: bella, débil, sumisa o bien, prostituta, femme fatale, manzana de la discordia; todas éstas impuestas culturalmente. Por todo lo anterior, este primer número gira en torno a la mujer desde diversas perspectivas: voces y miradas auténticas que confluyen para dar vida a esta propuesta. Esperamos contagiarlos de la hysteria y que sumen su voz al esfuerzo polifónico, en el cual todos los tonos son fundamentales para la armonía: donde el qué decir es más importante que el quién lo dice, razón por la cual los rostros de los autores se encuentran sólo al final del acto.

ISSN en trámite Cada autor es responsable de sus textos. Revista Hysterias respeta todas las opiniones y promueve la libertad de expresión. Eres libre de compartir el material citando a su autor y la fuente. No debes alterar las obras.


Contenido Mujer que escribe Reivindicación Kadin Un café sobre la mesa Trans/género Ciudad Recuerdo Un gigante Mujer Identificación de la belleza IDH Asunto de hembras Autocrítica IV Del amor como histeria colectiva Entrevista Autores

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Índice de fotografías Todas las fotografías son cortesía del Foro de Creadores

Iluminarium Manuel Méndez Rebeca Ángeles Mauricio Ángeles

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A

todo hombre situado en la cumbre le gusta pensar que se lo debe sólo a sí mismo, y su mujer sonríe y le deja creerlo.

James M. Barrie Dramaturgo y novelista escocés, creador de Peter Pan.


Hysterias

Mujer que escribe Es tiempo de cambiar el lápiz fino por la pluma firme; abandonemos el débil trazo por la imborrable estría. ¡Seamos más que letras al aire! Porque todas somos poesía... ¿Por qué no ser, también, poetisas? Dejemos de aspirar a la inmaculada perfección que la sociedad nos exige. No somos excelencias. ¡Basta ya de los roles que rebasan nuestra historia! Mujer que escribe, no nos abandones en esta edad degenerada; que nuestras pasiones no sean opacadas por imágenes inauditas y falsas. Desechemos la idea errónea que el mundo tiene de nosotras. Mujer, es tiempo, ESCRIBE.

Primera voz

La voz que incita

§

Poesía

3


Hysterias

Reivindicación Que el resto de los poetas se llene las manos y cante a la

belleza

diurna de Afrodita y Helena.

Que en los avernos Orfeo con su lira entone verdes himnos a Eurídice hasta que la eternidad se acabe. Que Ovidio escriba manuales para las buenas conquistas y que en oleajes Garcilaso susurre, entone, cante, cuente, diga lo que a las amadas nos convierte en musas.

Que los románticos nos hagan la divinidad misma y que el buen Neruda, inconstante, se vaya detrás de aquélla que con el cabello incendia lo que en el mundo es cenizas. Que ellos nos piensen, nos vean, nos creen líquidas, cristales, pétalos, espinas, alcantarillas de flores, incubadoras; que con tinta dura nos hagan personaje que ellos nos canten, retraten, nos hablen, nos plasmen en los tonos que de sus alas brotan mientras que nosotras, salidas del papiro, como si el paraíso fuese abrimos las manos, los dedos, las alas adquirimos nombres: Virginias, Evitas, Cleopatras, Bolenas, Josefas, Leonas, Teresas o Fridas nos damos espacios, lugares y formas nos Reivindicamos y con las palabras, como buenas plumas, volamos, creamos, nos volvemos Génesis.

Segunda voz 4

La voz que rehabilita

§

Poesía


Hysterias

Kadin Escribe Saca de tus dedos tinta como si fuera sangre o vida y escribe. Crea como se crean los espejismos a mitad del desierto eternos mensajes del alma al cuerpo acertijos inconscientes que dan alas o paracaídas. Escribe habla grita expulsa tus demonios moldéalos en formas fonemas uniones vocálicas /´pa.la.bɾas./ Descose tus dedos y boca y que en tus arterias fluyan, como ríos de savia, las letras.

Tercera voz

6

La voz imperativa

§

Poesía


Un café sobre la mesa Ambos se miran sin atreverse a encender una vela. Lentamente Sophia toma la taza y sorbe un trago. El sabor amargo, dulce, se impregna en sus labios antes de desvanecerse y ser nada en ellos. Un beso quizá remediaría la soledad del café mezclándose con la saliva, con las palabras que se pierden y se desgastan en la boca cerrada, en el sabor del café volviéndose nada en los labios. La ciudad llueve. Sorbe un trago y el silencio se vuelve sonido, nada hay donde nada se escucha. Llueve. Ella descansa en otro lugar, sueña con otro espacio, mientras él, recargado en la silla, la mira profundamente, e intenta saber que está pensando. No lo sabe, no obstante, tiene la absoluta certeza que puede leer sus pensamientos, que puede adelantarse a sus decisiones, que puede depositar dos cucharadas de azúcar antes de que ella descubra que el sabor del café le es amargo. El azúcar se disuelve; Sophia agradece, toma un poco y el café le sabe a Oaxaca. Monte Albán se levanta imponente bajo el cielo turbio que acentúa la soledad de un centro arruinado por los años; tan sólo tierra y arena en Oaxaca, tan sólo Oaxaca, tan sola la tierra. Sophia, contempla la miseria que no entendió en otro tiempo; siente lástima. El pequeño suspiro, antes de soplar el vapor que escapa de la taza, se quiebra con el recuerdo de sus raíces. Queda callada. Él la observa, se levanta, la toma entre sus brazos y le da un beso en la mejilla, toma un libro de la repisa y comienza a leerle. Sophia lo contempla y sonríe, devuelve el abrazo. Es entonces cuando él tiene ya no sólo la idea sino la certeza de que puede predecir cualquier designio de su compañera, que es un espejo transparente al que ni siquiera necesita escrutar para explicarlo. Entiende a Sophia, no hace falta preguntarle lo que le pasa: lo sabe, tanto como adivinar el terror que siente un niño ante la noche o la desesperanza de un anciano frente al olvido. Él se levanta de la mesa, recorre la textura de su piel con la punta de las dedos, y duerme en el sofá, seguro de que ella,

La voz oculta

§

Cuento

7


al mirarlo dormido, dejará lo que esté haciendo para cobijarlo y evitar, así, un posible resfriado. Se tiende boca abajo y sueña. Cuando despierta, la noche despunta entre sonidos apagados, le duele el pecho, la garganta, busca en el suelo el cobertor que piensa ha tirado, sin embargo la mano recorre, herida, la firmeza del suelo sin encontrar el gesto de Sophia en ninguna parte. La noche ha caído en el departamento, los sonidos se apagan. Hace falta un impulso apenas, un débil y minúsculo esfuerzo para abrir los ojos y dejar para otra ocasión (antes de dormir o al despertar) el sueño que aproxima a la gloria, no obstante, es tan difícil realizarlo. Hace falta levantarse y dejar a un lado lo que en espejismos entrevemos para asomarnos a ese abismo infinito de lo real. El futuro le resulta prometedor… y Sophia apenas entiende lo importante que es él para la posteridad, el próximo Tesla, corrige, el próximo Edison. Mientras se calza los zapatos piensa en sus novelas, en los textos publicados y en la aceptación de sus discursos ante un gran auditorio. Recita a Virgilio y a Proust. “Où êtes-vous?”, pregunta con extrema cortesía seguro de que ella, al no entender, tendrá que pedirle le explique… “es la cuarta égloga de Baudelaire”, piensa decir, sin embargo, nadie contesta, nadie pide que hable. Camina un poco antes de contemplar, como un fuego tímido, la luz que sale de la habitación. No hace falta tocar sino abrir la puerta. No es necesario pedir permiso, como Sophia tiene que hacerlo cuando él comienza a escribir, simplemente se penetra en ella, se adentra en la oscuridad virgen de la mujer y de su espacio; ella, asustada, voltea. La puerta cierra el paso a la noche. Ambos se miran sin producir ningún sonido, atesoran el silencio,

8

Cuento


la privacidad de una vela a punto de consumirse. “Escribes… no te preocupes, no haré ruido, sólo me sentaré aquí, a tu lado.” Él observa la pulcritud de su mujer… su mujer… como si uno pudiese poseer aquello que lo posee, y siente algo de ternura, de compasión, ante el intento de Sophia por escribir aún cuando lo que escribe es pésimo. Se recarga en la cama y contempla los esfuerzos fútiles, condenados al abismo de la ineptitud y de la mediocridad. Sonríe, cuando termine, piensa, ella le pedirá su opinión y tendrá que mentir diciendo que le gusta, que ha escrito bien y que posiblemente tenga éxito, cuando en realidad está convencido que el esfuerzo sólo quedará allí: en esfuerzo. “No es muy inteligente, no tiene talento, no se debe culparla, no se le puede exigir tanto a una mujer.” Sin embargo, tiene un poco de envidia puesto que hace más de dos meses no logra escribir una sola línea. La vela se apaga, ella termina. Por la mañana, él se levanta más temprano de lo habitual, prepara el desayuno y lo lleva hasta su cama. Hacen el amor. Salen a caminar. “La luz de la mañana desciende del cielo y moja los ojos siempre atentos de los hombres; las mujeres no miran al cielo.” Sophia aprovecha el descanso que realizan a la sombra de un árbol para leer el cuento, el recuerdo, la soledad impregnada en papel que se desprendió de ella por la noche, Oaxaca. Él se muestra atento, se acuesta en el césped, coloca las manos sobre la cabeza “Te escucho”, menciona antes de apartar la vista. Sophia comienza a leer. Las hojas, descifradas, van quedando fuera de ella para introducirse en él. Sus labios, los mismos labios sabor a café se disipan para cantar el logos antiguo escrito sobre un trozo de papel, que ha sido elegido, quizá por casualidad para expresar el universo entero. El silencio de la noche se posa lentamente en las palabras, en los arbustos, y detrás de ellas se escucha el delicado repicar de las gotas de lluvia irrumpiendo en la ventana. El universo se reestructura en palabras y converge dos realidades que se contradicen. La narración ha traído de

Cuento

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nuevo la soledad nocturna y el olor de la vela consumiéndose. Pronto el hombre en el suelo está seguro, sentirá las gotas que el día anterior escuchaba mientras dormía. No hace falta terminar. Él se levanta, le tiende la mano y la obliga a caminar, a salir del jardín, del mito primigenio hasta detenerse para contemplar un tablero de ajedrez en las vitrinas de un local devastado, en una esquina cualquiera. La injusticia que siente, por no haber sido él a quien se le ocurriera tal idea, le quema en el pecho; el rostro se contrae. Aprieta los puños y mira, intentando dibujar una sonrisa, los grandes y vivaces ojos que le han humillado. “No es tan bueno”, señala y enumera una serie de interminables y ridículos argumentos para aplastar el texto que lo ha aplastado. Se atreve entonces a decir que su rival, Antonio Mejía, pudo escribir algo tal malo como eso; lo que en realidad desea callar es la certeza de que tal idea, hubiese sido menos dañina si se le hubiera ocurrido al que desprecia y no a la mujer que duerme a su lado. Calla la ira que siente ante un objeto tan inferior. Sophia intenta hablarle, no responde, posteriormente, enfadada por la saña con la que ha sido atacada, da la vuelta y lo deja a la mitad de la calle. Él avanza con rumbo opuesto; espera que al mirar lo enfadado que está (y comprenda que no irá a alcanzarla para pedirle que regrese) ella pida perdón. Camina dos cuadras y nadie lo detiene. Al llegar a su hogar, el hombre, el ser, el ego, no duda en reescribir el cuento, la memoria de Oaxaca, y mandarlo al editor para que lo publique a la mañana siguiente, tal como Edison, celoso del genio de Tesla, lo desprestigiaba ante el público y hacía suyos los descubrimientos que el verdadero creador guardaba.

Cuarta voz

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Cuento


Hysterias

Trans/género Un hombre ha perdido su sexo como una gota blanda de rocío arrojado a la actitud violenta del tiempo

este hombre ha nacido con la lengua envenenada

de un tiempo para acá

dejó de hablar como un hombre

y contagiado con la feminidad de la flor la roca el agua el árbol el fuego el aire la vida el mundo poblándose en su necesaria maternidad fecunda

no como la guerra de los hombres contra su propia debilidad

La voz subvertida

§

Poesía

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este hombre ha perdido el lenguaje ya no lo podemos llamar más hombre

ha comenzado a hablar como una mujer su transformación conduce la era su sexo una raíz recién buscada su sexo

la palabra que desata las armas y los castigos

la violencia y el poder de sentir al hombre único poder sobre el mundo

ha nacido de su boca la palabra Mujer aprenderá a llamar las cosas por su nombre dejará las nominaciones impuestas y llorará cuando quiera

esta mujer no será más un hombre

Quinta voz

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Poesía


Hysterias

Ciudad Su piel extendida se prensa en la tierra bajo el filo de los semáforos (mariposa crucificada) y los edificios que la penetran la toman del hocico sin bozal, le rajan el nombre, la violan hasta que deja de moverse. Naranjas podridas, matrona con tocado de nubes venenosas, sobre los hombros una chalina de gorriones de basural y pútridas palomas.

Jardín de cristal y cemento, aquí y allá una mata de hierba muerta,

un árbol seco dando un grito. Por la noche no ve las estrellas. No es que no quiera, pero sabe que no existen. Observa las espadas fugaces del tránsito, ríos de fuego, collar de infinitas joyas robadas y cascabel contra su cuello para no perderle la pista, para saberla vigilada como un gato con repetidos intentos de suicidio. Como toda puta, cada uno cree que la ciudad es su puta. Pero esta puta tendrá su venganza.

Sexta voz

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La voz que describe

§

Poesía


Hysterias

Recuerdo Despierto del trance dudosa y palpitante, recuerdo tu cuerpo desnudo en mi cama. Percibo tu aroma,

Te pienso constante,

pero sé que no estabas,

vacía de ti, soy ilusa

¡qué dicha tengo

inconstante de mí.

de que estemos aunados!

Me veo y te veo

La noche es muy larga

como confusos espejos,

para vivir separados,

presencias disformes,

entonces cierro los ojos

imágenes rotas.

para seguir juntos, soñando.

Visualizo tu cara, tu piel, tus manos… Revivo tu esencia,

Séptima voz

aquí, a mi lado. Mis dedos recorren tu pecho y abdomen, acaricio tu espalda y beso a la nada.

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La voz que sueña

§

Poesía


Un gigante Siento

la noche como alud de caravanas plenas de telas suaves y

transparentes, y de pronto se contamina el aire con el resoplido de la sonrisa del gigante que se asoma por una de las ventanas de esta casa. Es un gigante dueño de todo lo que puede nombrar, de todo lo que le fue dado en su herencia de nacimiento: la comarca del hombre para el hombre, la comarca en la que cualquier otro ser vivo es un curioso juguete de utilería. La casa está en un árbol construida para castigar mis gritos y el llanto desaforado que aparecían irremediablemente cuando mi madre decidía salir sola; salir de noche, sola y dejarme aquí en medio de una enorme cama de la que no podía bajar. Porque se iba y me dejaba así, sin piernas, como el tronco de este árbol sobre el que cuelga mi casa; así, tal como nací sin querer: brotes sin hierba, sin raíces: experimento del juego entre mi madre y el gigante, cuando jugaban a ser él, hombre de ella y ella, mujer de él sin importarles que ella hubiera nacido del fondo del lago y él de las raíces del sauce rey del bosque entero. Un gigante y una ondina en un castillo de juguete con camas de juguete y jardines y pasillos de juguete y carne y cuerpos que parecían de juguete pero resultaron increíblemente reales como yo y las noches en que me dejaba así, sin las maderas que me ajustaba día a día a los muñones y con las que había aprendido a andar. Después de observar al gigante quedarse largo rato atravesando el vidrio de la ventana con su mirada tan intensa como verde, mi madre se vestía embrutecida por la ansiedad que le provocaba

La voz fantástica

§

Cuento

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esa sonrisa en el jardín. No lo soporto… ya no… ya no… parecía maullar, ronronear primero, hasta que escupía gritos acompañados de golpes en los muslos y el vientre. ¡Qué nos mira! ¡De qué se ríe! ¿Qué no tiene todo el bosque para sí? Entonces se iba. Y yo soñaba el bosque y la noche soltando ese olor de

tierra – madera - musgo y hoja húmeda. Soñaba con pisar las hojas secas o hacer crujir las ramas quebradizas o meter los pies en los charcos como he visto que hace ella y se ríe tanto. Reír así, y acariciar las piedras enlamadas con los dedos de los pies. Eso también soñaba. Y el arcoiris del que su canción hablaba: Arcoiris de bruma y luna metal que entierras

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Cuento


la luz del día para hacer oscuridad. Una noche su grito me hizo despertar inquieta, con la aceleración tremenda del pulso y el dolor en el estómago. Estaba de vuelta, ella, mi madre, con los ojos más cristalinos que nunca y las ropas escurriendo lodo. Había intentado huir de nuevo y de nuevo cayó en el pozo, acalambrando sus brazos y piernas de tanto chapoteo hasta que el gigante, casi asfixiado de risa, la sacó de ahí sacudiéndola como si quisiera hacerla sonar a campanadas mientras le explicaba, con su grave y dulce voz de gigante, que de la casa en el árbol ella nunca iba a salir, ni del jardín ni del castillo ni de la comarca ni del bosque entero, porque no había mundo para ella más que la palma de la mano que él, junto con las reglas del juego, le ofrecía cada día. Pero ella, mi madre, no quería jugar más. Quería volver a su lago y sus lirios de ondina, y que el sol de otro reino le pintara el cuerpo de un color intenso. Así que entró a la casa y empapándolo todo a su paso, sin quitarse el vestido siquiera o limpiarse un poco la cara y los brazos,

Cuento

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tomó nuestras tijeras de cortar manzanas y se agujeró el cuello por donde le salió tanta y tanta sangre. Tuve que gritar y llorar y gritar tantas noches para que el gigante me pusiera las piernas y me dejara acompañarlo a tirarla, por fin, para siempre, al pozo. Cuando regresamos, el gigante decidió dejarme las piernas puestas y me dio un mapa que indica los caminos a otros reinos. Pero yo soy sólo un tronco.

Octava voz

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Cuento


Hysterias

Mujer Mujer si fueras tú la tierra quisiera ser el viento manosearte el bosque y besar la punta de tus olas si tú fueras la tierra quisiera ser el humo que fuman tus volcanes si tú fueras la tierra quisiera ser el árbol que se alimenta de tu carne. si fueras una medusa piel verde, cabello serpiente, mirada de “conviértete en piedra, corazón” yo encantado me clavaba en tus ojos pa agarrar chamba de estatua

Novena voz

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La voz que embelesa

§

Poesía


Identificación de la belleza Reculan y citan los peritos a comparecer a la Belleza una Elena de barrio, 17 añitos a lo más: toman nota de los dientes que perdió, verifican la dureza de las escamas, la solidez de la pezuña, la curvatura de la joroba de acuerdo con los registros de proporción áurea vigentes. Que no se parece a nada, dicen: sabe a limón. Quedan pendientes de archivar los análisis post mortem.

Décima voz

La voz que confunde

§

Poesía

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Hysterias

IDH* M

e hallo inevitablemente presa en la extensión hacia las cosas que ya no implican lo concreto y trascendente Estoy en medio de un objeto que es nada más que materia en la infructuosa búsqueda que ha olvidado el inicial significado entre dos lenguajes Hay un discurso constante en mi tiempo que me deja en el discernimiento unión-división entre arte-vida la unión de lo que se se-para por la medición actual del tiempo Las valoraciones de un sitio con una idea unificada dialogando sobre el ser aquí que funda la diferencia conviviendo a la vez con este ser-conglomerado en percepción de mundo y lenguaje un lugar pensando *Indice de Desarrollo Humano

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La voz extranjera

§

Poesía


una historia contada en círculos armonizada en cantos mitologizada en origen de tierra Y cada vez volviendo a caer en tránsito la esencia de devenir en existencias paralelas La simbología indígena en un espiral de la CEPAL esculturas de Mario Irarrázaval contenedores como abismos-contenedores en los que el hombre parece querer-estar y en los que sólo camina por las orillas Oposición de hombres verticales y horizontales madera y metal Escultura de una Venus atravesada en eróticos puntos por objetos que quiebran su estructura La conciencia de un árbol hueco que además de atravesarlo se puede ‘jugar’ con su interior La paradoja en la búsqueda del paraíso imágenes entrelazadas de lo pre-hispánico que luego toman forma de elementos cada vez

Poesía

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más mecanizados Sonidos intrauterinos neuronas como cosmos musas como inspiración creadora Cucos culturales musas mirando a cucos musas liderando el viaje a lo intrauterino imágenes de arterias tejidos neuronales neo-expresionismo de cucos Surrealismo de figuras inconscientes rostros que aparecen figuras en deformidad-totémicas Precolombino Acuoso Sonidos Mario Soro: “No es posible la luz sin un contexto de sombra, no es posible el sonido sin un silencio” Manos y hombres como huellas de identidad Maternidad I. Gran silencio Nº 329. Natividad Nº 38. Guardián de sí mismo Nº 60. Libertad e igualdad Nº 324. Hombre horizontal con hombre vertical Nº 246. Copa Nº 175. Ventanas Nº 20. Vuelta al origen Utopías contenedoras hombres enfrentándose a lo cuadrado Lo manufacturado a otros hombres que ven desde otro ángulo Espacio sólo a través de una ventana sujetos sin rostro individualidad difusa Soledad-masa Cuerpos de mujeres huecos sin extremidades Cabeza Contenido interior Cuerpo como contenedor vientres de embarazadas manos que salen de la tierra

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Poesía


elementos figurativos-modernos-ambiente gris lo humano/ lo mecánico. Fuentes copas vientres Iglesia como Europa mezcla latinoamericana lo cálido-tranquilidad espacios-frío-eco sincretismo un tanto frío oscuridad/haces de luz microcosmos-introspección-silencio Facciones expresionistas músculos exagerados árbol amable ser sin rostro vestido de guerra/petición-súplica Venus casi disparada Ideas/discurso unificado en un país de propuestas divergentes sitio en contraposición de paisajes inarmonía de percepciones representaciones Chile como lo diverso no como Santiago capital/intentos unificadores ideas de lo que Santiago refleja lo que el país refleja lo que la cultura/identidad refleja ideas de lo que se supone que esta ciudad es modernidad postmodernidad utopías multiplicidad de discursos ¿arte-arquitectura-estética-filosofía-cultura-patrimonio? Espero no pensemos todo como bicentenario. Espero leamos la escisión y la unión: Anguita/Chihuailaf. Huidobro/Lira. Espero constantemente el real hibridaje.

Undécima voz

Poesía

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Hysterias

Asunto de hembras ¡A

mí que me juzgue Dios! Yo lo único que hice fue darle la

razón como buena esposa, nomás le di

gusto, como siempre.

A lo mejor me puse un poco brava, pero es que me daba harta tristeza que me negara las cosas -¡a mí que todo se lo entregaba!- nomás decía que eran asuntos de hombres y no de viejas. Y esa tarde se miraba tan contento dando de tiros, bien borracho, que yo también quise probar. Pero él insistió en que no, que dejara de chingarlo y yo me puse como loca… histérica, pero fue sólo un momento, cosita de nada. A cualquiera le pasa. Le grité y se encabronó. Dejó la pistola sobre la bardita pa’ sacarse el cinturón. ¡Me iba a pegar! Otra vez me iba a pegar y encima me iba a quedar con las ganas de ver si era cierto que estorban las faldas pa’ echar balazo. Yo no sé de dónde, pero me entraron unas fuerzas locas y… Corrí, le di la vuelta y agarré la pistola. Nomás, pa’ probarle que lo mismo puedo con una escoba o con un sartén que con un arma. Y la agarré fuerte, así: con las dos manos, y le apunté a la misma botella a la que él le estaba tirando. Abrí poquito las piernas, así, pa’ apoyarme bien. Iba a disparar… pero él soltó la carcajada. Me dijo que dejara ahí, que mi pendejez haría que primero matara al perro que atinarle a la botella. Me volteé a verlo: muerto de risa, y me invadió de nuevo la calma de mujer casada. “Él siempre tiene la razón”, pensé. Apreté el gatillo. Sonó el disparo. ¡Casi me voy de nalgas! Pero era verdad: la falda no estorba, la vida y la muerte también son asunto de hembras. Y

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La voz de antaño

§

Cuento


sí, también él tenía razón porque antes que atinarle a la botella le atiné a él: maldito perro desgraciado.

Duodécima voz

Cuento


Hysterias

Autocrítica IV

Aquí hay un exceso de ti: míralo. Aquí habrá que empezar de nuevo. Acomodar, revisar, corregir. No te perdonaré los descuidos. Debo ser más dura contigo porque tienes que aprender a hacer las cosas bien (o en su defecto, no hacerlas). Borra, corrige: hazlo antes de que las palabras y los excesos te traguen. Necesitas darte tiempo. Así que apúrate, no tienes la vida entera. Qué dices, ¿lo borramos todo?, ¿o rescatamos tu melancolía?

Décimo tercera voz

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La voz que juzga

§

Poesía


Del amor como histeria colectiva La expresión de un sentimiento siempre es absurda. Paul Valéry

Y

a decía en alguna ocasión la señora Emile Teste que a su singular marido le parecía el amor una zona de excepción entre dos personas, donde dichas personas estaban autorizadas, implícitamente, para comportarse como tontos. Eso nos deja un par de consecuencias importantes: o el amor te vuelve tonto o más brutal, uno es tonto en el fondo pero se esfuerza por superarlo —estado primitivo tal vez—, y lo que el amor hace es venir a dar al traste con todo el esfuerzo civilizatorio y volver al ser (al Ser con mayúscula), otrora robusto y chapeado, gelatina, un cuerpo sin esqueleto, de voluntad negociable, perpleja y profundamente hedonista; en suma, el amor, estar enamorado o amar implica, en mayor o menor grado, aceptar que uno va a volverse idiota y/o que la capacidad intelectiva se pondrá en suspenso. En el siguiente texto intentaremos poner en duda la sanidad mental de una persona enamorada, sus consecuencias en el objeto de su amor así como en sí mismo, incluso la existencia misma de esa categoría altamente mudable, peligrosa y satisfactoria que a falta de una nomenclatura más precisa en la constitución de los afectos llamamos amor.

El amor desde la lengua Sobre la transitividad del verbo amar: es falso que amar necesite un objeto en qué realizar su acción. Amar no es el efecto que algo despierta en nosotros, sino algo que surge de nosotros; el amor no es una reacción

La voz reflexiva

§

Ensayo

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inevitable (intentaré explicar esto más adelante). No creo que el amor “entre” por los ojos, por ejemplo1. El deseo, la calentura, por supuesto que es asunto sensorial: uno puede, medievalmente, quedar “prendado” en la vista del ser deseado —que no amado. Es una ligereza decir que uno ama a otro irremediablemente: el amar es un monólogo que no requiere réplica ni participación exterior; amar es un acto solitario. Porque el amor no es la consecuencia inevitable del trato carnal o social con otras personas; no es un estado que se alcanza por sumatoria de experiencias compartidas. Amar es un acto de profundo egoísmo a través del cuál significamos nuestra existencia; el otro solamente es un pretexto o, por así decirlo, un significante. Una somera mirada lexicológica no nos dejará mentir: you are my significant other2.

Sé mi yo Lo anterior no implica necesariamente entender el egoísmo del amor como una perversión o sustitución de una improbable pureza en la relación entre dos seres humanos. El egoísmo del amor implica una proyección del ego en el otro: es a través de ti que puedo conocerme y realizarme. Es decir, saber que quiero querer de mí y poder realizarlo en mí a través de ti. Esto no me parece menor. Toda la mística trágica, romántica, absurda de la “inspiración” como movilización hacia el arte va en ese sentido; no es que tú me “inspires”, es decir, que soples un aire divino que me posibilita crear gracias a tu intervención, sino que es debido a tu —de otro modo, mera— existencia que puedo explorar mis propias posibilidades. En este sentido, lo que se entiende vulgarmente, románticamente, repito, como “inspiración” no sería el motor del sujeto hacia el arte, como si se tratara de un ente de otro modo pasivo, sino que “inspiración” significaría, ilustrado en términos espaciales, un dónde. Y más aún, un desde dónde a través del cuál un sujeto (amoroso) moviliza hacia sí mismo una potencia de otro modo anodina, parcial, inoperante. 1 Dejo para ustedes la evaluación de otros perímetros del cuerpo. 2 Literalmente “eres mi otro significativo”, que toma el sentido de “eres mi complemento”.

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Ensayo


Podemos notar esto en la terminología de los amantes para referirse entre ellos: mi amor, casi vacío semánticamente excepto en las primeras locuciones cuando una relación de pareja apenas empieza, cuando afianza perlocutivamente3 el vínculo afectivo, es decir, cuando a través de la fórmula mi amor se establece de facto un nuevo estado de relación. Tenemos también el empachado, ontológicamente reductivo cosa; el metafísico e idealizado mi cielo o diosa; el paternalista —acaso pedófilo involuntariamente— hija o niña (o sus complementos maternales, que implican no menores dependencias). Caso aparte aquellas fórmulas de referencia física como gorda o flaca: posicionamientos subjetivos que asume el amante, los cuales resuelven poco, en términos descriptivos, sobre la intensidad o el modo del sentimiento del amante hacia el objeto de éste —sentimiento genuino, con toda seguridad—, pero que en cambio dicen mucho acerca del posicionamiento del amante frente a su propio sentimiento. Tomemos como ejemplo gorda: se ama lo que es bello y por ende, bueno, dice Platón; la tendencia natural de la voluntad es el bien, según Santo Tomás de Aquino. Bien: en nuestra sociedad (mexicana, occidental, moderna, you name it) la obesidad está estigmatizada como paradigma contrario a la belleza ideal de la mujer, es decir, al modelo anglosajón: delgada, rubia y de preferencia voluptuosa. Sin mencionar, claro, que la estadística afirma que México es el segundo país más gordo del mundo. Así pues, al llamarte gorda, lo que realmente quiero decir es que sé que no eres el ideal de belleza —es decir, de bondad— que sería por definición “amable”, sujeto de ser amado, susceptible de despertar amor; sin embargo, mi gran amor por ti se manifiesta en el hecho de que a pesar de que eres una gorda que nadie podría ni debería amar, yo te amo; ergo, soy magnánimo y debes amarme también. Lo que digo de ti, mi modo particular de amarte, es el lugar desde dónde4 te veo; por lo tanto, desde donde me veo para amarte. 3 Acto verbal cuya enunciación es la ejecución de la acción. P. ej.: los declaro marido y mujer. 4 Mantenemos el “dónde” acentuado precisamente para enfatizar, para poner en evidencia el carácter transitorio, inconsciente, de esta operación. La formulación del desde dónde opera en otras aristas que no podríamos, por cuestiones de espacio, desarrollar aquí.

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El fantasma de la completud La metáfora de la media naranja, del alma gemela, del andrógino primario dividido in illo tempore es otro aspecto del análisis del amor como mecanismo de significación. En el amor como en la democracia, la trampa del número: suponer que mucho es igual a mejor. El otro parecería complementarme. “Me llenas”, se oye decir, como si lo que hubiera de humano antes del amor fuera un hueco fundamental, una falta, un desgarre, una carencia que sólo el amor pudiera compensar. ¿Qué es o de qué está compuesto ese hueco existencial, si damos crédito a la obsesión lexicalizada en “me llenas”? Podríamos hablar de angustia, de devenir, de no-ser, de Nada...; para lo que me interesa, todo este vacío brumoso que puede adoptar tantos nombres dependiendo del enfoque de nuestro análisis, sería una estructura igualmente vacía, cuyos contornos apenas diferenciados podrían adquirir sentido, margen, continuidad cuando el amor los traza5. Pero en esta inversión (vuelta de 360º, del vacío a la plenitud; y en otra significación, acto de economía simbólica al construir una relación) ponemos al otro en el lugar de la carencia, enjaretándole, como a santo de iglesia de pueblo, el ex-voto, es decir, la responsabilidad de la completud del ser, de nuestra felicidad. Luego, si soy infeliz es porque no me sabes llenar; mi infelicidad es culpa tuya, entérate... Esta continuidad, esta aparente armonía del ser sobre sí mismo se tambalea cuando el amor hace evidencia de su artificialidad al mostrarse fácilmente sustituible. Ahí está otra obsesión, en la fórmula lexicalizada a través del vox populli del ardido: “un clavo saca otro clavo”, argumento a favor de la transitoriedad de cualquier relación amorosa. Entonces la regulación, la significación de nuestra, así llamada, “existencia vacía” es posible sólo en tanto el otro asuma la completa responsabilidad de nuestra vida emocional. Por eso la ruptura amorosa implica una “separación”: el ser queda dividido, es decir, con un significado sin significante, con una papilla metafísica, con una ruina. 5 “No haremos el amor: el amor nos hará”, dice Cortázar.

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Amar, amar en la acepción más rigurosa del término6, implicaría aceptar, pues, el peligro de este absurdo lógico como condición de posibilidad. Absurdo porque puede caerse fácilmente en la fanatización del otro, en la idealización de su función, en la economía del interés, en las expectativas inalcanzables... Absurdo el “te amo” como f(r)ase de desarrollo de la relación donde “ya se dicen que se aman”, como si se hubiera alcanzado un nuevo nivel de conciencia o ganado un premio de lotería; “te amo”, escupido sobre el otro como un ancla, como un marcaje territorial para hacerle saber su responsabilidad irrenunciable respecto a su importancia capital en nuestra economía emocional. Vaya, como si se le hiciera un favor al otro al comunicarle esta profundísima verdad, de índole, ay, estrictamente individual e intransferible.

Pero hasta monsieur Teste amaba... El amor es complejo, variable en objeto e intensidad, en modo, tiempo y espacio. Curioso: el amor parece funcionar como un adverbio. Haciendo una grosera transpolación, el ser amado no sería el verbo de la estructura de significación de nuestra vida, id est: no lo que nos mueve o lleva a la acción. Sería más sano7 pensar que el amor es el gran modificador, el gran complemento circunstancial: el agente de precisión. Salvo la pedestre metáfora (lo que evidencia, por otro lado, que lo “sano” suele ser estúpido, porque se apunta hacia su propia impostura; irremediable, por otro lado), me parece que amor=adverbio funciona para ilustrar un modelo del amor donde el énfasis estaría puesto en el sujeto y no en la relación de sujetos. La paradoja del amor es que hay que aceptar que lo vuelvan a uno loco 6 Pienso, en una relectura posterior, que lo “riguroso” que propongo es esencialmente poético. Pienso en Ortega y Gasset: “amar es hacer que algo exista”. En mi lectura, ese amor no hace que otro algo exista, sino que, a través de otro algo exista un yo, el mío. Ésta imposibilidad que parece asumir la forma más inocente de una contradicción será objeto de un análisis posterior. 7 “Sano” como fantasma de una estabilidad relacionada políticamente con el liberalismo democrático, i.e.: café descafeinado, la cosa culpablemente placentera a la que se le remueve lo que la vuelve dañina. Cfr. Zizek, Slavoj: The sublime object of Ideology, Verso Books)

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con expectativas, neurosis, celos y toda la estúpida teatralización de los amantes, en público o en privado, que no acrecientan la libertad de los sujetos implicados en la noción “pareja”, sino la dependencia castrante de uno sobre (contra) el otro. El amor como lo conocemos8 es una forma de colonización emocional. ¿Por qué el amor debería acrecentar la libertad individual? Porque el vasallaje moderno —extensión metafórica del amor cortés, a la vez que actualización de valores socialmente deseables— implica hacer funciones de asistente, chofer, cocinera, acompañante de eventos sociales, guardaespaldas, terapeuta, et caetera, para que el otro se sienta amado. El amor tiene que ser algo MUCHO más interesante que eso. O no: tal vez el amor sea precisamente todas esas cosas, pero asumiendo por principio que esa esclavitud no nos es impuesta, que tomamos gracilmente ese papel. Pienso en la novia británica de Jimmy Hendrix, la que conoció el primer día en que Jimmy llegó a Inglaterra sin ser un dios del rock, quien estaría a su lado, a pesar de la infidelidad y los excesos, hasta el fin. El amor suele ser una condena; o para decirlo menos dramáticamente, un contrato laboral.

Jean-Paul ama a Simone... Libertad individual: responsabilidad intransferible. Yo, que no puede evitar participar en su propia autodeterminación, en el proyecto de su devenir. El amor sería factor de esa autodeterminación, de esa responsabilidad sobre la exploración del yo, pero no su componente fundamental. Partimos de dos premisas: el hombre es indefectiblemente libre, es decir, que todo acto voluntario del hombre es resultado de una puesta en marcha de un proyecto individual y colectivo hacia un modo ideal de humanidad; y segundo: que la función de la inteligencia, con Sócrates y posteriormente 8 Como lo conocemos, por ejemplo, a partir de los grandes mecanismos de significación de los medios masivos y la cultura “alta” (i.e. l’amour fou, el Romanticismo, etc.) o “popular” (i.e. las telenovelas, las canciones pop, etc.)

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con Paul Valéry, es explorarse y conocerse a sí misma. Si el amor nos convierte en idiotas, como aventuramos al principio, sería, entonces, una estupidez resultado de una puesta en marcha del proyecto individual de humanidad que tenemos para nosotros mismos. Asumiríamos esa idiotez, esa tara, esa puesta en suspenso de nuestras capacidades críticas e intelectivas en función de algo que, creemos, nos hace bien. Asumida, sí, a la manera de una vacuna que duele pero nos protegería de terribles enfermedades; asumida a la manera de un sacrificio. ¿Será por eso que, en la práctica, la gente sufre tanto con el amor? Si nuestro planteamiento es correcto, la razón por la que la gente sufre males de amor puede deberse a una falta de proyecto de ese modelo de humanidad que suponemos ideal. El problema de la falta de proyecto ha sido explorado desde enfoques sociológicos, políticos, filosóficos, psicológicos, literarios: no contamos en nuestros días con un proyecto ordenador que vincule la voluntad colectiva hacia un bien común. Sabemos que dios ha muerto, que la religión organizada ha perdido toda credibilidad como guía espiritual, que el Estado muestra su falta de consecuencia en un proyecto de nación a largo plazo, que vivimos tiempos de crisis en todos los aspectos; la modernidad podría definirse como la institucionalización del estado de crisis; la posmodernidad, como la conciencia de la imposibilidad de otro estado de cosas (vanidad absoluta). En el centro de este vórtice de las actividades humanas para explicar por qué demonios aparecimos en el universo y qué se supone que debamos hacer con la existencia, en esa brumosa, exigente, azarosa, mal llamada vida cotidiana el ser humano, siguiendo primitivos impulsos biológicos y culturales sigue estableciendo relaciones de carácter afectivo con sus semejantes. Lo que nos trae de vuelta a la cuestión: ¿si nuestros actos son libres, irrenunciablemente libres, por qué de una vez, todos, en masa, o cada uno por su cuenta, no renunciamos, carajo, a enamorarnos?

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Porque enamorarse, Sancho, se siente muy bien.

Pégame pero no me dejes Felicidades: usted ha decidido que, pese a todas las recomendaciones racionales, el amor es una práctica en la que desea involucrarse. Este es en sí un gran paso, pero puede ser el primero en un camino ascendente de placer y dicha inconmensurable o un paso en el abismo, sin escalas; o aún peor, en un laberinto de relaciones destructivas donde el yo se perderá irremediablemente9. ¿Pero es realmente grave la pérdida del yo? ¿Parte del gozo del amor no será propiamente la experiencia del peligro, de una forma de caída? Uno de los peligros, nada metafóricos del amor, es la nota roja: la frustración del otro puede parecer divertida, como en los casos que mencionamos líneas arriba, pero en realidad es alarmante: alguien enamorado y armado es impredecible. Ahí están los machos y sus idiotas novias/esposas matando o dejándose matar. El amor mata, o por lo menos vuelve loco, genera cuentas de psicoanalista y en suma parece muy poco deseable. No podemos evitar el deseo sexual como no podemos evitar cualquier otra determinación biológica. Una salida es la respuesta cínica (y uso la siguiente expresión sin sarcasmo): sexo deportivo. Es divertido y en la economía libidinal, equivalente a ir a un restaurante cuando el sujeto no necesita reafirmación afectiva, sino simple desahogo carnal: alimentación finalmente, a partir de un menú abundante o modesto, de acuerdo a las propias posibilidades10. Freud y Lacan estuvieron aterrados de la sexualidad femenina; pero 9 Es decir, se confundirá con algo que no es pero que le da la impresión fantasmal de ser. Es en ausencia. El “pilóto automático” del ser, o como me gusta llamarlo, el grado cero del ser-zombi. 10 En Lacan, el acto sexual es una masturbación a través del otro.

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sea como sea que funciona, contrario al barbarismo burgués de que los hombres son prácticos y las mujeres sentimentales (¿Marte, Venus?) las mujeres parecen ser capaces de diferenciar mucho mejor entre relación sexual casual con fines de desahogo (sexo deportivo) y construcción de un proyecto conjunto, una relación de pareja. Parece atisbarse incluso un paradigma nuevo donde la construcción de la relación de pareja no implicaría sexo monogámico, exclusividad, al reconocer que hay zonas del deseo sexual que no pueden ser satisfechas ni exploradas enteramente a través de la convivencia con una sola pareja sexual. El amor cortés diferenciaba nítidamente el proyecto de pareja con fines políticos, del intercambio sexual como pasatiempo o recreación —si bien, recreación asociada a una clase social dentro de un marco altamente codificado. Me parece mucho más narcisista el secuestro emocional de una persona para que se encargue de mi economía emocional que el asumir mis propios deseos como punto de partida y hacerme responsable de ellos —al final amar sería una forma de conocimiento. Conocimiento, primero, de los deseos e intenciones propias. Lo que se busca son relaciones sanas y nutritivas, que acrecienten el placer e, idealmente disminuyan la angustia. Podríamos empezar por pensar que mucho se ganaría si comenzáramos a llamar a las cosas por su nombre: que coger11 es una forma válida de relación social, con su propia codificación, sus propias reglas, complejidades y beneficios; así como que construir una relación de pareja implica asumir un modo diferente de socialización, de expectativas y responsabilidades. Los elementos de cada una de éstas posibilidades (diferenciadas o, por qué no, vistas en conjunto) no son privativas, sino, nuevamente, relativas a modos particulares de actuación social.

All you need is... love? O: a manera de conclusión Las conclusiones siguientes asumen que la teoría acusa un alto grado de subjetividad; esto no es justificación de irresponsabilidad crítica, sino 11 Presente de infinitivo de cogerse a alguien.

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de una visión de la teoría como abstracción de la experiencia personal. El rigor es únicamente hacia la descripción de la experiencia, no hacia parámetros metodológicos de ningún tipo. Siempre, me parece, es más interesante plantear un problema que agotarlo; yo lo dejo en un nivel de creencia en las siguientes conclusiones: creencia que, como he intentado exponer respecto a las ciencias exactas, se basa en supuestos de partida, en hipótesis de trabajo, en experimentación y trabajo de campo, así como en algunas nociones teóricas que habrá que poner a prueba cada vez que se presente la ocasión. Querría recuperar del desarrollo anterior especialmente la perspectiva del amor como colonización del otro12. La operatividad de una conceptualización del amor como acto de colonización en sentido político, transferencia, relación de poder, etc., implica asumir la responsabilidad personal sobre la noción de felicidad o realización que funcione para nosotros en lugar de endilgarla al otro; implica, efectivamente, conquistarse continuamente: no domarse, conocerse. Por ejemplo: mis vicios son para mí tan importantes como mis dudosas virtudes, y mucho más ciertos. Puedo conocer a la mujer más maravillosa del mundo, y podría enamorarme de ella mientras no se meta con mis vicios. ¿Por qué? Porque en este modelo del amor como significación, donde el otro tomaría un lugar adverbial, de precisión, entendemos que amar a alguien no es modificarlo para que se parezca más a mí, para que yo pueda tener un molde adecuado en el cuál reafirmar mi ciclo narcisista. Entiendo particular y subjetivamente el amor como un espejo que no me devuelve mi imagen distorsionada, es decir, como quisiera idealmente verme: el otro no me devuelve nítidamente mi imagen, no tendría por qué. El amor, para mí, es un espejo que no devuelve ninguna imagen. Al no tener una imagen, paradójicamente me permite conocerme a través del puro deseo de conocerme, conociendo a mi vez, al otro. Actúa aquí una dialéctica que, en términos de valores, tendría que ver más con la honestidad o la claridad para reconocer las propias motivaciones y buscar su realización 12 ¿”Mi nueva conquista”?, ¿les suena?

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que con suponer que el otro va a significarme por sí mismo, es decir, que a través del amor resolverá el enigma que es cada persona para sí misma, que soy yo para mí. Entiendo, finalmente, el amor como un asunto individual e intransferible: lo que ocurre en mí con respecto a mí mismo cuando estoy con el otro. Participar al otro de nuestros sentimientos y esperar reconocimiento o, ay, correspondencia es el modelo más idiota y narcisista del amor. Lacan: senti/miento. Cuando digo algo estoy sintiendo otra cosa, porque la glosa de mi sentimiento13 está siempre sujeta a la imprecisión. Si hay algo como el amor y ese algo es posible, debe parecerse al agradecimiento; no a la deuda, ni a la culpa, sino a la hospitalidad. Alí Chumacero14 miente o por lo menos es inexacto: antes del mundo no éramos tú y yo, pero qué bueno que dos personas que creen amarse sean un asunto híbrido y complicado, un extraño tú y yo y no un vulgar nosotros, es decir, dos que asumen, en claro delirio15, que son uno. Si cada persona es un enigma para sí mismo, dos enigmas que conviven es un misterio con particularidades y motivaciones propias, que está lejos de poder ser agotado a través de la teoría o de la experiencia —eso que llaman vida cotidiana y que, sospecho, existe solamente para que podamos pensar en ella. Creo, para terminar, que puede existir el amor como relación intensa y constructiva entre dos personas que discuten. Esto es fundamental. Limitarse a reflejar o hacer eco del otro es además de aburrido, deprimente. Yo estoy, particularmente, por una forma de amor como soledad compartida. No ser a partir del otro, sino ser con el otro, donde tu desarrollo favorece el mío, pero no lo condiciona.

Décimo cuarta voz 13 El modo en que comunico lo que siento no es sino lo que creo sentir. 14 Nota del Editor QEPD 15 Claro, placentero delirio.

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Hysterias

Mujeres en cuestión Sábado 25 de septiembre 2010 Municipio de Nativitas Tlaxcala Entrevista con Doña Maru1

El sábado pasado, mientras el señor Joel alimenta a los borregos, su esposa, Doña Maru, recuerda y comparte fragmentos de su vida en esta conversación… -“Y que muchacha para cuando te nos casas, para que ya no nos visites ni andes tan solita”.

-Como usted dice, mejor solita que mal acompañada ¿no cree? “No pues eso sí “.

-Pero cuénteme señora Maru ¿Cómo conoció a don Joel? Siempre fuimos vecinos, aquí en este pueblo en el que nos vamos a morir. Anduve mucho tiempo en Puebla porque desde niña mi mamá me mandó con las monjas. A veces él me mandaba saludos con mi hermana mayor, y le decía que me preguntara cuándo venía para acá [refiriéndose al pueblo de Nativitas, Tlaxcala]. Pero pues yo ni caso hacía”.

-¿Y cómo fue que regresó a Nativitas? - “Un tiempo las monjitas nos llevaron a un pueblo cercano, San Miguel Canoa dónde todavía hablan mexicano*. Cuando nos teníamos que regresar a Puebla, yo ya no quería estar en conventos, así que le dije a mi mamá que si me mandaba de nuevo yo iba a buscar trabajo y jalaba pa´otro lado”.

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La voz curiosa

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Entrevista


-¿Y qué dijo su mamá, se enojó? -“Al principio sí, pero aceptó y regrese aquí [a Nativitas]. Ella quería que volviera a la escuela, pero a mi me daba harta pena. ¡Imagínate! yo con quince años y en un salón de puros chiquillos. Yo quería aprender a hacer algo; tenía una amiga que sabía coser muy bonito y yo andaba entusiasmada con lo del corte [y confección]”.

-¿Qué pasó? ¿Aprendió? -“El gusto me duró dos semanas. Mi mamá me dejaba ir con la amiguita para que me enseñara y yo iba muy obedientita todas las tardes a su casa. Pero pues acá el hombre, [refiriéndose a Don Joel] me empezaba a rondar y me acompañaba en el camino para platicar. Un día, se me ocurre quedarme con él un rato más afuera de la casa de mi amiga, su papá nos vio y no tardó nada en decirle a mi mamá.”

-¿La regañaron? -“Mi mamá me fue a espiar. El siguiente día, iba yo como si nada al corte con mi acompañante [risas] ¡y de repente!, que me dice éste, “ni voltees que tu mamá viene atrasito”. Llegó y me pegó, me llevó a la casa y ya no me dejó ir con mi amiga.”

-¿Y entonces que hizo, cómo siguió encontrándose con Don Joel? -“No, pues un día en la mañana, cuando estaba yo despertando escuché muchas voces, y pensé “¿qué pasará tú?, ¿me hablará Dios?” [risas]. No que va, eran Joel y su papá que iban a pedir mi mano, ¿tu crees?”

-¿De verdad, y qué sintió usted? -“Me enojé mucho, yo todavía no me quería casar. Pero mis papás y el señor ya habían platicado. Yo pedía un año de plazo y ni me hicieron

Entrevista

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caso. Chillé un montón en mi boda. Y luego, nos toca un padre viejito muy regañón que no nos quería dar la comunión. Yo me sentía muy mal.”

- ¿Y por qué el padre no quería darles la comunión? -“Por que un día antes no nos fuimos a confesar, pero en eso llegó un padre bien buena gente que me tenía mucho aprecio, me preguntó por qué lloraba y le dije que estaba triste y que aparte no nos dejaban comulgar. El habló con el otro padre y ya ese asunto se arregló.”

- ¿Se casó muy joven? ¿Cuántos años lleva de casada? - “Pues ya llevó 58 años, me gusta más recordar mis bodas de oro que fueron muy bonitas, yo estaba feliz, con todos mis hijos juntos, con la misa tan chula que dio el padre. Esa vez fue como si me casara de vez primera, no que lo que te conté antes…” [Entra Don Joel con paso cansado a la sala] Doña Maru se calla. El sonríe al vernos y me pide que le aclare si mi nombre es Adriana o Alejandra porque tengo mucho parecido con una de sus nietas, quienes llevan esos nombres. Reímos. Doña Maru le dice que soy Alejandra y que la nieta a quien me parezco es Adriana.

____________________ 1 Durante tres años consecutivos, por breves temporadas he sido recibida en casa de una familia del municipio de Nativitas en el estado de Tlaxcala. Doña Maru y Don Joel (los nombres originales fueron modificados) son padres de 6 hijas y 3 hijos, 14 nietos y 3 bisnietos. La entrevista que aquí presentamos surge de una charla con la señora Maru en la sala de su hogar.

* Náhuatl.

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Voces Primera y séptima voz

IveĴe

Pradel (Ciudad de México). Estudia Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Su blog: h p://ivt-locusamoenus.blogspot.com/

Segunda y tercera voz

Beatriz Flores (Tejupilco, México, 1990). Estudia Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Cuarta voz Edivaldo González (Xonacatlán, 1990) Acreedor del primer lugar del Concurso Estatal de Ensayo Juvenil 2010 Bicentenario, así como del tercer lugar en el concurso de cuento clásico. Quinta voz

José Pablo Vaca (Estado de México, 1990). Estudia en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM. Formó parte del colectivo Fiambre. Sexta, décima y décimo cuarta voz

Javier Raya (Ciudad de México, 1985). Autor de varios cuadernos de poesía, finalista del 2o. Premio Internacional de Poesía Desiderio Macías Silva 2006. Estudia Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Su blog h p://cuadernoderaya.blogspot.com/ Octava voz

Iliana Vargas (Ciudad de México, 1978). Asistente editorial en el departamento de publicaciones de la Coordinación Nacional de Literatura del INBA. Estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Formó parte del colectivo Parodia de Vivos. Ha colaborado en programas dedicados a la literatura en Radio UNAM y la Radio Ciudadana. Participó en las antologías: Antes de que las letras se conviertan en arañas (2006); Segunda palabra (2006) y Hasta agotar la existencia III (2007). 45


Novena voz

Rodrigo Solís (Ciudad de México, 1970). Haragán que justifica sus paseos por la vida a través de la palabrería. Estudioso de las propiedades colectivizadoras de la literatura. Gritón, anhedónico, de ánimo fluctuante, que publicó hasta la fecha 6 libros. La mayoría con la Tortillería Editorial. Es muy bueno y talentoso, aunque nunca haya ganado ningún concurso. Undécima voz

Renata Sabina Aedo (Santiago de Chile, 1983). Ingeniera de Ejecución en Alimentos. Tiene estudios de Licenciatura en Artes y Humanidades, mención Gestión Cultural y mención Patrimonio y Conservación (Pontificia Universidad Católica de Chile). Ha participado en la Universidad de Santiago de Chile en el Coro Clásico y como intérprete de violín y viola. Duodécima voz

Salma Anjana (Ciudad de México, 1986). Matemática y escribidora. Ha tomado algunos talleres de cuento y autobiografía. Actualmente se dedica a la docencia en la Facultad de Ciencias, UNAM. Se le lee en h p://elvuelodelosmurcielagos.blogspot.com/ Décimo tercera voz

Nohemí Ortiz (Ciudad de México, 1987) es alumna del Colegio de Letras Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente coautora del libro El Rumor, junto a la ilustradora Criscrust (proyecto de poesía y cuentística ilustrada a cuatro manos). [h p://eluniversoequilibrista.blogspot.com/ y h p://elpecadodelilith.blogspot.com/] Décimo quinta voz

Leonor A. Gonzàlez Nava (Ciudad de Mèxico, 1990). Estudia la Licenciatura en Desarrollo y Gestiòn Interculturales en la Facultad de Filosofìa y Letras UNAM.

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