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Hysterias

El amor verdadero sí existe

Antes que nada, quiero advertirte que a veces, sólo a veces,

divago en temas diferentes al de mi plática. Pero te prometo que siempre tiene algo que ver y que cuando lo noto, regreso al tema original. Hoy en día, casi por regla general, las mujeres somos educadas con la idea de que hay que cuidarnos de los hombres. Esos seres malévolos que no dudan en hacer y decir lo que sea para obtener lo que desean de nosotras: Sí, ESO que te estás imaginando. No en vano existe una “cultura feminista” que toma fuerza día a día. Pero el feminismo es igual de nefasto que el machismo. Creer que los hombres sólo piensan con la cabeza de abajo, es algo equivocado. Curiosamente, fue el ícono del Macho de la Época de oro del cine mexicano, el que se encargó de abrir una puerta a este respecto. Me refiero a Pedro Infante. “Pepe el toro”, un macho con actitudes por demás absurdas; lloró con tanto desconsuelo la muerte de su hijo, que lejos de hacernos pensar “Mmm… ¡qué maricón!”, conmovió a todos en su tiempo y nos dio la lección de que los hombres tienen corazón, sentimientos y lágrimas que no niegan ni se sienten avergonzados en mostrar. Sí, ya sé que es una película, sólo ficción. Pero el guión fue escrito por un hombre y ya sea por mercadotecnia o para reivindicar al hombre como un ser humano, fue un gran acierto. Mira, te voy a poner un ejemplo de cómo un Alina Velazco

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hombre te puede enseñar que el amor verdadero, sí existe. Kike es tu amigo del trabajo. A todos lados se acompañan y puedes confiar 100% en él. Le cuentas tus cosas y obvio él te cuenta las suyas. Y sí, es bastante atractivo, pero eso es lo de menos. Bueeno... ¡no tanto! La verdad es que te súper levanta el ego la forma en que te ven las mujeres en la calle; la envidia que les provocas. Casi puedes escuchar sus pensamientos: "Maldita vieja, mírala que gorda está y ve nomás el guapishimo que se amarró". Ja! obvio NO les vas a explicar que Kike sólo es tu amigo. El que te ha visto en tu mejor momento, cuando te sientes como María Félix en sus años mozos pero que también estuvo contigo cuando te dio una gripe de aquellas en las que debes comprar papel higiénico por tonelada, esa que te deja la nariz más roja que la de Rodolfo, el reno de Santa. Sientes el cuerpo tan adolorido que hasta el aire te incomoda. Una fiebre... que podrías cocinar palomitas de maíz para microondas, tan sólo con ponerte la bolsa bajo el brazo. Los ojos llorosos e hinchados, como si hubieras visto Nosotros los pobres 13 horas seguidas. Y para terminarla de amolar, también estabas en tus días. Pero como Kike es tu amigo, a ninguno de los dos les importa que te veas así porque no tienes que quedar bien con él. ¡Aah! pero también sucede a la inversa. El día que él llegó a trabajar en calidad de “mimo” (completamente afónico), a ti te tocó llevarlo a la clínica, contestarle el cel a su novia y ponerle la inyección de penicilina en “salva sea la parte” (¡Siempre quise utilizar esta expresión!). Las pruebas de amor de los hombres hacia las mujeres han sido muchas y variadas a través de los tiempos. Django Reinhardt, un maravilloso guitarrista de jazz (propiedad 100% Alina Velazco

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de mi hermana), sufrió graves quemaduras en la mano izquierda, que tuvieron como consecuencia su deformación permanente. ¿Por qué? Pues porque una noche, su casa se incendió y él entró en medio del fuego, sin importarle nada más que salvar a su esposa. El amor verdadero, es preocuparse por el bienestar del otro. Pero estábamos hablando de las enfermedades, ¿verdad? Por esos días de mi gripa loca, mi queridísimo Kike se iba a ir con el amor de su vida (de esa semana) a un concierto de KISS, al que por supuesto me había invitado, pero obvio, yo no iba a ir. Digo, iba a ser la primera cita seria de mi amigo con esa chica y no pensaba hacerle mosca. Y con eso de la enfermedad… ¡menos! Mi amiguito, había pasado más de dos meses hablando del concierto; el concierto por aquí, el concierto por allá... hasta daban ganas de decirle -Ya sé que estas emocionado, pero cállate que me tienes harta-. Creo que en el trabajo hubo por allí uno que otro que estuvo a punto de decírselo. Yo no lo hice porque ya sé como es de clavado mi amigo. Y estaba tan drogada por la medicina, que preferí ponerle más atención a los sabios consejos que me daba al oído Bob Marley. El viernes previo al concierto, Kike estaba insoportable. Como niño pequeño en víspera de Navidad. A la hora de salir del trabajo, nos despedimos como siempre; abrazo, beso (¡Sí! ¡No le importa que ande mocosa, me sigue apapachando como siempre!) y, por supuesto, con las recomendaciones que debe hacerle una amiga a su mejor amigo: - Bro: Pórtate mal, cuídate bien, te quiero mucho y piensa en mí cuando estén tocando Detroit rock city, ¿va?-. Alina Velazco

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¿Qué te imaginas que pasó? El sábado exactamente a las 11:32 p.m. (no se me olvidará jamás), sonó mi teléfono celular. Modorra por la medicina, la enfermedad y porque estaba en el quinto sueño, contesté como pude -¿Buedo?- Del otro lado, sonó la voz de mi queridísimo brother y de fondo, un ruido impresionante, como el rugido de algún animal salvaje –¡Siis. A ver si alcanzas a escuchaar!- De pronto, empezó a sonar la canción con la que le pedí que se acordara de mí. ¡Me llamó solamente para que la escuchara en vivo y en directo! Y déjame decirte que esa fue una llamada de larga distancia, porque el concierto fue en Guadalajara y nosotros vivimos en Colima. Obvio me emocioné como loca, lloré un poco y por supuesto empecé a sentirme mucho mejor. Hablando de arte. Gala se convirtió en la musa de Salvador Dalí desde 1929, año en que la conoció. Ella era casada en ese tiempo. Y lo dejó todo para ir al lado del hombre que hizo miles de extravagancias para llamar su atención: desde usar perfume de estiércol de cabra hasta mancharse las axilas con sangre. Poco después, ella dejó a su esposo para ir a vivir al lado de Dalí y creo que su historia de amor no terminó ni con su muerte en 1982. ¿Cuál fue el legado de éste amor verdadero? Las Obras maestras producto de la adoración de Dalí hacia Gala. Lo del concierto, es sólo una de las muchas cosas que Kike y yo hemos compartido. Somos pareja de baile en las fiestas de la oficina, cantamos a todo pulmón cualquier rola en la que él hace la voz masculina y yo la femenina (No, no es obvio. Él alcanza notas mucho más altas de lo que yo pudiera soñar), compartimos un taco de frijoles cuando ninguno de los dos trae Alina Velazco

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dinero suficiente para otra cosa (normalmente a final de mes). Somos cómplices de nuestras respectivas travesuras amorosas, y cursimente dicho, hombro para llorar la pérdida de alguna pareja. Hace unos meses, subí a mi muro de face una foto de nosotros, donde nos vemos más que abrazados, entrelazados como diciendo: “La persona con quien aparezco, me importa. Ay de ti si le haces daño” y el pie de foto, lo resume todo: ¡Esto es amortz del bueno! Y es totalmente cierto. Lo que mi bro y yo sentimos, es un amor 100% puro, incondicional. Gracias al que no dudamos en ayudarnos y apoyarnos en los momentos difíciles y decirnos con toda sinceridad si vemos que el otro la está regando. ¿Ahora me crees que el amor verdadero sí existe? Aunque el piel con piel no tenga cabida entre nosotros, en realidad es lo de menos. Porque lo más importante es que, pase lo que pase, él estará a mi lado para apoyarme. Ese es el amor que me ofrece mi mejor amigo, mi bro. Mi Kike.

Alina Velazco

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